El nacional-sindicalismo lusitano

por José Luis Jerez Riesco

El Movimiento Nacional-Sindicalista portugués fue una estrella fugaz, deslumbrante y rápida, con un ascenso vertiginoso, pero eclipsado con gran celeridad. Sus antecedentes ideológicos más próximos se encuentran en el Integralismo Lusitano que se iniciaba, en el exilio, con la revista Alma Portuguesa, publicada en Lovaina en 1913, como respuesta y reacción espiritual y doctrinaria contra la república demagógica que se había instalado en Portugal en 1910. El núcleo activo de la corriente integralista lo formaban jóvenes realistas, inquietos, audaces, originales y a la vez arraigados en las viejas tradiciones lusitanas. En derredor de aquella incipiente publicación, chispa de todo un planteamiento ideológico, se dieron cita Domingos de Gusmao Araújo -el director-, Luis de Almeida Braga, el hijo del duque de Cadaval, Antonio Alvarez Pereira, y el jovencísimo Francisco Rolão Preto que ejercía las funciones de secretario de redacción y que sería quien, transcurridos los años, fundara y dirigiera el Movimiento Nacional-Sindicalista en Portugal.
El Integralismo Lusitano, prolegómeno del Nacional-Sindicalismo, se vertebraría y enriquecería con la incorporación inmediata al nacionalismo integral de Antonio Sardinha, ideólogo, filósofo, pensador y artífice de un ambicioso proyecto que culminaría con la obra Alianza Peninsular. Sardinha sería el promotor de la revista Nação Portuguesa, en cuyo primer número ya se insertaba el manifiesto y programa del Integralismo que se declaraba antiparlamentario -antiliberal-, descentralizador, municipalista y corporativo. En la revista colaboraron Alberto Monsaraz -que sería más tarde el secretario general del Nacional-Sindicalismo-, Hipólito Raposo, Pequito Rebélo y otros destacados valores que algunos autores han denominado la generación rectificadora.
En 1917 aparecía la primera edición del que fuera el primer diario del Integralismo, bajo la cabecera de A Monarquia, que se publicaba bajo la dirección política de Antonio Sardinha y Alberto Monsaraz y que llegaría posteriormente a dirigir el propio Rolão Preto, cuando, en 1920, por hallarse encarcelado el director del periódico, Hipólito Raposo, por delitos de opinión y censura, le llamaron para que asumiese la dirección. Sobre todo, y ante todo el Integralismo, hacía un llamamiento de reivindicación de la inteligencia.
Los pilares sobre los que se asentaban aquellos jóvenes eran el de un componente religioso y espiritual importante: «la mano de Dios está allí en la eternidad serena, marcando el camino por donde tendrán que pasar los destinos de los pueblos». Eran humanistas convencidos y radicales que sintetizaban en la frase acuñada por Preto de «tudo pelo homen» como la única fórmula aceptable, ya que todas las instituciones son creadas por el hombre y el hombre no puede, sin negar las propias leyes divinas, ser su esclavo, teniendo ese sentido el concepto cristiano de la vida humana que considera a «Cristo como la suprema altura a la que el hombre un día se elevó».


Francisco Barcelos Rolão Preto había nacido el 12 de febrero de 1893 en el pueblecito alentejano de Gaviào. Su bisabuelo, el médico Antonio das Neves Cameiro, había sido diputado en las Constituyentes de 1836 y fue perseguido por jacobino y francmasón. Su abuelo, Antonio María, fue académico de Coimbra y moriría en la horca por defender la libertad y la justicia. Casi en su adolescencia, cuando había iniciado sus estudios de Derecho en Coimbra, se alistó en las tropas de Henrique Paiva Couceiro en Galiza, en 1912, por lo que tuvo que comer, desde su juventud, el pan amargo del exilio.
Fijó su residencia en Bélgica, licenciándose en 1917 en Ciencias Sociales, por
la Universidad de Lovaina. Fue en esa ciudad donde apareció en 1913 el primer órgano del Integralismo Lusitano Alma Portuguesa, donde colaboró como secretario de redacción. Posteriormente, también se graduaría en Derecho por la Universidad de Toulouse. Frecuentó en París a Charles Maurras, a quien visitaba en su despacho de la calle de Roma, de París, donde tuvo la oportunidad de conocer a Léon Daudet. Llegó a formar parte de la Junta Central del Integralismo Lusitano, conviviendo con Sardinha, Rebelo, Raposo, Monsaraz... Colaboró estrechamente con el general Gomes da Costa en el levantamiento del 28 de mayo de 1926, siendo el autor de su manifiesto de doce líneas que se colocaba sobre las paredes de Braga convocando a los portugueses a las armas «por la libertad y el honor de la Nación», así como de la proclama en la que se formulaban las bases del movimiento y que comenzaba: «¡Portugueses!: la nación desea un gobierno nacional formado por las mejores capacidades para instaurar en la administración del Estado la disciplina y el honor que se han perdido. La nación ya ha tenido bastante con la tiranía de políticos irresponsables. Y quiere un gobierno fuerte que tenga por misión salvar a la Patria e instituir la verdadera representación nacional de los intereses reales, vitales y permanentes de Portugal».

Rolão Preto es considerado como uno de los ideólogos del pronunciamiento del 28 de mayo y, tras el triunfo nacionalista, fue el director efectivo del órgano del general Gomes da Costa Revolução Nacional el director aparente era el teniente Armando Pinto Correia, escribiendo los editoriales y firmando sus artículos con los pseudónimos de «Plures» y «Pluribus».
Supuso que
la Revolución Nacionalista, iniciada por Gomes da Costa, continuada por Carmona y monopolizada más tarde por Salazar, podía ser bicéfala y dupla, es decir, tranquila y frenética, conservadora y revolucionaria, serena y convulsa, salazarista y nacional-sindicalista.
En 1932, el 15 de febrero, salía a la calle un nuevo diario Revolução, dirigido por Preto, y se ponía en marcha el Movimiento Nacional-Sindicalista que, según su propio mentor, «surgía de las ansias e inquietudes de las generaciones nuevas y frente a la trasnochada democracia liberal 7, democracia que condujo a Portugal «al socialismo y al comunismo, que son la quintaesencia de la moral y del criterio económico del capitalismo hecho Estado». Significaba que, en Portugal, la reacción contra los errores demócratas-liberales en su aspecto político, se llamaba Integralismo Lusitano, y la reacción contra esos mismos errores en su aspecto económico y social fueron los que dieron origen al Movimiento Nacional-Sindicalista.
La simbiosis de los términos 'nacional' y 'sindicalista' se hace por ser un movimiento interno, portugués, autóctono, que busca la redención de la persona humana a través de un marco sindical corno unidad económico-social que «libremente organizado y justamente representativo de los valores de la formación técnica, la mano de obra y el capital refuerce las posibilidades propias -personalistas- y comunitarias.
El Nacional-Sindicalismo era un alegato en favor de la solidaridad entre los diversos elementos de la producción, y de la transformación de la moral social, con un llamamiento a la mística revolucionaria. Se pretendía erigir «un gran movimiento espiritual, pues es un error, y error trágico, de los que juzgan poder cambiar las condiciones del mundo que nos rodea, sin primero crear un nuevo espíritu. Las revoluciones no se hacen sólo con decretos y boletines oficiales». La divisa del movimiento rezaba: «Es preciso que los muy ricos sean menos ricos, para que los muy pobres sean menos pobres».
El Nacional-Sindicalismo trata de potenciar el municipio con un nuevo sentido social y económico, recogiendo así el carácter municipalista del Integralismo. Es descentralizador, pero orgánico y sindicalista. Reconoce el calor y la atracción de las «elites», pero se siente populista considerando que «la revolución sólo es eficaz cuando la respalda el pueblo» que «sólo marcha por las vías imperiales cuando el clima de su exaltación es capaz de realizar milagros con una fe sin límites por tener una gran confianza en sí mismo y una disposición heroica ante cualquier sacrificio»
Uno de los lemas fuerza era: «Ni contra las izquierdas, ni contra las derechas. i Adelante! » La bipolaridad ficticia izquierdas-derechas ya había sido objeto de reflexión por Preto que las consideraba «viejas palabras sin sentido, mitos depuestos» propugnando que al nacionalismo le iba a corresponder una gran misión en la ola del futuro.
Justificaba la floración del Nacional-Sindicalismo como reacción al liberalismo porque éste, fríamente, «consiente que los más fuertes esclavicen libremente a los más débiles y que tiene al lucro como única regla de vida», precisando que «todos los trabajadores conscientes deben comprender que no vale la pena sustituir la tiranía del capitalismo hecho Estado, por la tiranía del Estado hecho capitalista» “. El Nacional-Sindicalismo era un movimiento revolucionario, que hacía de la palabra «revolución» sinónimo de «justicia» y que estaba profundamente sensibilizado por la urgente reforma agraria y por los principios de orden corporativo.
Según un folleto que, bajo el título de 0 Ressurgimento, se difundió en Funchal, el 28 de mayo de 1933, distribuido y editado por el Movimiento Nacional-Sindicalista, sus bases eran: a) la familia; b) la tradición; c) el municipio; d) el sindicato; e) la corporación; f) la nación. Coincidía con la definición del movimiento que había aparecido en el periódico 0 Nacional-Sindicalista de Faro donde se definía al Nacional-Sindicalismo como «familiar, municipalista, regionalista, sindicalista, corporativista, representativo, autoritario, nacionalista y revolucionario»
En diciembre de 1932 el teniente de Ingenieros y estrecho colaborador de Rolão Preto, A. Neves da Costa, publicaba un libro que, bajo el epígrafe Nacional-Sindicalismo, llevaba por título Para além da ditadura, en donde se hacía una reflexión, un ensayo, un desarrollo y un programa de lo que era el Nacional-Sindicalismo, sintetizado en una serie de afirmaciones: «Afirmamos que la revitalización de la familia ha de detener la decadencia moral, conservando los hogares. Afirmarnos que el restablecimiento para todos de la representación de los intereses generales ha de detener la decadencia política. Afirmamos que el liberalismo, también conocido como capitalismo, es contrario a la naturaleza y nocivo tanto a la producción como al trabajador. Afirmamos que el capitalismo, base de todo el sistema social moderno, es un sistema de torpe especulación que sólo tiene por fin aumentar el rendimiento del capital en detrimento del precio de costo, de la mano de obra y de la calidad y cantidad del producto terminado»
En España, el pensamiento nacional-sindicalista portugués fue divulgado por la revista Acción Española que dirigía Ramiro de Maeztu, en cuyo número 45 se insertaban los doce Principios de
la Producción, que eran la norma básica del movimiento.
El nacimiento y despegue del Nacional-Sindicalismo en Portugal fue meteórico. Iniciada su andadura con el periódico Revoluçao, en febrero de 1932, pronto comienza la afiliación y militancia, los adheridos y simpatizantes se cuentan por miles y se inician los actos públicos y multitudinarios, tanto en el territorio peninsular, corno en las islas. Antes de concluir el año 32 ya contaban con otro importante órgano, el semanario 0 Nacional Sindicalista en el Algarbe, cuya redacción estaba en Faro y que dio comienzo a su actividad el 18 de diciembre bajo la dirección de Rodrigo de Sousa Pinto. Pronto, en Lisboa, surgió un nuevo semanario,
la Revolução dos trabalhadores, dirigido por Antonio Tinoco, que salía los sábados como suplemento del periódico Revoluçào, a partir de enero de 1933, cuando el movimiento ya contaba con varios diarios y alcanzaba la cifra estimada de 50.000 afiliados.
Los actos públicos fueron resonantes. Podríamos destacar los banquetes que se celebraron en Lisboa. El primero en el Parque de Eduardo VII, el 18 de febrero de 1933, que reunió a más de 750 comensales, muchos de los cuales ya vestían la camisa azul adoptada por el nacional-sindicalismo portugués y donde se saludó a la manera romana cuando hicieron su entrada los miembros de la presidencia del acto, y en especial Rolão Preto que pronunciaría un vibrante discurso en el que destacaba que «nosotros representamos la revolución permanente, la revolución que no se detiene, que ha de transformar totalmente esta Patria gloriosa».
El segundo gran comicio del Movimiento fue el magno banquete que tuvo lugar en el Palacio de Cristal de Oporto el 7 de mayo, tras la revista de un desfile al que asistieron más de 6.200 simpatizantes. El 28 de mayo, con ocasión del VII aniversario del levantamiento militar, los nacional-sindicalistas lo conmemoraron con un desfile de más de tres mil adeptos por las calles de Braga. La jornada se cerraba con algunos incidentes al regreso de los participantes en el desfile a su paso por la localidad de Ermezinde, donde fueron atacados -se dijo que por instigadores del propio Gobierno- y, al repeler la agresión, se produjo un tiroteo en el que se quiso implicar a Rolão Preto, que no participó en absoluto en los incidentes, pues después de los actos del 28 de mayo en Braga se trasladó a Vila do Conde con el secretario general Alberto Monsaraz, estando al día siguiente en Viana do Castelo, donde tuvo conocimiento de lo sucedido, lo que motivó que se trasladara de inmediato a Oporto para visitar a los heridos. La campaña calumniosa contra los nacional-sindicalistas se había desatado.
El 5 de julio Rolão Preto era recibido en el Palacio de Belem por el presidente de
la República, general Carmona, que le dio garantías de que dentro del espíritu del 28 de mayo cabían todos los nacionalistas. El 16 de aquel mismo mes pronunciaba el jefe del Nacional-Sindicalismo el que fuera su último discurso público como dirigente máximo del movimiento, y lo hizo en el teatro San Carlos donde asistía a una conferencia del capitán Correia Campos, pero, al detectar los asistentes la presencia en un palco del jefe nacionalista le vitorearon y se vio obligado a pronunciar una alocución en la que, entre otras cosas, dijo que pesaban «sobre las viejas teorías financieras, los absurdos conceptos económicos, en nombre de los cuales el hombre es esclavo de la plutocracia, de la usura y del Estado». Afirmó que la economía moderna debería basarse sobre la justicia, para terminar que «nosotros queremos al individuo encuadrado en la familia, en el sindicato e integrado en la nación, pues cada uno de esos marcos es un círculo de libertad que protege al hombre contra la voluntad arbitraria de los tiranos»
El gobierno portugués veía con recelo esas muestras de entusiasmo, esa oleada de camisas azules cuya cresta no se divisaba y que parecía crecer con los vientos a su favor. El gobierno empezó a ser hostil al movimiento, si no de forma frontal, sí con subterfugios. El periódico Revolução publicaba su última edición el 23 de septiembre de 1933 tras 418 números. Antes, ya había dejado de existir el semanario 0 Nacional Sindicalista en junio de aquel mismo año, mes en el que se cancelaba también el semanario Revolução dos trabalhadores.
A partir de julio del treinta y tres quedó prohibida toda la propaganda y todos los actos del partido, lo que motivó que en noviembre se convocara un congreso del partido del que salieron tres posiciones o tendencias divergentes: 1) Los revolucionarios nacional-sindicalistas, con Rolão Preto y Alberto Monsaraz al frente de los camisas azules, que abogan por la independencia ante el poder. 2) Los filo-salazaristas, cuyos miembros más destacados eran Dutra Faria, Ramiro Valadão, Cabral, y Pires de Lima que se pronunciaron por la obediencia al gobierno de Salazar. 3) El abandono de algunos de los cuadros de toda militancia política, como fue el caso del doctor L. Cabral de Moncada.
Con subvenciones indirectas y medios económicos los nacional-socialistas disidentes, los que seguían la línea del acatamiento político al gobierno de Salazar, lanzaban en marzo de 1934 un periódico con el nombre A Revolução Nacional, que dirigiría el periodista Manuel Múrias y que se publicaría hasta agosto de aquel mismo año.
En junio, Rolão Preto envió al jefe del Estado una representación que le expuso la situación del país y las reivindicaciones nacional-sindicalistas. Entre otras, su derecho, según
la Constitución, de su libre organización sin injerencias. Rolão Preto fue hecho preso y desterrado, el 14 de julio, por la frontera hispano-portuguesa de Alcántara. Inmediatamente después, el 29 de julio, apareció una nota suscrita por Oliveira Salazar y dirigida «a los nacional-sindicalistas» invitándoles a incorporarse al Partido Unión Nacional, bajo pena de que el gobierno podría considerar al movimiento nacional-sindicalista corno perturbador y desafecto al Estado Nuevo. Rolão Preto permaneció exiliado en España hasta que en febrero del año siguiente regresó a Portugal, reiniciando su actividad política con un discurso a los intelectuales nacionalistas que le brindaron un homenaje, con una intervención pública en Oporto en abril y con continuos desplazamientos por todo el país para tratar de recomponer el Movimiento, hasta que, finalmente, el 10 de septiembre de 1935, se le conmina irrevocablemente al exilio por implicarle en la intentona insurreccional del comandante monárquico Méndez Norton. La nota del gobierno, una vez neutralizada la rebelión, aludía a los nacional-sindicalistas corno los instigadores de la revuelta, acusación que rechazaba de plano Preto, quien manifestaba posteriormente que «el movimiento Nacional-Sindicalista no tiene entre sus métodos la intención de revolución armada en las calles, pues desde siempre proclamó, por el contrario, su deseo de conquista del pueblo por la persuasión, por el calor de la mística, por el amor» El Movimiento Nacional-Sindicalista portugués se sentía predecesor del movimiento hermano Falange Española, por su precedencia en el tiempo, por la exposición de la doctrina y por la adopción de sus principales distintivos de identificación. En febrero de 1932 surgieron las camisas azules en Portugal y hasta el otoño de 1933 no tuvo lugar el discurso fundacional de la Falange Española en el teatro de la Comedia de Madrid, y, no fue hasta un año más tarde, cuando se adoptó la camisa azul como uniforme. Rolão Preto consideraba a Falange un movimiento congénere, incluso, en noviembre de 1934, cuando se estaban redactando los 27 puntos de la norma programática de la Falange Española, Roláo Preto intervino en la redacción de los Puntos dando su opinión de abundamiento en los aspectos sociales y así se lo hizo saber a José Antonio Primo de Rivera en su despacho, donde le visitó cuando ultimaba el texto definitivo del borrador de la regla fundamental de la Falange durante la guerra española, Rolão Preto visitó los frentes y manifestaba que si «la Falange consigue vencer todos los embates de todos los sectores reaccionarios, tendrá que realizar la gran obra de la Revolución Nacional-Sindicalista conciliando la libertad con la autoridad, con la conquista del pan y de la justicia. Confiamos en el valor de nuestros camaradas y vemos en la Falange una gran esperanza de realizaciones revolucionarias. Para Portugal, con rostro humano distinto - se refería a Salazar - y alianza tradicional propia, realizaría en su territorio la obra de distribución de pan y justicia que la Falange, nuestra hija espiritual, ya emprendió más allá de la frontera»
Escribió un libro titulado Revolução Espanhola (hombres, hechos, ideas) que dedica a las fuerzas armadas y «a mis compañeros de peregrinación por tierras del otro lado de la frontera, españoles y portugueses. A los nuestros que, en España, luchan por su sueño...» Durante su visita a los frentes en 1937, pronuncia una alocución en Radio Sevilla el 29 de marzo. Comenzaba su arenga con estas palabras: «España del Cid, y más que del Cid, España de los héroes del Alcázar de Toledo. Gloria a tu nombre eterno de nación una, grande y libre».
De José Antonio, quien le dedicara una foto el 26 de noviembre de 1934, con quien converso mucho y trabajó bastante, decía que llevaba su batalla política como un apostolado y que «amaba las ideas en el verdadero sentido de la palabra amor, esto es, entregándose totalmente. Era un creyente, antes de ser un soldado. Era una personalidad. Un hidalgo. Un grande de España».
Bajo el epígrafe «El Movimiento Nacional-Sindicalista Portugués» se publicaron en la revista Acción Española, una serie de artículos que aparecieron en los números 39, 45, 46, 47, 49 y 50 entre el 16 de octubre de 1933 y el 1 de abril de 1934. En la introducción del primer artículo se decía: «Rolão Preto, el magnifico discípulo de Antonio Sardinha, el que con el conde de Monsaraz fue fundador del poderoso movimiento Nacional-Sindicalista portugués, del que no han faltado noticias a nuestros lectores; el director del batallador órgano del Partido “Revolução”; el autor del excelente libro Para além do comunismo, viene a honrar las páginas de Acción Española con un estudio lleno de palpitante interés cuya publicación comenzamos hoy»
La aparición de la primera entrega dio origen a una curiosa polémica con el semanario Libertad, de Valladolid, que dirigía Onésimo Redondo, que en su número 64, de 20 de noviembre de 1933, publicaba de su puño y letra un comunicado en el que se decía «En Acción Española colabora un separatista» bajo el argomento que los camisas azules portugueses pretendían anexionarse Galicia, presunción derivada de la frase pronunciada por Rolão Preto durante una intervención en Oporto que se había dirigido a los gallegos como «portugueses d’alem Minho». Decía Onésimo Redondo: «Bien está la hidalguía española que perdona fácilmente y a veces favorece a los que nos abofetean... llegar a ponerles tribuna, mientras en sus discursos y periódicos se atreven con la sagrada integridad de
la Patria nos parece excesivo en un órgano nacionalista y españolista como Acción Española. Ahora se ha llevado al colmo esa inconsciencia, o lo que sea, dando las primeras páginas de esa revista al jefe de los nazis portugueses, que en Oporto, llegó a llamar a los gallegos «Portugueses d’alem Minho». Por la estimación que a todos los que militamos en la juventud nacional nos merece Acción Española y porque precisamente en ella bebemos muchas de nuestras inspiraciones doctrinales, nos atrevemos a esperar que se oiga en aquella nuestra protesta»
La respuesta no se hizo esperar. En el número 45 de Acción Española y como nota a pie de página se publicaba lo siguiente: «El combativo y querido colega de Valladolid Libertad publicó la noticia alarmante de que en Acción Española colaboraba un separatista, refiriéndose al ilustre jefe de los nazis portugueses... Informado el ilustre escritor del suelto de referencia, nos envía para su publicación las siguientes líneas aclaratorias, que nosotros no necesitábamos, pero que tranquilizarán, debidamente, a nuestro colega Libertad: En extracto venía a decir que Libertad confundía anexión con separatismo y que el Movimiento Nacional-Sindicalista portugués no era ni patriotero ni anexionista, sino un «movimiento economico y social exclusivamente», terminando: «consideramos a España corno nuestra hermana latina más próxima, no sólo por su posición geografica, sino por afinidades de espíritu. Esta proximidad, bien real para nosotros, se acentúa más todavía cuando la contemplamos a través del paisaje material y espírítual de Galicia. Y por ello, cuando llamamos a los gallegos «portugueses del otro lado del Miño» no tenemos en la mente otro deseo que el de proclamar una fórmula de amistad. Libertad tenía la obligación de saber que nadie como nosotros, los discípulos de Antonio Sardinha, podemos entender junto a un Portugal eterno, la eternidad de España»
La rectificación por parte de Libertad no se hizo esperar y con el rótulo «Respuesta obligada: El Nacional-Sindicalismo Portugués», Onésimo Redondo describía el placer que le había producido leer la carta de Rolão Preto aclaratoria, por lo que renunciaba con propia satisfacción a insistir en el apelativo de separatista - lógicamente correlativo, pero no contradictorio de anexionista - y aceptaba, en lo que valía, la hidalga rectificación del relevante político portugués. Hacía alusión a Sardínha y su libro Alianza Peninsular y terminaba que «si este conato de polémica, sirviera de algún modo para extender entre los seguidores de Rolão Preto una confianza sardinhista en el porvenir armónico de ambas Patrias, daríamos por bien empleada nuestra modesta intervención en temas de tanta trascendencia».
Los trabajos que en seis números, como ya hemos dejado apuntado, publicó Acción Española eran un comentario y un desarrollo a los doce Principios de
la Producción, eje integrador de toda la teoría básica del Nacional Sindicalismo portugués. El programa de esos doce puntos había ya sido publicado en un libro que se editó en 1920, en Lisboa, con el nombre de A Monarquía e a Restauração da inteligéncía y lo que hizo Rolão fue una explicación y un análisis de aquellos puntos, una puesta al día y una justificación.
La conclusión de su serie de artículos era que «estamos ante una hora europea revolucionaria y nacionalista. La revolución, como las bayonetas, no consiente que se le sienten encima. Salazar tiene que obrar revolucionariamente para realizar su obra. Sólo para eso cuenta de veras con nosotros. Los nacional-sindicalistas son las milicias organizadas y ardientes de
la Revolución Nacional de los trabajadores»
Rolão había conocido durante sus reiterados exilios políticos en España -en 1934, en 1935 y durante su visita a los frentes en 1937- a los principales líderes políticos como José Antonio Primo de Rivera, al que ya hemos hecho referencia, Ramiro de Maeztu, Víctor Pradera o José María Gil Robles - a quien, por cierto, no le unía ninguna simpatía - Ernesto Giménez Caballero y otros.
La historia del Nacional-Sindicalismo portugués, para los españoles, no es que sea una página olvidada, ha sido, hasta ahora, una página ignorada, a pesar de las analogías y puntos de convergencia con el ideario de idéntica denominación en España.