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Tema: La Iglesia fue cómplice del nacionalismo separatista canario, en los años 70

  1. #1
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    La Iglesia fue cómplice del nacionalismo separatista canario, en los años 70

    LA IGLESIA CATÓLICA ANTE EL RESURGIMIENTO DEL
    FENÓMENO NACIONALISTA EN CANARIAS (1972-1989)

    Zebensui López Trujillo


    http://www.google.es/url?sa=t&rct=j&...fgpD2qhxjOhHsL

    ANTECEDENTES

    Si bien hubo que esperar hasta los últimos años del franquismo para ver con claridad el distanciamiento de la jerarquía
    católica española respecto al régimen, en sus bases este proceso se había iniciado a mediados de los
    años cincuenta, situando el origen del fenómeno en un momento anterior al Concilio. En España,
    como bien apunta el historiador López Villaverde, desde época preconciliar un sector de la
    intelectualidad católica venía difundiendo un mensaje renovador que tuvo su máxima expresión en los
    movimientos especializados de Acción Católica (AC) y en la formación de una nueva generación de
    clérigos, influidos ya por los aires de cambio que procedían de Europa (nouvelle théologie).

    En Canarias, las figuras claves de esta avanzadilla intelectual fueron Elías Yanes, para el caso
    concreto de la diócesis tinerfeña, y Manuel Alemán Álamo, para la diócesis grancanaria. Sobre todo
    este último tuvo un papel destacado en la formación aperturista de nuevas generaciones de sacerdotes
    canarios durante los años que estuvo al frente del Seminario de Canarias. (...)

    Por otra parte, el modelo alternativo propuesto por Manuel Alemán contó, al menos, con la
    connivencia del obispo canariense Antonio Pildain y Zapiain, considerado por el aparato de
    información del Estado como “notoriamente conocido por su animadversión al régimen”.
    (...)

    Esa posición del obispo permitió la continuidad, al menos durante el ejercicio de su
    ministerio, de un proyecto de seminario al que se le contraponía un nutrido grupo de contestatarios.
    La labor de Alemán al frente del seminario se vio truncada en torno a 1967, cuando Pildain fue
    sustituido por José Antonio Infantes Florido como obispo de la Diócesis de Canarias. Cuando el nuevo
    obispo tomó posesión de su cargo se encontró con un enfrentamiento enquistado en el seno de la
    diócesis a causa de la dirección aperturista del seminario. El conflicto se saldó con una crisis interna
    que forzó la salida del rector y de los propios seminaristas, ante la incapacidad de un obispo recién
    llegado para contener las presiones de los sectores conservadores. Sin embargo, la semilla de Alemán
    ya había germinado en una nueva generación de sacerdotes, que si bien no representaban un grupo
    demasiado numeroso, su juventud, formación y dinamismo los iban a convertir, más adelante, en los
    actores sociales principales del cambio en el catolicismo canario.

    Por su parte, la Diócesis Nivariense siempre fue a remolque del empuje que imponía su homónima
    grancanaria, con un colectivo de religiosos afines mucho menos numeroso y con la interposición
    constante del obispo Luis Franco Gascón, alineado con las posiciones más conservadoras en el seno de
    la Iglesia en Canarias. No obstante, existió una relación intensa entre las comunidades de base de las
    dos islas, lo que contrastaba con el vínculo distante con el que se desenvolvían las direcciones de ambas diócesis.

    En medio de este proceso, tuvo lugar un acontecimiento clave para entender el impulso que alcanzó
    el desmantelamiento del modelo nacional-católico en la segunda mitad de la década de los sesenta,
    acelerando el proceso y elevando a la superficie las tensiones entre ambas iglesias. El Concilio
    Vaticano II, celebrado entre 1962 y 1965, supuso una auténtica conmoción en la comunidad católica
    mundial. En España, por su parte, esa conmoción fue varias veces superior al verse retratada en las
    profundas críticas que se lanzaban desde Roma contra la injerencia de los poderes estatales y a favor
    de la libertad religiosa: “en naciones donde a la Iglesia se le reconoce su puesto, a veces de manera
    oficial, ella misma se ve sometida a los embates de la crisis que estremece a la sociedad (…)
    inconscientes de las injusticias actuales, se esfuerzan por mantener la situación establecida”.

    De esta manera, el Concilio proporcionaba nuevas alas al catolicismo rupturista español, que
    recibía con entusiasmo las noticias renovadoras que venían de la Santa Sede, dando un nuevo impulso
    al resquebrajamiento irreversible del modelo nacionalcatolicista. Además, los aires conciliares
    tuvieron una consecuencia inmediata entre los sectores católicos progresistas, que invocaron
    constantemente, y a partir de aquel momento, los acuerdos del Vaticano II como argumento central en
    la defensa y desarrollo de sus posiciones frente a los sectores inmovilistas locales.

    Pocos años después de la euforia conciliar se produjo otro hecho clave para entender los cambios
    operados en las comunidades cristianas de las islas. En 1968 tuvo lugar la Conferencia de obispos
    latinoamericanos de Medellín (Colombia), que puso en la palestra mundial un tipo de teología

    adaptada, como bien defendía el Concilio, a la realidad concreta de Latinoamérica y orientada hacia la
    resolución activa de los problemas de los cristianos del continente. En Canarias, esas ideas tuvieron un
    calado muy profundo entre esa activa generación de jóvenes sacerdotes
    , a causa, en gran medida, de la
    cercanía cultural e histórica que existía entre el archipiélago y el continente americano. Felipe
    Bermúdez Suárez, uno de los protagonistas más destacados de este proceso, expresa esa influencia tras
    asistir en 1972 al encuentro de pensadores latinoamericanos de El Escorial: “todo lo que decían los
    latinoamericanos de, por ejemplo, hacer la historia de América Latina, yo decía esto hay que hacerlo
    en Canarias (…). Cuando ellos hablaban del otro, de la conquista, de los indios, yo decía los guanches,
    la conquista violenta de los españoles.
    Era tal la cantidad de notas sobre Canarias que yo descubrí en
    esa reunión sobre América (…). Mi lema después fue: tenemos que hacer en Canarias lo mismo que
    los americanos están haciendo cada uno en su país
    ”.

    Como se observa en el fragmento anterior, la Teología de la Liberación no solo vino a reforzar los
    principios conciliares de la intervención local, sino que, en primer lugar, ayudó a forjar la visión de
    Canarias como sujeto principal sobre el que desarrollar la acción pastoral, y en segundo lugar,
    introdujo elementos que tenían que ver claramente con la construcción nacional
    . En este sentido, las
    reivindicaciones nacionalistas se sustentan fundamentalmente sobre el discurso histórico, por lo que
    no es de extrañar esa importancia dada a la investigación histórica.
    Última edición por ALACRAN; 01/01/2021 a las 20:44
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

  2. #2
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    Re: La Iglesia fue cómplice del nacionalismo separatista canario, en los años 70

    ...LOS ESTUDIOS SOCIOPASTORALES

    La tensión entre la Iglesia y el Régimen volvió a sufrir un repunte con la celebración de la Asamblea
    conjunta de obispos y sacerdotes de septiembre de 1971
    . La reunión se saldó con una mayoría, aunque
    fragmentada, favorable a las reformas conciliares
    , lo que contrastaba con el panorama presente en las
    islas donde los sectores inmovilistas se imponían. Una de las consecuencias directas de ese triunfo de
    los aperturistas en la asamblea fue la aprobación de una iniciativa encaminada a realizar estudios
    socioreligiosos de cada una de las diócesis,
    como una medida orientada a dar cumplimiento a uno de
    los acuerdos conciliares más relevantes: “incumbe a las comunidades cristianas analizar con
    objetividad la situación propia de su país, esclarecerla mediante la luz de la palabra inalterable del
    Evangelio, deducir principios de reflexión, normas de juicio y directrices de acción”; y reafirmada en
    el siguiente sínodo de obispos: “nos obliga a estudiar cuáles son, en estos años turbulentos, las reales
    condiciones socioculturales de la humanidad, en la cual y para la cual, vive la Iglesia”.
    Curiosamente, estas proclamas teóricas tenían en España su reflejo práctico en el modelo que había
    venido empleando AC en sus programas de intervención social basado en la triada: ver, juzgar y
    actuar.

    En Canarias, y a pesar de tener un clero mayoritariamente tradicionalista, la propuesta de realizar
    los estudios sociopastorales llegó a cuajar
    en un primer momento en las dos diócesis. Sin embargo,
    mientras que en Tenerife el obispo conservador Franco Gascón decidió abortarlo a los pocos meses de
    iniciado, en Gran Canaria, que contaba no solo con el apoyo de un obispo abiertamente progresista,
    sino con unas activas comunidades de base, el estudio sociopastoral se inició en octubre de 1972 y se
    concluyó en mayo de 1975
    con la presentación de los resultados.
    (...)

    El objetivo del estudio era ofrecer, a través de una intensa recogida de datos, una atinada
    radiografía de la realidad social, económica y cultural de Canarias, que sirviera de punto de partida
    para la propuesta de toda una serie de medidas
    destinadas a la intervención y trasformación de esa
    realidad analizada. El trabajo de campo estaba organizado a través de una red de grupos y
    comunidades cristianas insulares, coordinadas, a su vez, por un pequeño grupo de personas de la
    Diócesis que actuaban de nexo con el departamento.

    Cuando en mayo de 1975 concluyó el estudio sociopastoral de la Diócesis de Canarias, la situación
    de tensión en el Estado había empeorado progresivamente a medida que se acercaban los años finales
    del franquismo. En el terreno religioso, las aspiraciones de cambio habían llegado ya a las más altas
    esferas de la curia española y la relación de la Iglesia y el régimen comenzaba a ser de total
    confrontación. El gobierno de Franco, por su parte, había endurecido las medidas represivas contra el
    clero disidente, manteniendo un intenso control de todos sus movimientos con intención de atajar una
    situación que se desbordaba por todos sus frentes.

    En medio de este convulso contexto estatal, se convocó la asamblea diocesana en la que se iba a
    presentar el estudio sociopastoral de la diócesis. Sin embargo, unas horas antes de su celebración el
    gobernador civil de Las Palmas de Gran Canaria notificó al obispo la prohibición de la asamblea,
    como ya había sucedido un mes antes en la asamblea cristiana de Vallecas convocada por el obispo
    Alberto Iniesta
    . (...)

    No obstante, tanto el obispo Infantes Florido como los impulsores del estudio mantuvieron un
    pulso con las autoridades
    y los grupos conservadores, que se inició con la celebración clandestina de la
    asamblea y continuó con el cruce de acusaciones en los medios de comunicación
    . El gobernador civil,
    Enrique Martínez-Cañavate, justificaba la decisión alegando que “dado el gran número de seglares
    convocados” era “un acto público acogido a la normativa en materia de reunión y actos públicos
    vigente”, y amenazaba que “si se intentara celebrar con carácter público y sin autorización, este
    Gobierno Civil se vería en la necesidad de adoptar, en uso de sus atribuciones, las medidas adecuadas
    para impedirlo”.

    Por su parte, Infantes replicaba al gobernador apelando al Concordato y acusándole
    de que su prohibición iba en “contra de la independencia y la libertad de la Iglesia
    en el ejercicio de su
    ministerio pastoral”, concluyendo con una clara posición de fuerza al afirmar que la Asamblea
    quedaba en pie a pesar de verse impedida en esos momentos.

    La causa principal de esta suspensión residía en algunos de los contenidos de los que se componía
    el Estudio sociopastoral
    de la Diócesis Canariensis, y que suponían, al mismo tiempo, la primera
    evidencia de la influencia que iba a tener el nacionalismo canario en el proceso. El documento base
    hacía un repaso crítico por la situación social, política, economía y cultural del archipiélago
    , haciendo
    además un especial recorrido por la historia de las islas, en el que se traslucía la influencia del
    nacionalismo canario
    con la introducción de una serie de elementos extraídos de su cuerpo
    argumental. Ese fue, sin duda, uno de los temas presentes en el estudio que más ampollas levantó entre
    los grupos más reaccionarios, tanto dentro como fuera de la Iglesia.

    El documento definía a Canarias como un “pueblo colonial”, formado por “una mezcla de
    aborígenes, africanos del continente, portugueses, españoles, malteses, flamencos, franceses, ingleses,
    indios, nórdicos y otros pueblos”, y se vanagloriaba, con un sutil anacronismo indigenista, de la
    resistencia de los antiguos canarios contra los conquistadores castellanos
    , a los que caracterizan,
    aprovechando algunas citas como esta del líder indígena Doramas: “este puñado de extranjeros, que
    veis ahí encerrados, es aquella misma casta de hombres crueles que inquietan y perturban
    porfiadamente nuestra patria
    cien años hace y a quienes en más de doce batallas hemos vencido”.

    Pero el contenido de la ponencia no se limitaba a ofrecer una visión indigenista en un contexto de
    auge del guanchismo, sino que hacía mención a unos antecedentes nacionalistas, como el impacto de
    los procesos de emancipación americana en Canarias y el reciente resurgimiento del nacionalismo
    canario de la mano del Movimiento Canarias Libre
    .

    Ante tales afirmaciones, calificadas por el aparato del régimen de “separatistas y antinacionales”,
    se intentó poner freno a un proceso que había arrancado tiempo antes y que, a pesar de la prohibición
    de la Asamblea Diocesana y la supresión del documento base de los párrafos “inadmisibles”, continuó
    desarrollándose a lo largo de todo el proceso de la Transición
    .

    El documento concluía presentado sus aspiraciones de constituirse como una verdadera “Iglesia
    canaria”
    , que, a través de la superación de la desconexión entre las diócesis, se organizara para
    desarrollar “su labor de manera regional”. Por último, si el texto no había exasperado lo suficiente a
    los hombres del régimen, el dossier terminaba criticando indirectamente la injerencia del Estado en los
    asuntos de la Iglesia, los privilegios sobre la designación de los obispos y el tratamiento religioso de
    los poderes temporales
    .
    Última edición por ALACRAN; 01/01/2021 a las 21:26
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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    Re: La Iglesia fue cómplice del nacionalismo separatista canario, en los años 70

    ...LA RELACIÓN CON EL INDEPENDENTISMO AFRICANISTA

    El nacionalismo canario de segunda ola resurgió en la segunda mitad del siglo XX, pero no fue
    hasta los años sesenta que tuvo un desarrollo exponencial hasta convertirse en un componente esencial
    de la realidad política, social y cultural del archipiélago. Una de sus corrientes principales fue el
    independentismo africanista, que, capitaneado desde su exilio argelino por el abogado Antonio
    Cubillo Ferreira
    , desarrolló una intensa actividad diplomática en pro del reconocimiento de Canarias
    como una colonia española en África con derecho a su independencia
    .

    Desde un primer momento Antonio Cubillo mostró su interés por los movimientos que se estaban
    dando en torno a la Iglesia en Canarias y vio con simpatía la introducción tímida de posturas y
    planteamientos nacionalistas entre ciertos sectores de la comunidad religiosa
    . Al Movimiento por la
    Autodeterminación y la Independencia del Archipiélago Canario(MPAIAC) no se le escapaba que la
    Iglesia representaba un poder fáctico en la sociedad isleña y que acercarse a sectores católicos
    sensibles al mensaje nacionalista era un recurso estratégico a tener en cuenta; y más aún, cuando el
    giro en la dirección de la Santa Sede y los primeros enfrentamientos visibles entre sectores católicos
    españoles y el gobierno de Franco abrieron la puerta a un cambio en la percepción de la actitud de la
    Iglesia frente al régimen. La Iglesia se desmarcaba, pues, de su consideración colaboracionista y
    comenzaba a identificarse como un posible aliado para la oposición. Este cambio de concepción se
    aprecia, por ejemplo, en el pensamiento de Cubillo: “la iglesia ya no es la de antaño (…) y no hace
    peligrar nuestras posiciones”
    .

    Por su parte, el exmilitante del movimiento, Domingo Acosta, lo plantea de la siguiente forma: “si hay curas
    que luchan por la independencia, debemos aprovecharlos”.

    Por otra parte, desde el movimiento independentista canario en Argelia se era consciente del papel
    que el Vaticano estaba jugando a escala internacional y sobre todo en el terreno concreto de la
    liberación de las colonias europeas en Asia y África. La Iglesia católica postconciliar había mostrado
    su interés por los procesos de descolonización, que desde los años sesenta se estaban viviendo el
    espacio afroasiático. Este interés se tradujo en un seguimiento del fenómeno a través del envío de
    delegaciones a las reuniones de la OUA
    y a otras asambleas, llegando, incluso, a mantener reuniones
    sin precedentes con algunos de los líderes de los principales movimientos de liberación de aquel
    momento.

    Las acciones desplegadas por el independentismo canario en el exilio, con el objetivo de acercarse
    a los sectores católicos nacionalistas, no solo se limitaron a los actos simbólicos sino que llegaron a
    tomar iniciativas mucho más ambiciosas. Por ejemplo, durante el período de “propaganda armada”,
    desarrollado entre 1976 y 1978, Cubillo anunció por radio un cese efectivo de las acciones de
    violencia política durante la Semana Santa, con el objetivo, afirmaba, de respetar las creencias
    religiosas de los canarios
    : “no olviden que en esta Semana de Pascuas, debido a que muchos
    compatriotas celebran sus festividades religiosas, debemos respetarlas”.

    Pero, como decíamos, el compromiso del MPAIAC con las reivindicaciones de estos grupos
    católicos no se limitó a suspender momentáneamente la cadena de atentados o a arengar en pro de sus
    posiciones a través de las emisiones radiofónicas de la “Voz de Canarias Libre”, llegando a establecer
    contactos con el Arzobispado de Argel con la intención de que este intercediera a su favor ante la
    Santa Sede
    .

    Cubillo sabía que la Iglesia católica en Argelia se había movilizado a favor de la independencia de la
    mano del obispo francés Léon-Étienne Duval
    , quien más tarde, y por esta razón, fue nombrado
    arzobispo de Argel y presidente de la Conferencia Episcopal del norte de África. El líder independentista
    canario consiguió reunirse con Duval para formularle sus reivindicaciones y las de los sectores católicos
    canarios, a través de la intersección de su amigo Mario Albano, sobrino de un cardenal italiano
    , con
    quien mantenía una intensa relación de cooperación.

    La demanda fundamental presentada a Duval en el terreno religioso se centraba en la ruptura
    definitiva de la dependencia que mantenían las dos diócesis canarias dela Archidiócesis de Sevilla
    .
    Sin embargo, en cuanto al resultado posterior de esta separación existían dos opiniones. Por un lado, la
    opción mayoritaria entre los nacionalistas católicos del interior era la creación de una Archidiócesis
    canaria que aglutinara cuatro nuevos obispados (Tenerife, Gran Canaria, El Hierro-La Gomera-La
    Palma y Lanzarote-Fuerteventura).

    Por otro lado, el MPAIAC veía con mejores ojos una opción que mantuviera su línea estratégica principal,
    vinculando, una vez más, a las islas con el continente africano. Para ello, proponía una eventual
    integración de las dos diócesis isleñas en la Archidiócesis de Ceuta, de la que dependían los
    territorios católicos africanos. A pesar de esta evidente diferencia de posturas, el movimiento
    independentista mantuvo su opción en el terreno de lo preferible, apoyando abiertamente las
    reivindicaciones de las comunidades de base sin entrar, lógicamente, en confrontaciones con
    unos sectores católicos a los que pretendían aproximarse.

    No obstante, esta estrategia de acercamiento a la Iglesia católica, aunque fuera dirigida
    principalmente a sus bases progresistas, le costó al movimiento una serie de enfrentamientos con
    algunos miembros que no veían con buenos ojos este tipo de negociaciones y seguían manteniendo
    una visión de la Iglesia en la que esta se mantenía alineada con los intereses de las elites gobernantes.
    El exmilitante del MPAIAC, Rafael Armas, muestra su disconformidad en el siguiente fragmento:
    “aquellos presuntos marxistas-leninistas querían entablar negociaciones con la Santa Sede (...) para
    que, presumiblemente, los nuevos obispos canarios tuvieran más autonomía y permitieran un mejor
    trabajo a los curas nacionalistas”.

    En cualquier caso, la relación entre estos grupos de católicos nacionalistas y el independentismo
    africanista canario siempre fue limitada, reduciéndose a muestras de solidaridad y reconocimiento
    mutuo de sus posiciones, pero sin concretarse de manera directa en otros aspectos. Por lo tanto, los
    sectores católicos, en contraste con su contribución posterior al desarrollo interior del nacionalismo
    canario, no participaron directamente, salvo algún caso concreto, de las proclamas africanistas de esta
    rama del nacionalismo canario. Por el contrario, los cristianos de base se sentían mucho más atraídos
    hacia la creación de partidos y sindicatos nacionalistas, debido, principalmente, a sus propias
    dinámicas orgánicas, a una visión mayoritariamente simbólica del discurso indigenista
    y al rechazo
    frontal que les imponía el uso de la violencia. Esto obliga a considerarlos, en definitiva, como
    procesos paralelos, aunque integrados dentro del complejo fenómeno del resurgimiento del
    nacionalismo canario.
    Última edición por ALACRAN; 01/01/2021 a las 21:29
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

  4. #4
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    Re: La Iglesia fue cómplice del nacionalismo separatista canario, en los años 70

    ...EL ACHAMÁN

    A pesar de la polémica despertada, el estudio sociopastoral había contribuido a que los grupos de
    católicos canarios fueran tomando posiciones, agrupándose y creciendo a lo largo de los primeros años
    de la Transición en todo el archipiélago. El trabajo de campo desplegado en el estudio había
    favorecido, por un lado, el conocimiento de la realidad canaria de primera mano, y por otro, la relación
    directa con los actores sociales de esa realidad en estudio, posibilitando la incorporación de nuevas
    personas y grupos.

    En consecuencia, las comunidades de base vivieron un crecimiento exponencial que se reflejó
    claramente en los tres centenares de personas que iban, según la prensa, a asistir a la asamblea
    diocesana.

    Este incremento en número y protagonismo en la vida social y política tuvo sus reflejos
    más destacados en la creación del Departamento de Teología de las Realidades Canarias (TERECA);
    en la aparición de El Achamán como coordinadora que agrupaba y coordinaba a las distintas
    comunidades de base de todas las islas
    ; y en la participación activa de los cristianos en la mayoría de
    movimientos sociales, culturales, sindicales y políticos
    , que se estaban desplegando en los años setenta
    y ochenta al calor del proceso democratizador.

    Felipe Bermúdez, alumno del profesor Alemán y miembro de la coordinación del estudio
    sociopastoral, se trasladó a finales de 1977 desde Fuerteventura, donde había desarrollado un intenso
    trabajo con las comunidades cristianas durante el estudio, para trabajar en el Centro Teológico de Las
    Palmas a petición del obispo. Bermúdez, muy influido por la teología latinoamericana y el movimiento
    postconciliar, decidió crear un departamento destinado a continuar con el análisis de la realidad insular
    que había iniciado el estudio. Ahora bien, esta visión analítica trascendía la mera indagación de la
    realidad social y económica y se situaba en un plano mucho más ambicioso que tenía que ver con la
    construcción identitaria del pueblo canario: “hacer una reflexión sobre Canarias para que la fe y todo
    lo que se produzca en Canarias desde la Iglesia, esté enraizado desde lo canario
    ”.

    Esta era, según los grupos cristianos, una consecuencia lógica del análisis de una situación particular
    como la canaria y que tenía su reflejo no solo en la influencia de la teología de los pueblos americanos,
    sino que se hacía desde un contexto en el que el nacionalismo canario ya se había convertido en un
    componente indisociable de la realidad insular.

    Con esa idea pedagógica sobre la población y los grupos de base, el primer documento emanado
    del nuevo departamento teológico se publicó bajo el título —nada casual— de Canarias, tarea
    histórica, que hondaba en la necesidad de reafirmar la realidad canaria como mecanismo indispensable
    para la resolución de los problemas que amenazaban al archipiélago.

    Ese no sería, sin embargo, el único documento de este tipo publicado por TERECA. Asimismo, Bermúdez
    dio un paso más allá en su labor como ideólogo principal de estemovimiento, con la producción
    de diversos textos teóricos sobre la conveniencia de construir una teología canaria.


    El teólogo canario buscaba que el fenómeno tomara también una dimensión que
    afectara internamente a las bases teóricas de la Iglesia en Canarias, dotando al clero insular de unas
    sólidas alternativas teológicas que complementaran los pasos dados en otros ámbitos de la acción
    religiosa: “caminar hacia una reflexión teológica que asuma nuestras características culturales como
    pueblo específico, afirmadas en interdependencia —no en dependencia— con las de otros pueblos (de
    Canarias, desde Canarias, para Canarias
    )”.

    A la labor de Bermúdez se irán sumando otros teólogos, como es el caso destacado del sacerdote
    Juan Barreto Betancort, quien contribuye a profundizar, en primer lugar, en la conveniencia de
    mantener un diálogo con el nacionalismo canario
    ; y en segundo lugar, en establecer los términos en
    los que se debía mover esa relación entre ambos. De igual manera que se mantuvo un intenso disenso
    en torno a la relación entre cristianismo y marxismo, la primera preocupación de los teólogos se centró
    en definir, dentro de la inmensa amalgama de posiciones que coexisten en el concepto nacionalista, el
    tipo de nacionalismo susceptible de integrarse en la acción pastoral en las islas y conseguir el principal
    objetivo que se proponen con esta relación: la construcción de una identidad canaria capaz de sentar
    las bases indispensables para el cambio social en Canarias
    .

    Por el contrario, se rechaza de plano todo carácter excluyente y racista y se proclama una doble fórmula en la
    que la reafirmación del pueblo canario conviva con la universalidad del cristianismo, el internacionalismo
    obrero y la solidaridad entre los pueblos
    . En este punto es interesante destacar que el guanchismo,
    tan intenso en ese momento, se formuló en la mayoría de los casos como un recurso simbólico y mítico,
    alejándose siempre del argumento exclusivista de la raza, al que contraponen otro de tipo criollista en el
    que es el medio insular el que determina las particularidades isleñas.

    Paralelamente a esa reflexión, se fue consolidando el proceso de confluencia de estos grupos y
    comunidades cristianas en coordinadoras, primero de carácter insular y más tarde interinsular. La
    primera manifestación de este proceso tuvo lugar en junio de 1978 en Gran Canaria, donde se celebró
    el primer encuentro de grupos de cristianos de base bajo el título El Achamán
    , nombre que acabará
    tomando definitivamente la coordinadora interinsular. A imitación de la Coordinadora de
    Movimientos que ya existía en Tenerife, este primer encuentro se saldó con el acuerdo de crear una
    asamblea insular en Gran Canaria e iniciar la relación entre ambas, lo que acabará por conformar un
    espacio de relación que aglutinaba a todas las islas.

    Tras estos primeros momentos de tanteo, El Achamán, definido ya como una “Coordinadora de
    grupos, movimientos y comunidades cristianas de Canarias
    ”, comenzó a organizar su funcionamiento
    a través de asambleas de zona, insulares y la gran asamblea anual interinsular, con sus respectivas
    asambleas permanentes de representantes.

    A partir de este momento, y hasta finales de los años noventa, El Achamán se convirtió en el nexo de unión
    entre diversos grupos cristianos que desarrollaban su actividad en diferentes sectores y puntos del archipiélago.

    Las líneas básicas de su programa de acción común se pueden resumir en una apuesta clara hacia
    una perspectiva militante de la fe desde la Teología de la Liberación, que se declara en el encuentro
    interinsular de 1979, produciendo la primera salida de grupos y personas de la coordinadora. Por otra
    parte, establecen un discurso difuso sobre la canariedad, que entremezcla fórmulas nacionalistas con
    otras meramente regionalistas o folklóricas, que la convierten en un elemento ambiguo, muy amplio,
    que sirve como nexo de unión entre todas las comunidades cristianas de las islas y que marca los
    límites de sus programas de acción, entendiendo a Canarias como el sujeto principal de su actividad,
    pero que deja para otros espacios al margen de la coordinadora otras posiciones más
    “comprometidas”.

    En este sentido, hay que entender que este proceso camina a la par que el desarrollo del mensaje
    nacionalista y su socialización, por lo que no es de extrañar que se adopten algunos de sus principios,
    aunque éstos sean reelaborados y matizados. Sirva como ejemplo más visual de la influencia que tuvo
    del nacionalismo canario, y más concretamente del renovado discurso indigenista, la propia
    denominación de la coordinadora como El Achamán, que era “una de las palabras con la que los
    guanches de Tenerife invocaban a su dios
    ”.

    De esta manera, la referencia a lo canario será una constante siempre presente e indisociable del movimiento
    y proyectada de manera creciente en la medida que aumenta en el panorama político canario las posiciones nacionalistas.

    Y en tercer lugar, una posición política a favor de la “unidad de la izquierda” también muy ambigua y que,
    como en el caso de la canariedad, se manifiesta y se concreta más individualmente en cada grupo o persona.

    Al margen de esta labor en el seno del catolicismo en las islas, una parte importante de los militantes cristianos
    pasaron a engrosar las filas de diferentes agrupaciones sociales y políticas, introduciéndose de lleno en el proceso
    de la Transición, ya fuera a través de su participación en sindicatos, partidos políticos u otros colectivos: “estábamos
    insertos en plataformas populares, sindicales, políticas, culturales y sociales”.

    Este tipo de implicación por parte de los sectores católicos se entendía como un elemento indisociable de la acción
    pastoral de los cristianos, que se apoyaba, entre otras, en las proposiciones de la Asamblea conjunta de 1971, en
    la que se llega a afirma que el sacerdote tiene el deber de oponerse a “la injusticia con todas sus consecuencias.
    En estos casos no puede ser tachado de hacer política, sino que realiza una acción verdaderamente pastoral”.
    Siguiendo este principio, la comunidad cristiana en Canarias va a promover activamente la
    participación organizada de sus miembros en los procesos de cambio que se estaban abriendo en ese
    momento: “potenciar, animar e iluminar la presencia de los cristianos en plataformas y organizaciones
    populares”.

    Algunos ya venían de ocupar espacios políticos en la clandestinidad, pero otros dieron el salto a la actividad
    política desde su participación en las comunidades cristianas. E
    n algunos casos las derivas de militantes
    cristianos hacia otros espacios de la acción política y social dieron un impulso considerable a algunos sindicatos
    y partidos políticos, principalmente dentro de la mañana de organizaciones nacionalistas de izquierda.

    Este es el caso de la aparición y lanzamiento de un buen número de partidos políticos nacionalistas
    de izquierda a lo largo de la década de los ochent
    a; un fenómeno poco estudiado pero en el que destaca
    sin duda el protagonismo de estos elementos en las filas del nacionalismo canario.

    Existen numerosos ejemplos de sindicatos y partidos políticos en los que se observa
    claramente la presencia de los cristianos de base, sobre todo entre las filas del
    nacionalismo canario.
    Entre las propuestas destacan, entre otros, Pueblo Canario Unido, Asamblea
    Majorera, Asamblea Canaria, Roque Aguayro o Unión del Pueblo Canario; y entre los sindicatos, la
    CANC o Intersindical Canaria. (...)

    http://www.google.es/url?sa=t&rct=j&...fgpD2qhxjOhHsL
    Última edición por ALACRAN; 01/01/2021 a las 21:32
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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    Re: La Iglesia fue cómplice del nacionalismo separatista canario, en los años 70

    Tema incómodo y silenciado tanto por la Iglesia de entonces como por el Régimen de Franco, pocos se hacían eco del escándalo de que la diócesis de Las Palmas, el obispo Infantes Florido y su creado "Estudio Socio-Pastoral" coincidían con la ideología del movimiento separatista terrorista MPAIAC de Antonio Cubillo, que operaba desde aquella Argelia pro-soviética:


    Revista
    FUERZA NUEVA, nº 497, 17-Jul-1976


    MOVIMIENTOS “DE SOLIDARIDAD”: EL MPAIAC

    La Tricontinental de La Habana, en 1966, ( ver: http://hispanismo.org/historia-y-ant...o-mundial.html )no trazó sólo el camino de apoyo a la subversión en Vietnam; planificó minuciosamente el levantamiento en Portugal, la independencia y radicalización de Angola, Cabo Verde, Guinea-Bissau, Mozambique, Guinea Española, metas todas ya alcanzadas, sino que también propugnó la separación de Canarias de España, acogiendo el Movimiento para la independencia del Archipiélago Canario (MPAIAC), nacido en octubre de 1964, con sede en Argelia, y a los planes de su secretario general, el abogado separatista tinerfeño Antonio Cubillo, exiliado ahora en Argel, que propugna la lucha “por todos los medios” para lograr la independencia y el establecimiento de una república socialista y revolucionaria, planes apoyados por la Delegación Comunista de España en la Tricontinental (que presidía Líster) y por la argelina.

    Al principio, por considerarse una línea de menor resistencia, se intentó la acción utilizando sacerdotes “comprometidos”. Se dijo que “para desatar ahora en España auténticas revoluciones político-religiosas es preciso infiltrar las ideas revolucionarias por medios eclesiásticos (*), y así se montó en la diócesis de Canarias, en 1970, un “Estudio Socio-Pastoral” y una “Asamblea Conjunta” que motivó la intervención del gobernador civil. Fue desautorizada por la Santa Sede en 1972 y finalmente, suspendida.

    Las tesis del MPAIAC

    Como la resolución 1541 (XV) de las Naciones Unidas del 15-12-60 declara que “ha de considerarse como no libre el territorio separado geográficamente y distinto étnica y culturalmente, el “Estudio Socio-Pastoral” sienta que “el pueblo canario es una mezcla de aborígenes, en primer lugar, con africanos del continente, portugueses, españoles –los “godos” de Cubillo- malteses, flamencos, ingleses, indios, nórdicos y otros pueblos, que han vivido una historia común (pág. 10).

    Con esta pretensión (LA DIÓCESIS) pretende apoyar la tesis del MPAIAC, léase Cubillo, sobre el origen berebere del pueblo guanche y la africanidad del archipiélago, que tiene por objeto el obtener la ayuda de la Organización de la Unidad Africana (OUA) y de la Tricontinental. En efecto, el MPAIAC fue reconocido por el comité de liberación de la OUA, que declaró que “el pueblo canario tiene derecho a la autodeterminación, como otros territorios coloniales”.

    Otra intolerable injerencia africana es la campaña separatista que a partir de 1975 se lleva a cabo desde Radio Argel, bajo el nombre de “La Voz de Canarias Libre” sin que haya dado lugar a protesta diplomática española.

    Fracasada la subversión a través de la Asamblea Conjunta Diocesana, se decidió radicalizar el movimiento, dándole un más acusado matiz marxista, promoviendo huelgas y manifestaciones, que resultaron de modesta envergadura. Nació entonces el Movimiento para la Liberación de Canarias, al que se ha atribuido el secuestro del industrial canario Eufemiano Fuentes, que parece insertaron en la serie de violencias y atentados terroristas anunciados por Radio Argel. Ahora, se pide la retirada de Canarias de la Legión y de unidades de la Flota, que recoge nuestra prensa informativa.

    Esta entelequia separatista será manipulada por los métodos conocidos de la Agitprop, que dieron el triunfo al comunismo en el Sureste asiático y que vemos ya en acción en el caso del Polisario. Ya es alentada desde Cataluña. En “La Vanguardia” del 11 de mayo, leemos, en la reseña de la clausura de la “Segona Setmana de Cultura Catalana” (sic) en el paraninfo de la Universidad, que constituyó un “homenatge a les minories nacionals”: Canarias, Cataluña, Euzkadi, Galicia, Aquitania, República Saharaui, Irlanda, Escocia, Gales, Frisia, Córcega, Bretaña, Palestina, cuyas banderas adornaban el local, acompañadas de pancartas alusivas…

    Espero que hayan quedado claros estos nuevos rumbos de la ambición comunista; expansión y dominio a expensas de la integridad y grandeza de nuestra Patria y apuntada la presencia de traidores en el interior. A todos los españoles nos corresponde exigir sea castigada la traición y que España sea de veras: Una, Grande y Libre

    José MALUQUER CUETO

    (*) Ver el artículo del dirigente del Partido Comunista español Santiago Álvarez “Sobre la unidad entre católicos y comunistas”. Revista Internacional, Praga, 1965.
    Última edición por ALACRAN; 05/01/2021 a las 21:06
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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    Re: La Iglesia fue cómplice del nacionalismo separatista canario, en los años 70

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    Cita Iniciado por ALACRAN Ver mensaje
    Tema incómodo y silenciado tanto por la Iglesia de entonces como por el Régimen de Franco, pocos se hacían eco del escándalo de que la diócesis de Las Palmas, el obispo Infantes Florido y su creado "Estudio Socio-Pastoral" coincidían con la ideología del movimiento separatista terrorista MPAIAC de Antonio Cubillo, que operaba desde aquella Argelia pro-soviética:
    Y no te olvides de que el MPAIAC compartía base en Argelia con el Frente Polisario, y que a su vez estos polisarios trambién apoyaban al MPAIAC, y que hubo un momento en que peligró la pertenencia de Canarias a España, pues Rusia y la OUA exigían su descolonización. Y que esa fue la razón por la que se prefirió que el Sáhara, cuya descolonización se había aprobado mucho antes de morir Franco, quedase bajo la influencia de Marruecos antes que de la de Argelia.
    «Eso de Alemania no solamente no es fascismo sino que es antifascismo; es la contrafigura del fascismo. El hitlerismo es la última consecuencia de la democracia. Una expresión turbulenta del romanticismo alemán; en cambio, Mussolini es el clasicismo, con sus jerarquías, sus escuelas y, por encima de todo, la razón.»
    José Antonio, Diario La Rambla, 13 de agosto de 1934.

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