Re: Orden de Alcántara.
Las Órdenes Militares en España : Alcántara
Existió hace casi mil años una ermita, en las riberas del Río Côa, en la Beira Alta del actual Portugal, donde vivía un viejo anacoreta, llamado Amando que había sido soldado en Tierra Santa a las órdenes del Conde D. Enrique de Borgoña.
Dicho ermitaño, que había levantado aquella sencilla ermita, conoció a un tal Suero Fernández Barrientos y otros caballeros que integraban una cofradía religiosa a los que Fernando II de León les habia concedido aquellas tierras con su ermita. Allí mismo se construiría una fortaleza para poder garantizar la seguridad de la fe cristiana en tan remotos parajes.
Poco después, debido al aumento de sus acólitos y al consejo del anacoreta Amando, decidieron constituirse en Orden Militar, como otras que ya existían, combinando de esta forma lo militar con lo religioso, así, se llamaron en un principio la Ordem de São Julião do Pereiro. Y fueron confirmados por el Papa Alejandro III el 29 de noviembre de 1177 en calidad de orden de caballería.
Los miembros de la Orden se sometían a los votos de obediencia pobreza y castidad perpetua. Sólo tres días de la semana comían carne, el resto ayunaban. Dormían vestidos, guardaban silencio en la iglesia y refectorio. Cuando por tregua u otra razón, no se empleaban en los menesteres guerreros, permanecían recluidos en el convento.
Sucedió años después que la ciudad de Alcántara, reconquistada a los musulmanes, era defendida por los caballeros de la Orden de Calatrava, pero con los años el frente se fue desplazando hacia el sur y poco a poco la ciudad de Alcántara quedó muy al norte de los defensores calatravos, por lo que Alfonso IX de León encomendó la defensa de la plaza a la recientemente formada Orden de los Caballeros de Julián de Pereiro.
Así en 1218 las Órdenes de Calatrava y del Pereiro firmaron una concordia por la cual, la primera cedía a la segunda la villa de Alcántara y todas sus posesiones en el Reino de León para que instalara en ellas su casa magistral y su convento central, a cambio, la Orden del Pereiro comprometía cierta subordinación al Maestre de Calatrava de ahí que adoptasen también la regla del Císter.
Debido entonces al establecimiento en esta ciudad, la Orden fue llamándose paulatinamente de Alcántara y ya en 1253 sus maestres se titulaban «maestres de la Orden de Alcántara».
A partir de este primer nucleo, la Orden empezó a crecer y se sumaron las ciudades de Santibáñez, Portezuelo, Navasfrías (donada por Alfonso IX) y Valencia de Alcántara. De esta forma quedó configurado su bloque fundamental de posesiones en el partido de Alcántara, al oeste de la provincia de Cáceres.
En años posteriores siguió su expansión ya por Badajoz con la conquista de Magacela, reconquistada por el Maestre de la Orden de Alcántara Frey Arias Pérez, ciudad que sería cedida a la Orden por Fernando III el Santo. Al mismo tiempo la Orden recibe el encargo del rey de repoblar Zalamea, conquistada por esos años.
En 1236 Fernando III conquista la ciudad de Córdoba y a la Orden les fueron donadas Benquerencia y Esparragal (si bien esta última fue conquistada por los Templarios). No terminó aquí la acumulación de posesiones pues en 1302 les es donado el castillo de Eljás y de Villanueva de la Serena un año después. Y como premio a su participación en la reconquista de Andalucía, castillos como el de Morón y Cote y el lugar del Arahal donados por Sancho IV en 1285 y permutados (cambiados) en 1461 a cambio de Salvatierra, Villanueva de la Barcarrota y el castillo de Azagala.
(El castillo de Villalonso en Zamora, es el mejor conservado de toda la provincia. La construcción es citada ya en una bula del Papa Gregorio IX de 1235, figurando como propiedad de la Orden de Alcántara.)
En 1492 el Fernando el Católico consiguió del Papa Alejandro VI la concesión del título de Gran Maestre de la Orden de Alcántara con carácter vitalicio. De esta manera logró controlar los más de 7000 km2 que ya tenía la Orden bajo su influencia, y eso que esta no era la poseedora de las mayores extensiones territoriales si la comparamos con las de Santiago y Calatrava.
Pocos años después, en 1522, el Papa Adriano VI fue más allá, al conceder a Carlos I los títulos de Gran Maestre de las tres órdenes militares de España con carácter hereditario.
Para ser miembro de esta Orden, eran necesarios una serie de requisitos :
Debían probar que sus cuatro primeros apellidos tenían nobleza de sangre y no de privilegio, tener escudo de armas acreditado en los cuatro apellidos y que tanto el aspirante como su padre, madre y abuelos eran descendientes de una casa solar (La casa solar es la primera casa donde una persona portó el apellido).
No debían haber desempeñado jamás oficios viles, mecánicos o industriales ni haber vivido del esfuerzo manual. No tener mezcla de raza con judío, moro, hereje, converso ni villano por muy remoto que fuera el ancestro y que nunca hubiera realizado actos en contra de la Iglesia o la fé Católica. No haber faltado jamás a las leyes del honor o ejecutado un acto impropio de un caballero.
Curiosidades :
» Sus miembros generalmente vestían una túnica de lana blanca muy larga y capa negra que se sustituía por un manto también blanco en las ocasiones solemnes.
» Su último Maestre, Juan de Zúñiga, fue el número 37 y abandonó su autoridad a favor del Rey Católico Fernando, previo consentimiento de la Santa Sede y a cambio de ser nombrado Cardenal Arzobispo de Toledo.
» Pertenecer a la Orden significaba respetar el voto de castidad, hasta que en 1546 se autorizó el casamiento de los caballeros de la Orden a cambio de defender el dogma de la Inmaculada Concepción.
» En el siglo XVI había un cuerpo de caballería que tenía como estandarte la Cruz Verde de Alcántara, fue creado en los Paises Bajos Por Don Juan Francisco Nestien para aumentar las fuerzas de caballería que luchaban bajo el reinado de Felipe IV.
Este regimiento perduró en la historia y protagonizó algunos hechos de armas durante la Guerra de la Independencia Española.
» La Primera República suprimió la Orden en 1873, pero Don Alfonso XII la restauró en 1875.
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La Iglesia es el poder supremo en lo espiritual, como el Estado lo es en el temporal.
Antonio Aparisi
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