Revista FUERZA NUEVA, nº 65, 6-Abr-1968
MOZÁRABES TOLEDANOS
Caso único de comunidad cristiana en Europa: a lo largo de doce siglos han permanecido fieles a su liturgia
Ahora que muchas instituciones presumen de “estar al día” y procuran lanzar de sí, como un lastre poco menos que inservible, todo lo que una tradición multisecular acumuló sobre ellas, los mozárabes toledanos, es decir, la única comunidad de la Europa cristiana que a lo largo de doce siglos sigue siendo fiel a su liturgia, a su fe, a la nobleza de su origen, se agrupan para recuperar sus viejas costumbres piadosas, su devoción a la Virgen, sus ritos y privilegios. (…)
Los mozárabes siguen sobre el tapete de la actualidad. Los estudiosos e investigadores de los países europeos y americanos se interesan continuamente por los resultados de los trabajos que los especialistas en liturgia mozárabe han realizado recientemente. Hace sólo unos meses (1968) que el canto mozárabe ha sido divulgado en discos dentro y fuera de España. Ahora son los propios mozárabes toledanos quienes, por decirlo así, han tomado conciencia de su noble ascendencia y se han agrupado en una hermandad que en lo sucesivo representará a la por tantos títulos ilustre comunidad mozárabe de Toledo.
La esclavitud de Nuestra Señora de la Esperanza
Hace ya medio siglo (1918) existió en Toledo una congregación de párrocos y beneficiados mozárabes, ya desaparecida. Muchos seglares mozárabes residentes fuera o dentro de Toledo, ignorantes de su linaje, habían dejado de ejercitar el privilegio de su parroquialidad personal y habían pasado a la jurisdicción ordinaria, es decir, a las parroquias latinas. Era conveniente que naciera una asociación que agrupase a los mozárabes toledanos, y justamente por eso un grupo de sacerdotes y seglares se lanzaron a la empresa y solicitaron del cardenal primado la reorganización de la Ilustre y Antiquísima Esclavitud de Nuestra Señora de la Esperanza, de San Lucas, de tan antigua tradición toledana, como Hermandad de las familias mozárabes. Es justo destacar aquí los nombres de las personas que han logrado el éxito de tan noble empeño: los párrocos mozárabes don Balbino Gómez-Chacón y don Jaime Colomina, el hermano mayor de la Hermandad, don Julio Esteban Infantes, y el abogado don José Antonio Dávila García-Miranda, que publicó el año pasado (1967) un trabajo titulado: “La nobleza e hidalguía de las familias mozárabes de Toledo” y que preparará ahora un libro sobre los mozárabes toledanos, sus parroquias y sus linajes.
Un año para la Hermandad: 1513
De este modo se ha podido lograr que una Cofradía que ya existía en 1513, establecida canónicamente desde su fundación en la antigua parroquia mozárabe de San Lucas, ha pasado a ser, por autorización del primado, la Hermandad de las familias de este rito, pertenezcan a cualquiera de las dos parroquias mozárabes existentes hoy día (1968) en la capital, sean, en efecto, feligreses mozárabes o hayan pasado a la jurisdicción latina, residan o no en Toledo, siempre que procedan de linaje mozárabe. Además, se admiten en la Hermandad, como honorarios, personas de rito latino que hayan destacado por su espíritu toledano, por sus estudios genealógicos o históricos sobre temas mozárabes; a estos hermanos honorarios, si aportan pruebas de nobleza, se les mantiene en su expediente.
El proyecto más inmediato de la Hermandad es el de localizar a todas las familias mozárabes residentes fuera de Toledo, e incluso fuera de España, para agrupar el mayor número posible de caballeros y damas mozárabes. Pretende también la total restauración de la iglesia de San Lucas para restablecer en ella el culto con una nueva imagen de la Virgen de la Esperanza, de San Lucas, ante la que se celebrarán “sabatinas”. Prepararán una exposición de arte mozárabe y de objetos y documentos relacionados con esta comunidad y con la Hermandad.
La Virgen “Enfermera”
Entre los privilegios de que gozan los hermanos figura el siguiente: cuando estén enfermos podrán retener en su aposento la pequeña imagen de la Virgen de la Esperanza denominada “La Enfermera”. Se preceptúa la asistencia en corporación a los actos religiosos públicos más destacados de Toledo.
 
La Hermandad se gobierna por un Cabildo y se organiza en brazo de caballeros y brazo de damas, bajo el supremo patronato del cardenal primado de Toledo, que ha sido nombrado su primer hermano mayor de honor. También el Ayuntamiento es hermano mayor honorario. Preside la Junta de Gobierno del brazo de damas doña Fernanda de Borja y Aramaburu, viuda de Esteban infantes; es secretaria doña María Dolores Benayas, etc. (…)
El símbolo de los mozárabes
El emblema de la Hermandad es la cruz de Alfonso VI esmaltada en blanco, cantonada en oro, de doce puntas, tres en cada brazo, sobresaliendo la central; en medio de la cruz destaca un círculo con el antiguo blasón de la ciudad: en campo azur, una corona imperial de oro. En los actos públicos, los caballeros mozárabes llevarán este emblema sobre el pecho, pendiente de un eslabón dorado con el escudo de Toledo y de una cinta azul con una estrecha línea amarilla en el centro. Los directivos de la Hermandad llevarán una banda cruzada de los mismos colores que la cinta. El hábito está constituido por un manto azul oscuro, redondo, rematado en cuello abierto de la misma tela y cerrado con cordones amarillos con sus borlas: el birrete, sencillo, de tipo romano, también azul.
La presencia de los mozárabes toledanos en la procesión toledana del Corpus completa la gama multicolor de los hábitos blancos, verdes y rojos de los caballeros del Santo Sepulcro, de los del Corpus Christi y de los Infanzones de Illescas.
¿Quiénes son los mozárabes?
Y a todo esto se preguntará el lector: ¿Y quiénes son los mozárabes? Ellos mismos lo explican en el primer número de la crónica mozárabe, aparecido en este mes de marzo (1968) con estas palabras:
“Los antiguos españoles que bajo la dominación musulmana conservaron heroicamente la fe cristiana y las costumbres de sus mayores, por vivir entre árabes, fueron llamados “mozárabes” o “muzárabes”, que parece significar “arabizados”. De ellos recibió el nombre de mozárabe la antiquísimo y venerable liturgia Hispana, llamada también Isidoriana, Gótica o Toledana”.
El rey Alfonso VI, cediendo a las instancias del Papa Gregorio VII, con grandes resistencias introdujo en Castilla la liturgia Romana en el Concilio de Burgos del año 1080, aboliendo la Hispano-Visigótica. Al reconquistarse cinco años después la ciudad de Toledo, sede primada de las Españas y antigua corte de los Godos, en donde florecía el rito tradicional, los mozárabes toledanos obtuvieron, no sin esfuerzo, el derecho de que se les respetara y mantuviera en las seis parroquias que habían conservado bajo el dominio musulmán y que eran de muy antigua fundación: Santas Justa y Rufina, San Marcos, San Lucas, Santa Eulalia, San Sebastián y San Torcuato, así como en algunos otros templos y monasterios. Para el sostenimiento de las parroquias y conservación del rito les asignaron como feligreses, a título personal, todos aquellos mozárabes y sus descendientes “in perpetuum”. El mismo Alfonso VI y muchos de sus sucesores, hasta Fernando VII, otorgaron y reconocieron grandes exenciones y notables inmunidades a las “Nobles familias de los Caballeros Mozárabes de Toledo”, ya viviesen en la ciudad, en su tierra o en otros lugares “dentro y fuera de España”, hasta el punto de significar estos numerosísimos privilegios pleno reconocimiento de su nobleza e hidalguía.
Por el Fuero o “Carta Mozarabum” de 20 de marzo de 1101 (Era de 1139), Alfonso VI, que tanta gratitud les mostró por su ayuda a la reconquista de Toledo, les autorizó a regirse por las antiguas leyes godas (Fuero Juzgo), además de concederles diversos privilegios, liberarles de su “antigua sujeción y cautiverio” y facultarles asimismo para hacerse armar caballeros. Por ello, durante varios siglos conservaron su alcalde propio y diversos oficios municipales y de justicia. De este modo surgió una comunidad histórico-litúrgica, única en Occidente, definida por el común origen hispano visigótico y por la adscripción personal de sus miembros a las parroquias de rito tradicional, cuyo esplendor y conservación les correspondía y a las que mantenían con sus diezmos.
Posteriormente, de manera paulatina, se fueron mezclando castellanos y francos con los nuevos pobladores, a la vez que del mismo modo se iba introduciendo el rito latino en las iglesias mozárabes, sin perjuicio de que, como derecho sagrado, conservasen y mantengan actualmente su rito en ciertas festividades y siempre que lo estimen oportuno sus curas párrocos.

Las parroquias mozárabes
Muchas familias mozárabes se extinguieron sin descendencia y otras no conservaron recuerdo de su origen, por lo que ya en el siglo XVI no había feligreses en las parroquias mozárabes de San Sebastián y San Torcuato, arruinándose más tarde esta última, que había sido fundada en el año 700 o 701 y de la que solamente se conserva, en la calle de su nombre, una portada de principios del siglo XVII con la imagen del santo titular. La iglesia originaria de San Marcos, que se hallaba situada al final de la calle de la misma denominación, y que se erigió en el año 634, reinando Sisenando, por la princesa Blesila, se derrumbó a comienzos del siglo XIX y la torre, que subsistía en 1841, fue demolida poco después, por lo que la parroquia mozárabe se trasladó primeramente a San Salvador y posteriormente al espacioso templo de los Trinitarios calzados, edificado en el año 1630, en el que actualmente se halla. Conservan gran parte de su originario trazado visigótico y mozárabe las iglesias de Santa Eulalia, fundada en el año 559 por el rey Atanagildo; San Sebastián, que lo fue en el 601 o 602, reinando Liuva II, y San Lucas, erigida por el conde Evancio entre los de 625 y 641, reinando Chindasvinto, y en cuyo recinto se hallan sepultados multitud de mártires mozárabes y el príncipe Esteban, hijo de Atanagildo, con su esposa Lucía, padres de San Ildefonso. Por último, también aparecen restos visibles de su origen en la parroquia de Santas Justa y Rufina, fundada por el rey Atanagildo en el año 554 o 555, y que después de Santa María de Alficén o del Carmen, era considerada como la principal de todas.
El cardenal Ximénez de Cisneros, queriendo renovar este glorioso rito y garantizar su pureza para el futuro, fundó en el año de 1504, en la catedral primada, la Capilla Mozárabe del Santísimo Corpus Christi, en cuyas Constituciones de 18 de septiembre de 1508 determinaba que las trece capellanías de la misma fueran “siempre servidas o tenidas por los beneficiados de las dichas iglesias muzárabes de la ciudad”.
(continúa)
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