LA VINDICTA, VIRTUD DE LA JUSTICIA
LA VINDICTA O JUSTO CASTIGO
Una sociedad tiene el derecho a defenderse de sus enemigos internos y externos. Y si no pone los medios adecuados para su defensión, no tiene más derecho que a gemir bajo la bota de un tirano o temblar bajo el cuchillo de sus matarifes.
Y cualquier otra cosa que os digan es mentira... Una cochina mentira que han inventado para destruirnos sin que nos resistamos.
Una teología de pusilánimes -en la que hay mucho hombre, demasiado hombre, y poco Dios- ha servido durante muchísimas décadas como instrumento para debilitar y eliminar los últimos resortes de reacción del cristiano. La Justicia es de Dios, pero con las debidas condiciones también el hombre puede y debe hacerla en la tierra.
Así describe el P. Royo Marín la virtud de la "vindicta", propia de la Justicia.
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"Es una virtud difícil de explicar por lo fácilmente que puede confundirse con un verdadero pecado contra la caridad. Tiene por objeto castigar al malhechor por el pecado cometido. Santo Tomás explica su verdadero sentido y alcance en las siguientes palabras, modelo de precisión y exactitud:
"La vindicta se hace por alguna pena que se impone al culpable. Hay que atender en ella al ánimo del que la impone. Si su intención recae y descansa principalmente en un mal que se desea al culpable del crimen cometido, es completamente ilícita, porque deleitarse en el mal de otro es propio del odio, que repugna la caridad, por la que debemos amar a todos los hombres. Ni vale excusarse diciendo que se le desea un mal a aquel que injustamente nos lo hizo antes a nosotros, porque no nos excusa el odiar a quien nos odia a nosotros. No puede el hombre pecar contra nadie so pretexto de que antes pecó él contra nosotros; esto equivaldría a ser vencido por el mal en vez de vencer al mal con el bien, como dice el apóstol San Pablo (Rom. 12,21). Pero si la intención del que castiga recae principalmente en algún bien al que se llega por la aplicación de la pena, a saber, la enmienda del pecador, o, al menos, su sujeción y tranquilidad de los demás, la conservación de la justicia o del honor de Dios, puede ser lícita la vindicta, guardando todas las demás circunstancias debidas".
De todas formas, en la práctica, rara vez será conveniente que el hombre privado o particular ejerza o pida este castigo; porque, bajo el pretexto de justicia y de equidad, se esconderá muchas veces un amor propio exacerbado y acaso verdadero odio al prójimo. Por eso, a esta virtud se la llama "pequeña virtud", y es siempre de aconsejar que se perdonen las injurias del prójimo en vez de castigarlas, a no ser que el amor de Dios, del prójimo o el bien común exijan la reparación de la injuria.
A esta virtud se oponen dos vicios: uno por exceso, la crueldad, y otro por defecto, la indulgencia excesiva, que puede animar al culpable a continuar sus fechorías."
Teología de la perfección cristiana, fray Antonio Royo Marín (O.P.), parágrafo 320.
LIBRO DE HORAS Y HORA DE LIBROS
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