Corre el año 1597 y el peligro de la peste, que ya asolaba Pasaia, acecha la capital donostiarra. Todas las medidas sanitarias son pocas y a ellas se unen las penitencias, ayunos y prerrogativas al santo, que precisamente es en aquella época el abogado ante Dios contra la peste. La epidemia cesó y la villa acordó festejar el día de su onomástica con una procesión que incluía el propio brazo del santo como reliquia.
Varias hipótesis tratan de exclarecer el nacimiento de la tamborrada, pero todas coinciden en tres circunstancias: tiempo, motivo y lugar. Fue hacia 1836, surgió como parodia de las múltiples invasiones de tropas que había sufrido Donostia y se sitúa en las fuentes de Kanoietan y Geney.
Cuenta la leyenda que ese era el lugar donde concurrían panaderos y etxekoandres, que iban a abastecerse de agua armados de barrilles con la comitiva del relevo de guardia que se dirigía a la murallla al ritmo de tambores y flageolets. Una madrugada de 20 de enero todos ellos improvisaron lo que pudo ser la primera tamborada.
Las primeras tamborradas más bien deberían haber llevado el nombre de barriladas, puesto que únicamente se aporreaban estos improvisados instrumentos. Más tarde se unirían los tambores, que aparecen en las fotografías de principios de siglo. Bixente Buenechea es un nombre propio ligado a los barriles, que poseía la escabechería de la calle San Vicente y el almacén de barricas junto a la fábrica de gas y quien, según apuntan todos los indicios, fabricaría los primeros barriles utilizados en la tamborrada. Más recientemente, otro nombre, el del pasaitarra Pablo Iturgaiz se une a la confección de los barriles sobre los que pequeños y mayores interpretan los sones de Sarriegui.
La 'Marcha de San Sebastián' que hizo inmortal a Raimundo Sarriegui se estrenó en 1861. La letra corrió a cargo de Serafín Baroja. Los músicos Echegaray y Santesteban, maestro de Sarriegui, se habían encargado de poner música a la fiesta en los años anteriores a que nacieran Tatiago, la Polka y otras melodías consustanciales a la tamborrada.
En diecinueve ocasiones, desde 1872, se ha dejado de oír el redoble de los tambores el 20 de enero. La tamborrada de adultos no se ha celebrado en quince ocasiones y la infantil se ha suspendido cuatro veces. La guerra y sus consecuencias han sido el impedimento durante los períodos de 1874-1876 y 1937-1939. Motivos políticos la suspendieron en 1916, 1969 y 1971. La prohibición de la sokamuturra originó el descontento de las sociedades organizadoras, que decidieron no celebrarla en 1902, 1903 y 1904. Otras circunstancias como las inclemencias del tiempo, en 1891 y 1948; y la muerte de Sarriegui, por cuya causa se guardó duelo al año siguiente, en 1914, dejaron muda a la gran fiesta donostiarra.
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