La esclavitud moderna
Un par de chicas apuran los últimos sorbos de una cerveza de mala calidad, mientras comentan lo mucho que les gusta el último éxito del enésimo cantante prefabricado por la industria musical, que suena en el bar. De vuelta a casa, se paran delante de un escaparate donde admiran una cazadora de material sintético y colores chillones, e imaginan lo bien que les quedaría con… ¡Además por sólo unos pocos cientos de euros! Por supuesto, no han podido dejar pasar la ocasión de criticar a los políticos, y proponer un ramillete de soluciones a cada cual más ingeniosa. No obstante, se consuelan pensando en que ya les queda menos para ejercer su sagrado derecho al voto. Se sienten (que no son) medianamente felices ya que, al fin y al cabo, tienen un sueldo con el que comer y comprar. Eso sí, se compadecen continuamente, sobre todo si hay gente delante, de los pobres niños que mueren de hambre, y son firmes defensoras de todos los animales (excepto del ser humano, que sólo puede nacer si conviene). Tienen muchos amigos invertidos (homosexuales dicen ellas) porque son muy sensibles y las entienden muy bien, así que se alegraron mucho el día que se aprobó el gaymonio. Qué bien se vive en una sociedad moderna y democrática, piensan ellas.
Lo peor de todo esto no es que «piensen» así. Lo más triste y preocupante es la seguridad que tienen de ser libres. Pero la realidad es bien distinta: comen lo que les dicen que tienen que comer, pero se creen libres por poder elegir la marca con la que envenenarse; escuchan la música que les imponen, pero se creen libres porque dicen escuchar lo que les gusta; se visten con la ropa que dicta la moda, pero se creen libres por poder disfrazarse con un pingo distinto cada día; utilizan un lenguaje impuesto, pero se creen libres porque pueden rebuznar a placer; tienen el cerebro lavado por la televisión, pero se creen libres por poder cambiar de canal; sus ideologías dirigen sus vidas, pero se creen libres porque creen haberlas elegido voluntariamente.
Uno de los grandes triunfos del enemigo ha sido hacer creer a la gran mayoría de la población que es libre. Es curioso cómo al preguntar a un joven (de esos de la generación más preparada de la historia. Ejjjjjemmmm. Disculpen, me acabo de atragantar del ataque de risa) por la esclavitud, su rechazo será contundente, mientras él pertenece a la sociedad más esclavizada de la historia.
Pues bien; estos jóvenes son los mejores esclavos que el N.O.M. (Nuevo Orden Mundial) podría haber soñado. Estos jóvenes se entregan gozosa y voluntariamente a la esclavitud. Es un drama cuyas consecuencias están siendo devastadoras.
Los pocos que aún resisten los embates del enemigo tampoco están completamente a salvo (al menos, no todos). Si realmente lo cree así, estimado lector, le recomendamos que lea las entradas que próximamente iremos publicando.
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