DEL CARNAVAL A LA SATURNAL
LA DEGENERACIÓN DE UNA FIESTA CRISTIANA
No me gusta el Carnaval. La fiesta ha degenerado hasta perder todo su sentido. Si casi nadie respeta la Cuaresma, ¿para qué queremos el Carnaval? El Carnaval no sólo consiste en unos días en los que la gente se disfraza. Su sentido originario -del que no puede escapar, a menos que se torne en otra cosa distinta- es el de una fiesta preparatoria para el rigor penitencial de la Cuaresma. Pero en vez de eso: excesos, procacidad, promiscuidad, burla, blasfemia… Mascarada sin sentido, ni para qué ni por qué… Y, luego, durante la Cuaresma se sigue en las mismas mejor o peor disfrazados. En eso se nos ha convertido el Carnaval.
Un antropólogo como Julio Caro Baroja nos lo dice categóricamente:
“Porque el Carnaval (nuestro Carnaval), quiérase o no, es un hijo (aunque sea hijo pródigo) del cristianismo; mejor dicho, sin la idea de la Cuaresma (Quadragesima), no existiría en la forma concreta en que ha existido desde fechas oscuras de la Edad Media europea. Entonces se fijaron sus caracteres.” (“El Carnaval”, Alianza Editorial.)
Olvidándose de la Cuaresma, los apologistas del Carnaval actual quieren remontarse al paganismo para fundarlo. La antropología más seria –como la de Caro Baroja- desmiente esa fraudulenta genealogía.
La exaltación del libertinaje y la provocación pueden ser hoy los rasgos definitorios del Carnaval; pues, en buena medida, toda fiesta es el reflejo de una sociedad, y la sociedad en la que estamos no podría tener otro Carnaval que el que tiene: un Carnaval constante y pareciera que perpetuo, donde desfilan travestidos en un babilónico guiri-gay. El Carnaval de nuestro tiempo no tiene sentido, pues todos los días de nuestra sociedad son carnavalescos, o mejor dicho: saturnalicios. No es laicismo, no. Se trata de neopaganismo. ¿A qué dioses adoran nuestros idólatras contemporáneos?
Publicado por Maestro Gelimer
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