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Tema: San Fernando III

  1. #21
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    Re: San Fernando III

    Vida de San Fernando; el finamiento del Rey Don Fernando

    El jueves 30 de Mayo de 1252, consumido por la hidropesía que adquirió durante larga y trabajosa vida castrense, expiraba el Rey Fernando, con la paz envidiable del justo, en uno de los salones del Alcázar sevillano.

    Doble diadema ceñía sus sienes al morir: temporal y perecedera la una; celeste y eterna la otra.

    Fue Monarca prepotente, verdadero. “Emperador de España”. De sus
    padres, Berenguela de Castilla y Alfonso de León, hereda Fernando, en
    1217 y 1230, el cetro de ambos reinos, separados en 1157, que así

    quedaron unidos definitivamente. Al esfuerzo de su brazo, se debe las conquistas de Córdoba (1236), Murcia (1244), Jaén (1245) y Sevilla (1248).





    Tanta ocupación, tanto afán, el ningún descanso que en ocho años continuos que estuvo en Andalucía padeció el Rey, no podía menos de causarle grave alteración en la salud. En el sitio de Sevilla infestó al ejército una especie de contagio, porque el exceso de calor que abraza aquel climahizo un gran movimiento en los castellanos, y como el Rey se guardaba poco y trabajaba mucho, era necesaria consecuencia, que en más delicado cuerpo hiciese más impresión la mudanza. A todo este trabajo visible del Rey añadía la penitencia secreta de los cilicios y ayunos, y el mitigar y sosegar las pasiones del alma, que son una lima, aunque sorda, muy penetrante a la salud. Todas estas fueron la causa de una hidropesía que le ocupó, y a que hallaron poco remedio los médicos. Hubiera sido la mayor curación el regalo y el descanso: al primero se oponía su virtud, y al segundo no daba tiempo la obligación. Los médicos agravaban la enfermedad, porque los medicamentos lenientes y paliativos daban algún alivio, y el alivio en el Rey era motivo para nuevo afán, con que el remedio mismo era causa de mayor dolencia. A la verdad en la relación de la historia, si con reflexión vuelve la vista a recorrerla, no conocerá ni la menor seña de indisposición en el Rey, antes se debe admirar la robustez, capaz de atender a tanto sin rendirse; pero estas son aquellas fuerzas que da el valor, que obran mientras duran, pero destruyen el cuerpo a quien sustentan. Así sucedió a nuestro héroe, que ocupado todo en el gobierno de lo conquistado, y deseoso de emplearse en la nueva empresa del África, se rindió destituido de fuerzas en tan corto tiempo, que ningún historiador le tiene para referir su enfermedad, y todos pasan desde sus conquistas a su muerte, desde sus felicidades a su dichoso tránsito, y desde sus glorias le colocan en la bienaventuranza. Dichoso rey, que empezó a reinar a los diez y siete años para proseguir reinando por toda una eternidad; felicísimo héroe, en cuyas glorias no tuvo imperio ni el más mínimo accidente para morir; glorioso soldado de Cristo, que falleció en la batalla, y hasta en el mismo punto de espirar tuvo fuerzas para vencer.
    Así nos escriben el glorioso tránsito de san Fernando todos sus historiadores contestes, pues agravándose la hidropesía cuando estaba tan engolfado en disposiciones militares, y en extender la fe más allá de los términos de España, conoció su peligro, y al punto mandó se le administrase el Santo Sacramento del Viático. Prevínose a él con el de la penitencia, que le administró el obispo de Segovia, y gobernador de Sevilla su confesor. Este mismo fue quien para la función de darle el Viático vino acompañado de toda la clerecía a palacio, entró en la pieza donde estaba el enfermo, y aquí acaba la vida de un grande héroe, y ahora empiezan a referirse las maravillas de un gran santo. Entró el Obispo en la alcoba, y viendo el Rey que venía a visitarle misericordioso el que es Rey de los reyes, y Señor de los señores, se arrojó de la cama, se postró en el suelo, se vistió un tosco dogal de esparto al cuello, y en traje de malhechor delante de aquel que había de ser su juez, pidió le pusiesen delante una cruz, que había mandado prevenir.
    Delante de aquella insignia de nuestra redención empezó un no breve razonamiento de la pasión del Hijo de Dios, hasta que en la cruz dio su vi la por nosotros. En cada paso volvía los ojos a Cristo sacramentado, pidiéndole perdón de sus pecados, y alegando en su favor por abogado a los mismos méritos y pasión de su juez y su Señor, haciendo, y con razón, suyos para la misericordia los méritos de quien había padecido por salvarle. Acabado este paso, prosiguió con otro muy propio de verdadero soldado de Cristo, y fue una larga protestación de la fe en que había vivido, y por quien tanto había batallado, y continuando con fervorosísimos actos de contrición, recibió en su cuerpo el de aquel que es fuente de toda gracia, y que se comunica por viático para el más difícil trance.
    Después de esta ternísima función, dio principio a otra que cabía muy bien en pecho tan héroe; pero no se alcanza como tuvo ánimo de ejecutarla en quien obedecía, sin que la ternura debilitase las fuerzas, y se bañase en lágrimas la imposible obediencia. Mandó al punto que le despojasen de toda insignia, ostentación o seña de majestad, y que le dejasen como a cualquiera del pueblo, repitiendo muchas veces: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo tengo de volver al de la tierra. Esta acción muestra que bien supo usar de la dignidad como santo, como héroe, y como discreto. Tornó de ella todo cuanto tenía de peso, cuanto era para cumplir con la obligación. Estimaba el respeto y adoración de rey, en cuanto servía para la obediencia que era precisa para el servicio de Dios, y no la apreciaba en nada que fuese para su decoro o su conveniencia. Así luego que conoció que era inútil para el primer fin todo el aparato real, se desnudó de él, y quedó más quieto en un pobre lecho sin criados, que había vivido con toda la majestad en los afanes.
    Ya desnudo de apariencia de rey, mandó llamar a sus hijos. Concurrieron a el último testamento o memorial de sus mandas el príncipe don Alonso su primogénito y sucesor del cetro, y sus hermanos don Fadrique, don Enrique, don Felipe y don Manuel. Don Sancho no estaba en Sevilla, porque era ya electo arzobispo de Toledo, y residía en esta ciudad. Doña Berenguela vivía ya profesa en las señoras Huelgas, y estos dos solos faltaron de los hijos de la reina doña Beatriz. De los hijos de la reinante doña Juana concurrieron don Fernando, doña Leonor y don Luis, juntos todos les echó su bendición, les hizo aquel razonamiento que debemos creer de tal rey, y tal santo; pero tuvo descontento de ver que algunos autores fingen las cláusulas, y formándolas con su pluma las escriban como traslado, sin advertir que es borrón la copia no teniendo el original delante. A lo menos sin que se crea soberbia o timidez, yo no me atrevo a desfigurar con malas voces el concepto que hago de este razonamiento, y como palabras de san Fernando en el último trance de su vida las miro con tal respeto, que me parece atrevido abuso referirlas por idea; y no teniendo presente original cierto de donde trasladarlas, sólo pondré las que hallo en la Crónica del Santo, que escrita en tiempo del rey don Alonso el Sabio, parece la de más antigua autoridad. En esta Crónica todo el coloquio que se refiere se dirigió al príncipe don Alonso. Encargole mucho el respeto y veneración a la Reina, a quien rogaba tuviese como a madre. Pidiole atendiese mucho a sus hermanos. y a su tío el infante don Alonso; pero porque el texto es breve, y no de poca enseñanza, me parece trasladarle aquí, que dice de esta manera:
    «Cuando el bienaventurado rey don Fernando vido allí a sus hijos juntos y a la reina doña Juana su mujer, la cual estaba muy triste y llorosa, llamó al infante don Alonso, que era el heredero, y mandole que se allegase a él, y alzó la mano, y diole su bendición, y después a todos los otros, y en presencia de todos los grandes, y ricos-homes que allí estaban, hizo un razonamiento al infante don Alonso, mostrándole, y dotrinándole cómo había de regir, y gobernar sus reinos, encargándole que criase, y encaminase en todo bien a sus hermanos y los amase, y honrase, y los adelantase en sus estados cuanto él más pudiese. Encargole asímismo mucho a la reina doña Juana su mujer, que la tuviese por madre, y honrase, y mantuviese siempre su honra como convenía a reina. Encargole asímismo a su hermano, don Alonso y los otros hermanos que tenía. Encargole mucho que honrase siempre a todos los grandes de sus reinos, y a los caballeros nobles, e hijos-dalgos que los tratase mucho bien, y los hiciese siempre mercedes, y se hubiese bien con todos ellos, y los guardase sus privilegios, y franquezas, y díjole que si todo esto que le encargaba y mandaba, cumpliese, é hiciese, que la su bendición cumplida oviese, y que si no, que la su maldición le alcanzase, y hízole que respondiese amén.» ¡O gran rey aun después de muerto! pues se sabe en la más tierna acción de su vida desprenderse del afecto de padre desconociendo y maldiciendo al hijo, si no tenía por tales a sus vasallos.
    Prosigue ahora la Crónica el razonamiento. Y díjole más: «Hijo mío, mirad como quedáis muy rico de muchas tierras y vasallos, más que ningún otro rey cristiano: haced como siempre hagáis bien, y seáis bueno, que bien tenéis con qué: ya quedáis señor de toda la tierra que los moros habían ganado del rey don Rodrigo. Si en este estado que yo vos las dejo, la supiéredes mantener seréis tan buen rey como yo; mas si de lo que os dejo perdiéredes algo, no seréis tan buen rey como yo.»
    Acabadas estas palabras, salieron de la pieza los hijos, por no perder en ella la vida de ternura, o por dar algún descanso a su pena; y quedándose solo el Rey, levantados los ojos al cielo, vio los coros de Ángeles y compañía de bienaventurados que le estaban aguardando. Pidió una candela, muestra de su fe, que lucía en el último trance, como había resplandecido en todas sus conquistas, y tomándola en la mano, mandó al Arzobispo y clerecía entonasen la letanía de los Santos, y acabada esta, el Te Deum laudamus: a cuyo tiempo consiguió la mayor de sus victorias, trasladando su espíritu del trono de Castilla al de la gloria. Rara circunstancia, y en que cabe poca duda por tener por testigos a cuantos escribieron en aquel tiempo. La primera vez que por acción de gracias en las victorias o grandes sucesos se entonó el cántico del Te Deum, fue en la coronación en Castilla del rey don Fernando. Este usó de esta ceremonia en cuantas ocasiones pudo siempre en señal de victoria, y en acción de gracias por sus triunfos; y que él mismo dispusiese se entonase al tiempo de su fallecimiento, acredita de cierto que el Santo sabía que era su mayor triunfo su muerte. Sucedió ésta en jueves 30 de Mayo, era 1290, y año del Señor 1252 a los treinta y cinco años y once meses de su reinado en Castilla, y a los veinte y dos de su reinado en León, y en los cincuenta y cuatro no cumplidos de su edad. Algunos la extienden a la decrépita, cual es de ochenta años cumplidos, pero sin fundamento, pues lo contrario se ha convencido en el cuerpo de la historia.

    A. C. T. Fernando III el Santo

  2. #22
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    Re: San Fernando III

    La Sevilla de San Fernando

    Escrito por Pepe Barahona




    Sevilla ve en rojo el 30 de mayo en su almanaque por San Fernando, patrón de la ciudad. El rey castellano arrebató la antigua Isbiliya, la Híspalis mora, a quien era el emir de Niebla, Amen Amanfon, tras casi dos años de asedio. Pero ¿qué referencias dejó por su paso por la capital tras sus 51 años de vida?
    Se llamaba Fernando III, Rey de Castilla. Como ha ocurrido con multitud de personajes históricos, era sevillano de adopción ya que, si bien nació en Peleas de Arriba (Zamora), fue a morir a Sevilla, después de haberla reconquistado. Hijo de Alfonso IX, Rey de León, y de Berenguela I, Reina de Castilla, fue quien unificó ambos reinos. Durante 24 años de guerra incesante, recorrió el valle del Guadalquivir obligando a retroceder a los reinos musulmanes.
    Un año y tres meses de asedio, con la protección divina de la Virgen de los Reyes, hasta expulsar a los musulmanes. Para ello, aprovechó su río para infligir una herida de muerte al reinado califa. Fernando III de Castilla encargó a Ramón de Bonifaz la construcción de una flota para tomar Sevilla. Trece barcos traídos de Cantabria, acompañados por galeras, subieron la corriente del río por Sanlúcar de Barrameda, hasta llegar a Isbiliya, donde la flota musulmana era superior en número.
    Bonifaz envió refuerzos terrestres y consiguió la victoria en el río Guadalquivir, impidiendo así la llegada de barcos procedentes del Norte de África. Empezaba, un 20 de agosto de 1247, el asedio terrestre a Sevilla.
    … y el Puente de Barcas se rompió en dos
    No era una tarea fácil. Refuerzos de Amen Amanfon no cesaban de llegar desde San Juan de Aznalfarache, aprovechando el puente de barcas para atravesar el río. Un puente que llegaba, según las crónicas, desde la Torre del Oro hasta el actual castillo de San Jorge. Fernando III decide romper las fuertes cadenas que aguantaban las barcas, cortando, así, las dos vías de comunicación fundamentales musulmanas: el río y el puente.
    Así lo cuenta Ortiz de Zúñiga: «el Rey Santo, que en persona con el Infante Don Alfonso, seguidos de lo mas gallardo de sus tropas, se avanzaron por la parte de la Torre del Oro contra los Moros del Arenal para retirarlos á la ciudad, y hacer por tierra escolta al Almirante, que acabando de deshacer el puente, como es de entender, volvió á salir salvo con sus dos naves, á que sin duda amaynando las velas, luego que executo el violento y feliz choque, y volviendo las proas hácia la torre del Oro, salia tan aplaudido de los vítores alegres de los Christianos, como de los funestos lamentos de los Moros, que miraban cortada la garganta al cuello de su esperanza…».
    Meses después, un 23 de noviembre de 1248, el emir Axataf capitulaba y entregaba las llaves de la ciudad a Fernando III. El Rey Santo ponía fin al dominio árabe. Los autores de la reconquista, Rey Alfonso X, el obispo don Remondo, el almirante Ramón Bonifaz y Garci Pérez de Vargas, acompañan a San Fernando en su estatua situada en la Plaza Nueva de Sevilla.
    La futura Giralda, intocable
    En el asedio también se encontraba el hijo de Fernando III, Alfonso X, que envió misivas a la ciudad amenazando con pasar a cuchillo a sus habitantes si se derribaba una sola teja de la mezquita o un solo ladrillo de su alminar, la futura Giralda. Y así, fue. Tanto fue el miedo que el mensaje generó en la población que la construcción almohade resultó indemne.
    La Virgen de los Reyes, patrona de Sevilla
    Fernando III, que propagó la devoción a la Virgen María allá por donde pasara, llevaba consigo siempre una imagen de Nuestra Señora, como protectora en sus batallas. Cuenta la leyenda que, en sueños, se le apareció la Virgen y mandó hacer una talla de su visión, que le acompañó en la Reconquista. Era la Virgen de los Reyes.
    En agradecimiento a Dios, mandó construir sobre la mezquita de Sevilla el mayor templo católico de la Cristiandad. Allí sería enterrado, tras su muerte el 30 de mayo de 1252. Y allí reposan, desde entonces, incorruptos sus restos, en una urna labrada por Laureano de Pina que se abre el día de su festividad para que los sevillanos acudan a rendir pleitesía al Rey Santo que recuperó su ciudad del yugo musulmán y que, además, trajo consigo a su protectora, Patrona de la Archidiócesis, la Virgen de los Reyes.

    Descanso en la Catedral
    A su muerte, el cadáver del rey Fernando III el Santo recibió sepultura en la Catedral de Sevilla, tres días después de su defunción. El monarca había dispuesto en su testamento que su cadáver recibiese sepultura al pie de la imagen de la Virgen de los Reyes, que se supone le fue regalada al monarca por su primo, el rey San Luis de Francia, y había ordenado además que su sepultura fuera sencilla, sin estatua yacente.
    No obstante, tras la muerte del rey, su hijo Alfonso X ordenó realizar los mausoleos de sus padres, revestidos de plata, y las efigies sedentes que les representaban, recubiertas de metales preciosos y piedras preciosas, contraviniendo así el deseo de su padre. Delante de la imagen de la Virgen de los Reyes, donada por Fernando III el Santo a la Catedral de Sevilla, fueron colocadas las efigies de Fernando III y de su primera esposa, la reina Beatriz de Suabia, que aparecían vestidos, sentados en sillones chapados de plata y bajo baldaquinos de plata dorada.
    Ese descanso se ve interrumpido cada 30 de mayo, festividad de San Fernando y aniversario de su muerte, cuando su cuerpo incorrupto se expone para ser venerado por los sevillanos. La Catedral acoge un acto religioso entre los cabildos catedralicios y municipal, con laúdes, y se procesiona hasta la imagen de la Virgen de los Reyes y la urna de San Fernando, realizando una oración litúrgica, regresándose al Altar Mayor para realizar la misa.



    La Sevilla de San Fernando - Sevilla Ciudad

  3. #23
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    Re: San Fernando III


    El 30 de Mayo celebramos al «Atleta de Cristo» Fernando III el Santo, el Padre de Andalucía

    Hoy celebramos a Fernando III el Santo, cuyo cuerpo incorrupto se muestra a los fieles cada 30 de mayo.

    El Papa Gregorio Nono lo llamó «Atleta de Cristo», y el Pontífice Inocencio IV le dio el título de «Campeón invicto de Jesucristo».

    El Papa Clemente X lo canonizó en 1671, siendo el segundo rey español, considerando a San Hermenegildo como rey español, que es elevado a la santidad.

    Fué el liberador de Andalucía, nueva Castilla, que la devolvió a su historia como una de las regiones más florecientes de civilización occidental, desde los tiempos de Tarsis.




    Capilla Real de la Catedral de Sevilla, en la que se encuentra el cuerpo incorrupto de Fernando III el Santo


    Frente al Partido Popular y al Partido Socialista, que consideran al muladí Blas Infante padre de Andalucía, que ellos equiparan con AlAndalus, Fernando III es el fundador de la Andalucía actual, continuadora de la Andalucía clásica.

    Yo hoy pediré al Santo Fernando su intercesión por España ante el Altísimo, en cuya Casa se encuentra.

    Anotaciones de Pensamiento y Critica

  4. #24
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    Re: San Fernando III

    Proclamación de Fernando III el Santo como Rey de Castilla en Autillo de Campos (Palencia)








    Un 14 de junio de 1217, Fernando III el Santo fue Proclamado Rey de Castilla en una pequeña localidad palentina llamada por aquel ya lejano siglo XIII “Otiello”. Muchos siglos han pasado desde entonces, y aquel memorable acontecimiento regio, convertido en orgulloso recuerdo de las gentes de Autillo de Campos, generación tras generación, fue cayendo en el doloroso olvido al que nos acostumbra la vida moderna.


    Pero solo había que remover un poco la memoria de las gentes que allí viven, para darse cuenta que el recuerdo y orgullo de ese pasado no estaba perdido, solo aletargado. Así, en cuanto ofrecimos nuestro proyecto, la ilusión de las gentes de Autillo, empezando por su alcalde, Don Ángel Castro (gran defensor de su tierra y tradiciones) se reactivó ipso facto.


    Y es que era de justicia recuperar lo ocurrido en Autillo aquella lejana primavera castellana. Lo era por Autillo y sus gentes; también por Palencia y sus muchas veces olvidado esplendor medieval, del que tan orgullosos nos sentimos muchos palentinos; y lo era sobre todo, por volver a recuperar la Historia tal cual fue, poniendo así a la figura de San Fernando en su justo lugar en la memoria popular.


    Durante muchos años, una placa colocada en la vieja ermita de Autillo, recordaba con el lema “En este pueblo y este sitio fue proclamado Rey, por primera vez, Don Fernando III, llamado el Santo”, los hechos allí acaecidos, y que nos explica especialmente la “Crónica Alfonsina”. Desgraciadamente esta placa se perdió, como también está a punto de perderse si no se pone un remedio urgente el llamado Palacio de Doña Berenguela, cuyo actual estado ruinoso es un grito de auxilio en sí mismo (a quien pueda y corresponda). Este Palacio, del que también se conserva el torreón, que hace actualmente las labores de torre-campanario de la iglesia de Santa Eufemia, formaba parte de la fortaleza que los Girón, Señores de Frechilla, poseían en aquel tiempo en Autillo, y donde sabemos a ciencia cierta que fue protegida la Reina Doña Berenguela en la guerra civil castellana que devastó la Tierra de Campos aquella primavera de 1217.


    Las crónicas antiguas son claras al recordar los hechos acaecidos en Autillo hace casi ocho siglos, y salvo que no se quiera ver la verdad, es innegable lo que allí ocurrió tras la muerte en el alcázar episcopal palentino del rey Enrique I, y la consiguiente proclamación como reyes de Berenguela y Fernando en el sitio de Otiello. Luego, tras pasar por Palencia y Dueñas, Fernando III fue coronado y reconocido como Rey por las cortes en Valladolid a primeros de julio de ese mismo año.


    Don Severino Rodríguez Salcedo, además de inolvidable alcalde de Palencia, fue un gran defensor de esta causa, y así nos contaba lo ocurrido en Autillo aquel 14 de junio de 1217 en su trabajo: “VII Centenario de la muerte de Fernando III, el Santo. Precedentes de un glorioso reinado que toca a Palencia”:
    “En la llanura que se hacía fuera del recinto amurallado del castillo, alzábase solitario un olmo corpulento y frondoso. A la sombra de sus ramas quiso Doña Berenguela que fuese levantado el sólito cadalso para verificar la sencilla ceremonia de la publicación real. Morisca alfombra cubría el entablado, sobre la cual quedaron dispuestos dos ricos sitiales para la reina y su joven heredero. Alrededor estaban prelados y magnates. Eran aquellos los obispos Don Tello de Palencia y Don Mauricio de Burgos; figuraban entre estos Don Gonzalo Ruíz, Don Lópe Díaz, Don Suero y Don Alfonso Téllez de Meneses, Don Fernando Suárez y algunos otros. Gentes de armas a caballo o de pie, rodeaban el tabladillo circuídas a la vez por grupos de pecheros llegados de Frechilla, Fuentes y Castromocho. Con toda sencillez, ordenó Doña Berenguela que tremolaran pendones y fuese dado el grito acostumbrado, cuando se alzaba nuevo rey, a favor de su heredero el príncipe Fernando. Et allí luego en Otiello, dice la crónica general, le alçaron rey et llamaron con el real.”


    Junto al viejo olmo que recuerda la Crónica, estaba entonces la recientemente restaurada vieja ermita. Y justo en ese lugar, el Ayuntamiento de Autillo plantará un nuevo y joven olmo, que junto a la placa que la ACT Fernando III el Santo ha rehecho con las mismas palabras que la que ya hubo, y que donará a la localidad el próximo 14 de junio, han de ser los símbolos que refuercen este proyecto de cara al VIII Centenario que se celebrará Dios mediante el ya cercano año 2017.


    De cara al VIII Centenario de este memorable acontecimiento, desde nuestra Asociación esperamos ir consolidando esta celebración. Ya para este año, junto con el Ayuntamiento de Autillo de Campos, y con el inestimable patrocinio de la Diputación de Palencia, hemos preparado un programa de actividades y conferencias atractivo en el que jóvenes y mayores sin duda podrán disfrutar rememorando nuestra historia y tradiciones.


    Luis Carlón Sjovall

    Presidente ACT Fernando III el Santo

    A. C. T. Fernando III el Santo

  5. #25
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    Re: San Fernando III

    Vida de San Fernando: Sus últimas voluntades




    Bien sabida es la importancia que dio siempre a la Reconquista de España el Rey Fernando III el Santo, pues su gobierno lo pasó casi por completo combatiendo al invasor sarraceno, siempre en cabeza de sus ejércitos, hasta casi expulsarlo de España. Algo que sin duda habría sucedido si el Santo Rey, hubiese vivido unos años más. Sirva no obstante como recordatorio de la obligación que se impuso Don Fernando en esta empresa como Rey de Castilla, las que fueron sus últimas voluntades, transmitidas en su lecho de muerte a su hijo el infante Alfonso, y que nos relata la hermana Mª del Carmen Fernández de Castro tras sus visiones en su magnífico libro “Nuestra Señora en el Arzón”



    “Fijo, rico quedas de tierra et de muchos buenos vasallos, más que Rey en la Cristiandad seya; puña en facer bien et seer bueno, que bien has por qué; Señor te dejo de toda la tierra del mar acá que los moros del Rey Don Rodrigo de España ganado ovieron; en tu señorio finca toda: La una conquerida, la otra tributada; si en este estado que yo te las dexo las sopieres guardar, eres tan buen Rey como yo; et si ganases por ti más; eres mejor que yo; et si de esto menguas, non eres tan bueno como yo”

    A. C. T. Fernando III el Santo

  6. #26
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    Re: San Fernando III

    Las llaves de Sevilla

    Era el día de San Clemente, 23 de noviembre, de 1248 cuando San Fernando recibía de los moros de Sevilla las llaves de la Ciudad en señal de rendición incondicional de la misma.


    En el Al-Ándalus del siglo XIII las dos ciudades principales eran Córdoba y Sevilla. San Fernando III había tomado Córdoba en 1236. Fue entonces cuando el rey de Granada, Alhamar, acordó convertir su reino en feudo de Castilla. Desde entonces, se entendía que Granada era parte integrante de la Corona Castellana y enviaba sus huestes cuando se le requería para ello de la misma forma que enviaba procuradores a las Cortes castellanas que se convocaban.


    San Fernando decidió entonces la empresa más difícil de toda su vida militar, la Reconquista de la Ciudad de Sevilla.


    El invierno de 1246 San Fernando lo pasa en Jaén, planificando próxima la campaña y organizando un poderoso ejército, sin posible comparación con cualquier otro de la Edad Media. Entre los miembros de este ejército destacan: Pelay Correa, Maestre de la Orden de Santiago, el Almirante Ramón de Bonifaz, el príncipe Don Alfonso, Garcipérez de Vargas y, junto a ellos, gran cantidad de nobles de Castilla y León y los concejos de ambos reinos. El Obispo Jiménez de Rada realizó gestiones en Roma, consiguiendo del Papa una bula de Cruzada.

    Como Sevilla tenía un río navegable, San Fernando hizo llegar a Jaén a Ramón Bonifaz, para ayudarse de una flota en la toma de la ciudad.


    EL ASEDIO



    En la primavera de 1247 un contingente de distintas partes de la Península y del resto de la Cristiandad, se va concentrando en Córdoba. Mientras, Bonifaz bordea con su flota Portugal y el Algarve camino de Sevilla. El contingente, capitaneado por San Fernando, parte de Córdoba, apoderándose de todas la fortalezas y ciudades que se interponen en su camino y poco a poco consiguió cercar la ciudad. Mientras, desde Sierra Morena, el Maestre de la Orden de Santiago Pelay Correa bajaba con otro contingente cristiano para unirse a los que llegaban desde Córdoba dándose la famosa batalla de Tentudía.

    La flota del Almirante llegó hasta Sanlúcar de Barrameda, donde venció a las naves musulmanas que venían desde Tánger y Ceuta en auxilio de Sevilla. Al llegar a la altura de Sevilla, la flota fue anclada frente a Aznalfarache.


    Antes emprender la toma directa de Sevilla era preciso hacerse con la fortaleza de Aznalfarache cosa que el rey encargó a Pelay Correa.


    El asedio de Sevilla por parte de las tropas cristianas comenzó el 24 agosto de 1247, momento en el que se corta el suministro de agua a la ciudad a través del acueducto que llevaba agua a la ciudad conocidos como los Caños de Carmona de los cuales aún se conservan algunos tramos. Los cristianos levantaron campamentos alrededor de la ciudad: en Tablada, en Aznalfarache, frente a la Puerta de la Macarena, en el Prado de San Sebastián, cerca del arroyo Tagarete y en el Aljarafe, donde se situaron las huestes del rey de Granada.


    Había frecuentes salidas de la caballería mora de Sevilla, algunas de ellas llegaron a poner en gran aprieto a los ejércitos cristianos y provocaron el tener que vigilar las 24 horas del día una ciudad tan grande lo cual era muy complicado. Eran en total, 7.400 metros de murallas, 15 puertas.
    Era la ciudad más grande que había cercado jamás un contingente cristiano. Además, desde el puente de barcas que unía Sevilla con Triana podían entrar suministros desde el Reino de Niebla.


    El puente de barcas se encontraba en el barrio de Triana de la ciudad. Las barcas que formaban el puente se encontraban encadenadas unas con otra, con una fuerte cadena lo que lo convertía virtualmente en una potente fortaleza. Este puente estaba donde hoy está el puente de Triana, y se encontraba junto al castillo de San Jorge, conocido entonces como Gabir.





    LA RUPTURA DEL PUENTE DE BARCAS



    Diversos historiadores que han escrito la biografía de San Fernando hacen referencia a este hecho con ligeras discrepancias entre sí. De lo que sí estamos seguros es de que las dos naves más poderosas de la flota cristiana fueron cargadas con piedras para darles mayor peso y colocaron cuchillas de hierro en sus proas y que cargaron contra aquel puente consiguiendo de esta manera romper la comunicación con Triana y dejando a la ciudad completamente aislada.


    Un fragmento de las cadenas se conservan en la iglesia de parroquial de Santa María de la Asunción, en Laredo. Esta acción, se rememora en los actuales escudos de Santander, de Cantabria, de Laredo, de Avilés y de San Vicente de la Barquera


    LA RENDICIÓN



    Perdida toda esperanza de recibir ayuda del exterior, los moros de la ciudad propusieron a San Fernando una capitulación cosa que el rey cristiano rechazó de plano diciendo que sólo aceptaría una rendición incondicional añadiendo que quería la ciudad “libre e quita”. Es decir vacía. Lo moros, viendo que no tenían otra posibilidad, terminaron aceptando, La ciudad se rindió en noviembre de 1248. El 23 de ese mes se produjo la entrega de las llaves de la ciudad y se hizo marchar a los moros. El 23 de diciembre se produjo la entrada de Fernando III por la Puerta de los Goles, después llamada Puerta Real. Y los moros, salieron todos de Sevilla hacia los pocos lugares que aún quedaban en la Península sometidas al Islam o a tierra africanas.


    Sevilla fue repoblada de gentes llegadas de todas partes de la península, principalmente, de Castilla y de León y también de todos los rincones de la Cristiandad medieval. Y fue la ciudad cristiana y cristiana se conserva.



    Las llaves de la Ciudad de Sevilla que se conservan en la Catedral son unas piezas que corresponden a la segunda mitad del siglo XIII y contienen una de ellas la expresión en árabe “al-Amr kullu-hu li-Ll×h” (todo el poder pertenece a Dios), con la segunda palabra encabalgada al final de la primera. La otra contiene una expresión castellana, en mayúsculas latinas que dice: “Dios abrirá, rey entrará“.


    Estos dos textos, contienen una gran carga doctrinal que compartimos los carlistas de hogaño. Sabemos que todo poder viene de Dios y él se lo da a quien quiere y esperamos que llegue el día en que Dios decida abrir las puertas de la Ciudad para que entre el rey, el rey legítimo. Ese día Dios le dará al rey que deba reinar, el poder para hacerlo y le abrirá las puertas de Sevilla y de todas las ciudades de España y de la Corte de Madrid. ¿Qué cuándo ocurrirá eso? Cuando nos lo merezcamos. Trabajemos lo más duramente posible para que sea pronto y podamos verlo y pensemos en estas palabras para no perder la esperanza, pues nuestra esperanza no está puesta en otra parte que en Dios.


    TODO EL PODER PERTENECE A DIOS. DIOS ABRIRÁ REY ENTRARÁ
    . Palabras del siglo XIII tremendamente proféticas para los carlistas del siglo XXI.


    Filósofo rancio.


    Las llaves de Sevilla – Blog de la Junta Regional de la CTC en Andalucía

  7. #27
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    Re: San Fernando III

    Festividad de San Fernando en Palencia




    Capilla de San Fernando de la Santa Iglesia Catedral de Palencia

    No hace aún mucho tiempo, la fecha del treinta de Mayo era una de las señaladas por los españoles en el calendario litúrgico como de obligado precepto, siendo así que se sentía en cada rincón de nuestra Patria la figura del rey San Fernando, como el símbolo indudable de justicia, generosidad y valentía. Su lema en vida, “De la Lealtad y la Nobleza” no fueron palabras huecas en su boca, sino el obligado deber de toda una vida, que desde bien joven prendió en su alma, en gran parte gracias al ejemplo que le inspiró su querida madre la Reina Doña Berenguela; y que con el paso de los años, fraguó en el amor hacia su figura de todo un Reino, a la sazón principal benefactor de sus virtudes tanto humanas como divinas.



    Más no solo de ilusa bondad vive el hombre; y a veces, cuando las circunstancias lo exigen, la verdadera bondad ha de revestirse de carácter guerrero. San Fernando fue un Rey guerrero sin lugar a dudas; y es que desde su Proclamación como Rey de Castilla, aquel glorioso catorce de Junio de 1217 en la localidad palentina de Autillo de Campos, hasta su muerte en Sevilla el treinta de Mayo de 1252, el rey San Fernando tuvo que hacer frente muchas veces por la vía armada a innumerables enemigos, en pos de un mundo mejor. Su reinado –iniciado siendo casi un niño- comenzó con un enfrentamiento que duró más de dos años frente a la levantisca familia Lara -en su tiempo la más poderosa de Castilla-, quienes pretendían en unión del rey Alfonso IX de León usurpar el poder que legítimamente le pertenecía al joven Fernando. Tras pacificar el Reino, se embarcó con afán inigualable en el gran proyecto de la Reconquista de España, dejando a su muerte -que le llegó asediando el Reino onubense de Niebla-, además de unificados ya para siempre los reinos de León y Castilla, las conquistas de los reinos musulmanes de Córdoba, Murcia, Jaén y Sevilla, además de la alianza en vasallaje del reino de Granada. Aún así, no fue San Fernando simplemente un Rey cruzado; y por ello debemos recordar como ejemplos de ello que las catedrales de Burgos, Toledo, Valladolid o Sevilla se inician en su tiempo, se sustituye el latín por el castellano como idioma oficial del Reino, se traduce y actualiza el Fuero Juzgo, y además se apoyó especialmente el auge de las artes y las ciencias, siendo su hijo Alfonso X el Sabio un claro exponente de ello.


    San Fernando fue canonizado en Roma por el Papa Clemente X el siete de Febrero de 1671, tras un larguísimo proceso. Realmente, sabemos que ya en vida, Fernando III de Castilla fue reconocido como Santo por sus coetáneos, siendo proclamado incluso por el Papa Inocencio III como “Campeón invicto de Jesucristo”; y que tras su fallecimiento, comenzó una incesante peregrinación hacia su tumba sevillana, -allí se encuentra aún hoy su cuerpo incorrupto- que no ha cesado hasta nuestros días. Ya en el año 1590 el Papa Sixto V le concedió tratamiento de Santo, más su prematura muerte aplazó en casi un siglo el final del proceso de santidad. La indudable abnegación hacia la vida virtuosa del Santo Rey, respaldada en actos tan significativos como no combatir jamás frente a ningún Reino Cristiano, impedir sin reservas la herejía y el abuso de los poderosos del Reino, o el trato justo con que siempre distinguió a los musulmanes vencidos son hechos que prueban sobradamente su bondad de Santo. Como colofón a su vida, destacar que San Fernando no conoció la derrota en treinta y cinco años de reinado-, convirtiéndose así, en el más significado ejemplo de santo caballero cristiano; reconociéndolo incluso el Papa Inocencio IV al poco de morir el Rey, con las siguientes palabras;“tan rectamente anduvo Fernando por las veredas de los mandamientos, según común opinión, que debemos pensar que fue absuelto de sus humanas flaquezas”.


    Palencia fue en tiempos de San Fernando lugar importante para el Rey, pues aquí pasó parte de su primera infancia estudiando bajo el amparo de quien siempre fue fiel aliado, el obispo Tello Téllez, en la entonces incipiente Universidad palentina. No podemos dejar de recordar de nuevo, que fue en nuestra tierra donde fue Proclamado Rey de Castilla; concretamente en Autillo de Campos, donde de nuevo este año –será el sábado 11 de junio- se conmemorará tan grande efeméride en su 799 Aniversario. Asimismo, también fue en Palencia, concretamente en el Monasterio de San Zoilo de Carrión de los Condes, donde contrajo San Fernando matrimonio con Doña Beatriz de Suabia, su primera esposa, el primero de Mayo de 1219. Como legado arquitectónico de su época, hoy nos quedan en Palencia construcciones tales como la iglesia de San Miguel o el pórtico del Convento de San Francisco, las cuales, ocho siglos después, siguen siendo símbolos referenciales de nuestra capital. En cuanto, y más concretamente, a la figura espiritual de San Fernando se refiere, recordar que España entera llenó sus templos de imágenes suyas tras la canonización, no siendo Palencia ajena a ese espíritu. Así, en la provincia encontramos hoy diferentes imágenes del Santo, destacando una preciosa vidriera en el Monasterio de San Andrés de Arroyo, o su imagen escultórica en la Iglesia de San Pedro Apóstol de Támara de Campos. Pero sin duda, es la Capilla de San Fernando de la Catedral de Palencia el más simbólico de los lugares de culto dedicados al Rey Santo en nuestra tierra. Ubicada en un lateral de la catedral, sobre la antigua Capilla de Santa Catalina de Alejandría, -cuya imagen aún se mantiene en su interior- en la actual Capilla de San Fernando destaca una imagen escultórica del siglo XVII, de aspecto renacentista, en la que el Santo Rey se muestra con sus tradicionales atributos -Espada Lobera y Orbis Terrarum-, presidiendo un retablo también del Siglo XVII, que decorado con cuadros de la escuela madrileña, marcan diferentes momentos de la vida del Santo. En este lugar tan especial, referente de nuestra fe, cultura y tradiciones, la A.C.T. Fernando III el Santo organiza cada treinta de Mayo una misa por el Rey San Fernando, Patrón de nuestra Asociación, y Copatrón de España.



    30/05/2016

    Luis Carlón Sjovall

    Presidente A.C.T. Fernando III el santo


    A. C. T. Fernando III el Santo

  8. #28
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    Re: Respuesta: San Fernando III

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    Cita Iniciado por Hyeronimus Ver mensaje
    Supongo que antes de ser iglesia anglicana debió de ser católica, antes de que Enrique VIII nacionalizara las propiedades de la Iglesia. Ignoro de qué siglo será este templo, pero no tiene nada de extraño siendo que Fernando III es santo, aunque claro, no deja de ser una curiosidad interesante dado que los ingleses nunca le han tenido particular devoción.
    Fernando III el Santo es venerado por la Iglesia anglicana por combatir a los sarracenos que también eran enemigos de los anglosajones y porque era de la Casa de Borgoña, Casa Real venerada por toda Europa porque está ligada a la dinastía merovingia, que se cree están emparentados con los posibles descendientes de Jesucristo o de su familia.
    Estoy escribiendo un libro sobre ello y más cosas que a lo mejor un día publico.

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