Buscad en internet 'Países Madrileños' Aparecen unas fotos y unos mapas tan raros...
Buscad en internet 'Países Madrileños' Aparecen unas fotos y unos mapas tan raros...
En ningún lugar del mundo, salvo en esta basura de país, es imaginable cuestionar y reivindicar en pleno siglo XXI asuntos territoriales zanjados de casi un milenio atrás ¡¡del siglo XIII !! y además ¡completamente en serio!.Y algunos otros, como éste, ante los que no puedo pronunciarme debido a mi ignorancia supina:
Asociación Socio-Cultural Castilla - 7. 1230: Historia de un secuestro
Yo creía que el record de estupidez retroactiva lo tenían los abertzales cuestionando y atacando la conquista de Navarra de 1512.
La auténtica tradición española, al menos de cuatro siglos acá, siempre ha sido de personajes que unieron y engrandecieron Castilla y España como San Fernando, Los Reyes Católicos, Cisneros, Los Austrias, Los Teólogos de Trento, de Salamanca, San Ignacio, Santa Teresa, los Conquistadores, Las Partidas,... pero palurdos con ínfulas territorialistas aspirando a cantonalismos y cuestionando la gloriosa obra unificadora de San Fernando o de los Reyes Católicos... eso jamás fue tradición sino moderno republicanismo federalista (Pi Margall y similares), reavivado de de cuatro días acá, por emulación del separatismo.
En fin que este país no tiene ni remedio ni vergüenza. Afortunadamente, estos parecen ser cuatro gatos.
Última edición por ALACRAN; 11/11/2013 a las 20:26
"... Los siglos de los argumentadores son los siglos de los sofistas, y los siglos de los sofistas son los siglos de las grandes decadencias.
Detrás de los sofistas vienen siempre los bárbaros, enviados por Dios para cortar con su espada el hilo del argumento." (Donoso Cortés)
En otras palabras, que queda confirmado con ese enlace a la web de esa asociación, que lo que dice el forero Paco es rigurosamente cierto. Hay que tener mucho cuidado con ciertas 'documentaciones' que aparecen en lugares como éstos. Por mi parte nada más que decir, simplemente que lamento haberme hecho eco de algunos artículos publicados en lugares como éste.
Un saludo
Última edición por jasarhez; 11/11/2013 a las 22:51
No se está reivindicando asuntos territoriales zanjados. El artículo (su conclusión) lanza una idea clave: ambas coronas (León y Castilla) perdieron muchísimo con la unión de 1230. Culturalmente hablando, y políticamente. Hay varios hechos históricos que no están sujetos a valoración, sino que son constatables tras 1230:
-La nueva monarquía unificada extirpa el poder de los Concejos para situarlo, no ya en las Cortes, sino en la Cancillería Real, que acaba traduciéndose en una camarilla de nobles (con sus intereses) que asisten al Rey.
-Se sustituye la elección directa y la participación del Común por las pequeñas élites urbanas que a partir del siglo XIV ejercen el control del poder municipal (regidores y posteriormente corregidores).
-Las Cortes de Castilla dejan de tener cientos de procuradores de decenas de villas y ciudades (como en época de Alfonso VIII) para hacerse cada vez más restrictivas, de tal forma que hacia el siglo XIV quedan poco más de una decena de ciudades con derecho a voto.
-El derecho castellano (de raíz germánica) es relegado y sustituido por el Liber Iudiciorum leonés (código visigodo también pero con una fuerte influencia romana). Las sucesivas leyes van afianzando el poder autoritario del Rey, que prefiere apoyarse en los nobles antes que en las Cortes y los Concejos, como antaño.
-Asimismo se impone (oigan bien, impone) a los Concejos el llamado "Fuero Real", carta otorgada que quiebra el principio de que el Fuero lo redacta el Concejo y lo confirma el Rey. Además esta carta tiene la propiedad derogatoria respecto a los fueros castellanos anteriores.
La rebelión de 1520 no es sino el estallido de una válvula que se lleva hinchando durante toda la Baja Edad Media. Se empieza por las Alcabalas, pero seguidamente se solicita el fin de los corregidores (concretamente "que no se envíen si el Concejo no lo pide"), y se reivindica para las Cortes un protagonismo que empezaron a perder en el siglo XIV. Tenían que perder la guerra, porque el dinero y el interés al cabo y lamentablemente lo pueden todo en este mundo. Pero los comuneros de 1520 estaban reivindicando prerrogativas que llevaban siendo pisoteadas desde la Baja Edad Media.
Este artículo pone negro sobre blanco los perjuicios (a nivel jurídico y político) que Castilla recibió en aquella unión, y se decide redactarlos porque estos cambios constituyen la base de la pérdida progresiva de la conciencia castellana tradicional y su dilución en la nada, de tal suerte que Castilla es hoy la identidad regional más hundida de la Península Ibérica y una de las más acabadas de Europa.
La expansión territorial no lo santifica todo ni lo oculta todo, no es el bálsamo de Fierabrás. Eso mismo fue lo que hizo España durante la época imperial y constituyó el desastre: la huida hacia delante, el sacrificio de los propios por la conservación de los ajenos. Tres bancarrotas y la miseria en los campos de Castilla: emigración a las Indias, levas militares... una sangría demográfica de la que todavía Castilla no se ha recuperado, y que el éxodo de 1960 a las grandes áreas industriales terminó por apuntillar.
No es cuestión de querer cambiar lo que pasó, sino de exponer claramente las consecuencias a largo plazo que esos hechos tuvieron en el devenir siguiente. Del mismo modo que la Asociación homenajea aquellos hechos y personajes de nuestra historia que considera contribuyeron a engrandecer (de verdad, no solo territorial sino cultural y jurídicamente) a Castilla (Fernán González, El Cid, Alfonso VIII, Arcipreste de Hita, Jorge Manrique, la literatura del XVI, la mística del XVII...) también es de recibo poner de manifiesto aquellos hechos que, evaluadas sus consecuencias a largo plazo, puede decirse que han contribuido a diluir y acabar la identidad de Castilla en el conjunto de los pueblos hispánicos hasta el punto de haberla perdido.
Al comienzo de los 1800, Castilla ya había perdido el pulso. La supresión de las Comunidades en 1837 es la puntilla que liquida la Castilla tradicional e inaugura de forma efectiva la división provincial de 1833. Pero esa situación tiene un por qué, se debe a un proceso histórico que comienza muy atrás, que es muy dilatado en el tiempo y que precisamente por ello fue inapreciable en el corto espacio pero inexorable a largo plazo.
Última edición por Luis de Lucena; 13/11/2013 a las 00:15
Totalmente en desacuerdo. La gloriosa unión de 1230 precipitó la expansión cristiana hacia el Sur (gracias a fuerzas reunidas de leoneses y castellanos) y la llegada por el Sur hasta el Atlántico, menos de veinte años después.ambas coronas (León y Castilla) perdieron muchísimo con la unión de 1230.
Y si San Fernando III hubiera vivido un poco más habría expulsado completamente a los moros de España.
Claro que eso a Vd no parece importarle mucho,… eran mejor las riñas entre leoneses y castellanos, como en los tiempos de Fernán González peleando por apropiarse de un arroyito que dividía Palencia, ¿verdad?
Lo que es de juzgado de guardia es que a gente de 8 siglos después parezca importarles más ese tema que a los que vivieron aquella unión.
Luego habla Vd de monarquía unificada frente a concejos y de derecho castellano y leonés frente al derecho del rey, de un modo maniqueo.
Mire Vd, eso no era un fenómeno castellano ni aun español, sino europeo; en la baja edad media, en toda la Europa occidental se recepciona el derecho romano y eso se refleja en los modos políticos de las monarquías que se vuelven más centralistas y autoritarias.
Y ese fenómeno anti-foralista y anti-representativo se hubiera producido de la misma manera aun con una Castilla no unida a León y aun en los dos reinos por separado, como pasó en Navarra y Aragón, donde los antiguos fueros pactados se suplieron con nuevos fueros de origen real. Así que no idealicemos “democracias”pasadas.
Y gracias a ese nuevo romanismo, en la Castilla de Alfonso X el Sabio aparecieron "Las Partidas", maravilla del derecho universal, "la suma teológica del Derecho", como fue llamada.
Claro que, para los defensores de los fueros pactados de Villacacharra, de Salchichoncillo y de Retortijones de Abajo.. que se quiten 'Las Partidas' de la historia de Castilla ¿no? Bueno, se disculpa porque los pobres desconocen este evento del saber universal ...
Y eso sin entrar en otros asuntos, porque la historia de Castilla desde finales del siglo XIII no es del "pueblo" cortes y concejos etc contra reyes centralistas sino de los nobles, poderosísimos, contra los reyes (Trastamaras) y por motivos absolutamente egoístas, donde los fueros los pactos y los concejos castellanos o leoneses como tales no pintaban nada de nada. Quien sepa historia recordará que en los reinados de los Juanes y los Enriques Trastamaras de los siglos XIV y XV no hay más que nobles por doquier conspirando y hay que hacer arqueología para hallar algo de concejos, pactos y foralidades...
Vaya. No pone Vd a ningún teólogo ni a ningún obispo ni a ningún santo… pues los hubo, eh, y también hubo cientos de monasterios de fundación real o de la nobleza en la mayoría de casos, no de fundación por los concejos ni las cortes.Fernán González, El Cid, Alfonso VIII, Arcipreste de Hita, Jorge Manrique
Bien. En el extranjero, esos personajetes casi no son conocidos, lo son más los conquistadores, los santos y los teólogos que a Vd tan poco le gustan.
En fin, no quiero alargarme más, veo un tufo republicanoide en sus asertos, idealizando pactos fueros, concejos y cortes (¡¡qué le vamos a hacer, a mí esas cosas me dan asco!!).
Como ya me temía, el problema que Vd plantea es considerar a España un agregado de regiones (republicanismo federal) esencialmente antimonárquica y al margen de la religión.
Mire Vd en este foro nadie queremos Concejos, Cortes, municipios, pactos forales o leches democráticas si a fin de cuentas hoy día aprobarían leyes de abortos o de legalización de falsas religiones. Para eso da igual un rey que mil concejos...
Los castellanos y españoles siempre quisieron un rey católico que legisle en católico. Y en este foro pensamos así.
Castilla (o León o Navarra etc..) no pasó de ser una componenda circunstancial debido a la pérdida de España tras la invasión árabe y acabó de la única forma posible diluyéndose en “España”. Y de eso se trata. Los castellanos, gracias a Dios se sienten, nos sentimos, españoles. Estaría bueno que un invento territorial que sólo duró cuatro siglos fuera a condicionar la gloria de España. Castilla siempre fue algo abierto a la expansión, no un coto cerrado mirándose el ombligo.
Castilla habrá sido víctima de no sé qué, pero Vds parecen víctimas de alguna ideología moderna.
Y con esto dejo ya el tema, que hay cosas que me interesan más.
Última edición por ALACRAN; 13/11/2013 a las 12:41
"... Los siglos de los argumentadores son los siglos de los sofistas, y los siglos de los sofistas son los siglos de las grandes decadencias.
Detrás de los sofistas vienen siempre los bárbaros, enviados por Dios para cortar con su espada el hilo del argumento." (Donoso Cortés)
Aquí se mezclan varias cosas que es conveniente distinguirlas adecuadamente.En fin, no quiero alargarme más, veo un tufo republicanoide en sus asertos, idealizando pactos fueros, concejos y cortes (¡¡qué le vamos a hacer, a mí esas cosas me dan asco!!).
Como ya me temía, el problema que Vd plantea es considerar a España un agregado de regiones (republicanismo federal) esencialmente antimonárquica y al margen de la religión.
Mire Vd en este foro nadie queremos Concejos, Cortes, municipios, pactos forales o leches democráticas si a fin de cuentas hoy día aprobarían leyes de abortos o de legalización de falsas religiones. Para eso da igual un rey que mil concejos...
Los castellanos y españoles siempre quisieron un rey católico que legisle en católico. Y en este foro pensamos así.
Desconozco si el espíritu que anima las afirmaciones del forero Luis de Lucena es de carácter político moderno. De ser ése el caso, yo no las compartiría. Es importante recordar el barniz "tradicionalista" con el que los revolucionarios políticos han querido siempre disfrazar sus innovaciones rupturistas so capa de "reforma restauradora", para así engañar al pueblo español
En este sentido hay que señalar las dos corrientes "pseudo-restauracionistas" que se han repartido este trabajo de engaño: 1º La corriente revolucionaria centralista (propia del isabelismo-alfonsismo-franquismo), que se enfocaba principalmente en la "recuperación de la tradición de nuestras gloriosas Cortes de antaño", destruyendo al mismo tiempo todas las entidades y comunidades orgánicas que todavía, aunque heridas, quedaban vigentes en la todavía estructura fundamentalmente corporativa española en el primer tercio del XIX, destrucción que alcanzaba el paroxismo precisamente allí donde, providencialmente, se había conservado mejor y de manera más intacta dicha realidad política constitucional (Vascongandas y Navarra). 2º La corriente revolucionaria federalista, en parte como reacción a la anterior (propia de los dos periodos republicanos y resucitada en el régimen actual), que se enfocaba principalmente en la "recuperación de la tradición de nuestras gloriosas autonomías democráticas de antaño", y en cuyo origen podemos encontrar de la mano a los federalistas republicanos (Pi i Margall dio el pistoletazo de salida), los krausistas organicistas (con Joaquín Costa, entre otros) y los separatismos reclamadores de "Estatutos de Autonomía".
A la vista de esto se vé claro que una interpretación revolucionaria de nuestra tradición política española puede dar lugar a una reinterpretación o enjuiciamiento equivocado de la Historia política española, tratando de trazar imaginarios puentes que enlacen las instituciones tradicionales españolas con los nuevos "inventos" racionalistas revolucionarios salidos del caldo de cabeza de unos pocos ideólogos trasnochados, de forma que con esta pseudorelación artificial consigan engañar a la gente haciéndoles creer que esas nuevas invenciones ya existían entre los españoles y que ellos lo único que hacen es "recuperarlas adaptándolas y repensándolas a la luz de las nuevas ideas políticas". En este sentido estaría de acuerdo con Alacran, si realmente, como digo, este fuera el caso del forero Luis de Lucena.
Pero ahora bien, eso no quiere decir que tengamos que inventarnos una reinterpretación de la tradición política española a la luz de la otra corriente revolucionaria: la centralista isabelina-alfonsina-franquista. Y esto no tendría nada que ver con una supuesta idealización del pasado histórico español, sino con un estudio serio del mismo; estudio del cual se han encargado muchos teóricos tradicionalistas españoles: Magín Ferrer, Enrique Gil Robles, Vázquez de Mella, Marcial Solana, Francisco Elías de Tejada, etc..., los cuales a la par que se dedicaban al estudio, esta vez sí, de nuestras verdaderas gloriosas instituciones políticas tradicionales, aprovechaban también para criticar el ánimo o enfoque revolucionario y engañoso con que los innovadores ideológicos trataban de arrimar el ascua a su sárdina malinterpretando en favor de sus personales ideologías aquellas estructuras (auténticas favorecedoras del bien común) que conformaban el verdadero orden político tradicional español, y que cosntituían una verdadera y auténtica contención al poder político supremo, a través del establecimiento de unas limitaciones externas por medio de una verdadera constitución político-social organizada, emancipada y jerarquizada, y que, conforme a ella, los mencionados autores tradicionalistas propugnaban, esta vez sí de verdad (no como los revolucionarios falseadores), su auténtica revitalización y restauración frente a los desmanes revolucionarios tanto centralistas como federalistas consagrados jurídicamente en las sucesivas Constituciones revolucionarias desde 1833 hasta hoy.
Última edición por Martin Ant; 13/11/2013 a las 14:44
He tenido la ocasión de leer ambos comentarios (de Alacrán y de Martín Ant) y las diferencias saltan a la vista. Sobre lo que comenta Alacrán no puedo sino sorprenderme por el tono de la argumentación (que escrita con el debido sosiego pudiera ser debatida e incluso asumida, al menos parcialmente), ya que queda convertida con ese tono en algunas "coces" con bastante poca elegancia y desde mi punto de vista (todo lo personal que vuacedes quieran) inasumible. No obstante, voy a aportar las ideas que creo pueden ser de interés:
No estoy de acuerdo en lo que dice Alacrán de que, de haber vivido más Fernando III se hubiera expulsado a los moros de España, por un motivo puramente militar: habría llegado a las puertas de Granada como Aníbal a las de Roma: con unas líneas de suministro tremendamente dilatadas, después de unas victorias todavía no consolidadas contra una ciudad y un Reino todavía muy fuertes económicamente para hacerles frente desde una posición de desgaste y debilidad cristiana. La primera consecuencia de una victoria, militarmente hablando, es precisamente la debilidad extrema del vencedor por el propio desgaste de su consecución. Normalmente no suele haber tres contendientes en liza, pero si Fernando III hubiera marchado sobre Granada tras el desgaste lógico de la campaña del valle del Guadalquivir se hubiera estrellado contra los muros de la ciudad. Las cosas necesitan su tiempo, y Granada tardó 10 años en caer después de casi 100 de decadencia constante. Las frutas hay que dejarlas madurar en vez de intentar tomarlas verdes y amargarse uno la boca. Para este tipo de cosas es bueno leer a Sun Tzu, Clausewitz y otros teóricos.
Nunca había leído tamaño insulto a las villas y pueblos castellanos que, estos sí, desarrollaron un derecho propio y eminentemente hispánico (con su raíz germánica, obviamente) en vez de copiar las leyes cesareas del Imperio Romano. No obstante, parece que vos y yo no opinamos igual. Por sus comentarios (le ruego me corrija si yerro) creo que no se ha molestado en leer las Partidas. Yo sí, tengo el libro en casa, y especialmente me han interesado los títulos referentes a la religión y a la monarquía. En ellos se imprime un cesarismo constantiniano bastante lamentable después de la gran experiencia de repoblación, fundación de abadías y desarrollo de una forma de organización político-social efectivamente hispánica que no solo se da en Castilla sino en Navarra, el alto Aragón y la Cataluña Vieja. La extensión del cesarismo le parece a usted un avance, a mí un retroceso respecto a la situación previa. Ante la imposibilidad de concertación, no continuaré argumentando más sobre esto.para los defensores de los fueros pactados de Villacacharra, de Salchichoncillo y de Retortijones de Abajo.. que se quiten 'Las Partidas' de la historia de Castilla ¿no?
Eso es algo objetivo, pero responde a la situación de deterioro que he explicado y que a usted, según sus propias palabras, no le interesa para nada.Quien sepa historia recordará que en los reinados de los Juanes y los Enriques Trastamaras de los siglos XIV y XV no hay más que nobles por doquier conspirando y hay que hacer arqueología para hallar algo de concejos, pactos y foralidades...
Lo que indica en este comentario es que usted no solo desconoce completamente la historia de Castilla (quedándose con datos-macro de años y conquistas, y olvidando la intrahistoria que es lo más importante), sino que le da asco la ¿idealización? de Fueros, Concejos y Cortes. Pues son esas tres cosas, mire usted por dónde, las que definen a Castilla y a la idiosincrasia castellana. Y no es cuestión de idealizarlas, sino de leérselas:veo un tufo republicanoide en sus asertos, idealizando pactos fueros, concejos y cortes (¡¡qué le vamos a hacer, a mí esas cosas me dan asco!!).
Como ya me temía, el problema que Vd plantea es considerar a España un agregado de regiones (republicanismo federal)
"Cada sexmo nombrará su Procurador Sexmero; que sea persona de experiencia en los pueblos. Que ninguno sea del estado de los hijosdalgo, sino del estado de los hombres buenos pecheros. Si viniere algún caballero hidalgo, no se admita en ninguna Junta" Ordenanzas de la Comunidad de Villa y Tierra de Segovia.
Esto sí es un logro jurídico, político y social sin precedentes ni parangón en Europa, y me trae sin cuidado si en Estados Unidos, Hispanoamérica o "internacionalmente" conocen más a otros personajes de nuestra historia. Este párrafo merece muchísimo más enmarcarlo y ponerlo en una placa antes que el título referente a la Monarquía que hay en las Partidas, que es de un cesarismo constantiniano lamentable no de alabar precisamente.
Cuidado que no hablo de "democracia" moderna, sino de participación orgánica del pueblo en las estructuras del Reino. Sus queridas Partidas son a esa participación orgánica popular lo que a una herida un puñado de sal.
En cuanto a la exposición de Martín Ant, le agradezco el tono, la forma y el fondo. Me parece de bastante calado la reflexión que lanza. En este sentido quiero decir que yo entiendo la tradición como la fuerza más importante de la Historia, pero no como un dogma.
Sostengo lo que creo que es bueno para España y para Castilla, pero no puedo en ningún modo aceptar las cosas "porque sí". Y no hablo de democracia, a mí la democracia me da exactamente igual. Hablo de equidad orgánica entre los estratos de la sociedad (de eso sabían mucho los castellanos del XIII y muy poco los del XVI, así está Castilla como está). Que una cosa se pueda elegir o no me trae sin cuidado, siempre y cuando sea buena para el país y para mi región. Eso sí, no estoy dispuesto a aceptar algo "porque sí" si no tengo el convencimiento de que es lo mejor.
Y desde luego, la santificación (no eclesiástica, sino dialéctica) de todo aquello hecho por un Rey o de todo proceso histórico pasado sin un mínimo de autocrítica es un tremendo error. Yo soy monárquico y quiero una Monarquía social, pero donde el Rey sea el Padre del Pueblo y no su verdugo. Y donde, como se decía en Castilla, el Rey no se tenga por más que el primero de esos "labriegos con talante de señores" que afirmaba Machado. No creo en la democracia, pero sí en cauces de participación orgánica. No necesito meter un papel en una urna, sino saber conscientemente que aquel a quien llamo mi Rey tiene como primer interés el de la Nación, que daría su vida por ella, trabaja por su engrandecimiento, defiende a su Pueblo y recibiría en Palacio al último de sus súbditos si fuera preciso. Un Rey que no envía a sus hombres a la muerte en países lejanos, sino que se pone en cabeza de la mesnada y va el primero a la batalla. Quien se duele de los dolores de sus súbditos. Ante ese hombre me arrodillaría ahora mismo.
Pero jamás me arrodillaré ante un bobalicón con apellido francés que nunca ha ido a la guerra, que sale de Palacio a escondidas de su Pueblo para "asuntos privados" y que en vez de presidir los Consejos de Ministros se va de caza, le es infiel a la Reina y abusa de la bebida. Ese hombre no solo no es virtuoso (y por tanto no merece ser tenido por Rey) sino que además es indigno de la posición que ocupa. La virtud del Rey (que no es exclusivamente la virtud católica, sino de la Ley Natural) es indispensable en una Monarquía.
En cualquier caso estoy algo decepcionado respecto a lo que dijo Paco en una ocasión sobre que esto no tenía nada que ver con los "fachas", sino que aquí existía una formación intelectual muy superior. Si ese nivel intelectual superior no permite intercambio de ideas, enriquecimiento mutuo, crítica moderada y sosegada sino que consta únicamente de un corpus dogmático de carácter político-religioso a acatar necesariamente sin una mínima cuestión creo que, y en este caso tengo que dar la razón a Alacrán, tal vez no sea este mi lugar.
Saludos cordiales a todos
Última edición por Luis de Lucena; 13/11/2013 a las 16:17
Lo suscribo.
Aunque matizaría lo de nación, utilizando patria o reino. En los buenos tiempos, el reino era "plurinacional" (si se me permite la palabreja) y ese interés del rey por sus súbditos abarcaba a gente tan dispar como un borgoñón del Franco Condado o un filipino.
"De ciertas empresas podría decirse que es mejor emprenderlas que rechazarlas, aunque el fin se anuncie sombrío"
En materia política el único dogma por el que rijo mis intervenciones es, en última instancia y finalidad, el del bien común de los españoles. Si yo estuviera convencido que con la República (por poner un ejemplo) se conseguiría mejor el bien común yo la defendería. Ahora bien, precisamente del estudio sosegado, no sólo de los antecedentes y experiencia histórico políticos españoles sino también de la doctrina política de nuestros maestros (no sólo del XVI, sino también de la época medieval o, mejor dicho, de la Cristiandad) he ido convenciéndome de la verdad de la Tradición política española, defendida tanto en la teoría como en la práctica por sucesivas generaciones, como el mejor garante de la consecución de ese bien común, por supuesto con todas las adaptaciones contingentes a la situación concreta actual española, pues no se trata de defender ningún "arqueologismo", esto está claro.En cuanto a la exposición de Martín Ant, le agradezco el tono, la forma y el fondo. Me parece de bastante calado la reflexión que lanza. En este sentido quiero decir que yo entiendo la tradición como la fuerza más importante de la Historia, pero no como un dogma.
De todas formas, aunque pudiéramos partir de concepciones distintas en nuestra respectivas afirmaciones, eso no quita, por supuesto, la posibilidad de un debate positivo. Pienso ahora mismo en la crítica constructiva que un tradicionalista jurista experto en nuestras instituciones y estructuras política tradicionales (pactismo, foralidad, etc...) como D. Juan Vallet de Goytisolo hizo a la obra del organicista krausista Joaquín Costa, el León de Graus, al margen de la distancia abismal de ideas que existía entre ambos.
Pues creo que esto lo firmaría ahora mismo gran parte de los foreros.Pero jamás me arrodillaré ante un bobalicón con apellido francés que nunca ha ido a la guerra, que sale de Palacio a escondidas de su Pueblo para "asuntos privados" y que en vez de presidir los Consejos de Ministros se va de caza, le es infiel a la Reina y abusa de la bebida. Ese hombre no solo no es virtuoso (y por tanto no merece ser tenido por Rey) sino que además es indigno de la posición que ocupa. La virtud del Rey (que no es exclusivamente la virtud católica, sino de la Ley Natural) es indispensable en una Monarquía.
Simplemente diría que el que esa persona que detente el poder político supremo lleve un apellido francés es algo indiferente siempre que cumpliera con los requisitos que usted señala en el párrafo. Por lo demás, siempre es bueno recordar que el actual "okupante" de La Zarzuela realmente, en puridad, no tiene un apellido francés, sino catalán: Puigmoltó, como buen descendiente de bastardo que es.
Última edición por Martin Ant; 13/11/2013 a las 18:02
Nadie negará que ésta no es una dinastía con arraigo en la península, jaja.
"De ciertas empresas podría decirse que es mejor emprenderlas que rechazarlas, aunque el fin se anuncie sombrío"
Yo también suscribo la visión de la monarquía virtuosa que tiene Luis de Lucena, que me parece estupenda, aunque mutilada al ignorar el componente religioso, que es el fundamental en esta institución. Sin embargo, no suscribo tu matiz, querido Reke Ride, pues es perfectamente correcto hablar de la nación española, contrariamente a lo que dicen ekarras y demás ralea que a veces van de tradicionalistas (aunque otros ekarras se declaren republicanos o comunistas). Hay que tener mucho cuidado con algunos blogs ekarras/etarras que hay por ahí que se hacen pasar por tradicionalistas. Es perfectamente correcto, digo, hablar de la nación española y así lo hacían desde el principio los carlistas. La expresión "nación española" para nada nace en 1812 ni nada que se le parezca. No vale el ejemplo del franco condado o de las Filipinas. No vale porque si consideras que en ese caso no se puede hablar de una misma nación, tampoco es más acertado hablar de "una misma patria", ni siquiera de un mismo reino, pues siemple se hablaba de reinos en plural.
Creo que flaco favor se le hace al tradicionalismo dejando que los liberales se adueñen de la expresión "nación española" como si de verdad la hubieran inventado ellos, como falsamente dicen.
Aclaro que con esto no estoy diciendo que no se le pueda dar otros usos al término nación o que nación tenga que equivaler siempre a Estado, pero de ahí a desechar el término nación aplicado a España y decir que sería más correcto hablar de un "Estado" o "Reino plurinacional" pues es imposible hablar de una "nación española", dista bastante.
Última edición por Rodrigo; 13/11/2013 a las 23:30
Militia est vita hominis super terram et sicut dies mercenarii dies ejus. (Job VII,1)
Estimado Rodrigo, solo quería englobar a los otros pueblos hispánicos allende nuestras fronteras en el concepto: soy un tío muy arcaico, no me malinterpretéis. Mi concepto de nación española es el Imperio, en el que es tan español un flamenco, como un argentino, puertorriqueño o filipino, da igual...por supuesto, no cabe hereje alguno en ese concepto.
Como dices, es perfectamente legítimo el término, pues mi repulsa solo va dirigida al concepto liberal y romántico del mismo. ¡Viva el Rey, abajo la Nación!
"De ciertas empresas podría decirse que es mejor emprenderlas que rechazarlas, aunque el fin se anuncie sombrío"
El tema del enaltecimiento del medievo institucional (pactos, fueros, cortes) como forjador de la legitimidad liberal viene de antes de lo que Vd refiere: ya hay antecedentes hacia 1750-1760, en la Ilustración, con motivo de la justificación "medieval" del patronato real, en Burriel, Floranes y Jovellanos.
El asunto llega a su apogeo con las Cortes de Cádiz (Martínez Marina), incluso el manifiesto de los Persas también entraba al trapo. Digamos que cada una de las Españas se forjará un pasado medieval a su hechura.
Lo que hacen castellanistas o similares (aun ignorando lo anterior, pero envidiando como resultó privilegiado el modelo vasco y catalán) es dar otro giro de tuerca y sesgar para una Castilla mítica lo que ilustrados y constitucionalistas de 1810 reivindicaban del pasado "democrático" medieval para toda España.
"... Los siglos de los argumentadores son los siglos de los sofistas, y los siglos de los sofistas son los siglos de las grandes decadencias.
Detrás de los sofistas vienen siempre los bárbaros, enviados por Dios para cortar con su espada el hilo del argumento." (Donoso Cortés)
Desde luego hubo una manipulación torticera por parte del liberalismo para apropiarse del pasado de participación orgánica popular en el medievo hispánico y revertirlo hacia una justificación del cambio de modelo y la abolición de todo el sistema tradicional. Eso es, obviamente, una manipulación que luego continuaron otros después.
Sin embargo el hecho de que esa participación popular orgánica existió hasta el siglo XIII y fue fundamental es indudable, y en mi opinión debe ponerse en valor. No todo lo pasado es bueno, pero si España llegó como llegó al 1800 (y con ella Castilla, que aún llegó al XIX mucho peor que el resto del país) es por una serie de razones. No todo se hizo bien, y hay que tener el espíritu crítico para plantearlas.
Si se quiere un país mejor no se puede caer en errores pasados, como "castellanizar España", algo que para lo único que ha servido es para hundir a Castilla y hacer que muchos otros pueblos hispánicos estén deseando marcharse del Estado. El mejor legado que se le puede dejar a nuestros descendientes, a nivel de identidad de país, es redescubrir a Castilla en su personalidad y dejarla ser en su ámbito regional, poniendo en valor a todos los pueblos hispánicos, cada uno en su personalidad.
Durante siglos lo único que compartieron los españoles fue el Rey, la Fe y la voluntad de imperar juntos frente al resto del mundo. Los liberales pretendieron un Estado centralista al modo revolucionario francés, y eso mismo fue la destrucción de la identidad española. Tan solo 80 años después ya estaban los regeneracionistas "buscando" la esencia de España que no se encontraba por ningún sitio en el armazón vacío del Estado liberal.
Yo no estoy de acuerdo para nada con los nacionalismos, pero desde luego tengo el convencimiento absoluto de que el centralismo es la peor doctrina territorial que se puede aplicar en España. Obviamente, como le comenté a Rodrigo anteriormente, me parece magnífico que Andalucía, Granada y Murcia empleen los emblemas heráldicos de Castilla y de León, poniendo en en valor su herencia castellana y leonesa. Pero como digo, siempre manteniendo a Castilla en su sitio: entre Sierra Morena y el Cantábrico; entre Ávila y el Señorío de Molina.
Por otra parte, y a nivel de Monarquía, hay algo que hay que tener en cuenta: lo que conceptualmente es la lealtad. La lealtad no puede exigirse, sino darse voluntariamente. De esto sabían mucho los pueblos celtas e iberos, que tenían en mucha estima este valor: la lealtad se recibía, jamás se pedía porque es, aunque sea una comparación cogida por los pelos, una manifestación del amor: se da y se recibe, pero no puede exigirse. Bien, pues las Partidas la exigen. Desde luego como código de derecho civil son un documento importantísimo en la historia de la humanidad (recopilan bastante el derecho romano), pero como teoría política son un fiasco. Siento decirlo así, pero lo creo firmemente.
Los godos reintrodujeron en Hispania valores de los pueblos prerromanos que la romanización había dejado a un lado, y uno de ellos es la libertad de todo hombre en darle su lealtad a quien crea que la merece. Ese valor yo lo considero fundamental en una Monarquía, donde el Rey debe ser merecedor de la lealtad de sus súbditos, y no exigirla bajo el amparo del poder de origen divino. Debe haber un cauce orgánico de relación entre el Rey y el Pueblo, y ese cauce orgánico solamente pueden ser las Cortes. Eso sí, que representen a ciudades y/o reinos como antaño, nunca a partidos políticos. Los partidos como estructura privada supra-local son nefastos. Cuando pones en contacto al especulador de la provincia A con el especulador de la provincia B solo puede salirte una estructura corrupta en su origen, una comunidad de intereses de ámbito estatal donde la participación orgánica del Pueblo deja de existir y los intereses generales pasan a un segundo, tercer o quinto plano. Y ya si pones en contacto a comunidades de especuladores liberales de diferentes países, lo que consigues son estructuras transnacionales que alienan y detraen la soberanía de los Estados hasta convertirlos en títeres o satélites de decisiones que se toman muy por encima de ellos. Por eso la globalización en un sistema de librecambio es un desastre.
Pero vamos, esto es teoría política y no quisiera desviar el hilo más de la cuenta.
Última edición por Luis de Lucena; 14/11/2013 a las 18:48
Cierto en el caso particular del regalismo o "absolutismo" religioso, en que el Conde de Aranda, Campomanes y demás hermanos masones trataban de justificarlo teóricamente en supuestos precedentes canónicos pasados.El tema del enaltecimiento del medievo institucional (pactos, fueros, cortes) como forjador de la legitimidad liberal viene de antes de lo que Vd refiere: ya hay antecedentes hacia 1750-1760, en la Ilustración, con motivo de la justificación "medieval" del patronato real, en Burriel, Floranes y Jovellanos.
Pero la "idealización-falsificación" de la constitución tradicional española de "verdaderas" Cortes por parte de los ilustrados-liberales no se produce propiamente hasta las Cortes gaditanas (legítimas en su origen, aunque luego devenidas ilegítimas por la forma totalmente ilegal en que se desarrollaron y condujeron), en que por primera vez presentan su proyecto de "reforma" total y sistemática de la Monarquía española so pretexto de "restauración" de los elementos políticos tradicionales españoles heridos, suspendidos o puestos en desuso por el absolutismo austracista-borbónico.
Si apunté la existencia en las Cortes de Cádiz de una corriente (la liberal) mentirosa en su supuesto deseo de restaurar todos aquellos componentes políticos tradicionales españoles (debilitados o caídos en desuso parcialmente), real y verdaderamente limitadores del poder político, es también conveniente señalar y recordar la existencia de otra corriente auténticamente reformadora y restauradora (la realista), que también comienza a manifestarse más claramente en esas mismas Cortes y cuyo pensamiento se recoge en el Manifiesto de los Persas y que seguirá prolongándose posteriormente hasta nuestros días. En el caso de éstos segundos no cabe hablar de una "idealización" sino de un sincero ánimo reformador, adaptando la aplicación de dichas reformas restauradoras a la situación actual o contemporánea del momento.El asunto llega a su apogeo con las Cortes de Cádiz (Martínez Marina), incluso el manifiesto de los Persas también entraba al trapo. Digamos que cada una de las Españas se forjará un pasado medieval a su hechura.
En este sentido, resulta realmente clarificadora la lectura de las actas de Cortes en el que se recoge el texto de las intervenciones tanto de los liberales como de los realistas, para ver cuál era el auténtico ánimo que impulsaba a unos (creación desde cero de una nueva constitución so capa engañosa de "restauración") y a otros (sincera voluntad de corregir, restaurar y fortalecer la constitución tradicional española, siempre vigente de iure y nunca abrogada, depurándola y eliminando los factores nocivos que pudieran haberla "golpeado" durante el autracismo-borbonismo, y de acuerdo y en conformidad con la realidad social presente, esto es, sin tener que traer del pasado de nuevo aquello contigente o accidental ya periclitado y que resulta innecesario para la dicha reforma auténtica).
Última edición por Martin Ant; 14/11/2013 a las 20:20
Estoy de acuerdo conque el falsear la imagen de Castilla es una injusticia, y que de hecho, ha sido la región más perjudicada de España, dando la enésima estocada la Prostitución del 78. Pero...
Durante siglos lo único que compartieron los españoles fue el Rey, la Fe y la voluntad de imperar juntos frente al resto del mundo. }
Esto es un error en el que incluso han caído algunos correligionarios. Aparte de esa Santa Causa, entre los españoles hay muchos más rasgos comunes que otros países de Europa que, sin embargo, no tienen tantas paranoias como nosotros. Tenemos muchos más rasgos comunes de lo que nos parece, y los mismos hispanoamericanos, cuando nos juntamos en la colonia emigrante, nos lo hacen ver.
No dudo del valor regional, pero por favor, no caigamos en exageraciones y deformaciones propias del romanticismo y de una absurda contradicción de un complejo de inferioridad embutido en una mentalidad de ombligo del mundo.
No dudo del valor regional, pero por favor, no caigamos en exageraciones y deformaciones propias del romanticismo y de una absurda contradicción de un complejo de inferioridad embutido en una mentalidad de ombligo del mundo.
Es verdad que es innegable la influencia nociva del virus del nefasto Romanticismo europeo (y especialmente del tradicionalismo y ultramontanismo francés) en el ámbito cultural y político español, que hacía defender a algunos cabecillas ideólogos trasnochados reivindicaciones fantasiosas basadas en un historicismo jurídico-político sin pies ni cabeza.
Pero esto sólo caló en corrientes minoritarias (aunque fuertemente influyentes en tanto que poseedoras de los resortes del poder político) mientras que la inmensa mayoría del pueblo español (tanto a nivel general como a nivel regional) apoyaba y sostenía a los verdaderos representantes (es decir, los realistas luego devenidos en legitimistas españoles o carlistas) de la auténtica tradición política española (no contaminada por el Romanticismo o tradicionalismo francés-europeo del movimiento de la Restauración postnapoleónica y totalmente extranjero y extraño a la Tradición jurídico-política española, tanto general como regional).
En cambio a los que sí influyó esa ideología tradicionalista-romanticista extranjera fueron, por un lado, de manera decisiva y orgánica a los gérmenes de los nacionalismos-separatismos periféricos, y, por otro lado, aunque -bien es cierto- de manera más suave y accidental, pero no por ello menos visible y patente, a los neocátolicos españoles isabelinos.
Voy a poner próximamente en otro hilo nuevo, para no desviarnos más del tema propio de éste, un texto definitivo del Maestro Canals que creo pone las cosas en su sitio en lo que a este aspecto se refiere.
El problema como siempre es mezclar churras con merinas. Una cosa es querer recuperar las tradiciones de Castilla, su idiosincrasia y su caracter foral, que puede acabar acabar convirtiendose en una especie de pseudonacionalismo , que quizas es lo que pretendan algunos claramente, pero sin duda hay que ir mas alla.
Esta todavia por ver y por estudiar todo lo relativo a las coronas unidas , Leon y Castilla, o al reves. La recuperacion y puesta en valor de este llamemosle ¨ ambito ¨ es algo a tener en cuenta. Y tanto una cosa como otra son perfectamente deseables y complementarias. Pero vamos a ver quien le pone el cascabel a ese gato.
Saludos
Creo que no hay que dejarse contaminar por el liberalismo en este sentido. La puesta en valor de la identidad, idiosincrasia y carácter foral de una región (como puede ser Castilla, u otras) no tiene por qué conducir a un nacionalismo. De hecho esa relación regionalismo/foralismo --> nacionalismo la puso sobre la mesa el Estado liberal en el XIX con una dureza de rostro tremenda pues el nacionalismo decimonónico (tanto periférico como liberal español) es una creación de la burguesía.
En eso estoy totalmente de acuerdo, pero siempre que se separe el ámbito de la Corona de León y Castilla (o viceversa) del ámbito de Castilla (regional) y a su vez del de León (regional).Esta todavia por ver y por estudiar todo lo relativo a las coronas unidas , Leon y Castilla, o al reves. La recuperacion y puesta en valor de este llamemosle ¨ ambito ¨ es algo a tener en cuenta. Y tanto una cosa como otra son perfectamente deseables y complementarias.
Actualmente hay 1 usuarios viendo este tema. (0 miembros y 1 visitantes)
Marcadores