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Tema: Carismo y Bandidaje: Episodios de Violencia Política y Social en el Campoo S. XIX

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    Avatar de Ordóñez
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    Carismo y Bandidaje: Episodios de Violencia Política y Social en el Campoo S. XIX

    ( Extraído de http://foramontano.blogspot.com )











    Carlismo y bandidaje: Episodios de violencia política y social en Campoo en el s. XIX

    Carlismo y bandidaje: Episodios de violencia política y social en Campoo en el s. XIX

    Encarnación-Niceas Martínez Ruiz

    (Cuadernos del Campoo, nº4, 1996)



    LA REACCIÓN CARLISTA.


    En el siguiente artículo queremos fijarnos en algunos fenómenos violentos derivados de factores diversos (avatares políticos y desequilibrios sociales) y su incidencia en la comarca campurriana entre 1821 y 1941.


    A raíz del triunfo liberal (1820-23) se produjeron una serie de reacciones conservadoras, cuya manifestación más clara fueron las guerras civiles Carlistas. Vicente Fernández Benítez, que ha estudiado el tema en Cantabria, apunta varios aspectos y fases de estas respuestas contrarrevolucionarias. Se acuñó así en los escritos de la época el término "facciosos", usado por los liberales para designar a quienes se oponían a la legalidad vigente, por extensión "gente amotinada o rebelde que procede con violencia". Lo mencionamos aquí en este sentido, ajeno a la ambigüedad del uso y significado actuales. De mantener esa legalidad y el orden público se encargaron las Milicias Nacionales y los Voluntarios locales; los de Reinosa tuvieron entonces bastante trabajo que realizar.


    Haciendo un breve recorrido por el contexto socio-político de la época se observa que mientras la burguesía se acomodó con pragmatismo al nuevo régimen, pronto aparecieron signos de oposición: una primera reacción involucionista fue liderada por un sector del clero. Luego se desarrolló el carlismo político, que sostuvo el infante Carlos María Isidro -hermano de Fernando VII- frente a los derechos de su sobrina, la futura Isabel II. Fernández Benítez afirma que el carlismo no tuvo en Cantabria "entidad suficiente como para promover por sí mismo la insurrección armada". No obstante "el movimiento reaccionario organizado, dirigido por algunos elementos privilegiados, daría cobertura necesaria para una insurrección popular rural, que sí tuvo fuerza y dinámica propia". Durante la primera guerra carlista (1832-1839) los ataques se organizaron y generaron en las provincias limítrofes, Vizcaya y norte de Castilla -Burgos, Palencia-, desde donde penetraron en Cantabria, haciendo de Campoo un escenario conflictivo, tierra de paso donde se produjeron abundantes escaramuzas. En otras palabras, la fachada carlista sirvió de cobijo a una serie de "marginados móviles" absorbidos por la coyuntura militar, que derivaron más adelante hacia la simple delincuencia, el bandolerismo. (1)




    OPOSICIÓN ACTIVA AL RÉGIMEN: ALGUNOS SUCESOS CARLISTAS.


    Al comienzos de los años 20 las incursiones protagonizadas por los "facciosos" en la comarca campurriana fueron especialmente activas. El 5 de Enero de 1821 la partida del "Farolero", originaria de Herrera de Pisuerga, fue apresada en el Convento de Montes Claros, incluyendo a un fraile (2). Se tiene noticia de la actuación del grupo ese mismo año por Valderredible y Reinosa. Al año siguiente, en agosto de 1822, varias partidas de facciosos dirigidas por Francisco Barrio y "Santiaguillo de Cuyás" entraron en la Hermandad de Campoo, "saldándose con algunos robos, pero nunca representó un serio problema" pese a que las batidas de las autoridades locales y las milicias de defensa no pudieron disolverlas por completo. La banda de Barrio se internó en Valderredible (se cuentan sus andanzas por San Andrés de Valdelomar) procedente del norte de Burgos. Perseguidos por la milicia de Reinosa y de Santander fueron finalmente alcanzados el 25 de octubre en Respenda de Valdáliga; del total de "veintitrés que componían la partida solo ocho se libraron, inclusos dichos cavecillas".(3)


    El otoño observó el recrudecimiento de las ofensivas. Algunos movimientos respondían a estrategias militares: así, el 22 de noviembre, "cien infantes y treinta de caballería facciosos han bajado de los Aguayos al Ventorrillo de Pesquera y han tomado el Camino Real para Bárcena de Pie de Concha". Hemos de imaginar la atmósfera de violencia que todas estas acciones conllevaban. Dice Fernández Benítez que "todo parece indicarnos que las fuerzas realistas no pretendían la ocupación efectiva y permanente del territorio, sino hostigar a las fuerzas constitucionales" a la vez que logran un botín sustancial con métodos
    expeditivos.(4)


    En este sentido, una de las acciones de mayor calibre tuvo lugar el 6 de Diciembre de 1822, cuando Reinosa fue atacada por sorpresa y saqueada por una partida de unos cuatrocientos hombres dirigidos entre otros cabecillas por el Cura Merino (Jerónimo Merino y Cob, desde su base de operaciones al norte de Castilla), Antolín Salazar e Ignacio Alonso (alias) Cuevillas, antiguo guerrillero de la Guerra de la Independencia que actuaba desde el valle de Mena.


    La cuadrilla fue incrementándose por el camino con la incorporación de más hombres y la confiscación de caballos. Se adivina la diferenciación social entre los mandos y la tropa, alimentada por un campesinado descontento,"movilizado prioritariamente por el deterioro de sus condiciones de vida" con una "actitud de no sumarse al carlismo y enfrentarse al nuevo gobierno". Rastreando la documentación observamos que en principio se habla de ciento veinte hombres; en Renedo de Bricia se calculan ya trescientos. Uno de los que se añadieron sobre la marcha fue Fernando Luis, "pastor de ovejas residente en Villanueba La Nía", quién en el interrogatorio del juicio celebrado en Palencia menciona a dos compañeros más de Susilla, apellidados Bustamante y Peña Mantilla. Al final, en los sucesos de Reinosa había unos cuatrocientos. (5)


    De estos "extraordinarios acontecimientos... durante la ocupación de los facciosos" los contemporáneos sintieron un grave "estado de consternación y abandono", aunque nosotros no guardemos apenas noticia de ello. La gruesa columna se internó por Quintanilla de Rucandio y Quintanilla de Bricia, según declararon sus Justicias, con la intención de "dar un golpe" en Reinosa. El alcalde interino de Reinosa, Manuel García del Barrio, cuenta como convocó al comandante de la Milicia Nacional, Josef María Barona Alpaneque "a pesar de que los facciosos se hallaban a cinco leguas de distancia (... para que...) se distribuyere en las casas mejores situadas para proporcionar una defensa, y en las cuales hacía ya tiempo que pecnoctaban los milicianos (...). El ayuntamiento levantó la sesión a la una de la tarde y apenas habían tenido tiempo sus individuos de llegar a sus casas cuando el vigía que constantemente se mantenía en la torre de la iglesia dio dos o tres gritos de alarma y bolteó la campana, abisando que por la parte de Matamorosa, pueblo que no dista un cuarto de legua, benía un fuerte grupo de caballería a todo escape por el camino Real; una nobedad tan inesperada introdujo la confusión en el pueblo, la cual se aumentó con el toque (...) de los tambores de la milicia, y se acabó de completar con la circunstancia de que cuatro o cinco de los de caballería Nacionales que repentinamente salieron en la dirección de Matamorosa (...) se encontraron con los facciosos que venían por el camino Real, y observaron que por las praderas de ambos costados de éste destacaron dos fuertes columnas de caballería para rodear la villa; la guerrilla de los facciosos se introdujo en el pueblo, persiguiendo a los Nacionales hasta el puente, dónde habiendo buelto cara el sargento de ellos D. Josef del Hoyo, bastó para contenerlos y salbó la vida de uno de los nacionales que al vadear el río cayó de su caballo, en el cual volvió a montar. En tan apurado estado me dirigí a la plaza de la Constitución, donde encontré al capitán retirado de infantería y teniente de la Milicia Nacional D. Inocencio de Obregón, el cual había tomado la acertada providencia de hacer entrar en una casa a todos los milicianos". Más adelante señala que ordenó a un sargento y doce hombres "armar la bayoneta, y con ellos se dirijió a practicar un arriesgado reconocimiento hacia la calle del Puente, tratando de entrar en ella por una de las callejas que miran al conbento de San Francisco (...). Al pasar por la plazuela de la iglesia parroquial, desde donde se descubre de frente la cabezera del puente, advirtió que un grupo de facciosos, como de cuarenta hombres, lo estaban pasando a galope y al berle, lebantaron los sables en alto, prorrumpiendo en los gritos y amenazas". El grupo de la milicia nacional se replegó y se hicieron fuertes en la plaza, donde soportaron el primer ataque de los facciosos, con un grupo con cuatro lanceros, y después otro de la infantería, aunque "hacían fuego infructuoso a nuestra casa fuerte. (...) Las bandas, enconadas con la impotencia de sus esfuerzos, recurren al medio rastrero y bajo de incendiar las casas". Insiste el texto que "recurrieron al ardid más bárbaro e inhumano que les sugirió su deprabación, éste fue, horroriza el decirlo, hacer salir a todas las familias, sin distinción de sexos ni edades, y a sablazos las encaminaron a la plaza, para que escudados en lo que más precioso podría ser a los milicianos pudiesen sin riesgo posesionarse de ello. (...) estas infelices víctimas, poniendo sus lastimosos ayes en el Cielo, se postraron delante de la casa que ocupábamos, y por todos los medios que les sujería la humanidad, procuraban inclinarlos a que mirásemos por sus vidas amenazadas por nosotros y por los imbasores". Como se ve, un asalto en toda regla. Planteado así el conflicto, los defensores liberales negociaron la rendición y capitularon. Los asaltantes recogieron como botín "armas, municiones, fornituras y bestuarios". En el balance de víctimas por parte de los reinosanos "no hubo más desgracia que un miliciano contuso y dos honrados vecinos y padres de familia asesinados por los vándalos entre los facciosos, "nueve muertos, incluso un comandante, durante la acción, y una gran porción de heridos, de los cuales murieron cuatro". En la retirada, hacia Medina de Pomar, en medio de "copiosa lluvia y nieve", se capturaron más de veinte prisioneros. (6)

    Las acciones e incursiones continuaron durante la primera guerra Carlista. Algunos ejemplos: en 1836, una expedición cruzó el Ebro por los Riconchos; en noviembre de 1837, el cronista liberal Agüera Bustamante menciona que columnas carlistas dirigidas por Santiago Villalobos se hicieron con el control del camino de Reinosa y el del Escudo. Entre 1838-39 sólo se registraron actividades esporádicas de bandas en Reinosa y Enmedio. (7)




    EL FENÓMENO DEL BANDOLERISMO.


    Con el tiempo, la delincuencia rural llegó a convertirse en un problema endémico. La instalación del bandolerismo sería pues "producto de la miseria" que refleja las tensiones sociales existentes. Muestra la réplica extremadamente rebelde y heterodoxa de un sector campesinado acosado por la penuria (casi la mitad de la población subsistía como jornaleros del campo, es decir, sin tierra en propiedad), seriamente perjudicado por la desamortización, sujeto al reclutamiento militar o "quintas" (deber eludible mediante pago -solución solo apta para las clases pudientes- o emigración), entre otros males.


    Esta situación se agravaría en las postguerras (de Independencia, carlistas). Se propició así la reconversión forzosa de antiguos guerrilleros en bandoleros como una de las salidas de algunos ex-combatientes, que al encontrarse a su regreso a la vida civil sin ingresos económicos, inadaptados a las nuevas circunstancias, se decantaron por el robo, el secuestro y el pillaje como forma de subsistencia.(8)


    Un análisis de estas bandas revela que "actuaban a la sombra de la guerra, que ofrecía una apreciable cobertura a sus delitos, a la vez que colaboraban en ocasiones con las fuerzas carlistas". Sus asaltos carecían de intención política: "no elegían a sus víctimas por sus ideas, por ser o no ser liberales, sino por ser simplemente propietarios, no importando, incluso, que éstos fueran elementos del estamento eclesiástico, personas que se encontraban entre sus víctimas favoritas".(9)


    La frecuencia y tamaño de algunos ataques creó un sentimiento de desprotección e inseguridad en los pueblos, reflejo de la falta de un poder político firme, que a la larga no favoreció el afianzamiento de los liberales.




    EPISODIOS DE BANDIDAJE EN CAMPOO.


    En diciembre de 1836 sabemos que "por el valle de Sedano y otros pueblos a tres o cuatro leguas de distancia de aquel bagaba una partida de facciosos compuesta por diez o doce, todos montados". Un capitán del batallón de carabineros de la Hacienda Pública, establecido en Reinosa desde el día dos, D. José Ruiz de Quevedo, salió "con cuarenta carabineros y los caballos de la compañía de cántabros". Logran coger un prisionero mientras el resto huye. Poco después es capturado uno de los bandidos más conocidos; de este modo lo cuenta El Argos: "El día cuatro a primera hora de la noche recibió el alcalde de esta villa parte confidencial de que el faccioso llamado Gregorión (que actuaba por la zona de Reinosa) se hallaba en un molino a tres leguas de aquí bastante satisfecho de su seguridad. Inmediatamente dispuso dicho alcalde con el celo y puro patriotismo que le distingue proporcionar por sí mismo y con la mayor reserva una partida de Nacionales para que saliesen a capturar a éste. Reunida ésta en número de 12, de acuerdo con el comandante de armas, salió bajo las órdenes de la guardia Nacional D. Críspulo Collantes; y después de haber andado toda la noche bajo una crudísima helada por mil charcos y lodazales, consiguió sorprender al referido Gregorión, que fue conducido el día cinco a la cárcel de esta villa. La captura de este bandido es muy interesante, pues además de los muchos escesos que ha cometido como aduanero, era uno de los espías que tenían aquí los apasionados del beato Rey (o sea, los carlistas). Dícese que será pasado por las armas luego que se le substancie la causa; yo no lo descreo, por que sólo se le ha encontrado la insubstancial cantidad de 21 cuartos, con los cuales no podrá ser muy empeñada su defensa...". Como se puede comprobar, resulta interesante no sólo el contenido sino también el tono de encendido elogio a los poderes públicos. Apunta la idea de las infiltraciones y doble juego del carlismo y el bandidaje, a la vez que nos proporciona la noticia del final legal (pena de muerte) de uno de estos bandoleros.(10)


    En 1837, se conocen las andanzas de Lorenzo a través de Valderredible. Años más tarde, el 9 de abril de 1841, otros ladrones asaltan Villaescusa de Solaloma. Según el periódico El Vigilante Cántabro: "como a las ocho de la noche sorprendió una gavilla de ladrones el pueblo de Villaescusa, distante tres cuartos de legua de esta villa; cogieron a la mayor parte de los vecinos en la Iglesia y los encerraron en la sacristía sacando al cura y a un particular llamado D. Enrique García del Barrio, a quienes robaron dinero, alhajas de plata y otras prendas después de haberles maltratado, particularmente al cura y a la esposa de D. Enrique, que se hallaba bastante enferma. Unos seis o siete fueron los que entraron en el pueblo y otros se quedaron en sus alrededores; nadie ha podido decir con certeza el número de ellos aunque la voz general es que son dieciocho, todos muy bien armados". Aprovecha la ocasión el cronista para denunciar el clima de inseguridad existente: "Hay general recelo de que estos atentados se repitan si no se toman otras disposiciones que las de emborronar papel con circulares, la mayor parte de ellas impracticables en su ejecución y despreciables porque llevan consigo el sello de inadvertencia como otras muchas disposiciones que tienen el mismo resultado." (11)




    CONCLUSIONES.


    Desde 1820 y durante la primera guerra carlista, la posición geográfica de Campoo favoreció la existencia en nuestra comarca de frecuente trasiego y enfrentamientos entre los partidarios del liberalismo y sus opositores, en acciones dirigidas en las regiones limítrofes. El ayuntamiento de Reinosa permaneció fiel al régimen liberal instaurado; la Milicia Nacional y los Voluntarios defendieron el orden público frente a las "bandas de facciosos", entendido el término como cualquier oposición al poder liberal.


    Las guerras sirvieron para tapar y absorber desajustes socieconómicos, que en parte desembocaron en el posterior auge del bandolerismo. Éste era un comportamiento alternativo y marginal, al que optó un grupo deprimido (hombres solteros, campesinado pobre), sin que presentara implicaciones ideológicas.


    Las repetidas incursiones de estos malhechores denotaban el vacío de poder y falta de control efectivo del territorio.





    BIBLIOGRAFÍA Y FUENTES.




    - BIBLIOTECA MENÉNDEZ PELAYO. FONDOS MODERNOS. (BMP.FM.) Manuscritos (Ms.) 394, 395. "Papeles varios referentes a sucesos ocurridos entre los facciosos y los milicianos nacionales de Santander y su provincia en los años 1822 y 23". Colección E. de la Pedraja.


    - FERNÁNDEZ BENÍTEZ, Vicente. "La primera guerra carlista en Cantabria", pp. 32-38, en Historia 16. nº 138. Madrid: Octubre, 1987


    - FERNÁNDEZ BENÍTEZ, Vicente.(1988). Carlismo y rebeldía campesina. Torrelavega: Ayuntamiento; Madrid: Siglo XXI.


    - HERRERA ALONSO, Emilio. "Vida militar del lebaniego don Antonio Díez de Mogrovejo y Gómez, teniente general carlista", pp. 197-244. en Altamira, Vol. I. Santander: Institución Cultural de Cantabria, 1978.


    - "El Argos de Santander", Nº 20, 9 de Diciembre de 1836.


    - "El Vigilante Cántabro", Nº 18, 15 de Abril de 1841.





    NOTAS.




    (1) FERNÁNDEZ BENÍTEZ, V.,(1988) pp. 1-2; Historia 16, pp. 38, citando a Hobsbawm.


    (2) RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ, A. (1979) en su libro Los Carabeos. Historia, economía y sociedad en un concejo rural de la merindad de Campoo apunta dos párrocos que fueron a la cárcel de Reinosa por carlistas. FERNÁNDEZ BENÍTEZ, V.,(1988) pp. 6.


    (3) BMP.FM.Ms. 394, pp. 35. Conservamos en la trascripción los errores ortográficos originales. El presbítero Francisco Barrio se había levantado en Burgos en el verano de 1820.


    (4) BMP.FM.Ms. 395, pp.90. FERNÁNDEZ BENÍTEZ, V.,(1988) pp. 14.


    (5) BMP.FM.Ms. 395, pp. 92; Ms. 394, pp. 42.


    (6) BMP. Fondos Modernos, Ms. 394, p.36. Recogen documentos que detallan el asalto a Reinosa con gran detalle y un cierto aire épico. Constituyen una crónica de los hechos narrada por los defensores liberales para solicitar los correspondientes certificados en que conste su participación en los hechos. Es la tónica general de las fuentes, en su mayoría documentación oficial y legal. Una legua equivale a 5.572 m.


    (7) FERNÁNDEZ BENÍTEZ, V. (1988), pp.24, 51.


    (8) Conviven en diferentes zonas una mezcla de actividades delictivas que constituían un "modus vivendi", como el contrabando. FERNÁNDEZ BENÍTEZ, V. (1988), pp. 163.


    (9) Op. Cit., pp. 163.


    (10) El Argos de Santander. Nº 20, 9 de Diciembre de 1836. pp.3-4.


    (11) El Vigilante Cántabro. nº 18, 15 de Abril de 1841. pp.3-


    # Publicado por: Fran @ 12:22 AM


  2. #2
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    Re: Carismo y Bandidaje: Episodios de Violencia Política y Social en el Campoo S. XIX

    En Catalunya en donde el bandolerismo fue un fenómeno muy característico debido a ciertos problemas que un día ya trataremos( pues estos problemas sociologicamente han estado presentes durante siglos en la mentalidad de los catalanes, y han sido uno de los factores que promovieron cierto nacionalismo) también se dio con fuerza un bandolerismo de origen carlista. Fueron carlistas que no se pudieron adaptar a vida civil despues de terminada la tercera guerra y se dedicaron al bandolerismo en nombre del carlismo.
    El fenomeno fue muy importante, y en el MPC llegamos a dedicar unas jornadas para hablar de ese fenómeno que fue muy curioso, e incluso visto desde ahora gracioso. Dispongo de bastantes escritos sobre el bandolerismo. Hay una obra literaria, que si no recuerdo mal es de Segarra, titulada "La Punyalada" en donde se describe claramente este fenómeno, y va de unos carlistas que son bandoleros, alguno de ellos bastante cruel por cierto, y que a pesar de sus fechorias estan convencidos que lo hacen por el bien de la Causa, aunque el dinero de sus robos y secuestros sea para ellos. Incluso en la obra, de la cual se ha hecho una película los bandoleros mueren dando gritos a favor de Don Carlos y la Santa Religión. En la obra se describen situaciones que sociologicamente son curiosas como que los Mossos d'Escuadra son castellanos renegados, o que la masa del pueblo siente ciertas simpatias por esos bandoleros que han sido defensores de los Fueros y la Santa Religión.
    "El nombre de España, que hoy abusivamente aplicamos al reino unido de Castilla, Aragón y Navarra, es un nombre de región, un nombre geografico, y Portugal es y será tierra española, aunque permanezca independiente por edades infinitas; es más, aunque Dios la desgaje del territorio peninsular, y la haga andar errante, como a Délos, en medio de las olas. No es posible romper los lazos de la historia y de la raza, no vuelven atrás los hechos ni se altera el curso de la civilización por divisiones políticas (siquiera eternamente), ni por voluntades humanas.
    Todavía en este siglo ha dicho Almeida-Garret, el poeta portugués por excelencia."Españoles somos y de españoles nos debemos preciar cuantos habitamos la península ibérica" .España y Portugal es tan absurdo como si dijéramos España y Catalunya. A tal extremo nos han traído los que llaman lengua española al castellano e incurren en otras aberraciones por el estilo."
    Marcelino Menéndez Pelayo.

  3. #3
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    Re: Carismo y Bandidaje: Episodios de Violencia Política y Social en el Campoo S. XIX

    http://marquesdevillores.blogspot.com/




    Recomiendo la visita a este blog carlista albaceteño, pues hay un artículo muy ilustrativo acerca de esta temática, pero enclavado en el Reino de Murcia.

  4. #4
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    Re: Carismo y Bandidaje: Episodios de Violencia Política y Social en el Campoo S. XIX

    "La Punyalada" creo que es de Maria Vayreda, autor muy recomendable.

    El bandidaje carlista fue un fenómeno extendido por toda España. Estos episodios fueron la antesala de muchos alzamientos carlistas esporádicos, principalmente en La Mancha, Castilla y algunas zonas de Cataluña, al margen de la convocatoria Real. Creo que es conveniente reproducir este artículo sobre el Reino de Murcia para entender la extensión de esa vieja realidad:












    RAMÓN ROCHE, CARLISTA IRREDUCTIBLE DE LA SIERRA DE LIÉTOR

    Las profundas huellas que el Carlismo ha dejado en Albacete, La Mancha y en el Reino de Murcia están aún por descubrir. Los diversos alzamientos y motivaciones presentan en nuestro ámbito una identidad de razón sustancial con los del resto de España, por lo que el Carlismo no puede ser visto como un mero pleito interterritorial. Como puso de manifiesto la profesora Manuela Asensio Rubio en su libro "El Carlismo en la provincia de Ciudad Real. 1833-1876" (Biblioteca de Autores y Temas Manchegos, Ciudad Real, 1987) el Carlismo contaba en La Mancha "con el apoyo y el auxilio de un sector mayoritario de la población". Y los sectores que apoyan a Don Carlos son análogos a los del resto de España. Incluso se ensalza la importancia del factor campesino en el alzamiento carlista al señalar que "(...) los intereses del campesinado fueron sacrificados, y amplias capas de labriegos españoles (que anteriormente vivían en una relativa prosperidad, vieron afectada su situación por el doble juego de la liquidación del régimen señorial en beneficio de los señores, y del aumento de los impuestos) se levantaron en armas contra una revolución y una reforma agraria que se hacia a sus expensas". La recientemente creada provincia de Albacete se vió dividida en diversas zonas. Mientras que al norte del Júcar, Campo de Montiel y Sierra de Alcáraz la influencia carlista es indudable en la capital y sureste de la provincia los gubernamentales pronto afianzan su poder. Afianzamiento al que decisivamente contribuyó la poderosa represión contra los presuntos simpatizantes de Don Carlos. A este respecto existe un muy interesante estudio de María Pilar Córcoles Jiménez publicado en 1999 en el nº 42 de la revista Al-Basit en el que se pone de manifiesto de forma documentada esta labor represiva, que afectaría a diversos funcionarios y artesanos de esta villa, como al maestro don Ambrosio Rodríguez. Aún en 1869 antes de que Carlos VII declarase el inicio de la Tercera Guerra hay en La Mancha un alzamiento previo, que durante dos meses pone en jaque al ejército liberal. El Cápitan General de Toledo, La Mancha y Extremadura Don Juan de Dios Polo y Múñoz de Velasco emprende valerosas acciones que concitan el apoyo casi unánime del pueblo, del que vendrán nuevos guerrilleros legendarios, como Vicente Sabariego Sánchez, de Piedrabuena de Calatrava (C. Real). Asimismo, en Caudete existe una saga de grandes combatientes carlistas, los hermanos Albalat. Francisco llegará a ser el último ayudante de Campo de Carlos VII, participando en la campaña del Norte y obteniendo las medallas militares de Montejurra, Vizcaya y Carlos VII. Pero aún más romántica es la historia de Ramón García Montes, conocido como el carlista Roche, nacido en Montealegre del Castillo que tras el final de la tercerra guerra carlista no acepta la rendición y sigue campando por las sierras del sureste de la provincia, con la admiración de las gentes, que solian cobijarle y apoyarle y que aún hoy día cuentan sus hazañas teñidas de cierto aire legendario. Antonio Matea Martínez le dedica un merecido recuerdo en La Tribuna Dominical, nº 112, 2 de julio de 2000.


    Centrémonos hoy en el estudio de la figura de Ramón Roche. Para lo que usaremos fundamentalmente el estudio mencionado de Antonio Matea Martínez, posiblemente el mejor conocedor de las sierras albaceteñas y promotor del centro excursionista de Albacete, por lo que su acercamiento a la figura de Roche es totalmente “apolítico” y recoge más que una investigación histórica puramente académica un acercamiento a las vivencias, los parajes y a la transmisión oral de la presencia de Roche (sin restar rigor histórico alguno). En la investigación sobre Roche y su entorno es cita obligada también (precisamente Antonio Matea reconoce en su estudio su ayuda e investigaciones como "inestimable ayuda" sin la que "no hubiese sido posible escribir estas líneas") referirse a la labor de don Francisco Navarro Pretel, cura párroco de Liétor. El otro estudio, este más academicista aunque no por ello exento de torcideras y en ocasiones absurdas interpretaciones históricas del carlismo, es el realizado por el profesor Ricardo Montes Bernárdez en “El Carlismo en el Noroeste de la Región de Murcia”.

    Ramón García Montes, más conocido como Ramón Roche, fue un oficial carlista de la tercera guerra que a finales de marzo de 1873 y al mando de 120 hombres recorrió los municipios de Ontur, Albatana y Hellín, recibiendo en este último el especial apoyo de la población. Unos días más tarde causó destrozos y confiscó dinero, víveres y caballerías en Alatoz, Carcelén, Hoya Gonzalo, Villa de Ves, la Estación de Chinchilla y Pozohondo.En verano de 1873 realiza incursiones por dos veces en Calasparra, según “El Cantón de Caratagena” de 22 de julio de 1873. Una columna de cantonalistas salió de Cartagena en su persecución, pese a lo cual el día de Santiago Apóstol entra nuevamente en Calasparra, requisando en esta ocasión 40.000 reales.Había nacido en Montealegre del Castillo en 1833, por lo que conocía toda la zona a la perfección y siempre sabía por donde se movía lo que imposibilitaba su captura por las tropas del gobierno. Para contrarrestar el apoyo de la población a Roche y a los demás carlistas, el gobernador republicano Ramón Moreno llegó a solicitar a los sacerdotes que desde el púlpito instasen a sus feligreses a que no les ofreciesen apoyo. Al tiempo mandó detener a trece personas en la capital por colaboracionistas y a un juez en Hellín.



    Tanta incursión carlista por los pueblos de Albacete y en la propia capital llevó a muchos ayuntamientos, a tomar medidas para evitar que las tropas carlistas llegasen a sus localidades, sobre todo cuando una partida se encontraba en alguna población cercana. Durante la tercera guerra carlista los ayuntamientos eran puros departamentos funcionariales y administrativos de los gobernadores civiles y del poder central. El título VIII de la constitución de 1869 aún limitaba mucho más la autonomía municipal, repartida entre burgueses adinerados con el saqueo de la desamortización y entre meros funcionarios técnicos, siguiendo el esquema de administración napoleónica, aunque siempre prestos a la corrupción política. En Liétor por ejemplo se reunió el Ayuntamiento en asamblea permanente ante la llegada del cabecilla Rico a Peñarrubia y Elche de la Sierra al frente de casi 500 hombres, a finales de octubre de 1873. Se decidió cortar el puente sobre el río Mundo, situado en el camino que conduce a Elche de la Sierra. También se enviaron exploradores por ese camino para avisar de la llegada de los carlistas, se ordenó que se reuniesen y tomasen las armas todos los voluntarios de la República y la colocación de luces artificiales en todos los balcones o ventanas que dan vista a la vía pública por la noche. De igual forma el Ayuntamiento de Liétor decidió la publicación de un bando para que todos aquellos ancianos, niños y mujeres que quisieran salir del pueblo por su propia voluntad pudiesen hacerlo inmediatamente. Se comunicaba a la población que al toque de corneta o de campanas todos los varones mayores de 20 años y menores de 60 debían presentarse en la plaza para defender la población. Se decía además que aquellos que no acudiesen al tocar a rebato sin una causa justificada serían castigados con una multa de 25 pesetas, sin perjuicio de que se abriese también un sumario contra ellos.

    Acabada la I República española, tras el golpe militar del general Pavía en enero de 1874, en diciembre de ese mismo año se restauraba en el trono a la Dinastía liberal. Alfonso (XII), hijo de la destronada Isabel (II), tuvo como principal objetivo en su nuevo poner fin a la guerra carlista. Estas derrotas forzaron al pretendiente carlista, Carlos VII, a cruzar la frontera francesa por Valcarlos (Navarra) el 28 de febrero de 1876 rumbo al exilio. Ese mismo camino del exilio tuvo que ser tomado por numerosos oficiales y altos jefes carlistas, aunque la mayoría de los combatientes decidieron acogerse al indulto que muy pronto concedió el nuevo rey. Sin embargo otros carlistas como Ramón Roche, tal vez marcados fuertemente por una ideología y unos principios que creían justos, no decidieron aceptar la rendición ni tomar ninguno de los dos caminos anteriores, por lo que se echaron al monte y comenzaron a vivir en la vida clandestina y bandolera.Pero transcribamos a Antonio Matea:

    “Roche, un señor bandido.

    (…)
    Pero Roche no fue un vulgar ladronzuelo que se dedicó a asaltar a pobres caminantes, como hicieron otros muchos bandoleros. Roche era un señor bandido, un hombre distinguido, con educación y con principios, y como tal era tenido por los habitantes de las zonas por donde actuaba, quienes todavía lo recordaban con afecto muchos años después de su muerte. Además algunas de sus acciones durante la guerra habían sido verdaderamente espectaculares, como la que realizó en el Ayuntamiento de Hellín en 1873. Se cuenta que haciendo creer a las autoridades que un enorme ejército carlista mandado por Lozano rodeaba la ciudad, entró dentro del pueblo acompañado únicamente de diez hombres que estaban a sus órdenes. En el consistorio exigió la entrega de todos los fondos que allí había, y además mandó bajar a la plaza toda la documentación existente en el Registro Municipal con la que hizo una gran hoguera, para así poder destruir títulos de propiedad, deudas no pagadas, etc. A continuación marchó completamente tranquilo hacia las afueras del pueblo perdiéndose a la vista de los asombrados hellineros. Desde el fin de la guerra Roche estuvo continuamente en boca de la gente, que hablaba de él en tertulias de café de pueblos importantes como Hellín, Tobarra, o incluso en la misma capital albaceteña. También en las tabernas o en las ventas de los caminos reales era el tema principal de conversación de aquellos años finales del siglo XIX. Al igual que ocurría en los mismos cortijos y aldeas de la comarca de Hellín, donde, una vez entrados en bureo toda la familia o varios vecinos, al calor de la lumbre de la chimenea y entre trago y trago de vino, contaban historias del bandido, a veces ciertas, pero que otras veces superaban en muchos puntos a la misma realidad. Además Roche era muy admirado por las gentes humildes por el solo hecho de enfrentarse a las fuerzas del orden y al poder establecido, y veían en él a un hombre que se había echado al monte por defender unos ideales que creía justos. Por todo ello, en los caseríos aislados y aldeas a los que llegaba, se le daba cobijo y alimento sin necesidad de que tuviera que tomarlos a la fuerza.
    (…)




    Se cuenta que incluso hubo bandidos que tomaron su nombre para cometer algún robo, como así dicen que ocurrió en cierta ocasión mientras Roche estaba en la casa de un tal Isidoro Molina. Hasta allí llegó un bandido, al que denominaban el Zapaterín de la Reja, que se puso a llamar a la puerta diciendo ser el Roche. Pero el verdadero Roche salió y agarró al bandolero apócrifo por el pecho y tras darle dos bofetadas le dijo quien era y que no lo volviese a ver más por allí mientras él estuviese por la comarca. Incluso se decía que se constituyó en defensor de los humildes contra estos bandidos de poca monta que merodeaban por el lugar, como así hizo también luchando con un sanguinario bandolero llamado Peliciego. Sin embargo a las gentes acaudaladas y poderosas les obligaba a darles parte de su fortuna, “más aún si estos habían sido partidarios durante la guerra de las tropas gubernamentales”.

    Las personas mayores recuerdan haber oído a sus abuelos contar muchas historietas sobre Roche, historietas que posiblemente muchas veces fueran pura ficción. Decían que no sólo era respetado por las gentes del campo sino que además hacía todo lo posible por socorrer a esas gentes. En cierta ocasión ayudó a dos jóvenes que estaban cortando leña y además les dio de comer de lo que él llevaba. Otra vez se cruzó con un campesino que iba montado sobre un burro que era tan viejo que parecía un auténtico esqueleto. Roche al ver al animal lo mató y entregó dinero a su dueño para que comprara otro más joven. Incluso se dice también que dio unas monedas a otro hombre que estaba por Las Hermanas y llevaba esparto a la espalda para sacar algún dinero. Otros contaban lo alto que era y la enorme fuerza que tenía el carlista y que nadie era capaz de vencerlo en un pulso. Además se decía de él que poseía una puntería envidiable.

    Juan Antonio Alcantud, un hombre de edad avanzada, contaba en 1994, que su abuelo, que había sido guarda de Las Hoyas durante más de 30 años, fue muy amigo de Roche. La amistad tuvo su origen en cierta ocasión en que el bandido encontró al guarda en un camino y le pidió de comer, cosa a la que éste no rehusó. También hablaba este hombre de la bondad y generosidad del bandido con los pobres, pues obligaba a las gentes de dinero a socorrer a los más necesitados. De ahí el apoyo que tenía entre las clases más humildes.

    El escritor hellinero Mariano Tomás López, nacido precisamente en el año que sería el de la muerte del bandido, lo hizo protagonista en su novela Semana de Pasión, aunque allí el teniente carlista aparece con el nombre de Antonio Roche. En ella se cuentan historias como el asalto al Ayuntamiento de Hellín, la ayuda prestada a una mujer de la misma localidad al liberar a su hermano, soldado gubernamental prisionero por su coronel Lozano, y otras en las que seguramente se mezclen muchos hechos reales con otros imaginarios. En esa obra, reeditada en edición facsímil en 1999 por la Asociación de Peñas de Tamborileros de Hellín, se cita también la aventura pasional del carlista con la joven a cuyo hermano libera, aunque en la realidad el carlista estaría ya casado con Ana López con quien tuvo tres hijas y dos hijos. También se le ofrece en la novela la posibilidad de acogerse al indulto y permanecer en el ejército con su graduación militar, pero sus principios e ideas, totalmente entregados a la causa carlista, le obligan a rehusar.

    (…)
    Tras echarse al monte, una vez finalizada la última guerra carlista, Roche casi siempre anduvo en solitario, aunque hubo una época, que coincidió posiblemente con la acción de Minateda, en que reunió una pequeña cuadrilla. En esa cuadrilla se integraban un tal Riyes y otro llamado Zapaterín, ambos de Montealegre del Castillo, y otro hombre que se llamaba Antón el Hospitalero. Este último hombre, que era natural de Liétor, debió ser mucho más joven que el bandido, pues tras ser detenido por la Guardia Civil y una vez cumplida la condena a la que fue sentenciado, murió de viejo en Liétor sobre el año 1930. Pero el sentido de la justicia que tenía Roche, su cultura, caballerosidad y honorabilidad, de la que tanto hablaban aquellos que lo conocían, le hacía ir casi siempre en solitario antes que unirse a gente de baja ralea.


    La muerte de Roche.

    La muerte de Roche, como la de los grandes y épicos bandoleros, al producirse de manera trágica y violenta, facilita la entrada de este personaje en la leyenda. De esta manera como ocurrió y ocurriría después con otros bandidos son varias las versiones que corren sobre su desgraciado final. Según la versión oficial, puesta de manifiesto en el atestado del teniente Manuel Arroyo, jefe de la Línea de Tobarra, se dijo que dicho teniente, al mando de un pelotón de once guardias iba en persecución del criminal Ramón García Montes, alias Roche, a las 11 de la noche del día 15 de julio de 1891, víspera de la festividad de Nuestra Señora del Carmen. El citado oficial distribuyó la fuerza en dos grupos, siendo el grupo mandado por el guardia José Ojeda e integrado por otros tres guardias civiles más quienes descubrieron a Roche desde lo alto del Collado de Pozo Tomillo. Los guardias, según cuenta el oficial de la Benemérita en su informe, pudieron reconocer fácilmente al bandido gracias a la luz de la luna, pues resaltaba claramente su elevada estatura y porte. Además llevaba un garrote en la mano derecha y una escopeta terciada sobre el brazo izquierdo lo que confirmó todavía más las sospechas de los agentes del orden. Según el informe del oficial el bandido marchaba por el camino que desde Híjar se dirige hacia Casa Sola, Casa de la Rambla de Maturras y Villarejo. Pero al darle la voz de alto Roche contestó disparando por lo que los guardias le acribillaron a balazos.

    En una publicación de la época se cuenta que el resultado de la autopsia contempla la muerte del bandido como consecuencia de un disparo en el cuello y otros cinco más en el pecho, estómago, vientre, ingle derecha y pierna derecha. Pero además presentaba tres impactos de posta en la pierna, muslo y costado, una munición no usada por la Guardia Civil. Esto último y su mal estado en el momento de su muerte (se dice que estaba muy enfermo, con los pulmones muy deteriorados y el corazón de tamaño muy reducido) llevó a pensar a las gentes de la comarca en otras versiones que difieren bastante de la versión oficial contada por el teniente en el atestado. Además es bastante extraño que un teniente y once guardias (acostumbrados a patrullar casi siempre en parejas) fueran por un lugar tan solitario, a no ser que se hubiese preparado una trampa al bandolero o se hubiese recibido alguna delación de alguna persona cercana a él.

    Una de estas versiones sobre su muerte afirma que fue asesinado por el guarda del Castillarejo, quien lo mató en su propia casa con la escopeta de postas cuando estaba allí durmiendo y luego dio aviso a los miembros de la Guardia Civil, que lo llevaron en una burra hasta Pocico Tomillo, donde, ya muerto, se efectuaron el resto de los disparos. Otra versión diferente cuenta que Roche mandó al guarda para que comprara un medicamento y allí fue descubierto por el teniente de la Benemérita, quien le ordenó que al regresar a su casa lo matara o lo detendría a él por ser cómplice suyo. Incluso otras personas piensan que el guarda se gastó el dinero en el juego y por temor al bandido cuando le contase que se había quedado sin él lo mató. Otra más dice que estaba descansando en una covacha que utilizaba habitualmente por escondite cuando fue descubierto por un pastor que lo mató para cobrar la recompensa que se ofrecía por él. El ya citado Juan Antonio Alcantud decía que su abuelo, el guarda de Las Hoyas, afirmaba que Roche fue muerto en la Casa de la Rambla (Rambla de Maturras), donde se había refugiado en numerosas ocasiones, y de allí fue bajado por la Guardia Civil hasta Pocico Tomillo. En fin son muchas las versiones que difieren de la oficial y según el sitio donde vayamos podemos encontrar otras tantas diferentes, aunque la mayoría citan como culpable de su muerte al guarda del Castillarejo.

    (...)
    La muerte trágica del bandido impactó de forma profunda entre las gentes de Liétor, del campo de Hellín y de Montealegre del Castillo, pueblo este último donde el nombre de Roche aún se conserva, pues un hijo suyo llegó a ser alcalde y todavía vive una nieta que, aunque domiciliada en Madrid, tiene allí una casa”.










    Hasta aquí Antonio Matea, como decimos el mejor conocedor y defensor de la etnografía y la ecoantropológica de las sierras albaceteñas, manchegas y del Reino de Murcia. La propaganda afín al gobierno liberal intentó pintar a los carlistas, sobre todo a los que no deponían las armas nunca como simples “bandidos” o “bandoleros”. Fenómeno que curiosamente también se repitió en otras luchas contrarrevolucionarias, como los resistentes del Reino de las Dos Sicilias o los Cristeros. Denominación que llega hasta hoy día y crea ciertas confusiones. Véase el artículo reproducido por el blog tradicionalista del Reino de Castilla Foramontano, con la rúbrica Carlismo y bandidaje: Episodios de violencia política y social en Campoo en el s. XIX Encarnación-Niceas Martínez Ruiz (Cuadernos del Campoo, nº4, 1996).

    Sin embargo no es necesario acogerse a la idealización que de los bandoleros se hace popularmente para señalar las diferencias entre los carlistas que llevados por sus convicciones y ante la imposibilidad del exilio se negaban a integrarse en la sociedad liberal y el puro pillaje. Antonio Matea lo ha puesto de relieve magníficamente.

    En el caso de Ramón Roche su espíritu sigue vivo en las sierras del Reino de Murcia, alimentando aspectos de la historia doméstica. Su recuerdo no perecerá.


    "En la Rambla de Maturras,
    a vista del Villarejo,
    mataron a Ramón Roche
    a traición como a un conejo."














    Fotografías:
    1. Escudos de Liétor.
    2. Panorámica de Liétor.
    3, Ruta de Hizál, camino de Ayna a Liétor, lugar de andanzas de Ramón Roche.
    4. "Carga Carlista". Cuadro de Augusto Ferrer Dalmau.
    5."La Despedida". Cuadro de Augusto Ferrer Dalmau.
    6. El Río Mundo, escenario del paso de partidas carlistas.
    7. Sierras albaceteñas en las que libró en combate por Dios, la Patria, los Fueros y el Rey.

  5. #5
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    Re: Carismo y Bandidaje: Episodios de Violencia Política y Social en el Campoo S. XIX

    Estos serían como los skins del siglos XIX, ¿no?

    Última edición por Kontrapoder; 29/01/2007 a las 17:46

  6. #6
    Avatar de Litus
    Litus está desconectado "El nombre de España, que hoy
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    Re: Carismo y Bandidaje: Episodios de Violencia Política y Social en el Campoo S. XIX

    Sí, es muy posible que "La Punyalada" sea de Vaireda.
    El fenomeno de los bandidos, no solo salidos del carlismo fue muy tipico en Catalunya. A parte de Serrallonga que fue mitificado por la literatura castellana, existieron otros bandoleros muy famosos. Uno de ellos, del que ahora no recuerdo el nombre se le denominó "Parot lo Lladre", y tiene una calle muy pequeña dedicada en en centro antiguo de Barcelona.
    "Parot lo Lladre" fue el que popularizó en grito de "Visca la terra" y algunos grupos separatistas lo tienen por uno de los suyos. Cosa muy rídicula. Parot no fue de los bandoleros sanguinarios, y solo mató para defender su vida. Fué perseguido durante muchos años y nunca lo cazarón, lo que le hizo muy popular entre ciertos estratos de la población. Si no recuerdo mal llegó al bandidaje por unas injusticias que le hicieron. Despues de muchos años de ser perseguido el Rey le concedió una amnistia, a cambio de que abandonará la Península durante 10 años y se alistará en Los Tercios. Así lo hizo con alguno de sus hombres y fue destinado a los Tercios de Lombardía. Debido a los grandes conocimientos sobre estrategia y vida en los montes pronto consiguió el grado de Capitan. Murió en el sitio de Flandes empuñando la espada por Dios y por España contra los protestantes.
    "El nombre de España, que hoy abusivamente aplicamos al reino unido de Castilla, Aragón y Navarra, es un nombre de región, un nombre geografico, y Portugal es y será tierra española, aunque permanezca independiente por edades infinitas; es más, aunque Dios la desgaje del territorio peninsular, y la haga andar errante, como a Délos, en medio de las olas. No es posible romper los lazos de la historia y de la raza, no vuelven atrás los hechos ni se altera el curso de la civilización por divisiones políticas (siquiera eternamente), ni por voluntades humanas.
    Todavía en este siglo ha dicho Almeida-Garret, el poeta portugués por excelencia."Españoles somos y de españoles nos debemos preciar cuantos habitamos la península ibérica" .España y Portugal es tan absurdo como si dijéramos España y Catalunya. A tal extremo nos han traído los que llaman lengua española al castellano e incurren en otras aberraciones por el estilo."
    Marcelino Menéndez Pelayo.

  7. #7
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    Re: Carismo y Bandidaje: Episodios de Violencia Política y Social en el Campoo S. XIX

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    Tema bastante interesante, que deberiamos tratar en sus justos términos sin caer en mitificaciones desmedidas ni en justificaciones ácratas o excesivamente economicistas de algunos episodios de bandidaje. El genio y espíritu español es indómito y se manifiesta especialmente en aquellos lugares en que el terreno lo propicia y las circustancias lo generan. Así se vió también en los episodios de la guerra de la Independencia. Hubo españoles que se negaron a reconocer a los poderes fácticos, a los que no les quedó más remedio que "quedarse en el monte", muchos de los cuales se ganaron el aprecio y la admiración de las gentes de esas tierras. Ese fue el caso del carlista Ramón Roche en las sierras albacetenses. También en el monte habia vividores, delincuentes, granujas e indeseables, que robaban a los ricos porque a los pobres no tenian nada que robarles para quedarselo ellos. Ese fue el caso, en la sierra de Alcaraz, del llamado Pernales.

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