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Tema: Las culpables responsabilidades del profesor Bosch Gimpera en la Guerra Civil

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    Las culpables responsabilidades del profesor Bosch Gimpera en la Guerra Civil

    Pedro Bosch Gimpera, profesor eminente y político nefasto:

    Revista FUERZA NUEVA, nº 437, 24-May-1975

    PEDRO BOSCH GIMPERA, PROFESOR EMINENTE Y POLÍTICO NEFASTO

    El día 9 de octubre de 1974 falleció, en Méjico, el doctor Pedro Bosch Gimpera. Tenía ochenta y tres años. Era hijo de Barcelona, en cuya Universidad estudió, continuando su carrera en Madrid y en Alemania. Hombre de profundos conocimientos en su especialidad de arqueólogo, dejó una densa y valiosa bibliografía, con obras tan importantes como “El poblamiento antiguo y la formación de los pueblos de España”, innumerables memorias, ensayos y un magisterio largo y fecundo, con discípulos de talla innegable. Fue también jefe de la División de Filosofía y Humanidades de la UNESCO, así como presidente honorario y perpetuo de la Unión Internacional de las Ciencias Prehistóricas y Protohistóricas.

    Ciertos ruidos periodísticos

    Bosch Gimpera [1891-1974] fue rector de la llamada Universidad Autónoma, durante los años de la Generalidad, en la República. Y consejero de Justicia de la Generalidad de Cataluña desde el 28 de junio de 1937 hasta la total liberación de Cataluña por el Ejército nacional [1939]. Inmediatamente ya se comprende que la personalidad de Pedro Bosch Gimpera se bifurca, y hay que saber leer para distinguir lo que como científico y arqueólogo merece y debe estimarse, y lo que como político burgués y al servicio de la causa marxista no debe olvidarse. Es inadmisible que José María Pi y Súñer, ex catedrático de Derecho Administrativo, use la reticencia de que “tuvo que expatriarse”, que Ramón Aramón nos diga que “el maestro ha muerto lejos de su tierra” y que Octavio Saltor tenga la inconsciencia de manifestar que “los juegos florales de la lengua catalana, en Méjico, fueron enaltecidos con su jerarquía eficiente”, sin que ninguno de estos y otros panegiristas recuerde el “debe” de Pedro Bosch Gimpera, en su calidad de consejero de Justicia de uno de los periodos más macabros, sangrientos y vergonzosos de la historia de Cataluña.

    Sí, nosotros no negamos los méritos científicos de Bosch Gimpera, pero otra cosa es tragarnos ciertos homenajes y ruidos periodísticos que ahora se promueven. España y Cataluña han tenido muchos sabios, profesores, investigadores y científicos que quedan olvidados y sepultados para ciertos plumíferos. Da la casualidad que Bosch Gimpera, cuya genialidad y condiciones intelectuales somos los primeros en reconocer con la mayor hombría, es ahora exaltado como un “trágala” para ciertos ambientes, y, al mismo tiempo, como un borrón y cuenta nueva a uno de los hombres sobre los que, en realidad, por complicidad y colaboración, se le pueden imputar cargas de implicaciones gravísimas para una conciencia honrada y una ética política elemental. Analicemos algunos aspectos.

    La Universidad Autónoma de Barcelona

    En estos últimos meses [mayo 1975] se ha derramado mucha tinta enalteciendo y mitificando la Universidad Autónoma, que funcionó durante la Generalidad. Incluso José Pla, uno de los pocos escritores catalanes que derrocha objetividad, y tiene un sentido crítico normal, ha ponderado la Universidad Autónoma en forma evidentemente exagerada. Algo hay que conceder a la claque y a la galería.

    Nosotros estamos plenamente convencidos de que la Universidad española, secularmente, está descentrada bajo patrones napoleónicos y actualmente marxistas. No defendemos aquella Universidad del liberalismo, en cuya época Giner de los Ríos -tan admirado de cierto purpurado español-, a través de la Junta de Ampliación de Estudios [1907], desorientó gravísimamente a nuestras clases intelectuales y las envenenó políticamente, con tantas consecuencias conflictivas para España. Bosch Gimpera había recibido una beca de esta Junta de Ampliación de Estudios, y era producto de aquel contexto socio-ideológico tan desgraciado.

    La Universidad Autónoma, aunque pedagógicamente pudiera tener alguna superioridad sobre la decadente Universidad de otros tiempos, no dejaba de estar vinculada a todo el tinglado demagógico de Companys y sus muchachos. La prueba es que Pedro Bosch Gimpera y otros elementos del Patronato de la Universidad se creyeron en el deber, en la noche fatídica del 6 de octubre de 1934, cuando Companys proclamaba la independencia de Cataluña, de presentarse y adherirse a la locura separatista. Ya nos dirán en dónde estaba la serenidad de un rector de Universidad, ante una circunstancia como aquélla.

    Ahondando un poco más sobre la Universidad Autónoma de Barcelona y sus métodos, éxitos y procedimientos, ha sido como un jarro de agua fría la carta del ilustre notario barcelonés don Luis Clavera Armenteros, publicada en la vanguardia, del 7 de febrero pasado, puntualizando esta cuestión. El notario Luis Clavera dice así:

    “Parece imposible y a veces sorprende, Indigna o desmoraliza, cómo pueden tergiversarse o deformarse hechos, acontecimientos o instituciones que personas de nuestra generación, aún no viejos, hemos vivido y presenciado, tan distintos. Ahora entre algunas cosas (pocas) que se aclaran o rectifican con razón, hay otras en cambio, que se deforman o ensalzan en forma totalmente equivocada o tendenciosa. Por mucho que la ley del péndulo o de la acción o reacción se dé en los hechos humanos, hay cosas que no se explican.

    Así recientemente, hay como una campaña o racha de opiniones dedicada a ensaIzar a gran altura o admirar nostálgicamente lo que fue la Universidad Autónoma de Barcelona de los años 1933 al 1936..., cuando como antes digo, recordamos perfectamente cómo fue, los que la vivimos o padecimos. No es este lugar adecuado, por lo que no voy a argumentar metódicamente sobre los defectos o fallos que tuvo tal reforma o intento. Ni tal vez tendría suficientes conocimientos para un juicio total o global, pero, sí quiero resaltar que desde mi situación de estudiante -como tantos otros de aquellos años a quienes nos pilló directamente la reforma, los hechos evidentes que nos afectaron. Por lo menos que los estudiantes actuales tan llenos de rigor y afanes reformistas, según nos dicen, no se llamen a engaño y sepan lo que fue aquello.

    Y aquello, por lo menos en su práctica y realización (dejando aparte la posible bondad o rectitud de su proyecto o intenciones) fue una especie de desastre, por lo menos en la Facultad de Derecho que es la que conocí y viví. A cualquier contradictor a tal aserto (todos ellos por lo que voy viendo, de años posteriores, y que sólo hablan de oídas o referencias de nostálgicos impenitentes) le recordaría lo de los famosos Grupos A, B y C que en sustitución de los cursos normales establecieron un desbarajuste de grupos de alumnos que a su arbitrio podía reunir las asignaturas y examinarse, de modo que hubo quien en el 3.er trimestre de aquel curso decidió hacerlos todos a -la vez, y acabar la carrera en forma atropellada y rápida. (Claro que algunos como los Procesales se pasaban como sobre ascuas...) Lo de las materias del llamado Curso Preparatorio, de las que unos tuvieron que estudiar las 4 o 5 asignaturas previstas, otros se licenciaron (o licenciamos) con 2, y algunos, con tantos cubileteos y adaptaciones, con ninguna...

    En fin, no quiero hacerme pesado, en detallar fallas o defectos, sino sólo poner de manifiesto el hecho incontrovertible y elocuente de la desbandada que se produjo de estudiantes que escaparon o huyeron de la Facultad. Las Universidades de Valencia, Zaragoza y Murcia especialmente, vieron acrecentadas sus aulas con la invasión de estudiantes catalanes que, se marcharon de aquella institución «modelo»..., como nunca se había dado tal desbandada o dispersión.

    Que conste que yo fui de los pocos que se quedaron: En parte porque el afecto o apego a algo mío o nuestro, creo obligaba a cierta confianza y paciencia y en parte también por la consideración práctica de que cuantos menos quedásemos, más anchos estaríamos y mejor podríamos aprovechar las clases, y que con profesores como Blas Pérez, Cuello, Campillo, Pi y Suñer, etc. (por cierto casi todos ellos los menos afectos al Patronato), serios, cumplidores, y a la antigua, podríamos los que quisiéramos simplemente estudiar y no politiquear como tantas veces, aprovechar al tiempo mejor, puesto que sea cualquiera la organización, la sociedad, si los individuos valen o quieren trabajar, lo demás no tendría mayor importancia, como así fue, a Dios gracias, por lo que no me arrepentí de no haberme movido de la Autónoma. Pero de eso, a loas y ditirambos y «modelos», va un abismo, e insisto en que, en menos de 40 años, pueda así mixtificarse o deformarse la historia, es algo sorprendente y lamentable.”

    Esta era la Universidad que ahora se exalta estúpidamente. Y ésta era la Universidad cuyo Patronato estaba formado por Augusto Pi Sunyer, Marañón, Antonio Trías, Américo Castro, José Xirau y otros, con los que “nos dábamos la lengua”, como con discutible gusto declaró el propio Bosch Gimpera a Baltasar Porcel, tan conocido.

    Manchas imborrables para un liberal...

    Pedro Bosch Gimpera se declaraba liberal, catalanista, republicano. Iniciado en “Acción Católica”, él mismo asegura que “durante la guerra incluso trabajé para que nos fusionáramos” con la Esquerra Republicana. Probablemente este liberalismo le mereció que en 1937 fuera nombrado consejero de Justicia de la Generalidad. Era después de los hechos de mayo, en que el comunismo internacional había eliminado a la CNT-FAI, y había perseguido a muerte a los comunistas disidentes del POUM. Bosch Gimpera pertenecía al mismo equipo de Companys y Comorera, entonces soviético cien por cien.

    Se ha pretendido que la presencia de Bosch Gimpera fue beneficiosa desde su cargo de máximo mantenedor de la justicia en la Generalidad. Pero hay muchas maneras de causar daños. Durante el mandato de Bosch Gimpera, con la presencia del Gobierno Negrín, en Barcelona, se incrementaron los métodos crueles y homicidas más espeluznantes, bajo el manto beato de Manuel de Irujo, ministro de Justicia de Negrín. El tándem Irujo-Bosch Gimpera permitió el Tribunal de Espionaje y Alta Traición, bajo el látigo de aquel sádico Rodríguez Dranguet, que firmó tantas sentencias de muerte, que se regodeaba burlándose de los pobres presos e inculpados, que vesánicamente aprovechaba las sentencias arrancadas con torturas del SIM y de las checas, permitidas por la conciencia humanitaria de los dos responsables de la justicia, ya en el Gobierno de Negrín, ya en la Generalidad...

    Durante el tándem Irujo-Bosch Gimpera se perpetró la desaparición de Andrés Nin. El comunista Joaquín Maurín, en un artículo publicado en Nueva York, escribe: “Los tres asesinatos políticos más importantes cometidos por órdenes de Stalin en el extranjero fueron los de Trotsky, en Méjico, Carlo Tresca, en Nueva York, y Andrés Nin, en España. Los móviles e inspiradores del asesinato de Trotsky han sido aclarados -si es que quedaba alguna duda- al ser, por fin, identificado el asesino: Ramón Mercader, de nacionalidad española, agente de la policía política rusa.”

    Jaime Miravitlles -uno de los firmantes del acta de ejecución de los militares López Amor, López Varela, Lizcano de la Rosa y López Belda, por su participación en el Alzamiento Nacional el 19 de julio de 1936, en Barcelona- documenta y amplía esta referencia con estos datos: “En su libro, Conquest va más lejos que Maurín, y presenta, en el capítulo Killers abroad, una lista más larga: Ignace Reiss fue asesinado en Suiza; Agabekov, en Bruselas; Krivitski, en Nueva York. En España, nos dice Conquest, fue también liquidado el revisionista Camilo Bernini. Igualmente, uno de los secretarios de Trotski. El encargado de las purgas de los antiestalinistas de las brigadas francesas fue André Marty, y el fiscal acusador de los revisionistas de habla alemana fue, en Albacete, Walter Ulbricht, que durante todas las crisis de Berlín fue el jefe del Gobierno comunista de Alemania Oriental. André Marty fue, finalmente, expulsado del Partido comunista francés, y Ulbricht ha sido expulsado del Gobierno de Pankow (donde ocupa una misión más simbólica que real) para poder llegar a un acuerdo limitado con los occidentales sobre el estatuto de Berlín”.

    Jaime Miravitlles, en una carta dirigida a “Life”, del 13 de abril de 1953, reafirma que Orlov, jefe de la Policía rusa (NKDV) en Barcelona durante el periodo rojo, con el coronel Ortega y los agentes Javier Jiménez Martín, José Valentín, Andrés Urresala, Aguirre y de Buen, detuvieron a Andrés Nin, y, según Miravitlles, “Nin quedó tan desfigurado por la violencia de que fue objeto que Orlov ordenó su ejecución y su entierro en un lugar secreto”. Así Orlov hizo asesinar, por órdenes de Moscú al trotskista catalán en una campaña para liquidar a los trotskistas en el extranjero. Era también Orlov el que había intentado asesinar al líder socialista Prieto, entonces ministro de la Guerra.

    A grandes pinceladas

    Todo esto sucedía durante la actuación humanitaria Irujo-Bosch Gimpera. Todavía Bosch Gimpera, en su libro “Notas al libro de Hugh Thomas sobre la guerra civil española”, publicado en Ciencias Políticas y Sociales, de la Universidad autónoma de Méjico, en 1962, tenía la desfachatez de autodefenderse a base del “régimen de humanidad” de las cárceles que dependían de su departamento. Recordemos que de la Cárcel Modelo de Barcelona, dependiente de la Generalidad, salieron las hileras de centenares y centenares de presos, mezclados faístas, cenetistas, católicos, carlistas, falangistas y ... maleantes y “chorizos” de todas clases, para los campos de concentración, de aquel criminal llamado Antequera, que, en Omells de Nagaya, Lérida, y en otros lugares asesinó a mansalva a enfermos y a otros prisioneros, a docenas, por simple placer. Aunque sobre ello todavía no se haya escrito la historia. Y esto, en Cataluña. Y bajo el consejero de Justicia de la Generalidad de Cataluña, Pedro Bosch Gimpera.

    Durante este periodo de Bosch Gimpera, para completar, a grandes pinceladas, lo que sucedió en 11 de agosto de 1938, se fusiló a 63 catalanes en los fosos de Santa Elena, en Montjuich. Y en Gerona, en Pont de Molins, eran asesinados 42 prisioneros, entre ellos, el obispo de Teruel, el padre Polanco, así como en Collell, otros 48 prisioneros también eran inmolados de la manera más horrísona y salvaje, en la retirada roja. Era el punto final del “Estatut de Catalunya”, de la Generalidad, del humanitarismo de Pedro Bosch Gimpera, del catolicismo de Manuel Irujo, y de la malhadada República, que estaba bajo las órdenes de la URSS.

    Nos parece muy bien que se hagan homenajes a Pedro Bosch Gimpera. Pero lo que no es lícito es quedarse en una visión unilateral. O se valoriza exclusivamente el ámbito de su aportación investigadora y científica, o, si se quiere aprovechar su memoria para otras faenas, importa agrupar los elementos de juicio que aquí sumariamente apuntamos. En realidad, Bosch Gimpera fue un títere de Antonov Ovseenko, el cónsul soviético en Barcelona, después también ejecutado por orden de Stalin en 1938, por no haber conseguido todos sus objetivos en la Cataluña esclavizada.

    Lo que no es científico

    No todo en Bosch Gimpera es arqueológico, universitario y doctoral. En Francia fue uno de los principales propulsores de “La Revista de Catalunya”, que se publicaba desde la rue Miromesnil, 81, Paris. En Méjico, aparte de sus actividades universitarias, no dejó de conspirar contra España, aunque entre algunos grupos más radicalizados se le considerara desviacionista. Pero Bosch Gimpera como Nicolau d’Olwer renunciaron a su nacionalidad española y aceptaron la mejicana. Propiamente Bosch Gimpera, a la hora de su muerte, era un ciudadano mejicano. Nadie se puede figurar a don Miguel de Unamuno o al general Primo de Rivera, por poner dos ejemplos de personalidades contrapuestas, renunciar a su nacionalidad. Aunque ahora [1975] Pedro Bosch Gimpera tenga su retrato en la galería de rectores de la Universidad de Barcelona. Más reconciliación ya no cabe. Lo que sucede es que dar carnaza a la fiera nunca ha dado buenos resultados.

    Y no dejan de ser lunares imposibles de borrar la actuación política, cargada de tremendas omisiones o repulsas espectaculares frente a la carnicería organizada por Negrín, con anuencia de ilustres tontos útiles -a lo menos- como Manuel Irujo o Bosch Gimpera. Si estos personajes se hubieran enfrentado con las actuaciones del SIM, con el Tribunal de Espionaje y Alta Traición, con las checas, con los campos de concentración, podríamos creer en su humanitarismo y en su buena fe. Pero unos granos de acciones esporádicas más o menos satisfactorias no borran las montañas de crímenes que se cometieron bajo el biombo de su permanencia en el Ministerio de Justicia y en la Consejería de Justicia, sin siquiera dimitir por mínimo decoro moral.

    Pedro Bosch Gimpera es un representante típico de la burguesía catalanista, marcada con todos los estigmas de su visceral impotencia. Como ha escrito Jesús Suevos, “ser liberal y nacionalista en el siglo XX es tan absurdo y anacrónico como ser absolutista regionalista en el siglo XIX” ...

    Confesiones propias

    El juicio político definitivo sobre Bosch Gimpera se puede formular con palabras suyas y confesiones propias. Dijo: “Con Negrín no nos entendimos. No conocía el Estatuto, y se apoyaba completamente en el SIM. Ocurrieron treinta mil barbaridades. El Tribunal de Urgencia estaba, naturalmente, en manos del SIM. La última etapa fue un total desastre. Nos la pasamos, en la Consejería, luchando contra el SIM, en manos de los comunistas, y sus barbaridades. Muchas veces Companys intentó frenarlo, pero Negrín, que tenía temperamento de dictador, lo hizo imposible... Después, con los comisarios políticos, los comunistas llegaron a dominar el ejército, y muchas operaciones que planeaban los consejeros rusos, despreciando a nuestros militares republicanos, fueron un fracaso. Y en el exterior, produjeron la impresión de ser ellos la única alternativa del fascismo. Entonces, con el SIM y otros implantaron el terror”.

    Por la boca muere el pez. Esto lo decía un hombre que tenía la titularidad de la justicia en la desangrada Cataluña del Estatut, de la Esquerra y del separatismo delirante. Es el callejón sin salida a que conducen los partidos políticos y la democracia inorgánica. Es el signo de los burgueses estúpidos, que juegan al frente popular, a las sonrisas con sus compinches marxistas. Es el final de los Kerenski, de los Azaña, de los Frei, de los Caetano. Es la rúbrica de la triste vida política de Bosch Gimpera, sabio indiscutible, pero hombre público de mala memoria. Y con el colofón de haber renunciado a su condición de catalán y español, al servicio del presidente mejicano Lázaro Cárdenas. La melodía de la última parte de la vida de Bosch Gimpera suena más al canturreo de las bandas de Pancho Villa que a las sardanas. Hay que tenerlo presente. Y no hacer el cursi, como algunos esnobs ignorantes o vejestorios de cerebro reblandecido.

    Jaime TARRAGÓ

    Última edición por ALACRAN; 02/05/2020 a las 18:28
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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