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Tema: Desfiguración sectaria del españolísimo cardenal F. Vidal y Barraquer (1868-1943)

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    Desfiguración sectaria del españolísimo cardenal F. Vidal y Barraquer (1868-1943)

    Desfiguración sectaria del españolísimo cardenal Vidal y Barraquer


    Revista FUERZA NUEVA, nº95, 2-Nov-1968

    HOMENAJE AL CARDENAL VIDAL Y BARRAQUER

    Los rojos asesinaron a su obispo auxiliar y a 134 sacerdotes de la diócesis de Tarragona

    Los republicanos exiliados han tomado la figura del cardenal de Tarragona, doctor Vidal y Barraquer, como un argumento a favor de la República cuando en realidad el ilustre sacerdote sufrió en su propia carne los desmanes de la República, pues le apedrearon su palacio en abril de 1931.

    El día 3 de octubre (1968) se ha cumplido el centenario del nacimiento del cardenal Francisco de A. Vidal y Barraquer. En Cambrils, villa tarraconense en la que se conserva la “Casa Pairal” en que nació el cardenal, se han celebrado actos religiosos, descubrimiento de una lápida conmemorativa, así como también, en Tarragona, el Ayuntamiento ha rotulado con el nombre de “Cardenal Vidal y Barraquer” una nueva calle.

    Nos parecen muy adecuadas las palabras del cardenal Journet enjuiciando y evocando, tan noble figura: “Era un hombre de una gran elevación de pensamiento, de una piedad profunda, de una fe íntegra, incapaz de dejarse vencer cuando había visto cuál era su deber. Nos ha dado el ejemplo de lo que debe ser un verdadero servidor de la Iglesia, de esta Iglesia de Dios que no existe sin pecadores, puesto que lo somos, pero que es, según el Apóstol, sin pecado, santa e inmaculada; y que es la única que puede salvar al mundo, porque solo ella está en el mundo sin ser del mundo, enamorada de todas las patrias y trascendiéndolas a todas”.

    Todo ello confirma la afirmación de monseñor Arriba y Castro en Cambrils: “El Cardenal Vidal y Barraquer, un cardenal insigne que fue y es estimado en España por su celo apostólico y entrega pastoral”.

    Alejandro Lerroux, en uno de sus discursos, afirmó: “La Iglesia, a pesar de la quema de conventos…, nunca en ninguna parte aceptó tan resignadamente ni con mayor sumisión un estado de cosas tan contrario a sus intereses espirituales”. Niceto Alcalá Zamora, después de su cese de la presidencia de la República, criticaba así la legislación republicana: “Es una Constitución que invita a la guerra civil, desde lo dogmático, en que impera la pasión sobre la serenidad justiciera en lo orgánico; en que la improvisación y el equilibrio inestable sustituye a la experiencia y a la construcción sólida de los poderes”.

    El cardenal, perseguido por la República

    Pocos ejemplos más evidentes de este visceral espíritu persecutorio de la República que el odio que en todo momento se manifestó contra el cardenal Vidal y Barraquer. En el “Boletín Oficial Eclesiástico del Arzobispado de Tarragona”, número 1, segunda época, publicado en 1943, se lee: “Los preliminares de la proclamación de la República, en Tarragona, en 1931, se concretaron haciendo una víctima. Esta víctima fue el Cardenal Vidal y Barraquer, cuyo palacio arzobispal los republicanos apedrearon rompiendo cristales entre insultos y blasfemias, en la noche del Jueves Santo de dicho año, día 2 de abril. Durante los años de la República, 1931 a julio de 1936, fueron sin número las desatenciones, molestias, injurias y atropellos que nuestro cardenal sufrió por parte de aquellos elementos, en actos tan importantes como la Visita Pastoral y otros”.

    Durante el periodo rojo -registra el preciado “Boletín”- fueron “sacrílegamente profanadas y arrastradas por las calles las insignias cardenalicias; policías grotescamente cubiertos con el birrete de púrpura y dando bendiciones ridículas en forma impúdica y entre blasfemias; deshecho por completo el trono pontifical de la catedral, incluso arrancando el armazón de hierro que lo sostenía; destruido el escudo de armas que figuraba en el portal románico de los claustros… Nótese bien: el escudo arzobispal del cardenal Vidal y Barraquer fue el único escudo profanado y destruido; este escudo fue la única obra u objeto de fábrica de la catedral de Tarragona que fue profanado y destruido. Todos los demás escudos arzobispales y obras de fábrica fueron respetados. En los periódicos de aquella época aparecían comentarios sobre el cardenal, presentándole demasiado amante de España y poco amante de Cataluña; sordo a los políticos que le aconsejaban espíritu democrático, y excesivamente atento al ambiente de los dignatarios castellanos de la Monarquía, etc. En los tribunales del periodo rojo destacó notablemente la inquina contra el cardenal Vidal y Barraquer…Baste observar que una de las peores acusaciones contra párrocos y sacerdotes era ser obedientes al cardenal, leer a los fieles las pastorales del cardenal; estos actos, que los rojos consideraban graves delitos, solían ser materia de interrogatorio en las declaraciones y causa de graves penas. El mejor mérito que un sacerdote hubiera podido alegar entonces ante los tribunales rojos habría sido mostrar desafecto al cardenal y, aun mejor, rebelde al Cardenal Vidal y Barraquer”.

    Esto no lo puedo olvidar ningún biógrafo veraz y honrado sobre el Cardenal Vidal y Barraquer.

    Amor a España de Vidal y Barraquer

    Sería un desconocimiento total de la actuación del cardenal Vidal y Barraquer paliar o poner en duda la grandeza de su amor a España. Su linaje familiar está entroncado con los Sales y los Amenós, padres de Ramón Sales Amenós, carlista, fundador y jefe nacional de la Confederación Nacional de Sindicatos Libres de España, que el cardenal tanto distinguió por cuanto siendo todavía canónigo, le ilusionaba queRamón Sales Amenósfuera sacerdote.

    La grandeza de su amor a España está constatada por estos datos que registra el “Boletín” antes citado. Textualmente reproducimos: “De acuerdo con la doctrina católica, la piedad del cardenal Vidal y Barraquer no tiene un solo objeto, Dios; se extiende a la Patria. El amor a España es una de las características de su personalidad. Hombre lleno del espíritu de Dios, sacerdote rebosante del espíritu de Cristo, profesó siempre intenso amor a España, y amor hasta grandes, ocultos y heroicos sacrificios, a imitación de Cristo, que amó su patria, trabajo por ella y lloró sus desventuras. Difícilmente nadie habrá podido aventajarle en amor a España”.

    Con visión clara distinguió siempre los conceptos de patriota y patriotero, y los de patriotismo y política. Vivió siempre alejado de la política; a menos que se llame “intervenir en política” o “meterse en política” al ejercer con celo sus oficios de ciudadanía y patriotismo en el Senado y demás planos elevados adonde le llevó su cargo de senador por derecho propio, y demás oficios peculiares de un príncipe de la Iglesia, en una nación cuyos gobernantes católicos solicitaban, en tiempos de la Monarquía, su colaboración a consejos; a menos que se llame“intervenir en política” al propugnar con tesón los derechos de la Iglesia, la independencia y libertad que le concedió Cristo al fundarla; al reclamar sus bienes legítimos; al vindicar su honor; al recordar a gobernados y gobernantes los deberes propios del lugar que ocupan; en una palabra, al defender como sacerdote y como obispo el altar, cuando al altar llega la política para profanarlo con los atentados de la soberbia humana o para destruirlo al impulso del sectarismo diabólico. Pero, aunque alejado de la política, profesó siempre intenso amor a España y se mostró siempre perfectísimo cumplidor de todos los deberes patrióticos con elevadísimo espíritu. Insistió con gran tesón en que el amor a la tierra donde se ha nacido, amor que Dios infundió en el corazón del hombre, y del cual nos da ejemplo Jesucristo, ha de subordinarse siempre el amor a España, como laparte debe subordinarse al todo.

    Muchos tarraconenses pueden recordar todavía (1968) cierta frase, que es todo un lema de acción patriótica, pronunciada por el cardenal en ocasión memorable. Cuando el cardenal regreso de Madrid en marzo de 1921, impuesta ya la birreta cardenalicia por Su Majestad el Rey, celebróse brillante recepción en el Ayuntamiento de Tarragona. El alcalde, señor Segura, en sentida salutación, recordó el abrazo que el Rey dio al cardenal; y dijo que aquel abrazo simbolizaba el abrazo del Rey a Tarragona y Cataluña. El cardenal contestó brevemente y, entre otras cosas, como rectificando o encauzando los conceptos del alcalde, dijo: “Seamos todos uno en España para hacerla grande, fuerte y gloriosa”. De acuerdo con este lema fue siempre toda la actuación del Cardenal Vidal y Barraquer en el aspecto patriótico, sin que pueda citarse un solo gesto, un solo acto, una sola palabra contraria a esta afirmación, sin faltar a la verdad.

    Véanse sus explícitas y valientes manifestaciones en documentos y en discursos. Circulares con motivo de la guerra de África y de las glorias del Ejército español (agosto y septiembre de 1921, junio de 1922, diciembre de 1926 y septiembre de 1927); instrucciones profundas sobre los deberes cristianos para con la Patria (marzo de 1924, marzo de 1925); circulares con motivo del XXV aniversario del Rey, del cumpleaños setenta de la Reina Madre y del fallecimiento de la misma (abril de 1927, junio de 1928 y febrero de 1929); sobre cooperación a la construcción de la Ciudad Universitaria de Madrid (mayo de 1927); circulares y documentos con motivo del nuevo régimen de la República, en los cuales con claridad de exposición y con gran cariño al bien de España expuso la doctrina católica y las normas pontificias que debían cumplir los católicos para conseguir el resurgimiento de la Patria (mayo de 1931, junio de 1931, julio de 1931, septiembre de 1931, enero de 1932, mayo de 1932, noviembre de 1932, mayo de 1933, etc.), cuyo desconocimiento, olvido e inobservancia llenó nuestra Patria de sangrientas desventuras.

    Entre sus discursos, rebosantes de patriotismo netamente español, merecen ser citados, los que pronunció en marzo de 1921, en el acto de la imposición del solideo cardenalicio, en una velada del seminario, y en Roma al posesionarse del título cardenalicio de Santa Sabina; su intervención pastoral y patriótica, en el Senado, en junio de 1922; el que pronunció el 22 de septiembre de 1923, en la fiesta del “Concurso de Aprendices” de Tarragona, recordándoles el deber de amar y servir a España, y el de amar el trabajo para engrandecer a España; el que pronunció en 1924, con motivo del homenaje que le ofreció la ciudad y archidiócesis; su discurso en 1924, en el Palacio de Bellas Artes de Barcelona con motivo de una gran fiesta de afirmación patriótica y de homenaje y desagravio al Rey, discurso que terminó con estas expresivas palabras: “Si el amor que profeso a estos ideales hubiese de ser rubricado con la sangre de mis venas, yo haría gustoso el sacrificio de mi vida por la armonía, paz y engrandecimiento de España, bajo la soberanía de nuestro Rey católico. Y en otro discurso, el de clausura del Congreso Misional de Barcelona, recordó admirablemente hechos y hombres españoles.

    Y en otro notabilísimo discurso, el de clausura de la Semana Social de Madrid, discurso que la Asociación Católica de Propagandistas publicó en numerosa tirada para su mayor difusión, dijo nuestro cardenal al empezar: “Aunque hartas pruebas tengo dadas, inequívocas, de amor a España, no he querido desaprovechar esta oportunidad para unirme a vosotros, para fundirme con vosotros al calor de la caridad de Jesucristo y al amor de la Patria, en el momento en que aquí, en la ciudad cabeza del Estado, con tanta competencia y diligencia os habéis estado ocupando, en concienzudo estudio, de la crisis moral, social y económica que hoy aqueja al mundo, todo, y en algunos de sus aspectos, con no menor, y acaso con mayor gravedad que otros, al pueblo español, del cual todos somos miembros, y al cual todos, por inclinación y por deber tan entrañablemente amamos”.

    Nótese que el cardenal pronunció estas palabras el día 22 de octubre de 1933, fecha en la cual la República elaboraba la disgregación política de España, la ruptura de su unidad, si ya no la había consumado. El cardenal Vidal y Barraquer fue el primer arzobispo de Tarragona que mitigó discretamente el rigor de aquellas disposiciones de los Concilios Provinciales que prohibían, aun con graves sanciones, la predicación y catequesis en castellano, no solamente en la archidiócesis, sino en toda la provincia eclesiástica. Sus disposiciones, mesuradas, llenas de espíritu pastoral y de sentido patriótico, con miras al mayor provecho espiritual de los fieles castellanos, y que fueron objeto de acuerdos colectivos en Conferencia Eclesiástica de los obispos sufragáneos, se vieron más tarde robustecidos por normas de la Santa Sede, el año 1929, después de diligente y minuciosa investigación por el excelentísimo señor Nuncio Apostólico que en aquellos tiempos representaba a la Santa Sede en España. (…)

    En 1923, al instaurarse la Dictadura Militar de Primo de Rivera, el Cardenal Vidal y Barraquer publicó una circular, rebosante de amor a España, ordenando rogativas “para que Dios proteja la patriótica labor del Directorio Militar”, como antes los había ordenado en favor del Ejército español.

    El cardenal Vidal y Barraquer tuvo siempre en gran estima los altos valores de España en las Bellas Artes y en las letras; y con vivos sacrificios para él y para el arzobispado estimuló y amparó especiales estudios en archivos y bibliotecas de Castilla, con tanto éxito que conquistaron para sus estudiosos lugares honoríficos en Universidades y en Reales Academias españolas.

    Entre la correspondencia del cardenal, densa y abundante, pueden admirarse testimonios numerosísimos del reconocimiento de su amor a España por parte de las más altas personalidades. Militares de alta graduación, generales y capitanes generales, que hacen elogios “de sus sentimientos patrióticos de que tantas pruebas tiene dadas”; ministros de la Corona que califican de “completamente gratuita e inicua” la suposición de su desamor a España; recomendación del Rey al presidente de ministros para que atienda en todo al cardenal, “pues se merece todas las consideraciones”; elogio cálido del patriotismo español de nuestro cardenal por la infanta doña Paz, tía de don Alfonso XIII, quien en 1938 dijo: “Jamás España podrá admirar y agradecer bastante lo que por ella ha hecho el cardenal Vidal y Barraquer”: testimonios son éstos muy elocuentes del acendrado amor del cardenal a España, sin menoscabo del amor debido, por natural instinto, a la tierra sobre la cual Dios le impuso deberes de sacerdotal paternidad.

    Contrastan con estos elogiosos testimonios, el odio y persecución que le profesaron los enemigos de Dios y de España.

    Es de esperar que ningún historiador honesto “olvide” estos aspectos tan fundamentales en la actuación pastoral del cardenal Vidal y Barraquer.

    Desfiguración sectaria del cardenal

    Es indudable que existe una auténtica conspiración para desviar y enfrentar la figura del cardenal Vidal y Barraquer con el resto del Episcopado español. Así, el santón laico e ilustre britanizado Salvador de Madariaga, en su libro “España”, cuarta edición, pág. 463, insidiosamente se permite decir que si hubiera sido arzobispo de Toledo el cardenal Vidal y Barraquer en vez del cardenal Segura, “ni quizá hubiera tomado la política republicana el giro anticuadamente anticlerical que tomó más tarde”. Menos mal que quiere salvarse con el discreto “quizá”…

    Las Declaraciones Colectivas del Episcopado español, en diciembre de 1931 y en junio de 1933, fueron firmadas y encabezadas por el cardenal Vidal y Barraquer. ¿Qué caso le hicieron los gobernantes republicanos que hoy atribuyen les era entonces adicto?

    Circula en el exilio de los rojos españoles y separatistas un panfleto calumnioso, de una bilis infecta contra Pío X y Pío XII, entre otros, escrito por el sacerdote que se firma Juan Comas, recientemente fallecido (1968), y que ha merecido el panegírico de cierta revista monástica. Los elogios y el partidismo político que atribuye al cardenal Vidal y Barraquer ciertamente son muy desgraciados, falsos y cargados de sinrazón tan manifiesta, que es sólo admisible en quien sufriera un auténtico ataque de “delirium tremens”. Tan enfermizo mamotreto tiene por título “L’Esglesia contra la República Espanyola”, que en estos días merece la publicidad del semanario anarquista francés “Espoir” y “Le Combat Syndicaliste” (22 de agosto de 1968).

    También caen en esta pendiente “El Correo Catalán”, del 3 de octubre (1968), y el reverendo Ramón Muntanyola, en su alocución por Radio Reus, del 13 del pasado septiembre. Al aludir a que el cardenal Vidal y Barraquer no aceptara una condecoración que le ofrecía el presidente de la República, no basta recordar su respuesta en que decía que “la mejor condecoración para adornar el pecho de un prelado es la cruz pectoral”, comentando a continuación el reverendo Muntanyola que “siempre tuvo un gran cuidado de no hipotecar su conciencia episcopal”, si no se completa el dato histórico con lo que el cardenal dijo a Alcalá Zamora: “Gracias, señor Presidente; pero cónstele a Vuestra excelencia y a su Gobierno que el cardenal de Tarragona jamás aceptará una condecoración concedida por un Gobierno perseguidor de la Iglesia”. “El Correo Catalán” como el reverendo Ramón Muntanyola escamotean deliberadamente, ¡Dios sabe con qué intención!, precisamente lo que da sentido al rechazo concreto en este caso de una condecoración.

    Si la biografía que se anuncia pone un velo a la persecución sufrida por el cardenal Vidal y Barraquer gobernando en Cataluña la “Generalitat” de Maciá y Companys, su amor a España y las interpretaciones mutiladas y con acentos subjetivos harto discutibles, tendremos un novelón o un libelo, pero no una biografía del cardenal Vidal y Barraquer.

    La advertencia del canónigo Miguel Melendres tiene mucha miga, visión y garra: “El que quiera brindar a Tarragona, a Cataluña, a España, al mundo una biografía digna del cardenal, ha de mojar la pluma en un tintero de cristal muy transparente. y desapasionado. Admiración y cariño, cuanto se quiera, pero desde la altura impersonal donde no soplen vientos de filias ni de fobias. Que no fueron jamás, ante todo las últimas, los aires del cardenal Vidal”. Así lo escribe y previene en “La Vanguardia” del 3 de octubre de 1968. Por algo será.

    Prisión y liberación de Vidal y Barraquer

    Cuando la subversión roja, en julio de 1936, el cardenal Vidal y Barraquer, con su obispo auxiliar, excelentísimo y reverendísimo doctor don Manuel Borrás y Ferré, para su seguridad, se refugiaron en el monasterio de Poblet. Allí fue detenido el cardenal y encarcelado en Montblanch. Denunciado por don Eduardo Toda, el doctor Borrás también fue encarcelado en la misma prisión de Montblanch, aunque permaneciendo incomunicados. José María Fontana, en su libro “Los catalanes en la guerra de España” -que merecería una edición remozada-, afirma: “Algunos personajes en peligro fueron salvados por intervención oficial, como, por ejemplo, el cardenal Vidal y Barraquer, que, con el obispo auxiliar, doctor Borrás, hallábase refugiado en Poblet. Creo que, en este caso, fueron las presiones italianas, acertadamente aprovechadas por la buena disposición de Ventura Gassol, las que decidieron el salvamento de la primera de ambas personalidades, a duras penas rescatada de las manos del Comité de Montblanch, según se deduce del acta de entrega que pude conocer años después”.

    En el libro “Víctimas sacerdotales del arzobispado de Tarragona durante la persecución religiosa de 1936 a 1939” se constata que el señor Guitert, con el diputado señor Soler y Pla, arrancaron del poder de las turbas al señor cardenal. El “Boletín” anteriormente citado nos dice que el “cónsul de Italia, a cuyas valientes gestiones se debió una rapidísima reclamación diplomática de la Santa Sede, y la orden de embarque, por parte del Gobierno de Italia, para conducirle a Génova y salvar así su vida”. Antes de terminar el mes de julio, el cardenal Vidal y Barraquer, liberado, se encontraba en la Italia fascista de Mussolini. Suponemos que los biógrafos no olvidarán estos detalles.

    La Pastoral Colectiva del Episcopado español, de 1 de julio de 1937

    Mientras tanto, permanecía en la cárcel de Montblanch el doctor Borrás. El cardenal Vidal y Barraquer pasó por la gran pena de obtener su liberación y poder escapar con vida, ya que como dice el reverendo doctor don Luis Carreras, en su libro “Grandeza cristiana de España”, al obispo auxiliar de Tarragona no pudieron ya llegar esfuerzos ni buenas voluntades para librarle de la prisión de Montblanch. “En el Coll de Lilla fue vilmente fusilado y quemado” (pág. 42). Era el día 12 de agosto de 1936. Tras el obispo auxiliar fueron asesinados en Tarragona otros 134 sacerdotes. El recuerdo de que no le pudiera acompañar su obispo auxiliar, el martirio de sus sacerdotes y el destrozo de las iglesias del arzobispado de Tarragona y de toda la España roja fueron la horrible pesadilla del cardenal Vidal y Barraquer hasta la hora de su muerte.

    Todos conocemos la definitiva Carta Colectiva del Episcopado español del 1 de julio de 1937, con la que, a la par de las alocuciones de Pío XI y Pío XII, el magisterio eclesiástico dictaminó sobre la contienda española, en un documento que mereció la adhesión de más de 1.200 obispos del orbe católico.

    Esta Carta Colectiva no fue firmada ni por el cardenal Francisco Vidal y Barraquer ni por el obispo de Vitoria, monseñor Mateo Múgica. En torno a este hecho se han querido hacer conjeturas de diversa índole. Jamás se podrá suponer que el cardenal Vidal y Barraquer estuviera de acuerdo con los asesinos de su obispo auxiliar, hermanos en el Episcopado, sacerdotes y seglares, asesinados por el mero hecho de ser católicos. Sería la peor injuria que se podría hacer al cardenal.

    Tampoco vale aventurarse con imaginarias hipótesis de que el cardenal intentara un armisticio imposible, pactando con el comunismo, ya que en la famosa alocución de Pío XI, el 14 de septiembre de 1936, se dice explícitamente: “Es oportuno y, sobre todo, necesario, y para Nos obligado, el poner en guardia a todos contra la insidia con la cual los heraldo de las fuerzas subversivas buscan el modo de dar lugar a cualquier posibilidad de acercamiento y colaboración de la parte católica, distinguiendo entre la ideología y la práctica, entre las ideas y la acción, entren el orden económico y el orden moral: insidia sumamente peligrosa, buscada y destinada únicamente para engañar y desarmar a Europa y al mundo, favoreciendo así los inmutados programas de odio, de subversión y de destrucción que les amenazan”. El cardenal Vidal y Barraquer no podía pensar contradictoriamente a Pío XI.

    ¿Cuál fue la verdadera causa de que el cardenal Vidal y Barraquer no firmara la famosa Carta Colectiva? Nos lo aclara el conocido periodista Aurelio Roca en la revista “El Bruch”, de diciembre-enero de 1958, página 5, al certificar, sin que nadie haya podido ni pueda refutarle: “El cardenal Vidal y Barraquer…, por testimonio del fallecido e ilustre abad de Montserrat, Dom Antonio María Marcet, me contó que fue el que aconsejó repetidas veces a la Secretaria de Estado de la Santa Sede que ésta reconociese al Gobierno del Generalísimo Franco y, por consiguiente, a la España Nacional, consiguiendo su objetivo y ordenando a los obispos catalanes que habían podido huir de la zona roja que estampasen su firma en la Pastoral Colectiva del Episcopado español”.

    Esta actitud del cardenal era coherente con la misma actitud que durante la República tuvieron los obispos españoles, en cuyos documentos antes citados era él el primer firmante. Amigo y confidente del cardenal Vidal y Barraquer, como era el doctor Luis Carreras, escribe: “El episcopado español, durante la República, mantuvo una actitud ejemplar, en que no faltó la prudencia ni la fortaleza apostólicas; durante la guerra, su actuación ha sido dictada por el celo intenso hacia los altos intereses de Dios y de la Patria, y por un profundo conocimiento de la realidad. Ni tuvo antes jerarcas políticos, ni ahora prelados bélicos. El cardenal Gomá destacóse siempre por su convivencia... Los obispos españoles (pueden) esperar confiados el juicio de la historia. El del Papa no les faltó jamás durante estos siete años de dura prueba; todavía recientemente ha sido proclamado en la Carta del cardenal Pacelli al cardenal Gomá sobre la Carta Colectiva y su acogida por el episcopado de todo el mundo”.

    El cardenal Vidal y Barraquer, identificado con la Santa Sede, con sus hermanos los obispos españoles y los obispos del orbe católico que tan elocuentemente se identificaron con la Carta Colectiva, por razones de interés supremo dictadas por únicamente quien así podía disponerlo, dejó de firmar -alentando a que firmasen, como personalmente nos dijo su íntimo amigo el obispo de Gerona, doctor Cartañá- por si, por una trágica necesidad, que Dios no permitió, hubiera sido necesaria dicha postura y la del obispo de Vitoria. “Cuando, ilusionados por la vía del regreso, sentía más vivos los afanes de reintegrarse a su sede tarraconense, el Señor le llamó a la gloria de los bienaventurados. Murió repentinamente, mientras se encontraba, en periodo de reposo, en Suiza. Era el 13 de septiembre de 1943”, nos dice monseñor Ramón Muntanyola.

    Este es nuestro homenaje a la memoria del cardenal Vidal y Barraquer. Creemos incompleto su homenaje si no se recuerda la carta de Ruego y Encargo del Jefe del Estado, el Caudillo Franco, en virtud de la cual se celebraron funerales en todas las catedrales, colegiatas y parroquias de España.

    Suponemos que los biógrafos no pasarán por alto tan significativas honras fúnebres
    .

    Al recordar al cardenal Vidal y Barraquer, esperamos que el clero del arzobispado de Tarragona lo completará recordando al santo obispo mártir doctor Borrás y a los 134 sacerdotes diocesanos asesinados.

    Y ya es hora de que Tarragona, con España entera, a esta oportunidad del centenario del nacimiento del cardenal Vidal y Barraquer unan el tributo de gloria inmarcesible que merece el mejor sacerdote y teólogo que ha tenido Tarragona en estos tiempos: el cardenal Gomá. Entonces, y sólo entonces, el homenaje al cardenal Vidal y Barraquer -su obispo consagrante- tendrá su exacta y definitiva proyección.

    Jaime TARRAGÓ

    Última edición por ALACRAN; 10/11/2023 a las 14:02
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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