Cosas que se pueden hacer en verano: uso de prismáticos
Inicialmente había pensado que este tema tenía que haberlo abierto en el Foro de Tertulia, y parece hasta lógico pues se trata de hablar de unos entretenimientos veraniegos. Pero la razón de cambiar de idea obedece a que los contenidos reales, aun no pasando de práctica de posibles aficiones, lo cierto es que detrás de dichas actividades hay ciencias muy concretas.
El punto de arranque es disponer de prismáticos. Ese instrumento que suele tener mucha gente metido en el fondo de "algún" cajón y que nunca se acuerda uno de usar para algo. A veces, nos cae alguno por "herencia", regalo, o sorteo en la tómbola. Pero lo que es usarlos es cosa de chiflados o "vaya usted a saber".
No propongo a nadie que si no los tiene, y con la que está cayendo en economía, se gaste un dinero para hacerse con alguna unidad. Lo que propongo es que quien los tenga en ese fondo de cajón los saqué, limpie la montura (el cuerpo mecánico) dejando quietas todas las lentes, y llegada la noche los ponga delante de los ojos y levante la vista entre el Este y el Oeste mirando hacia el Sur. En esa posición está la Vía Láctea y más de uno se quedará con la boca abierta de lo que podrá ver.
Pero ahora hay que considerar ya la parte más empírica. En principio, se suele afirmar que no todos los prismáticos sirven para Astronomía. Bien, es una afirmación bastante generalizada que en boca de gente experta tiene su motivación. Pero antes habría que precisar ¿qué se entiende por Astronomía? Hay dos opciones, o la meramente contemplativa como una actividad interesante, curiosa, bonita y agradable para practicar en verano, de lo que hablamos ahora mismo; o la que aspira a tener una praxis mucho más rigurosa al alcance de muchos aficionados, pero que incluye la posibilidad de hacer cálculos matemáticos (p. ej., Astronomía de posición, o estimación de magnitudes relativas, etc.), llevar a cabo registros y anotaciones rigurosas de lo que se observa.
Obviamente, la más sencilla, fácil y sin complicaciones especiales, es la primera versión u opción. Ahora es cuando podemos determinar si unos prismáticos pequeños valen o no para dicha práctica. La realidad es que quienes no tienen muchos conocimientos, la Luna suele ser el primer y favorito objeto a observar. Y eso se puede hacer con prismáticos del orden 8x21 u 8x25. ¿Qué son estas cifras? La primera, en estos casos 8X indican los aumentos, y las segundas cifras, el diámetro de los objetivos expresados en milímetros (21 mm y 25 mm). Y estos son dos ejemplos de instrumentos pequeños (no he mencionado Marca alguna).
¿Pero qué los hace útiles para "algunas" prácticas de observación? Pues su capacidad de captar luz. Todos estos instrumentos (prismáticos, telescopios, microscopios, lupas, etc.) son captadores de luz. ¿En relación a qué? pues aunque pueda parecer obvio la gente no suele saberlo, en relación a la pupila humana. Y este aspecto técnico, no tiene a priori nada que ver con el número de aumentos, y digo "a prior". Unos prismáticos de 21 mm de diámetro captan 9 veces más cantidad de luz que el ojo humano. O sea, se pueden ver 9 veces más de detalles que a simple vista. Y si hablamos de 25 mm los efectos son de 12'75 veces más, es decir, un 30% más de capacidad.
Naturalmente, las cifras siempre son teóricas pues hay factores limitantes: edad del observador, estado de su capacidad visual, lugar en el que se observe (no tiene nada que ver intentar observar la Vía Láctea desde la terraza del quinto piso en pleno centro de la ciudad, que tumbado sobre el suelo a 1.800 metros de altitud en Los Pirineos.) Luego, influye todo si esos prismáticos se consiguieron de regalo con alguna revista (o sea se pueden tirar a la basura ya) o si se trata de un instrumento con ópticas ED (de baja dispersión) y las lentes interiores tienen tratamientos de fluorita (casi hay que ir al Banco a pedir un crédito).
Pero lo idóneo es que el instrumento esté entre las siguientes relaciones: 8X30, 8x40, 7X50 y 10X50. Con estas otras medidas la cosa empieza a ser distinta. Así, los 30 mm nos proporcionarán 18'3 veces más; los de 40 son 34 veces, y los de 50 mm ya son 51 veces más capacidad que el ojo. Si este verano, en el pueblo, en la playa (que no esté muy iluminada, claro), en la montaña, en algún país más o menos exótico, echamos un vistazo a ojo desnudo y exclamamos eso tan común de ¡fíjate qué cielo hay esta noche!, intentemos imaginar cómo será ese cielo visto con 51 veces más de capacidad y a 10X... Aunque no se tenga una carta celeste, se puede disfrutar enormemente de un espectáculo increíble gratuito. Por cierto, las cartas se pueden descargar de un buen número de sitios en la red sin más coste que el del papel y tinta de la impresora de casa. Si fuera necesario podría poner algún enlace que otro.
Quedan muchos aspectos que tocar aquí, pero inicialmente he preferido tocar sólo la parte más fácil y directa. Hoy, ahora mismo, ya se puede poner en práctica.
Última edición por Valmadian; 03/07/2013 a las 22:43
"He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.
<<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>
Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.
Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."
En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47
Nada sin Dios
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