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Tema: Mons. Asenjo prohíbe al padre Santiago González escribir y publicar homilías

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Hyeronimus Mons. Asenjo prohíbe al padre... 02/02/2015, 13:51
Hyeronimus Re: Mons. Asenjo prohíbe al... 04/02/2015, 14:08
Donoso Re: Mons. Asenjo prohíbe al... 04/02/2015, 14:53
juan vergara Re: Mons. Asenjo prohíbe al... 05/02/2015, 18:14
Hyeronimus Re: Mons. Asenjo prohíbe al... 13/02/2015, 18:33
juan vergara Re: Mons. Asenjo prohíbe al... 14/02/2015, 00:48
Hyeronimus Re: Mons. Asenjo prohíbe al... 15/02/2015, 17:34
Hyeronimus Re: Mons. Asenjo prohíbe al... 15/02/2015, 17:44
  1. #1
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    Re: Mons. Asenjo prohíbe al padre Santiago González escribir y publicar homilías




    El padre Santiago sigue teniendo prohibido escribir


    En relación con esta información que publica nuestro querido amigo Francisco José Fernández de la Cigoña, se ha generado una confusión -no imputable al autor de la información- que lleva a pensar que al padre Santiago se le ha levantado la prohibición de escribir. ESTO NO ES ASÍ, LA PROHIBICIÓN SIGUE VIGENTE.

    El caso que comentan es relativo a otra cuestión que dirimía con el arzobispado, que se ha acreditado como rotundamente falsa, y totalmente ajena a la suspensión de escribir, lo cual se acredita por el hecho de que archivada la causa a la que alude la información, la prohibición de tener actividad en la red continúa operativa.


    Así pues es preciso confirmar que el padre Santiago sigue teniendo prohibido escribir en la red y publicar homilías.

    Desde aquí esperamos que ambas partes sean capaces de reconducir esta situación.


    Adelante la Fe


    El padre Santiago sigue teniendo prohibido escribir | Adelante la Fe

  2. #2
    Avatar de juan vergara
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    Re: Mons. Asenjo prohíbe al padre Santiago González escribir y publicar homilías

    Sería viable juntar firmas pidiendo por el Padre Santiago o algo así?
    Es hora de decir basta a las arbitrariedades y despotismos de estos necios con poder.

  3. #3
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    Re: Mons. Asenjo prohíbe al padre Santiago González escribir y publicar homilías

    Como dice la nota de Adelante la Fe que posteé ayer, efectivamente, la prohibición sigue vigente (tampoco le permiten decir Misa Tradicional, aunque creo que en su parroquia ha dicho misas de cara a Dios y no al pueblo). La rehabilitación del padre Santiago González tenía que ver con unas gravísimas acusaciones de las cuales gracias a Dios se demostró su inocencia. Acusaciones originadas por la envidia de elementos progres en el clero enemigos de todo lo que huela a Tradición. Reproduzco a continuación un par de artículos del blog de Francisco José Fernández de la Cigoña, el principal blog de chismes eclesiásticos en España. No suelo asomarme mucho por ese blog, que sin ser propiamente progre es a veces bastante flojo desde el punto de vista tradicional. Pero traigo aquí esos artículos porque arrojan bastante luz sobre el asunto, aunque para mí que pecan de optimistas y da un excesivo margen de confianza al Arzobispo. Es todo un culebrón. Pasen y vean.



    Ya me he enterado del thriller de Sevilla. En el que incluso había un muerto que era un vivo

    By De la Cigoña / on 14 febrero, 2015 at 4:01 pm /



    Es tan inverosímil, abracadabrante, tragicómico, hilarante, menoscabante también para la diócesis, que me ha costado digerirlo.

    Un profesional acreditado, tan acreditado que se ha cargado la falsa acusación contra un sacerdote en poco más de horas veinticuatro, me hace llegar un informe que, no sólo restituye a un sacerdote el honor que habían querido mancillar, y el arzobispo tiene obligación moral de sancionar conductas sacerdotales próximas e increíbles, sino que, además, debería hacer reflexionar a la Iglesia, desde los obispos al mismo Papa, que muy bien la tolerancia cero, e incluso hasta -273 grados centígrados, pero sólo en los casos que se lo merezcan. Porque no hay derecho a arrojar a los pies de los caballos el honor sacerdotal de sus presbíteros sin más base que la de una acusación que, por lo menos, antes de tomar medidas, debería comprobarse si tienen alguna verosimilitud. Y las de Sevilla eran tan endebles que deberían haber tenido más comprobación.

    Recientemente un sacerdote de Mallorca fue absuelto, civil y eclesialmente, de unas falsas acusaciones. Que parece ser que tuvieron origen en otro sacerdote que de momento, según creo, se ha ido de rositas. En Sevilla acaba de ocurrir un caso semejante. Con cura denunciador. Y todo ha sido un thriller sin muerto. O sin thriller. Porque el muerto estaba vivo. Hay que reconocer que escándalo con muerto, en Granada según dicen todo es posible, no había ocurrido, que yo sepa, hasta que ahora apareció el cadáver, inexistente, en Sevilla. Puedo entender que con los antecedentes, con Papa incluido, ocurridos en Granada, en Sevilla se fueran por la pata abajo. Pero en casos así en mis tiempos servía el Tanagel y hoy seguro que hay remedios más efectivos.

    Necesito algún tiempo para digerir la tan increíble historia. Mañana o pasado se la contaré. Y se van a quedar asombrados.



    Ya me he enterado del thriller de Sevilla. En el que incluso había un muerto que era un vivo - Infovaticana
    Última edición por Hyeronimus; 15/02/2015 a las 17:46

  4. #4
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    Re: Mons. Asenjo prohíbe al padre Santiago González escribir y publicar homilías

    Un suicidio en Sevilla sin muerto

    in cigona / by De la Cigoña / on 15 febrero, 2015



    No soy periodista. Soy abogado y licenciado en Ciencias Económicas. Aunque he escrito miles de artículos en medios impresos y digitales. Seguramente más de diez mil. Mi “periodismo” es de opinión, sobre noticias o informaciones que me llegan, y no de investigación. Pero recientemente me he visto metido en ese campo que me parece apasionante, y os voy a dar cuenta de ello. Y digo que me he visto metido porque no lo busqué yo. Me buscaron. Y me encantó la experiencia. Aunque no para repetirla. Lo mío es otra cosa.


    La persona que me facilitó la carta que Don Santiago González escribió a compañeros suyos con motivo de haberse declarado falsas las acusaciones vertidas contra él, me comunicó hace un par de días que persona conocedora de todos los hechos estaba dispuesta a contármelos pero que tendría que ser personalmente. Y a Sevilla me fui. De entrada sabía que iba a valer la pena pues mi amigo no me iba a embarcar en un viaje sin sentido aunque fuera tan cómodo como lo hace el AVE entre la capital de España y la de Andalucía.


    Y ese relato es el que os voy a contar. Verdaderamente alucinante. A mí me dejó con los ojos a cuadros. ¿Realmente pueden ocurrir esas cosas? Pues ocurrieron. Seguramente habrá alguna imprecisión en detalles secundarios. Excuso decir que si Don Santiago González quiere puntualizar algún extremo tiene esta página abierta a lo que quiera añadir o corregir. Pero lo sustancial es lo que os voy a relatar. No digo al lector que se siente pues doy por hecho que me lee sentado pero es que es para estar sentado.


    Un sacerdote sevillano, con cargo en la curia diocesana, se presenta en el arzobispado con unas acusaciones gravísimas contra Don Santiago González. Aporta unos correos electrónicos y un cadáver. Una persona, varón, dirigido espiritualmente por el sacerdote denunciado, ante el rigor del director, que le imponía durísimas penitencias, y que además le habría solicitado sexualmente, se había suicidado. Se entiende el pánico y la consternación en la curia y más todavía con el arzobispo ausente. El acusado es llamado con urgencia a palacio y, ante lo que le exponen, responde, asombrado, que no conoce de nada al muerto y que no está entre las personas a las que dirige espiritualmente. Que tampoco son muchas por lo que puede dar los nombres de todas.


    Y con eso comienza un tristísimo y abracadabrante episodio en el que la archidiócesis no va a quedar bien parada. El pánico no es buen consejero y antecedentes como el de Granada lo agravan. Aunque en este caso no hubiera menor de edad. Y sin la mínima consideración sobre la verosimilitud de los hechos suspenden cautelarmente a Don Santiago de su ministerio sacerdotal. De nada valen sus negativas sobre los hechos ni la más fundamental de las mismas. Que no conocía de nada al suicidado.


    Entiendo la medida adoptada, comprendo también que la mayor parte de los imputados en hechos análogos niegan su participación, pero lo que no se entiende bien, incluso con el precedente de Granada, es que no se hiciera un siquiera somero análisis de la base de la acusación. ¿Esos correos electrónicos procedían del acusado? ¿Tenían su IP? ¿Eran mínimamente creíbles? ¿Había de verdad un cadáver?


    Los obispos tienen que considerar que si a la primera acusación contra alguno de sus curas los suspenden en sus ministerios, pueden quedarse en días sin curas. Es necesario tomarse un tiempo para analizar si lo que se les imputa tiene un mínimo de credibilidad. Aun a riesgo de que el imputador escriba al Papa y éste le responda. Aunque también entiendo el pánico. Menos la comodidad. Suspendido y ya se verá. Porque tampoco es eso.


    Tan tremendas acusaciones se disolvieron en cuestión de un mes. Algo menos. Un mes de angustia en el falsamente imputado, de días y noches de lágrimas impotentes ante la injusticia y de oraciones desgarradas a Dios. Y con la agravante de que, además. Se estaba muriendo su padre. La persona con la que me entrevisté, y no el Vicario General, que era el encargado del proceso, fue la que descubrió que no había cadáver. Que el suicida estaba vivísimo y que ni conocía a Don Santiago González ni había intervenido para nada en ningún tipo de correos electrónicos al respecto. Los correos electrónicos eran todos fruto de una persona que se los dirigía a sí misma y que contaban una historia que sólo existía en su imaginación.


    Con lo que el arzobispado había quedado como Cagancho en Almagro. Y el cura denunciante, cuyo nombre y cargo por supuesto conozco, todavía mucho peor.
    Como poco, de tonto del bote, por creerse un montaje sin pies ni cabeza e ir con él, como correveidile al arzobispado. Y si lo que le movía era el odio contra el acusado no voy a poner aquí el calificativo que tengo en la mente, me limitaré a llamarle miserable.


    Quiero suponer que a semejante sujeto, por bobo integral o por malvado, que ha dejado al arzobispado, y de rebote al arzobispo, en ridículo, le aplicarán un congruo correctivo. Y dejará su cargo curial, de notable importancia, por alguna parroquia de la sierra. De sujetos así cuanto más lejos, mejor.


    Y también espero que Don Juan José Asenjo, que se ha encontrado con que lo que parecía una tragedia no era más que un ramplón vodevil, en el que los muertos aparecen y desaparecen y las pruebas no eran más que un burdo montaje del que se debieron dar cuenta los también bobos que se tragan cualquier cosa, cierre de una vez esta historia que le ha crecido sin regarla. Y que levante una prohibición de escribir que si podía tener sentido mientras se incoaba el proceso correspondiente, al cesar éste por la falsedad de las pruebas, no tiene ya el menor sentido.


    Si Don Santiago González, escribiera textos contrarios a la fe o a la moral de la Iglesia, repréndale el arzobispo del modo que proceda en derecho, al igual que a aquel otro clérigo que incurriera en análogos motivos. En otro caso no se entendería bien la persistencia de la prohibición. Que ya bastante daño le ha hecho la archidiócesis con la suspensión sin el menor motivo para ella y de la que se ha tenido que desdecir. Don Juan José tuvo ya un detalle importante con el sacerdote tan injustamente acusado. Acudió a presidir el funeral por su padre. Estoy seguro de que, habiendo cesado ya los motivos que podrían justificar el silencio sobre la situación, cesará en breve la prohibición de publicar. No tiene el menor sentido reproducir en Sevilla una cuestión tan discutida como la de los Franciscanos de la Inmaculada.


    P.D.:

    Pues ahora me consta, por comunicación de mi corresponsal, que el sacerdote falsamente acusado perdonó inmediatamente a la autora de tan tremendo desaguisado que tanto le hizo sufrir. Lo de la amenaza de acudir a los tribunales pienso que fue un calentón tras un mes de tamaño sufrimiento. La amenaza del Vicario general será aceptable jurídicamente pero me parece tan inapropiada en uno de los protagonistas del esperpento que le retrata. Por RD me entero de de que las facultades de la autora de todo son, digamos, delicadas, cosa que me confirma mi corresponsal. ¿El correveidile, que en mi opinión ha quedado fatal, conocía ese hecho? ¿Y conociéndolo actuó de ese modo? ¿No sabía nada y sin más dio crédito de lo que le decía un desconocido y fue a chivarse? ¿Si yo mañana le envío un correo desde un cyber, lo firmo como Juan Sanchogrande Balconcillo comunicándole que según unos e-mails que me he dirigido a mí mismo y que dicen que el Vicario es el violador del ensanche y que una de las violadas, llamada Margarita Pedrochilla Columela se ha suicidado, corre al arzobispado a denunciarlo? ¿Y suspenden cautelarmente al Vicario? Pues estaríamos en un mundo de locos. Así que a mí me parece lo del chivato impresentable.


    ¿Aquí el único que perdona es el gravísimamente ofendido? Porque declarar que la acusación era falsa no es ningún perdón sino una evidencia. Yo del acusica no espero nada, o es más tonto que Pichote o un malaje. Por lo uno o por lo otro ha quedado de chupa de dómine y tocadísimo para su cargo pastoral. Pienso incluso que imposible. El Vicario me parece un chulo que se vale de su cargo para amenazar a un pobre sacerdote quia nominor leo. Y chulería es su amenaza cuando lo que debió hacer, con un mínimo de caridad que tuviese, sería llamarle y decirle: Santiago, entiendo tu cabreo pero no hagas tonterías que te van a perjudicar. Así que, señor Vicario, me parece usted un chulo de… y ahí ponga usted lo que quiera.


    Y nos queda el arzobispo a quien sin quererlo ni beberlo le han montado este marrón. Los suyos. No Don Santiago González. Yo no soy quien para aconsejarle nada y quien tiene que gobernar la diócesis es usted. Lo hará con acierto o sin él. Y le reconocerán el uno o el otro, en ocasiones con “acritú”. Merecida o no. Es usted un buen obispo, aunque no sea el beato Spínola, es usted una buena persona que sabe olvidar, me consta personalmente. No deje pudrir una situación inverosímil con lo que no iba a ganar nadie. Recomiende prudencia, si necesario fuere, a Don Santiago, incluso impóngale un tiempo de censura en el que tenga que someter sus escritos, antes de ser publicados, a un sacerdote docto y que no le tenga malquerencia. Pienso que ni el acusica, que ha quedado prácticamente inservible, o el vicario chulo no pueden serlo. Y olvidemos cuanto antes esta página lamentable que le han montado. Que le han montado los suyos. Porque si no se va a encontrar que cada vez que alguno de sus sacerdotes diga algo improcedente, cosa desgraciadamente inevitable, le van a preguntar: ¿Ese sí y Don Santiago no? Y eso en el caso de que Don Santiago dijera cosas censurables. Que no me constan. Aunque tampoco sigo habitualmente sus escritos. Yo en este asunto ni quito ni pongo rey ni tengo señor que ayudar. No conozco a Don Santiago González, si me lo tropezara en la calle pasaría por su lado sin saber que es él. A usted le conozco y le aprecio. Aunque seguramente hará dos o tres años que no intercambio con usted un saludo de menos de un minuto. Pero no quisiera que un asunto menor se encizañara. Sin que yo vea el menor motivo para ello. Dio usted un paso importante presidiendo el funeral por el padre de Don Santiago. Dé un pasito más. Y esto se olvidará y habrá quedado usted de dulce.

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