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Tema: Sodalitium pianum.

  1. #1
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    Sodalitium pianum.

    Programa del "Sodalitium pianum"

    El Papa San Pío X durante su pontificado (1903-1914), para combatir más eficazmente el modernismo, impulsó y aprobó la fundación de una asociación llamada Sodalitium Pianum (Liga de San Pío V). Monseñor Humberto Begnini (1862-1934), fundador y animador de la asociación, compuso el programa de Sodalitium Pianum, que puede ser considerado como el manifiesto de la acción política y social de los católicos. Publicamos el texto completo del programa de Sodalitium Pianum. El texto original, difícilmente hallable, está en lengua italiana; el texto que publicamos ha estado traducido de la versión francesa publicada por Emile Poulat en Integrismo y Catolicismo integral (Casterman, 1969).

    1. Nosotros somos católicos romanos integrales. Como lo indica la palabra el católico romano integral acepta íntegramente la doctrina, la disciplina, las directivas de la Santa Sede y todas sus legítimas consecuencias para el individuo y la sociedad. Por consiguiente, en pro del Papa, clericales, anti-modernistas, antiliberales, antisectarios. Por lo tanto e integralmente contra-revolucionarios, porque es el adversario no solamente de la revolución jacobina y del radicalismo sectario, sino igualmente del liberalismo religioso y social. Queda absolutamente comprendido que diciendo “católico romano integral” no se quiere absolutamente en ningún modo modificar el título auténtico y glorioso de “católico romano”. La palabra “integral” significa solamente “íntegramente católico romano”, es decir, plena y simplemente católico romano, sin las adiciones ni las restricciones correspondientes (también sin la intención de aquellos que la usan) sea de la expresión de “católico liberal”, “católico social” u otras similares, sea de aquellos que tienden a restringir en la teoría o en la práctica la aplicación de los derechos de la Iglesia y de los deberes del católico en la vida religiosa y social.

    2. Luchamos por el principio y por el hecho de la Autoridad, de la tradición, del orden religioso y social, en el sentido católico de la palabra y en sus deducciones lógicas.

    3. Consideramos como plagas del cuerpo humano de la Iglesia, el espíritu y el hecho del liberalismo y del democratismo considerado católico, como asimismo el modernismo intelectual y práctico, radical y moderado, con sus consecuencias.

    4. En los casos prácticos de la disciplina católica, veneramos y seguimos a los Obispos puestos por el Espíritu Santo para regir la Iglesia de Dios bajo la dirección y el control del Vicario de Cristo, con el cual queremos estar siempre, antes que todo y a pesar de todo.

    5. La naturaleza de la Iglesia Católica nos enseña, y su historia nos confirma, que la Santa Sede es el centro vital del catolicismo; a eso se debe, desde un cierto punto de vista y sobretodo a causa de ciertas circunstancias, la posición momentánea de la Santa Sede que es también el resultado de la situación religiosa y social. De allí comprendemos plenamente que Roma pueda algunas veces callar y esperar, por causa de la situación en sí misma, como se presente en determinado momento. En estos casos evitaremos utilizar el pretexto de permanecer inactivos, frente a los daños y peligros de esta situación. En los momentos en los cuáles, en diferentes casos, hayamos entendido y controlado en modo seguro la realidad de las cosas, nosotros actuaremos en el mejor de los modos posibles para contrarrestar estos daños y estos peligros, siempre y dondequiera de acuerdo a la voluntad y los deseos del Papa.

    6. En nuestra observación y en nuestra acción nos ponemos siempre desde el punto de vista “católico”, es decir, universal –sea en el tiempo, a través de los diferentes momentos históricos, -sea en el espacio, a través de todas las naciones. Sabemos que en la contingencia momentánea y local, existe siempre, al menos en el fondo, la lucha secular y cosmopolita entre dos fuerzas organizadas; por una parte, la única Iglesia de Dios, Católica y Romana, y por la otra, sus enemigos internos y externos. Los externos (las sectas judaico-masónicas y sus aliados directos) están en las manos del poder central de la Secta; los internos (modernistas, demo-liberales, etc.) sirven a los otros como instrumentos concientes e inconcientes de infiltración y descomposición entre los católicos.

    7. Combatimos la secta interna y la externa, siempre y dondequiera, bajo todas las formas, con todos los medios honestos y oportunos. En las personas de los sectarios internos y externos y de sus cómplices combatimos asimismo la realización concreta de la Secta, de su vida, de su acción, de sus planes. Entendemos hacerlo sin rencor en la confrontación con los hermanos extraviados, como por otra parte, sin ninguna debilidad y sin ningún equívoco, como un buen soldado trata sobre el campo de batalla a todos aquellos que se enfrentan bajo la bandera enemiga, sus ayudantes y sus cómplices.

    8. Estamos plenamente: contra toda tentativa de disminuir, de dejar en segundo plano, de disimular sistemáticamente las reivindicaciones papales sobre la Cuestión Romana, de excluir la influencia social del Papado, de hacer dominar al laicismo; por la reivindicación incansable de la cuestión romana según los derechos y las directivas de la Santa Sede; y por un esfuerzo continuo en vista de reportar, lo más posible, la vida social bajo la influencia legítima y benéfica del Papado y, en general, de la Iglesia Católica;

    9. Contra el inter-confesionalismo, el neutralismo y el minimalismo religioso en la organización y la acción social, en la enseñanza, como así también en toda otra actividad del hombre individual y del hombre colectivo, la cual depende de la verdad moral, y por tanto de la verdadera religión, por consiguiente de la Iglesia; por el confesionalismo en todos los casos previstos en el parágrafo precedente; y con el supuesto de que, en casos excepcionales y transitorios, la Santa Sede tolera la uniones inter-confesionales, por una aplicación concienzuda controlada de esta tolerancia excepcional, y por su duración y extensión lo más limitada posible, según la intención de la misma Santa Sede;

    10. Contra el sindicalismo abiertamente o implícitamente “a-religioso”, neutro, amoral, que lleva fatalmente a la lucha anticristiana de las clases según la ley brutal del más fuerte, contra el democratismo, también cuando se denomine cristiano, pero siempre más o menos envenenado de ideas y de hechos demagógicos; contra el liberalismo, también cuando se denomine económico social, que incita con su individualismo a la disgregación social; por la armonía cristiana de las clases entre sí, así como entre los individuos, las clases y la sociedad entera; por la organización corporativa de la sociedad cristiana, según los principios y las tradiciones de justicia y de caridad sociales, enseñadas y vividas por la Iglesia y por el mundo católico en el curso de los siglos y que por consecuencia son perfectamente adaptables a toda época y a toda sociedad verdaderamente civilizada;

    11. Contra el nacionalismo pagano, que es copia del sindicalismo a-religioso, sea el que considera las naciones, sea el otro que considera las clases, es decir, la colectividad en la cual cada uno puede y debe buscar de un modo inmoral los propios intereses, completamente al margen y contra los intereses de los otros, según la bruta ley de la que hemos hablado; y al mismo tiempo contra el antimilitarismo y el pacifismo utopista aprovechado por la Secta para debilitar y adormecer a la sociedad bajo la pesadilla judío-masónica; por un patriotismo sano y moral, patriotismo cristiano del cual la historia de la Iglesia Católica siempre nos ha dado espléndidos ejemplos.

    12. Contra el feminismo que exagera y desnaturaliza los derechos y deberes de la mujer, colocándolos fuera de la ley cristiana; contra la educación mixta; contra la iniciación sexual de la juventud; por el mejoramiento de las condiciones materiales y morales de la mujer, de la juventud, de la familia, según la doctrina y la tradición católica;

    13. Contra la doctrina y contra el hecho profundamente anticristiano de la separación entre la Iglesia y el Estado, como también entre la Religión y la sociedad, la ciencia, la literatura, el arte; por la unión leal y cordial de la sociedad, de la ciencia, de la literatura, del arte como del Estado con la Religión y por consiguiente con la Iglesia;

    14. Contra la enseñanza filosófica, dogmática y bíblica “modernizada”, la cual, también cuando no es completamente modernista, como fuere es reducida a una enseñanza arqueológica o anatómica, como si no se tratase de una doctrina inmortal y vivificante que todo el clero, sin excepción, debe aprender sobretodo para el ministerio sacerdotal; por la enseñanza eclesiástica inspirada y guiada por la gloriosa tradición de la Escolástica, de los Santos Doctores de la Iglesia, y de los mejores teólogos de la época de la Contrarreforma, con todos los auxilios del método y de la documentación científica;

    15. Contra el falso misticismo y tendencia individualista e iluminista; por una vida espiritual intensa y profunda, según la enseñanza doctrinal y práctica de los santos autores y de los místicos alabados por la Iglesia;

    16. En general contra la explotación del clero y de la Acción Católica por parte de los partidos políticos o sociales; y en particular contra la encantamiento “social” que se quiere inocular al clero y a la Acción Católica con el pretexto de “salir de la sacristía” para más raramente, o a escondidas, o como fuere, regresar con el espíritu absorbido por el resto; por el mantenimiento de la acción eclesiástica y respectivamente de la Acción Católica en conjunto sobre el terreno abiertamente religioso, ante todo, y sin encantamiento “social” o algo similar para las otras cosas;

    17. Contra la manía y la debilidad de tantos católicos de querer sembrar “conciente y evolutivamente, al paso del tiempo”, e “ingenuamente” frente al enemigo brutal e hipócrita además de implacable, -siempre listos para esparcir su tolerancia, para avergonzarse y directamente para condenar los actos cumplidos con justo rigor por la Iglesia o a causa de ella, -siempre listos a un optimismo sistemático frente a las trampas del adversario y a reservar su desconfianza y dureza en las confrontaciones con los católicos romanos integrales; por una actitud justa y oportuna, pero siempre franca, enérgica e incansable en las confrontaciones del enemigo, de sus violencias y de sus engaños;

    18. Contra todo eso que es opuesto a la doctrina, a la tradición, a la disciplina, al sentimiento del Catolicismo integralmente Romano; por todo eso que le es conforme

  2. #2
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    Re: Sodalitium pianum.

    Entre los sacerdotes fieles había muchos que compartían la inquietud del papa y veían con dolor formarse “otra Iglesia” dentro de la Iglesia. Quisieron ayudar a San Pío X con sus informaciones.
    Entre éstos, un prelado italiano, Mons. Benigni, va a desempeñar un papel de primera fila. En 1892, entusiasmado por la Encíclica Rerum Novarum de León XIII funda un semanario: la Rassegna sociale. Se hace notar y es llamado a Génova para la dirección del diario católico L’Eco d’Italia. Fue llamado por León XIII a la Biblioteca Vaticana. Publica diversos ensayos… En 1900 entra en la dirección de La Voce della Veritá. Se asegura que León XIII apreció sus artículos…

    Bajo el pontificado de San Pío X, entra en la Secretaría de Estado como Subsecretario de asuntos Eclesiásticos. En agosto de 1906 es nombrado Prelado doméstico de su Santidad. En adelante habitará en el Vaticano hasta 1909.
    Ya le tenemos en un puesto clave: los asuntos eclesiásticos, en el momento en que san Pío X lanza su gran ofensiva contra los modernistas. La lucha va a ser dura, solapada, pues los modernistas, ya se sabe, no piensan abandonar la iglesia, sino ocuparla.

    Mons. Benigni funda en mayo de 1907 una agencia de prensa, La Corrispondenza Romana, que tiene por misión observar en el mundo entero los movimientos de ideas que puedan interesar a la Iglesia. Se trata de detectar entre los innumerables órganos de prensa católica mundial, las infiltraciones modernistas.

    Para tener mayor libertad, Mons Benigni abandona su apartamento del Vaticano y se va a vivir a la casa de San Pedro, Corso Umberto. Ha reforzado la Corrispondenza –que tiene ahora en lengua francesa- con un grupo de colaboradores que toma el nombre de Sodalitium Pianum. Monseñor Benigni sigue siendo Subsecretario de estado en Asuntos Eclesiásticos.

    La Corrispondenza, admirablemente documentada, ejerce considerable influencia sobre la prensa católica y, en Francia, Aristide Briand presionará para que Mons. Benigi sea apartado de la dirección de aquélla. La república masónica teme las consignas de resistencia contra las leyes laicas a los católicos franceses. Con este asunto se hace evidente la fisura existente entre la política de compromiso del cardenal Gaspari y la intransigencia de mons. Benigni.
    Este último, a pesar de ello, permanece como Subsecretario de asuntos Eclesiásticos. Allí se quedará hasta 1911 y entonces será reemplazado por un joven prelado Mons. Pacelli, el futuro Pío XII.

    Liberado de sus funciones oficiales, Monseñor Benigni podrá ocuparse más activamente en la lucha contra el modernismo. Animado por san Pío X, funda en 1912, la Agenzia Internazionale Roma. En 1913 piensa obtener la aprobación canónica para Sodalitium Pianum. Pero en agosto de 1914 muere San Pío X.

    Una nueva situación ha surgido: Benedicto XV renueva la condenación del modernismo y la exigencia del juramento antimodernista, pero desea un apaciguamiento de las polémicas y en su encíclica Ad beatissimi, reprueba la etiqueta de católicos INTEGRALES, de la que Monseñor Benigni se servía en oposición a la de católicos LIBERALES. El nuevo papa deseaba que se fuese sencillamente “católico”, en lo que tenía perfecta razón, aunque no suprime, por ello, su compatibilidad.
    Por lo demás se le hace saber a Monseñor Benigni, en agosto de 1915, que no hay impedimento para que prosiga su obra.

    Pero sus enemigos saben bien que ya no hay en Benedicto XV, abrumado por las preocupaciones de la Primera Guerra Mundial, el mismo apoyo que con san Pío X. Los modernistas, de los muchos que siguen las consignas de Fogazzaro han quedado en sus puestos y maniobran en la sombra. Incluso consiguen que los alemanes se apoderen de un informe sobre el Sodalitium Pianum durante la ocupación de Bélgica. Publicado en 1921 provocará ataques contra Sodalitium Pianum.
    Para evitar enfrentamientos, Benedicto XV pide a Monseñor Benigni “al haber cambiado las circunstancias”, que disuelva el Sodalitium Pianum.
    Monseñor Benigni morirá en febrero de 1934.

    ****
    ¿Entonces qué era ese Sodalitium Pianum (Solidaridad San Pío V) conocido familiarmente como La Sapiniere?
    El Sodalitium Pianum comprendía miembros aislados, corresponsales, círculos y una central romana: la Dieta. Miembros, corresponsales, círculos tenían como fin recoger los documentos sobre la infiltración modernista, realizar una infiltración contraria en la prensa y en las editoriales y dar ejemplo de una vida íntegramente católica, sin compromiso con el espíritu del siglo. En cuanto a la Dieta, informaría a los diversos órganos de la Santa Sede comunicándoles los documentos recibidos. La organización sería confidencial, puesto que debía indagar sobre la organización secreta de los modernistas.

    Es difícil saber lo que fue plenamente realizado de este plan, pero tenemos el texto del programa del Sodalitium Pianum, tal como fue aprobado por san Pío X, y es un documento de importancia capital.

    “Somos católicos romanos integrales –se leía en él-. Como lo indica este nombre, el católico romano integral acepta íntegramente la doctrina, la disciplina, las directrices de la Santa Sede y todas sus legítimas consecuencias para el individuo y la sociedad”. Continuaba el documento denunciando la revolución jacobina y la Francmasonería y se presentaba como un movimiento revolucionario.

    Continuaba: “En estos casos evitaremos utilizar el pretexto de permanecer inactivos, frente a los daños y peligros de esta situación”…

    (Ver documento que encabeza el presente hilo)

    El Sodalitium Pianum se presentaba como una milicia comprometida en la batalla de las ideas, y denunciaba también:

    En general contra la explotación del clero y de la Acción Católica por parte de los partidos políticos o sociales; y en particular contra el encantamiento “social” que se quiere inocular al clero y a la Acción Católica con el pretexto de “salir de la sacristía” para más raramente, o a escondidas, o como fuere, regresar con el espíritu absorbido por el resto; por el mantenimiento de la acción eclesiástica y respectivamente de la Acción Católica en conjunto sobre el terreno abiertamente religioso, ante todo, y sin encantamiento “social” o algo similar ;

    Contra la manía y la debilidad de tantos católicos de querer sembrar “conciente y evolutivamente, al paso del tiempo”, e “ingenuamente” frente al enemigo brutal e hipócrita además de implacable, -siempre listos para esparcir su tolerancia, para avergonzarse y directamente para condenar los actos cumplidos con justo rigor por
    la Iglesia o a causa de ella, -siempre listos a un optimismo sistemático frente a las trampas del adversario y a reservar su desconfianza y dureza en las confrontaciones con los católicos romanos integrales

    La sola exposición de este programa, que no es mas que un compendium de las encíclicas pontificias de toda la tradición, ya deja ver que todas las cuestiones que dividen actualmente a los católicos ya figuraban en el centro de las preocupaciones del Sodalitium Pianum hace muchísimo tiempo. Esta exposición habrá permitido medir también los progresos de la “ocupación” modernista.

    ****

    Monseñor Benigni no creó una corriente de ideas “integristas”; esas ideas existían naturalmente como la auténtica fe católica. Las desviaciones modernistas son las que les han dado la apariencia de existir como una corriente de ideas en la Iglesia.
    Asistimos a este curioso fenómeno: ¡los defensores de las posiciones tradicionales de la Iglesia son los que han acabado pasando por facciosos!
    Los modernistas se quejan de los ataques de que son objeto y llegan a invertir la situación, a ponerse de víctimas, cuando son ellos los que han lanzado ideas “nuevas”, condenadas y condenadas, porque encubren viejas herejías. Atacarlos es “faltar a la caridad”. Con este slogan intentan paralizar la acción de los católicos fieles y a hacerla pasar por perturbadora, a dar la impresión de que es ella la que mantiene la confusión en la Iglesia.

    La Corrispondenza Romana, gracias a las informaciones que recogía en el mundo entero molestaba considerablemente a los modernistas, cuya acción s eveía así vigilada, sacada a plena luz y denunciada.
    Monseñor Benigni había comprendido la importancia de las agencias de prensa. La acción no será olvidada por los modernistas que no cesarán desde entonces de acaparar literalmente la prensa católica.

    Los ataques contra el Sodalitium Pianum alcanzaron extraordinaria violencia. En la beatificación de Pío X, al deponer en contra, el cardenal Gaspari, hablando de las relaciones ente el papa y Sodalitium Pianum, diría:

    “el papa Pío X aprobaba, bendecía y animaba una asociación oculta de espionaje, fuera y por encima de la Jerarquía y de eminentísimos Cardenales; en suma, bendecía y animaba una especie de masonería dentro de la Iglesia

    Se hubiera podido contestar al cardenal Gaspari que la Jerarquía ya no era segura y que la rabia de sus frases era la confirmación de ello. La Iglesia no tuvo en cuenta la crítica del cardenal Gaspari y Pío X fue beatificado y después proclamado santo por Pío XII.

    Se ha dicho: Sodalitium tenía por fin denunciar. Igual que cualquier corresponsal de prensa. Informaba, pero la información era perfectamente legítima. Cualquier individuo que se entregue a una actividad intelectual y que pretenda difundir sus ideas, debe también estar preparado para responder de ellas, y el problema no está en ser criticado o no, sino en demostrar que se tiene razón. Es de lo que se escaparon muy hábilmente los modernistas, propalando la idea de que ocuparse de ellos significaba denunciarlos.

    Jamás se podrán borrar los repetidos testimonios de san Pío X a favor de la obra de Mons. Benigni. En julio de 1912, san Pío X escribía al fundador de Sodalitium:

    Nuestros queridos hijos, compañeros del Sodalitium Pianum a los que el catolicismo tanto debe, a continuar en el buen combate para la Iglesia de Dios contra los ENEMIGOS INTERNOS y exteriores y pedimos a Dios para ellos y su Instituto, todo lo que les sea favorable y saludable.

    ****

    (tomado de “La Iglesia ocupada”, de J. Ploncard d’Assac, 1974)
    Última edición por Gothico; 25/07/2007 a las 22:12

  3. #3
    Avatar de Capitán Casabona
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    Re: Sodalitium pianum.

    Capítulo 6.- Apuntes para una historia de la “santa coacción”: El “Sodalitium Pianum”
    Ávila, 5 de mayo de 2006

    “El terror pánico, sembrado por el Integrismo
    mediante sus citadas odiosas armas de la difamación en la Prensa
    y de la persecución con las secretas delaciones,
    ha llegado a tales extremos
    que no solamente falta valor para decir de la secta
    lo que tantos dirían si se sintieran libres,
    sino que hasta son incontables,
    y no precisamente de las capas humildes
    y con facilidad dominadas por el miedo,
    los que ni siquiera se atreven a dar las gracias
    o a enviar un simple acuse de recibo cuando se les remite algún trabajo donde se impugne a los integristas”
    D. Maximiliano Arboleya Martínez (1930)

    Después de hacernos pasar por la “santa intransigencia”, san Josemaría pretende llevarnos a la santidad con un segundo principio: la “santa coacción” (Camino, 387). Antes de entrar en la concepción que tenía Escrivá de la “santa coacción”, me parece conveniente recurrir a la historia buscando los antecedentes. Creo encontrarlos en el “Sodalitium Pianum”, una organización eclesial de tiempos de Pío X. La introducción a su historia puede servirnos para preguntarnos en la siguiente entrega si el Opus Dei es su continuación.

    El “Sodalitium Pianum”


    Humberto Benigni nació en Perugia el 30 de marzo de 1862, diócesis gobernada en aquel momento por quien más tarde sería Leon XIII. Fue ordenado sacerdote en 1884. Era de temperamento ardiente, hombre tenaz y sacrificado, disciplinado, culto y conocedor de varios idiomas. En 1906 monseñor Gasparri lo eligió como colaborador en la Secretaría de Estado...

    Benigni tuvo una idea: organizar desde Roma una central de información utilizando en todo el mundo los recursos de la Secretaría de Estado. Le dio forma de agencia desde mayo de 1907, ofreciendo a las redacciones de los periódicos católicos un servicio de noticias denominado Corrispondenza Romana, o simplemente Romana. En principio no tenía carácter oficial.

    Sucedió que Pío X había publicado la Pascendi y estaba llevando a cabo una sistemática liquidación del modernismo. Benigni incorpora su agencia a las campañas de represión, y de instrumento informativo pasa a ser instrumento de combate. La agencia se convierte en una trinchera. A este primer error se añade otro: crea una ambiente de secretismo, sectario, en orden a una mayor eficacia y concibe el “Sodalitium Pianum”, una red internacional de personas escogidas por su valía y apego a la Santa Sede, que debían constituir una especie de guardia pretoriana del Pontífice. La ejemplaridad de conducta y la transmisión confidencial de noticias serían sus señas de identidad. El Sodalitium, o Liga de san Pío V, llamada en Francia La Sapinière, será una organización religiosa de sacerdotes y seglares bajo la autoridad de la Congregación consistorial con sede en Roma y miembros esparcidos por todos los países. No eran muchos y se consideraban “católicos romanos íntegros”. Los nombres de los miembros eran conocidos por la Congregación, pero eran secretos para los de fuera.

    El servicio informativo era doble, uno ordinario, por el cual los miembros comunicaban a la dirección cuantas noticias estimaran oportunas; una vez en Roma se distribuían desde la Secretaría de Estado a cardenales, congregaciones, o al mismo Pío X. Un segundo servicio, extraordinario, a petición expresa de la persona competente, de espionaje y delación. El Sodalitium trabajaba bajo la supervisión del cardenal De Lai, prefecto de la Consistorial y hombre de confianza de Pío X en problemas de disciplina eclesiástica. De Lai revisaba las listas de futuros obispos, vigilaba el cumplimiento de los deberes episcopales y la reforma de las instituciones. En la lucha contra el modernismo era la mano dura. Fue temido, no amado. Aunque Pío X era enemigo de secretos, De Lai vio con agrado el sigilo del Sodalitium. Según el historiador José María Javierre (a quien he seguido hasta ahora), ni Pío X, ni Merry del Val intervinieron de manera directa en el montaje y funcionamiento del Sodalitium (cf. AA.VV. Historia de la Iglesia, coord. Fliche- Martín, vol. XXV (2), Valencia 1991, pp. 413 y ss). En esta interpretación de los hechos, Pío X pudo haber bendecido una obra buena apoyada por De Lai, asignándoles una pensión de 1.000 liras anuales, pero nunca la aprobó canónicamente ni recibió personalmente a Benigni. No se espió a los obispos ni se utilizó ninguna violencia en su contra. Eso sí, al grupo de Benigni se adhirieron los integristas pendencieros de diversos países. Muerto Pío X se dispersaron los miembros, pero en 1915, con el apoyo del cardenal De Lai, vuelve a funcionar de nuevo hasta 1921, fecha en que fue definitivamente disuelto. Desde entonces Benigni se dedicó al estudio y falleció el 26 de febrero de 1934.

    Hay más datos y otras interpretaciones. La gravedad de los hechos hace que en una misma Historia de la Iglesia escrita por diversos autores, aparezcan matices e incluso divergencias entre ellos. Para el historiador Juan Eduardo Schenk (ver la obra citada anteriormente, vol. XXVI (1), Valencia 1979, pp. 55-71), en el Pontificado de Pío X se creó un clima de inseguridad, de acusaciones y delaciones que paralizaban las buenas voluntades. El cardenal Gasparri habla en el proceso de beatificación de Pío X de una “asociación oculta de espionaje, fuera y por encima de la jerarquía, que vigilaba a los miembros de la jerarquía hasta a los mismos cardenales (…) una especie de masonería en la Iglesia”. En sus memorias manifiesta este punto cuando afirma: “Se ha dicho repetidamente, y por desgracia parece cierto, que las denuncias que partían del “Sodalitium Pianum” explican plenamente la actitud de grave reserva que Pío X adoptó al respecto de personalidades eclesiásticas dignas de la mayor consideración. No deseo entrar en particulares (…), citaré el ejemplo de los padres jesuitas, tan mal vistos por monseñor Benigni. El Santo Padre no se hallaba seguro de su ortodoxia, y los consideraba poco menos que infectados por el modernismo”.

    Según Schenk, Pío X no llegó a estar enterado de todo, aunque conforme pasaban los años de su Pontificado se fue haciendo más intransigente. A partir de 1910 , la constante ansiedad y temor en que vivía le llevó a decir que “lo peligroso del mal permite la aplicación de medios extraordinarios”.

    Los historiadores se encuentran molestos. Prefieren exculpar al Papa Pío X de aquellas oscuras maniobras. Personalmente creo que las opiniones del cardenal Gasparri, tanto durante el proceso de beatificación de Pío X, y otras en sus memorias escritas para la historia, son de gran valor.

    Los papeles de Gante


    Una vez constituido, el grupo entra en acción en toda Europa. Pretenden monopolizar el catolicismo y se pasan la vida dando lecciones de ortodoxia llamando liberales vitandos a cuantos no dan su nombre a la secta (dirá D. Maximiliano Arboleya, a quien sigo a continuación en su libro ya citado sobre el Integrismo).

    Las circunstancias hicieron posible lo imposible cuando los alemanes descubrieron en casa del abogado Jonckx, en la calle Carlos V, número 100 de Gante, algunos centenares de cartas, memorias, documentos de toda clase, la mayor parte de los cuales llevaban la indicación de “confidencial”,para quemarlo”, “sub sigilo”, pero cuyo texto resultaba en la mayor parte de los casos indescifrable. Requerido por la autoridad alemana el abogado para que revelase las claves de los escritos, entregó un diccionario de pseudónimos empleados en los documentos. Se trataba, ni más ni menos, que del archivo secreto del Sodalitium.

    Gracias a los papeles de Gante se ha podido reconstruir cómo funcionaba la organización de Benigni. De 1909 a 1914 fue una Sociedad secreta, o mas bien una Federación de Sociedades secretas extendida por toda Europa, con un centro en Roma y otro en Gante. Por las cartas y documentos sabemos que Benigni intervenía directamente en todos los movimientos de la Organización (Quentin, en el lenguaje secreto de la secta). Muy pronto, al lado de la Organización principal surgieron otras: “Las Conferencias de san Pedro” formada por amigos de La Sapinière; una oficina de información que recoge información en el secreto más absoluto; la “Agencia Internacional Roma” encargada de recopilar los mayores secretos, no publicables en la “Corrispondenza Romana”; y una Asociación de escritores integristas, que tenía por órgano el boletín secreto “Borromeus”.

    Los adheridos de todas las naciones – cuenta D. Maximiliano después de leer los originales-, que en 1912 llegaban al millar, no debían revelar a nadie nada de lo que allí pasaba. Sus estatutos se completan con un programa muy largo y detallado, donde se declara que su objeto es denunciar en todas partes, siempre y bajo todas las formas: el interconfesionalismo, el feminismo, la Democracia cristiana, el sindicalismo implícita o explícitamente arreligioso, la manía o la debilidad de tantos católicos por aparecer condescendientes y reformistas, propicios a un optimismo sistemático, etc”.
    Los asociados formaban grupos, pero también los hay que trabajan aisladamente. A los más íntimos se les llamaba “Paulus”. Se recomienda con insistencia el secreto a todos los miembros. Los documentos más importantes llevan la indicación “sub sigilo”. Los miembros deben escuchar, hacer hablar a los otros, recabar información y guardar la mayor reserva para así ser eficaces en la denuncia contra todas las artimañas modernistas o modernizantes, aun de los que no merezcan por completo ese nombre. Benigni firma los documentos con trece nombres distintos, Ars, Charles, Arles, etc. Al Papa se le designa con los nombres de Michel, Michaelis, o La Baronesa Micheline. De manera especial el secreto debe ser guardado ante los obispos, de quienes se desconfía siempre y se los llama “Tías” y a los sacerdotes “sobrinos”. Todos los obispos alemanes son sospechosos menos dos. Al cardenal Merry del Val (Secretario de Estado) no se le debe confiar ninguno de los secretos y algunas averiguaciones tampoco deben ser comunicadas al Papa Pío X.

    Objeto de la organización secreta


    En su programa, una especie de manifiesto, declaran ser integralmente contrarrevolucionarios, católicos integrales, contrarios al liberalismo religioso y social y a la democracia cristiana. Luchan por la Tradición y la Autoridad. Son enemigos de la Iglesia Católica la secta judeo-masónica y, dentro de la Iglesia, los modernistas y los demo-liberales. Combatirán a los enemigos externos e internos bajo todas las formas, con todos los medios honestos y oportunos. Lucharán sin rencor y sin debilidad o equívoco, “como un buen soldado trata sobre el campo de batalla a todos aquellos que combaten bajo la bandera enemiga”. Señalan los puntos a combatir: la disminución del poder del Papa, la “Cuestión Romana”, el laicismo, el interconfesionalismo, el sindicalismo no religioso, neutro y amoral; lucharán contra toda acción individual o social que no tenga en cuenta la verdadera moral, la verdadera religión, y por tanto la Iglesia; el nacionalismo pagano, el feminismo, la separación de la Iglesia y el Estado; cualquier filosofía, teología o manifestación artística de influencia modernista; el falso misticismo de tendencia individualista o iluminista; la utilización de la Acción Católica en beneficio de posturas partidistas que quieren sacar al clero de la sacristía y dedicarlo a tareas sociales. Y, por último, se declaran contrarios a la debilidad de tantos católicos tolerantes y avergonzados de su fe y pertenencia a la Iglesia .

    En la práctica el fin perseguido lo realizaron por medio de delaciones. La sociedad no viene a ser, en resumidas cuentas, más que una vasta empresa de denuncias, centralizada por Benigni. “Inquisidores sin mandato”, los llamará el P. Guitton. Los afiliados a la secta se juraban una fraternidad mutua, que recuerda las prácticas de la Masonería.: “Católicos integristas, tened buen ánimo; sed amigos de los bravos, todos por uno y uno por todos. El momento psicológico ha llegado, en el que se va a saber quiénes merecen nuestra confianza, en el que se sabrá quién es un buen hermano y quién es un cobarde y un traidor. Nosotros todos queremos ser no más que buenos hermanos, todos buenos hermanos, nada más que buenos hermanos”.

    Los informadores se extienden por todas partes. En Asturias el encargado de vigilar e informar era un funcionario de Hacienda. En Alemania la organización tiene un activo agente, cierta Madre Gertrudis y M.H.F.; en Bélgica, M.J. y M.M., en Francia, el abate R. y el abate B.

    La lista de denunciados se haría interminable, sólo daremos algunos nombres: el cardenal Amette de París, acusado de proteger a los democristianos; el arzobispo de Viena, el de Malinas, varios obispos franceses, los dominicos de la Universidad de Friburgo, el provincial de los jesuitas alemanes, escritores, periodistas, casi todas las Universidades católicas y la mayoría de los jesuitas, llamados “Nazly en el argot de la secta.

    Las acusaciones son siempre las mismas: defender la aconfesionalidad, tener tolerancia excesiva con los no católicos, halagar a los obreros, fomentar la lucha de clases por medio del sindicalismo, ser liberales, desobedecer al Papa (de la obediencia a los obispos nunca hablan porque la inmensa mayoría “no son de fiar”), apoyar la democracia cristiana queriendo casar dos contrarios, democracia y catolicismo, crear sindicatos obreros junto a los protestantes…

    Los miembros de la organización fundada por Benigni se creían en la obligación de defender “mordicus” (a mordiscos) la única Verdad de la Iglesia.

    Los informes secretos


    Una vez constituido el grupo y hermanado bajo la dirección de Benigni, se trataba de recoger información confidencial y elaborar los informes que más tarde se utilizarían según conviniera. Dos cartas dirigidas a un sacerdote pueden servir de modelo. El 13 de febrero de 1911, recibe el siguiente escrito “muy confidencial”:

    “Mi reverendo y buen Padre: Uno de mis amigos sacerdote de gran valer, me pide, para Roma, los siguientes informes sobre los miembros del Consejo de Vigilancia y de la Comisión de Censura de las diócesis de T… y de M… 1) Sus nombres; 2) Sus ideas doctrinales; 3) Sus principales actos (Nota muy breve si hay algo saliente) ; 4) Sus publicaciones. Después de haberlas copiado le devolveré a usted las notas manuscritas que me haya confiado y su nombre no será jamás pronunciado; puede estar bien seguro de ello…”.

    No habiendo recibido contestación, el integrista anónimo vuelve a la carga con otra misiva:

    “Por delicado que sea el servicio que le pido me conceda, yo no puedo dudar que os sería fácil, aunque sea por segunda mano, reunir informes bastante exactos. En estos momentos en que nos vemos invadidos por infiltraciones modernistas la nota doctrinal es lo más interesante, y creo que es bien fácil adquirirla. Yo cuento, pues, con vuestra buena voluntad para completar la encuesta general o mejor el control general hecho sobre este punto”.

    Se trataba, opina D. Maximiliano Arboleya (o.c., pp. 74-75), de confrontar y ratificar una encuesta perfectamente detallada de todo el clero diocesano de algún relieve dentro de aquella diócesis.

    Una vez en Roma el material se clasificaba y la Agencia integrista difundía las delaciones por las naciones interesadas. El “terrorismo de los integristas”, expresión utilizada en 1913 por un diputado belga, actuaba presentando los informes a algún obispo afín. La revista “Mouvement de faits” y D. Maximiliano explican el procedimiento:

    “Ved con qué cuentos de portera es alimentada la curiosidad integrista (…). Informes tomados cerca de los aludidos en esas circulares aseguran que no guardan la menor memoria de los hechos que se les imputan resultando todo ello un monumento de delación”.

    “Un cualquiera va con estos chismes y cuentos de comadre deslenguada a todo un dignatario eclesiástico, muy adornado de cintajos morados, como observa graciosamente La Civiltà Católica, y ese Monseñor los divulga con seudónimo entre los compinches de las diversas naciones para que, cada cual, en su radio de acción, contribuya en lo posible a la difamación de los tan bellacamente denunciados”.

    La “santa coacción” en acción


    Una vez puesta en funcionamiento la maquinaria represora, las gentes del Sodalitium, capitaneadas por Benigni, sembraron el terror por toda la cristiandad europea. Nadie estaba a salvo de la sospecha. Como sucede en gran parte de los casos, la mayoría optó por el silencio, o miró para otro lado. Muy pocos osaron enfrentarse públicamente. Sus voces quedaron silenciadas por la historia. Hemos recuperado dos, la del P. Guitton y la del arzobispo de Albi.

    El primero se quejaba amargamente de la situación con un diagnóstico certero: “Mientras la Masonería triunfante nos pisotea y nos trata como proscritos, falsos hermanos que se dicen integristas se convierten en denunciadores de todos los hombres celosos que emplean su vida, su fortuna y su inteligencia en el servicio de Jesucristo y de su Iglesia (…). Esta persecución de los nuestros es más dolorosa, y sobre todo, más perjudicial, que la de nuestros enemigos. Si los católicos hubieran comenzado antes a fundar sindicatos, el socialismo no se habría apoderado de nuestras poblaciones obreras”.

    Merece la pena que nos detengamos un momento con el segundo. No fue el único que tuvo la osadía de enviar informes a Roma. Otros obispos y cardenales denunciados por los integristas hicieron llegar sus protestas. El arzobispo de Albi, Mons. Mignot, tuvo la originalidad de enviar una memoria extensa dirigida al recién nombrado Secretario de Estado, cardenal Ferrata, nada más ser elegido Papa Benedicto XV. (La resumo respetando entre comillas y cursiva las citas literales):

    Tras una breve introducción, expresa la fidelidad de la Iglesia de Francia a la Santa Sede. “Por eso –continúa- nos ha causado pena, en estos últimos años principalmente, el ver no sólo a nuestros hombres de Estado, los más moderados y mejor dispuestos, sino a la gran mayoría de los católicos franceses, tachados de sospechosos y echados a un lado por gentes sin mandato. Parece – sigue diciendo- , que sólo se quiere confiar en energúmenos sin influencia en el país, gente poco profunda que descalifica y trata de dudosos a hombres honrados. Semejante actitud ha llenado de amargura y desaliento el corazón de estos servidores tan abnegados. Periodistas, diputados, apóstoles generosos han sido maltratados por escritores privados de autoridad que se declaran sin cesar amigos de Roma. “Si se continúa persiguiéndonos así -le decían al arzobispo de Albi un grupo de seglares-, nos será forzoso abandonar la defensa de los intereses católicos y retirarnos a la soledad y la paz de nuestros hogares, contentándonos con lo estrictamente necesario para permanecer fieles a nuestros deberes”.

    Estas gentes han abusado y con un poder secreto pretenden imponer su voluntad a obispos, generales de Órdenes, clero secular y regular. “Este poder irresponsable, anónimo y oculto, disponía de dos medios para reducir a los que rehusaban inclinarse delante de sus caprichosas exigencias: La prensa y la delación (…). Bajo la apariencia de una intransigente y feroz ortodoxia, sus redactores no satisfacían de ordinario más que rencores personales. Parecían no tener otra tarea que desacreditar a los mejores apóstoles. En Francia no había nadie que quisiera fundar algo nuevo en medio de tantas enormes dificultades “a quien estos libelos no abrumase con sus críticas y sus injurias”. Católicos meritorios han sido “arrastrados sobre las zarzas y tratados como traidores a su fe. A los obispos que rehusaron aprobar estos procedimientos no se les perdonó jamás”.

    Acusa a los periodistas sin escrúpulos de haber establecido una “tiranía” creando entre los fieles un verdadero “terror” que se manifiesta con frecuencia en el desaliento y el abandono de la lucha. Acusa a Benigni de ser un ambicioso que vio frustradas sus aspiraciones bajo el Pontificado de León XIII. Insiste en que los métodos de intimidación extremos causan gran confusión y son “una obra nefasta, porque fue obra de división realizada por la maledicencia, por la calumnia, por un olvido total de las reglas elementales de la caridad cristiana y de las consideraciones debidas tanto a los católicos meritorios como a la autoridad episcopal”.

    Estas gentes “ariscas” han impedido la acción de hombres que se proponían extender la influencia de Jesús en las sociedades. “Un cardenal italiano, ilustre por su virtud y su ciencia, a quien se le dijo un día que estos escritores tan pródigos de consejos y de críticas, no hacían nada positivo, replicó indignado: “¿Cómo que no hacen nada, si están a punto de destruirlo todo?” (…).

    “Han tomado en la Iglesia un lugar bien importante. Se arrogan el derecho de juzgar, desde la cumbre de su incapacidad, a todos aquellos sacerdotes, Obispos, y aun al mismo Papa, que no consienten sufrir en silencio su dictadura. Han usurpado las funciones de la Iglesia docente con el más grande perjuicio para las almas, a las que han desorientado para la disciplina, por ellos debilitada, y para la doctrina, que han desfigurado frecuentemente porque la ignoraban” (…).

    “En un gran número de diócesis de Francia y del Extranjero pareció organizarse un sistema de espionaje. Los Obispos, los sacerdotes, los hombres de acción, los rectores y profesores de Universidades católicas, eran vigilados. Se denunciaban sus escritos, sus discursos, sus menores palabras, a las publicaciones de la camarilla o a la autoridad suprema. Estas denuncias, nosotros lo sabemos, eran frecuentemente secretas y anónimas, pero testimonios dignos de fe han revelado que venían casi siempre de laicos desequilibrados, de sacerdotes que habían tenido dificultades con sus superiores, o de religiosos perturbados que servían a mezquinas pasiones de partido o a envidias de cuerpo (…). La víctima no tenía más remedio que inclinarse, porque defender su inocencia contra un calumniador anónimo y secreto le era imposible”.

    Terminemos con la memoria del arzobispo de Albi. Llega a decir que el “poder oculto” se alaba de nombrar incluso a los obispos. Y que se tiene la sospecha de dos pesos y dos medidas en la Iglesia: extrema severidad con los grupos más abiertos e indulgencia con los integristas. En este punto hace referencia a los jóvenes “sillonistas”, un grupo numeroso que pretendía crear un catolicismo liberal de izquierdas; fue condenado y, obedientes, se disolvieron.

    Benedicto XV

    Ante Benedicto XV aparecía una doble tarea: pacificar la Iglesia y pacificar Europa. Al día siguiente de su elección – cuenta Schenk- con ocasión de recibir al cardenal Pietro Maffi, arzobispo de Pisa perseguido por el Sodalitium, le aseguró que “el tiempo de las delaciones había ya terminado”. De igual modo se expresó ante el cardenal Ferrari, otro de los perseguidos. Si bien seguía con sus actividades secretas, Benigni dejó de pasar informes confidenciales al Papa. Éste desconfiaba y Benigni le tenía una viva antipatía. El cardenal Gasparri, testigo de excepción, cuenta en sus memorias un detalle revelador: “Monseñor Benigni, en un viaje a París acudió a visitar a monseñor Baudrillart, rector del Instituto católico de París, quien posteriormente me contó que Benigni, muy imprudentemente, le había dicho que sentía una viva antipatía hacia el Papa Benedicto XV y hacia el cardenal Gasparri. El Papa y el cardenal están conduciendo la Iglesia a su ruina. Pero esto no será por mucho tiempo, pues la salud del Papa, afortunadamente, no es nada buena y no puede dudarse de que su sucesor cambiará totalmente de rumbo”.

    A los dos meses de recibir la memoria del arzobispo de Albi, Benedicto XV publica su primara encíclica. Escribe: “Nos procuraremos resueltamente que cesen las disensiones y discordias que hay entre los católicos y que no nazcan otras en lo sucesivo”. Además del llamamiento a la unidad invita a todos a someterse a la autoridad del obispo y pide que ninguna persona privada se tenga por maestro en la Iglesia. Para disgusto de los integristas, también confirma la doctrina social de León XIII.

    El cardenal Gasparri nos cuenta en sus memorias que la Sagrada Congregación Católica fue informada de todos los movimientos del Sodalitium y disuelta mediante carta del 25 de noviembre de 1921, en cumplimiento del canon 684 del Código de Derecho Canónico, donde se prohíben las asociaciones secretas; la orden fue hecha efectiva el 8 de diciembre del mismo año. En la carta se dice textualmente que, “habiendo cambiado las circunstancias, parecía conveniente la disolución del Sodalitium”. El mismo cardenal había colaborado en su redacción y esa frase se puso “por respeto a las precedentes aprobaciones obtenidas por el Sodalitium de parte de Pío X y del cardenal De Lai (…). No cabía admitir por más tiempo la existencia de una asociación cuya finalidad era el espionaje y, además, por encima e independientemente de la jerarquía”.

    Mutaciones

    Según los historiadores y el mismo cardenal Gasparri, Benigni aceptó la orden y disolvió la asociación. Esto no es del todo cierto, pues nunca llegó a desaparecer. Terminada la gran guerra y con la proliferación de partidos demócrata cristianos volvieron los ataques y las denuncias. En el número de Mayo de 1927, la revista belga Le Mouvements de faits titulaba:“El Integrismo reaparece”. A través de diversas mutaciones el integrismo había preparado el camino a la “Acción francesa”, condenada posteriormente y más tarde rehabilitada por el Papa. Dos circulares o comunicados dan a conocer su posición, apoyando la Acción Francesa e interpretando la condena vaticana:

    “La sola fuerza humana, el único escudo de que disponemos en Francia contra el triple peligro –y bien inminente- de que estamos amenazados: la revolución, la invasión… y la persecución religiosa”. A continuación, afirman que quien ha dirigido la mano del Papa obligándole a firmar la condenación no ha sido tanto la protestante Alemania como la influencia judía: “En cuanto al golpe romano que acaba de caer sobre la Acción Francesa, no se necesita ser muy perspicaz para descubrir en él las trazas de la influencia judía (…).Se deja invadir por una multitud intrigante de convertidos judíos, da alientos a Internacionales más o menos blancas (se refiere a la Internacional demócrata cristiana), sin caer en la cuenta de que éstas son los trozos de la serpiente hebrea dispuestos a unirse y que pretende confiscar todas las Obras sociales, surgidas de la iniciativa privada de los católicos, para internacionalizarlas en las manos de los RR. PP. Jesuitas; y de todo esto es el judío quien saca provecho, a expensas de la Cristiandad”.

    Como tienen una tendencia permanente a querer cambiar la realidad a través de la política, crearon al principio su propio partido político. Tras su fracaso se hicieron carlistas en España, fascistas de Mussolini en Italia y franquistas en España.

    En 1950 vuelven a organizarse en Francia alrededor de la revista “La penseé catholique” . Cuando salió el primer número, en 1946. muchos pensaron en la reaparición del catolicismo intransigente y antimodernista. Y así fue. Los cuatro fundadores de la revista, entre los que se encontraba Lucien Lefèvre (1895-1987), se conocieron cuando eran estudiantes en Roma. Proponían una educación intransigente que se definía negativamente: antiliberalismo, antilaicismo, antimodernismo y antisillonismo. Exigían la aplicación total de la verdad católica, en particular lo que concierne a las relaciones de la Iglesia y el Estado y el lugar social que se debe reservar a aquella. Eran partidarios de la unidad de todos los católicos en un mismo partido político, a fin de obtener un poder político susceptible de cambiar las leyes laicistas emanadas de la Revolución francesa. Francia debe volver a ser católica. Habían quedado traumatizados por la condena de la Acción Francesa y querían recuperarla para su causa. Según ellos, consiguiendo el poder político, donde se juegan los principios, podremos de nuevo volver a ser una nación católica.

    Los seguidores de Lefèvre rechazaron el Concilio Vaticano II y siguen sin reconocer a los últimos Papas. Consideran vacante la Sede de Pedro. Juan Pablo II excomulgó a Lefrève cuando ordenó sacerdotes. En 1985 cuatro de ellos se separaron creando una nueva organización, la cual publica una revista llamada “Sodalitium”. El actual Papa Benedicto XVI recibió en audiencia al sucesor de Lefèvre y nombró una comisión de diálogo con ellos. Entre sus miembros se encuentra Darío Castrillón, cercano al Opus Dei, y el cardenal Herranz, miembro de la Prelatura.

    En una palabra, el integrismo es un virus mutante, con diferentes formas y presentaciones. Está presente en la Iglesia desde la Revolución francesa. Desde entonces, la diferente forma de enfrentarse a la Modernidad, ha dividido a los católicos.

    Reflexión con pregunta

    Al terminar la exposición debo manifestar mi dolor ante el contenido de las líneas precedentes. El mismo malestar han debido de sentir los historiadores católicos a la hora de relatar los hechos. Unos prefieren silenciarlos, otros los cuentan de pasada, dejando claro que con la prohibición del Sodalitium por parte de Benedicto XV, la secta se desintegró por completo y aquello no fue sino una mala noche de la Iglesia. Pero los hechos se empeñan en desmentirlo. El integrismo siguió adelante, se recompuso de mil formas diferentes y a mediados de los años 20 del siglo pasado actuaba de nuevo, acusando, entre otros muchos, a D. Maximiliano, quien tuvo que acudir a Roma para defenderse (cf. Domingo Benavides, El fracaso social del catolicismo español, Arboleya Martínez 1870-1951, Barcelona 1973, pp. 417-477).

    Según el historiador Hubert Jedin, tuvimos que esperar hasta la llegada de los exhaustivos trabajos de Émile Poulat, para llegar a conocer toda la verdad. En su libro Intégrisme et catholicisme integral (Tournai 1969), demuestra la inconsistencia doctrinal del Sodalitium, el escaso número de sus miembros (no superaba los 50), y el mal que causó a la Iglesia. Entre muy pocos consiguieron sembrar el terror en la Iglesia católica, dividieron a los católicos, se organizaron como una secta, difamaron, calumniaron y denunciaron. Y todo lo realizaron con la aprobación del Papa Pío X. La realidad era mucho más modesta y al mismo tiempo mucho más oficial de lo que ellos mismos hicieron creer. Siendo pocos, estaban bien organizados y tenían abundantes contactos, aunque en ocasiones también surgían profundas diferencias de criterio entre ellos. Los escasos miembros del Sodalitium, además de buenos contactos, tenían una buena red de simpatizantes, que transmitía la sensación de ser muchos. El Papa apoyó La Sapinière, conoció la actividad de su fundador, la aprobó y estimuló. Benigni lo informaba a diario a través de monseñor Bressan y el mismo Papa le encomendaba la elaboración de informes y encuestas secretos. Personalmente respaldó una especie de policía secreta eclesiástica, que hoy día nos repugna. Se mostró complaciente con la “Acción Francesa”, el grupo de extrema derecha dirigido por Charles Maurras, amigo de los integristas en su afán por desbancar a la democracia cristiana. Estaban convencidos – y Pío X les daba la razón-, de que la religión fundamenta el orden social y que si se quieren resolver los problemas sociales y políticos fuera del control de la Iglesia se perdería la “civilización cristiana” (cf. Hubert Jedin, Manual de Historia de la Iglesia, VIII, Barcelona 1988, pp. 651 y ss.).

    A mi entender, hay algo todavía más grave: El totalitarismo se había incrustado en la Iglesia. En el corazón del Vaticano, con el Papa a la cabeza, se habían aceptado y promovido las ideas totalitarias con todo lo que esto supone. En aquellos años, las organizaciones secretas y sus formas de funcionamiento se habían infiltrado en el Vaticano. También las instituciones sectarias. Y la coacción, el terror y las purgas. A propósito de estos años, M. Trevor ha llegado a hablar de “la era estaliniana del Vaticano” (cf. Roger Aubert, en AA.VV., Nueva historia de la Iglesia, V, Madrid 1977, pp. 199 y ss.).

    La mayoría de los historiadores dan por zanjado el asunto con la desaparición del Sodalitium. A la vista de los hechos, yo no estoy tan seguro. La Iglesia, desgraciadamente, se había visto involucrada en el mal del siglo XX, el totalitarismo. Una vez dentro, no es tan sencillo erradicar el error. La medida de Benedicto XV en contra del Sodalitium era necesaria, pero un decreto no borra de las mentes las malas artes aprendidas. Los seguidores cismáticos de Lefèvre siguen reivindicando la figura de Pío X y la memoria del Sodalitium.

    Por eso termino estas líneas con una pregunta:
    El Opus Dei, ¿es una continuación del Sodalitium Pianum?

    Ávila

  4. #4
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    Re: Sodalitium pianum.

    Cita Iniciado por Capitán Casabona Ver mensaje

    En su programa, una especie de manifiesto, declaran ser integralmente contrarrevolucionarios, católicos integrales, contrarios al liberalismo religioso y social y a la democracia cristiana. Luchan por la Tradición y la Autoridad. Son enemigos de la Iglesia Católica la secta judeo-masónica y, dentro de la Iglesia, los modernistas y los demo-liberales. Combatirán a los enemigos externos e internos bajo todas las formas, con todos los medios honestos y oportunos. Lucharán sin rencor y sin debilidad o equívoco, “como un buen soldado trata sobre el campo de batalla a todos aquellos que combaten bajo la bandera enemiga”. Señalan los puntos a combatir: la disminución del poder del Papa, la “Cuestión Romana”, el laicismo, el interconfesionalismo, el sindicalismo no religioso, neutro y amoral; lucharán contra toda acción individual o social que no tenga en cuenta la verdadera moral, la verdadera religión, y por tanto la Iglesia; el nacionalismo pagano, el feminismo, la separación de la Iglesia y el Estado; cualquier filosofía, teología o manifestación artística de influencia modernista; el falso misticismo de tendencia individualista o iluminista; la utilización de la Acción Católica en beneficio de posturas partidistas que quieren sacar al clero de la sacristía y dedicarlo a tareas sociales. Y, por último, se declaran contrarios a la debilidad de tantos católicos tolerantes y avergonzados de su fe y pertenencia a la Iglesia .
    El barbero:
    -Así que un carlista condenando el integrismo, -vivir para ver-.

    El cura:
    - Perdonalos Señor, que ni saben lo que leen ni lo que escriben ni donde lo mandan. Mira que criticar la lucha por la Tradición y la Autoridad...

    El barbero:
    - Esto debe ser el carlismo fashion, ese que dicen. Eso sí, la carabina no falta en el avatar de este individuo.

    El cura:
    - Vamonos a comer que estas cosas me ponen de mal cuerpo.

  5. #5
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    Re: Sodalitium pianum.

    Cita Iniciado por Capitán Casabona Ver mensaje

    Antes de entrar en la concepción que tenía Escrivá de la “santa coacción”, me parece conveniente recurrir a la historia buscando los antecedentes. Creo encontrarlos en el “Sodalitium Pianum”, una organización eclesial de tiempos de Pío X. La introducción a su historia puede servirnos para preguntarnos en la siguiente entrega si el Opus Dei es su continuación.
    Hay comparaciones odiosas, pero pretender asimilar el envenenamiento de la secta liberal del "Opus Dei" con la encomiable labor de defensa de la integridad de la Fe llevada a cabo por "Sodalitium Pianum" es el colmo de la desvergüenza.

    Cita Iniciado por Capitán Casabona Ver mensaje
    El cardenal Gasparri habla en el proceso de beatificación de Pío X de una “asociación oculta de espionaje, fuera y por encima de la jerarquía, que vigilaba a los miembros de la jerarquía hasta a los mismos cardenales (…) una especie de masonería en la Iglesia”.

    ¿"Una especie de masonería en la Iglesia"?
    ¡Hipócritas! Si eran precisamente ellos, los modernistas, los más fieles siervos de la Masonería, los más aguerridos enemigos internos de la Santa Iglesia. ¡Se los denunció y persiguió mucho menos de lo que hubiese hecho falta!

    Cita Iniciado por Capitán Casabona Ver mensaje
    Los afiliados a la secta se juraban una fraternidad mutua, que recuerda las prácticas de la Masonería.: “Católicos integristas, tened buen ánimo; sed amigos de los bravos, todos por uno y uno por todos. El momento psicológico ha llegado, en el que se va a saber quiénes merecen nuestra confianza, en el que se sabrá quién es un buen hermano y quién es un cobarde y un traidor. Nosotros todos queremos ser no más que buenos hermanos, todos buenos hermanos, nada más que buenos hermanos”.


    Y dále, cree el ladrón que todos son de su condición.

    Cita Iniciado por Capitán Casabona Ver mensaje
    Las acusaciones son siempre las mismas: defender la aconfesionalidad, tener tolerancia excesiva con los no católicos, halagar a los obreros, fomentar la lucha de clases por medio del sindicalismo, ser liberales, desobedecer al Papa (de la obediencia a los obispos nunca hablan porque la inmensa mayoría “no son de fiar”), apoyar la democracia cristiana queriendo casar dos contrarios, democracia y catolicismo, crear sindicatos obreros junto a los protestantes...
    Cita Iniciado por Capitán Casabona Ver mensaje

    Los miembros de la organización fundada por Benigni se creían en la obligación de defender “mordicus” (a mordiscos) la única Verdad de la Iglesia.


    ¿Hay algún punto en que no se haya comprobado, con el paso del tiempo, hasta qué escalofriante extremo tenían razón?

    Cita Iniciado por Capitán Casabona Ver mensaje
    “Mientras la Masonería triunfante nos pisotea y nos trata como proscritos, falsos hermanos que se dicen integristas se convierten en denunciadores de todos los hombres celosos que emplean su vida, su fortuna y su inteligencia en el servicio de Jesucristo y de su Iglesia (…). Esta persecución de los nuestros es más dolorosa, y sobre todo, más perjudicial, que la de nuestros enemigos. Si los católicos hubieran comenzado antes a fundar sindicatos, el socialismo no se habría apoderado de nuestras poblaciones obreras”.
    Cita Iniciado por Capitán Casabona Ver mensaje

    Estas gentes “ariscas” han impedido la acción de hombres que se proponían extender la influencia de Jesús en las sociedades. “Un cardenal italiano, ilustre por su virtud y su ciencia, a quien se le dijo un día que estos escritores tan pródigos de consejos y de críticas, no hacían nada positivo, replicó indignado: “¿Cómo que no hacen nada, si están a punto de destruirlo todo?” (…).


    Qué cierto es aquello, que escribiera Gothico un poco más arriba, de: "Asistimos a este curioso fenómeno: ¡los defensores de las posiciones tradicionales de la Iglesia son los que han acabado pasando por facciosos!
    Los modernistas se quejan de los ataques de que son objeto y llegan a invertir la situación, a ponerse de víctimas, cuando son ellos los que han lanzado ideas “nuevas”, condenadas y condenadas, porque encubren viejas herejías. Atacarlos es “faltar a la caridad”. Con este slogan intentan paralizar la acción de los católicos fieles y a hacerla pasar por perturbadora, a dar la impresión de que es ella la que mantiene la confusión en la Iglesia.

    Más claro, el agua.


    Cita Iniciado por Capitán Casabona Ver mensaje
    A mi entender, hay algo todavía más grave: El totalitarismo se había incrustado en la Iglesia. En el corazón del Vaticano, con el Papa a la cabeza, se habían aceptado y promovido las ideas totalitarias con todo lo que esto supone. En aquellos años, las organizaciones secretas y sus formas de funcionamiento se habían infiltrado en el Vaticano. También las instituciones sectarias. Y la coacción, el terror y las purgas. A propósito de estos años, M. Trevor ha llegado a hablar de
    Cita Iniciado por Capitán Casabona Ver mensaje
    “la era estaliniana del Vaticano” (cf. Roger Aubert, en AA.VV., Nueva historia de la Iglesia, V, Madrid 1977, pp. 199 y ss.).

    Por eso termino estas líneas con una pregunta:
    El Opus Dei, ¿es una continuación del Sodalitium Pianum?
    Sí que es cierto que el "totalitarismo" se ha incrustado en la Iglesia: el "totalitarismo revolucionario y anticristiano" que es precisamente el que estos señores se arrogan, pretendiendo adherir la etiqueta de "Católico" a algo que nunca lo ha sido y nunca lo será.

    Lo que hay que leer, Señor...
    ReynoDeGranada dio el Víctor.
    "Praedica verbum, insta opportune, importune, argue, increpa, obsecra in omni longanimitate et doctrina. Erit enim tempus, cum sanam doctrinam non sustinebunt, sed ad sua desideria coacervabunt sibi magistros prurientes auribus, et a veritate quidem auditum avertent, ad fabulas autem convertentur. Tu vero vigila in omnibus, labora, opus fac evangelistae, ministerium tuum imple". (Tim. 4, 1-5)


    "La civilización atea se apoya en la autonomía de la razón y conduce a la servidumbre.
    La civilización cristiana se apoya en la obediencia y termina en la libertad". (Vázquez de Mella)



  6. #6
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    Wink Re: Sodalitium pianum.

    Cita Iniciado por el cura y el barbero Ver mensaje
    El barbero:
    -Así que un carlista condenando el integrismo, -vivir para ver-.

    El cura:
    - Perdonalos Señor, que ni saben lo que leen ni lo que escriben ni donde lo mandan. Mira que criticar la lucha por la Tradición y la Autoridad...

    El barbero:
    - Esto debe ser el carlismo fashion, ese que dicen. Eso sí, la carabina no falta en el avatar de este individuo.

    El cura:
    - Vamonos a comer que estas cosas me ponen de mal cuerpo.
    Muy ingenioso su estilo, amigo/s

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  7. #7
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    Re: Sodalitium pianum.

    Artículo enviado por este Capitán Casabona que es el típico articulo progresista, inconsistente y estúpido basado en satanizar al denominado “integrismo”.

    La denominación “integrismo” surge precisamente a causa del propio punto primero del manifiesto del Sodalitium Pianum:
    . “Nosotros somos católicos romanos integrales. Como lo indica la palabra el católico romano integral acepta íntegramente la doctrina, la disciplina, las directivas de la Santa Sede y todas sus legítimas consecuencias para el individuo y la sociedad. Por consiguiente, en pro del Papa, clericales, anti-modernistas, antiliberales, antisectarios..”

    Consiste en retomar la denominación “integral” (que en sentido ortodoxo se atribuía San Pío X y la causa de la Iglesia) pero en sentido despectivo e insultante dado por los enemigos modernistas hacia aquellos antimodernistas que luchaban junto a San Pío X.

    Es obvio que el Sodalitium, aunque finalmente fracasó, fue en su día un problema para el catolicismo liberal, los modernistas y los progresistas. Este tipo de escritos revelan el dolor de la bestia al verse acosada, soltando sus bilis más repugnantes.
    Aquellos progresistas contraatacaron y fruto de ello fue, y es, su reinterpretación de la Historia contemporánea de la Iglesia en el sentido contrario al definido por el Magisterio Eclesiástico; empleando además, sistemáticamente, la mentira y la calumnia, como en este lamentable articulillo que envía este “Capitán Casabona”.

    Como no es posible desmenuzar una a una la cantidad de sandeces, patrañas e infundios ahí reunidos, unas cuantas apelaciones al sentido común sirven para desenmascarar a este tipo de modernistas-progresistas-antiintegristas.

    - ¿Qué hay de malo en profesar la integridad de una doctrina? ¿Es acaso mejor profesar una parte? ¿No se preciaría la gente, hoy en día, acaso, de profesar íntegramente la doctrina democrática al uso?
    ¿Por qué sólo habría de ser malo profesar la integridad de una doctrina sólo en el caso de la Iglesia Católica?
    O sea que, según estos individuos, no se puede profesar íntegramente la doctrina católica, sólo una parte...
    Por algo los papas les condenaron siempre con el nombre de católicos-liberales. ¿Por qué? Pues porque no eran católicos-católicos.
    Pero el colmo es que un católico-“liberal-modernista” dogmatice contra católicos-católicos apelando al propio catolicismo.

    - ¿La denominación “integrismo” ha sido condenada por algún Papa?
    ¿Porque el articulista no nos lo dice? Porque con solo citar esa condenación se acabaría el problema y la disquisición.
    ¡¡Pero cómo va un papa a poder condenar a quienes defienden íntegramente la verdad católica!!
    Ni al integrismo ni a ninguna “teoría” integrista.
    Lo que si sabemos es que personajetes de la calaña del articulista: es decir, liberales y modernistas sí han sido condenados infaliblemente por el Magisterio eclesiástico: Son herejes. Y no sólo condenadas sus denominaciones sino sus teorías y fantasías.
    Pero eso lo calla el articulista, claro.


    Cita Iniciado por Capitán Casabona Ver mensaje
    En una palabra, el integrismo es un virus mutante, con diferentes formas y presentaciones. Está presente en la Iglesia desde la Revolución francesa. Desde entonces, la diferente forma de enfrentarse a la Modernidad, ha dividido a los católicos.


    ¿Presente el “integrismo” desde la Revolución Francesa? Esto es de manicomio.

    ¿Entonces por qué nadie hablaba de “integrismo” durante el siglo XIX; ni nadie conocía ese vocablo?
    ¿Por qué sólo los documentos del magisterio, al contrario, solamente hablan del catolicismo liberal, condenándolo y prohibiéndolo?
    ¿Entonces es que eran aquellos papas, Pío VII, León XII, Pío VIII, Gregorio XVI, Pío IX y León XIII unos simples “integristas”?
    Pues entonces por qué nos empieza la historia del integrismo desde el Sodalitium en 1910 y no nos cuenta la historia del integrismo desde la Revolución Francesa en 1789?
    ¿Y no ha dicho hasta la saciedad que el integrismo es una secta?
    ¿O sea que los papas del XIX pertenecían a una secta integrista?

    ¿Y que "la diferente forma de enfrentarse a la Modernidad ha dividido a los católicos"?

    O sea, que una entidad milenaria de origen divino, sus Papas, sus santos han de estar condicionados por los postulados de la "Modernidad", según a ésta le plazca dar órdenes o decir lo que debe ser o no ser la Iglesia?

    En fin, es la historia contada estúpida y heréticamente al revés.

    Marcel (no "Lucien") Lefevbre nació en 1905 y falleció en 1991, no la fechas que da este impresentable. Además reconocen a los últimos Papas y no son sedevacantistas.

    Y todo así, no vale la pena seguir refutando estupideces.

    Que quede el artículo pero como muestra del cretinismo mental de quien lo escribió para desenmascarar lo que esta gentuza entiende cuando parlotean sobre el "integrismo" y sus maldades.

  8. #8
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    Re: Sodalitium pianum.

    Cita Iniciado por Capitán Casabona Ver mensaje
    Los seguidores de Lefèvre rechazaron el Concilio Vaticano II y siguen sin reconocer a los últimos Papas. Consideran vacante la Sede de Pedro. Juan Pablo II excomulgó a Lefrève cuando ordenó sacerdotes. En 1985 cuatro de ellos se separaron creando una nueva organización, la cual publica una revista llamada “Sodalitium”. El actual Papa Benedicto XVI recibió en audiencia al sucesor de Lefèvre y nombró una comisión de diálogo con ellos. Entre sus miembros se encuentra Darío Castrillón, cercano al Opus Dei, y el cardenal Herranz, miembro de la Prelatura.
    Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
    Por un momento, llegué a pensar que el autor del artículo ni siquiera se estaba refiriendo a Monseñor Lefebvre.
    ¿La FSSPX, sedevacantista?
    Según el citado texto, la consagración de los cuatro Obispos (no Sacerdotes) el 30 de Junio de 1988 y la consiguiente supuesta "excomunión", habrían tenido lugar CON POSTERIORIDAD a la muerte del personaje ficticio surgido de la maquiavélica imaginación de quien escribe. Muy "malvado integrista" tiene que ser alguien para consagrar Obispos después de muerto, en fin... Mejor no seguir, para qué.
    Qué pena leer estas cosas y, peor aún, saber que si caen en manos de la mayoría de la gente, estarán dispuestos, de buena fe, a creerlas.
    Última edición por Gens Domitorum; 18/11/2007 a las 21:43
    "Praedica verbum, insta opportune, importune, argue, increpa, obsecra in omni longanimitate et doctrina. Erit enim tempus, cum sanam doctrinam non sustinebunt, sed ad sua desideria coacervabunt sibi magistros prurientes auribus, et a veritate quidem auditum avertent, ad fabulas autem convertentur. Tu vero vigila in omnibus, labora, opus fac evangelistae, ministerium tuum imple". (Tim. 4, 1-5)


    "La civilización atea se apoya en la autonomía de la razón y conduce a la servidumbre.
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  9. #9
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    Re: Sodalitium pianum.

    El artículo lo envié para que vieran las correlaciones que se hacían en la actualidad con respecto a Sodatium Pianum, no que fueran las mías ni que las compartiera en ningún grado. Vale.
    Última edición por Gothico; 21/11/2007 a las 20:06

  10. #10
    Avatar de Gens Domitorum
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    Re: Sodalitium pianum.

    Cita Iniciado por Capitán Casabona Ver mensaje
    El artículo lo envié para que vieran las correlaciones que se hacían en la actualidad con respecto a Sodatium Pianum, no que fueran las mías ni que las compartiera en ningún grado. Vale.
    A riesgo de meterme donde no me llaman... No es conveniente presuponer que los artículos publicados por un forista se adecúan (a la perfección o siquiera mínimamente) a su línea de pensamiento. Sin embargo, en este tema preciso, no me hubiese extrañado encontrar a alguien que hubiese sostenido dichas aberraciones. Creo que muchos estamos, y me incluyo, un poco susceptibles cuando se tratan asuntos del estilo. Por lo que, desde mi punto de vista, hubiese bastado con señalar el fin con el que se publicaba el artículo en este hilo.

    Un saludo en Cristo.
    Última edición por Gothico; 20/11/2007 a las 21:34
    "Praedica verbum, insta opportune, importune, argue, increpa, obsecra in omni longanimitate et doctrina. Erit enim tempus, cum sanam doctrinam non sustinebunt, sed ad sua desideria coacervabunt sibi magistros prurientes auribus, et a veritate quidem auditum avertent, ad fabulas autem convertentur. Tu vero vigila in omnibus, labora, opus fac evangelistae, ministerium tuum imple". (Tim. 4, 1-5)


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  11. #11
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    Re: Sodalitium pianum.

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    Procuremos no dar nada por supuesto (ni que los demás entenderán que no hay mala intención ni que por parte de alguien sí la hay). Es muy absurdo que estando de acuerdo en todo respecto al tema, acabar discutiendo sólo por un defecto de forma como es la falta de una aclaración. Tengamos esto en cuenta antes de andar con reacciones desmesuradas.
    Aquí corresponde hablar de aquella horrible y nunca bastante execrada y detestable libertad de la prensa, [...] la cual tienen algunos el atrevimiento de pedir y promover con gran clamoreo. Nos horrorizamos, Venerables Hermanos, al considerar cuánta extravagancia de doctrinas, o mejor, cuán estupenda monstruosidad de errores se difunden y siembran en todas partes por medio de innumerable muchedumbre de libros, opúsculos y escritos pequeños en verdad por razón del tamaño, pero grandes por su enormísima maldad, de los cuales vemos no sin muchas lágrimas que sale la maldición y que inunda toda la faz de la tierra.

    Encíclica Mirari Vos, Gregorio XVI


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