Todo esto es muy conocido, pero lo que muchos no saben es que cuando Octavio Augusto terminó la conquista de Hispania en 38 a.C. decretó la Aera Hispánica. Es decir, aera, no era, porque viene de aes, aera (cobre, monedas, porque a partir de entonces había que pagar impuestos a Roma). Sin embargo, la coincidencia fonética dio lugar a la confusión con Era Hispánica, era en el sentido cronológico. El caso es que durante siglos en la Península se contaron los años según el cómputo romano, incluso después de la llegada del Cristianismo. La Era Hispánica también se utilizó en el sur de Francia. Estuvo en vigor hasta el siglo XV, y su eliminación fue gradual, pues no todos los reinos lo hicieron al mismo tiempo. Donde dejó de utilizarse por primera vez fue en los condados catalanes, tras del Concilio de Tarragona de 1180. Desde ese momento se contó a partir de la Era Cristiana. En tiempos de Jaime I de Aragón se sustituyó en este reino la Era Hispánica por la Cristiana, y en la década siguiente hicieron lo propio Valencia y Mallorca (1358). En Castilla continuó vigente hasta las cortes de Segovia de 1383, en tiempos de Juan I, mientras que en Portugal persistió hasta los tiempos de su tocayo Juan I (1422). Navarra lo hizo más avanzado el siglo. Esto quiere decir que para datar documentos e inscripciones anteriores a estas fechas es necesario restar 38 para dar con la fecha exacta.

Desde luego, esto tira por tierra la trilladísima leyenda de los supuestos terrores medievales al año 1000, ya que ni siquiera estaban de acuerdo en cuanto al año exacto en que se encontraban. Ni siquiera en cuanto al día en que comenzaba el año, ya que según los reinos y territorios de España y el resto de la Cristiandad, en unos lugares el año empezaba el 25 de marzo (estilo de la Anunciación) y en otros el 1 de enero (estilo de la circuncisión). Aparte, claro, otros factores de peso como que no se conoce ningún escrito anterior al siglo XIX (parece que el primero que habló de ese supuesto terror al 1000 fue el escritor satanista italiano Carducci), y además, ¿quién se iba a poner a edificar aquellas grandiosas catedrales cuya construcción demoraba siglos si el mundo se iba a acabar enseguida?