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Honores2Víctor
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Tema: Tomaduras de pelo del "arte" moderno

  1. #1
    Avatar de Hyeronimus
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    Tomaduras de pelo del "arte" moderno

    Las obras de arte más extrañas e increíbles

    Don Thompson destapa los entresijos de la industria del arte contemporáneo en «La supermodelo y la caja de brillo» (Ariel). Estas son algunas de las piezas más estrambóticas de las que habla en el libro, de rabiosa actualidad en la apertura de ARCO

    NATIVIDAD PULIDO / MADRID






    1 Dos bombillas y unos cables: 507.000 dólares


    ABC
    Una de las obras con bombillas de González-Torres


    Cuenta Don Thompson que en una subasta de Phillips se ofreció una obra del artista cubano Félix González-Torres que consistía literalmente en dos bombillas de 40 watios colgando de unos cables alargadores. Con el nombre «Sin título» -ya tendría mérito ponerle título-, la obra representa la soledad de la vida. «Iba acompañada de un certificado de autenticidad, explica el autor del libro. En el catálogo se indicaba que esta obra es de una belleza efímera y muy profunda». Se vendió por 507.000 dólares. No ha trascendido el nombre del comprador. Afortunadamente para él.





    2 Los restos de una cena, una escultura social


    ABC
    Restos de una cena, obra de arte en la galería Paula Allen



    En 1990 el artista Rirkrit Tiravanija (nació en Argentina, creció en Tailandia y estudió arte en Estados Unidos y Canadá) hizo una exposición en la galería Paula Allen de Nueva York que podemos tildar al menos de original. Tiravanija ofreció una cena gratis a todos los que asistieron a la inauguración. «La comida, explica Thompson en el libro, fue la contribución artística. Lo que se exhibió durante el resto de la exposición fueron los residuos de aquella cena: restos de comida, cubertería, latas de cerveza vacías y el hornillo de butano. La galería lo llamó "escultura social". No se vendió». Cuesta creer quién la querría, pero, para gustos, los colores. Los caminos del mundo del coleccionismo son inescrutables. El mismo artista participó en 1993 en la sección Aperto de la Bienal de Venecia. Lo explica Thompson así: «Condujo una canoa por el Gran Canal, desde la que se servían fideos a los que pasaban. Una instalación que hacía referencia a la introducción de la pasta en Italia por Marco Polo. La obra de arte era la canoa». En este caso sí hubo comprador: el coleccionista americano Andy Stillpass. ¿Dónde tendrá colocada la canoa?





    3 Oro tirado al Sena


    ABC
    «Transferencia a una zona de sensibilidad pictórica inmaterial», de Yves Klein



    Dice Don Thompson que el célebre artista Yves Klein -famoso por usar un azul que ha tomado su nombre- ofreció una performance de arte múltiple llamada «Transferencia a una zona de sensibilidad pictórica inmaterial». Ya el nombre promete. «Klein vendía a los coleccionistas una zona inmaterial que ellos accedían a pagarle en oro. La mitad del oro la tiraba al Sena en un acto presenciado por un comisario, el comprador y otros dos artistas. La escena se fotografiaba y el coleccionista recibía la foto y un certificado confirmando la cantidad de oro que se hallaba en el fondo del río». Así explica el trabajo Don Thompson. El comprador tenía que quemar el certificado, pero se podía quedar la foto. Todo un detalle por parte de Klein. «Era una obra de arte porque el proceso había sido concebido por un artista reconocido». Vamos, que todo lo que hace un artista es arte. Ya lo dice Grayson Perry: «Esto es arte porque yo soy un artista y digo que lo es». El muy listo de Klein se quedó el oro restante. Hubo más de un comprador. Increíble, pero cierto.






    4 Camuflajes en el museo


    ABC
    Una de las performances de Tino Sehgal en un museo



    Otra de las curiosas, por llamarlo de algún modo, obras de arte a las que se refiere Don Thompson en «La supermodelo y la caja de brillo» es una de las «ocurrencias» del británico Tino Sehgal, que fue nominado al premio Turner. Por 100.000 dólares ofrecía el derecho artístico a que un vigilante de un museo se quitara la ropa muy despacio. El comprador debía proporcionar al vigilante -nos imaginamos a más de un coleccionista haciendo un casting- y Sehgal vende el derecho a realizar la obra o a prestarla a un museo. Insiste en que la transacción se realice en metálico. Nada de tarjetas de crédito. En otro de sus trabajos, «This is so contemporary» camufla a gente como vigilantes en las salas de un museo, que empiezan a bailar canturreando «This is so contemporary» (Esto es tan contemporáneo) ante el asombro del público. Contemporáneo, sí; absurdo, también.






    5 Sexo entre artista y coleccionista


    ABC
    Andrea Fraser y un coleccionista, en una habitación de hotel



    Por increíble que pareza la historia que cuenta Don Thompson es cierta. La artista americana Andrea Fraser «grabó un vídeo -filmado y producido por su marchante de Nueva York, Friedrich Petzel-, en el que la artista aparece manteniendo relaciones sexuales con el coleccionista (previo pago) en una habitación de hotel». Según la artista, la performance era en sí «el intercambio económico, vender y comprar arte y convertirlo en un intercambio muy personal y humano». Lo que adquiría el coleccionista no era el acto sexual sino el vídeo del encuentro. Y por más increíble que parezca nos cuenta Thompson que de los cinco vídeos de que constaba la edición uno se lo quedaba el coleccionista -qué menos-, y los otros cuatro se compraron: dos fueron adquiridos por museos europeos.


    6 Una partitura musical sin música


    ABC
    «4'33'», de John Cage



    El mítico compositor John Cage es el autor de la obra «4'33''
    »: tres páginas de papel cebolla, en blanco, en las que solo hay dos líneas negras verticales. Nos cuenta Don Thompson en este libro que se trata de «la partitura de una composición musical que dura 4 minutos y 33 segundos, tiempo en el que el intérprete no toca una sola nota. Para diferenciar los movimientos, se abre y cierra la tapa del piano tres veces». La pieza es propiedad del MoMA, el principal museo de arte moderno del mundo.


    7 «Cattelanadas»


    ABC
    «Torno subito», de Maurizio Cattelan



    Don Thompson da muchos y disparatados ejemplos en el libro de las disparatadas ideas del artista italiano Maurizio Cattelan, el mismo que diseca caballos, recrea el suicidio de una ardilla o que crea una pieza en la que Juan Pablo II es alcanzado por un meteorito. El mismo que está en algunas de las mejores colecciones del mundo: es una de las estrellas de la colección de François Pinault. Recuerda Thompson que en 1989 Cattelan cerró una galería y colgó un cartel: «Torno subito» (Vuelvo enseguida). Como en las tiendas de por aquí a la hora de la comida. Pero el cartel era el título de la exposición... y la propia exposición. En 1994 ató un burro vivo en la galería Daniel Newburg del Soho neoyorquino. El Departamento de Sanidad tardó un día en cerrarla. Ni siquiera sus marchantes se salvan de las «cattelanadas». Cuenta Thompson que el artista disfrazó a su galerista parisino (nada menos que el dueño de la prestigiosa Galería Emmanuel Perrotin) de pene gigante rosa con orejas de conejo. Y a su marchante de Milán lo pegó con cinta adhesiva a la pared de la galería. Cattelan en estado puro. Lo que tienen que aguantar los galeristas... Eso es amor al arte.






    8 Beuys: mi vida con un coyote


    ABC
    Una de las escenas de Beuys viviendo con un coyote en la galería René Block de Nueva York



    En 1974 el alemán Joseph Beuys llevó a cabo una más que sorprendente acción, «Me gusta América y a América le gusto yo», conocida también como «Coyote», en la que el artista convivió durante varios días con un coyote en la galería René Block, situada en el Soho de Nueva York. Beuys se envolvió en una manta de fieltro y se introdujo en un espacio donde se hallaba el animal salvaje. Entre los objetos que había en la habitación, el diario «The Wall Street Journal». Para que luego digan que el arte actual es rompedor... El de los setenta sí que lo era.







    9 Mensaje para coleccionistas masoquistas


    ABC
    Al fondo, la obra «Greedy Schmuck», de Barbara Kruger



    En el capítulo que Don Thompson dedica a las ferias de arte cuenta que en 2012 la galería L & M, presente en Art Basel Miami, exhibió en su «stand» una obra de la artista Barbara Kruger, que solo había escrito dos palabras en blanco sobre un fondo negro: «Greedy Schmuck» (Gilipollas codicioso). Aunque Kruger no hizo público a quién iba destinado tan encantador mensaje, estando colgada la obra en una feria de arte es de suponer que debía darse por aludido algún que otro coleccionista. No fue el caso (o sí) de uno de ellos, que adquirió la pieza. Eso es ser masoquista. No es de extrañar que haya querido permanecer en el anonimato. Otro artista, Merlin Carpentier, fue más allá en 2007. Los coleccionistas acudieron, prestos y encantados, a ver la inauguración de «Die Collector Scum» (Muere, cerdo coleccionista).


    10 Un vestido comestible muy dulce


    ABC
    María José Arjona dando de comer caramelos de su vestido a los asistentes en una fiesta en Miami



    Y acabamos este breve repaso por algunas de las obras de arte más extrañas, incluidas por Don Thompson en su interesante y entretenido libro «La supermodelo y la caja de brillo», con el trabajo de una performer colombiana, María José Arjona, que estará presente en CaixaForum Madrid, coincidiendo con el desembarco colombiano en ARCO. En la imagen, la artista, en 2011, en una de las muchas fiestas que tienen lugar en Miami coincidiendo con Art Basel Miami: lleva un vestido de caramelos, que va dando de comer a los asistentes. ¿Quién dijo que el arte no es espectáculo?



    Las obras de arte más extrañas e increíbles - ABC de Sevilla

  2. #2
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    Re: Tomaduras de pelo del "arte" moderno

    La confesión del genio. La parte final da escalofríos (y mucha bronca).

    El diagnóstico y la confesión

    by El Carlista



    Hoy en Clarín diario nos enteramos del nuevo record: un Picasso se vendió por la friolera suma de 179 millones de dólares.
    “Es una obra a la altura de Guernica y de Las señoritas de Aviñón”, dicen. Y no lo ponemos en duda.
    Decía Pablo Picasso por 1963:

    “Cuando yo era joven, igual que todos los jóvenes, tuve la religión del arte, del gran arte; pero con el correr de los años me he dado cuenta de que el arte, tal y como se lo concebía hasta finales de 1800, está ya acabado, moribundo, condenado, y que la pretendida actividad artística, con todo su florecimiento, no es más que la manifestación multiforme de su agonía. Los hombres se apartan, se desinteresan cada vez más de la pintura, de la escultura, de la poesía; aparte de las apariencias contrarias, los hombres de hoy tienen puesto su corazón en otra cosa muy distinta: las máquinas, los descubrimientos científicos, la riqueza, el dominio de las fuerzas naturales, y de todos lo territorios del mundo. Nosotros ya no sentimos el arte como una necesidad vital, una necesidad espiritual, como era el caso de los siglos pasados.
    Muchos de entre nosotros siguen siendo artistas y ocupándose del arte por unas razones que tienen muy poco que ver con el verdadero arte, sino por espíritu de imitación, por nostalgia de la tradición, por inercia, por el gusto de la ostentación, del lujo, de la curiosidad intelectual, por moda o por cálculo. Viven todavía por costumbre y por esnobismo, en un reciente pasado, pero la gran mayoría de ellos, en todos los medios, no tienen ya una pasión sincera por el arte, al cual consideran, todo lo más, como una diversión, un ocio y ornamento.
    Las nuevas generaciones, amantes de la mecánica y del deporte, más sinceras, más cínicas y brutales, irán dejando el arte, poco a poco, relegado a los museos y las bibliotecas, como una incomprensible e inútil reliquia del pasado. En el momento en que el arte ya no es alimento de los mejores, el artista puede exteriorizar su talento en toda clase de tentativas de nuevas fórmulas, en todos los caprichos y fantasías, en todos los expedientes de la charlatanería intelectual. El pueblo ya no busca ni consuelo ni exaltación en las artes. Y los refinados, los ricos, los ociosos, los destiladores de quintaesencias, buscan lo nuevo, lo extraordinario, lo original, lo extravagante, lo escandaloso. Por mi parte, desde el “cubismo” y más lejos aún, he contentado a esos señores y a esos críticos con las múltiples extravagancias que me han venido a la cabeza, y cuanto menos las han comprendido, más las han admirado. A fuerza de divertirme con todos esos juegos, con todas esas paparruchas, esos rompecabezas, acertijos y arabescos, me hice célebre rápidamente. Y la celebridad significa para un pintor: ventas, ganancias, fortuna, riqueza.
    En la actualidad, como sabéis, soy célebre y muy rico. Pero cuando estoy a solas conmigo mismo, no tengo el valor de considerarme artista en el sentido grande y antiguo de la palabra.
    Ha habido grandes pintores como Giotto, Tiziano, Rembrandt y Goya. Yo no soy más que un bufón público que ha comprendido su tiempo. La mía es una amarga confesión, más dolorosa de lo que pueda parecer, pero que tiene el mérito de ser sincera”.
    El diagnóstico y la confesión | Argentinidad
    Última edición por Montealegre; 18/05/2015 a las 04:29
    ReynoDeGranada y Leolfredo dieron el Víctor.

  3. #3
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    Re: Tomaduras de pelo del "arte" moderno

    yo vi en directo esta monstruosidad. Visité Dresde y entré en la Catedral (católica) entre el palacio y la plaza dela Ópera.

    Cuál no sería mi sorpresa al ver dentro de un edificio tan maravillosamente restaurado tras la aniquilación de la ciudad por un bombardeo de los buenos, encontrarme con tal engendro visual. S rumorea que se trata de una 'Piedad':



    Nunca subestimen a los modernistas.
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  4. #4
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    Re: Tomaduras de pelo del "arte" moderno

    Visito Dresde de vez en cuando y, lo reconozco, no había entrado a la Catedral. Me estás quitando las ganas de cumplir ese punto en la agenda de pendientes...

    Cita Iniciado por pozinho Ver mensaje
    yo vi en directo esta monstruosidad. Visité Dresde y entré en la Catedral (católica) entre el palacio y la plaza dela Ópera.

    Cuál no sería mi sorpresa al ver dentro de un edificio tan maravillosamente restaurado tras la aniquilación de la ciudad por un bombardeo de los buenos, encontrarme con tal engendro visual. S rumorea que se trata de una 'Piedad':



    Nunca subestimen a los modernistas.

  5. #5
    Avatar de Hyeronimus
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    Re: Tomaduras de pelo del "arte" moderno

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    Reseña: ¿El arte a la deriva?




    ¿El arte a la deriva?
    Marie-Claire Uberquoi
    Debolsillo, Barcelona, 2004




    Cuesta encontrar un libro sobre arte que parta de una premisa tan sencilla como verdadera: el arte moderno, si es que ya no lo ha hecho, está a punto de desaparecer. Este es el presupuesto de este sencillo y breve libro sobre el arte moderno. Un libro que tiene como mérito huir de reflexiones excesivamente profundas en torno al arte, para limitarse a describir cómo han evolucionado las tendencias modernas hasta la práctica auto-extinción del arte. La autora deja que los hechos hablen por sí mismos.

    Ready-made de Duchamp. Una burrada de éxito.



    Las vanguardias artísticas implementaron la autocrítica como sistema, configurando una constante deconstrucción de modelos y escuelas. Era la revolución al servicio del arte. La modernidad se lanzó a transgredir todo límite y todo principio. El lema de Joseph Beuys, el gran predicador del arte contemporáneo, proponiendo borrar los límites entre el arte y la vida, produjo el reinado de la anarquía de criterios para constituir la obra de arte. Liberado de límites, normas y modelos, el arte moderno no ha producido nada digno de consideración.

    Llegar hasta donde hemos llegado ha sido posible gracias a un largo camino de deconstrucción artística. Repasar este camino es lo que propone este ensayo de tono periodístico y ameno. El camino se inicia con un proceso de desacralización del arte que fue iniciado por Marcel Duchamp. Se propuso entonces que el arte no debía estar circunscrito a determinados temas como los sacro ni en manos de determinadas elites artísticas. El arte debía acceder a todo el mundo, debía democratizarse. Duchamp puso de moda sus ready made: «Objetos manufacturados elevados a la dignidad de obra de arte». El primer rady made de Duchamp se trataba de una rueda de bicicleta atada a un taburete de cocina. A ello le siguieron urinarios, palas. Cualquier objeto cotidiano pudo ser considerado en sí mismo obra de arte.

    El primer rady made de Duchamp se trataba de una rueda de bicicleta atada a un taburete de cocina. A ello le siguieron urinarios, palas. Cualquier objeto cotidiano pudo ser considerado en sí mismo obra de arte.


    Ready-made de Claes Oldenburg



    El resultado más espectacular de la aplicación de este principio fue la aparición, a principios de los 60 del siglo XX, del «Pop art», centrado en lo banal y cotidiano.
    Con el «Pop art» las hamburguesas, los coches o las latas de cerveza se convirtieron en los objetos protagonistas de las obras de arte. El «Pop art» fue rápidamente fagocitado por variantes del mismo principio que llevaron, por ejemplo, a la aparición de la combine painting (pinturas combinadas, donde el artista introducía en la obra de arte los más variados objetos que encontraba «por ahí». Surgieron corrientes, como la inaugurada por Claes Oldenburg, consistentes en crear ready made de tamaños descomunales: bolsas de patatas fritas de varios metros de altura o unas cerillas de tamaño gigante que aún decoran una plaza de Barcelona. Sin lugar a dudas el rey del «Pop art» fue Andy Warhol y su reproducción de la latas de sopa Campbell´s.

    Al “Pop art” le sustituyó el minimal art. Esta corriente artística es fruto de una serie de ensayos que reivindicaban la pintura como mero objeto físico. Algunos artistas empezaron a considerar el cuadro no como una composición pictórica sino como un «campo de color». Aparecieron cuadros como «Tundra» de Barnett Newman en el que toda la tela estaba uniformemente pintada de naranja excepto algunas tonalidades diferentes. Durante unas décadas el arte minimal se convirtió en el refugio de artistas que no sabían pintar y se limitaban a rellenar el lienzo de un solo color uniforme.

    Los escultores minimalistas encargaban sus obras a fábricas y trataban de no participar en el proceso, para que en la obra no hubiera «ningún rastro de humanidad».

    En la arquitectura el arte minimal se concretó en obras basadas en formas geométricas simples que no representaban ninguna imagen. Los escultores minimalistas encargaban sus obras a fábricas y trataban de no participar en el proceso, para que en la obra no hubiera «ningún rastro de humanidad». La intención explícita de los minimalistas era eliminar en lo posible lo superfluo (no entendieron que es esencial al arte el ser superfluo). El arte minimalista se contagió por todas las artes incluso la arquitectura. Las modernas plazas duras que invaden actualmente las ciudades europeas son fruto de este espíritu minimalista.

    “Una y tres sillas” de Joseph Kosuth



    Al arte minimal le siguió el arte conceptual. El arte conceptual planteó que lo más importante no era el material artístico, sino la idea. Con esta nueva moda artística «el arte se liberó de sí mismo». La figura más destacada de esta corriente es Joseph Kosuth. Su obra más famosa se titula «Una y tres sillas». Y consiste en un papel con la definición de silla, una silla cualquiera y una fotografía de una silla. Artistas como On Kawara (un japonés «ciudadano del mundo») consisten en cuadros idénticos en los que lo único que cambia es la fecha. Esta «genialidad» se vende como una «profunda» reflexión sobre el paso del tiempo.

    Cualquier mediocre pintor, lo suficientemente audaz, podía ser lanzado a la fama por un mamarracho cualquiera.

    En la medida que el arte se iba disolviendo su valor ha ido aumentando. En los años 80 el mercado artístico se convirtió en tal negocio que los circuitos tuvieron que inventar nuevas promesas artísticas. Cualquier mediocre pintor, lo suficientemente audaz, podía ser lanzado a la fama por un mamarracho cualquiera. El negocio lo exigía. Fue la época de la bad painting que encandiló a los yuppies hartos de ganar dinero en la bolsa neoyorquina. Sus pinturas se caracterizaban por escenas disparatadas y grotescas, retomadas de los graffitis, del cómic o de las series televisivas. Los cuadros se pintaban en pocas horas … y se vendían en escasos minutos. En España se puso de moda en la década de los ochenta Ferran García Sevilla. Este mallorquín cada año cambiaba de estilo para poder seguir estando “de moda” y complacer a los marchantes. El fraude llegó a las salas de subastas y a las ferias de arte. Se vendían obras que teóricamente habían sido compradas anteriormente por fabulosas cantidades de dinero, pero en realidad nadie había ofrecido un duro por ellas. Sin embargo siempre había un nuevo rico capaz de comprar lo que se le ofrecía, más como snobismo e inversión que por devoción artística.

    Lavabo de Robert Gober. Se vendían a precios millonarios



    A partir de los ochenta se inventan etiquetas como «neo-expresionismo», «neo-pop» o «neo-geo». Era simples «marcas» que permitían seguir vendiendo la idea de un arte moderno, activo y creativo, siempre en renovación. Pero tras cada etiqueta sólo había artistas mediocres que satisfacían las urgentes necesidades de un mercado boyante. Peter Halley llenó las galerías norteamericanos con cuadros que representaban figuras geométricas, consagrando así el «neo-geo» (neo-geometría). Robert Gober endosó por fabulosas cantidades de dinero fregaderos y lavabos a los ricachones neoyorquinos. Jeff Koon se llenó los bolsillos con su serie de aspiradoras encerradas en cajas de metacrilato.

    «Es posible que la desacralización del arte haya llegado a su límite . Entonces, ¿por qué no reivindicar su carácter sublime, en contraposición al materialismo imperante en nuestra sociedad?».


    obra repugnante de Damien Hirst



    A lo largo de los 90 eclosionaron las performance. Los artistas se plantearon que la obra de arte no debía quedar materializada más que en una acción original e irrepetible del artista. Parte esencial de esta acción debía ser la provocación. Kiki Smith se hizo famosa por su obra Cuento consistente en poner en escena un maniquí que dejaba a su paso un rastro de excrementos. También se fue conocida por exponer en las salas fotografías de las huellas que deja el cáncer y las radiaciones en el cuerpo humano. Como dice la autora de este libro, «El cuerpo enfermo, vulnerado pervertido e incluso fragmentado ha invadido los museos y las galerías». El más veterano de los transgresores es el austriaco Damien Hirst. Se dio a conocer en España con una obra consistente en una caja de cristal que contenía una nube de moscas revoloteando alrededor de una cabeza de vaca en descomposición. Otro de los elevados a la fama por la crítica es Chris Ofili con obras como la pintura-collage elaborada con excrementos de elefante. Muchos artistas de este calibre han inaugurado una nueva moda que empieza a denominarse la trash culture (Cultura basura).

    Ante lo expuesto, cabe preguntarse: ¿Qué ha quedado del arte? ¿Cuál será su futuro? La Marie-Claire Uberquoi nos lo señala: «Es posible que la desacralización del arte haya llegado a su límite . Entonces, ¿por qué no reivindicar su carácter sublime, en contraposición al materialismo imperante en nuestra sociedad?».

    Javier Barraycoa


    https://barraycoa.com/2016/12/05/res...e-a-la-deriva/

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