La lengua española posee una unidad gramatical/cultural como pocas en el mundo, de tal manera que, manteniendo un nivel "formal", nos entendemos perfectamente. Eso no pasa en el portugués, ni tan siquiera con el inglés, y todavía menos con el francés. En el caso del francés criollo, es muy probable que sea por la influencia del pathois, que fue prácticamente exterminado por los revolucionarios, pues hasta ese momento Francia era una sociedad mayormente bilingüe (y eso sin contar otros casos como el bretón y el provenzal, o también el vascuence y el catalán; y nosotros los españoles creyéndonos más diferentes que nadie). Pero el caso es que hay muchos franceses que no entienden a quebequeses, haitianos o acadianos, así como hay brasileños que no entienden a portugueses. En los años 90 se creó la "Comunidade de Países da Língua Portuguesa", intentando unificar criterios, y sin mucho éxito, la verdad; mientras que en la lengua de Cervantes la tradición académica (para bien o para mal) data del siglo XVIII. Como dicen los de la escuela de Gustavo Bueno, hablar español es un síntoma de buena salud. Es nuestro petróleo. En cambio, contra ciertos discursos triunfalistas acerca de nuestro idioma, al igual que José Cadalso se quejaba en sus "Cartas Marruecas" del excesivo afrancesamiento, el fenómeno insoportable del espanglish está amenazando a nuestro idioma, simplificándolo y embruteciéndolo, sin que haya literatos/artistas comprometidos en el idioma como sí los hubo entre los siglos XIX al XX, de Hispanoamérica a España: Rubén Darío, Amado Nervo, Arturo Uslar Pietri, Ramón del Valle-Inclán, Federico Garcia Lorca, Luis Rosales, Camilo José Cela... Nos falta ese ahínco intelectual constructivo y conector y nos sobran demasiados sectarismos y vistas cortas.
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