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Tema: Oliver Heydorn y Jorge Garrido: dos críticas a la R.B. desde dos visiones distintas

  1. #1
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    Oliver Heydorn y Jorge Garrido: dos críticas a la R.B. desde dos visiones distintas

    Reproduzco a continuación (en dos mensajes distintos) dos críticas a la doctrina de la Renta Básica, realizadas por el creditista social Dr. Oliver Heydorn y por el falangista abogado laborista Jorge Garrido.

    Las críticas están tomadas de sus respectivos blogs. En el caso de la crítica de Jorge Garrido, añado también los textos de los comentarios posteriores.
    Última edición por Martin Ant; 14/02/2015 a las 13:14

  2. #2
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    Re: Oliver Heydorn y Jorge Garrido: dos críticas a la R.B. desde dos visiones distint

    La "Renta Básica": una propuesta difícilmente defendible.




    Yo nunca he defendido la denominada "Renta Básica" (concesión de un dinero a todo ciudadano por el mero hecho de serlo) por muchas razones. Para mí lo más importante es el propio concepto -filosófico si se quiere- del trabajo: no es un simple derecho individual, sino ante todo un deber social. Vivir en sociedad supone que todos hemos de poner algo de nuestra parte, con nuestro trabajo, en la edificación social y económica del mundo en que vivimos (además de en otros aspectos que ahora no son el objeto de este artículo, empezando por el de la propia realización personal que permite el trabajo -especial, aunque no exclusivamente en las profesiones más vocacionales-).




    Las obligaciones anteceden siempre a los derechos: de la obligación que los demás tienen de respetar mi vida o mis bienes surge mi derecho a defenderme de quienes, incumpliendo su obligación, me agreden o me roban. De la misma manera, las personas tenemos la obligación de trabajar para garantizar nuestra subsistencia y la de nuestras familias, además de para contribuir a la edificación material de nuestra sociedad, y es precisamente cuando esa obligación de trabajar no se cumple (de forma involuntaria), cuando surge el derecho al trabajo. Ese, el derecho al trabajo y la efectividad del mismo, es el camino a seguir, y no el pretender compensar las injusticias sociales y los fallos estructurales del Sistema con limosnas, que en el fondo es lo que supone dar a todos una "Renta Básica".


    La Renta Básica no sólo será un alivio para los parados involuntarios (un subsidio permanente al parado involuntario sí sería justo, pero nada tendría que ver con el tema que tratamos), sino también un acicate para los parados voluntarios, los cuales tendrán aún más incentivos para no trabajar. ¿Acaso es saludable que una sociedad pague un sueldo a los vagos? Es decir, no es que ya no se les castigue por su actitud insolidaria, sino que además ¡se les premia! No es razonable. Los zánganos -que "haberlos, haylos"- no pueden tener derecho a una renta básica de ninguna forma. Y además, ¿de dónde saldrá esa ingente cantidad de dinero necesaria para pagarlo? Como siempre, de los que trabajan, que verán inevitablemente incrementados sus impuestos. Es verdad que estas cosas se venden siempre diciendo que "el dinero saldrá de los ricos" (aunque en la práctica ellos tienen los recursos suficientes para evadirse y hacer que los trabajadores resulten ser los agraciados... ¡como siempre!) o de la reducción del fraude y la economía sumergida (actualmente es del 23% del PIB -1 billón de euros aproximadamente- y como mucho se podría reducir en un 10% -ya que al igual que los pecados o los accidentes de tráfico, es ilusorio pretender su desaparición total-, y como de esa cantidad aflorada sólo se recaudarían los impuestos correspondientes -un 33% es nuestra presión fiscal-, supondría un incremento de ingresos de unos 30.000 millones de euros en el mejor de los casos, muy lejos de los 250-300 mil millones de euros que costaría la "Renta Básica" con el actual salario mínimo), pero se trata de argumentos demagógicos que ningún experto considera suficientes sencillamente porque no resisten un análisis serio.


    No, la idea de pagar un sueldo a todo el mundo no tiene sentido ni moral (es contrario a la ley natural), ni económico (es ineficiente, como lo era el salario uniforme en el estado soviético). Pero además de lo ya dicho, acabo de ver un artículo que da otras siete buenas razones (aunque alguna matización se podría hacer) para rechazar la idealista y equivocadísima idea de la "Renta Básica", cuyo original puede enlazarse pinchando en el título:



    Siete argumentos contra la Renta Básica Universal y a favor del Trabajo Garantizado


    Aunque hace mucho tiempo que se concibió la Renta Básica Universal (RB), no ha sido hasta hace poco cuando ha cobrado importancia en los círculos académicos españoles e incluso en la agenda política y mediática. Esta presencia se ha intensificado especialmente a raíz de la irrupción de Podemos en el panorama político español, puesto que recogen esta medida en su programa electoral. Bienvenido sea este debate, que siempre será constructivo. A continuación expongo los principales argumentos en contra de la RB, pues aunque es una medida potente, factible y muy efectiva para combatir la pobreza, lleva aparejada importantes problemas macroeconómicos. Sin embargo, la propuesta que aquí defenderé no es el rechazo de la RB, sino su modificación para transformarla en un programa de Trabajo Garantizado (TG) que resuelva las limitaciones macroeconómicas al mismo tiempo que logre mejores frutos sociales que la RB.

    Recordemos que la RB es la concesión a todo ciudadano, independientemente de su situación particular, de un ingreso fijo que le permita cubrir sus necesidades vitales. De esta forma, nadie se vería obligado a aceptar cualquier tipo de trabajo (por muy duro y precario que fuese) para poder sobrevivir con un mínimo de dignidad.

    En cambio, el TG parte de la premisa de que si bien es cierto que hoy día en nuestras sociedades hay muchísimas personas que no están trabajando y nuestro deber como sociedad es evitar que por culpa de ello pasen penurias, también es cierto que hay mucho trabajo por hacer en nuestras comunidades. No tiene sentido que mantengamos inactivas a personas que pueden y desean trabajar mientras las necesidades de nuestros conciudadanos no estén cubiertas. En la actualidad necesitamos que cuiden de nuestros mayores, de nuestros hijos y de nuestros enfermos, que aumenten los servicios de ocio y cultura, que se cuiden las infraestructuras, pavimento y fachadas de muchos barrios de nuestras ciudades, que se reforesten enormes extensiones de terreno, que se cuide la fauna y la flora de nuestro entorno, que aumenten y mejoren los servicios sanitarios, que se defienda a los grupos discriminados y a los más vulnerables, etc…

    Por lo tanto, mucho mejor que otorgarle un ingreso fijo a todos los ciudadanos es otorgarle el derecho a trabajar si así lo desean (si no lo desean o no pueden, entonces que reciban un ingreso básico –de menor cuantía que en el caso de trabajar). El Estado podría financiar y planificar este TG a través de programas concretos, aunque en última instancia podrían ser las organizaciones no gubernamentales, las cooperativas o cualquier otro tipo de organización las que gestionaran las actividades en cuestión debido a que son las que tienen experiencia sobre el terreno. La remuneración del trabajo debería ser fija por número de horas; por ejemplo, 10 euros la hora. De esta forma se establecería un ancla de precios para evitar tensiones inflacionistas. Al mismo tiempo, se lograría que ninguna persona trabajase en el sector privado por menos de 10 euros la hora, ya que de ser así siempre podrían abandonar su trabajo para formar parte del programa de TG.

    Una vez presentadas de forma sucinta ambas propuestas, pasamos a enumerar y describir las diferencias más importantes:

    1) La RB genera tensiones inflacionistas; el TG no. Por el lado de la oferta la RB busca acabar con los puestos de trabajo de peores condiciones. Puesto que el empleado pasaría a cobrar un ingreso mínimo sin necesidad de trabajar, podría abandonar su puesto si considera que no le merece la pena. El empleador tendría que mejorar las condiciones laborales para que el trabajador no abandonase, pero cabe la posibilidad de que no pueda hacerlo (debido a las exigencias del mercado: aumentar salarios le podría suponer demasiado coste para mantener competitividad sin aumentar precios o para darle suficiente rentabilidad a los accionistas. Si la mejora de condiciones laborales se hace en este contexto, los precios de los productos aumentarían para no ver mermado el margen de beneficio empresarial: habría inflación). Si el empresario no puede mejorar las condiciones (en muchos sectores con total seguridad no podría), ese tipo de trabajo desaparecería: habría menos empleo y por lo tanto menos producción (menos oferta de bienes y servicios).

    Al mismo tiempo que eso sucede, la demanda de esos bienes y servicios aumentaría puesto que todos los ciudadanos tendrían ahora más dinero en sus bolsillos gracias a la RB. Este efecto conjunto tendría como resultado un aumento notable de los precios de esos bienes y productos (la ley de la oferta y la demanda manda: si ahora se venden menos productos y a la vez hay más compradores el vendedor aprovechará la situación para subir los precios). Con precios mayores el poder adquisitivo de los ciudadanos que han recibido la RB se evapora: los pobres siguen siendo pobres.

    En cambio, con el TG no habría inflación. Por el lado de la oferta no se producirían menos bienes y servicios sino que se producirían más gracias a los nuevos programas de empleo. Además, al ofrecer un salario uniforme y fijo (de 10 euros la hora por ejemplo) impide el empujar de los precios por el lado de los costes salariales. Por otro lado, la demanda aumentaría pero en mucha menor medida que en el anterior caso ya que sólo se verían beneficiadas aquellas personas más necesitadas (quienes quieren trabajar y no se les deja, y otras personas con necesidades económicas), y no todas (ricas y pobres) como ocurre con la RB. Por lo tanto, no habría tensiones inflacionistas porque aunque habría más dinero para comprar éste no sería tan abundante como en el caso de la RB y al mismo tiempo aumentaría la cantidad de bienes y servicios puestos a la venta.

    2) La RB depreciaría la moneda si España tuviese moneda propia; con el TG el efecto sería menor. Si el dinero que aparece en los bolsillos de los ciudadanos gracias a la RB se destina en buena medida a comprar productos en el extranjero (y conociendo el tipo de productos que se producen y que no se producen en España ocurriría con seguridad), una moneda propia se devaluaría fuertemente. El efecto sería mucho menor en el caso del TG porque el dinero en los bolsillos de los ciudadanos no sería tan abundante. Eso no ocurriría con una moneda común como el euro, pero vale la pena tenerlo en cuenta a tenor de los importantes movimientos anti-euro.

    3) La RB no tiene en cuenta el ciclo económico, el TG sí. La RB es universal y constante: siempre el mismo ingreso y para todos, independientemente de si estamos en una época de boom económico o recesión. En una época de expansión económica inyectar más dinero en los bolsillos de todos los ciudadanos no hará sino calentar todavía más la economía, provocando burbujas e inflación. En cambio, el TG es flexible y contracíclico. En épocas de boom económico aparecerán en el sector privado muchos puestos de trabajo mejor pagados que los ofrecidos por el TG, de forma que muchos trabajadores del TG se trasladarían al sector privado. De esta forma se estaría introduciendo mucho menos dinero “extra” en los bolsillos de los ciudadanos, y por lo tanto no se estaría calentando tanto la economía. En épocas de recesión ocurriría lo contrario: muchos trabajadores despedidos en el sector privado pasarían a trabajar en los programas de TG, logrando que no se enfriase tanto la economía y evitando así la amenaza de la deflación (caída generalizada de los precios).

    4) La RB genera menos trabajo digno que el TG y de forma más limitada. Con la RB se confía en la disponibilidad y voluntad del empresario para mejorar las condiciones de trabajo hasta convertirse en empleos dignos (de no hacerlo los trabajadores abandonarían). Muchos empleadores podrían hacerlo pero otros muchos no. El TG se ahorra este problema al crear trabajo digno de forma directa, sin necesidad de contar con los empresarios. Además, con el TG se podría combatir directamente la discriminación de género, racial y de cualquier otro tipo; algo que no se podría controlar con la RB.

    5) La RB no crea servicios sociales; el TG sí. Con la RB no hay producción social (que sirva a los más necesitados), no al menos más allá de la que estén dispuestos a realizar voluntariamente los receptores del ingreso fijo. En cambio, el TG crea directamente puestos de trabajo cuyo objetivo es a) mejorar las condiciones de vida de muchas personas que lo necesitan y b) cuidar y respetar el medio ambiente.

    6) La RB sólo concede dinero, el TG mucho más.
    Recibir un ingreso es sólo uno de los muchos motivos que hay para trabajar, y a menudo ni siquiera es el más importante. Sentirse útil para con la sociedad, aprender nuevas habilidades y conocimientos, socializarse, entretenerse, viajar, etc, son otros beneficios que otorga el TG y que la RB no puede ofrecer.

    7) La RB no forma ni prepara al ciudadano, el TG sí lo hace. Los conocimientos y habilidades adquiridas por el trabajador del TG lo preparan para encontrar trabajo en el sector privado o para iniciar sus propios proyectos en un futuro.


    -----------------------------


    COMENTARIOS



    6 comentarios:


    jose17 de noviembre de 2014, 22:16

    ¿Es, o sería, el Trabajo Garantizado una oferta de las instituciones públicas como el estado o los ayuntamientos de manera exclusiva? ¿En qué campos o sectores serían creados esos puestos de trabajo? ¿Cómo se pagarían esos salarios?


    [IMG]http://4.bp.blogspot.com/-HfVj_GTunlk/VC7fCdGO_2I/AAAAAAAAAa8/TMRzvmBXX4U/s45/*[/IMG]

    Jorge Garrido18 de noviembre de 2014, 22:29

    Bueno, eso es discutible y por eso digo que lo que expone el autor del artículo merecería algunas buenas matizaciones.

    En mi opinión deberían ser las distintas administraciones públicas e instituciones sociales quienes deberían sacar una "oferta de necesidades a cubrir" que debería gestionar el SEPE actual -antiguo INEM- (o el organismo que fuere del Sindicato unitario en el caso de un Estado Nacionalsindicalista) con el dinero recaudado con todas las cotizaciones para desempleo (las cuales probablemente deberían incrementarse algo o complementarse con otras aportaciones extraordinarias del Estado).

    Lo que pasa es que la economía capitalista considero que es incompatible con la idea de "paro cero" o de "trabajo garantizado", pues necesita parados desesperados que tiren a la baja de los salarios por estar dispuestos a trabajar por menos que otro (lo que cruelmente llaman los entendidos "tasa natural de paro").


    Juan19 de noviembre de 2014, 5:11

    Dice Jorge en este último mensaje que el capitalismo "necesita parados desesperados que tiren a la baja de los salarios por estar dispuestos a trabajar por menos que otro". Sin embargo, unos pocos renglones más arriba ha llamado "vagos" y "zánganos" a los que no quieren trabajar con determinados salarios y condiciones.


    [IMG]http://4.bp.blogspot.com/-HfVj_GTunlk/VC7fCdGO_2I/AAAAAAAAAa8/TMRzvmBXX4U/s45/*[/IMG]
    Jorge Garrido19 de noviembre de 2014, 11:11

    No es cierto. Yo no he llamado "vagos" y "zánganos" a los que no quieren trabajar con determinados salarios y condiciones, sino simplemente a los que no quieren trabajar (a secas), que es muy distinto. Nadie está obligado a aceptar condiciones inaceptables de trabajo, pero conozco personalmente casos de personas que han rechazado empleos razonables simplemente porque preferían agotar la prestación de desempleo o porque estaban mejor viviendo a costa de los padres (yo personalmente intermedié para ofrecer a dos personas un trabajo con un sueldo neto de 900 euros -que no es mucho, pero el trabajo era fijo y muy liviano- y lo rechazaron porque preferían seguir en su situación; es a los que hacen eso a los que no dudo en calificar de "vagos" y de "zánganos" que no merecen ninguna renta básica ni nada similar, pues son eso, auténticos vagos y zánganos profesionales). A ese tipo de personas es al que me refería.



    Juan19 de noviembre de 2014, 23:24

    Buena matización. La acepto. Hay que tener cuidado con la manera de presentar ciertos argumentos, que pueden dar la impresión de otra cosa al lector extraño.

    Aparte de la inflación y y la depreciación de los salarios de los que sí trabajan, a mí lo más peligroso de la RBU me parece que crearía una clase de personas adictas al sistema.

    Pero hay otras cuestiones asociadas que los falangistas deberíamos tratar más a menudo, por ejemplo, el paro tecnológico; la creciente sustitución de todos los trabajadores (incluso los cualificados) por máquinas o por "freelancers" deslocalizados gracias a la tecnología; la imparable concentración de la riqueza que supone la automatización; el "crowdworking" que incluso ahora mismo estoy haciendo yo al rellenar un "captcha" que le permite a Google prescindir de ciertos trabajos de oficina.


    [IMG]http://4.bp.blogspot.com/-HfVj_GTunlk/VC7fCdGO_2I/AAAAAAAAAa8/TMRzvmBXX4U/s45/*[/IMG]
    Jorge Garrido20 de noviembre de 2014, 10:54

    Es que la diferencia, ciertamente, es sustancial. Resignarse a aceptar condiciones inaceptables o rechazarlas no es una opción razonable, y yo nunca llamaría vago o zángano a quien no acepta condiciones cercanas a las de la esclavitud. ¡Por supuesto que no!

    En cuanto a las otras interesantes cuestiones que planteas, en buena medida yo las he tratado en mi libro "Manifiesto Sindicalista", si bien es cierto que dado que se trata de un libro-manifiesto, requerirían un tratamiento aún más profundo.

    Mi tesis es que, aunque la práctica ha demostrado la falsedad de la afirmación de que la tecnificación iba a hacer que la gente tuviera más tiempo libre y que se iban a generalizar las jornadas de 35 horas semanales o menos, lo cierto es que no todo el trabajo que aparentemente se destruye desaparece realmente: mucho trabajo nuevo surge al mismo tiempo precisamente al rededor de la nueva tecnología empleada, además de que una economía no capitalista permitiría el afloramiento de una enorme economía de la "segunda mano", del reciclaje, de las reparaciones, etc., algo que no sucede en la proporción que debiera en la economía actual (las cosas se hacen para que se averíen en un cierto tiempo y así se vuelvan a tener que comprar, de forma que las reparaciones cuestan más que un producto nuevo; es más, campañas como el "Plan PIVE" consisten en ¡¡pagar por destruir el producto viejo que sigue en funcionamiento a cambio de comprar uno nuevo!!, algo objetivamente absurdo...).




    Fuente: CLAMAR EN EL DESIERTO
    Última edición por Martin Ant; 14/02/2015 a las 13:28
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  3. #3
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    Re: Oliver Heydorn y Jorge Garrido: dos críticas a la R.B. desde dos visiones distint

    Dividendo Nacional vs. Ingreso Básico: Similitudes y Diferencias





    Por M. Oliver Heydorn



    En el apogeo de la Gran Depresión, el fundador del movimiento del Crédito Social, el Mayor Clifford Hugh Douglas (1879 – 1952), describió la propuesta en favor de un Dividendo Nacional en los siguientes términos:


    Creemos que la mayor parte de las necesidades urgentes del momento podrían ser satisfechas por medio de lo que llamamos un Dividendo Nacional. Éste se proporcionaría mediante la creación de nuevo dinero –exactamente a través de los mismos métodos que ahora son usados por el sistema bancario para crear nuevo dinero– y su distribución como poder adquisitivo a toda la población. Permítaseme subrayar el hecho de que esto no es recolección-por-impuestos, pues, en mi opinión, la reducción de impuestos –la muy rápida y drástica reducción de impuestos– constituye algo vitalmente importante. La distribución por vía de dividendos de un cierto porcentaje de poder adquisitivo, suficiente de todos modos para conseguir un cierto estándar de dignidad, de salud y de decencia, constituye el primer desiderátum de la situación [1].

    La idea básica que estaba detrás del Dividendo Nacional era ésta: del mismo modo que una compañía privada puede distribuir su beneficio a sus accionistas en forma de dividendos, así también puede una nación monetizar su beneficio macroeconómico y distribuir el usufructo a sus ciudadanos. La emisión de tal dividendo transformaría a toda la sociedad en una gigantesca cooperativa de reparto de beneficios.

    El foco en el que se centra este post gira en torno a las siguientes cuestiones: ¿Es el Dividendo Nacional, tal y como lo propuso Douglas, simplemente otra versión de una “Garantía de Ingreso Básico”? ¿Por qué o por qué no?

    La G.I.B. ha sido definida como “una garantía asegurada del gobierno de que el ingreso de ningún ciudadano caerá por debajo del nivel necesario para satisfacer sus necesidades básicas por cualquier razón” [2].

    Igual que la Garantía de Ingreso Básico, el dividendo es universalmente inclusivo. Cubre a todo ciudadano al ser distribuido a todo ciudadano.

    Igual que la Garantía de Ingreso Básico, el dividendo no exige un requisito de trabajo o una comprobación de medios. Es emitido incondicionalmente.

    Sin embargo, y ésta es la diferencia clave en relación a la definición de G.I.B., el dividendo no se garantiza, o bien para sostener el ingreso de los ciudadanos al nivel que sea necesario para satisfacer sus necesidades básicas, o incluso para sostener su ingreso a un cierto nivel mínimo que sea fijado por decreto del gobierno.

    Puesto que una de las tres condiciones que son independientemente necesarias y conjuntamente suficientes para definir correctamente el concepto de Garantía de Ingreso Básico no se cumple, debería resultar claro que la propuesta del Crédito Social de un Dividendo Nacional no se clasifica, hablando en sentido estricto, como un genuino caso o ejemplo de G.I.B. Aún así, es de esperar que, bajo condiciones normales, el Dividendo Nacional satisfaría todos los objetivos de una G.I.B. y lo haría en una forma mejor y más sustentable. Es por esta razón que el Dividendo Nacional merece la atención de los defensores de la G.I.B.

    Para poder entender por qué el Dividendo Nacional no es un ingreso garantizado, uno debe primero comprender el muy particular contexto financiero y económico dentro del cual se desarrolló por primera vez la propuesta para un Dividendo Nacional. En otras palabras, un correcto entendimiento del Dividendo Nacional requiere un correcto entendimiento del Crédito Social.

    A diferencia de muchos, y en realidad la mayoría, de las propuestas de garantía de ingreso básico, el Dividendo Nacional está inextricablemente vinculado a un programa de reforma monetaria, y ese programa sirve a una política económica que rehabilitaría la totalidad de los órdenes económico y financiero.

    El Crédito Social afirma que el problema fundamental que existe con la economía industrializada moderna consiste en el hecho de que el ritmo al que los precios se originan en el curso de la producción es mayor que el ritmo al que los ingresos son distribuidos a los consumidores. En otras palabras, la ley de Say no se sostiene. Nuestras economías están plagadas de una deficiencia crónica de poder de compra del consumidor.

    Existen muchos factores que están detrás de esta brecha macroeconómica de precio-ingreso, tales como la obtención de beneficios (incluyendo beneficios derivados de pagos de intereses sobre préstamos bancarios), ahorros netos, la reinversión de los ahorros, políticas bancarias deflacionarias, e impuestos; pero la causa principal tiene que ver con las formas en que el capital real (es decir, máquinas y equipo) es financiado y las formas en que sus costes son contabilizados a continuación bajo las actuales convenciones bancarias y de contabilidad del coste.

    Cada vez que el capital real es fabricado o reemplazado, los costes que se originan a causa de las cargas por gastos de capital (es decir, el reembolso a los bancos de los préstamos para el capital) y las cargas por gastos ordinarios de explotación (es decir, cargas por depreciación, obsolescencia, mantenimiento, etc…) exceden a los ingresos que están siendo distribuidos simultáneamente a los consumidores.

    Naturalmente, esta brecha ha de ser rellenada de una u otra forma si se quiere que el flujo circular de la economía alcance algún tipo de equilibrio. El fracaso a la hora de conseguir ese equilibrio producirá como resultado bancarrotas, ventas forzosas, estancamiento económico, o incluso contracción.

    De acuerdo con la teoría del Crédito Social, los actuales sistemas económico y financiero intentan rellenar esa brecha apoyándose en continuos incrementos de deudas públicas, empresariales y del consumidor. El dinero adicional debe ser tomado prestado y puesto a la existencia a partir de los bancos (los cuales crean la mayor parte del suministro de dinero ex nihilo) para así poder incrementar el volumen del poder adquisitivo del consumidor. Esto conduce a la originación y acumulación de una montaña cada vez más creciente de deuda social que, en su conjunto, nunca podrá ser pagada. En los Estados Unidos, por ejemplo, la deuda total pendiente se estima en 59,3 billones de dólares, mientras que el P.I.B. es solamente de 17,4 billones y la oferta monetaria (M2) es de 11,8 billones [3]. El exceso de deuda sobre el dinero constituye un registro parcial a lo largo del tiempo de la recurrente brecha entre precios e ingresos.

    La producción por el gobierno de cosas que el consumidor no compra o no pagará por ellas en el mismo periodo de tiempo, o la producción por las empresas de bienes de capital o bienes para exportar, pueden ayudar a incrementar el ritmo de flujo de ingresos del consumidor sin que simultáneamente se incremente el ritmo de flujo de precios de bienes finales o de consumo. Los préstamos a los consumidores que implican la creación de nuevo dinero-deuda a partir de los bancos, incrementan el poder adquisitivo del consumidor de una manera aún más directa.

    En lugar de rellenar la brecha con dinero-deuda adicional, Douglas propuso que la brecha fuera rellenada con dinero “libre de deuda” y que se distribuyera directa o indirectamente a los ciudadanos. El pago indirecto se conoce en la literatura del Crédito Social como el precio compensado o el Descuento Nacional, mientras que el pago directo es el Dividendo Nacional.

    Permítaseme recalcar que, a diferencia de muchas, si no la mayoría, de las propuestas de un ingreso básico, el dividendo no se financia por medio de impuestos redistributivos o mediante un incremento en las deudas públicas, sino más bien a través de la creación de nuevo dinero enteramente libre de deuda (o de cualesquiera otros costes). Desde el punto de vista del Crédito Social, si el principal defecto de la economía consiste en que hay una escasez crónica de liquidez en forma de ingresos del consumidor, la redistribución no va a solucionar el problema. Uno no hace más grande un insuficiente flujo de ingresos por el mero hecho de redistribuirlos. Lo que se necesita es un incremento en el flujo de los ingresos del consumidor.

    En realidad, el dividendo nos permite poder matar dos pájaros de un tiro. El fenómeno particular que, en un plano físico, es el responsable del desempleo tecnológico, es decir, el desplazamiento del trabajo humano por las máquinas, es el mismo fenómeno que, en un plano financiero, genera una brecha cada vez mayor entre el ritmo de flujo de los precios de los bienes de consumo y el ritmo de flujo de ingresos que son distribuidos durante el transcurso de su producción. El dividendo soluciona ambos problemas. Por un lado, nos permite rellenar la brecha precio-ingreso en una forma que restaure un verdadero y auto-liquidable equilibrio al flujo circular. Por otro lado, el dividendo también asegura que todos aquellos individuos cuyo trabajo ya no es más necesario en la economía formal reciban, sin embargo, un ingreso que les permita tener acceso a los bienes y servicios.

    Así, a diferencia de la Garantía de Ingreso Básico o de la inmensa mayoría de las propuestas de un ingreso básico, el dividendo no está vinculado al “pleno empleo” como una política fija. Si una economía es físicamente capaz de proveer a todos de todos los bienes y servicios que necesitan para sobrevivir y desarrollarse sin tener que acudir a la plena capacidad de la fuerza laboral disponible, entonces la cantidad de dividendo no necesita ser restringida artificialmente con el fin de mantener el incentivo positivo o fáctico hacia el trabajo. Cuantas menos sean las horas de trabajo que sean físicamente necesarias para asegurar nuestras genuinas necesidades, mejor estaremos todos porque entonces podríamos disfrutar de esa disminución en la necesidad de trabajo en forma de ocio incrementado.

    Pero, ¿por qué no es el Dividendo Nacional un ingreso garantizado?

    Puesto que el fin estructural básico del dividendo consiste en ayudar a rellenar la recurrente brecha precio-ingreso, el volumen del dividendo está directamente vinculado al tamaño de esa brecha. Brecha grande, dividendo grande. Brecha pequeña, dividendo pequeño. No hay brecha, no hay dividendo.

    En una economía industrial muy primitiva, el dividendo que sería necesario para ayudar a cubrir la brecha sería correspondientemente pequeño en términos de su poder de compra, y no sería suficiente para satisfacer las necesidades básicas de los ciudadanos.

    En una economía que estuviera experimentando una rápida industrialización, es incluso posible que el dividendo pudiera ser inexistente. Si los ingresos adicionales que se estuvieran distribuyendo a causa de una cada vez mayor producción de capital rellenaran temporalmente, o incluso excedieran la brecha subyacente entre los precios de los bienes de consumo y los ingresos del consumidor, entonces no habría ninguna brecha que cubrir hasta que el nivel febril de producción de capital se hubiera reducido, y por tanto ninguna necesidad para la creación o emisión de crédito compensatorio “libre de deuda”.

    Ahora bien, dicho todo esto, sin embargo, se ha adelantado que, en el caso de una economía madura, altamente industrializada, el dividendo sería suficiente para satisfacer de manera continua las necesidades básicas de todo ciudadano. A pesar de estar “refrenada, contenida y confinada” a causa de la política financiera actual, nuestra verdadera o física capacidad productiva es enorme. En efecto, el poder adquisitivo del dividendo debería estar continuamente incrementándose a medida que se introducen métodos más eficientes de producción que implican el progresivo desplazamiento del trabajo humano por las máquinas. Incluso en este escenario, sin embargo, la cantidad de dividendo no podría ser garantizada en un sentido absoluto.

    Si, Dios no lo permita, una economía altamente industrializada hubiera de sufrir algún tipo de catástrofe natural o causada por el hombre, y fuera destruida mucha producción, la brecha entre el total de los precios de los bienes de consumo y el de los ingresos distribuidos podría reducirse o incluso quedar eliminada. Si un improbable evento como ése tuviera lugar, el dividendo habría de disminuirse correspondientemente o suspenderse para así poder mantener el equilibrio entre el ritmo de flujo de precios de los bienes de consumo y el ritmo de flujo de los ingresos del consumidor.

    Estoy convencido, y también es ésta la convicción de los creditistas sociales, que el Dividendo Nacional proporcionaría a los defensores del ingreso básico los resultados que ellos más desean, es decir, la abolición de la pobreza a todos los efectos prácticos, y esto se conseguiría sin tener que penalizar a nadie o incrementar el endeudamiento público. Al mismo tiempo, el dividendo contribuiría a una reacción en cadena de beneficios que están asociados más generalmente a la reforma monetaria del Crédito Social. Tales beneficios incluirían la eliminación de los siguientes fenómenos: el recurrente ciclo de booms económicos y depresiones; la inflación; la formación de deudas impagables; el crecimiento económico forzoso; la ineficiencia, despilfarro y sabotaje económicos; la centralización de la riqueza y el poder en menos y menos manos; el conflicto social; la degradación medioambiental; políticas comerciales agresivas que conducen a guerras militares entre naciones; y niveles opresivos de impuestos junto a la creciente interferencia del gobierno en la economía.

    Véase también: La (¡gran!) Diferencia Entre un Ingreso Básico y el Dividendo Nacional: La (¡gran!) diferencia entre un "Ingreso Básico" y el Dividendo Nacional.



    [1] C. H. Douglas, Money and the Price System (Vancouver: The Institute of Economic Democracy, 1978), 11.

    [2] www.usbig.net/whatisbig.php

    [3] Cf. www.usdebtclock.org. El M1 es de aproximadamente 2,9 billones, cf. RB: H.6 Release--Money Stock and Debt Measures--August 14, 2013.


    Fuente: CLIFFORD HUGH DOUGLAS INSTITUTE
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  4. #4
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    Re: Oliver Heydorn y Jorge Garrido: dos críticas a la R.B. desde dos visiones distint

    SI SE IMPLANTA, LA MEDIDA REDUCIRÍA LA BUROCRACIA

    560 euros al mes: Finlandia inicia su experimento con la renta básica universal

    Desde el 1 de enero y durante los próximos dos años, un total de 2.000 desempleados finlandeses recibirán una prestación sin condiciones para ver si desincentiva o no su reintegración laboral





    Un grupo de personas caminan por el centro de Helsinki (Reuters)



    Antonio Martínez. Berlín

    03.01.2017 – 05:00 H.




    2.000 parados. 2 años. 560 euros al mes. Por cabeza. Libres de impuestos. Sin condiciones. Finlandia se ha convertido este enero en el primer país del mundo que experimenta, a pequeña escala, con la Renta Básica Universal (RBU). El objetivo es ver si este concepto revolucionario podría llegar a ser viable en un mundo en el que el trabajo -sobre todo el estable y a jornada completa- es cada vez un bien más escaso debido a la mecanización y la digitalización. Muchos ojos desde todo el mundo siguen con atención el proyecto piloto finlandés. Porque la idea polariza. Hay una avanzadilla que lo aplaude por liberalizador. Y un cerrado sector de opositores que lo tacha de socializante, inaplicable y ruinoso.

    Hace apenas unos días 2.000 personas de toda Finlandia recibieron sendas cartas del Kela, el Instituto de la Seguridad Social nacional. Ellos habían sido seleccionados por sorteo para participar, de forma obligatoria, en una prueba inédita, para la que sólo se tuvieron en cuenta dos criterios: encontrarse desempleados en noviembre de 2016 y tener entre 25 y 58 años. Los elegidos van a recibir entre enero de 2017 y diciembre de 2018 un ingreso básico de 560 euros no condicionado. A nada. Ni a su situación laboral o familiar ni a los ingresos que pudiesen tener. Por elevados que sean. Y esa RBU está absolutamente libre de impuestos.

    Marjukka Turunen, jefa del departamento Legal del Kela, explica en una entrevista en el diario finés Uusi Suomi que el experimento, que cuenta con la bendición del primer ministro, Juha Sipilä, persigue dos objetivos: dar la vuelta al sistema de incentivos económicos para que los desempleados busquen trabajo y simplificar la mastodóntica maquinaria burocrática que se ha ido creando para gestionar la maraña de ayudas y subvenciones públicas de este Estado del Bienestar nórdico.

    El sistema más habitual de prestaciones por desempleo es el que entrega al parado una cantidad mensual ligada a lo que cotizó cuando trabajaba, durante un período de tiempo determinado. Los gobiernos establecen además una serie de requisitos previos para poder acceder a ese dinero y unas condiciones que se han de cumplir para seguir percibiéndolo. La teoría señala que el incentivo que lleva a volver al mercado laboral al trabajador es la certeza de que esa ayuda es limitada.

    Lo que quiere estudiar el Kela ahora, explica Turunen, es si resultaría efectivo invertir totalmente la estructura de incentivos. Entregar de forma incondicional una cantidad de dinero a esos desempleados. Una cantidad mucho menor que el sueldo medio de Finlandia -donde el sueldo anual neto ronda los 36.500 euros-, pero que al no tributar supondría una ayuda financiera significativa. Y ver cómo reaccionan los seleccionados. El Kela quiere acabar así con el círculo vicioso en el que caen muchos desempleados, que rechazan los trabajos a los que pueden optar con mayor facilidad -en su mayoría, con malas condiciones- porque tras los impuestos les queda menos que la prestación por desempleo. Consideran desde la Seguridad Social finlandesa que con la RBU va a ser mucho más fácil para los parados dar el salto a un nuevo primer empleo, sea a tiempo parcial o de baja remuneración.





    Trabajadores de una empresa tecnológica salen de la oficina en Oulu, Finlandia, en 2014 (Reuters)



    Menor burocracia, menor gasto


    Además, la administración espera poderse ahorrar una cantidad significativa simplificando la administración. Desde el Kela no aportan cifras concretas. Los receptores de ayudas por desempleo deben rellenar constantemente formularios y reunirse con funcionarios. Eso, un trabajo tedioso y rutinario, requiere de gran cantidad de personal y tiempo. Con el ingreso básico, este aparato burocrático sería cosa del pasado.

    Un tercer punto es de carácter psicológico. La RBU aporta una gran seguridad financiera, explica Turunen en una entrevista publicada por el diario alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung. "Da a las personas seguridad financiera. Pueden estar seguros de que el dinero llegará puntualmente. Lo que hagan con él es asunto suyo", asegura. Además, este ingreso elimina de los desempleados el estigma de las visitas regulares a las oficinas de desempleo.

    Finlandia es el primer país que juguetea a esta escala con la RBU. Pero no es el único con el debate abierto sobre su conveniencia. En el norte de Europa principalmente hay colectivos que están poniendo esta opción sobre la mesa. El eco que están teniendo sus propuestas llevó hace meses al filósofo alemán Philip Kovce a decir que, salgan o no adelante estos primeros planes, la relevancia que se está dando a la iniciativa ya es un éxito para ellos.

    En junio Suiza votó en referéndum la introducción de la RBU. Una contundente mayoría, más de tres cuartas partes de los participantes, rechazaron la propuesta -lanzada por una iniciativa popular-, que abogaba por que el estado ingresase a todos los ciudadanos, de forma automática e incondicionada, 2.260 euros libres de impuestos al mes. Holanda ha puesto en marcha un proyecto piloto en Utrecht y otros 19 municipios para estudiar la viabilidad del ingreso básico. Y en Alemania un colectivo presentó a mediados de 2016 más de 90.000 firmas en el Bundestag para pedir un referendo al respecto.

    Los académicos y analistas no han quedado fuera de este debate. El ex ministro de Finanzas griego Yanis Varufakis y el filósofo esloveno Slavoj Zizek, desde la izquierda, defienden la implantación del ingreso ciudadano. Pero también el presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial de Davos, Klaus Schwab, lo percibe con buenos ojos. No obstante, la RBU está lejos de poder amalgamar algún tipo de consenso. La idea, por su radicalidad, polariza. Genera atracción y curiosidad. Pero también rechazo. Además, la idea teórica sigue resultando ambigua en puntos clave, como la cuantía del ingreso, y se ha consolidado en torno a distintas modalidades concretas que, en ocasiones, son casi contrapuestas.





    Una mujer pide dinero en el centro de Helsinki, en 2008 (Reuters)



    Cargados de argumentos


    El principal argumento a favor de la renta básica es que la digitalización y la mecanización están acabando con cada vez más puestos de trabajo. En unos años, argumentan los defensores de la RBU, no sólo será difícil encontrar empleo para una nutrida mayoría, sino que además esos puestos de trabajo no serán necesarios para satisfacer la demanda de bienes y servicios. Según un estudio, el 47 por ciento de los trabajos en Estados Unidos son altamente susceptibles de ser automatizados en las próximas dos décadas.

    Además, con una sola medida, se acabaría con la pobreza. Un progreso fenomenal, para los adalides de la RBU. La cuestión no es baladí en un momento en el que, tras el colapso financiero de 2008 y la subsiguiente crisis del euro, la clase media se encuentra amenazada por la precariedad y la desigualdad. Según Eurostat, unos 120 millones de europeos, cerca del 25 por ciento, viven en situación de riesgo de pobreza y exclusión social.

    Renta Básica Suiza, la organización que recogió las firmas para el referéndum suizo, peleaba asimismo por "desacoplar los conceptos de trabajo y valor personal". Las personas, proseguía su argumento, podrían elegir con libertad a qué dedicar su tiempo. Muchos seguirían trabajando. Otros alargarían la formación o se tomarían mayores pausas para criar a sus hijos. Además, los riesgos derivados de emprender e innovar se reducirían sensiblemente.

    Los críticos y escépticos, por su parte, también vienen cargados de argumentos. El primero y esencial es el coste. Pocos estados, más allá de los nórdicos, podrían poner en marcha iniciativas de este tipo. Según la OCDE, Luxemburgo y Dinamarca podrían en la actualidad pagar al año a cada uno de sus ciudadanos 17.800 y 10.900 dólares, respectivamente, si se eliminasen todas las ayudas no sanitarias y se repartiesen ese dinero de manera equitativa entre la población. En ambos casos esas cantidades suponen en torno a una quinta parte de la renta per cápita nacional. Los europeos del sur no podrían, como tampoco las economías de corte liberal anglosajón como Estados Unidos y Reino Unido. Y para la mayoría de países emergentes o pobres resultaría absolutamente impensable.

    Además, critican algunos, eliminar ayudas e introducir la RBU supondría una redistribución de la riqueza hacia arriba. Al entregar un ingreso a todos los ciudadanos, parte del dinero que antes se destinaba a personas de clase baja o con dificultades iría a parar a manos de gente de clase alta. Esto, si no se prevé, podría acabar generando más desigualdad. Asimismo, algunos escépticos consideran que desincentivaría el empleo, sobre todo el de baja remuneración, lo que erosionaría los ingresos fiscales. Y que podría generar efectos llamada inasumibles en una era de migraciones masivas transfronterizas por motivos económicos.

    Por último, algunos críticos temen el daño psicológico. Argumentan que desaparecería el pilar laboral como elemento estructurador de la personalidad. Que se fomentaría el no trabajar, algo que perciben como "moral hazard". Y que la distribución incondicionada de dinero podría perjudicar además el tejido social y acabar con la solidaridad.



    Fuente: EL CONFIDENCIAL
    Última edición por Martin Ant; 04/01/2017 a las 13:04

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    Re: Oliver Heydorn y Jorge Garrido: dos críticas a la R.B. desde dos visiones distint

    No voy a hacer ningún comentario a la noticia anterior, porque todo lo que se tenía que decir sobre la Renta Básica Universal, ya lo dijo el Dr. Oliver Heydorn en sus dos artículos críticos: uno más amplio y detallado (el que aparece en este hilo), y el otro más resumido y conciso (el que aparece enlazado al final de ese primer artículo).

    Simplemente quisiera resaltar (tal y como da a entender brevemente el Dr. Heydorn al final de uno de los dos artículos) la naturaleza paródica de esta nueva política de la RBU en relación al Crédito Social (de manera similar a como lo fue en su día y lo sigue siendo hoy la política keynesiana). Digo paródica, porque todas esas políticas guardan similitudes superficiales pero son esencialmente contrarias, tanto al fin social, como a la metodología (para la consecución de dicho fin), del Crédito Social.

    La tarea consiste, pues, no en que los creditistas sociales se suiciden subsumiéndose o disolviéndose en apoyo o defensa de alguna de todas esas políticas que han ido surgiendo desde las instancias de la ortodoxia económica, sino en seguir tratando de convencer a las personas de buena voluntad que apoyan esas políticas de su carácter sucedáneo, en tanto que falsas soluciones "parche" para el problema de la economía (al tiempo que ellas conservan radicalmente invariable el status quo).
    Última edición por Martin Ant; 04/01/2017 a las 13:39

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    Re: Oliver Heydorn y Jorge Garrido: dos críticas a la R.B. desde dos visiones distint

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    ¿Ingreso Básico Universal o Trabajo Para Todos? Una mirada desde la doctrina peronista. Por Oscar Balestieri
    POR KONTRAINFO/FF · 25 MAYO, 2020


    Por Oscar Balestieri*



    Las veinte verdades peronistas es un texto donde Perón propuso a su pueblo un conjunto de ideas y objetivos, fue el 17 de octubre de 1950, a cinco años del momento fundacional. La quinta de las “verdades peronistas” dice: «En la Nueva Argentina de Perón, el trabajo es un derecho que crea la dignidad del Hombre y es un deber porque es justo que cada uno produzca por lo menos lo que consume». Ha pasado el tiempo desde esa enunciación, hemos vivido con índices de desocupación de más de un dígito y ahora la pandemia, nos hunde en un pozo de crisis y desocupación.



    ¿Cuál es el camino que debemos elegir para salir de esta crisis? ¿Cuál es la propuesta desde el peronismo?



    Algunos compañeros adhieren a la idea de un salario universal, para cubrir las necesidades básicas de cada argentino. Si pensamos en la quinta verdad que propone Perón, la respuesta debe ser más amplia: el Estado debe garantizar a todos un trabajo y en consecuencia un salario generado por éste.


    El Estado debe actuar como empleador de ultima instancia, (una especie de Banco Central del trabajo) porque además de garantizar un ingreso, es razonable que garanticemos “un trabajo que crea la dignidad del hombre”. Un país que tiene grandes necesidades, no puede dejar de lado la productividad de los hoy desocupados, necesitamos también como dice la quinta verdad que cada uno produzca por lo menos lo que consume.



    La idea del salario universal, tiene fuerte apoyo en pensadores europeos influenciados por “el fin del trabajo” donde el trabajo humano es reemplazado por máquinas. Quizás en sociedades muy desarrolladas, con casi todo construido (donde abunda el crédito y no es usado, donde los recursos naturales han sido explotados o donde sus sociedades no permiten mayor explotación de los recursos naturales y la importación de bienes de países de bajo costo de producción) no sea posible brindarle un trabajo digno a sus habitantes y la idea del salario universal sin contraprestación tenga sustento.



    Pero en nuestra América, nada de eso se verifica: hay enormes recursos naturales inexplotados, todo está por construirse, caminos, viviendas, equipamientos, energía, servicios, etc. Tenemos un horizonte de trabajo humano enorme, que a la vista de nuestra realidad, permite ocupación plena, incorporación de migrantes y de tecnología para aumentar la producción y dignificar el trabajo. Un territorio extenso y disponible.

    En los gobiernos liberales (y a veces también en los populares) esta función del Estado de crear y garantizar trabajo para todos, ha sido abandonada, denostada, planteando que es función del mercado hacerlo. El resultado está a la vista: el mercado necesita de legiones de desocupados para bajar los salarios deprimir la protesta, domesticar a los pueblos.

    Esta crisis es una oportunidad de poner en marcha junto a otras esta quinta verdad del peronismo.

    ————-
    *Ex subsecretario de Vivienda de la Prov. de Buenos Aires.
    ¿Ingreso Básico Universal o Trabajo Para Todos? Una mirada desde la doctrina peronista. Por Oscar Balestieri
    «¿Cómo no vamos a ser católicos? Pues ¿no nos decimos titulares del alma nacional española, que ha dado precisamente al catolicismo lo más entrañable de ella: su salvación histórica y su imperio? La historia de la fe católica en Occidente, su esplendor y sus fatigas, se ha realizado con alma misma de España; es la historia de España.»
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