El pensamiento social católico, y el pensamiento tradicionalista español en particular, ha sido siempre hostil a la banca tal como la concibe el capitalismo. El liberalismo económico va de la mano del político y del religioso, y es incompatible con el régimen tradicional. La usura es, además, uno de los más graves pecados, y todas las prácticas usurarias están condenadas una y otra vez por la Iglesia.
El préstamo público, las cooperativas de crédito, etcétera, son consustanciales a una economía sana en una sociedad sana. Sólo el caos doctrinal que ha reinado en el período posterior a la II Guerra Mundial, con la ayuda de ciertos institutos y organizaciones "católicos", junto con el olvido de la doctrina social de la Iglesia a que se refiere el artículo de El brigante citado arriba, ha podido oscurecer esto.
La expresión "nacionalización de la banca" tiene, por así decirlo, oscuras concomitancias estatistas. Además de que la Monarquía restaurada precisará alguna institución de ese tipo, al servicio de la nación entera, retirar el préstamo y el ahorro de manos de los especuladores es paso necesario para hacerlo enteramente público, social, en manos de una sociedad restaurada y responsable.
No me viene a la memoria ningún autor carlista que se refiera específicamente al asunto en forma de libro. Pero los artículos en este sentido en la prensa carlista han sido siempre numerosos. Me vienen a la memoria, entre los del siglo XX, Araúz de Robles y Casariego.
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