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Tema: La Tradición Católica: única solución contra el capitalismo

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    La Tradición Católica: única solución contra el capitalismo

    La Tradición Católica: única solución contra el Capitalismo

    Post de Iota Unum
    Así considera el católico a los capitalistas:
    ¡Contemplad sus manos! Están manchadas de sangre, de la sangre de las viudas y de los huérfanos, de los niños y adolescentes, de los impedidos o retrasados en su desarrollo por falta de nutrición y por el hambre, de la sangre de miles y miles de infortunados de todas las clases del pueblo que derramaron sus carniceros con innoble traficación. ¡Esta sangre, como la de Abel, clama al cielo contra los nuevos caínes!
    Tales eran las palabras de Su Santidad Pío XII, el último papa que atacaba el Liberalismo como una doctrina diabólica que es.
    No hablan así, sin embargo, los seguidores del inicuo y liberal Concilio Vaticano II, sino que parecen haber olvidado que defraudar al trabajador de su salario es uno de los cuatro pecados que claman la venganza divina. Así lo explica el máximo experto español en teología moral, Fray A. Royo Marín, O.P.:
    “Se entiende por pecados que claman al cielo aquellos que envuelven una especial malicia y repugnancia abominable contra el orden social humano. […] en virtud de su especial injusticia contra el orden social, parecen provocar la ira de Dios y la exigencia de un castigo ejemplar para escarmiento de los demás.
    “Bajo cualquier pretexto que se haga, ya sea retrasando inicuamente el pago, o disminuyéndolo, o despidiendo sin causa a los obreros, etc. apoyándose precisamente en la impotencia de los mismos para defenderse eficazmente. En la Sagrada Escritura se condena con energía este crimen. He aquí algunos textos:
    ‘No oprimas al mercenario pobre e indigente…Dale cada día su salario, sin dejar pasar sobre esta deuda la puesta del sol, porque es pobre y lo necesita’ (Deut. 24, 14-15)

    "Estos pecados claman al cielo porque lo dice el Espíritu Santo, y porque su iniquidad es tan grave y manifiesta que provoca a Dios a castigarlos con los más severos castigos."
    ‘El jornal de los obreros que han segado vuestros campos, defraudado por vosotros, clama, y los gritos de los segadores han llegado a los oídos del Señor de los ejércitos’ (Iac. 5, 4)”
    Y el Catecismo Mayor de San Pío X nos enseña:
    “968. ¿Por qué se dice que estos pecados claman al cielo?
    Dícese que estos pecados claman al cielo porque lo dice el Espíritu Santo, y porque su iniquidad es tan grave y manifiesta que provoca a Dios a castigarlos con los más severos castigos.”
    Por ello, los capitalistas son siervos de Satanás y viven fuera de la Iglesia. No tienen ningún derecho a recibir los sacramentos y, si lo hacen, cometen un sacrilegio y se hacen reos de la sangre de Cristo.
    En verdad, la propiedad tiene una función social, que se halla ligada a la Ley Natural y a la Ley Divina.
    Por simplificar, diremos que esa Ley Divina nos dice que existe una Caridad y una Misericordia que hay que cumplir con el prójimo. Dios nos ha hecho libres para que hagamos ese buen uso de nuestra libertad.
    Y esa Caridad, y ese amor misericordioso hacia el prójimo son los que siempre defendió la Santa Iglesia Católica, Apostólica, Romana.
    Por ello, desde tiempos de Constantino, en la naciente Cristiandad política van a comenzar a instaurarse paulatinamente estos principios, que habían sido defendidos por los Padres de la Iglesia frente a las injusticias sociales paganas.

    Así, entre los padres Orientales tenemos ejemplos como el de San Juan Crisóstomo, patrón de los predicadores católicos:
    “Hay un testimonio de las Escrituras Divinas que llama rapiña, avaricia y defraudación no sólo al arrebatar lo ajeno, sino también el no dar parte de lo propio a los demás. ¿Qué testimonio es ése? Reprendiendo Dios a los judíos por boca del profeta dice: La tierra ha producido sus frutos y no habéis traído los diezmos; la rapiña del pobre está en vuestras casas. Porque no habéis hecho las ofrendas acostumbradas, habéis arrebatado lo del pobre.”
    Y, entre los Padres Occidentales, podemos citar al modelo de obispo, San Ambrosio de Milán, quien nos enseña algo tan elemental como que:
    “Es un homicidio negar a un hombre el salario que le es necesario para su vida.”

    El puritanismo calvinista vino a decir que el Catolicismo había estado equivocado en su defensa de la justicia social
    Sin embargo, el puritanismo calvinista vino a decir que el Catolicismo había estado equivocado en su defensa de la justicia social. Que el hombre estaba predestinado y, por lo tanto, las riquezas que ganase en la vida terrenal son señal de que va a salvarse: son un premio merecido (las gane como las gane), mientras que aquellos que se hallen en situación desfavorecida, económica o socialmente, deben aguantarse, ya que Dios les destina eso porque se lo merecen, porque están condenados. Tal es la Predestinación protestante.
    Y de esa ética protestante es de donde surgió el Capitalismo, creado como un instrumento para extorsionar y aprovecharse de los sectores más amplios de la sociedad. Así pues, diversos genios, como Max Weber, no han podido por menos de publicar obras explicando por qué el Capitalismo es una creación de la ética protestante, que se enfrenta a la doctrina social del Cristianismo defendiendo una doctrina judaizante puritana.

    La Revolución Francesa, una de las mayores masacres de la historia, vino a traer el primer gran triunfo político del Capitalismo en el viejo continente
    El liberalismo económico será ‘canonizado’ por el liberalismo político con la Revolución Francesa de 1789, una de las mayores masacres de la historia.
    Por ello, el mundo entero, las potencias de ese capitalismo emergente, se enfrentan a las Españas desde el siglo XVI, porque las Españas defienden el orden social de la Cristiandad, las leyes sociales del Evangelio.

    Las Españas defendían el orden social de la Cristiandad, las leyes sociales del Evangelio
    Así lo expresa el gran Papa León XIII:
    “Hubo un tiempo en que la filosofía del Evangelio gobernaba los Estados”. León XIII, “Immortale Dei”.
    Las potencias protestantes, madres del Estado Capitalista, seguirán enfrentándose a las Españas hasta disolverlas, en el siglo XIX, en una España “Estado-nación” en la Península Ibérica y algunas islas y pequeñas ciudadelas, y otros estados-nación en ultramar, como Filipinas o los estados hispanoamericanos.
    San Francisco de Asís
    “Divide y vencerás”. Tal fue lo que hicieron con las Españas. Y ahora nos presentan una imagen distorsionada y falsificada del Antiguo Régimen, difamándolo como un sistema inmovilista, tiránico, esclavista y tantas otras falsedades.
    Calderón Bouchet escribió un documentado libro de la Edad Media, en que señala cómo la burguesía liberal:

    «Dueña del dinero omnipotente, de las plumas venales y las inteligencias laicas, inundó el mercado con una versión de la historia medieval que todavía persiste en el cerebro de todos los analfabetos ilustrados» (Apogeo de la ciudad cristiana, Dictio, Buenos Aires, 1978, p. 220).
    Ahora nos presentan una imagen distorsionada y falsificada del maravilloso Antiguo Régimen, difamándolo como un sistema inmovilista, tiránico, esclavista y tantas otras falsedades
    Cierto es que sólo en las Españas llegó a culminar casi por completo ese proceso de establecimiento de toda la justicia social preconizada por Jesucristo y continuada por los Padres de la Iglesia y por los grandes doctores y santos de la Cristiandad posterior, como San Francisco de Asís.
    Sin embargo, aunque con elementos absolutistas heredados del paganismo, en otras zonas de Europa había ido cuajando, en parte, un régimen de Cristiandad; sin embargo, ese proceso de evangelización en el plano social había sido truncado y destruido muy pronto, con la llegada del Protestantismo.
    En las Españas, en cambio, gracias a su fidelidad al Concilio de Trento y a la siempre congruente difusión de las doctrinas de justicia social defendidas por la Segunda Escolástica, había continuado el proceso de transformación, en que la sociedad era cada vez más justa y más equitativa.
    Ese proceso lo destruyó la llegada del Liberalismo y el Nacionalismo español en el s. XIX, con la promulgación de sus inicuas constituciones, promulgadas por minorías golpistas, y el posterior desmantelamiento de las Españas.
    Escuchemos a Vázquez de Mella:
    “Tened presente, señores, que el orden económico actual no es obra de los principios católicos, no corresponde al ideal de la Economía cristiana, sino más bien a la Economía individualista liberal triunfante en la Revolución francesa, a la inaugurada en parte por la Escuela fisiocrática y desarrollada por la inglesa de Smith y de Ricardo y la francesa de Bastiat.”

    Hablando del Capitalismo, nos dice V. de Mella: "el circo de la libre concurrencia, donde luchan los atletas con los anémicos, es el combate en donde perecen los débiles aplastados por los fuertes"
    Esa Economía había dicho que el trabajo era una mercancía que se regulaba, como las demás, por la ley de la oferta y del pedido, y la Economía social católica contesta: No; el trabajo, como ejercicio de la actividad de una persona, no es una simple fuerza mecánica, es una obra humana que, como todas, debe ser regulada por la ley moral y jurídica, que está por encima de todas las reglas económicas.
    Esa Economía había dicho que el contrato de trabajo era asunto exclusivamente privado, que sólo interesaba a los contratantes; y la Economía católica contesta: No; el contrato de trabajo es directamente social por sus resultados, que pueden trascender al orden público y social; y la jerarquía de los poderes de la sociedad, y no sólo del Estado, que es el más alto, pero no el único, tienen en ciertos casos el deber de regularlo.
    La Economía liberal había dicho que el principal problema era el de la producción de la riqueza, y la Economía católica contesta: No; el principal problema no consiste en producir mucho, sino en repartirlo bien, y por eso la producción es un medio y la repartición equitativa un fin, y es invertir el orden subordinar el fin al medio, en vez del medio al fin.

    La injusta economía liberal se ve desarrollada principalmente por la Escuela Fisiocrática, Adam Smith, David Ricardo y Bastiat, que aplicaron a la economía los postulados calvinistas y judaizantes
    La Economía liberal decía: Existen leyes económicas naturales, como la de la oferta y la demanda, que, no interviniendo el Estado a alterarlas, producen por sí mismas la armonía de todos los intereses. La Economía social católica contesta: No existen leyes naturales que imperen en el orden económico a semejanza de las que rigen el mundo material, porque el orden económico, como todo el que se refiere al hombre, está subordinado al moral, que no se cumple fatal, sino libremente, y no se pueden armonizar los intereses si antes no se armonizan las pasiones que los impulsan; y no es tampoco una ley natural la de la oferta y el pedido, porque ni siquiera es ley, ya que es una relación permanentemente variable.
    La Economía liberal decía: La libertad económica es la panacea de todos los males, y la libre concurrencia debe ser la ley suprema del orden económico. Y la Economía social católica contesta: No; el circo de la libre concurrencia, donde luchan los atletas con los anémicos, es el combate en donde perecen los débiles aplastados por los fuertes; y para que esa contienda no sea injusta, es necesario que luchen los combatientes con armas proporcionadas, y para eso es preciso que no estén los individuos dispersos y disgregados, sino unidos y agrupados en corporaciones y en la clase, que sean como sus ciudadelas y murallas protectoras, porque, si no, la fuerza de unos y el poder del Estado los aplasta.
    J. Vázquez de Mella y Fanjul. (23 de abril de 1903)
    En las Españas, gracias a su fidelidad al Concilio de Trento, la sociedad era cada vez más justa y más equitativa
    Por ello, no podemos dejar de gritar: ¡Basta ya de leyendas negras!
    Cualquiera que se moleste en acudir a los documentos, se dará cuenta enseguida de que NUNCA HUBO HAMBRE EN EL PUEBLO ESPAÑOL HASTA LA LLEGADA DE LA DESAMORTIZACIÓN, que subastó los bienes, como ahora con la Crisis, entre los más capitalistas, dejando en pelotas al pueblo español, que no tuvo más remedio que echarse en brazos de los caciques para que ellos, haciendo uso de su “libertad”, pudieran “libremente” imponerle a la población sus tiránicas condiciones, escondidas bajo la palabrería vacía, hija de la Revolución Francesa.

    La Revolución francesa supuso el primer gran triunfo político claro del Capitalismo
    “Así es que los bienes de la Iglesia católica pasaron casi enteramente de las manos muertas a las manos vivas del liberalismo.
    De este modo, aquellos bienes, que eran en realidad el gran patrimonio del pueblo, de los pobres, de los hospitales, de las casas de beneficencia; que eran los fondos de la enseñanza gratuita y el recurso de los talentos privilegiados, que carecían de fortuna; todos estos bienes, digo, son ahora el rico patrimonio de algunos centenares de liberales poderosos.
    EL TRADICIONALISMO ESPAÑOL DEL SIGLO XIX. Textos de Doctrina Política.
    Madrid. 1945. (Pág. 236)
    Por ello fue muy fuerte durante todo el siglo XIX la resistencia de los católicos tradicionales frente al Capitalismo. Cuando el Estado liberal va consiguiendo llenar de odio hacia la Iglesia al pueblo español, es entonces cuando los socialistas y comunistas (otra creación del mismo sistema) empiezan a cosechar sus primeros éxitos, sembrando el odio y la lucha de clases:
    -Culpando de todo a la Iglesia Católica, al igual que los capitalistas.
    -Defendiendo, al igual que los capitalistas, la destrucción de las Españas en beneficio de una “Internacional”.
    -Defendiendo, al igual que los capitalistas, las ideas de “Revolución” y de materialismo.
    -Propugnando la economía como una ciencia natural, al igual que el capitalismo.
    -Defendiendo, al igual que los capitalistas, el poder del Estado.
    -Escudándose en una “ideología” para defender unas consignas sin raíz alguna, al igual que los capitalistas.
    Así, el enemigo de todos los pueblos ya consiguió lo que quería:
    A partir de entonces, las gentes enzarzadas entre sí “como el perro y el gato”, en ideologías diferentes TAN SÓLO APARENTEMENTE, por aspectos superficiales, para engañar a los incautos y, mientras tanto, enriquecerse y ganar poder.


    SANTA IGLESIA MILITANTE
    Última edición por Donoso; 13/07/2009 a las 18:54
    Nicus, Fidelitas, ReynoDeGranada y 1 otros dieron el Víctor.

  2. #2
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    Re: La Tradición Católica: única solución contra el capitalismo

    Faltaba una tercera parte: http://iotaunum.wordpress.com/2010/0...pitalismo-iii/


    El que es tan débil y cobarde que no sabe vencerse a sí mismo, tampoco podrá vencer verdaderamente nunca a sus enemigos de fuera. Eso es lo que le sucede a los que viven con el cerebro lavado por su ideología.
    Porque la gente vive hoy engañada por ideologías que, como su propio nombre indica, se basan simple y llanamente en el intento de aplicar utópicos “VALORES” de cuya eficacia no se tiene constancia alguna, por no tratarse de conclusiones extraídas del funcionamiento de la sociedad, sino de divagaciones mentales, es decir: simples IDEAS.



    Decir “ideología” y decir “pájaros en la cabeza son una sola y la misma cosa:
    inventos del sistema para mantener ocupada a gente mentalmente débil y distraer a los tontos y a los inútiles.
    Todas ellas son hijas de la Revolución, todas, por tanto, trampas del Sistema. Sus luchas no son sino luchas intestinas entre facciones del mismo ejército cuyo único enemigo a la hora de la verdad es la Tradición; dicho de otro modo: se trata de la Revolución y sus ideologías combatiendo primero entre sí, y después contra la Tradición y la realidad.

    Cuando los dirigentes revolucionarios y líderes ideológicos, diligentes corruptores de la sociedad, han conseguido engañar a masas de gente fomentando odios y pasiones personales y defendiendo vicios particulares, es cuando consiguen la adhesión a sus partidos políticos o “colectivos”, que no son más que invenciones antinaturales que no conducen sino a la liquidación de toda posible esperanza de justicia y de equidad.


    Respecto a cómo esos engaños, enemigos de toda verdadera justicia social y sembradores del odio entre los cuerpos sociales, han llegado a atrapar con sus redes a numerosos obreros y otros trabajadores fundamentándose en el abominable veneno de las ideologías, da buena cuenta aquel semanario tradicionalista español llamado “La Reconquista”(4 de abril de 1872. Págs. 217-218):
    “El obrero de la fábrica, verdadero esclavo convertido por el liberalismo en una máquina, buena sólo para producir, pero indigna de todo cuidado moral; ese obrero a quien se encierra en una especie de lóbrega cueva, donde ni penetra apenas la luz del sol, ni el aire de los campos; ese obrero a quien no se le deja ni tiempo para pensar en Dios, ni descanso par que repose en el seno de su familia y dirija una mirada a sus hijos; ese obrero que al salir de su prisión llevando aún los pulmones llenos de nauseabunda atmósfera de la fábrica, y los ojos fatigados por la luz artificial, y los oídos estremeciéndose todavía con el atronador y monótono chirrido de las máquinas, se encuentra en medio del alegre bullicio de una gran ciudad y ve pasar a su lado un sibarita cuya fortuna sabe que está formada con bienes que arrebató a la Iglesia o que ganó en el juego de la política, el más inmoral de todos los juegos; ese obrero que al volver a su casa, si por acaso es tan venturoso que la tiene, ve por todas partes el refinamiento de una civilización sensual y materialista; ve palacios suntuosos en las calles, manjares delicadísimos en las fondas, molicie y afeminación en todas partes; ese obrero a quien le han enseñado que el clero es su enemigo y la Iglesia su verdugo arrancándole así el sentimiento de la religión, único asilo de paz y dulce sosiego en donde podía encontrar inagotables consuelos y fortaleza inextinguible, ese obrero escucha una voz que le promete hacerle dueño de toda esa riqueza material, única riqueza que él conoce y que ve una mano que le señala como suyos todos esos brutales goces del cuerpo, únicos goces a que le han enseñado a aspirar, ¿cómo no ha de abrir sus oídos a esa voz, y cómo no ha de estrechar con febril afán esa mano?”


    Esa mano que le señala tales goces vacíos es la mano de todos esos demagogos que se aprovechan de los sectores más humildes de la sociedad, sembrando en ellos la discordia y la adhesión a corruptoras ideologías, animalizadoras del hombre y destinadas a robar su auténtica libertad en pro de “Un Mundo Nuevo y Unido”, edificado en base a la Revolución.
    Pues bien, desde el Concilio Vaticano II es patente que tenemos dentro de las estructuras de la Iglesia a toda esa canalla:

    Unos pocos herejes que defienden la Teología de la Liberación, que no es otra cosa que un anticristiano socialismo disfrazado. Éste confunde la Justicia Social inherente a todo católico y se halla inficionado de un materialismo anticatólico demagogo, propio de los marxistas y pretende eliminar todo lo sacro y tradicional.
    Tales individuos quieren construir la casa por el tejado, olvidando que la Justicia Social sólo puede imperar allá donde impere el Reinado Social de Cristo.

    -Unos pocos herejes hipócritas que defienden el Capitalismo ¡e incluso lo intentan hacer ver como católico!, pretendiendo eliminar a Cristo de la Soberanía Social con un fariseísmo flagrante, con misas que son falsas (Novus Ordo Missae), pero a veces estéticamente adornadas; de tales individuos hace su bandera, por ejemplo, la famosa COPE.


    -Finalmente, tenemos a la gran masa de católicos, que no se entera de nada.
    No se han enterado ni de que llevamos con una “Misa” protestante desde hace más de 40 años. No se han enterado de que el Concilio Vaticano II es gravemente herético y supone la Revolución Francesa dentro de la Iglesia.
    No se han enterado de que la caridad no consiste tan sólo en darle unos céntimos al vagabundo que mendiga a la puerta de la iglesia.
    Por último, al margen de todo esto estamos los tradicionalistas. Los que confesamos que no puede haber concordia entre Cristo y el príncipe de este mundo.


    Los que no añadimos nada nuevo fruto de nuestras “ideas” a la Tradición Católica de siempre.
    Los verdaderos católicos y no los pietistas que quieren recluir a Cristo a la vida privada.
    Los que deseamos una justicia social verdadera y estamos hartos de la demagogia.
    Los que pretendemos recristianizar la sociedad y entronizar de nuevo al Divino Redentor en el centro de la vida social.
    Los que no nos creemos las leyendas anti-Cristiandad que el enemigo ha sembrado como cizaña para esclavizarnos encuadrándonos en sus partidos políticos que sólo buscan el enriquecimiento y/o el poder para unos pocos.
    Porque, como explicó en más de una ocasión el diputado obrero tradicionalista Ginés Martínez Rubio:
    “la verdadera emancipación del proletariado no puede estar más que en el cumplimiento de las Encíclicas pontificias, en la restauración de nuestros antiguos gremios; en el aniquilamiento, en fin, de los principios liberales, que si en lo político están absolutamente desacreditados después de llevar a la ruina al mundo, en lo económico han sido la bancarrota de la sociedad.”


    Y esto en momentos como los actuales se ha vuelto más evidente que nunca.
    Por consiguiente, la única solución posible a todos y cada uno de los problemas de injusticias sociales consiste en desmontar la Revolución, pues el Capitalismo no es sino obra de ésta, al haber acaparado la propiedad y los medios de producción, desligándolos de su función social y utilizándolos como herramientas para la lucha salvaje y despiadada de unos individuos contra otros.
    En suma, la forma de que cada uno obtenga lo que merece y la Propiedad y el Trabajo vuelvan a ser instrumentos al servicio de la concordia social y del verdadero bienestar, es quela economía vuelva a estar sometida a la moral, único medio infalible para acabar con toda crisis económica.


    ¿Cómo acabar ya mismo con la explotación y hacer que la economía esté sometida a la moral? Nos lo explica en parte también el diputado obrero Don Ginés Martín Rubio (La cuestión social, pág. 29), pero con medidas concretas, no con divagaciones, ni tampoco con ideología o palabrería vana:
    En virtud de ello, el ponente que suscribe propone que se adapte como medio de llegar a la concepción cristiana del Trabajo y de la Propiedad, para con ello evitar la explotación del hombre por el hombre, base de la concepción liberal de la economía y en su puesto crear:
    a) En la pequeña industria, cooperativas gremiales de artesanía, acogidas a lo que determina el Fuero del Trabajo en su declaración cuarta, y la Ley vigente de Cooperativas.
    b) En la mediana y gran industria, se puede emplear la cooperativa de producción, que en sí funcionaría como la actual sociedad anónima, es decir, perfectamente viable sin perjuicio económico de tercero, ya que a los productores o propietarios que quieran seguir explotando negocios particulares, nadie se lo impide, acogidos a la vigente concepción sindical del trabajo.”

    Pues, ¿qué? las crisis económicas y los enfrentamientos sociales se evitan muy fácilmente: desde el momento en que son suprimidas las ideologías y los colectivos y partidos políticos a ellas ligadas, que sólo sirven para ensalzar los vicios y lacras particulares y para crear discordia, desunión y descontento social.
    Se soluciona todo en cuanto sean restaurados los gremios sociales naturales y les sea devuelta su legítima potestad secular sometida a los principios de la Tradición.


    Se solucionará, en fin, en cuanto se restaure el Reinado Social de Cristo y la sociedad se sustente en los principios que de verdad funcionaron, que se basan no en la avaricia sino en la Caridad, en ese amor misericordioso que durante siglos rigió la Cristiandad. Como sintetiza Hilaire Belloc («La crisis de.nuestra civilización», pags. 154 y 155):
    El Capitalismo constituye una calamidad no porque defienda el derecho legal a la propiedad sino porque representa, por su propia naturaleza, el empleo de ese derecho legal para beneficio de unos pocos privilegiados contra un número mucho mayor de hombres que, aunque libres y ciudadanos en igualdad de condiciones, carecen de toda base económica propia.


    Por lo tanto, la calamidad básica que de una manera drástica llamamos capitalismo, debiera, con más precisión llamarse «Proletarianismo», dado que las características del mal estado de la sociedad que hoy llamamos «Capitalismo» no consisten en el hecho de que unos pocos tengan propiedades sino en el hecho de que la mayoría, aún cuando desde el punto de vista político sean iguales a sus amos y libres para ejercer todas las funciones inherentes a un ciudadano, no pueden disfrutar la libertad económica completa. [...] La presencia de un proletariado tan amplio es la que imparte el tono a todo el conjunto de la sociedad y lo que hace que ella sea una Sociedad Capitalista”.
    Como deja claro Belloc, no puede haber verdadera “libertad económica” mientras haya individuos que no gocen de ella, pues la libertad, para ser verdadera libertad y no libertinaje, debe someterse a la moral, tanto en el plano económico como en todos los demás.
    En cambio, la noción liberal de “libertad económica” que trajo la Revolución Liberal al engendrar el Capitalismo, no es más que un concepto luciferino de libertad; es decir, la licencia de unos pocos para el robo y explotación despiadadas.
    Última edición por Donoso; 20/10/2011 a las 20:13
    Hyeronimus, Nicus, Fidelitas y 1 otros dieron el Víctor.
    Aquí corresponde hablar de aquella horrible y nunca bastante execrada y detestable libertad de la prensa, [...] la cual tienen algunos el atrevimiento de pedir y promover con gran clamoreo. Nos horrorizamos, Venerables Hermanos, al considerar cuánta extravagancia de doctrinas, o mejor, cuán estupenda monstruosidad de errores se difunden y siembran en todas partes por medio de innumerable muchedumbre de libros, opúsculos y escritos pequeños en verdad por razón del tamaño, pero grandes por su enormísima maldad, de los cuales vemos no sin muchas lágrimas que sale la maldición y que inunda toda la faz de la tierra.

    Encíclica Mirari Vos, Gregorio XVI


  3. #3
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    Re: La Tradición Católica: única solución contra el capitalismo

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    No queremos...

    La mayoría de la gente, influenciada por los medios y el espíritu que reina, y hacen reinar, en la sociedad, piensan y sienten que un buen gobierno es aquel en el que no se sufrirían trastornos económicos. Ignorando que los problemas económicos son efecto de la destrucción moral que existe en todos los órdenes. Pero también ignoran que la moral no es una mera convención o contrato (implícito o no) entre los hombres. Si Dios no es el Supremo legislador no hay moral alguna que valga. Sin una conversión verdadera a Jesucristo nada es posible. Y, al parecer no habrá nunca un “cacerolazo” para pedir esto. En realidad: parecen decir todos a coro - alentados por los falsos profetas de hoy y de siempre: -“No queremos que Ése reine sobre nosotros.” No abandonaremos el barro que amamos. “Voz que clama en el desierto”.





    San Juan Bautista señalando a Cristo ante la multitud”.
    Por el pintor ruso Alexander Ivanov (1806-1858)


    Carlos Pérez Agüero, 12-Abr-2016, tomado de su archivo personal.


    ***


    “El resorte que mueve a la Humanidad está por encima de las realidades políticas”, decía Chesterton en su libro “El hombre eterno”. Y esta es la verdad olvidada, tapada, escondida y rechazada por la necedad y la ignorancia modernas. Rechazada por la soberbia y la estupidez de la humanidad-deshumanizada actual. Pero esto traerá sus consecuencias. Como decía un poema medieval anónimo:


    “Todos los sabios dixeron
    que las cosas mal regidas
    cuanto más alto subieron
    mayores dieron caídas.”


    Y, no se puede edificar algo sólido con ladrillos podridos.


    Y también: “Cuando los ciegos son los que guían, ¡Ay! de los que van detrás”.




    1568. “La parábola de los ciegos” Un ciego guiando a otros ciegos.
    Por el artista holandés Pieter Bruegel, el Viejo.


    Carlos Pérez Agüero, 11-Abr-2016, tomado de su archivo personal.

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