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Tema: "Las cinco rupturas de Europa" - F. Elías de Tejada

  1. #1
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    "Las cinco rupturas de Europa" - F. Elías de Tejada

    Las cinco rupturas de Europa


    Pensamiento tradicionalista - Francisco Elías de Tejada



    La Cristiandad muere para nacer Europa cuando este perfecto organismo se rompe desde 1517 hasta 1648 en cinco rupturas sucesivas, cinco horas de parto y crianza de Europa, cinco puñales en la carne histórica de la Cristiandad. A saber: la ruptura religiosa del protestantismo luterano, la ruptura ética con Maquiavelo, la ruptura política por mano de Bodin, la ruptura jurídica en Grocio y en Hobbes, y la ruptura definitiva del cuerpo místico cristiano en los tratados de Westfalia. Desde 1517 hasta 1648, Europa nace y crece, y a medida que nace y crece Europa, la Cristiandad fallece y muere.


    La primera ruptura la opera Lutero, verdadero padre de Europa. Porque la herejía luterana es igual que muchas de las herejías medievales en la calidad de la materia herética, e incluso repite a la letra alguna de ellas, como la de Wycleft y Huss en la concepción carismática del poder político, en negar la transubstanciación eucarística y en exaltar los ánimos de los campesinos en las guerras de los lollards o en la Bauernkrieg; empero, se diferencia entre todas por la gigantesca difusión y el arraigo que le brinda ocasión propicia. Mientras la Cristiandad medieval anterior a Lutero era, pese a las fisuras, edificio político cimentado sobre la unidad de la fe, a partir de Lutero, tal unidad será imposible. Después de Lutero, al desaparecer la unidad de la fe, muere el organicismo espiritual de la Cristiandad, para ser substituido por Europa, equilibrio mecanicista entre creencias diferentes que coexisten. Secuela directa de la instauración del libre examen; en vez de una fe única, la parigual consideración de las creencias; en lugar de la misma visión de los textos sagrados, tantas interpretaciones como lectores; el libre examen es el mecanicismo formal de la armonía externa entre los creyentes, en vez del cuerpo orgánico de la Iglesia que sirvió para columna vertebral de la Cristiandad medieval.


    A la pérdida de la unidad de las conciencias se añade la paganización de la moral; tal es el maquiavelismo. Era para la Escolástica la virtus freno al apetito, dominio de las pasiones, contención de los impulsos; para Maquiavelo la virtú será lo que fue en la paganía anterior al Cristianismo, a saber: ambición domeñadora de la suerte adversa, espada que corta la urdimbre de la fortuna enemiga, poder que se justifica sin escrúpulos por el mero hecho de ser poder. Con haber pasado desde el latín al italiano, la raíz lingüística ha pasado desde el Cristianismo al paganismo; y, al justificarse por sí sola la voluntad imperiosa, al trocar la virtú en nuevo criterio ético, Maquiavelo ha sustituido la ética orgánica de la Escolástica que refería las acciones del hombre al juicio de Dios por otra ética pagana, en la que lo bueno y lo malo resultan del choque o del equilibrio mecanicista entre voluntades ansiosas de poder. Maquiavelo es otro padre de Europa: tal como Lutero separó al hombre de Dios en su faceta terrena a fuerza de entregarle maniatado a Dios en su etapa postmortal, así maquiavelo ha separado a la ética de sus cimientos religiosos. La virtud es la virtú, o sea, la fortaleza que rinde los sucesos a la voluntad del hombre en un juego de fuerzas estrictamente mecánico; y la sociedad resulta constituida en torno a la constelación de fuerzas que predomina cuando este nuevo pagano que es l´uomo virtuoso vence a la inconstancia de la fortuna adversa.


    El mecanicismo que Lutero produce en las conciencias y el mecanicismo que Maquiavelo traslada a las conductas, será nuevo mecanicismo en la política cuando Jean Bodin seculariza el poder en su teoría de la souverainité. Para acabar con las pugnas entre católicos y protestantes en Francia surge un tercer partido, el de los “políticos”, que proclama la neutralización del poder real separándole de cualquier contenido religioso y, por ende, la posibilidad de obedecer a un príncipe sin tener en cuenta a Dios, en relación directa y neutra del súbdito con el soberano. Como semejante corriente, defendida en Les six livres de la République y que recogía la herencia absolutista de los romanistas de la escuela de Tolosa, degeneró en absolutismo, creciente hasta 1789, y cuya máxima expresión sería la inscripción que Luis XIV mandó colocar en el Salón de los Espejos de su palacio de Versalles: Le roi gouverne par lui-meme, reflejo de aquella otra de L´etat, c´est moi, que tanta fortuna tuvo. Un absolutismo que destrozaba la armónica variedad del cuerpo social cristiano para robustecer el poder del gobernante, y que por tanto, supone otra nueva ruptura de orden orgánico medieval, por sustituir al cuerpo místico de la sociedad cristiana tradicional por un nuevo equilibrio mecánicamente apoyado sobre el cetro todopoderoso de los reyes del despotismo ilustrado.


    Mecanicista es también la nueva filosofía del derecho de Hugo de Groot y de Thomas Hobbes, nuevo derecho natural suplantador de aquel derecho natural de la Escolástica que se fundaba en el orden medido de la creación. Lo que separa a Grocio de Santo Tomás o a Hobbes de Duns Scoto es, precisamente, que con los pensadores del siglo XVIII principia la secularización de la filosofía del derecho, consistente en ver en el derecho natural apenas la ley interna de los funcionamientos mecánicos de una máquina. Donde Santo Tomás consideraba el orden universal regido por normas que su Creador dictó, Grocio no ve más que un orden sujeto a leyes que se cumplen independientemente del Autor de la Naturaleza. Donde Duns Scoto refería el orden a la voluntad divina, Hobbes considera apenas la voluntad humana separada del orden que la voluntad divina creó. Al eliminar a Dios de las dos concepciones tomista y escotista, intelectualista y voluntarista, de la escolástica, conclúyese con el principio divino que medía en orgánico desenvolvimiento la estructura del derecho natural, para referirlo a equilibrio mecánico de fuerzas entendidas racionalmente por Grocio o descritas puntualmente por Hobbes.


    Y, finalmente, es asimismo mecanicista la marcha de las instituciones políticas europeas, contrarias al organicismo cerrado del corpus mysticum que fue la Cristiandad medieval. En la política interior, al absolutismo demoledor de los reyes sucederá: o el absolutismo demoledor de las democracias, o el sistema de frenos y contrapesos mecánicos de Montesquieu; en la política internacional, desde los tratados de Westfalia, el juego de relaciones entre las potencias será un sistema de equilibrios de alianzas y contraalianzas.


    Europa es un mecanicismo, neutralización del poder, coexistencia formal de credos, paganización de la moral, absolutismos, democracias, liberalismos, guerras nacionales o de familias, concepción abstracta del hombre, Sociedad de naciones, ONU, parlamentarismo, constitucionalismo liberal, protestantismo, repúblicas, soberanías limitadas de príncipes o de pueblos. La Cristiandad era a su vez organicismo social, visión cristiana del poder, unidad de la fe católica, poderes templados, cruzadas misioneras, concepción del hombre como ser concreto, Cortes representativas de la realidad social entendida cual cuerpo místico, sistemas de libertades concretas. O sea, pese a la unidad que postula dawson, dos civilizaciones y dos culturas contrarias: Europa, la civilización de la Revolución; la Cristiandad, la civilización de la Tradición cristiana.

    La monarquía tradicional. 1954
    Última edición por Ordóñez; 17/11/2010 a las 12:32

  2. #2
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    Re: "Las cinco rupturas de Europa" - F. Elías de Tejada

    Hay una cosa que no me parece acertada del análisis de Elías de Tejada, y es que leyéndolo podría entenderse que Europa nació a raíz de estas rupturas como algo contrapuesto a la Cristiandad. Y sin embargo, durante el Medioevo cristiano se siguió empleando ese término (al menos en sentido geográfico) para denominar al continente:

    800px-946_Mapamundi_Etimologias_San_Isidoro.jpg

    Mapamundi T-O no esquemático de una copia de 946 de las Etimologías de San Isidoro de Sevilla

    Diagrammatic_T-O_world_map_-_12th_c.jpg

    T-O diagramático de una copia del s. XII de las Etimologías.

    Mappa_Mundi_Beatus_XII_secolo_Torino.jpg

    Mapa beatino del s. XII.

    Hereford_Mappa_Mundi_1300.jpg

    Mapamundi de Hereford, de hacia 1300

    En suma, me gustaría recordar aquella cita de Belloc que rezaba: «La fe es Europa y Europa es la fe». Y es que estas cinco rupturas no supusieron el nacimiento de Europa sino la firma de su certificado de defunción, al comenzar el proceso de demolición de la Cristiandad que le daba vida.

    Saludos en Xto.
    Última edición por ReynoDeGranada; 14/08/2018 a las 16:55
    «¿Cómo no vamos a ser católicos? Pues ¿no nos decimos titulares del alma nacional española, que ha dado precisamente al catolicismo lo más entrañable de ella: su salvación histórica y su imperio? La historia de la fe católica en Occidente, su esplendor y sus fatigas, se ha realizado con alma misma de España; es la historia de España.»
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  3. #3
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    Re: "Las cinco rupturas de Europa" - F. Elías de Tejada

    .
    Última edición por ReynoDeGranada; 29/01/2020 a las 11:54 Razón: repetido
    «¿Cómo no vamos a ser católicos? Pues ¿no nos decimos titulares del alma nacional española, que ha dado precisamente al catolicismo lo más entrañable de ella: su salvación histórica y su imperio? La historia de la fe católica en Occidente, su esplendor y sus fatigas, se ha realizado con alma misma de España; es la historia de España.»
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  4. #4
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    Re: "Las cinco rupturas de Europa" - F. Elías de Tejada

    “Europa y los europeos”, por Dominique Venner
    AGOSTO 15, 2019 BY GUERRILLA JUNIOR6 COMMENTS
    Desde un punto de vista geopolítico e histórico, Europa se define por sus límites. En el centro, el núcleo europeo, está formado por naciones que a menudo en conflicto unas con otras, han tenido una historia común desde el inicio de la Edad Media. Esencialmente son naciones que vienen del Imperio Carolingio y sus territorios limítrofes, esos mismos que constituyeron en 1957 el Tratado de Roma, la conocida por Europa de los Seis; Francia, Alemania, Italia, Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo. Más lejos de ese centro vemos un segundo círculo que incluye las naciones atlánticas y septentrionales, así como Europa Oriental y los Balcanes. Finalmente, un tercer círculo de alianzas privilegiadas que acaba extendiéndose hasta Rusia.No estoy hablando para nada de un proyecto político. Hablo sólo como un historiador que apunta a una serie de realidades.Se podrían mencionar otras. El Imperio Danubiano de los Habsburgo fue una realidad. La Europa Báltica también, aunque sí es verdad que ya no existe El Mediterráneo, que ha dejado de ser un eje de unidad europea desde la conquista musulmana.Pero Europa es algo muy distinto a su marco geográfico de existencia.La conciencia de pertenecer a Europa, o la europeidad, es mucho más antigua que el concepto moderno de Europa. Se ve bajo distintos nombres como el Helenismo, la Europa Celta, el Imperio Romano, el Imperio Franco o la Cristiandad. Visto como una tradición inmemorial, Europa es producto de una cultura común más que milenaria, que muestra una identidad distintiva y una unidad que viene de los pueblos que la constituyen y una herencia espiritual cuya expresión suprema son los poemas homéricos.Como otras grandes civilizaciones, China, Japón, la India o el Oriente Próximo, la nuestra tiene sus raíces en la prehistoria. Descansa en una tradición concreta que atraviesa el tiempo bajo distintas apariencias. Está formada por valores espirituales que estructuran nuestro comportamiento y nutren nuestra imaginación incluso después de que los hayamos olvidado.Si por ejemplo, la sexualidad es algo universal, como el alimentarse, el amor es algo distinto en cada civilización igual que lo son las representaciones de la feminidad, la pintura, la gastronomía y la música. Son los reflejos de una cierta morfología espiritual, transmitida misteriosamente por la sangre, el idioma y la difusa memoria de una comunidad. Estas especificidades nos hacen lo que somos y no nos hacen ser otros, aunque ya hayamos dejado de ser conscientes de ello.Esto se entiende en el sentido de que la tradición es lo que da forma y prolonga la individualidad, encuentra identidades, da sentido a la vida. No es algo que trascienda ajeno a uno mismo. La tradición es un “yo” que atraviesa el tiempo, una expresión viviente del particular dentro de lo universal.El nombre “Europa” apareció hace 2.500 años en la obra de Heródoto y en la Descripción de la Tierra que escribió Hecateo de Mileto. No fue por casualidad que este geógrafo griego clasificara a los celtas y a los escitas entre las gentes de Europa y no entre los bárbaros. Fue ésa la época en la que se despertó una conciencia europea bajo la amenaza de las Guerras Médicas contra los persas. Es una historia constante; la identidad nace bajo la amenaza de “los otros“.2000 años después de la Batalla de Salamina, la Caída de Constantinopla -el 29 de mayo de 1453-, se sintió como una catástrofe enorme. Toda la parte oriental de Europa estaba lista para la conquista otomana. Sólo la Austria de los Habsburgo quedó como último bastión. Aquel momento crítico provocó el florecimiento de una conciencia europea en el sentido moderno. En 1453 el filósofo Jorge de Trebisonda ya había publicado un manifiesto que se llamó Pro defenda Europa, donde ese nombre, Europa, reemplazaba el de Cristiandad. Tras la caída de la capital de Bizancio, el cardenal Piccolomini -que llegó a ser papa bajo el nombre de Pio II-, escribió:La parte oriental de Europa ha sido arrebatada Para comunicar en toda su significancia, y transmitir el pathos, el sentimiento, invocó no sólo a los Padres de la Iglesia, sino a algunos más atrás y más importantes en la memoria de Europa; los autores de poesía y tragedia de la Antigua Grecia. La catástrofe, dijo Pio II, significabala segunda muerte de Homero, de Sófocles y de Eurípides“. Este papa, lúcido como pocos, murió en en 1464, lamentando su incapacidad para mover un ejército y una flota que pudiera liberar Constantinopla.Toda la Historia es testimonio de que Europa es una vieja comunidad de civilizaciones. Sin que haga falta volver a la época de la pintura de las cavernas y la cultura megalítica, no hay ningún fenómeno ni acontecimiento histórico que viviera alguno de los países de la esfera franca, que no haya sido compartido por los demás. La caballería medieval, la poesía épica, el amor cortés, las libertades feudales, las cruzadas, la Europa de las Ciudades, la Revolución Gótica, el Renacimiento, la Reforma y la Contrarreforma, la expansión más allá de los mares, el nacimiento del Estado Nación, el Barroco religioso y secular, la música polifónica, la Ilustración, el Romanticismo, el universo prometéico de la tecnología, el nacionalismo… Sí, todo eso es común a toda Europa y sólo a Europa. En el curso de la Historia, cada gran momento y cada gran movimiento en un país europeo, encontró su equivalente inmediato en sus países hermanos de Europa y no en otros sitios. Y sobre los conflictos que contribuyeron tanto a nuestro dinamismo, fueron dictados por la competición entre príncipes y reyes o por los estados, jamás por una cultura o civilización opuesta.A diferencia de otros pueblos desfavorecidos, los europeos raramente han tenido que preguntarse por su identidad. Era suficiente para ellos existir; numerosos, fuertes, a menudo victoriosos. Pero eso está acabado, el terrible “Siglo de 1914” puso un fin al reinado europeo, y desde entonces los europeos han estado asediados por los demonios de la duda y la incertidumbre sobre ellos mismos, aunque haya sido algo mitigado por la abundancia material. Los artesanos de la “unidad“, los mentirosos de la “unificación“, se cagan en los pantalones por miedo a la cuestión de la identidad, pero la identidad es tan importante para una comunidad como la cuestión de las fronteras étnicas y territoriales.
    L’Europe et l’européanité
    http://disidencia.info/europa-y-los-...inique-venner/
    Última edición por ReynoDeGranada; 29/01/2020 a las 16:32
    «¿Cómo no vamos a ser católicos? Pues ¿no nos decimos titulares del alma nacional española, que ha dado precisamente al catolicismo lo más entrañable de ella: su salvación histórica y su imperio? La historia de la fe católica en Occidente, su esplendor y sus fatigas, se ha realizado con alma misma de España; es la historia de España.»
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  5. #5
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    Re: "Las cinco rupturas de Europa" - F. Elías de Tejada

    Manifiesto Europeo



    En 1949, cuatro años después de la derrota de Europa en la Segunda Guerra Mundial, Giménez Caballero redacta el siguiente Manifiesto que supone una de las visiones más lúcidas sobre lo que significa la cultura europea.
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    Estimamos nosotros –los españoles actuales- que la lucha por la Defensa y Unidad de Europa en estos críticos momentos debe ser llevada, principalmente, a construir en todas las almas europeas una fortaleza inexpugnable: una idea irresistible: una convicción triunfal, que haga fracasar todos los ataques desesperados de las fuerzas hostiles antieuropeas.

    Y esa convicción, esa idea-fortaleza, deberá ser la siguiente:

    “Europa no es vieja ni es joven. No lo ha sido ni lo será nunca. Porque Europa es inmortal. Europa es un perpetuo Renacimiento. Es un resucitar inextinguible”.
    Creemos que los esfuerzos heroicos de todos los espíritus preclaros de Europa –de todos sus investigadores (poetas, sabios, científicos)- debería ser concentrado en demostrar rigurosamente al mundo que tal Afirmación es cierta. Efectiva.
    Para ayudar a lo cual nosotros proponemos ahora un elemental plano afirmativo en vista de esa ciclópea reconstrucción:

    1º. Hay que rebatir como falsa la tradicional pretensión de que Europa sea hija de Oriente. (Acumular pruebas contra el mito de Agenor, contra la espúrea localización del Paraíso terrenal en Mesopotamia: contra la “cuna hindú” del género humano: contra la primacía civilizadora de Egipto, China, Fenicia, etc...).
    La civilización empezó en Europa. A lo largo de su místico “castillo alpino”, de los Pirineos al Cáucaso. Fortaleza “providencial”.


    2º. Hay que reducir al absurdo la tesis “vegetal” y spengleriana –la tesis de los culturalistas- sobre la “pluralidad de culturas igualmente válidas”. Tesis que empareja y ecuaciona la "cultura europea", por ejemplo, con la "azteca" o la "faraónica".



    3º. Hay que reducir a polvo la tesis de que “Occidente está en decadencia”. Es decir: Europa: Pues nadie es vencido hasta que él mismo no se considera vencido. Y Europa jamás se dará por vencida.


    4º. Hay que insistir audazmente, sobre la veracidad de que si América es algo, lo es en cuanto trasunto de Europa: proyección de Europa en “cantidad”. Igualmente Rusia. Rusia y América tienen substratos propios. Pero lo determinante en ellas será siempre el superestrato europeo.


    5º. Hay que demostrar que la “idea de Europa” –bajo diversos nombres a lo largo de la Prehistoria y la Historia- consistió siempre en la “medida”: el “límite”: la “armonía”: la “unidad activa”: la “ascensión creadora del Hombre”: la “mística de la vida”.


    6º. Demostrar que esa “idea de Europa” existió desde el Paleolítico, sobre una topografía –imprecisa- pero poco más o menos coincidente con lo que ha sido siempre Europa (la vértebra alpina).


    7º. Hay que demostrar que tal “idea europea” sufrió “cansancios momentáneos”, “agonías temporales”, “exhaustamientos fecundos”. Lo que llamaríamos –históricamente- “Edades Medias o transitorias, preparadoras de nuevos Renacimientos”.


    8º. Europa no tiene más que dos fases, dos edades, dos ciclos: Edades Medias y Renacimientos. (Muerte y Resurrección, Invierno y Primavera).


    9º. La fecundidad de Europa es inacabable. Como una Paternidad cósmica, como una fuerza genesíaca donjuanesca. Rasgo viril, y no femenino, en lo europeo. Potencia de fecundación. Virtud Imperial.


    10º. Hay que demostrar que –desde la Prehistoria- este “fecundador genio europeo” preñó siempre a las culturas extra-europeas. Las cuales, aprovechando el agotamiento momentáneo del progenitor, reobraron sobre Europa en forma de “invasiones y devastaciones”. Pero que –justamente- este “estímulo del peligro” hizo siempre “reaccionar a Europa”, resurgir, resucitar de sí misma: como el ave Fénix de las cenizas.
    Condición precisa para cada Renacimiento de Europa: su inminente muerte, su “agonía trágica”. El estímulo mortal.


    11º. Europa –por tanto- no es vieja ni joven. Sino débil o fuerte. Y su secreto es el que, en español, llamamos “sacar fuerzas de flaquezas”. Secreto heroico.


    12º. En las actuales circunstancias, Europa se encuentra en una “crisis de salvación”. Como tras 1918 (o como tras 1945). Como tras el fracaso napoleónico. Como antes de Carlos V o de Navas de Tolosa o de Carlos Martel. Como ante la lucha con Cartago. O en la guerra de Grecia contra los persas. O de razas prehistóricas europeas contra invasiones de África y de Asia.
    Y esta crisis será superada a través de otra inevitable Edad Media –feudal, federalizante-, que estamos empezando a atravesar, hostilizados por los bárbaros.


    13º. Característica también europea es la del “relevo de Campeones” en portar el fuego sagrado y perenne. Los Campeones cambian. El fuego permanece.


    14º. Anular el temor a lo ruso y el pasmo ante lo americano, demostrando que ambos son fenómenos “románticos”, “desmesurados”, “estériles a la larga”. Ambos procedentes de Europa, pero “desnaturalizados”.
    La afirmación social de Rusia es europea. (Rusia no ha hecho más que quitarle a esa idea la “medida”, amplificando su “extensión”: asiatizando infinitamente la idea europea de “una masa trabajadora”).
    La afirmación capitalista de América es europea. (América no ha hecho más que quitarle a esa idea la “medida”, ilimitando la “cantidad”, taylorizando el “espíritu -europeo- de iniciativa, individual”).


    15º. Las armas eternas contra el Oriente y el Occidente serán siempre espirituales en Europa.
    Lo que representó y representará la idea de Roma no perecerá nunca. Precisamente, frente al misticismo asiático del bolchevique irrumpiendo de nuevo sobre Europa, Roma podrá crear otro nuevo misticismo: el de la Santidad auténtica. (El Santo: fuerza social más allá del Héroe). Arma específica de todos nuestros Medievos.
    Del mismo modo, la Mística del Linaje, -¡tan germánica!- tampoco perecerá, para combatir válidamente el capcioso igualitarismo. Encarnando en otra modalidad medieval de gran eficacia combativa: la “mística dinástica”, de nuevas progenies y estirpes surgidas puramente de la Revolución.
    No las restauraciones de sangres cansadas, exhaustas, degeneradas, sino las nuevas Instauraciones, los nuevos reinos Caudillales, con gracia feudal, medievática y hasta divina. Nuevas Monarquías, nuevas aristarquías. Nuevas selectividades.


    16º. Utilizar cuantos pensamientos y pensadores y poetas tuvieron este instinto de combate y defensa de Europa.
    Ejemplos:
    Mazzini dijo que Europa era “el fermento del mundo”. Y así pensó también nuestro Donoso Cortés.
    Burckardt –el gran renacentista- vio a Europa como una “fuente antigua y nueva de vida”. “Espiritual y múltiple”.
    Grecia: como “Cosmos”. Como “Orden Total”. Con el símbolo platónico y heroico del Maratón contra el Oriente.
    Leibniz, como una “eterna lucha contra los bárbaros”.
    Himly, como “la obra más armoniosa de la Creación”.
    Victor Hugo vio Europa “unida un día” sin rusos ni anglosajones.
    Nosotros, los españoles, la vemos como la “única Sede de eterna Catolicidad”.


    17º. Europa es pelea constante. Europa es guerrear. Europa es peligro.

    Europa es el centinela alerta. ¡Al arma!, ¡Al arma!.


    Y Europa es –de vez en cuando- una bendita “Ilusión de Paz”.




    Ernesto Jiménez Caballero, 1949



    Giménez Caballero y Europa: Manifiesto Europeo
    ALACRAN dio el Víctor.
    «¿Cómo no vamos a ser católicos? Pues ¿no nos decimos titulares del alma nacional española, que ha dado precisamente al catolicismo lo más entrañable de ella: su salvación histórica y su imperio? La historia de la fe católica en Occidente, su esplendor y sus fatigas, se ha realizado con alma misma de España; es la historia de España.»
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    Re: "Las cinco rupturas de Europa" - F. Elías de Tejada

    Con todo el respeto intelectual que me merece Don Francisco Elias de Tejada no comparto su idea que Europa nace contra la Cristiandad.
    Lo que por otra parte no coincidiría con la realidad histórica y se corre el peligro de caer -involuntariamente- en una postura lindante con lo ideológico, esquemática y reduccionista.
    No creo que sea bueno ni provechoso en estos sombríos y babélicos tiempos tiempos, generar esa dialéctica de enfrentamiento, que en mi modesta opinión apareja una estéril controversia que en definitiva termina beneficiando a los enemigos de la Cristiandad.
    Interesante el aporte de Reyno De Granada, recordando el "Manifiesto Europeo" de Gimenez Caballero, aunque entiendo que después del 45, es más que evidente que Occidente entro en una notoria decadencia, en un tobogán que se transformo en caída libre, al menos hasta el presente.
    Y esto tanto desde el punto de vista Político como desde el Teológico.
    ALACRAN y ReynoDeGranada dieron el Víctor.

  7. #7
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    Re: "Las cinco rupturas de Europa" - F. Elías de Tejada

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    Cita Iniciado por Elías de Tejada Ver mensaje


    Europa es un mecanicismo, neutralización del poder, coexistencia formal de credos, paganización de la moral, absolutismos, democracias, liberalismos, guerras nacionales o de familias, concepción abstracta del hombre, Sociedad de naciones, ONU, parlamentarismo, constitucionalismo liberal, protestantismo, repúblicas, soberanías limitadas de príncipes o de pueblos. La Cristiandad era a su vez organicismo social, visión cristiana del poder, unidad de la fe católica, poderes templados, cruzadas misioneras, concepción del hombre como ser concreto, Cortes representativas de la realidad social entendida cual cuerpo místico, sistemas de libertades concretas. O sea, pese a la unidad que postula dawson, dos civilizaciones y dos culturas contrarias: Europa, la civilización de la Revolución; la Cristiandad, la civilización de la Tradición cristiana.

    La monarquía tradicional. 1954
    Es que esas afirmaciones y negaciones taxativas y maniquieistas sobre Europa y Cristiandad del artículo de Elias de Tejada pertenecen a un, digamos, laboratorio de ideas tradicionalistas más que a la historia real. Intenta él volcar su ideal político a la historia medieval, más que extraer de dicha historia los principios políticos.

    En realidad ya había habido desde dos siglos antes de Lutero (si consideramos el culmen de Cristiandad en el papa Inocencio III, alrededor del año 1200 y su ocaso con Bonifacio VIII en el 1300) innumerables fracturas en los siglos XIV y XV (básicamente el papado de Aviñón y el Cisma de Occidente), por lo menos en las esferas políticas y culturales de las naciones europeas. Básicamente lo que rompió Lutero solo fue la unidad cristiana de las masas europeas. Porque para hablar de "catolicidad" y "obediencia al papado" de los gobernantes y élites de esa época en Inglaterra Francia o Alemania habría que usar bastante cinismo y sonaría ridículo.

    Hubiera debido hablar Elías de Tejada no solo de las 5 rupturas desde Lutero, sino de las 10 o 12 rupturas desde Bonifacio VIII. Se supone que las otras rupturas anteriores (sin contar el cisma de Oriente) no repercutieron o trastocaron su ideario tradicional. Intentaremos creer que esquematizó el proceso en exceso, porque pensar otra cosa entraría en una afrenta a su notoria intelectualidad.

    Envié precisamente un hilo hace dos meses en que detallaba el proceso histórico desde Bonifacio VIII a Lutero en que se dan precisamente las rupturas pre-luteranas:

    El declive de la Iglesia comenzó bajo Bonifacio VIII (1303) no con Lutero

    La Edad Media -la típica Edad Media- concluye con el siglo XIII. Durante Bonifacio VIII (1294-1303) tiene lugar el choque violento entre los ideales eclesiástico-políticos de esa Edad, que no se resigna a perecer, y una ideología nueva, que trata de superar la antigua para regir al hombre por otros derroteros. Los hombres más genuinamente representativos del siglo XIV no podrán apellidarse, sin más, medievales... Esa centuria debe incorporarse a una Edad Nueva. Los nombres de Felipe IV el Hermoso de Francia y Luis de Baviera; Guillermo Nogaret, Cola di Rienzo, Petrarca... Guillermo de Ockham, Marsilio de Padua, Juan Wyclef y Juan Hus ¿no representan una mentalidad muy distinta de la propiamente medieval?

    No cabe duda que un Petrarca, padre del humanismo europeo, y un Ockham, padre de la filosofía moderna, marcan las guías que ha seguido Europa en su crecimiento y desarrollo intelectual posterior... hombres “nuevos” que se apartan conscientemente de las vías antiguas o medievales...

    El término final, para nosotros, de la Edad Media es el año 1303, cuando todo aquel edificio eclesiástico-político de unión armónica entre Iglesia y Estado, entre Sacerdocio e Imperio, se derrumba.

    Llamamos Edad Nueva a ese lapso de tiempo que se inaugura en el siglo XIV (con el atentado de Anagni) y se cierra a mediados del siglo XVII (con la paz de Westfalia), dividiéndolo en dos bloques (Renacimiento: desde la muerte de Bonifacio VIII hasta la apertura del concilio de Trento) y Contrarreforma (de Trento a la paz de Westfalia)

    Caracteres de la Edad Nueva:

    - Crisis de la unidad cristiana de los pueblos:

    Aunque la unidad cristiana no se rompe hasta Lutero, comienza a resquebrajarse en el siglo XIV con el traslado de los papas a Aviñón, y se agudizará la crisis con el cisma de Occidente (siglo XV). Iníciase la descomposición de aquella Europa que estaba unida bajo la autoridad paternal del Papa y bajo protección del Emperador. Ambos poderes pierden autoridad y prestigio, al paso que el nacionalismo se desarrolla lo suficiente para que las naciones ya no parezcan hermanas en la gran familia de la cristiandad sino más bien rivales y hasta enemigas.

    Los reyes, comenzando por Felipe IV el Hermoso de Francia( m. 1314), Eduardo III de Inglaterra (m. 1377) y Luis de Baviera (m. 1347) ya no se preocupan más que de los intereses de su nación y de robustecer su poder; niéganse a admitir el arbitraje del Papa en conflictos con otro soberano y ponen dificultades a que el Papa con sus impuestos eclesiásticos saque oro y plata del territorio nacional.

    El Sacro Imperio comienza a vaciarse de sentido católico, no sólo en la práctica, también en teoría. Ya el concepto imperial de Dante es muy diverso del genuino concepto medieval. Mucho más el de Marsilio de Padua. Y nada digamos de los peritos y juristas del derecho romano, que van elaborando un concepto paganamente absolutista del Príncipe y del Estado.

    -Laicismo creciente

    No un ”laicismo” en sentido peyorativo, sino significando lo contrario de “eclesiasticismo”. El mundo laico se hace sentir con una fuerza, exigencias e influencias cada vez más altas. Al lado y enfrente de los eclesiásticos, que hasta entonces eran los rectores de la sociedad surgen civiles -legistas, abogados, humanistas, poetas, médicos, filósofos-, que aconsejan a reyes, desempeñan embajadas y, desde las cátedras y los libros, enderezan la cultura de los pueblos por caminos menos eclesiásticos y clericales, aunque todavía dentro de los postulados fundamentales católicos.

    La autoridad del Papa se merma notablemente, parte por su unión demasiado estrecha con Francia en Aviñón, parte por el triste papel de quienes se disputan el sumo pontificado con el cisma de Occidente, parte por la indignidad personal de algunos papas y cardenales que solo cuidan de su poder político y de acaparar riquezas, y parte por las nuevas ideas conciliaristas y las nuevas herejías, tremendamente radicales como las de Wicleff y Hus, que anuncian la revolución de Lutero...

    ...-Repercusiones en la cultura

    Ese laicismo se manifiesta en cierta secularización de la cultura. La teología se ve obligada a compartir su dominio con las letras humanas. El escolasticismo como método y sistema cae en descrédito mientras prospera la retórica clásica y cierto modo personal de filosofar. La cultura se hace más profunda (mayor conocimiento de la antigüedad greco latina, tanto de la pagana como de la cristiana); más íntima inspección psicológica, más amplia (descubrimientos en geografía, astronomía, física, medicina), más universalmente difundida (nuevas universidades y estudios, multiplicación de colegios y escuelas municipales, invención de la imprenta).

    Al hacerse más extensa la cultura deja de ser patrimonio de los clérigos y pasa a los seglares. Comienzan los juristas, siguen los humanistas. Así la ciencia se humaniza, secularizándose. La nueva filosofía no se resigna a ser ancilla Theologiae, aspirando a ser autónoma.

    -Individualismo y subjetivismo

    Contra la autoridad y la jerarquía se levanta la razón individual que busca en sí misma y en la naturaleza de las cosas los fundamentos. El individuo vive para sí más que para la comunidad. En la vida económica se tiende hacia el liberalismo y en la vida religiosa se tiende a buscar a Dios directamente, sin intermediarios humanos, menospreciando la misión de la Iglesia; esto es claro en ciertos herejes; en los fieles católicos se ve propensión a una piedad más individualista, mientras decae la liturgia. Se abre camino al subjetivismo religioso, al racionalismo y, finalmente, al naturalismo como si la felicidad del hombre consistiese en la felicidad terrestre.

    Por otra parte, los filósofos del siglo XIV se rebelan contra los grandes sistemas metafísicos que admitían conceptos universales, y propugnan el nominalismo que niega la realidad objetiva de los conceptos y estudia el mundo subjetivo (lógica y psicología).

    -Ruina del feudalismo

    Como fenómeno enteramente opuesto a las postrimerías de la Edad Antigua, prosperan las ciudades a expensas de los campos. La nobleza abandona los castillos en provincias para poner su residencia en ciudades y en la corte del monarca, procuran el favor de éste y se convierten en cortesanos aduladores e instrumentos de su política.

    También el desarrollo del comercio y la industria crecen las ciudades, especialmente las costeras que multiplican las líneas de navegación y las que surgen en encrucijadas de caminos. Aparece el capitalismo de ricos mercaderes y banqueros salidos de la clase media o burguesía. Así a la economía agrícola sucede la comercial.

    Entre tanto, se impone en las naciones el absolutismo real de plenos poderes, ya que los monarcas se reservan todos los derechos y ejercen potestad omnímoda sobre el entero territorio nacional, debilitando a nobles y magnates despojándolos de sus derechos feudales, centralizando la administración del reino y distribuyendo cargos no solo entre nobles sino entre burgueses que por sus riquezas o talento pueden serle eficaces colaboradores.

    Cobra tanto incremento el absolutismo centralizador, que el rey no se contenta con gobernar y dar leyes en lo político, civil y financiero; invade también lo eclesiástico, dando origen a diversas formas de regalismo.

    ***
    ... Hay que advertir sin embargo, que tales caracteres, más que rasgos definidos y universales son muchas veces "tendencias nuevas" que poco a poco se van desarrollando. No conviene demasiado contraponer agudamente épocas históricas; ciertos esquemas pueden ser útiles sólo a condición de que se los mire de lejos y no se haga mucho hincapié en ellos...


    (Extraído y resumido de "Historia de la Iglesia", Tomo III, por R. García Villoslada y B. LLorca, B.A.C., 1950)
    Última edición por ALACRAN; 14/04/2020 a las 19:41
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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