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Honores4Víctor
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Tema: Guerras Católicas

  1. #1
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    Guerras Católicas

    Hola. Abro este tema para llevar un registro sobre las guerras contra los católicos en los países de Hispanoamérica, es decir, “guerras Católicas” en cuanto a que nos tocó defendernos.

    México:

    Guerra de Tres años/ Reforma 1857-1860
    Guerra Cristera 1926-1929

    * Tengo duda si poner la expulsión de los Jesuitas en 1767, porque hubo levantamientos populares que causaron algo así como 70 muertos a manos del ejército Virreinal.

    Por supuesto no hay que olvidar:

    ESPAÑA
    1936-1939

    ¿Hay experiencias parecidas en el resto de países?
    ¡¡¡Viva Cristo Rey!!!

  2. #2
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    Re: Guerras Católicas

    En el Río de la Plata sólo hubo conflictos entre la Iglesia y el Estado, los más importantes:

    - Durante el gobierno de Rivadavia, primer presidente argentino:

    En 1820, con la disolución del gobierno nacional es elegido gobernador Martín Rodríguez contando con el apoyo de Anchorena, Rosas y Rivadavia. Rivadavia fue elegido ministro y tuvo una importante labor en él. El año 1822 Rivadavia realiza una reforma eclesiástica que establecía la subordinación de la Iglesia al poder civil, esta reforma tenia el propósito de eliminar las congregaciones, de esta manera los bienes que no estaban destinados al culto pasaban a las manos del Estado y se eliminaba el diezmo como forma de financiamiento de la Iglesia, a cambio de todo esto el Estado se comprometía a financiar a la Iglesia. Esta medida si bien fue apoyada por muchos sectores de la Iglesia no tuvo mucho apoyo popular, porque al final las funciones que cumplían las congregaciones como los apoyos educativos y hospitalarios gratuitos iban a desaparecer para la población.

    El Arzobispo Juan Muzi llegó a Argentina dentro de su función de restablecer los lazos entre el Vaticano y los gobiernos sudamericanos, pero Rivadavia realizó todas las funciones posibles para impedir su llegada, ya que todas las reformas realizadas en Argentina conducían a lograr la autonomía del Vaticano y no volver a depender de él.

    Como tema aparte es importante mencionar que si bien existían estas medidas, la población era católica como Rivadavia y poseían una gran devoción a los temas del culto, como por ejemplo durante la reconquista se proclamó a Nuestra Señora del Rosario como gestora de la victoria contra los ingleses, el General Belgrano a cargo de las tropas del norte nombró a Nuestra Señora de la Merced como generala del Ejército. San Martín que sucedió a Belgrano proclamó al ejército de Los Andes junto a O’Higgins a la Virgen del Carmen.

    La libertad de culto en Argentina era promovida principalmente por comerciantes Ingleses que se encontraban en Buenos Aires, si bien esto no se logró de manera nacional, si un acuerdo entre Argentina y Gran Bretaña permitió la libertad de culto de los ciudadanos ingleses, esto se aplico sólo a Buenos Aires debido a la negativa de las provincias interiores de aceptar la libertad de culto.

    En 1829 Juan Manuel de Rosas llega a la gobernación de Buenos Aires, Rosas contaba con el apoyo de las autoridades de la Iglesia. Rosas solicitó a la Iglesia el apoyo en su causa federal, apoyo que se entregó sin cuestionamiento, ya que Rosas había ayudado en la restauración del culto, en la construcción de nuevas parroquias, la eliminación de la propaganda hostil en contra de la Iglesia, la evangelización de los indígenas, el catecismo, el restablecimiento de las órdenes y congregaciones, el restablecimiento de la Compañía de Jesús, el arribo de sacerdotes españoles y la formación del clero (Dussel, 1984).
    Historia de la relación Iglesia-Estado en América Latina durante el siglo XIX

    - En 1875 liberales y masones quemaron la histórica iglesia del Salvador (del colegio homónimo de los jesuitas).

    - Durante el gobierno del general Julio Argentino Roca se aprobó la enseñanza laica, gratuita y obligatoria y el matrimonio civil, lo cual motivó un conflicto con la Iglesia y la expulsión del nuncio apostólico, monseñor Matera.

    - En 1955 masones infiltrados en el gobierno peronista quemaron iglesias del casco histórico de Buenos Aires y la nunciatura apostólica; fue el conflicto más fuerte entre el Estado y la Iglesia (y a la vez el más discutido) el cual terminó con la caída de Perón el 16 de setiembre de aquel año. Juan Vergara podría aportarnos más información al respecto.



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    "En el imperio se ofrece y se comparte cultura, conocimiento y espiritualidad. En el imperialismo solo sometimiento y dominio económico-militar. Defendemos el IMPERIO, nos alejamos de todos los IMPERIALISMOS."







  3. #3
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    Re: Guerras Católicas

    En Argentina y Brasil se dieron movimientos liderados por santones que se oponían a la modernización liberal, tal el de "Tata Dios" en Tandil (sierras bonaerenses), en 1872, conocido como la "masacre de Tandil" y el de los canudos en el sertão.



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  4. #4
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    Re: Guerras Católicas

    Pero ¿a los de Canudos se los puede considerar católicos, o no eran más bien una secta aunque se opusieran a la república? Todo puede ser, porque muchas veces la historia oficial está llena de calumnias y a lo mejor sí eran católicos, pero me gustaría que alguien más informado arrojara más luz sobre el asunto.

  5. #5
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    Re: Guerras Católicas

    Cita Iniciado por Hyeronimus Ver mensaje
    Pero ¿a los de Canudos se los puede considerar católicos, o no eran más bien una secta aunque se opusieran a la república? Todo puede ser, porque muchas veces la historia oficial está llena de calumnias y a lo mejor sí eran católicos, pero me gustaría que alguien más informado arrojara más luz sobre el asunto.
    Es obvio que eran movimientos sincretistas, por eso dije "santones". El de Tandil, por más que se hiciera llamar "Tata Dios" y gritara "¡mueran los gringos masones!", no era precisamente un nuevo santo Domingo de Guzmán En cuanto a los canudos, nos dice esta página que Conselheiro pasó años por el sertão predicando una mezcla de doctrina cristiana y religiosidad popular:

    O que foi a Guerra de Canudos?

    por Roberto Navarro

    Foi um conflito no sertão baiano ocorrido em 1896 e 1897, que terminou com a destruição do povoado de Canudos - daí o nome da Guerra. Houve várias batalhas entre tropas do governo federal e um grupo de sertanejos liderados por um líder religioso, Antônio Vicente Mendes Maciel, o Antônio Conselheiro (1828 - 1897). Na época, a população miserável da região agregou-se em torno do beato Conselheiro, que havia passado anos pelo sertão pregando uma mistura de doutrina cristã e religiosidade popular. Em 1893, os sertanejos fundam o arraial de Canudos, um povoado muito pobre que chegou a ter 5 mil casas e de 20 mil a 25 mil habitantes. "Canudos era regido pelo trabalho coletivo e pelos ensinamentos religiosos de Conselheiro. Além desse caráter messiânico, o movimento criticava a República e contestava as inovações surgidas com ela, como o casamento civil", diz o historiador José Carlos Barreiro, da Universidade Estadual Paulista (Unesp) de Assis (SP). As relações do povoado com o governo começaram a se complicar ainda em 1893, quando os moradores rebelaram-se contra a cobrança de impostos e queimaram documentos emitidos pelo governo. Aos olhos dos governantes, Canudos começou a ser visto não só como um arraial de fanáticos religiosos, mas também como um ninho de rebeldes monarquistas e perigosos, que precisavam ser eliminados. Para acabar com os revoltosos, o governo lançou a tal "guerra" - que consistiu, na verdade, de quatro expedições militares. Nas três primeiras, o Exército tomou um pau dos sertanejos. Na terceira delas, o massacre foi tão grande que até o comandante das tropas federais foi morto em combate. Na quarta e última campanha, cujos momentos decisivos a gente apresenta nestas páginas, o Exército conseguiu finalmente riscar Canudos do mapa. Pelo menos 30 mil pessoas morreram na batalha final.
    Precisamente de este episodio trata la obra de Vargas Llosa "La Guerra del Fin del Mundo", en una charla con un periodista de Clarín nos da algunos datos interesantes:

    La guerra del fin del mundo cuenta la historia de Antonio Consejero, un sertanero de un cristianismo fanático y sencillo, primitivo, que en sus peregrinaciones por el desierto comienza a ser visto como santo y a congregar una multitud de miserables. Terminan formando una ciudad, Canudos, que por cuestiones religiosas se oponía a la recién nacida República. Creían que era obra del demonio. De verdad. Los republicanos creían que los de Canudos eran agentes del imperio británico, de la corona portuguesa, bandas de mercenarios. En serio. Afirmado cada bando en su falsa creencia, se enfrentaron. Canudos venció hasta que la República les mandó un ejército. La matanza rondó las 40 mil personas. Muchos de los detalles los conocemos por la crónica de Euclides Da Cunha que, dijo Vargas Llosa, “escribió sus textos sin ver lo que en verdad pasaba”, cegado por su ideología. Lo atroz de la matanza le abrió los ojos. Y ahí, Da Cunha hizo “algo que los intelectuales no suelen hacer”, dijo el Nobel, “cambió de ideas”.
    En estos momentos me estoy bajando la película, si es potable después cuelgo los enlaces.



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  6. #6
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    Re: Guerras Católicas

    Cita Iniciado por Jarauta Ver mensaje
    ¿Hay experiencias parecidas en el resto de países?
    Hasta ahora no, las luchas más cruentas fueron las que citas en México y en España. En Colombia fue al revés que en México, fueron atacados los protestantes porque se los identificaba con el bando liberal, curioso lo que decía un diario colombiano en 1952:

    “La persecución en Colombia es peor que en España porque entran en juego problemas políticos. El protestante en Colombia es automáticamente un liberal” (El Siglo. Marzo 15 de l952. El Tiempo. Marzo l6 de l952).








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  7. #7
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    Re: Guerras Católicas

    Pues lo de La Vandea tampoco fue manco. Aunque eso más que una guerra fue un holocausto.
    Jarauta dio el Víctor.

  8. #8
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    Re: Guerras Católicas

    Sobre Canudos me acordé de un artículo que había leído en Clarín hace algunos años y lo encontré, es un comentario al libro de Euclides da Cunha Os Sertões, en el que describe el episodio:

    La vida de E. da Cunha (1866-1909), un ingeniero al servicio del Estado, nacido en una hacienda de café en el Vale do Paraíba (Rio de Janeiro), un intelectual formado en el cientificismo de la Escuela Militar que se desempeñaba también como periodista, sufrió un viraje radical a partir de su experiencia en el sertón ardiente y desangrado, las áridas tierras del Nordeste brasileño. El episodio que allí lo convocó es harto conocido y su protagonista, el beato Antonio Conselheiro, logró con su rebelión hacer temblar las acciones en las Bolsas de Nueva York y Londres: Conselheiro, nacido en Ceará en 1830, se había lanzado a vagar por los sertones de Pernamuco haciendo una vida de eremita, convertido luego en guía y consejero, cuyo predicamento creció con la Gran Seca de 1877 hasta que la gente lo apodó Buen Jesús y lo empezaron a seguir multitudes. En 1893 sus seguidores se rebelan contra la intención del gobierno de la República de cobrar impuestos a los municipios. Con 8 mil seguidores se instala en Canudos, en los sertones de Bahia, esperando el Juicio Final, que traería de vuelta al rey portugués Sebastián, cuando "verían correr un río de leche por la tierra y cuzcuz de trigo por los barrancos". Los hacendados lo denunciaron y el gobierno envió, recelando que se trataba de una maniobra de los monarquistas, cuatro expediciones para acabar con su movimiento. La tercera expedición, con muchos veteranos de la Guerra del Paraguay, fracasó también, con el agravante de que el coronel, Moreira César, que la comandaba fue muerto en combate. En la cuarta expedición iba, como corresponsal de guerra del diario O Estado de Sao Paulo, Euclides da Cunha.

    La carnicería espantosa, los trescientos viejos, mujeres y niños harapientos que el ejército captura, la visión de ese otro Brasil, convencen a Euclides de que no se trataba, como la había calificado en sus artículos, de otra Vendée. Sublevado, se dedica durante tres años a elaborar el libro. Está en Sao José do Rio Pardo, supervisando para la Superintendencia de Obras Públicas del Estado de Sao Paulo la construcción de un puente de hierro, y acude a sus amigos para obtener información. Quien se había dado cuenta de que "las páginas ásperas de nuestros Engineer''s pocket books son más elocuentes, en este fin de siglo, que las más luminosas páginas de nuestro más admirado pensador" y que escribiría en nota preliminar "Aquella campaña recuerda un reflujo hacia el pasado. Y fue, en la significación integral de la palabra, un crimen", elabora una visión compleja, llena de paradójico orgullo nacional, que inaugura la literatura de interpretación y revelación y supera los límites de los géneros: Los Sertones.

    De História do Brasil:

    GUERRA DE CANUDOS

    História da Guerra de Canudos, o líder Antônio Conselheiro, o messianismo no Nordeste do início da República,
    conflitos sociais na História do Brasil


    População miserável do Arraial de Canudos

    História da Guerra de Canudos

    A situação do Nordeste brasileiro, no final do século XIX, era muito precária. Fome, seca, miséria, violência e abandono político afetavam os nordestinos, principalmente a população mais carente. Toda essa situação, em conjunto com o fanatismo religioso, desencadeou um grave problema social. Em novembro de 1896, no sertão da Bahia, foi iniciado este conflito civil. Esta durou por quase um ano, até 05 de outubro de 1897, e, devido à força adquirida, o governo da Bahia pediu o apoio da República para conter este movimento formado por fanáticos, jagunços e sertanejos sem emprego.

    O beato Conselheiro, homem que passou a ser conhecido logo depois da Proclamação da República, era quem liderava este movimento. Ele acreditava que havia sido enviado por Deus para acabar com as diferenças sociais e também com os pecados republicanos, entre estes, estavam o casamento civil e a cobrança de impostos. Com estas idéias em mente, ele conseguiu reunir um grande número de adeptos que acreditavam que seu líder realmente poderia libertá-los da situação de extrema pobreza na qual se encontravam.

    Com o passar do tempo, as idéias iniciais difundiram-se de tal forma que jagunços passaram a utilizar-se das mesmas para justificar seus roubos e suas atitudes que em nada condiziam com nenhum tipo de ensinamento religioso; este fato tirou por completo a tranqüilidade na qual os sertanejos daquela região estavam acostumados a viver.

    Devido a enorme proporção que este movimento adquiriu, o governo da Bahia não conseguiu por si só segurar a grande revolta que acontecia em seu Estado, por esta razão, pediu a interferência da República. Esta, por sua vez, também encontrou muitas dificuldades para conter os fanáticos. Somente no quarto combate, onde as forças da República já estavam mais bem equipadas e organizadas, os incansáveis guerreiros foram vencidos pelo cerco que os impediam de sair do local no qual se encontravam para buscar qualquer tipo de alimento e muitos morreram de fome. O massacre foi tamanho que não escaparam idosos, mulheres e crianças.

    Pode-se dizer que este acontecimento histórico representou a luta pela libertação dos pobres que viviam na zona rural, e, também, que a resistência mostrada durante todas as batalhas ressaltou o potencial do sertanejo na luta por seus ideais. Euclides da Cunha, em seu livro Os Sertões, eternizou este movimento que evidenciou a importância da luta social na história de nosso país.

    Conclusão : Esta revolta, ocorrida nos primeiros tempos da República, mostra o descaso dos governantes com relação aos grandes problemas sociais do Brasil. Assim como as greves, as revoltas que reivindicavam melhores condições de vida ( mais empregos, justiça social, liberdade, educação etc), foram tratadas como "casos de polícia" pelo governo republicano. A violência oficial foi usada, muitas vezes em exagero, na tentativa de calar aqueles que lutavam por direitos sociais e melhores condições de vida.



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  9. #9
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    Re: Guerras Católicas

    Pero entonces el "laicismo" nomás triunfó por las armas en México? POrque aquí hubo conflicto y en el resto de Hispanoamérica fue todo más tranquilo?
    ¡¡¡Viva Cristo Rey!!!

  10. #10
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    Re: Guerras Católicas

    Cita Iniciado por Jarauta Ver mensaje
    Pero entonces el "laicismo" nomás triunfó por las armas en México? POrque aquí hubo conflicto y en el resto de Hispanoamérica fue todo más tranquilo?
    Sí, una guerra como la de los Cristeros sólo se dio en México, en el resto fue a través de gobiernos liberales que se impuso el laicismo con distintos matices. Esto fue bueno para los católicos mexicanos porque en esa guerra estaba claro de que lado tenías que estar si eras católico, en cambio en el resto del continente siempre estuvo todo muy mezclado, habiendo siempre no pocos católicos y clérigos en el bando liberal.

    Algunos ejemplos de los matices:

    - Los liberales que derrocaron a Rosas y sentaron las bases de la Argentina moderna promulgaron una constitución liberal en 1853 (inspirada en la norteamericana) que garantizaba la libertad de cultos y a la vez regulaba las relaciones entre la Iglesia y el Estado, p. ej., el artículo 2º "El Gobierno federal sostiene el culto católico, apostólico, romano", el requisito de profesar la Fe católica para ser presidente y vice y la promoción de la conversión de los indios a nuestra Fe. Esta fue reformada en 1994 y se eliminó el requisito confesional para los cargos de presidente y vice y lo de la conversión de los indios pero mantuvo la confesionalidad del Estado. En la Argentina se dio, por así decir, una "hibridación" católico-liberal que se ha mantenido hasta hoy día.

    - Uruguay se constituyó en un estado totalmente laico a principios del siglo pasado, con total separación de la Iglesia y el Estado, siendo el primero en conceder el divorcio vincular por el sólo deseo de la mujer y el sufragio femenino. Todo sin sangre y sin persecuciones, sólo política.

    - En Brasil se desarrolló una importante e influyente corriente tradicionalista y también fue el país en el que más se desarrollaron el protestantismo y el espiritismo.

    - Autores protestantes señalan que la libertad religiosa siempre ha sido un tema conflictivo en Hispanoamérica, aunque las constituciones garantizaran la libertad de cultos. El protestantismo tuvo no pocos obstáculos para propagarse en la región.

    - En Perú no se podían profesar públicamente otros cultos hasta 1915.

    Juan Vergara diría que todo ésto se debe a que no pocos clérigos prestaron apoyo con sus hechos y escritos a la guerra de "independencia".
    Jarauta dio el Víctor.



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  11. #11
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    Re: Guerras Católicas

    Por supuesto, hubo bastantes clérigos independentistas, como Hidalgo en México o fray Camilo Henríquez en Chile. Si es que no hay nada nuevo bajo el sol. Y luego hay quienes se asombran de que haya tanto nacionalista en el clero vasco y catalán.

  12. #12
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    Re: Guerras Católicas

    Con razón. Ahora entiendo porque en la América Hispana los católicos quieren cambiar todo por la ley vigente, pues así se cambió o al menos esa percepción tienen (olvidan que la independencia fue con sangre).
    Sin embargo, el que los mexicanos quereamos todo por la ley cuando nos dejaron en esta situación por las armas, en varias ocasiones, me sorprende. Y además, se olvida.
    ¡¡¡Viva Cristo Rey!!!

  13. #13
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    Re: Guerras Católicas

    Los gobiernos liberales peninsulares también fueron, sobre el papel, protectores de la religión católica durante el siglo XIX y parte del XX. Ese cambio fue forzosamente gradual para ellos.

    Ahora bien, el mismo hecho de declarar que un país es católico por medio de un artículo de una constitución que en si misma es reformable y se sostiene en la sola voluntad del pueblo (que por tanto podría cambiar ese artículo cuando su voluntad así fuera) es inadmisible de base.

    La aceptación por parte del clero y de los papas de esta nueva situación en la que religión católica era un mero anexo legal de los estado liberales fue una bomba de relojería para la destrucción de la sociedad católica en esos lugares.

    Lo mismo podría decirse de los concordatos, que como planteamiento en si mismos son inadmisibles y que más allá de su contenido en un momento dado para un país dado, sólo sirvieron para legitimar a los gobiernos liberales a ojos de los católicos.
    Última edición por Donoso; 09/12/2012 a las 01:26
    Aquí corresponde hablar de aquella horrible y nunca bastante execrada y detestable libertad de la prensa, [...] la cual tienen algunos el atrevimiento de pedir y promover con gran clamoreo. Nos horrorizamos, Venerables Hermanos, al considerar cuánta extravagancia de doctrinas, o mejor, cuán estupenda monstruosidad de errores se difunden y siembran en todas partes por medio de innumerable muchedumbre de libros, opúsculos y escritos pequeños en verdad por razón del tamaño, pero grandes por su enormísima maldad, de los cuales vemos no sin muchas lágrimas que sale la maldición y que inunda toda la faz de la tierra.

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  14. #14
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    Re: Guerras Católicas

    Cita Iniciado por Donoso Ver mensaje
    Ahora bien, el mismo hecho de declarar que un país es católico por medio de un artículo de una constitución que en si misma es reformable y se sostiene en la sola voluntad del pueblo (que por tanto podría cambiar ese artículo cuando su voluntad así fuera) es inadmisible de base.
    El problema que te sacan los católicos no monárquicos es que en un sistema monárquico real la sola voluntad de un rey también puede cambiar la relación del Estado con la Iglesia, y te ponen el ejemplo de Enrique VIII. También en España podríamos hablar de la regente María Cristina de Borbón Dos Sicilias, independientemente de si era legítima o no; de Juan Carlos, que empezó su reinado siendo España católica; o de Carlos Hugo, que quiso cambiar el ideario carlista.

    Es decir, tener una monarquía tradicional suele ser garantía de que el Estado sea católico, pero no siempre sucede así; un rey soberano también puede cambiar el sistema. Por eso considero que la soberanía debe ser compartida por un rey legítimo y tradicional y unas Cortes no partidistas con representación de la Iglesia.

  15. #15
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    Re: Guerras Católicas

    Cita Iniciado por Rodrigo Ver mensaje
    Es decir, tener una monarquía tradicional suele ser garantía de que el Estado sea católico, pero no siempre sucede así; un rey soberano también puede cambiar el sistema. Por eso considero que la soberanía debe ser compartida por un rey legítimo y tradicional y unas Cortes no partidistas con representación de la Iglesia.
    Yo también lo veo así, y lo he expresado en algún que otro mensaje en el que se ha tratado esta cuestión.
    La solución... un rey legítimo y tradicional?, bueno... en soberanía compartida con unas cortes no partidistas en las que tenga representación la Iglesia.. pues, depende de por qué derroteros vaya la Iglesia en ese momento. En nuestros días, por ejemplo, sería esa misma representación de la Iglesia la que pediría la separación Iglesia-Estado. Así que.. el rey legítimo, por muy tradicionalista que sea, tendrá que luchar activamente contra la mayoría de los obispos para salvar la tradición. No olvidemos que la Iglesia, hoy día, se ha convertido en el mayor agente descristianizador y laicista.

    Un abrazo en Xto.

  16. #16
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    Re: Guerras Católicas

    Es decir, tener una monarquía tradicional suele ser garantía de que el Estado sea católico, pero no siempre sucede así; un rey soberano también puede cambiar el sistema. Por eso considero que la soberanía debe ser compartida por un rey legítimo y tradicional y unas Cortes no partidistas con representación de la Iglesia.
    Eso es mezclar cosas. No tiene que ver con garantizar o dejar de garantizar.

    En una monarquía católica tradicional, el rey no tiene ninguna herramienta legítima para cambiar la religión de sus súbditos a su voluntad o para gobernar de forma externa a ella. Ni siquiera podría cambiar de religión él mismo sin dejar de ser rey. Otra cosa es que por la fuerza de la armas un tirano pueda hacerlo, como fue el caso de Enrique VIII, igual que podría hacerlo un rebelde o un invasor extranjero.

    En cambio, una constitución es un documento reformable y cualquiera de sus artículos (como uno referido a la confesionalidad) puede ser cambiado o eliminado mediante un proceso legal.

    La religión se reconoce como base fundamental y condición primera, no es ni puede ser definida como un artículo legal o la voluntad particular de nadie.
    Hyeronimus y Xaxi dieron el Víctor.
    Aquí corresponde hablar de aquella horrible y nunca bastante execrada y detestable libertad de la prensa, [...] la cual tienen algunos el atrevimiento de pedir y promover con gran clamoreo. Nos horrorizamos, Venerables Hermanos, al considerar cuánta extravagancia de doctrinas, o mejor, cuán estupenda monstruosidad de errores se difunden y siembran en todas partes por medio de innumerable muchedumbre de libros, opúsculos y escritos pequeños en verdad por razón del tamaño, pero grandes por su enormísima maldad, de los cuales vemos no sin muchas lágrimas que sale la maldición y que inunda toda la faz de la tierra.

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  17. #17
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    Re: Guerras Católicas

    Esto es cierto en lo teórico, pero la realidad política es que las monarquías Tradicionales dejaron de existir siglos antes del siglo XIX.
    De allí que la Iglesia para retardar la caída o tratar de volver a restaurar los principios Tradicionales, dispuso que en las constituciones se tratara de asegurar -lo más que se pudiera- la defensa de la religión católica, lo que en general no logro, o lo logro en un grado no muy satisfactorio.
    Si hubiera sido por los liberales habrían impuesto en sus constituciones lo que pensaban conforme a su ideología: Un estado Laico, separación de Iglesia y Estado, etc, etc.
    Lamentablemente el clero en general dejaba mucho que desear, tenían una formación muy deficiente, y solían estar contagiados de la tendencia de los signos de los tiempos de aquellas sociedades.
    Esto hizo que no se pudiera aprovechar lo poco que se "salvo" en los textos constitucionales.
    En política se debe actuar conforme a los tiempos en que a cada gobernante le toque vivir, no a los que debería ser pero no es, o a lo que fue siglos antes pero ya no es más.
    De allí que en mi modesta opinión no es lo mismo que en un texto constitucional
    se dejen sentado los principios Tradicionales Católicos, a que no se diga nada porque hace siglos supuestamente no era necesario en las Monarquías Tradicionales.
    Aunque en realidad si se establecieron a partir de la conversión de Constantino y precisamente de allí surgirá la tradición política católica que con el genio de Carlomagno dará lugar al Imperio que posibilitara la Cristiandad.
    Sin perjuicio de ello aclaro que Donoso tiene razón en sus dichos en cuanto a que
    la religión es el Fundamento de toda Polis y por tanto ello no queda sujeto a la voluntad del voto.

  18. #18
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    Re: Guerras Católicas

    Creo que sí es necesario un nuevo texto constitucional si se adptará un régimen tradicionalista al menos en México, porque la constitución vigente tienen un articulo que dice que ésta seguirá vigente aunque un conflicto armado lo impida, lo que daría pie a que la oposición siguiera haciendole caso a la anterior.
    ¡¡¡Viva Cristo Rey!!!

  19. #19
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    Re: Guerras Católicas

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    Historia de una lucha heroica y desigual – Por Cosme Beccar Varela



    Contrariamente a lo que suele creerse, en la Argentina no hubo nunca un “partido conservador”. Los políticos que dominaron el país después de Caseros y gobernaron hasta la elección de Hipólito Irigoyen en 1916, eran liberales, masones y enemigos del catolicismo como filosofía que debía inspirar los actos de gobierno en un país cuyos habitantes eran católicos en un 99%.


    Ellos se dedicaron durante esos 64 años a expulsar al catolicismo de la sociedad, de la enseñanza y de los poderes públicos. Es decir, se empeñaron en destruir moralmente a la Argentina y nunca a conservarla en sus verdaderos fundamentos. Fueron revolucionarios y no conservadores.


    Tuvieron el poder durantes más de medio siglo y lo ejercieron en forma tiránica en beneficio de los integrantes de sus logias y de una ideología laicista que chocaba frontalmente con las enseñanzas de la Iglesia.


    Estoy estudiando ese triste período de nuestra desdichada Historia para escribir mi cuarta novela histórica (a pesar de que las otras tres fueron sepultadas por la malicia del enemigo que se negó a aceptarla en las grandes librerías y por la indiferencia de los amigos que no la compraron en las pequeñas), pero a medida que estudio me duele cada vez más comprobar la premeditación y alevosía con que esa “oligarquía” realizó su nefasta política y eso me repugna tanto que me disuade. No sé en qué terminará este intento.


    Sin perjuicio de ello, quisiera dar a conocer desde ya a quien fuera el Jefe indiscutido de la única resistencia ideológica y política que intentó organizarse contra la camarilla de los políticos masónicos, al gran orador católico Don José Manuel Estrada.


    Para situar al lector en la época quisiera recordar que en 1874 fue “elegido” Presidente de la Nación, Nicolás Avellaneda, ministro de Sarmiento. Tenía 37 años pero ocupaba su cartera desde los 31. Había nacido en Tucumán, sus antecedentes eran magros, su figura más magra aún (medía menos de 1,60m, usaba tacos altos para simular mayor estatura y no debía pesar más de 60 kilos). Nada de esto fue óbice para que su carrera empezara como ministro del temperamental Sarmiento y pasara del ministerio a la Presidencia de la Nación. Cómo pudo ser posible tan meteórica carrera sólo puede explicarse con el apoyo de las logias, que, como dije, dominaban el país.


    La “elección” no fue, como puede creerse, un sufragio popular, pues éste no existía sino en teoría. Fue la decisión de las logias y uno de los que contribuyó decisivamente a esa elección fue el militar Julio Argentino Roca, jefe de una guarnición de la frontera con los indios pero activo intrigante político, nacido en 1843, también en Tucumán, y apenas seis años menor que Avellaneda.


    Las logias imponían la ideología, pero los militares imponían los gobiernos provinciales de los cuales dependía el nombramiento de los integrantes del Colegio Electoral que a su vez nombraba al Presidente. Avellaneda, desde su ministerio, se dedicó a construir su base electoral con la ayuda de Roca.


    En pago de este servicio, Roca fue ascendido a general en 1874 (a los 31 años) y nombrado Jefe del Estado Mayor del Ejército siendo Ministro de Defensa Adolfo Alsina, candidato indiscutido a la Presidencia una vez terminado el mandato de Avellaneda.


    Roca se las arregló para desprenderse de Alsina. Éste inició la campaña al desierto y en una de sus visitas al frente fue envenenado (él mismo lo dijo antes de morir) y falleció en pocos días.


    Roca fue nombrado, entonces, Ministro de Defensa y en uso de su poder tomó en forma absoluta las riendas del Ejército al que condujo a una nueva campaña al desierto con el objeto de afirmar su prestigio y su dominio sobre la oficialidad. Esa campaña fue importante porque implicó un acto de ocupación de la Patagonia, pretendida por Chile pero que nada podía hacer en ese momento para oponerse porque se encontraba en guerra con el Perú.


    Oportunamente muerto Alsina, indiscutido caudillo popular y sin duda sucesor de Avellaneda, quedó la candidatura de Roca como dominante ya que tenía en sus manos la mayoría de los gobiernos de Provincia.


    El gobernador de Buenos Aires, Carlos Tejedor era su único oponente con alguna chance de victoria ya que había armado una fuerza provincial con posibilidades de deshacer la trama de Roca. Pero en 1880, éste no dudó un instante en exigir que el presidente Avellaneda intimara el desarme de la Provincia de Buenos Aires y ante la desobediencia de Tejedor trajo todas las fuerzas militares de su mando y derrotó a Tejedor en una guerra civil que costó 3.000 muertos a los porteños. Después se ha intentado presentar esa guerra civil como una resistencia de Tejedor a la “capitalización” de la ciudad de Buenos Aires. Pero eso es falso: fue lisa y llanamente por la resistencia de Tejedor a aceptar la imposición de la presidencia de Roca por la “liga” de los gobernadores creados por aquel.


    Como consecuencia de esa “democrática” solución, el Colegio Electoral, que ya era de Roca, lo eligió Presidente ese mismo año de 1880.


    Su candidatura no fue obra de la “república” sino de los cuarteles. Así lo denunció el gran José Manuel Estrada poco después, diciendo a sus alumnos el 21 de Junio de 1884, al día siguiente de ser destituido por Roca de su cátedra por oponerse a la enseñanza laica que el general-presidente promovía: “Recibí misión de enseñaros el derecho. Gobernantes abortados de los campamentos y de la descomposición de las oligarquías, no son jueces de mi enseñanza; pero la sociedad entera es testigo de que ahora os enseño a ejercerlo sin mirar a los que fraguan despotismos desde arriba y desde abajo, acomodando el cuello para recibir el yugo”.


    La enseñanza laica y la supresión de la enseñanza católica en las escuelas era uno de los objetivos principales del gobierno de Roca. Sabía que si el pueblo no aprendía el Catecismo, a la larga o a la corta perdería su Fe. Y eso es lo que ocurrió, como lo podemos verificar con dolor 130 años después.


    Para lograr ese objetivo, nombró ministro de educación, en un primer momento, a Manuel Pizarro y como éste era tenido por católico, los miembros de la logia lo objetaron, pero Roca, con su cinismo clásico les respondió: “…Pizarro tiene la condición de ser católico…Tiene talento y es dócil; cuando sea necesario se lo puede enderezar contra la catedral”. (“Católicos y liberales”, por Néstor Tomás Auza, pag. 54).


    Como no le resultó suficientemente dócil lo substituyó por su amigo masón y ateo, Eduardo Wilde que fue el que en definitiva hizo aprobar la ley de enseñanza laica.



    Estrada reunió a un grupo de católicos insignes, entre los cuales estaban Pedro Goyena, Tristán Achaval Rodriguez y Emilio Lamarca y con ellos fundó el 1 de Agosto de 1882 el diario “La Unión”. Inmediatamente tuvo un éxito extraordinario, pues los católicos estaban muy preocupados por el rumbo que tomaba la política de Roca. El diario opinaba abiertamente de política ya que consideraba que el deber de los católicos no sólo era defender la libertad religiosa sino todas las demás libertades garantizadas por la Constitución de las cuales Roca y sus cómplices se burlaban.


    Pocos días después, el 15 de Agosto de 1882, el Obispado de Buenos Aires empezó a publicar otro diario, “La Voz de la Iglesia”, que hacía sorda oposición a “La Unión”, usando un lenguaje “apolítico”, moderado y contemporizador, quitando lectores a “La Unión” (Auzá, op. cit. pag. 155).


    Ante de iniciarse el debate en el Congreso la ley de enseñanza laica, los católicos presentaron un petitorio con 16.000 firmas para que se mantuviera la enseñanza religiosa en las escuelas. Según decía un diario liberal, ninguno de los diputados liberales que proponían el laicismo había conseguido 16.000 votos. Pero estaba claro que la “democracia” no existía, sino la voluntad inquebrantable de la masonería de erradicar la fe católica del pueblo.

    Pocos días después, el petitorio tenía 180.000 firmas (Auzá, op. cit. pag. 221). Si pensamos que Buenos Aires en ese momento tenía alrededor de 100.000 habitantes, esta era una enormidad de firmas provenientes de todo el país.


    Estrada estaba convencido que si no se fundaba un partido católico, sin compromisos con el régimen liberal, no habría posibilidad alguna de hacer valer los derechos de la Iglesia y tampoco las libertades de los ciudadanos aseguradas por la Constitución.


    Así, el 3 de Julio de 1884 inició un viaje al interior del país para ponerse en contacto con los grupos católicos que se habían formado en las Provincias, con el fin de convocar una gran Asamblea que debería reunirse en Buenos Aires cuanto antes. Visitó Santa Fe, Córdoba, Santiago del Estero, Tucumán y Salta, siendo recibido en todas partes con gran entusiasmo. Multitudes acudían a oírlo y aplaudían sin reservas su maravillosa e inspirada oratoria.


    El 15 de Agosto de 1884 se reunió la Asamblea con 140 delegados de todo el país y después de varios días de brillantes discursos, se votó y aprobó la siguiente resolución: “La Asamblea declara que el estado actual de la República exige la unión política de los católicos argentinos y su intervención colectiva en la vida pública con el propósito de mantener los principios cristianos en el orden social y el gobierno de la Nación”. Es así que se decidió formar el partido “Unión Católica”. (Auzá, op. cit. pag. 279). El objetivo de Estrada era conseguir que se eligiera un candidato católico para la Presidencia de la Nación en 1886.


    Los masones temblaron al conocer esta decisión porque sabían perfectamente que Estrada era un gran orador y un hombre íntegro imposible de sobornar o amenazar y que la inmensa mayoría del pueblo era católica. Además el Jefe estaba rodeado de grandes personalidades como Pedro Goyena, Tristán Achaval Rodriguez, Emilio Lamarca y muchos otros.


    Inmediatamente empezaron a maniobrar para dividir ese grupo y en caso de no lograrlo, arruinarlos económicamente (como lo hizo Roca exonerando a Estrada y a Emilio Lamarca de sus cátedras, al igual que a otros eminentes profesores católicos de Córdoba) y aún eliminarlos físicamente si fuera necesario.


    Los dividieron, destituyeron en forma totalmente ilegal al Obispo de Salta Mons. Risso Patrón a causa de una Pastoral condenatoria de la política oficial, pero aún así, viendo que los católicos tenían éxitos electorales como el de Catamarca en Enero de 1884, les pareció necesario acabar con ellos.


    Es así que en Noviembre de 1884 muere súbitamente Mons. Risso Patrón en las vísperas de publicar una segunda pastoral. Antes de morir, elogió la obra de Estrada. Después murió el Dr. Rafael García un juez católico de Córdoba, justo cuando estaba por renunciar al Juzgado para dedicarse a trabajar en la “Unión Católica”. En Enero de 1887 falleció Tristán Achaval Rodriguez, a los 42 años de edad. En 1892 murió Pedro Goyena, el más brillante orador católico en el Congreso, a los 49 años. Dos años después, a los 52 de su edad, murió de una extraña enfermedad el Dr. José Manuel Estrada.


    Si se tiene en cuenta que la carrera de Roca y sus amigos estuvo siempre favorecida por muertes oportunas, como la de Adolfo Alsina, y que en una carta a Sarmiento, cuando este era Presidente, le ofreció deshacerse de los caudillos santiagueños Taboada de una manera discreta, cabe sospechar que todos o algunos de esos brillantes católicos fueron envenenados. Los detalles de la enfermedad de Estrada me hacen pensar eso al menos respecto de él.


    Lo cierto es que la lucha contra la “oligarquía” masónica iniciada por Estrada y sus compañeros, previamente despojada de todo principio católico, sirvió después de plataforma a la campaña de Leandro Alem y de Irigoyen para fundar la “Uníón Cïvica Radical”. Curiosamente el nuevo partido tomaba la denominación “Unión” como primera palabra de su nombre.


    La “Unión Cívica Radical” proclamó la necesidad de “moralizar” la política, acabando con los manejos ocultos de las minorías que habían regido el país desde 1853 en adelante, mediante el sufragio secreto y universal. Por supuesto, todo aquello fue un escamoteo y una falsificación de lo que hubiera sido, sin duda, la salvación del país: el triunfo de la Unión Católica.


    El gran José Manuel Estrada luchó como un héroe y murió como un mártir. Cuando vio que la Curia de Buenos Aires le hacía una discreta oposición y que sus amigos se dividían por no comprender la importancia de la obra política que estaban realizando, seguramente supo que no podía ganar. Pero eso no lo hizo abandonar la lucha. Los católicos de hoy, que estamos en mucho peores condiciones que las de su tiempo, podemos tal vez pensar lo mismo, pero eso debería movernos a apresurar nuestra unión y a redoblar nuestros esfuerzos, nunca jamás a la dispersión y a la apatía.


    Cosme Beccar Varela


    NOTA: Al lector que haya leído hasta aquí le agradezco su paciencia. El artículo es un poco largo, pero no había cómo abreviarlo, si es que debía ser comprensible.
    La Prensa Popular



    Imperium Hispaniae

    "En el imperio se ofrece y se comparte cultura, conocimiento y espiritualidad. En el imperialismo solo sometimiento y dominio económico-militar. Defendemos el IMPERIO, nos alejamos de todos los IMPERIALISMOS."







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