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Tema: Virreinas Criollas

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    Virreinas Criollas


    Por otra parte, que Letizia sea plebeya ya invalida la legitimidad de la descendencia por ser un matrimonio morganático. En la Monarquía Católica hasta los virreyes de los reinos de indias tenían prohibido tomar mujer de lugar que fuese a gobernar ni incurrir en matrimonio desigual para no beneficiar a la esposa ni para provocar subjetividad en la forma de gobierno del virreinato.


    Hola amigo, yo tengo entendido que varias "virreinas" de la Nueva España eran criollas. Recuerdo al menos una caso del siglo XVII y varios del XVIII y XIX.



    Sí, hubo virreinas criollas, varios casos. Las limitaciones que bien dice Fidelitas eran que el nuevo Virrey no podía desposar a una hija del lugar para evitar nepotismo (no tenía que ver con cuestiones de matrimonio desigual o descendencia morganática). Pero sí podía casarse con una criolla de otro lugar. Esto último sucedió generalmente en casos de virreyes que habían "hecho carrera" en Indias previamente a su nombramiento.

    En respuesta a estos comentarios decidí poner este artículo para esclarecer un poco más el asunto:


    Cuatro virreinas criollas


    Entre las obligaciones que tienen las personas elevadas a una condición social más alta, está la de alcanzar perfecciones morales, educativas y culturales, que brillen como ejemplo y sirvan de estímulo a la nación para mejorar su propia condición, no por “codiciar los bienes ajenos”, sino por un legítimo deseo de mejorar la formación de sus hijos
    De historiadores y genealogistas de la talla de Walter D’Aloia Criado, Hernán Lux Wurm, Sigfrido Radaelli, José María Martínez Vivot y Francisco J. Scaramelli Guerrero, extraemos datos poco conocidos de nuestro pasado que nos hablan de cuatro damas de abolengo de la sociedad virreinal.


    Ana de Azcuénaga y Basavilbaso




    Don Antonio Olaguer y Feliú junto a su esposa, Doña Ana de Azcuénaga y Basavilbaso. Debajo, placa conmemorativa.


    Dos de los hogares más distinguidos del Buenos Aires hispano fueron los de Azcuénaga y Basavilbaso, en los que vino al mundo una niña que, con el correr de los años, habría de convertirse en la primera virreina criolla del Río de la Plata y en una dama de gran distinción que llegó a frecuentar la mismísima Corte de Madrid y los más elevados círculos de la España imperial.


    Ana de Azcuénaga y Basalvilbaso nació en Buenos Aires el 13 de enero de 1770, en la importante casona que sus abuelos maternos tenían en cercanías del Convento de Santo Domingo, célebre por sus dos grandes patios, su aljibe, sus galerías y cocheras. Era hija de D. Vicente de Azcuénaga e Iturbe, natural de Dima, Vizcaya, en la españolísima región de las Vascongadas y de Da. Rosa de Basavilbaso y Urtubia. Don Vicente y doña Rosa contrajeron matrimonio en la Catedral de Buenos Aires el 30 de agosto de 1752 y fueron padres de cinco hijos, dos de los cuales fueron la mencionada Anita y D. Miguel de Azcuénaga, héroe de las Invasiones Inglesas, vocal de la Primera Junta en 1810 y Gobernador Intendente de Buenos Aires en tiempos del Primer Triunvirato.


    Anita y sus hermanos crecieron en la casa de sus abuelos maternos, atendidos por sus sirvientes y esclavos, rodeados por el afecto de su familia. Estudió sus primeras letras con maestros particulares y fue una devota asistente a misa diaria. A los 8 años de edad quedó huérfana de madre y poco después, su padre decidió mudarse a otra propiedad ubicada en el barrio de La Merced.


    Cuando D. Antonio Olaguer y Feliú fue enviado al Plata para combatir a los portugueses asentados en Colonia del Sacramento (1777), la joven Anita ignoraba cual iba a ser su destino. Finalizada la campaña el bravo militar, oriundo de Villafranca del Bierzo (León), pasó a Buenos Aires donde tuvo oportunidad de tratar a los Azcuénaga y los Basavilbaso. Allí conoció a Ana y a poco surgió su amor. Contrajeron matrimonio el 2 de junio de 1788 y dos años después, al ser don Antonio nombrado Gobernador, se radicaron en Montevideo. Olaguer y Feliú ejerció su cargo desde el 2 de agosto de 1790 hasta el 11 de febrero de 1797 cuando Carlos IV lo nombró Virrey del Río de la Plata. De esa manera, doña Ana se convirtió en virreina y, por consiguiente, en la dama más influyente de este distante sector del imperio español.


    Por entonces, don Antonio era Mariscal de Campo y Caballero de Gran Cruz de la Orden de Carlos III por lo que su esposa, conocida como “la gobernadora”, pasó a ser llamada “la mariscala”. Al asumir como Virrey, Da. Ana se convirtió en la Excelentísima Señora Virreina y en calidad de tal fue recibida en el Fuerte por Oidores, Cabildantes y Regidores, acompañados todos por sus correspondientes esposas. Se trató de un agasajo especial porque significaba el triunfo de la clase mercantil porteña al consagrar como virreina a una de sus representantes.
    Doña Ana fue la encargada de dotar de brillo y esplendor a la residencia, amoblándola con finos enseres y convirtiendo a sus salones en epicentro de la actividad social y cultural de la ciudad. Era común verla en misa junto a sus 8 hijos, elegantemente vestida aunque sin arrogancia, demostrando siempre amor y piedad.


    Finalizado el mandato de su marido, la familia pasó a residir cerca del Cabildo y a poco viajó a España donde Olaguer y Feliú fue nombrado Secretario de Guerra. Por esa razón, las visitas a la Corte se hicieron frecuentes tratando allí con los más importantes personajes del reino. En Madrid vivió hasta los 74 años de edad, sobreviviendo a su amado esposo un cuarto de siglo.


    Rafaela de Vera y Mujica
    La segunda virreina criolla fue Da. Rafaela de Vera y Mujica, nacida en la ciudad de Santa Fe el 24 de octubre de 1753. Hija del Capitán D. Francisco Antonio de Vera y Mujica y Da. Juana Ventura López Pintado, pertenecía al mismo linaje del Maestre de Campo D. Antonio de Vera y Mujica, que en 1680 comandó el ejército hispano que destruyó Colonia del Sacramento y Da. Juana de Vera y Mujica Montiel, que por su casamiento con el Capitán Francisco Luis de Cabrera y Carvajal, entroncó su familia con linajes de la conquista y la colonización.
    Criada en un hogar señorial, se caracterizó por su bondad y su marcada piedad católica siendo una constante su presencia en misas, fiestas religiosas, procesiones y vigilias.


    Tenía 27 años cuando conoció al Coronel de Ingenieros Joaquín del Pino y Rozas, un viudo 30 años mayor que ella, padre de nueve hijos, que por entonces desempeñaba el cargo de gobernador de Montevideo. Profundamente enamorada, se casó por poder en 1783, celebrándose en su ciudad natal bailes populares y grandes festejos con motivo del matrimonio. En Montevideo la población se volcó a las calles para verla llegar. Allí se unió a su cónyuge y comenzó su vida como esposa y ama de casa ejemplar. Le daría a su marido 8 hijos más, nacidos en diferentes puntos del virreinato ya que de la Banda Oriental pasaron a Charcas cuando a aquel lo designaron Gobernador y de ahí a Chile donde en 1801 recibió su nombramiento de Virrey del Río de la Plata.


    La entrada en Buenos Aires fue soberbia y a partir de entonces, doña Rafaela se convirtió en una eficaz colaboradora y consejera de su esposo. Depuesto don Joaquín en 1802, a raíz de la guerra contra los portugueses en las Misiones, la familia fue a residir en una amplia casona de 20 habitaciones, patio, cocheras y establos próxima a Santo Domingo en la que, en 1804, falleció el Virrey, cuyos restos descansan en la Catedral Metropolitana. Dos años después, esa misma propiedad, conocida como la “Casa de la Virreina Vieja”, célebre en su tiempo por sus reuniones culturales y tertulias, sería escenario de uno de los combates más encarnizados de las Invasiones Inglesas. La virreina falleció en 1816, a los 62 años de edad. Sus restos están sepultados en la Iglesia del Pilar de Buenos Aires bajo el altar de Nuestra Señora del Cármen; una de sus hijas, Juana, contrajo matrimonio con el Dr. Bernardino Rivadavia, primer presidente argentino.


    Juana María de Larrazabal




    La casa de la Virreina Vieja,
    hoy Perú y Belgrano,
    célebre en su tiempo por sus reuniones y tertulias. Allí falleció el Virrey y se libró uno de los combates más encarnizados de las Invasiones Inglesas.


    La tercera virreina criolla también fue porteña. Se trata de Da. Juana María Larrazabal, nacida en Buenos Aires el 15 de febrero de 1763, hija del Capitán Marcos José de Larrazabal, comandante del Fuerte de Buenos Aires y ex gobernador del Paraguay y de Da. Josefa Leocadia de la Quintana y Riglos, quienes se casaron el 29 de octubre de 1750.


    Descendiente de Domingo Martínez de Irala, doña Juana contrajo matrimonio el 25 de abril de 1782 con el Marqués Rafael de Sobre Monte a quien acompañó a lo largo se su carrera como alto funcionario español, primero como Secretario del Virreinato, después como gobernador de Córdoba y finalmente como Virrey del Río de la Plata. Tanto en la ciudad mediterránea como en la capital, la Marquesa tuvo su propia corte desde la que promovió las letras, las artes y la música. Sin embargo, dados sus “aires de nobleza”, se ganó la enemistad del Cabildo porteño, enemistad que alcanzó su cumbre cuando la controvertida actuación de su marido durante las Invasiones Inglesas. Aquello deterioró su salud, cosa que le impidió viajar a España cuando el Marqués fue sometido a un juicio en el que, al cabo de tres años, resultó eximido de culpas. La virreina murió en Río de Janeiro el 21 de mayo de 1817, víctima de la tuberculosis, después de vivir en humildes habitaciones, sostenida por una escasa renta y la caridad de amigos.


    Juana María de Pereyra


    Don Manuel Antonio Florez Maldonado y Angulo, Virrey de Nueva Granada (1775-1787) y de Nueva España (1787-1790) fue esposo de Doña Juana María de Pereyra, la virreina correntina.


    La última virreina rioplatense desem-peñó sus funciones lejos de su tierra, más precisamente en Nueva Granada (Bogotá) y Nueva España (México), donde su esposo, D. Manuel Antonio de Florez Maldonado y Angulo, natural de Sevilla, ejerció el cargo de Virrey.


    Nacida en Corrientes en un año incierto entre 1727 y 1737, su padre fue el Capitán Juan Antonio Pereyra y Cobos, porteño y su madre la correntina Ana González de Peralta, quienes contrajeron matrimonio en la iglesia matriz de aquella ciudad, el 22 de julio de 1726.


    La historia ha recogido pocos datos de su vida en la tierra que la vio nacer. Solo se sabe que descendía de Hernandarias y que allí, además de aprender las primeras letras, adquirió los gustos refinados y buenos modales que la hicieron célebre. Se casó en Buenos Aires con el mencionado marino español, que había llegado como guardiamarina de la expedición del Marqués de Valdelirios, que el Rey envió al Río de la Plata para trabajar en la demarcación de los límites entre España y Portugal.


    Después de los esponsales, D. Manuel fue ascendido a Teniente General de la Armada (1753). Pasado un tiempo fue nombrado Virrey de Nueva Granada y Presidente de la Real Audiencia de Santa Fe de Bogotá, cargos que asumió el 26 de agosto de 1775 y ejerció hasta abril de 1787. Ese año la Corte lo designó Virrey de Nueva España, funciones de las que se hizo cargo el 8 de mayo siguiente para desempeñarse correctamente hasta el 16 de agosto de 1790. En ambos destinos, la virreina se destacó por sus notables iniciativas, poniendo en evidencia las cualidades que heredó de sus antepasados. Se sabe que fomentó la poesía, que convirtió sus dos residencias en epicentro de notables reuniones sociales e impulsó iniciativas de progreso, tales como el observatorio astronómico que montó en las azoteas de su palacio mexicano, complemento de las excelentes administraciones llevadas a cabo por su esposo en los destinos donde le tocó actuar.


    En 1790 el matrimonio se radicó en España donde Florez fue ascendido a Capitán General de la Real Armada.


    El alto funcionario falleció en Madrid en 1799 y allí siguió residiendo la virreina hasta sus últimos días, rodeada del afecto de amistades y familiares entre quienes se encontraba su hijo, D. José Antonio Florez Pereyra y Cabral Melo, primer Conde de Casa-Florez, Caballero de San Hermenegildo y Vizconde de Bosquin.

    http://www.cruzadadelrosario.org.ar/...906/cuatro.htm

    Retrato de Ana de Azcuénaga y Basavilbaso:
    Imágenes adjuntadas Imágenes adjuntadas
    Última edición por Michael; 19/05/2013 a las 11:24
    ReynoDeGranada dio el Víctor.
    La Iglesia es el poder supremo en lo espiritual, como el Estado lo es en el temporal.

    Antonio Aparisi

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