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Tema: "Los españoles se llevaron todo el oro y la plata de América"

  1. #21
    Avatar de Alejandro Farnesio
    Alejandro Farnesio está desconectado Miembro Respetado
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    Re: "Los españoles se llevaron todo el oro y la plata de América"

    Sería bueno que esto se enseñara en los institutos de toda hispanoamérica, pero me da que la leyenda negra está ya demasiado extendida. Tanto que incluso los españoles la toman como verdad.
    ¡VIVA ESPAÑA! ¡VIVA CRISTO REY! ¡VIVA LA HISPANIDAD!

    "Dulce et decorum est pro patria mori" (Horacio).

    "Al rey, la hacienda y la vida se ha de dar, pero el Honor es patrimonio del alma y el alma sólo es de Dios" (Calderón de la Barca).

  2. #22
    Avatar de Hyeronimus
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    Re: "Los españoles se llevaron todo el oro y la plata de América"

    Para mí, una leyenda negra se distingue por tres características:

    1º Es leyenda, porque es falsa.

    2º Es negra, porque es denigrante, difama y oculta la verdad con gruesos trazos de pintura oscura, y

    3º A pesar de que historiográficamente se haya desmentido hasta la saciedad, el vulgo, la mayoría de la gente, las instituciones supuestamente educativas y los medios de comunicación (mejor, medios de cretinización social, como los llama Juan Manuel de Prada) sigue divulgando el cuento de Caperucita Roja y la gente se lo cree como si fuera el Evangelio. Incluso en España, como dices, porque al español de hoy le han cambiado el chip y lo han programado con un virus venenoso de ideas políticamente correctas. De tanto repetirles mentiras, han llegado a creérselas. Aquello de que una mentira mil veces repetida llega a ser verdad. Ontológicamente, siempre será mentira, pero de tanto repetirla hasta el que la inventó termina creyéndosela.
    raolbo dio el Víctor.

  3. #23
    Avatar de raolbo
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    Re: "Los españoles se llevaron todo el oro y la plata de América"

    Cita Iniciado por Alejandro Farnesio Ver mensaje
    Tanto que incluso los españoles la toman como verdad.
    Corregidme si me equivoco, porque hablo por intuición, pero no me extrañaría que la leyenda negra estuviera más extendida en España que en Hispánoamerica. Este es el país que hay.
    Arriba España.

  4. #24
    Avatar de Mexispano
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    Re: "Los españoles se llevaron todo el oro y la plata de América"

    Otro mito que se cae, el de que las riquezas de América enriquecieron a la Monarquía Hispánica. Pues según estos datos a principios del siglo XVII, época de máximo explendor imperial, Flandes y Nápoles aportaban a las arcas reales casi la misma cantidad que todo el continente americano. Y el gran aportador era el reino de Castilla.






    https://www.facebook.com/historiadel...type=3&theater
    Vainilla dio el Víctor.

  5. #25
    Avatar de Mexispano
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    Re: "Los españoles se llevaron todo el oro y la plata de América"


    Y eso tomando en cuenta también todo el oro que sus antepasados le robaron a los galeones españoles

    Créditos de la autoría a quien corresponda

    Créditos a nuestro seguidor Bataglia Raül por compartirnos la imágen.

    -Castellanos








    https://www.facebook.com/Hispanicbal...type=3&theater
    Última edición por Mexispano; 22/08/2016 a las 00:53

  6. #26
    Avatar de Mexispano
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    Re: "Los españoles se llevaron todo el oro y la plata de América"

    Créditos para la persona quien hizo el dibujo.

    -El Matador








    https://www.facebook.com/Hispanicbal...type=3&theater

  7. #27
    Avatar de Mexispano
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    Re: "Los españoles se llevaron todo el oro y la plata de América"

    (No olviden que compartir nos ayuda a crecer )

    Y no solo fue infraestructura, si no también un idioma común, una fe y toda una civilización con todas sus complejidades.

    Imagen en grande:

    http://fav.me/daefrca...

    -Castellanos




    Cita:

    "Ni como nación ni individualmente se podrá decir que España se enriqueció de un modo ilícito. Salvo que -con esa facilidad para bucear en las cloacas del pasado que tiene el historicismo- se encuentren un par de casos y se pretenda hacerlos representativos de todo un pensar y un obrar de siglos."

    Antonio Caponnetto, "Las leyendas negras












    https://www.facebook.com/Hispanicbal...type=3&theater

  8. #28
    Avatar de donjaime
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    Re: "Los españoles se llevaron todo el oro y la plata de América"

    En este tema tan manido me gustaría hacer unas pocas aportaciones.

    1º.- lo del oro es un camelo como pocos. El oro es un metal sin uso útil. Decir que unas tribus que no conocían la rueda, que hacían trueque (sin comercio ni sistemas financieros) apreciaban el oro o les suponía algo es mucho decir. El único uso que le daban era para sus ritos religiosos. Es un metal blando que tiene muy pocas aplicaciones. Lo que pasa es que a la mente retorcida de los inventores de la Leyenda Negra, esos que desde milenios adoran el becerro de oro, creen que todos son de su condición.
    A los españoles ROMA les robó el oro (ver las Médulas en León, por ejemplo) y a nadie en su sano juicio se le ocurre reclamarles a los italianos de hoy las fazañas de Roma. España era provincia romana y explotaban el mineral dónde se encontraba.


    2º.- el oro/plata que venía para España de América era poco, pero era legítimo. Fruto del comercio legítimo y de Impuestos de sus súbditos (recordemos, algo que la Leyenda Negra no hace, que eran PROVINCIAS ESPAÑOLAS con iguales derechos que las peninsulares, pero no las mismas obligaciones, la carga impositiva era menor en América que en la Península).


    3º.- pero la mayor mentira es que España buscara el oro. No dudo que algún avispado o aventurero lo hiciera, evidentemente hay de todo en todos lados. Pero al español de la época lo que más le importaba en la vida era morir en paz con Dios. Al rey la vida y la hacienda se han de dar, pero el honor es patrimonio del alma y el alma sólo es de Dios.
    Para un español medieval el honor y su salvación valían más que mil potosíes o toneladas de oro. Y además creo que eran mucho más inteligentes y coherentes que los católicos de hoy, y por supuesto mucho más felices.


    4º.- los ingleses no buscaron ni robaron oro en Sudáfrica. De eso se encargó el judío Rhodes, que no le importó, de acuerdo con su muy graciosa majestad británica, sacrificar más de 500.000 soldados ingleses y otros tantos bóers para robar, en beneficio de una sociedad PRIVADA (judía, qué raro), el oro sudáfricano. Y estos son los que intentan dar lecciones de moralina.


    5º.- cuando los "ingleses" vinieron a "ayudarnos" contra Napoleón, no hay pueblo por el que pasaran en el que no cometieran todo tipo de tropelías y arrasaran con todo. Si hasta robaban los perros de caza. Ni eso dejaban. Y siguen dando lecciones de superioridad moral.


    etc. etc. etc.


    Y Raolbo, el que en España esté más extendida la Leyenda Negra habla mal de algunos españoles que se la creen pero también del miedo que le tenían a España y a los españoles para que siglos después de dejar de ser una amenaza para el poder judaico sigan fomentando la Leyenda Negra. Durante algo más de 3 siglos nuestra patria fue el imperio más adelantado, la sociedad más justa, el ejército más respetado (e invicto), porque había buen soldado pero también buen Señor.

    Cuando el Emperador más poderoso de su época se encontró con DUDAS DE CONCIENCIA mandó parar INMEDIATAMENTE la Conquista. Cuando las falacias de Las Casas y otros hicieron dudar al Emperador de si España obraba bien conquistando América. Paró, ipso facto, la Conquista. No hacía cálculos de oro que dejaría de percibir, de situación militar favorable de intereses comerciales, de estrategia, de beneficios.
    Mandó parar inmediatamente la Conquista por problemas DE CONCIENCIA. Y estableció la CONTROVERSIA DE VALLADOLID. Hito histórico nunca antes visto, ni desgraciadamente después.

    El Emperador más poderoso del mundo atendía, antes de nada, como buen católico que era su conciencia. Eso son hechos históricos. Luego me quieren vender el cuento de que buscaba oro ... amos anda.

    Su hijo, el igualmente todopoderoso Felipe II, deja VOLUNTARIAMENTE el poder para ingresar en un monasterio y PONER SU ALMA EN PAZ durante años y poder morir bien como católico (pero buscaban el oro, amos anda).





    Y finalmente, aún con dolor tengo que subir, otra vez, otra traición de Bergoglio, el llamado Papa Francisco. Otra más y van ... ni lo sé, pero desgraciadamente me temo que no será la última.


    EL PAPA FRANCISO Y LA LEYENDA NEGRA:






    “Y aquí quiero detenerme en un tema importante. Porque alguno podrá decir, con derecho, que “cuando el Papa habla del colonialismo se olvida de ciertas acciones de la Iglesia”. Les digo, con pesar: se han cometido muchos y graves pecados contra los pueblos originarios de América en nombre de Dios. Lo han reconocido mis antecesores, lo ha dicho el CELAM, el Consejo Episcopal Latinoamericano y también quiero decirlo. Al igual que san Juan Pablo II pido que la Iglesia –y cito lo que dijo él– «se postre ante Dios e implore perdón por los pecados pasados y presentes de sus hijos» (Juan Pablo II, Bula Incarnationis mysterium, 11). Y quiero decirles, quiero ser muy claro, como lo fue san Juan Pablo II: pido humildemente perdón, no sólo por las ofensas de la propia Iglesia sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América. Y junto, junto a este pedido de perdón y para ser justos, también quiero que recordemos a millares de sacerdotes, obispos, que se opusieron fuertemente a la lógica de la espada con la fuerza de la Cruz. Hubo pecado, hubo pecado y abundante, pero no pedimos perdón, y por eso pedimos perdón, y pido perdón, pero allí también, donde hubo pecado, donde hubo abundante pecado, sobreabundó la gracia a través de esos hombres que defendieron la justicia de los pueblos originarios.”



    (Francisco, discurso en el II Encuentro Mundial de los Movimientos Populares,
    Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, 9-Jul-2015.)




    El Dr. Antonio Caponnetto, Nos recuerda un antiguo escrito que viene al caso del discurso, embebido en la ideología anti-hispánista e indigenista, de Francisco en Bolivia. Aquí el artículo:






    Francisco debe pedir perdón



    Si los múltiples medios oficiales y oficiosos no se han puesto de acuerdo para fabricar un horrible montaje, todos hemos visto y escuchado a Francisco en Bolivia, este 9 de julio de 2015, diciendo que “la Iglesia tiene que pedir humildemente perdón por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada Conquista de América”.



    No fue el único extravío grave de palabras y de gestos que tuvo el Obispo de Roma en este viaje por América del Sur, pero sin dudas es uno de los más escandalosos y ultrajantes.



    Ofende a la Verdad Histórica, a la Madre España y, sobre todo, a la Iglesia Católica, de la que se supone es su Pastor Universal. Son, en síntesis, las de Francisco, palabras inadmisibles, cargadas de injusticias, de calumnias, de vejámenes y de oprobio. Palabras mendaces que alimentarán todo el inmenso aparato mundial del indigenismo marxista, y que se sumarán al proceso de deshispanización y de desarraigo espiritual lanzado contra América Hispana. El daño que ya están provocando es incalculable.


    Son muchos los historiadores y pensadores de nota que pueden desmentir fácilmente la temeraria afirmación de Francisco, pues la misma no resiste la confrontación con las investigaciones solventes y eruditas.


    Hasta nosotros mismos, movidos por el amor filial a la España Eterna y a la Esposa de Cristo, nos hemos ocupado de este tema hace ya muchos años y desde entonces lo venimos haciendo en la escasa medida de nuestras fuerzas.

    Por eso nos parece oportuno reflotar un viejo escrito, el cual -aunque publicado hace ya largo tiempo y sin las muchas actualizaciones que cabrían hacerle para mejorarlo- contiene una síntesis de criterios y de datos que contradicen el sofisma de Francisco. Lo adjuntamos en el presente mail.


    El Papa debe pedir perdón. Sin duda. Pero no por los supuestos crímenes contra los supuestos pueblos originarios, sino por haber violado la Verdad para agradar al mundo. Debe pedir perdón a la Iglesia, a la Hispanidad, al Occidente y a la Cátedra de la Cruz, profanada por la hoz y el martillo, cuyo símbolo funestísimo le fue entregado por un patán roñoso, y no tuvo el coraje de quebrar a golpes de báculo.



    Recemos por él, como lo pide. Pero recemos asimismo por las víctimas de su docencia errática, confusa, engañosa, sincretista y heretizante. Esas víctimas somos todos nosotros. Nosotros, los fieles de a pie, los bautizados, los simples feligreses y parroquianos. Los católicos, apostólicos, romanos.



    Antonio Caponnetto




    TRES LUGARES COMUNES DE LAS LEYENDAS NEGRAS

    Por Antonio Caponnetto




    Introducción


    La conmemoración del Quinto Centenario ha vuelto a reavivar, como era previsible, el empecinado odio anticatólico y antihispanista de vieja y conocida data. Y tanto odio alimenta la injuria, ciega a la justicia y obnubila el orden de la razón, según bien lo explicara Santo Tomás en olvidada enseñanza. De resultas, la verdad queda adulterada y oculta, y se expanden con fuerza el resentimiento y la mentira. No es sólo, pues, una insuficiencia histórica o científica la que explica la cantidad de imposturas lanzadas al ruedo. Es un odium fidei alimentado en el rencor ideológico. Un desamor fatal contra todo lo que lleve el signo de la Cruz y de la Espada.

    Bastaría aceptar y comprender este oculto móvil para desechar, sin más, las falacias que se propagan nuevamente, aquí y allá. Pero un poder inmenso e interesado les ha dado difusión y cabida, y hoy se presentan como argumentos serios de corte académico. No hay nada de eso. Y a poco que se analizan los lugares comunes más repetidos contra la acción de España en América, quedan a la vista su inconsistencia y su debilidad. Veámoslo brevemente en las tres imputaciones infaltables enrostradas por las izquierdas.




    El despojo de la tierra

    Se dice en primer lugar, que España se apropió de las tierras indígenas en un acto típico de rapacidad imperialista.
    Llama la atención que, contraviniendo las tesis leninistas, se haga surgir al Imperialismo a fines del siglo XV. Y sorprende asimismo el celo manifestado en la defensa de la propiedad privada individual. Pero el marxismo nos tiene acostumbrados a estas contradicciones y sobre todo, a su apelación a la conciencia cristiana para obtener solidaridades. Porque, en efecto, sin la apelación a la conciencia cristiana —que entiende la propiedad privada como un derecho inherente de las criaturas, y sólo ante el cual el presunto despojo sería reprobable— ¿a qué viene tanto afán privatista y posesionista? No hay respuesta.

    La verdad es que antes de la llegada de los españoles, los indios concretos y singulares no eran dueños de ninguna tierra, sino empleados gratuitos y castigados de un Estado idolatrado y de unos caciques despóticos tenidos por divinidades supremas. Carentes de cualquier legislación que regulase sus derechos laborales, el abuso y la explotación eran la norma, y el saqueo y el despojo las prácticas habituales. Impuestos, cargas, retribuciones forzadas, exacciones virulentas y pesados tributos, fueron moneda corriente en las relaciones indígenas previas a la llegada de los españoles.

    El más fuerte sometía al más débil y lo atenazaba con escarmientos y represalias. Ni los más indigentes quedaban exceptuados, y solían llevar como estigmas de su triste condición, mutilaciones evidentes y distintivos oprobiosos. Una "justicia" claramente discriminatoria, distinguía entre pudientes y esclavos en desmedro de los últimos y no son éstos, datos entresacados de las crónicas hispanas, sino de las protestas del mismo Carlos Marx en sus estudios sobre "Formaciones Económicas Precapitalistas y Acumulación Originaria del Capital". Y de comentaristas insospechados de hispanofilia como Eric Hobsbawn, Roberto Oliveros Maqueo o Pierre Chaunu.

    La verdad es también, que los principales dueños de la tierra que encontraron los españoles —mayas, incas y aztecas— lo eran a expensas de otros dueños a quienes habían invadido y desplazado. Y que fue ésta la razón por la que una parte considerable de tribus aborígenes —carios, tlaxaltecas, cempoaltecas, zapotecas, otomíes, cañarís, huancas, etcétera— se aliaron naturalmente con los conquistadores, procurando su protección y el consecuente resarcimiento. Y la verdad, al fin, es que sólo a partir de la Conquista, los indios conocieron el sentido personal de la propiedad privada y la defensa jurídica de sus obligaciones y derechos.



    Es España la que se plantea la cuestión de los justos títulos, con autoexigencias tan sólidas que ponen en tela de juicio la misma autoridad del Monarca y del Pontífice. Es España -con ese maestro admirable del Derecho de Gentes que se llamó Francisco de Vitoria— la que funda la posesión territorial en las más altos razones de bien común y de concordia social, la que insiste una y otra vez en la protección que se le debe a los nativos en tanto súbditos, la que garantiza y promueve un reparto equitativo de precios, la que atiende sobre abusos y querellas, la que no dudó en sancionar duramente a sus mismos funcionarios descarriados, y la que distinguió entre posesión como hecho y propiedad como derecho, porque sabía que era cosa muy distinta fundar una ciudad en el desierto y hacerla propia, que entrar a saco a un granero particular.

    Por eso, sólo hubo repartimientos en tierras despobladas y encomiendas "en las heredades de los indios". Porque pese a tantas fábulas indoctas, la encomienda fue la gran institución para la custodia de la propiedad y de los derechos de los nativos. Bien lo ha demostrado hace ya tiempo Silvio Zavala, en un estudio exhaustivo, que no encargó ninguna "internacional reaccionaria", sino la Fundación Judía Guggenheim, con sede en Nueva York. Y bien queda probado en infinidad de documentos que sólo son desconocidos para los artífices de las leyendas negras.

    Por la encomienda, el indio poseía tierras particulares y colectivas sin que pudieran arrebatárselas impunemente. Por la encomienda organizaba su propio gobierno local y regional, bajo un régimen de tributos que distinguía ingresos y condiciones, y que no llegaban al Rey —que renunciaba a ellos— sino a los Conquistadores. A quienes no les significó ningún enriquecimiento descontrolado y si en cambio, bastantes dolores de cabeza, como surgen de los testimonios de Antonio de Mendoza o de Cristóbal Alvarez de Carvajal y de innumerables jueces de audiencias.

    Como bien ha notado el mismo Ramón Carande en "Carlos V y sus banqueros", eran tan férrea la protección a los indios y tan grande la incertidumbre económica para los encomenderos, que América no fue una colonia de repoblación para que todos vinieran a enriquecerse fácilmente. Pues una empresa difícil y esforzada, con luces y sombras, con probos y pícaros, pero con un testimonio que hasta hoy no han podido tumbar las monsergas indigenistas: el de la gratitud de los naturales. Gratitud que quien tenga la honestidad de constatar y de seguir en sus expresiones artísticas, religiosas y culturales, no podrá dejar de reconocer objetivamente.


    No es España la que despoja a los indios de sus tierras. Es España la que les inculca el derecho de propiedad, la que les restituye sus heredades asaltadas por los poderosos y sanguinarios estados tribales, la que los guarda bajo una justicia humana y divina, la que Ios pone en paridad de condiciones con sus propios hijos, e incluso en mejores condiciones que muchos campesinos y proletarios europeos Y esto también ha sido reconocido por historiógrafos no hispanistas.

    Es España, en definitiva, la que rehabilita la potestad India a sus dominios, y si se estudia el cómo y el cuándo esta potestad se debilita y vulnera, no se encontrará detrás a la conquista ni a la evangelización ni al descubrimiento, sino a las administraciones liberales y masónicas que traicionaron el sentido misional de aquella gesta gloriosa. No se encontrará a los Reyes Católicos, ni a Carlos V, ni a Felipe II. Ni a los conquistadores, ni a los encomenderos, ni a los adelantados, ni a los frailes. Sino a los enmandilados borbones iluministas y a sus epígonos, que vienen desarraigando a América y reduciéndola a la colonia que no fue nunca en tiempos del Imperio Hispánico.
    Sí, los indígenas serán despojados de sus propiedades, pero no por los españoles sino por los "libertadores" y sus repúblicas masónicas.





    La sed de Oro

    Se dice, en segundo lugar, que la llegada y la presencia hispánica no tuvo otro fin superior al fin económico; concretamente, al propósito de quedarse con Ios metales preciosos americanos. Y aquí el marxismo vuelve a brindarnos otra aporía. Porque sí nosotros plantamos la existencia de móviles superiores, somos acusados de angelistas, pero si ellos ven sólo ángeles caídos adoradores de Mammon se escandalizan con rubor de querubines. Si la economía determina a la historia y la lucha de clases y de intereses es su motor interno; si los hombres no son más que elaboraciones químicas transmutadas, puestos para el disfrute terreno, sin premios ni castigos ulteriores, ¿a qué viene esta nueva apelación a la filantropía y a la caridad entre naciones.

    Únicamente la conciencia cristiana puede reprobar coherentemente -y reprueba- semejantes tropelías. Pero la queja no cabe en nombre del materialismo dialéctico. Ahi sólo hay hipocresía. La admitimos con fuerza mirando el tiempo sub specie aeternitatis. Carece de sentido en el historicismo sub lumine oppresiones. Es reproche y protesta si sabemos al hombre "portador de valores eternos", como decía José Antonio, u homo viator, como decían los Padres. Es fría e irreprochable lógica si no cesamos de concebirlo como homo aeconomicus.

    Pero aclaremos un poco mejor las cosas.



    Digamos ante todo que no hay razón para ocultar los propósitos económicos de la conquista española. No sólo porque existieron sino porque fueron lícitos. El fin de la ganancia en una empresa en la que se ha invertido y arriesgado y trabajado incansablemente, no está reñido con la moral cristiana ni con el orden natural de las operaciones. Lo malo es, justamente, cuando apartadas del sentido cristiano, las personas y las naciones anteponen las razones financieras a cualquier otra, las exacerban en desmedro de los bienes honestos y proceden con métodos viles para obtener riquezas materiales.

    Pero éstas son, nada menos, las enseñanzas y las prevenciones continuas de la Iglesia Católica en España. Por eso se repudiaban y se amonestaban las prácticas agiotistas y usureras, el préstamo a interés, la "cría del dinero", las ganancias malhabidas. Por eso, se instaba a compensaciones y reparaciones postreras —que tuvieron lugar en infinidad de casos—; y por eso, sobre todo, se discriminaban las actividades bursátiles y financieras como sospechosas de anticatolicismo.
    No somos nosotros quienes lo notamos. Son los historiógrafos materialistas quienes han lanzado esta formidable y certera "acusación" ni España ni los países católicos fueron capaces de fomentar el capitalismo por sus prejuicios antiprotestantes y antirabínicos. La ética calvinista y judaica, en cambio, habría conducido como en tantas partes, a la prosperidad y al desarrollo, si Austrias y Augsburgos hubiesen dejado de lado sus hábitos medievales y ultramontanos. De lo que viene a resultar una nueva contradicción. España sería muy mala porque llamándose católica buscaba el oro y la plata. Pero sería después más mala por causa de su catolicismo que la inhabilitó para volverse próspera y la condujo a una decadencia irremisible.


    Tal es, en síntesis, lo que vino a decirnos Hamilton —pese a sí mismo hacia 1926, con su tesis sobre "Tesoro Americano y el florecimiento del Capitalismo". Y después de él, corroborándolo o rectificándolo parcialmente, autores como Vilar, Simiand, Braudel, Nef, Hobsbawn, Mouesnier o el citado Carande. El oro y la plata salidos de América (nunca se dice que en pago a mercancías, productos y materiales que llegaban de la Península) no sirvieron para enriquecer a España, sino para integrar el circuito capitalista europeo, usufructuado principalmente por Gran Bretaña.
    Los fabricantes de leyendas negras, que vuelven y revuelven constantemente sobre la sed de oro como fin determinante de la Conquista, deberían explicar, también, por qué España llega, permanece y se instala no solo en zonas de explotación minera, sino en territorios inhóspitos y agrestes. Porque no se abandonó rápidamente la empresa si recién en la segunda mitad del siglo XVI se descubren las minas más ricas, como las de Potosí, Zacatecas o Guanajuato. Por qué la condición de los indígenas americanos era notablemente superior a la del proletariado europeo esclavizado por el capitalismo, como lo han reconocido observadores nada hispanistas como Humboldt o Dobb, o Chaunu, o el mercader inglés Nehry Hawks, condenado al destierro por la Inquisición en 1751 y reacio por cierto a las loas españolistas. Por qué pudo decir Bravo Duarte que toda América fue beneficiada por la Minería, y no así la Corona Española. Por qué, en síntesis —y no vemos argumento de mayor sentido común y por ende de mayor robustez metafísica—, si sólo contaba el oro, no es únicamente un mercado negrero o una enorme plaza financiera lo que ha quedado como testimonio de la acción de España en América, sino un conglomerado de naciones ricas en Fe y en Espíritu.

    El efecto contiene y muestra la causa: éste es el argumento decisivo. Por eso, no escribimos estas líneas desde una Cartago sudamericana amparada en Moloch y Baal, sino desde la Ciudad nombrada de la Santísima Trinidad y Puerto de Santa María de los Buenos Aires, por las voces egregias de sus héroes fundadores.




    El genocidio indígena

    Se dice, finalmente, en consonancia con lo anterior, que la Conquista —caracterizada por el saqueo y el robo— produjo un genocidio aborigen, condenable en nombre de las sempiternas leyes de la humanidad que rigen los destinos de las naciones civilizadas.

    Pero tales leyes, al parecer, no cuentan en dos casos a la hora de evaluar los crímenes masivos cometidos por los indios dominantes sobre los dominados, antes de la llegada de los españoles; ni a la hora de evaluar las purgas stalinistas o las iniciativas malthussianas de las potencias liberales.

    De ambos casos, el primero es realmente curioso. Porque es tan inocultable la evidencia, que los mismos autores indigenistas no pueden callarla. Sólo en un día del año 1487 se sacrificaron 2.000 jóvenes inaugurando el gran templo azteca del que da cuenta el códice indio Telleriano-Remensis. 250.000 víctimas anuales es el número que trae para el siglo XV Jan Gehorsam en su artículo "Hambre divina de los aztecas". Veinte mil, en sólo dos años de construcción de la gran pirámide de Huitzilopochtli, apunta Von Hagen, incontables los tragados por las llamadas guerras floridas y el canibalismo, según cuenta Halcro Ferguson, y hasta el mismísimo Jacques Soustelle reconoce que la hecatombe demográfica era tal que si no hubiesen llegado los españoles el holocausto hubiese sido inevitable.


    Pero, ¿qué dicen estos constatadores inevitables de estadísticas mortuorias prehispánicas? Algo muy sencillo: se trataba de espíritus trascendentes que cumplían así con sus liturgias y ritos arcaicos. Son sacrificios de "una belleza bárbara" nos consolará Vaillant. "No debemos tratar de explicar esta actitud en términos morales", nos tranquiliza Von Hagen y el teólogo Enrique Dussel hará su lectura liberacionista y cósmica para que todos nos aggiornemos. Está claro: si matan los españoles son verdugos insaciables cebados en las Cruzadas y en la lucha contra el moro, si matan los indios, son dulces y sencillas ovejas lascasianas que expresaban la belleza bárbara de sus ritos telúricos. Si mata España es genocidio; si matan los indios se llama "amenaza de desequilibrio demográfico".



    La verdad es que España no planeó ni ejecutó ningún plan genocida; el derrumbe de la población indígena —y que nadie niega— no está ligado a los enfrentamientos bélicos con los conquistadores, sino a una variedad de causas, entre las que sobresale la del contagio microbiano.

    ¿Es culpable China y países orientales de las innumerables muertes de europeos que padecieron las sucesivas pestes negras procedentes de allí?

    La verdad es que la acusación homicida como causal de despoblación, no resiste las investigaciones serias de autores como Nicolás Sánchez Albornoz, José Luís Moreno, Angel Rosemblat o Rolando Mellafé, que no pertenecen precisamente a escuelas hispanófilas.

    La verdad es que "los indios de América", dice Pierre Chaunu, "no sucumbieron bajo los golpes de las espadas de acero de Toledo, sino bajo el choque microbiano y viral", la verdad —¡cuántas veces habrá que reiterarlo en estos tiempos!— es que se manejan cifras con una ligereza frívola, sin los análisis cualitativos básicos, ni los recaudos elementales de las disciplinas estadísticas ligadas a la historia.

    La verdad incluso —para decirlo todo— es que hasta las mitas, los repartimientos y las encomiendas, lejos de ser causa de despoblación, son antídotos que se aplican para evitarla. Porque aquí no estamos negando que la demografía indígena padeció circunstancialmente una baja. Estamos negando, sí, y enfáticamente, que tal merma haya sido producida por un plan genocida.

    Es más si se compara con la América anglosajona, donde los pocos indios que quedan no proceden de las zonas por ellos colonizados -¿dónde están los indios de Nueva Inglaterra?- sino los habitantes de los territorios comprados a España o usurpados a Méjico.

    Ni despojo de territorios, ni sed de oro, ni matanzas en masa. Un encuentro providencial de dos mundos, aunque no con simetría axiológica. Encuentro en el que, al margen de todos los aspectos traumáticos que gusten recalcarse, uno de esos mundos, el Viejo, gloriosamente encarnado por la Hispanidad, tuvo el enorme mérito de traerle al otro nociones que no conocía sobre la dignidad de la criatura hecha a imagen y semejanza del Creador. Esas nociones, patrimonio de la Cristiandad difundidas por sabios eminentes, no fueron letra muerta ni objeto de violación constante. Fueron el verdadero programa de vida, el genuino plan salvífico por el que la Hispanidad luchó en tres siglos largos de descubrimiento, evangelización y civilización abnegados.

    Y si la espada, como quería Peguy, tuvo que ser muchas veces la que midió con sangre el espacio sobre el cual el arado pudiese después abrir el surco; y si la guerra justa tuvo que ser el preludio del canto de la paz, y el paso implacable de los guerreros de Cristo el doloroso medio necesario para esparcir el Agua del Bautismo, no se hacía otra cosa más que ratificar lo que anunciaba el apóstol: sin efusión de sangre no hay redención ninguna.
    La Hispanidad de Isabel y de Fernando, la del yugo y las flechas prefiguradas desde entonces para ser emblema de Cruzada, no llegó a estas tierras con el morbo del crimen y el sadismo del atropello. No se llegó para hacer víctimas, sino para ofrecernos, en medio de las peores idolatrías, a la Víctima Inmolada, que desde el trono de la Cruzreina sobre los pueblos de este lado y del otro del océano temible.
    La Iglesia es intolerante en los principios porque cree; pero es tolerante en la práctica porque ama. Los enemigos de la Iglesia son tolerantes en los principios porque no creen; pero son intolerantes en la práctica porque no aman”.

    [R.P. Reginald Garrigou-Lagrnage O.P.].

  9. #29
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    Re: "Los españoles se llevaron todo el oro y la plata de América"

    Cuando la leyenda negra española queda relegada a la basura.







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  10. #30
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    Re: "Los españoles se llevaron todo el oro y la plata de América"

    ¿Quién se llevo el oro del Perú?


    Otro mito parte de la leyenda negra es ''los españoles se robaron el oro'' sin embargo la extracción de oro que hace Perú anualmente es mucho mayor a la que hizo España en los 300 años del imperio pues la tecnología y métodos de extracción actuales son superiores a los métodos arcaicos que se usaban en el imperio. El oro peruano en la actualidad le pertenece en su mayoría a privadas canadienses y suizas aqui les dejo la información por otra parte, la producción mundial de oro en 2015 fue de 3.000 TM, de las cuales 145 (un 4,8%) salieron de Perú, informó la Sociedad Nacional de Minería, Petróleo y Energía (SNMPE). El país que produjo más oro el año pasado fue China (490 TM), seguido por Australia (300 TM), Rusia (242 TM), Estados Unidos (200 TM) y Canadá (150 TM). En el caso de Perú, la producción aurífera del primer trimestre del 2016 llegó a 38.1 TM, un 7,3% más que en igual período de 2015, cuando se reportaron 35.5 TM.

    De acuerdo al informe del SNMPE, Perú exportó oro por 1599 millones de dólares en el primer trimestre de 2016, haciendo de ese metal el segundo ítem de exportación en el período. Suiza, Canadá, Estados Unidos, India y Reino Unido fueron los principales países hacia los que exportó Pérú el metal áureo.
    PD: notese la cadena de oro en Suiza.

    -MMM








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  11. #31
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    Re: "Los españoles se llevaron todo el oro y la plata de América"

    Los mamertos podrán reclamar su oro y su plata a los anglos (que raro).







    Cómo los australianos crearon su primera moneda de curso legal usando dólares españoles perforados


    15 septiembre, 2016 por Guillermo Carvajal Historia








    En 1812 Nueva Gales del Sur, la primera colonia creada por los británicos en 1788 en el continente inexplorado que todavía se llamaba Nueva Holanda, tenía una extensión mucho mayor que hoy en día, incluyendo toda la tierra australiana conocida, pero también Nueva Zelanda y otras islas. Ante la escasez de monedas el gobernador Lachlan Macquarie encontró una ingeniosa solución para dotar de efectivo metálico propio a la nueva colonia, creando así la primera moneda acuñada en territorio australiano.

    Hasta entonces, al igual que ocurría en el resto del mundo colonial, lo habitual era utilizar monedas tanto del país colonizador como cualquier otra divisa internacional. Libras, florines, ducados, rupias y johannas circulaban como resultado del comercio que llegaba a través de los buques mercantes. En aquella época Londres todavía no proporcionaba un suministro adecuado a sus colonias, por lo que las monedas se iban con el comercio igual que llegaban, dejando a los habitantes de Nueva Gales del Sur sin efectivo.







    El gobernador Lachlan MacquariePero la principal divisa internacional desde el siglo XVIII era el Real de a 8, también conocido como dólar español. Se trataba de una moneda de plata con un valor de 8 reales acuñada a partir de 1497 en las colonias españolas de América, principalmente México y Bolivia. De allí se trasladaban en grandes cantidades hacia España y sus colonias como Filipinas, para ser usada en el comercio de mercaderías orientales. Así su uso se extendió por todo el sureste asiático e incluso por las colonias británicas de América (de hecho sería la primera moneda de curso legal en los Estados Unidos, donde circuló hasta 1857).

    El gobernador encontró en el abundante dólar español lo que necesitaba para dotar a Nueva Gales del Sur de moneda propia. Hizo importar 40.000 de estas monedas, que arribaron el 26 de noviembre de 1812 a bordo de un buque procedente de Madrás. Una vez llegadas a tierras australianas le ordenó al falsificador William Henshall (quien curiosamente había sido perdonado de sus delitos apenas un par de meses antes) que extrajese la parte central de cada una, con el fin de duplicar su número.






    Probablemente Macquarie conocía el caso de las Indias Occidentales Británicas, donde años antes se había realizado un proceso similar con un cargamento de dólares españoles capturados. Se cortaban y reacuñaban para que no pudieran volver a manos españolas.

    Henshall las agujereó creando de ese modo 79.820 monedas (el resto desaparecieron durante el proceso) que fueron reacuñadas añadiéndoles la inscripción New South Wales 1813 y su H inicial entre las hojas de la acuñación original. Así aparecieron el dolar agujereado y el dolar sobrante, siendo éste último como se denominaba a la parte central extraída. Al primero se le asignó un valor de 5 chelines, y al segundo de 15 peniques. Empezaron a circular en 1814 y fueron la primera moneda acuñada en Australia. En 1822 fueron sustituidas por monedas de plata de ley, y en 1829 dejaron de usarse.







    El taller donde Henshall realizó los trabajos se encuentra en el sótano de un edificio conocido como La Fábrica, en la esquina de las calles Bridge y Loftus en Sidney, y está considerada la primera Casa de la Moneda de Australia. Henshall desapareció de la colonia en 1817 y nunca más se supo de él.

    De las 79.820 monedas se estima que hoy en día quedan unas 1.300, 300 dólares agujereados y unos 1.000 sobrantes, todos ellos acuñados originalmente en México, salvo 5 que lo fueron en Potosí, Bolivia. La mayoría se encuentra en colecciones numismáticas privadas, o en museos como el Museo Nacional de Australia, donde encontramos la historia.



    _____________________________________

    Fuente:

    Cómo los australianos crearon su primera moneda de curso legal usando dólares españoles perforados

  12. #32
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    Re: "Los españoles se llevaron todo el oro y la plata de América"

    Hola a todos, gusto en saludarlos. Soy nuevo por estos rumbos, así es que reciban un cordial saludo. Y un dato adicional.

    Entre 1806 y 1822 (aprox.), las reales haciendas hispanoamericanas fueron a parar a Inglaterra: 40 toneladas de oro amonedado del Río de la Plata, 500 mil piezas de plata del Potosí, 10 toneladas de oro amonedado de Nueva Granada y tres barcos cargados de oro y plata del Perú. Sólo este último cargamento era considerado el tesoro más grande de la América del Sur y equivaldría a unos 88 mil millones de dólares del año 2008.
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  13. #33
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    Re: "Los españoles se llevaron todo el oro y la plata de América"

    Leyenda negra: “Los indios eran engañados por los españoles al cambiar cuentas de colores y espejitos a cambio de oro”





    Pues sí, esta es una de las historias y tonterías de los defensores y aceptantes de la leyenda negra para criticar y ensañarse con el malvado y avaro español que engañaba al inocente y casi tonto nativo. Vienen a decir que al europeo esas cuentas de colores, cascabeles y espejitos no les costaba prácticamente nada y sin embargo obtenía a cambio los pequeños adornos de oro que los nativos llevaban encima. Todo un negociazo del avaricioso español a costa del pobre e inexperto nativo.

    Pues bien, ¿nadie se ha parado a pensar que cada uno tiene una forma de valorar las cosas? Normalmente es la cantidad lo que determina el valor de las cosas, es decir, cuantas menos existencias hay de cualquier producto sube su valor, sin embargo si hay mucha cantidad tiende a bajar dicho valor. Y siendo más concretos, para los indios el oro era una simple piedra con la que adornarse las orejas, el cuello o la nariz. Su obtención era fácil ya que los ríos antillanos transportaban numerosas de esas piedrecitas, pero esas cuentas, esos cascabeles y esos espejitos de colores tan brillantes y vivos que traían los extranjeros no los habían visto en la vida, ¡¡eran una maravilla!! se pegaban por obtenerlos porque en su isla no los habían visto jamás, nadie los producía, ni la naturaleza ni ninguna persona, por lo que para ellos esos objetos tenían un valor inusitado, mucho más valor que esas piedrecitas amarillas que cogían fácilmente de sus ríos. ¡Esos extranjeros son tontos! Les engañamos con nuestras piedrecitas de oro que no valen nada y nos dan esos valiosísimos cristales tan bonitos. Seguro que más de un indígena lo pensó.

    Del mismo modo y hablando sobre el oro, al nativo solo le servía para adorno y poco más, sin embargo para el español el oro no era solo una piedra preciosa, era un objeto cambiario, con valor de moneda para poder comprar otras cosas de las que no disponía. Por lo que la percepción sobre esta piedra cambia mucho según de la perspectiva que se tome.

    Creo que de esta manera queda bien explicado que el intercambio de cuentas y espejitos por oro fue un simple y amistoso acuerdo entre los recién llegados y los habitantes de las costas antillanas, no hubo abuso, ni intención de engañar y cada uno obtuvo lo que consideró más valioso para sí mismo. Nada que criticar ni que censurar. Un encuentro entre dos culturas desconocidas mutuamente y que tenían distinta forma de ver las cosas, y de valorarlas.


    _____________________________________

    Fuente:

    Leyenda negra: "Los indios eran engañados por los españoles al cambiar cuentas de colores y espejitos a cambio de oro" - Historia del Nuevo Mundo
    ReynoDeGranada dio el Víctor.

  14. #34
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    Re: "Los españoles se llevaron todo el oro y la plata de América"

    Una más de la serie Von Humboldt en Hispanoamérica





    https://www.facebook.com/13867011783...type=3&theater

  15. #35
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    Re: "Los españoles se llevaron todo el oro y la plata de América"

    Hermosa foto del Salón Sol del Perú, uno de los salones más emblemáticos del Palacio de Miraflores. En el techo se encuentra un Sol de Oro puro donado por el gobierno peruano. Además, en ocasiones el salón está decorado con el retrato ecuestre del Libertador, realizado en 1936 por Tito Salas, y en otras, con el retrato del Mariscal Antonio José de Sucre, de Arturo Michelena. Este es un Hecho Criollo.







    https://www.facebook.com/hechoscriol...type=3&theater

  16. #36
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    Re: "Los españoles se llevaron todo el oro y la plata de América"

    El Oro de America por Carlos Canales y Miguel del Rey

    La agrupación El Mar y sus Ciencias, Antonio de Ulloa Catedra Mendez Nuñez y editorial Edaf organizo en el 27 de septiembre de 2016 en Ateneo de Madrid la conferencia EL ORO DE AMERICA por CARLOS CANALES Y MIGUEL DEL REY





    https://www.youtube.com/watch?v=xb3o...layer_embedded

  17. #37
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    Re: "Los españoles se llevaron todo el oro y la plata de América"

    Si, pídanselo a los anglocagones.




    El Tesoro que nunca más volvió al Río de la Plata

    Más de cinco toneladas de pesos plata que los ingleses se robaron del Río de la Plata, jamás fueron devueltos por el gobierno británico a pesar de haber sido derrotados en la primera Invasión Inglesa de 1806. El "Tesoro del Rey" del Virreinato del Río de la Plata fue finalmente el gran triunfo militar de la corona británica que solo conquistó Buenos Aires, en su primera incursión en estas tierras, que se extendió por un mes.


    Sábado 12 de agosto de 2006

    Los dos millones de duros (denominación del dinero español de esa época) llegaron al Banco de Londres al poco tiempo que el general William Carr Beresford conquistar el puerto porteño, en junio de 1806. El tesoro fue lo primero que el Virrey Rafael se Sobremonte cargó en varios carruajes y se llevó consigo en su huída de Buenos Aires rumbo a su destino en Córdoba donde pensaba formar un gobierno de emergencia ante la llegada de los ingleses. Fue para Beresford también el primer objetivo a alcanzar y en ese juego de intereses envió una partida a seguir al delegado del Rey de España que fue alcanzado en Luján. Parte del Tesoro, ante la inminente llegada de los ingleses intentó ser enterrado en el fondo de una laguna de la zona, pero el Virrey, que siguió en su "huída patriótica", no tuvo tiempo de hacerlo y dejó casi todo abandonado.

    En su carruaje personal se llevó lo que pudo, un tesoro que finalmente fue a parar a sus arcas personales, ya que nunca más apareció. Los ingleses embarcaron todo el gran tesoro conquistado en un buque que llegó a Londres por los mismos días en que era Reconquistada Buenos Aires, y mientras Beresford capitulaba ante Santiago de Liniers, ocho carros recorrían el trayecto del puerto de la capital inglesa hasta la sede del banco de Londres. En los registros de esa entidad se verificaron el ingreso de "cinco toneladas de pesos plata" que nunca fueron devueltas a estas tierras. Beresford, que huyó de Buenos Aires meses después de la Reconquista, llegó a Londres como un militar derrotado pero sin embargo fue premiado por la corona por sus "servicios prestados".

    Una derrota militar poco valor tiene ante la conquista económica y así el Rey le entregó al general una espada de oro y diamantes que se guardan en el Museo de Londres como parte del reconocimiento a su labor. En ella está escrito los valores que Beresford tuvo para "aumentar la grandeza del Reino Unido", un homenaje lógico para un militar que además fue premiado con el cinco por ciento de sus aportes al Tesoro británico.



    _____________________________________

    Fuente:

    El Tesoro que nunca más volvió al Río de la Plata - Diario 26

  18. #38
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    Re: "Los españoles se llevaron todo el oro y la plata de América"

    Cierto es que la leyenda rosa en nada beneficia a la Historia.

    Hay quien dice que "España sólo extraía el quinto real". Y así no se combate la leyenda negra; porque la realidad es mucho más compleja, rica y contundente. A saber: España no existía como estado-nación. No era un estado-nación español que extraía oro y plata sin permiso de un estado-nación mexicano, peruano o etc. Esa "España" era en verdad una monarquía multicontinental, si se me permite el neologismo; y los virreinatos eran parte integrante de un circuito de monopolio y autarquía; el mismo circuito que a lo mejor prohibía la circulación de un producto pero aumentaba la de otro; por eso Quito, por ejemplo, fue una industria textil poderosa mientras que había regiones de la Península que ni sabían lo que era eso. Y el flujo de metales de América a Europa, ciertamente imponente (aunque ni por asomo se parece al actual), no estaba controlado sólo por peninsulares. Ni tan siquiera sólo por banqueros genoveses o tudescos. De hecho, la participación de criollos, mestizos e indios fue muy importante, y por eso se mantuvo tres siglos. Uno de los beneficiarios del tráfico minero fue nada más y nada menos que José Gabriel Condorcanqui, más conocido como Túpac Amaru, el cual pagaba a sus rebeldes con oro.



    _____________________________________

    Fuente:

    https://www.facebook.com/escritorant...49834971881640
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  19. #39
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    Re: "Los españoles se llevaron todo el oro y la plata de América"

    EL TESORO DEL VIRREINATO INCAUTADO POR LOS INGLESES

    Tanto el traído de Luján como el entregado en la ciudad el 11 de julio de 1806 (dineros del Consulado, de la Compañía Filipina, del Correo, etc.), fue embarcado en la fragata HMS «Narcissus», a las ordenes del capitán Donnely, que zarpó el día 17 de julio, llevando al mayor Deane con los despachos de Beresford y Popham, llegando a Inglaterra el 12 de septiembre.

    En el parte de Beresford figura como un adjunto lo siguiente:

    CANTIDAD DE DINEROS, etc. recibidos en consecuencia de un arreglo el 28 de junio de 1806, y del traído de Luxán.

    Buenos Ayres, julio 16 de 1806.

    EMBARCADO EN LA «NARCISSUS». TOTAL: 1.086.208.-

    [A] Entregado por el señor Casamayor:

    1) del Tesoro Real: 208.519.-
    2) de la Compañía de Filipinas: 108.000.-
    3) del Correo: 56.872.-;
    4) de la Administración de Tabacos: 94.323.-
    5) de la Aduana: 57.000.-

    6) Del agente de la Compañía Filipina: 100.000.-

    [B] Traídos de Luxán por la partida del Capitán Arbuthnot:

    7) 114 tercios de cuero
    c/u con 3.000 pesos: 342.000.-
    8) 2 cajones: 5.932.-
    9) 1 caja oro: 562.-
    10) 71 barras de plata: 113.000.-

    - QUEDA EN TESORERÍA. TOTAL: 205.115.-

    1) Del agente de la Compañía Filipina: 30.000.-

    Traídos de Luxán por la partida del Capitán Arbuthnot:

    2) Del Consulado: 61.790.-
    3) 32 1/2 bolsas de tela c/u
    con 1.000 pesos (no contados aún): 32.500.-
    4) 38 cajones c/u con 2.000 pesos
    (no contados aún): 76.000.-
    5) Cajón hallado en casa de un Cura: 4.825.-

    TOTAL GENERAL: 1.2191.323.-

    Carlos Roberts: «Las Invasiones Inglesas en el Río de la Plata». EMECÉ. Buenos Aires, 2000.






    _____________________________________

    Fuente:

    https://www.facebook.com/19054414769...type=3&theater

  20. #40
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    Re: "Los españoles se llevaron todo el oro y la plata de América"

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    EL ORO DE AMÉRICA

    «Según el estudio del hispanista estadounidense ya fallecido, Earl J. Hamilton, uno de los fundadores de la historia económica como disciplina, los datos extraídos de los meticulosos informes y documentos contables de los metódicos funcionarios de la corona, no dejan lugar a dudas: España extrajo en los siglos XVI y XVII, 16.900 toneladas de plata y 181 toneladas de oro, o lo que es lo mismo: "16.886.815.303 g de plata y 181.333.180 g de oro".

    Si tenemos en cuenta que sólo en 2014 México produjo 110,4 toneladas de oro, y le sumamos la producción del resto de Iberoamérica, nos encontramos que el tremendo "expolio" del oro de América equivale a la producción actual de un año. Y, en lo que a plata se refiere, México, Perú, Chile, Bolivia, Argentina, Guatemala y la República Dominicana, produjeron juntas en 2014 más de 13.300 toneladas de plata, lo que significa que sólo seis años de su actual producción equivalen a 300 de la época imperial».

    _Miguel del Rey y Carlos Canales, autores de El Oro de América.

    Texto extractado de Acabar con una leyenda, revista Clío, pág 42-43.





    _____________________________________

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