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Tema: "Los españoles se llevaron todo el oro y la plata de América"

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    Re: "Los españoles se llevaron todo el oro y la plata de América"

    Historia

    El mito que persigue al Imperio español, ¿cuánto oro y plata se extrajo de América?

    A principios del siglo XVII, un economista del periodo afirmó que la decadencia del Imperio español se debía al progresivo abandono de «las operaciones virtuosas de los oficios, los tratos, la labranza y la crianza» por parte del pueblo. La fiebre del oro (más bien plata) consumió a los españoles, disparó los precios y destruyó el tejido productivo de Castilla



    César Cervera - C_Cervera_M

    29/06/2017 01:10h - Actualizado: 04/07/2017 17:21h. Guardado en: Historia


    Desde el primer contacto de Cristóbal Colón con la población de lo que él consideraba una isla de Asia, pero en verdad era un Nuevo Continente, los Reyes Católicos ordenaron evangelizar cuantos antes a los indígenas y no usar la violencia con ellos. Frente al hambriento afán por el oro de los conquistadores, desde la Corte de los Reyes Católicos se preocuparon repetidas veces porque aquellos nuevos territorios fueran una prolongación de Castilla en ultramar, y no unas colonias a las que explotar hasta la última gota. Y aunque en ocasiones se impuso la sed de oro, la creación de cientos de ciudades, catedrales, universidades, caminos e incluso hospitales (entre 1500 y 1550, se levantaron unos 25 hospitales grandes y un número mayor de pequeños) demostró que para Corona aquel continente, aquella empresa atlántica, iba más allá de intereses económicos o comerciales.

    El descubrimiento de importantes minas de metales preciosos en América vertebró el crecimiento de estas ciudades y terminó por convertirse en un importante flujo de riqueza para Castilla. O más bien para las guerras que mantenía en Europa la dinastía de los Habsburgo, que aprovecharon la débil posición de las Cortes castellanas tras la Guerra de las Comunidades para aumentar la presión fiscal en este reino. Pocos kilos del oro y la plata que atracaban en Sevilla procedente de América se invertía realmente en Castilla. A veces ni siquiera llegaba a pisar territorio ibérico.


    Las primeras fuentes de riqueza

    Al principio del Descubrimiento, la institución de la encomienda fue una forma de canalizar la ambición de los conquistadores por crear un sistema feudal en América y la primera gran fuente de beneficios para la Corona y los nuevos terratenientes. Como explica el libro «La empresa de América: los hombres que conquistaron imperios y gestaron naciones» (EDAF), el proceso consistía en «encomendar» a un grupo de indígenas a un conquistador, un encomendero, como si se tratara de un vasallaje pero sin cesión de tierras. Todo indígena varón entre los 18 y 50 años de edad era considerado tributario, lo que significaba que estaba obligado a pagar un tributo al Rey en su condición de «vasallo libre» de la Corona castellana o, en su defecto, al encomendero que ejercía este derecho en nombre del Monarca. Las encomiendas, no en vano, eran una cesión de los Reyes Católicos a cambio de que los conquistadores corrieran con los gastos de la evangelización: debían pagar, entre otros pagos, el hospedaje del cura doctrinero.




    Francisco Álvarez de Toledo, virrey del Perú, impulsó el Potosí


    La codicia de los conquistadores dio lugar en su origen a numerosos abusos, pero conforme la Corona española fue ganando fuerza institucional en el Nuevo Mundo, fue posible ejercer un mayor control sobre los encomenderos más excesivos. Con el paso de los años, las encomiendas perdieron su papel en la colonización y cómo fuente de beneficios.

    Junto a las encomiendas la primera gran fuente de ingresos de los conquistadores en esta fase fueron los botines de guerra, los saqueos a poblaciones prehispánicas y las expediciones en busca de tesoros fabulosos que inflaban la imaginación de aquellos hombres procedentes en su mayoría de Extremadura y Andalucía. En su origen bastaba con el trueque de oro a cambio de objetos europeos, pero más pronto que tarde llegaron los saqueos. Con la caída de los grandes imperios se pasó a la explotación propiamente minera, primero con el lavado del metal procedente de las arenas de los ríos, y luego con el establecimiento de enormes yacimientos de oro y plata.

    Los españoles incluso copiaron de los indígenas en un principio la precaria técnica para purificar esta plata, puesto que se necesitaba mezclar con otras sustancias la plata pura antes de retirarla

    El oro fue el protagonista de los primeros años de la conquista, viviendo su punto álgido entre 1550 y 1560, coincidiendo con un periodo de gran escasez de este mineral en Europa. Pero pronto el oro fue sustituido por el verdadero «Dorado» de América: las minas de plata. La expresión «vale un Perú o un Potosí» hace referencia a que fue en esta región donde estaba una de las minas más emblemática y productiva. En 1545 se inició la explotación de estos yacimientos de plata en el Alto Perú (hoy Bolivia), siendo el año cero del boom en la extracción de este material.La población indígena ya había explotado en pequeña escala la mayoría de estas minas de metal. Los españoles incluso copiaron de los indígenas en un principio la precaria técnica para purificar esta plata, puesto que se necesitaba mezclar con otras sustancias la plata pura antes de retirarla. El método de la «huaira» consistía en introducir en unos hornos la plata pura para que se derritiera por el fuego y saliera purificada. Así y todo, el sistema hacía que se perdiera parte del material y conforme se agotaba la plata de superficie se hacían necesarias técnicas más avanzadas.

    Desde México, donde estaban las también fructíferas minas de Zacatecas, se exportó al Virreinato de Perú la técnica del azogue (el nombre antiguo del elemento químico mercurio), que requería moler previamente la plata para que, una vez hecha polvo, fuera absorbido por el mercurio. Más tarde se separaba el mercurio de la plata para obtener su pureza. El método era mucho más efectivo, tres veces más productivo que la huaira peruana, y, además, se vio beneficiado por el descubrimiento de unas minas de azogue en Huancavelica por aquellas mismas fechas.

    La producción de plata se disparó a partir de la generalización en el uso de mercurio. La extracción era laboriosa y además este proceso de mezcla también requería mucha mano de obra. Ante la demanda de más mineros se establecieron las normas para el trabajo de los indígenas en estas minas. El virrey Francisco de Toledo generalizó en la década de 1570 el sistema de la mita, que se fundamentaba en la creación de turnos de trabajo obligatorio entre la población indígena para labores mineras. Lo que condicionó, a su vez, el rendimiento en la explotación de las minas de plata a los cambios demográficos. Sin ir más lejos, una gran epidemia en 1576 acabó en Nueva España con cerca del 50% de la población, según estima John Lynch en su obra «Los Austrias», y provocó de golpe una caída del 35% en las remesas de metales.

    Los gastos traen deudas, incluso con plata

    El mito de que España fue la gran beneficiada de esta explotación minera tiene muchos matices. La llegada de grandes remesas de oro y plata a los puertos castellanos disparó la inflación en la Península (en 1600 los precios estaban en un nivel cuatro veces superior a los de 1501) y destruyó el tejido productivo, puesto que los españoles básicamente exportaban materias primas e importaban productos manufacturados. «El no haber dinero, oro ni plata en España es por haberlo y el no ser rica es por serlo», planteaba con acierto González de Cellorigo. Este economista señalaba a principios del XVII que la decadencia se debía al progresivo abandono de «las operaciones virtuosas de los oficios, los tratos, la labranza y la crianza» por parte del pueblo.

    Oro y plataVenngage Infographics

    A su vez, una quinta parte de los metales que llegaban estaba reservada para la Corona castellana, que bajo la soberanía de la dinastía de los Austrias la invertía casi en su totalidad en financiar las guerras europeas del Imperio español, que no siempre coincidían con los intereses castellanos. Coincidiendo con el momento de mayores envíos de plata, el Imperio español destinó 7.063.000 millones de ducados (El Monasterio del Escorial costó 6,5 millones) para el mantenimiento de su flota mediterránea y 11.692.000 para el Ejército de Flandes entre 1571 y 1577.




    La llegada de los españoles al Caribe en 1492- Pintura de Dióscoro Puebla


    La plata y los elevados impuestos en Castilla no cubrían los enormes gastos militares, por lo que Carlos V y Felipe II tuvieron que recurrir a la emisión de deuda pública y a los grandes banqueros genoveses y alemanes con el fin de mantener aquella maquinaria bélica. Los juros y préstamos se hicieron habituales, hasta el punto de que buena parte de la riqueza castellana quedó en manos extranjeras. En este sentido, las Cortes Castellanas (atadas de pies y manos desde la Guerra de las Comunidades) se quejaban con frecuencia de que la salida constante de metales preciosos, «como si fuéramos indios», estaba empobreciendo el país y había convertido a Castilla en «las Indias de otros países». Y si bien Felipe II trató de cumplir con sus compromisos, la escandalosa deuda le obligó a suspender pagos por primera vez en 1557, a la que siguieron dos suspensiones de pagos más en 1577 y en 1597.


    La decadencia de la Península impulsa a Perú

    Tras un crecimiento récord durante todo el reinado de Felipe II, los años finales del siglo XVI mostraron los primeros síntomas de agotamiento en la explotación de plata. Entre 1604 y 1605 la disminución de las remesas de metales se sintió con fuerza, arrastrando este problema hasta 1650. Esta contracción no era debida a que las minas se hubieran secado de golpe (las remesas seguían siendo gigantes), sino a que la crisis castellana, con su caída demográfica, sus derrotas militares, el aumento del coste de las defensas americanas y sus problemas económicos, terminó por afectar al engranaje perfecto que había sido hasta entonces la Carrera de Indias. En 1628, el escuadrón del neerlandés Piet Heyn capturó la flota de plata de Nueva España en el puerto cubano de Matanzas, sin que apenas mediara resistencia. Felipe IV lamentó el resto de su vida un golpe de tal envergadura a lo que se consideraba un sistema de transporte infalible:

    «Os aseguro que siempre que hablo del desastre se me revuelve la sangre en las venas, no por la pérdida de la hacienda, sino por la reputación que perdimos los españoles en aquella infame retirada, causada de miedo y codicia».

    El punto de no retorno estaba cerca. A partir de estas fechas, las remesas de plata siguieron llegando con abundancia a España, pero solo un porcentaje mínimo acababa ya en Castilla, siendo su auténtico destino los grandes puertos europeos y el Lejano Oriente a través del intercambio comercial con Manila. Asimismo, como señala John Lynch, «una importante cantidad de plata permanecía en América, donde el proceso histórico era más de transformación que de hundimiento». Las colonias alimentaban cada vez más el comercio propio, de tal modo que el capital se quedaba allí, tanto a través de inversiones privadas como públicas.

    A partir de 1640, fueron muchos los mercaderes españoles que invertían sus metales preciosos en América, sobre todo en Perú, en vez de arriesgarse a que fueran confiscados en España o se perdieran en el viaje. Este capital fue la base para la transformación de las ciudades en la era posterior a la minería.

    La recesión minera de Perú tardó más que la de México y fue menos dura. Pero en ambos casos el ocaso se produjo por el aumento de los costes de explotación, dado el agotamiento de los filones más accesibles. La plata extraída en niveles más inferiores requería, a su vez, una técnica de mezcla aún más costosa. El descubrimiento en 1608 de grandes filones en Oruro compensó el agotamiento de Potosí, así como otros hallazgos similares, aunque no evitó que las minas se situaran irremediablemente en un segundo plano económico.

    Perú tardó más en diversificar su actividad, pero cuando absorbió los beneficios de su propia actividad minera los invirtió en crear su propia red de comercio intercolonial


    El crecimiento de las ciudades trajo a su vez una diversificación de actividades y una reorientación económica. Cuando llegó a su fin el primer ciclo minero, México se reorientó a la agricultura y la ganadería y comenzó a autoabastecerse con productos manufacturados. Perú tardó más en diversificar su actividad, pero cuando absorbió los beneficios de su propia actividad minera los invirtió en crear una red de comercio intercolonial que era independiente de la metrópoli. De alguna forma, la recesión de la Península supuso el despegue de América.

    *La información del gráfico de las remesas de metales es del libro «Historia de Castilla: de Atapuerca a Fuensaldaña» (La Esfera de los Libros)



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    Fuente:

    El mito que persigue al Imperio español, ¿cuánto oro y plata se extrajo de América?

  2. #42
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    Re: "Los españoles se llevaron todo el oro y la plata de América"

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    HISTORIA MODERNA / ECONOMÍA GLOBAL

    La relación de las dos potencias económicas del XVI

    El Imperio Español y la China de la Dinastía Ming, unidas por la plata





    JUAN JOSÉ RIVAS MORENO Historiador

    Actualizado: 02/12/2014 17:16 horas 0


    En 1643, la famosa Batalla de Rocroi, inmortalizada en la memoria de España como el "Ocaso del Imperio", puso fin, supuestamente, a la predominancia militar que España había ostentado en Europa desde Ceriñola, forzando al rey Felipe IV a ratificar el Tratado de Westfalia en 1648, otro de los considerados puntos de inflexión en la historia del poderío español. Curiosamente, apenas un año después de la Batalla de Rocroi, la dinastía Ming perdía el control de Pekín, que fue conquistada por una confederación de tribus Manchúes y Mongolas en 1644. Los Manchúes borrarían todo rastro de la anterior dinastía y crearía su propia dinastía, la dinastía Qing.

    ¿Puede ser una coincidencia que en la misma década, casi en el mismo año, el imperio español y la China Ming entrasen en una profunda crisis? Hoy día, la respuesta parece negativa: los extremos opuestos de la Tierra, el imperio español y el de China, estaban estrechamente ligados, aunque de una forma un tanto indirecta. Este vínculo económico supuso que acontecimientos que tenían lugar en ambos extremos influenciaran a su opuesto, creando una situación de equilibrio.





    Un año después de la Batalla de Rocroi de 1648, que inmortaliza el oaso del Imperio Español, la dinastía Ming en China perdía el control de Pekín


    En las últimas décadas, historiadores ligados al campo de la Historia Global han propuesto que no sólo la crisis del siglo XVII fue un acontecimiento global, sino que la misma creación del imperio español y la prosperidad económica de China durante el siglo XVI, hechos igualmente paralelos, son el resultado de que ambas zonas estuvieran estrechamente ligadas por un vínculo material, la plata.
    El imperio español surgió en China

    En 1375, una revuelta de campesinos se extendió por China, terminando con la dinastía Yuan, heredera de los Mongoles de Gengis Khan, y que habían dominado el imperio desde el siglo XIII. La economía de la dinastía Yuan había funcionado de forma relativamente flexible mediante el uso de papel moneda, billetes que autorizaban al portador a recibir la cantidad especificada. Con el crisol de los Yuan, el sistema de papel moneda entró en crisis, y a mediados del siglo XV había perdido prácticamente todo valor.





    China era la principal potencia económica del mundo, con un cuarto de la población mundial


    En el zenit de la dinastía Ming, China era la principal potencia económica del mundo, representando a cuarto de la población mundial. La pérdida de valor de los billetes supuso que este enorme porcentaje de la economía global demandase metales preciosos como forma de garantizar el valor de los productos y la estabilidad de los precios.

    Esto supuso que el precio de metales como la plata y oro subieron de forma estratosférica. China era el principal productor de artículos de venta por su alto nivel de productividad y lo barato que era su mano de obra, esto provocó que la balanza de pago mundial se inclinase de forma repentina a favor de China, lo que provocó una salida de metales preciosos hacia Oriente, haciendo la plata cada vez más escasa en Europa.





    Los españoles triunfarían al descubrir América en 1492, y cuando las ricas minas de plata de Zacatecas y el Potosí comenzaron a funcionar en el XVI


    En el otro lado del mundo, esta escasez de plata con la que pagar la importación de artículos chinos hizo que gobiernos como el de Portugal o Castilla, financiados por mercaderes de las grandes ciudades-estado italianas, se lanzasen a la búsqueda de fuentes alternativas de metales preciosos. Los portugueses tomaron la delantera siguiendo el rastro del comercio de oro de Guinea, que procedía de las zonas del interior de África, en Mali. El comercio de oro africano parece haber reportado la cantidad de 60,000 ducados de oro anuales al tesoro portugués a principios del siglo XVI, aunque tal cantidad puede ser exagerada. Los españoles triunfarían al descubrir América en 1492, y cuando las ricas minas de plata de Zacatecas y el Potosí comenzaron a funcionar. Hacia finales del siglo XVI, el imperio español producía el 80% del producto más demandado por la mayor economía mundial de la época: plata.



    El milagro que pospuso Malthus

    El poderío comercial de China permitió a las dinastías Ming y Qing mantener una balanza de pagos positiva con virtualmente todas las regiones comercializadas del mundo al mismo tiempo. Tal éxito se basaba en los altos niveles de producción, que significaban que los productos chinos eran sustancialmente más baratos que los de cualquier otra región.

    Tales niveles de producción, a su vez, se sustentaban en dos pilares: la economía agrícola china era increíblemente avanzada tecnológicamente para su época, y el gran número de población suponía la existencia de mano de obra incomparablemente barata. Sus productos agrícolas eran increíblemente baratos, lo que hacía posible que la mano de obra china fuera igualmente barata sin crear una crisis social.





    No obstante, en un sistema global en el que la producción tecnológica no era lo suficientemente avanzada para mantener el paso del incremento de la población, la economía China podía haber en "la trampa Malthusiana", el momento crítico en el que la presión poblacional supera los recursos producidos por la agricultura, pero no ocurrió debido a la creación del imperio español.

    La Conquista de América supuso la integración del hemisferio occidental dentro del sistema económico mundial. En 1571, la introducción de nuevas técnicas de amalgamamiento de la plata mediante el uso de mercurio, y el descubrimiento de vetas de este mineral en Huancavélica, cerca de Potosí, supuso un nuevo récord a la baja del precio de plata mundial, al tiempo que la mayor economía del globo demandaba el mineral de forma desesperada para re-monetizar su sistema comercial.



    América inundó el mercado

    Los niveles sin precedentes de oferta de plata se habían juntado con niveles, igualmente sin precedentes, de demanda. Esto supuso una división del precio como no ha existido nunca antes. El valor de la plata comparado con el oro en España alcanzó mínimos históricos de 1:12,5 o 1:14 por onza, mientras que en China el precio era de 1:5 a ca. 1:7. Es decir, por la misma cantidad de plata, mercaderes Europeos podían conseguir hasta casi tres veces más oro en China que en Europa.

    A pesar de que el comercio de la plata entre América y China estaba - a excepción del Galeón de Manila - dominado por otras potencias europeas como los ingleses o los holandeses, las altas cotizaciones supusieron un nivel de desarrollo elevado. Potosí, en apenas medio siglo, llegó a igualar en población a ciudades como Londres o París. Manila, igualmente, rivalizaba con Barcelona, Marsella o Danzig, con una comunidad española de 7.350 miembros, y cerca de 15.000 mercaderes chinos residentes en una época en la que el Estado da India portugués contaba con apenas 6,000 funcionarios repartidos desde Africa hasta Macao.





    El flujo de plata hacia China (el destino último de aproximadamente el 50% de la plata americana) permitió la monetización de su economía, hasta el punto de que un edicto imperial promulgado en la década de 1570 especificaba el pago de impuestos en plata. La monetización de la economía Ming no fue la única innovación que afectó a China: la introducción de cultivos que requerían un tipo menos productivo de tierra como la patata, o nuevas variedades de arroz americano de doble cosecha, incrementaron la producción agrícola china. Nuevas tierras se pusieron en cultivo, y el rendimiento de los campos se multiplicó.

    El intercambio Colombino y el flujo de plata retrasó la regresión Malthusiana, En su lugar, se produjo lo que Mark Elvin llamó una "trampa de alto equilibrio" en el que la expansión económica avanzó de forma paralela con la expansión poblacional durante un largo período de tiempo, permitiendo a la población multiplicarse sin afectar los niveles de vida, y manteniendo así el bajo coste de producción que permitía a China mantener la demanda de plata.


    La crisis en España se extendió a China

    A mediados del siglo XVII, la diferencia de precios de la plata entre China y España llegaron a igualarse debido a la alta producción de las minas peruanas y mexicanas y el valor del metal comenzó a depreciarse. La respuesta de los grandes empresarios mineros de Iberoamérica fue disminuir la producción con la esperanza de incrementar los precios. Este proceso tuvo lugar en la década de 1630, y afectó el quinto real, el porcentaje destinado al uso del rey en España. Dado que el quinto real era un impuesto de tipo porcentual, la baja producción de las minas - controladas por empresarios privados que podían mediante la producción tratar de influir el precio global - supuso una disminución del quinto, en una época en la que la plata sufría deflación. En resumen, el rey recibía menos plata que, además, valía menos que antes.


    A mediados del siglo XVII, la diferencia de precios de la plata entre China y España se igualó y el metal se depreció



    A mediados del siglo XVII, no sólo España, sino las naciones Europeas que comerciaban entre América-Europa-Asia, se vieron envueltas en una recesión, con la única excepción de las Provincias Unidas de Holanda. España y Austria se vieron obligadas a firmar el Tratado de Westfalia, mientras que Inglaterra sucumbió a una guerra civil. Sorprendentemente, la decisión de los mineros Iberoamericanos no sólo afectó a Europa.

    El impuesto sobre la tierra de la dinastía Ming, a diferencia del quinto real, era una cantidad fija. No obstante, la depreciación de la plata afectó al tesoro imperial. El tesoro había acumulado una enorme cantidad del metal precioso, pasando de 2,3 millones de taels (86.250 kg) en 1570, a 23 millones (862 toneladas de plata) en 1642. La acumulación del metal precioso supuso menor diversificación, y la bajada del precio de la plata disminuyó de forma proporcional el poder adquisitivo del tesoro. La crisis fiscal de la dinastía Ming puso en peligro la estabilidad del imperio, que se vio envuelto en una sucesión de luchas internas por el poder y revueltas populares, hasta que en 1644, los Manchues tomaron Pekín e instauraron la dinastía Qing.


    El supuesto fin

    Las bajas españolas en Rocroi fueron aproximadamente 7.000 hombres entre muertos y capturados. No obstante, trece años después, en 1656 y durante el supuesto fin del poderío español, Don Juan José de Austria causó cerca de 11.000 bajas a un ejército francés ampliamente superior. Igualmente, en 1683, los Qing reconquistaron Taiwan, terminando el proceso de ocupación de China. La dinastía Qing llevaría a cabo una expansión territorial y comercial sin precedentes en el que China alcanzó su zenit como potencia mundial.





    El fin no llegaría para ambos imperios hasta más tarde. En 1834, España perdió sus últimas posesiones en el continente americano, y tan sólo cinco años después, China fue derrotada en la Primera Guerra del Opio, a lo que siguió un largo proceso de decadencia para ambos países.

    A medida que las reglas del comercio global cambiaban y la industrialización creaba un nuevo sistema de producción con el que China no podía competir, el monopolio del intercambio mundial cambió de manos. China ya no tenía el dominio de la producción, lo que supuso que el flujo de plata se hiciese menos relevante. A finales del siglo XIX, el proceso llegó a su culmen cuando las mayores potencias comerciales de la época abandonaron el sistema monetario bimetálico plata/oro y adoptaron el estándar de oro.

    El mundo dela Edad Moderna había funcionado mediante un sistema de contrapeso de la economía global en la que el Imperio Español, productor de un 80% de la plata mundial, estaba estrechamente, aunque indirectamente, ligado a un cliente fundamental, el imperio Ming. Este sistema de contrapeso hizo posible que tres zonas del mundo entrasen en un triángulo comercial entre Iberoamérica, Europa y Asia, creando el primer sistema económico global basado en la plata.


    Malthus, superviviente de la Ilustración

    El modelo Malthusiano ha sido una de las pocas teorías de la Ilustración que han logrado sobrevivir más o menos íntegramente a las críticas postmodernistas. Los historiadores actuales dan por bueno el modelo de crecimiento de Malthus aplicado a las economías agrarias pre-industriales, mientras que la cuestión se ha centrado en cómo pasar de un modelo Malthusiano a un modelo de crecimiento sostenido. Según Malthus, - y conforme con los métodos de investigación moderna - una economía agraria entraría en un ciclo de regresión y crisis una vez finalizada su expansión económica, ya que la abundancia de recursos supondría un incremento poblacional que, a su vez, presionaría la base de recursos disponibles.



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    Fuente:

    El Imperio Español y la China de la Dinastía Ming, unidas por la plata | La Aventura de la Historia | EL MUNDO

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