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Tema: Seis meses en Tenochtitlan

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    Seis meses en Tenochtitlan

    Seis meses en Tenochtitlan


    Durante más de Seis meses en Tenochtitlan, méxicas y españoles convivieron pacíficamente en la gran ciudad imperial. Desde el 8 de noviembre de 1519 hasta el 20 de mayo de 1520, pasaron 192 días sin incidentes graves.



    Una vez alojados en el palacio de Axayácatl de Tenochtitlan, Hernán Cortés con sus 313 hombres y sus 5.000 aliados, más un grupo grande de mujeres y sirvientes, quedaron a la expectativa de lo que hubiere de acontecer.

    Este palacio que había sido del padre de Moctezuma, se encontraba frente al suyo, pero apenas hay información de sus características. Su tamaño debía de ser grande por la gran cantidad de gente que alojaba. Se sabe que las letrinas estaban en unas casas anexas. Por su parte, el palacio de Moctezuma alojaba a 600 personas de su servicio.

    Hernán Cortés y Moctezuna II Xocoyotl iban a jugar durante ese tiempo una partida compleja con múltilples variables. No sabemos cual era el plan táctico de Cortés, aunque si podemos suponer que la estrategia era la de hacerse con el control del Imperio méxica. Probablemente se sentía fuerte, dado los numerosos pueblos que lo apoyaban: tlaxcaltecas, otomíes, huexotzincas, totonacas, y un largo etcetera en el que se encontraban todos los sometidos por el imperio. Tenían una oportunidad, tanto unos como otros.

    La ciudad contaba con una población estimada según distintos cronistas entre 70.000 y 300.000 habitantes, siendo la mayoría de las casas de una sola planta. El abastecimiento de agua dependía del acueducto ya que la lluvia no era captada en aljibes. Se recogía en tinajas y se llevaba en canoas para venderla.

    Se accedía a la ciudad por tierra firme desde cuatro calzadas de una anchura de dos lanzas de jineta (8 metros). Dos de ellas se juntaban en una sola, por lo que eran tres las que llegaban a la isla principal

    El primer día de su estancia en la ciudad, los españoles fueron agasajados con comida, joyas de oro y plata, plumajes y mantas muy ricas. Sentado al lado de Cortés, Moctezuma le dijo que según las profecías, aceptaban ser súbditos de su mismo gran señor y estaban dispuestos a obedecer sus mandatos.



    A la mañana siguiente los españoles debieron presenciar el espantoso momento en que subirían al Templo Mayor los que iban a ser sacrificados ese día, ya que estaba próximo a su Palacio. Justo al lado de este Templo se encontraba el osario con las miles de calaveras de los sacrificados (más de 136.000 según las contaron Andrés de Tapia y Gonzalo Umbría. En la ciudad había otros cinco osarios).

    La religión de los méxicas se basaba en los sacrificios humanos. Decían que el sol perdería su fuerza si no se le alimentaba por las mañanas. La sangre de los sacrificados era la fuerza vital que movía el universo. Por ello la vida en Tenochtitlan comenzaba al alba con los sacrificios diarios, tanto en el Templo Mayor como en el de Tlatelolco, próximo a él. Los destinados al sacrificio eran esclavos o prisioneros de guerra.

    Cuando subían por los peldaños, algunos se desmayaban y entonces los arrastraban por los cabellos, hasta la piedra donde habían de morir. Allí los echaban sobre la espalda en una piedra baja y estrecha y lo agarraban entre cinco, dos por las piernas, dos por los brazos y uno por la cabeza.



    Entonces el sacerdote con una piedra de pedernal cogida con las dos manos, la clavaba de un fuerte golpe en el pecho haciéndole un agujero, donde introducía la mano y le arrancaba literalmente el corazón. Echaban la sangre en una vasija y tiraban el cuerpo gradas abajo donde lo estaban esperando los quaquacuiltin, que lo llevaban a su calpul donde lo despedazaban y lo repartían para comérselo.

    Si el sacrificado era un esclavo, el cuerpo se lo llevaba su dueño, que lo había comprado en el mercado, si era un prisionero de guerra se repartía entre los que lo habían capturado.

    Mezclaban aquella carne con otros alimentos, como maíz y flores de calabaza. Era antropofagia sin duda, pero no ritual, sino canibalismo gastronómico, perfectamente documentado.

    Las mujeres y los niños no se libraban del sacrificio, que tenía lugar en el mes deatlcahualo que celebraban a los dioses Tlaloque (dios de las aguas o de la lluvia), y que solía hacerse en Tepetinco, Tepepulco, Pantitlan, Quauhtepetl e Ioaltecatl.



    Ese segundo día, Cortés acompañado por Pedro de Alvarado, Juan Velázquez de León,Diego de Ordás yGonzalo de Sandovaljunto con cinco soldados, Malinche yJerónimo de Aguilar, fueron a visitar a Moctezuma a su palacio. En el interior había un gran número de dignatarios y personal de servicio, todos con la cabeza baja ya que no podían mirar altlatoani. Después de presentar a sus acompañantes, Cortés le habló de las bondades de la religión cristiana y le pidió que no practicaran más sacrificios humanos. Mientras Malinche traducía, Cortés les dijo a sus acompañantes: “Con esto cumplimos por ser el primer toque“. Moctezuma le respondió que tenían a sus dioses como buenos.

    Volvieron a sus alojamientos y así estuvieron cuatro días descansando, bien provistos de alimentos y visitando la ciudad, acompañados por los sirvientes de Moctezuma.



    Cortés entonces decidió hacer una primera visita oficial a la ciudad y al barrio de Tlatelolco donde había un importante mercado y un templo tan grande como el que tenían a la vista. Envió a Malinche y a Jerónimo de Aguilar, acompañados por el paje Orteguilla, para pedir permiso a Moctezuma, que este concedió, decidiendo sumarse también a la visita y reunirse allí con Cortés.

    Primero llegaría Moctezuma que acompañado de los sacerdotes subió hasta el adoratorio en la plataforma superior donde estaba la piedra de los sacrificios.

    Cortés hizo el recorrido a caballo acompañado por sus capitanes e intérpretes, así como gente de Moctezuma que los había guiado. Habían pasado primero por el gran mercado de Tlatelolco, donde les llamó la atención la venta de esclavos que se encontraban sujetos entre ellos por argollas en el cuello.

    Cortés subió los 114 peldaños (uno más que los del Templo Mayor) sin la ayuda que le ofrecieron los sacerdotes. Moctezuma le recibió y le preguntó si estaba cansado. Cortés le respondió que “él y sus acompañantes nunca se cansaban”.

    Jerónimo de Aguilar.

    Desde allí observaron el conjunto de la ciudad y las tres calzadas que comunicaban con tierra firme, notando los españoles la precariedad de su situación en caso de que se produjera un ataque contra ellos.

    Cortés quiso entrar en la cámara de los dioses y penetró junto con Moctezuma. Allí vio cinco corazones de sacrificados ese día con mucha sangre alrededor. Le pidió entonces su permiso para colocar una Cruz y una imagen de la Virgen. Moctezuma se alteró sobremanera por lo que Cortés no insistió en ello; aquí se zanjó la visita a Tlatelolco.

    Al regresar al palacio donde se alojaban, Cortés decidió construir una capilla en su alojamiento. Previamente volvió a utilizar a sus intérpretes como emisarios para solicitar a Moctezuma el permiso para construir el altar en el palacio de Axayácatl. Eltlatoani se lo concedió y pudieron hacer una pequeña obra, donde los españoles asistían a la misa diaria.



    En esos días los hombres de Cortés descubrieron en el palacio una puerta tapiada. Dada la orden de abrirla, descubrieron un gran tesoro con joyas, figuras de oro, piedras de jade, plumas y mantas ricamente adornadas. No se tocó nada y se volvió a tapiar la puerta.

    Cortés en una de las siguientes visitas a Moctezuma le preguntó por este tesoro. El tlatoaniles dijo que era propiedad de los dioses y que podían quedarse el oro pero no con las plumas.

    Mientras, los preocupados tlaxaltecas le dijeron al intérprete fray Jerónimo de Aguilar, que habían detectado que los méxicas estaban dejando de ser amables, y que los españoles nunca podrían salir de la ciudad con el oro y las joyas y que tenían pensado matarlos. Los españoles tenía claro que si levantaban los puentes levadizos y sin barcos en los que huir, estarían atrapados.

    Pronto aparecería el desencadenante que Cortés utilizó como pretexto para modificar esta situación. En la costa, el lugarteniente de Cortés en la Villa Rica de la Veracruz Juan de Escalante, había muerto días atrás junto con otros españoles y aliados totonacas a manos de un representante de Moctezuma.



    De nombre Cuauhpopoca, exigía a los totonacas el pago del tributo. Al salir los españoles en su defensa se produjo una batalla en Nautla donde ocurrió el desenlace. Los méxicas además cogieron un prisionero español, le cortaron la cabeza y se la mandaron a Moctezuma; este se horrorizó y ordenó que la cabeza fuera llevada a otro lugar.

    Conocidos los hechos, el 14 de noviembre Cortés solicitó audiencia a Moctezuma y le pidió explicaciones. Acompañado por sus capitanes Pedro de Alvarado,Gonzalo de Sandoval, Juan Velázquez de León, Francisco de Lugo y Alonso de Ávila, con los imprescindibles interpretes Aguilar y Marina y algunos soldados, exigió que se investigase lo sucedido y se castigase a los culpables, y nada menos que le pidió al propiotlatoani que les tenía que acompañar a su palacio hasta que se aclarase su responsabilidad.

    Moctezuma.

    Moctezuma desmintió su responsabilidad en los hechos y se negó a acompañar a Cortés a su palacio. Ofreció a cambio a tres de sus hijos como rehenes, pero Cortés insistió e incluyó en su reclamación los hechos de Cholula que consideraba también una celada preparada contra los españoles. Durante cuatro horas hubo un forcejeo dialéctico tratando de convencerse mutuamente. Marina entonces le recomendó a Moctezuma que hiciera caso a Cortés y le acompañase a su alojamiento, que lo tratarían con respeto, pero que si no lo hacía estaba segura de que lo matarían y que habría una guerra.

    Finalmente el tlatoani accedió a acompañar a Cortés, cosa que hizo en una litera cargada por sus nobles. A sus parientes y consejeros les dijo que después de haber hablado con el dios Huitzlopochtli, se iba por su propia voluntad a pasar unos días con los españoles, ya que le había dicho que sería bueno para su salud.

    Después de instalado en el palacio de Axayácatl junto con sus más allegados, mujeres y servidores, y acompañado por el gobernador de Tlatelolco, Izquauhtzin y otros miembros de su Consejo supremo, se procuró que estuviera cómodo para que el gobierno siguiera funcionando. Se tuvo con él las consideraciones de su rango, pero estuvo siempre vigilado. Durante los meses siguientes, Moctezuma seguiría gobernando el imperio desde este lugar.

    Aunque al principio hubo algún intento de rescatarlo perforando algunas paredes o lanzando teas para incendiar el edificio, estos cesaron pronto. La vida en Tenochtitlan volvió a su curso normal. Moctezuma a veces salía del palacio para ir a los templos, escoltado por soldados españoles y acompañado por numerosos méxicas.

    A los 15 días de estos acontecimientos regresaron los que buscaban a Cuauhpopoca junto con este y otros principales, que habían tenido que ver con la muerte de Juan Escalante y los otros españoles. Cortés los interrogó y ellos aceptaron su responsabilidad, añadiendo que habían actuado por su cuenta. Por ello los condenó a morir en la hoguera, y entonces cambiaron sus declaraciones diciendo que lo habían hecho por orden de Moctezuma.

    Informado Moctezuma por el propio Cortés de la confesión de sus servidores, se decidió a encadenarlo como máximo responsable de lo ocurrido y a mantener la pena de muerte para Cuauhpopoca y sus hombres. Poco después de ejecutados los culpables, le retiraron las cadenas al tlatoani recuperando su status, aunque continuó retenido en el palacio de Axayácatl.

    Recuperada la normalidad, durante todo este tiempo, y a pesar de que Cortés había prohibido que se hicieran sacrificios, estos se siguieron haciendo aunque de manera oculta y a pequeña escala.

    Mientras esto ocurría, el capitán español había dado orden de construir cuatro bergantines de cubierta plana que navegaran a vela y remo, con los que poder llevar trescientos hombres y caballos a tierra firme cuando lo necesitaran. Se encargó de supervisarlo a Martín López, un sevillano de 24 años, poniendo a sus ordenes aserradores, carpinteros, herreros y ebanistas. Moctezuma fue consultado y además de autorizarlo, puso a su disposición leñadores y carpinteros méxicas. Cortaron madera de roble de Texcoco y cedro de Tacuba. En poco tiempo estuvieron construidos, medían 12 metros de eslora y podía transportar 75 hombres y cuatro cañones cada uno. Los méxicas vieron por primera vez las herramientas españolas de metal: sierras, martillos, clavos, etc.

    Durante los meses que siguieron, la estrecha convivencia propició que la clase dirigente méxica comenzase a permear la nueva civilización. Moctezuma enseguida empezó a simpatizar con Cortés, con sus guardianes y con el paje Orteguilla que le habían puesto como traductor personal. Este había aprendido rápidamente el náhuatl cuando estuvo en Cempoala, y ahora ambos se enseñaban mutuamente.

    Los ciudadanos de Tenochtitlan continuaron proporcionando alimentos y agua tanto a los habitantes de palacio como a sus animales, aunque muchos nobles se negaron a visitar al tlatoani.

    Hernán Cortés y la Malinche en la pintura de Nicolas Eustache Maurin

    Moctezuma obsequiaba a menudo joyas y muchachas a sus guardianes y estos le trataban con respeto. Se fue convirtiendo en un hombre dócil. Cortés solía jugar con Moctezuma al totoloque o al patolli; cuando Alvarado llevaba el tanteador hacía trampas a favor de Moctezuma. Y tenía una explicación, ya que si ganaba Cortés sus ganancias iban a los sobrinos del tlatoani y si ganaba este iba a los soldados españoles.

    El diálogo entre Cortés y Moctezuma siempre fue muy cordial y ambos interlocutores hablaban en muchas ocasiones entre risas. El primero era conocido por su fino sentido del humor y el segundo festejaba bromas y reía. Era la primera vez que un hombre le miraba de frente, decía que quería a Cortés como a un hermano y le explicaba como gobernar a los mexicanos; le dijo que su pueblo “no se quería tratar por amor sino por temor“. Mientras tanto Cortés mantenía relaciones con Marina y una hija (doña Ana) y una sobrina (doña Elvira) de Moctezuma.

    Fray Bartolomé de Olmedo.

    Por otra parte fray Olmedo intentaba instruir en la fe cristiana a Moctezuma, valorando positivamente sus enseñanzas, aunque era fácil que se confundiese por la afabilidad con que lo trataba el tlatoani. Los españoles mientras iban a misa cada día y cuando en Navidades se acabó el vino, no dejaron de hacer sus rezos.

    Enterado Cortés de ciertas irregularidades cometidas por Alonso de Grado, al que había enviado como sustituto del fallecido Escalante a la Villa Rica de la Vera Cruz, mandó a Gonzalo de Sandoval para que ocupase su lugar y después de prenderlo lo enviáse a Tenochtitlan. Así se hizo, y una vez llegado el detenido se le expuso durante dos día en la picota.

    El imperio méxica siguió funcionando normalmente durante todo este período: los tributos llegaban, los mercaderes continuaban comerciando y se conservaba el orden.

    A finales de 1519, hubo un incidente con el rey de Texcoco. Este territorio junto con Tenochtitlan y Tacuba formaba la triple alianza. Gobernado por Cacama(tzin) que era sobrino de Moctezuma, estaba descontento con la situación y había pensado organizar a los que pudieran estar de acuerdo con él para matar a los españoles y derrocar a su tío Moctezuma.

    Estando Cortés de visita en el antiguo palacio del difunto rey de Texcoco,Nezahualcóyotl, acompañado de dos hermanos menores de Cacama, se presentó un mensajero de Moctezuma que llevándose aparte a uno de los hermanos parece que le dijo que los tratase bien y que les diera oro. Cortés malinterpretó esta escena y sospechó una traición, apresando al príncipe; dictó orden de ejecutarlo pero Moctezuma intercedió y se suspendió la orden. Esa fue la gota que colmó el vaso de Cacama, que pasó entonces a la acción.




    Convocó a varios señores señores importantes, pero no logró que llegaran a un acuerdo a pesar de haberles ofrecido cargos y recompensas. La conjura llegó a oídos de Cortés quien se lo dijo a Moctezuma. Cortés propuso ir contra ellos pero Moctezuma lo apaciguó y le propuso un plan para detenerlos. Envió entonces a gente de su confianza que conocían bien Texcoco, y cogieron por sorpresa a Cacama y a cuatro de los conjurados llevándolos ante Moctezuma. Los detenidos confesaron y dos fueron encontrados culpables, entre ellos Cacama, por lo que fueron encadenados. Otros caciques entre ellos el de Tacuba fueron también apresados y encadenados. Como el trono de Texcoco quedó entonces vacante, Moctezuma de acuerdo con Cortés nombró a Cuicuitzcatzin, hermano menor de Cacama.

    Cortés agradeció la intervención de Moctezuma y le dijo que era libre si quería, que podía volver a su palacio, pero Moctezuma prefirió no hacerlo por el momento. Quizás para el tlatoani ya no había vuelta atrás.

    Después de este episodio la vida siguió transcurriendo con normalidad, todos los servicios seguían funcionando, el orden se mantenía, los tributos se recaudaban y nunca hubo un intento de fuga por parte de Moctezuma, que hubiera sido fácil de organizar; los suministros llegaban desde fuera con regularidad y suficiencia. Tampoco hubo intento de envenenar la comida o cortar el agua.

    Cortés por su parte había delegado todas las funciones de gobierno en Moctezuma, ciñéndose este a las grandes directrices marcadas por el español. El tlatoani actuaba como moderador, por una parte Cortés le instaba a la conversión al cristianismo y por otra los sacerdotes y guerreros le demandaban actuar.



    Una vez estuvieron construidos los bergantines y comenzaron a navegar, causaron gran impresion a los habitantes de las ciudades circundantes; su vista surcando la laguna impulsados por el viento les maravillaba, nunca habían visto nada igual.

    Moctezuma pidió subir a uno de los bergantines y de acuerdo con Cortés, se organizó una excursión para cazar en una de las islas del lago. Se subió al velero más rápido donde se colocó un toldo y se izaron las banderas reales de Moctezuma y de Cortés, acompañados de su corte, de los capitanes españoles Alvarado, Velázquez de León, Olid y Ávila y de una escolta importante; cada bergantín llevaba dos cañones. Cortés prefirió quedarse en la ciudad.

    Una vez zarparon con buen viento, las velas se hincharon y tomando velocidad dejaron atrás a las canoas reales, cosa que divirtió a Moctezuma. Cruzaron el lago en dirección a la isla de Tepepolco, cerca de Iztapalapa.

    En la isla, Moctezuma cazó conejos y aves con cerbatana y arco. A la vuelta los bergantines hicieron un alarde y dispararon los cañones. Moctezuma disfrutó del viaje y comprobó como los veleros eran más rápidos que sus mejores canoas de remos.

    A principios de enero de 1521 Cortés le dijo a Moctezuma que tanto él como los demás caciques deberían prestar juramento de vasallaje a Carlos V. Moctezuma estuvo de acuerdo y envió mansajeros a todas partes convocando a los distintos caciques, que comenzaron a llegar en menos de diez días, de los que solo faltó uno.

    Moctezuma les dijo que habría que hacerlo porque según la profecía estaba seguro de que estos eran los hombres que esperaban. Durante la ceremonia todos los caciques y Moctezuma el primero, fueron desfilando ante el escribano Pedro Hernández, quien les leía el escrito de vasallaje.

    Después de la ceremonia, Moctezuma y el resto de caciques gobernaron teóoricamente en nombre del rey de España. Cuando algunos caciques quisieron tratar sus asuntos directamente con Cortés, este les indicó que tenían que hacerlo con Moctezuma. La medidas que dictó Cortés para que a Moctezuma se le diese tratamiento real con las pertinentes deferencias fueron estrictas. Por entonces, a principios de 1520, el capitán español estaba satisfecho con lo logrado.

    De las conversaciones que mantuvieron Cortés y Moctezuma, este le reveló el lugar donde estaban las minas donde extraían el oro y le proporcionó información sobre la costa del golfo y donde había un buen puerto.



    El oro venía de cuatro regiones: Zacatula en la costa del Pacífico, Chinantla y Tuxtepec (Tochtepec) en el centro sur y Malinaltepec y Tututepec al suroeste de Oaxaca, hoy estado de Guerrero. Extraían el oro en batea de los riachuelos auríferos. Cortés entonces envió expediciones a estos lugares. Fueron bien tratados por los habitantes de esas regiones, gracias a las órdenes de Moctezuma, recibiendo muchas joyas y oro.

    De la región de Tuxtepec y Chinantla obtuvieron un aliado más, el cacique Coatelicamat que se proclamó vasallo del rey de España. Allí no permitieron que entraran en su territorio los acompañantes méxicas. En dicho lugar los españoles dejaron un retén por decisión de Diego Pizarro, uno de los capitanes de Cortés.



    Del plano de la costa que le entregó Moctezuma, se incluían las desembocaduras de los ríos y una zona interesante llamada Coatzacoalcos. Cortés envió a Diego de Ordás acompañado por algunos guías méxicas. Al conocer al cacique Tochel, este se quejó del mal trato que les daban los méxicas y también impidieron que entrasen estos guías en su territorio. A los españoles les proporcionaron canoas para explorar las desembocaduras de los ríos. El cacique se mostró muy amistoso, dándoles numerosos presentes para ellos y para Cortés, y se ofreció como vasallo del rey de España, invitandoles a que se establecieran allí, con la condición que no lo podrían hacer los méxicas.

    A partir de entonces comenzó a llegar oro de todas las regiones para pagar el tributo de los caciques a Carlos V. El oro en polvo se fundía en unos pequeños lingotes llamados tejuelos. Cortés los reservaba para mandar el quinto real a Carlos V y para comprar barcos y caballos en La Española y en Jamaica. Hubo un cierto descontrol y la pérdida de alguna cantidad y cierto nerviosismo por el reparto. Cortés castigó con cadenas a algunos de los más relevantes entre ellos a Velázquez de León por una reyerta. Moctezuma que se había hecho su amigo, intercedió ante Cortés y este lo perdonó.

    En este tiempo Cortés subió a la pirámide del Templo Mayor de Huitzilopochtli y entró en el adoratorio de Tlalóc y enfurecido por lo que vio, cogió una barra de hierro y comenzó a golpear a los ídolos diciendo “a algo nos hemos de poner por Dios“. Insistió en que cesaran los sacrificios, lo había pedido reiteradamente. Después dio orden de instalar un altar donde se celebraría la misa.



    Ya en el mes de marzo de 1520, el paje Orteguilla fue a ver a Cortés y le dijo que Moctezuma había tenido varias reuniones secretas con sus señores y creía que estaban tramando un complot. Los soldados españoles volvieron a dormir armados y con los caballos ensillados. Cortés no perdió tiempo, fue con Cristóbal de Olid y varios capitanes y los imprescindibles intérpretes a ver al tlatoani.

    Ese día Moctezuma parecía un hombre nuevo, les dijo que sus dioses le habían hablado y que los españoles tenían que irse antes de ser atacados. Las celebraciones cristianas no gustaban nada a los sacerdotes méxicas y habían provocado un peligroso descontento. Cortés le respondió que se iría de Tenochtitlán pero no del territorio, pues para poder hacerlo, antes tenían que construir tres barcos en la costa, y que cuando lo hicieran quería que Moctezuma los acompañase para ver al rey de Castilla.

    Por ello, a mediados de este mes, Martín López, que ya había terminado la construcción de los cuatro bergantines para el lago Texcoco, partió entonces a la costa, concretamente a Cempoallán, acompañado de Alonso Yáñez y sus carpinteros, para construir los tres navíos en los que partirían. Cortaron la madera del monte Orizaba y la llevaron a los astilleros en el río Atopan de la Villa Rica de la Vera Cruz.

    Estando así la situación, en una aparente calma y teniendo Cortés dispersado su ejército para la exploración de las distintas regiones, es cuando en la primera semana de abril,Pánfilo de Narváez llegó a la costa del golfo de México con unos 800 hombres.

    Este hecho relevante vino a dar un vuelco a los acontecimientos. El primero que se enteró fue Moctezuma que, aunque con demora, informó a Cortés con un dibujo que le habían mandado desde la costa, donde figuraban 18 navíos fondeados frente al arenal de San Juan de Ulua.

    Pero Narváez había llegado antes a la desembocadura del río Grijalva, en concreto el 7 de Abril y recalado después en San Juan de Ulúa el 19 de abril. Al parecer Moctezuma había sido informado en ambos casos, reservándose inicialmente de dar cuenta a Cortés e incluso procedió a enviar un emisario a Narváez para darle la bienvenida y llevarle regalos.

    Cuando Moctezuma decidió darle esta información a Cortés, aprovechó para decirle que ahora que ya tenían los barcos podían irse definitivamente. Este le respondió que no sería posible porque los que habían venido eran probablemente mala gente. Justo acababa de enviar a Juan Velázquez de León con 150 hombres a establecerse a la zona de Coatzacoalcos y a Rodrigo Rangel con un contingente menor a Chinantla.

    Cortés procedió entonces ese mismo día, a enviar a Tapia a la costa para informarse; este acababa de llegar desde Cholula, donde había ido para resolver un pleito por unas tierras entre tlaxcaltecas y cholultecas; el viaje duró menos de lo habitual, tres días y medio.

    Una semana mas tarde a mediados o finales del mes de abril, un emisario, un indio cubano al servicio de Alonso de Cervantes enviado desde la costa, le informó de la aparición de un solo navío, que pensaba era el mismo que Cortés había enviado diez meses antes a España con presentes y un informe para Carlos V. Pero se trataba del navío del oidor Lucas Vázquez de Ayllón que la Real Audiencia de Santo Domingo había enviado para impedir una lucha fratricida y que había llegado antes que la flota de Narváez. Días después, el lunes 23 de abril, el oidor Ayllón sería detenido en San Juan de Ulúa por Narváez y enviado a Cuba.

    Cortés entonces envió a cinco hombres: Francisco de Orozco, Diego García, Francisco Bernal, Sebastián Porras y Juan de Limpias para enterarse de quien había llegado. Se dividirían en dos grupos uno por el norte y otro por el sur y debían ir de incógnito y disfrazados. Envió también instrucciones a las expediciones en curso de Velázquez de León y de Rodrigo Rangel para que estuvieran preparados para ir a la Villa Rica e la Veracruz

    .
    Después de 15 días sin noticias directas y deduciendo que eran hombres del gobernador de Cuba Diego de Velázquez, Cortés envió a finales de mes a fray Bartolomé de Olmedocon una misiva para los desembarcados, según contó mas tarde en una carta al rey:

    Les pedía por merced me hiciesen saber quienes eran y si eran vasallos naturales de los reinos y señoríos de vuestra alteza, me escribiesen si venían a esta tierra por su real mandado o a poblar y estar en ella o si pasaban adelante o habían de volver atrás, o si raían alguna necesidad, que les haría proveer de todo lo que a mi posible fuese, que si eran de fuera de los reinos de vuestra alteza, asimismo me hiciesen saber si traían alguna necesidad o porque también lo remediaría pudiendo. Donde no, le requería de parte d vuestra majestad que luego se fuesen de sus tierras y no saltasen en ellas, con apercibimiento que si así no lo hiciesen, iría contra ellos y con todo el poder que yo tuviese, así de españoles como de naturales de la tierra y los prendería y mataría como extranjeros que se querían entremeter en los reinos y señoríos de mi rey y señor“.

    Gonzalo de Sandoval.

    A principios de mayo, el ejército de Cortés estaba dividido en cuatro grupos: 160 hombres en Tenochtitlán, 130 con Velázquez de León en Coatzacoalcos, 100 con Rangel en Chinantla y menos de 100 con Gonzalo de Sandoval en la costa de la Villa Rica de la Vera Cruz.

    Decidió entonces acudir a la costa. Ordenó a Velázquez de León y a Rangel reunirse con él en Cholula, a donde llevaría 80 hombres, quedando Alvarado con otros 80 hombres, más numerosos aliados tlaxcalecas.

    Cortés salio de Tenochtitlán el 10 de mayo de 1520. Antes de marcharse se abrazó afectuosamente con Moctezuma, sin saber que este había tenido contacto directo con Narváez. Le encargó que cuidase de la Virgen del Templo Mayor y que siempre tuviera flores.

    Una vez en Cholula se reunió con Velázquez y Rangel sumando un total de 310 hombres. Los aliados huexotzincas le habían ofrecido 400 guerrreros pero Cortés prefirió no aceptarlos.

    Pedro de Alvarado.

    Días después de salir de Cholula se encontraron con fray Olmedo de vuelta, que le informó de todo: del contacto de Narváez con Moctezuma, del envío forzado del oidor Ayllon a Cuba, de la afirmación de Narváez de que conquistaría todo el territorio para él y de lo mal que había tratado a su capitán Gonzalo de Sandoval en Veracruz.

    Finalmente la casi inevitable batalla o más bien escaramuza, se produjo la noche del 28 al 29 de mayo. El balance fue de quince muertos en el grupo de Narváez y dos en el de Cortés. Las tropas de Narváez se pasaron mayoritariamente al ejército de Cortés por el liderazgo de este y por el inteligente trabajo previo que habían desempeñado sus espías e informadores. La alegría fue grande, pero la celebración por la victoria y la unificación de los dos ejércitos duró poco, porque les llegó la noticia de que en Tenochtitlan, Pedro de Alvarado estaba en una gravísima situación.

    Asi era, ocho días antes del encuentro entre las fuerzas de Cortés y Narváez, el 20 de mayo de 1520, un nervioso Alvarado, probablemente muy influído por la información que le pasaban los tlaxcaltecas, había decido anticiparse a un posible ataque de los méxicas, dando un golpe brutal en la plaza donde se celebraban los festejos de Toxcatl, al sospechar según su explicación, que eran preparatorios de una rebelión que acabaría con ellos.

    El 24 de junio entraba Cortés en la desolada y silenciosa capital. Se había acabado la confraternización de seis meses entre méxicas y españoles, tensa en algunos momentos, pero sin derramamiento de sangre.


    Estos hechos están basados en la información proporcionada por los cronistas de Indias, por las cartas de relación de Hernán Cortés y por los testimonios de los testigos de los juicios de residencia que le realizaron a éste en 1529 y en 1534 y 1535.

    Cronistas:

    Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés (Madrid 1478 – Valladolid 1557)Francisco de Aguilar (Badajoz 1479 – 1576 Nueva España)

    Bartolomé de las Casas
    (Sevilla 1484 – Madrid 1566)


    Bernardino Vázquez de Tapia
    , (Toledo 1493 – Nueva España 1559)


    Bernal Díaz del Castillo
    (Medina del Campo 1495 – Santiago de Guatemala 1584)


    Andrés de Tapia
    (Medellín, España 1497 – Nueva España 1561)

    Bernardino de Sahagún (Sahagún, España 1499 – Tlatelolco 1590)

    Francisco López de Gómara (Soria 1511–1564)

    Francisco Cervantes de Salazar (Toledo 1514/1518 – Ciudad de México 1575) Diego Muñoz Camargo (Tlaxcala 1529 – 1599)

    Juan de Torquemada (España 1557/1563 – 1624 Ciudad de México)

    Fernando Alva Ixtlilxóchitl (Teotihuacán 1578 – Nueva España 1650)


    Fuentes consultadas:

    La conquista de México. Hugh Thomas 1993
    Hernán Cortés, inventor de México. Juan Miralles 2001.La conquista de México. Iván Vélez 2019.
    El mito de Cortés. Iván Vélez 2016.




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    Re: Seis meses en Tenochtitlan

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    No deja de maravillarme la epopeya que fue la conquista del Imperio Mexica, y creo nunca me había encontrado una narración tan detallada de los sucesos durante la estancia de los españoles en la ciudad de Tenochtitlán, como mexicano doy gracias por tan excelente aportación, siento tristeza al darme cuenta lo poco que sabemos realmente de nuestra propia historia en México ¡Y eso que yo llevo años fascinado leyendo del tema, imaginen el poco nivel de conocimiento que tiene el mexicano promedio!
    ¡Viva la Nueva España! ¡Viva la madre patria Española! ¡Viva la santísima virgen de Guadalupe!

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