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Tema: La fallida independencia de Venezuela

  1. #1
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    La fallida independencia de Venezuela

    Aquí una breve descripción de la penosa situación venezolana relatada por Juan Vicente González, con respecto a las políticas sumisas del naciente estado independiente para con intereses comerciales extranjeros (y particularmente ingleses), algo opuesto a las políticas llevadas en la antigua Republica de Colombia, causa de su desintegración fueron los intereses foráneos, tal fue la anglofilia de los dirigentes nacionales que le encomendaron al Cónsul Británico en Caracas, Robert Ker Porter, para realizar el diseño del escudo nacional venezolano puesto en vigencia por el Congreso en 1836. El contexto que llama a González para escribir el artículo citado es el de las amenazas de agresión por parte de buques de guerra ingleses y franceses a las costas de La Guaira para hacer cumplir la huida al extranjero de José Tadeo Monagas, ex presidente depuesto por la Revolución de Marzo, integrada de liberales y conservadores, aquí un post referente a la agresión: https://es-la.facebook.com/.../undia...2088456837164/

    “Nos han tratado como a los pueblos salvajes de Australia; siguen haciendo ostentación de intervenir directamente en nuestros asuntos; son cómplices de los enemigos de la República y sus declarados protectores. He aquí la recompensa que por tan constantes muestras de afecto y de estimación ha merecido Venezuela de Inglaterra y Francia. Colombia, el pueblo de los guerreros, célebre por su valor y la sabiduría de sus leyes, objeto de la predilección de Inglaterra, ni aun con haber recibido de ésta grandes servicios en su independencia, por su influjo y sus soldados, se condujo con ella como la pobre Venezuela. Si de alguna falta puede acusársenos es de haber mirado con cariñosa preferencia, injusta sin duda, a los hijos de ese suelo. Nunca había consentido el Héroe de la Patria que, por medio de los tratados públicos, las poderosas industrias de Europa viniesen a competir con las industrias incipientes de Colombia. Al separarse Venezuela de aquella poderosa unidad, en vez de conservar con ahincó esta política necesaria, llamo a la Republica la despiadada competencia y se creó una plaza a los artefactos de Europa y medios fáciles de enriquecerse a sus nacionales. Sin deberes de ninguna especie, libres de cargas y empleos concejiles, entregados exclusivamente a sus negocios, ellos han sido superiores a los venezolanos, sujetos a arbitrarias contribuciones, dependientes del capricho de los gobernantes, bajo el peso de infinitos deberes. Para ellos las contratas productivas, el cumplimiento forzoso; y tal ha sido la diferencia, que si en tiempo de Colombia un extranjero quería establecerse en el país con alguna industria, debía asociarse a un colombiano; mientras en Venezuela, el hijo del país se asocia al extranjero para garantizar su fortuna. Venezuela ha sido para Europa uno de esos países dorados del Oriente, adonde se va en busca de una fortuna cierta. ¿Qué ultraje han experimentado jamás en el país? Todos los venezolanos han perdido por la ley de espera; ningún extranjero ha perdido; hasta especulan en las revoluciones, dejándose arrebatar algo para cobrar el duplo o el triple. Cada causa civil es un objeto de intervención nacional. Venezuela es la madre de los extranjeros”


    Juan Vicente González, “Cuestión Internacional. Contrarrevolución”; El Foro de Caracas, 17 de agosto de 1858.







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    Re: La fallida independencia de Venezuela

    viernes, 16 de abril de 2021



    EL NUDO MARÍN

    Por Xavier Padilla


    Uno de los ricos ancestros paternos de Simón Bolívar, Francisco Marín de Narváez (1620-1673), tuvo, con la negra Josefa María Martínez de Porras y Cerrada (1629-1669), casada con José Ramírez Arellano, una niña a la cual reconoció («hija reconocida: blanca de calidad»), quien pronto sería —a los 4 años— heredera de su inmensa fortuna: María Josefa Marín de Narváez (1668-1692). Mestiza, rica y —por expropiación— futura bisabuela de Simón. Es ella quien origina el famoso «nudo genealógico Marín», ya que el entonces Procurador y Alcalde, Pedro Jaspe de Montenegro, designado en el testamento del padre de la niña como tutor suplente en caso de morir la tía (tutora por defecto), decidió arbitrariamente, una vez huérfana, casarla lo antes posible, a los 13 años (para asegurarse su fortuna), con su sobrino, Pedro de Ponte Andrade Jaspe (irrespetando, claro está, la tutoría testamentaria de la tía, María Marín de Narváez —so pretexto que las mujeres, excepto madre y abuela, no tenían legitimidad para tal responsabilidad—).

    La niña devino así, por casamiento forzado e ilegal, con un confiscador designado para apropiarse de su fortuna, madre a los 15 años de la abuela paterna de Simón: María Petronila Ponte-Andrade y Marín (1684-1735). El padre de la niña, y sobrino del rapaz Alcalde, confesó en su testamento de 1716 que antes de su matrimonio no tenía posesión alguna de bienes, y que dicho casamiento instantáneamente le convirtió en dueño de varias casas en la plazuela del convento de San Jacinto; de una hacienda de cacao en el valle de San Nicolás, en Barquisimeto; de otra de cacao en Nirgua (ambas con esclavos que «me fueron entregados por el dicho mi tío, como tutor que fue de la dicha mi mujer»). Sin mencionar otras propiedades, como las minas de Cocorote…

    A María Petronila, fruto funcional de esta unión, mestiza pero inmensamente rica, luego la «cazaría» (más que casaría) Juan Vicente Bolívar y Martínez Villegas. Qué importa un poco de sangre negra si trae buena pasta, que siempre se puede ocultar, con pasta…

    Es de ESTO que proviene una BUENA parte de la fortuna de los Bolívar (la cual así devendría, ya para 1800, la segunda más importante de la provincia de Venezuela —después de la de Del Toro—y una de las primeras de Hispanoamérica).

    De ESTO, digo: del robo a una niña mestiza de 13 años.

    Los Bolívar siempre trataron desesperadamente (perdiendo en ello mucho dinero) de obtener un título nobiliario.

    Pero quedaron atados, no lograron zafarse del nudo Marín.


    X. P.



    ———-

    Fuentes:

    • «Bolívar», Salvador de Madariaga, tomo I, 1951, Espasa-Calpe, Madrid, segunda edición 1975, págs. 54-57.

    https://www.geni.com/people/Mar%C3%A...00000250881028




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    Xavier Padilla: EL NUDO MARÍN

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    Re: La fallida independencia de Venezuela

    sábado, 24 de abril de 2021



    ¿19 DE ABRIL? ¿ACTA DE INDEPENDENCIA? ¿LANZAMIENTO DE YUGO? ¿REPÚBLICA DE VENEZUELA? NI EN BROMA…

    Por Xavier Padilla


    I

    En 1800, todos los venezolanos éramos españoles. Decir «venezolanos» era como decir margariteños o falconianos. En otras palabras, provincianos. ¿Pero quién si no algunos engreídos MUCHACHITOS afrancesados podían sentirse disminuidos por ello?

    Venezuela era una decentísima y próspera provincia española que, justo en los 27 años previos a la atroz revolución Bolivariana (la original) había triplicado su economía gracias al libre comercio de sus puertos decretado por el rey Carlos III. Nada justificaba la retórica independentista, sólo la resentida ambición de un oportunismo mantuano, muy minoritario.

    En 1810, con esta revolución pseudo-patriota, nuestra envidiable prosperidad se detuvo por completo. Venezuela, que no era una colonia, sino una provincia del reino, aquella que algunos sobrevivientes al desastre revolucionario luego recordaron como «la más feliz del universo», pasó a ser una tierra arrasada, triste y abusada.

    Venezuela, si alguna vez fue la provincia del crecimiento y la abundancia, es porque el país al cual pertenecía no era otro que España, el más grande y rico del planeta. Nuestra moneda, el «Real de a 8», era la divisa internacional por excelencia, hacía las veces del dólar actual y era la referencia incluso en el comercio asiático.

    Los venezolanos éramos parte del país más extenso de la Tierra, en el continente americano íbamos desde Argentina hasta Canadá. Llegamos incluso a poseer Alaska. Estados Unidos era pequeñísimo, su expansión ulterior se produjo sobre lo que habían sido tierras españolas.

    Pero España fue objeto de una conspiración múltiple, atacada simultáneamente por Francia, Holanda y Gran Bretaña, y desde dentro por Bolívar y San Martín, ambos en alianza con esos países, con los que negociaron ingentes cantidades de riquezas del continente. Así montaron sus ejércitos, llenos de mercenarios y tropas extranjeras. Pero no para liberarnos de una ocupación, sino ocuparnos.

    Se enfrentaron a una población local, orgullosa y leal a la Corona, compuesta de las clases populares, incluyendo la aborigen y la esclava. Y es que antes que venezolanos TODOS éramos españoles, tanto los nacidos en Europa como los nacidos en América. Con los mismos derechos gentilicios. Los esclavos eran españoles, estaban protegidos por leyes que les permitían comprar su libertad por el mérito y el trabajo. Por eso no sólo había negros voluntarios en el ejército español, sino incluso negros Oficiales. Igualmente pasaba con los indios, eran tan españoles como el resto de los venezolanos y tenían aún más leyes protectoras. Nadie podía tocarles sus tierras. Eran realistas, y muchos también Oficiales.

    Los ejércitos de la Corona en el continente apenas contaban con ibéricos, estaban conformados casi totalmente por americanos. Pero fuimos traicionados por un grupo de mantuanos oportunistas que quisieron apoderarse de la región, en un momento en que debieron defender a nuestro reino, primera potencia del mundo, gracias al cual habíamos alcanzado ser la próspera civilización que éramos.

    Nuestra región fue descrita en 1800 –esto es, 10 años antes de la revolución– por el sabio naturalista alemán Alexander Von Humboldt como «la región más próspera y apacible del planeta». La legendaria crueldad del imperio español es, pues, una leyenda, la gran mentira con que todos en la Venezuela republicana posterior fuimos entonces adoctrinados, incluso antes de ir a la escuela. Curiosamente, a nuestro himno le ocurre tener un aire de canción de cuna. Al parecer de hecho era una, a la cual cambiaron el nombre y la letra.

    La propaganda anti española fue brutal, con ella se borró nuestro gran pasado. Fue orquestada y difundida en Europa por los reinos rivales y utilizada intramuros en las provincias por los separatistas. La historia que conocemos fue escrita enteramente por los actores triunfales de la conspiración. Una que no dejó nada en pie, y que habiendo logrado la desintegración del continente vendía entonces un proyecto de integración tan ridículo como el de la Gran Colombia, una integración que ya existía ampliamente y había sido, precisamente, la gran obra del reino.

    El caso es que con la mal llamada «independencia» el continente quedó balcanizado en 20 republiquetas pobres y rivales, disputándose tierras y poder, en una región ahora completamente arrasada por las guerras y el pillaje.

    Los republicanos robaron todo, hasta las iglesias. Las élites que tomaron el poder reconstruyeron las ciudades y pueblos a base de expropiaciones. Los indios perdieron sus tierras, subastadas por los revolucionarios y compradas por nada por los propios subastadores, mantuanos secesionistas. Las disputas mantuanas intestinas por el poder se sucedieron de una generación a otra a lo largo del siglo, las guerras continuaron, pero ahora entre republicanos, como es típico entre codiciosos. Con ellas se condenó la región al atraso.

    Después de la «independencia», estas guerras que caracterizaron al siglo XIX se hicieron terribles hacia el final del mismo. Luego, en el XX, apareció el petróleo, un preciado fósil que le dio a Venezuela la impresión de que finalmente todo tuvo sentido y de que había un futuro a pesar del desastre. Pero con dicho rubro milagroso sólo aumentaron las pugnas domésticas, y no tanto la riqueza.

    Con mucho menos recursos, en otros países y regiones del mundo se produjo y se sigue produciendo infinitamente más riqueza que en Venezuela.

    Todas las élites empoderadas desde la independencia le deben pues su poder a Bolívar, el bandido que les dejó un país para su disfrute personal. He ahí el verdadero significado de la «sublime Libertad». Por eso todos los gobiernos posteriores a Bolívar —no sólo el régimen chavista— obviamente le han rendido culto. «Bolívar, el padre de la patria». La patria de cómplices. La de todos sus herederos. La patria suya, DE ellos.

    Venezuela debe, pues, después de este último Estado forajido bolivariano y de su predecesor, el bolivarista de 200 años, ser fundada sobre la base de un proyecto hispánico enteramente nuevo y deslastrado de toda simbología independentista decimonónica; es decir, no refundarse sino fundarse por primera vez como República (ya que no podemos esperar a que estén dadas las condiciones de reintegración al reino originario); es decir, no como 6ta, sino como 1ra República, tarea coherente a cumplir por aquellos que ganen la guerra contra la actual tiranía.

    ¿Pero tendrán suficiente consciencia histórica quienes venzan…? Me temo que no, pasarán aún muchos años antes de que sepan quiénes originalmente somos, seguirán adorando a Bolívar en sus plazas, y en un santiamén brotará el mismo bárbaro protagonismo.


    II

    En 2021, todos los venezolanos seguimos siendo españoles. La grandeza de un imperio generador de vida, cultura y prosperidad, no se acaba con una independencia postiza, impuesta por vía conspirativa, ideológica, fratricida. Ni en 200 años, ni al cabo de 1000 más.

    La fuerza de una cultura poliédrica, sustentada en la lengua común, la diversidad de orígenes y la unión de mundos es prácticamente inmortal, trasciende toda maniobra oportunista. El discurso antimonárquico y antiimperialista de Bolívar fue un republicanismo tan falto de credibilidad que el proyecto de su codiciada República pasaba por someterla a los designios de otras coronas e imperios. No podemos acordarle ninguna ingenuidad a la ambición de nuestros «próceres».

    Nuestra independencia no fue siquiera el romántico error de una élite idealista, fue en cambio, como todos los documentos lo indican (incluyendo la famosa Carta de Jamaica), una consciente patraña mantuana, rica en hipocresía. Léase dicha epístola como un burdo argumento de venta remojado en retórica libertaria, la solicitud descarada de favores británicos para un repartimiento comercial ulterior. No sé qué mente saturnina pueda ver en tal documento una obra visionaria de filosofía política.

    Los herederos de dicha revolución sofista, para completar una traición que llamaron República, un secuestro que llamaron Libertad y una violación que llamaron Independencia, quisieron hacernos bastardos obligados, hijos de Bolívar, un burdo «colectivo» a caballo. Pero somos anteriores a su republiqueta mantuana, bárbara y pre-chavista.

    Esta falsa identidad republicana que hoy portamos los venezolanos, que comenzó con el sometimiento de los abuelos de nuestros abuelos al culto de la independencia tras la barbarie secesionista, está condenada a caer estruendosamente como un edificio de yeso. A 200 años de la bufa comedia, los venezolanos estamos por experimentar un despertar cataclismático.

    Saber quiénes somos históricamente explicará también, de cabo a rabo, ese elixir de viveza criolla y desgracia que es el chavismo. El reencuentro con nuestra hispanidad profunda es inevitable y sacudirá los cimientos de ambos montajes antiimperialistas de ayer y hoy. Con la actual tiranía, ya podemos constatar que nosotros mismos, por haberla producido en el siglo XXI, somos forzosamente producto, como sociedad, de una aberración anterior, puesto que nada sale de la nada. Es lógico que algo muy similar al chavismo tiene que habernos ocurrido en el pasado.

    Para convencernos está por supuesto toda una documentación histórica, pero también el lógico ejercicio responsable de la inferencia. Basta con mirar hacia atrás en busca de algún hito u evento determinante, toparnos con el episodio más relevante (la independencia) y preguntarnos: ¿pero fue realmente algo tan bueno, puro y sano? Y si lo fue, ¿cómo es que una crueldad similar a la del yugo del cual nos liberamos (y que sólo sería inversamente comparable a la bondad del “Libertador”) puede emerger desde nosotros como nación libre en pleno siglo XXI? ¿No será que venimos arrastrando una creencia de pueblo libre en vez de secuestrado?

    Difícil sostener que una nación supuestamente liberada de la crueldad que la subyugaba pueda reproducir, de la nada, una crueldad semejante. ¿No será la misma? ¿Y no pone ello, de por sí, siquiera en duda de qué lado se encontraba en efecto tal crueldad, tal barbarie?

    No quiero imaginar lo que hubiéramos sido sin el aciago triunfo de la sedición mantuana, el desarrollo que tendría hoy nuestra colosal América hispana, una sola nación en vez de veinte, no una parranda de fincas bananeras, sodomizadas con populismo y reguetón. Estos 200 años son un gris segmento de atraso, republicanismo bastardo e «independencia» inconsulta.

    Allá quienes se contentan con buscar lo bueno en todo y terminan convalidando cualquier ultraje histórico, atribuyéndoselo a no sé qué pasatiempo del destino. Se quiera o no, el chavismo es un elocuente coletazo de un error inicial, no veinteañero sino bicentenario. Henos ahora pobres, abandonados, descompuestos en un mundo que no pierde el sueño por nosotros, y al que más conviene nuestra quasi indigencia, que tenernos fuertes y soberanos.

    He allí que sólo nuestra hispanidad podrá salvarnos. ‪¿No habría que hacerle entender, pues, a cada venezolano su Real grandeza? No es venerando el 19 de abril ni el Acta de Independencia que vamos a lograrlo. Sería confundir al carcelero con la llave de la celda.


    ‪X. P.




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    Re: La fallida independencia de Venezuela

    Durante la independencia, Simón Bolívar, busca refuerzos de soldados en Inglaterra, a través del emisario venezolano Luis López Méndez. Solo en Venezuela se contabiliza casi la mitad de soldados que combatieron al lado de Bolívar, eran mercenarios de diferentes países europeos enrolados en la Legión Británica, algunas fuentes señalan 5.300 otros 8.500 hombres.

    Se trataban de veteranos de las guerras Napoleónicas, ingleses, escoceses, irlandeses, inclusive alemanes. Sus motivaciones eran de índole económica y política.

    Anteriormente los británicos mandaron dos expediciones militares fracasadas en 1806 y 1807 al Río de la Plata, también ayudaron en 1806 a Francisco de Miranda invadir Venezuela, en el marco de la guerra anglo-española.

    Aunque a partir de 1809 Reino Unido ayuda a expulsar de la península a las tropas de Napoleón, el parlamento inglés, solía expresar en sus sesiones que no podían dejar que España mantuviera su imperio, a pesar de firmar pactos en el Congreso de Viena.

    Lo cierto es que el gobierno británico apoyó debajo cuerda a los insurgentes, no obstante hacen declaraciones contradictorias señalando de mercenarios a los legionarios y libertadores en otras. Muchos de estos, serían reincorporados luego, con iguales rangos en las fuerzas armadas de Gran Bretaña.

    Las fuerzas expedicionarias británicas zarparon de Londres desde 1817 a 1819 y llegaron a las costas de Venezuela.

    Entre las acciones resaltantes, en julio de 1819, las tropas de James English toman el fortín de la Magdalena y Barcelona. La Legión cometió varios crímenes contra civiles; asesinatos, violaciones, robos (inclusive de licor y se emborrachaban). Hasta profanaron las iglesias. Luego, son enviados a capturar Maturín aunque fracasaron en su asalto al fuerte de Agua Santa.

    En 1820 la Legión Británica comandada por Francis Burdett O’ Connor, arremete contra los indios guajiros, aniquilando pueblos enteros, pero recibiendo muchas bajas, 540.

    También participan en la batalla de Boyacá donde Bolívar proclama "Esos soldados liberadores son los hombres que merecen estos laureles", y en la batalla de Carabobo donde los describió como "Los salvadores de mi nación".


    Autor: Emilio Acosta.






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    ReynoDeGranada dio el Víctor.

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    Re: La fallida independencia de Venezuela

    La separación de Venezuela de la unidad colombiana ha sido vendido como un hecho de voluntad nacional frente a la dominación extranjera, sin embargo, los hechos demuestran a lo largo del año desastroso de 1830 la adhesión de varias localidades y personajes venezolanos a sostener la obra de Bolívar, presentándose contrarrevoluciones contra la usurpación de poder de la nueva oligarquía venezolana, como lo fueron en los pueblos de Rio Chico, Orituco, Guarenas, Guatire, Caucagua, Capaya, Curiepe, Cúpira, Guapo, Uchire, Guanape, El Potrero, Alto Llano, Sombrero, Calabozo, San Sebastián, Siquisique, Carora y otras, al mando de estas reacciones las lideraban el General Julián infante, coronel Francisco Vicente Parejo, comandante Lorenzo Bustillos, Coronel Estanislao Castañeda, comandantes Miguel Sagarzazu, José Plaza y N. Matos entre otros mandos civiles y militares, el expresidente Eleazar López Contreras cuestionaba la versión que ofrecía el General Páez en su Autobiografía sobre la espontanea separación de Venezuela a causa del acatamiento de la “voluntad general de los pueblos de Venezuela”:

    “Por interés políticos falsea Páez la verdad histórica al consignar que la revolución separatista tuvo acogida general en el pueblo venezolano, diversos movimientos contrarrevolucionarios se produjeron a favor del Libertador: Bermúdez, en el Orinoco; Gabante en el Zulia; Galea, en Apure; Cegarra, Castañeda y Alcázar en Barinas y Barquisimeto, se sublevaron, pero fueron dominados por las fuerzas paecistas” (1)

    Entre los movimientos más extendidos podemos encontrar el del General Julián Infante, quien según Antonio Arraiz, se prolongo por 30 días hasta que se propuso un pacto de paz aludiéndole a Infante que Bolívar ya se había ido del territorio de Colombia (cosa totalmente falsa). Los documentos que se citaran están disponibles en el Quinto Tomo de los “Documentos para los anales de Venezuela” disponible en Google Books.

    Una proclama expedida por Infante llamaba a defender la integridad de Colombia:

    “Vuestro juramento es el más firme apoyo de la santa causa de la unión que han proclamado los pueblos, y la resignación de repeler con las armas al enemigo que ose violar nuestro territorio, es la única garantía cierta de nuestros derechos.

    Mil veces hemos dicho que no queremos la guerra, y el modo de excusarla es estar dispuestos a escarmentar a los que intenten hacerla. Si os falta el valor y la resolución para vencer y morir por la justa causa que hemos jurado sostener, podéis retiraros, que mil otros valientes aseguran los destinos de la Patria: pero no, vosotros seréis los primeros y más denodados defensores de la integridad nacional” (2)

    Infante después se marcharía a Nueva Granada donde acompañaria a Bolívar en su lecho de muerte.

    En otro foco del movimiento restaurador, liderada por el coronel Francisco Vicente Parejo y Comandante Lorenzo Bustillos, le enviaban una comunicación a 11 de junio de 1830 al General José Francisco Bermúdez con motivo de rechazo a la insurrección contra Bolívar y la unidad colombiana:

    “… No sabemos cuáles pudieran ser los motivos fundados en principio de razón y de justicia que usted pudiera encontrar para calificar nuestro pronunciamiento en favor de la integridad de Colombia como un paso atentatorio contra la salud pública. ¿No podría decirse esto con verdad del paso dado por usted y por otros hombres investidos de un poder que la Nación les había confiado para mantener la tranquilidad pública, el orden establecido, los derechos y la integridad nacional, en el mes de noviembre último pasado? ¿No han sido estos hombres los que, de un solo golpe, inspirados por sus pasiones, por resentimientos personales, y por mil otras cansas mas o menos innobles y degradantes, han pretendido derrocar la obra de tantos años y el fruto de heroicos y cruentos sacrificios? No ha sido, no, la obra de los pueblos la revolución de noviembre, fue solo concebida por un cortísimo número de personas, que con su influencia de mando y en el ejercicio de un poder arbitrario, en que querían radicarse para siempre, comprometieron y arrastraron tras si a otras que halagaron y sedujeron con mentiras y patrañas y con la esperanza de darles empleos, honores y preeminencias que nunca habían merecido, ni en los campos de batalla, ni en la organización política y de rentas de la República. Puede asegurarse, y persuádase usted que no hay cien personas en toda la extensión de Venezuela de acuerdo con la revolución: la fuerza, las continuas maquinaciones y falsedades, el estado indefenso y oprimido de los pueblos, y el justo temor de una guerra domestica que nos conduciría a la nada, han sido las únicas causas que le han dado una precaria existencia al gobierno revolucionario” (3)

    Y más adelante se cuestionaba sobre la banal acusación hecha a estos por desobedecer a las autoridades del Congreso Constituyente y de Páez:

    “La obra que usted llama de una facción, o de nosotros únicamente, con una suposición maligna y muy gratuita, si no se quiere engañar, y engañar a los demás, la reconocerá por la expresión espontanea, libre de Venezuela y de Colombia toda, expresada en mil actos antes de la revolución, y aun después bajo el yugo feroz de los revolucionarios. Guarenas, Guatire, Caucagua, Capaya, Curiepe, Rio Chico, Cupira, Guapo, Vehire, Guanape, Guarive, el Potrero, Alto Llano, Orituco, Sombrero, Calabozo, San Sebastián y otros muchos pueblos son el testimonio que desmiente la aserción de la carta de usted, y si usted cree, que nosotros hemos quebrantado nuestro juramento, hemos sido falsarios y debemos sufrir el condigno castigo ¿Qué deberíamos decir y que dirá el mundo entero de usted y de los más altos Magistrados, que tantas veces han jurado y protestado a la faz del universo sostener la integridad de la Nación, y prestar obediencia al Primer Magistrado de ella, como Presidente del Estado? (…) Recuerde usted los acontecimientos del año de 1826, y pregúntese a sí mismo, porque traiciona ahora la causa a que antes fue fiel, y recibirá la respuesta de su propia consciencia: las pasiones, los resentimientos particulares y el deseo de venganza, hacen que sacrifique lo que antes fue más caro y estimable”

    Sin duda alguna implacable exposición la de los hombres de armas.

    A los oídos de un expectante Simón Bolívar llegaban las noticias restauradoras por parte del Teniente de Fragata José Miguel Machado, uno de los integrantes del movimiento en Rio Chico, el Libertador les dirigiría una misiva en apoyo a estos:

    “Mi querido general: La llegada aquí del señor Miguel Machado nos ha traído el consuelo de saber que los pueblos de Venezuela han vindicado mi honor, volviéndome a reconocer como jefe de la nación, y que Vd. esta a la cabeza del movimiento popular al cual debo la restauración de mi gloria empañada con los sucesos infaustos que empezaron a fines del año pasado, pero gracias al valor y patriotismo de Vd. y de mis compatriotas, hemos recobrado, si no todos los bienes perdidos, el honor a lo menos” (4)

    Es conocido que también por esas fechas se estarían desarrollando las acciones de los partidarios de Bolívar en la Nueva Granada para restituirle en el poder, respaldados por buena parte de la población, entre los comandantes destacaban el General Rafael Urdaneta (quien asumiría una corta Dictadura después de deponer a Mosquera), General Mariano Montilla, General Florencio Jiménez (todos Venezolanos) entre otros, mientras tanto Flores en el nuevo estado de Ecuador ofrecía las armas para pacificar a la Nueva Granada, sin embargo estos esfuerzos se cortarían drásticamente con la prematura muerte de Simón Bolívar en Santa Marta.


    (1)Eleazar López Contreras, “El presidente Cipriano Castro”, edición de 1986. Pág. 54

    (2) Proclama del General Julián Infante a los Oficiales y tropa que acababan de jurar las banderas de Colombia, Cuartel General de Orituco, 26 de junio de 1830.

    (3) Carta del coronel Francisco Vicente Parejo y Comandante Lorenzo Bustillos, a 11 de junio de 1830 al General José Francisco Bermúdez

    (4) Carta de Bolívar dirigida al general Pedro Briceño Méndez para que se la entregara al jefe de la reacción de Rio Chico y el Llano, escrita en Cartagena el 29 de junio de 1830: Vicente Lecuna, Papeles de Bolívar - Volumen48, edición de 1920. Pág. 269 Ver menos






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    Re: La fallida independencia de Venezuela

    En agosto de 1818 las fuerzas republicanas al mando de Juan Antonio Sotillo, cometen una serie de tropelías en la provincia de Barcelona, de donde este era nativo, y especialmente en la Villa de San Diego de Cabrutica, en el actual estado Anzoátegui.

    Las tropas al entrar en la población, a pesar de que estaba bajo dominio republicano, cometen una serie de saqueos y violaciones contra los civiles; al retirarse las fuerzas incendian varias viviendas de la zona.

    Este hecho hizo que Bolívar llamara la atención al general José Tadeo Monagas, quien estaba al mando de la provincia de Barcelona, a la cual pertenecía el pueblo de San Diego, escribiéndole una misiva desde Angostura el 22 de agosto de 1818, en donde le señala:

    «Acabo de ser informado que, en casi toda la Provincia del mando de V.S., y muy principalmente en el Departamento de San Diego, se ha procedido con la mayor dureza contra las familias y propiedades de los vecinos de ellas que están sirviendo o en la Brigada del General Zaraza o en esta Provincia u otras.

    (…)

    Sería necesario convenir en estos destructores principios, si fueren ciertas las medidas y la persecución empleada contra los individuos que sirven en otras Divisiones.

    Yo no quiero creer la conducta que se atribuye en San Diego al Coronel Sotillo, porque creo imposible que éste cometa los excesos de que le acusan con diferentes familias; pero prevengo a V.S. que tome sobre esto todos los informes necesarios, y ponga en consecuencia remedio a estos males si son ciertos».

    Se puede presumir que estos actos no fueron castigados, ya que no existe documentación sobre los informes señalados, ni tampoco remedio alguno ante los abusos cometidos.



    Autor: Emilio Acosta.

    *En comentarios carta completa de Bolívar a José Tadeo Monagas.











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    Re: La fallida independencia de Venezuela

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    El 9 de enero del año 1817, Bolívar y Arismendi se encuentran en Clarines, con el coronel realista Francisco Jiménez y sus efectivos atrincherados en la línea del río Unare.

    Dentro de las tropas de su majestad el Rey, se encontraban los tenientes coroneles de las milicias realistas: Charuán y Benito Guayta, caciques de Caigua, San Miguel y Clarines.

    El cacique de Clarines, José María Charuán, marcha por el bosque y logra atacar sorpresivamente la retaguardia republicana con 40 de sus indios jinetes.

    De 600 hombres que estaban en las fuerzas insurgentes, sobrevivieron 4 o 5 oficiales, Bolívar y Arismendi, ya que huyeron de la batalla en una canoa.

    El escritor venezolano José Domingo Díaz, narra el episodio en su obra «Recuerdos Sobre la Rebelión de Caracas», 1829:

    «La provincia y capital de Barcelona estaban en poder de los sediciosos desde los últimos meses de 1816. Allí se apareció Simón Bolívar y se reunieron Mariño, Arismendi, Monagas, Piar, MacGregor y otros varios de los principales. El coronel don Francisco Jiménez, valentísimo español europeo, guardaba la línea del río Unare con una división, casi toda compuesta de indios de las misiones de Píritu en fuerza de novecientos hombres, y estaba estacionado en la izquierda de aquel río y en el pueblo de Clarines, que había fortificado lo posible. Bolívar, tan aturdido como desatinado, dispuso penetrar y sorprender a la ciudad de Caracas, distante cincuenta leguas de caminos intransitables (…). Para llenar sus miras el cobarde y sanguinario Arismendi condujo de la isla de Margarita, su patria, setecientos hombres, y con otros cien que reunieron se arrojaron a la empresa en los primeros días de enero de 1817. Pasaron libremente el Unare y se dirigieron sobre el pueblo de Clarines con toda la seguridad de la victoria. El coronel Jiménez lo había previsto todo, porque todo lo esperaba de su atolondrada vanidad, y como si obrase por sus órdenes, cayó con toda su división en una emboscada que le tenía dispuesto en lo más áspero del camino. Bolívar, Arismendi y cuatro o cinco oficiales pudieron repasar el río en una canoa, y los dos primeros entraron en Barcelona montados sobre una».

    Autor: Emilio Acosta. Ver menos






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