Me imagino -decía Rubén Darío-, en esa hora del Señor, cuando resurja España, que el lírico tribuno sonríe al escuchar en lo eterno, del lado de la tierra, de lado de las columnas de Hércules, algo semejante a una salutación y a un trueno: un rugido.
Platón- ¿Qúe es eso?
Castelar- Es mi León.
De lado de nuestra tierra, por encima de la cumbre del Pichincha, se oirá algo semejante a una salutación y a un trueno, apenas estalle
la aurora del nuevo Ecuador (y del nuevo Mundo).
Crespo Toral- ¿Qué es eso?
García Moreno- Es nuestro grito: ¡Dios no muere
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