MARTÍN ALHAJA EL DE LA CABEZA DE VACA
EL PASTOR QUE DESCALABRÓ A LA MEDIA LUNA
A la memoria de los Martines Alhajas de todos los tiempos.
Lunes era por julio, del año del Señor de 1212. Una poderosa confederación de ejércitos cristianos asomaba los yelmos y las puntas de sus lanzas por lo que hoy es Despeñaperros: "El rrey don Alfonso, con los otros rreyes e gentes que le aconpañavan, oyeron misa e fueron asueltos por el arçobispo don Rrodrigo. El noble rrey don Alfonso hordenó su hueste en esta manera: don Diego López de Aro ovo la batalla delantera con sus parientes e vasallos. En la segunda batalla, yva don Gonçalo Núñez, con los frayles del Templo, e del Ospital, e de San Juan, e de Santiago, e de Calatrava. E en la terçera, yva Rrui Días de los Cameros e Alvar Díaz, su hermano, e otros nobles cavalleros. En en la quarta e postrimera vatalla, yva el noble rrey don Alfonso e, con él, el arçobispo don Rrodrigo de Toledo. En otra batalla, yva el rrey don Pedro de Aragón, con el qual yvan muchos cavalleros de su rreyno. E demás déstas, ordenó otras dos batallas. En la primera de la vanguardia, yva por capitan mayor don Garçía Rromero, e en la otra segunda, don Simón Tornel, e en las alas de las batallas yvan peones de su rreyno e de las comunidades del rreyno de Castilla. E el rrey don Sancho de Navarra yva en otra batalla co los cavalleros y rricos honbres de su rreyno e con gentes de las comunidades de Ávila, e Segouia, e Medina del Canpo, el qual yva a la diestra ala del rrey don Alonso de Castilla".
Este era el orden de batalla de los ejércitos españoles, según Pedro de Escavias en su "Repertorio de Príncipes de España" (siglo XV).
Cuenta también el mismo alcaide de Andújar, Pedro de Escavias, que en las vísperas de esta gloriosa batalla, hubo discrepancias entre los caudillos que formaban aquel ejército reconquistador.
"E estando en estas diferençias, vn honbre en ábito de pastor pobremente bestido les apareçió delante. E al rrey don Alfonso e a los que con él estavan, dixo que el puerto de la Losa non podrían pasar en ninguna manera, ansí por ser fragoso, como por muchos moros que en la defensa estavan, pero que si el rrey le fiziese merçed, él le mostraría allí çerca vn camino llano por el qual en salvo todo su exército, fasta las Navas de Tolosa, pasase. De lo qual, el rrey fue muy alegre pero, porque no se le dio mucha fee, enbiaron con él a don Diego López de Aro e a don Garçi Rromero de Aragón a provar si era verdad. En tal manera los guió, que llanamente pasaron. E en vn llano que ençima de un monte se fazía, asentaron sus tiendas. E fiziéronlo saber a los rreyes los quales, con todas su compañas, en aquel lugar que asaz çerca del rreal de los moros estava, asentaron su exército" (Repertorio de Príncipes de España, Pedro de Escavias.)
No faltan relatos en los que al enigmático pastor que guía a los cristianos es considerado un emisario del cielo, un extraño ángel con zurrón y cayado. Sin embargo, Gonzalo Fernández de Oviedo, en el "Catálogo real de los reyes de Castilla" transmite una tradición más verosímil, dándonos hasta el nombre de este pastor, cuya colaboración con los ejércitos cristianos fue de decisiva importancia para el éxito de esta batalla. Gonzalo Argote de Molina nos resume cuanto Gonzalo Fernández de Oviedo venía a decirnos de Martín Alhaja y de lo que la historia deparó a sus descendientes.
"Llamábase este pastor Martin Alhaja, el cual había dado por seña á D. Diego López de Haro y á D. Garia Romeu, que en aquel paso que les mostraría hallarían la calavera de una vaca que los lobos poco tiempo había le habían comido, y luego que á aquel lugar llegaron hallaron la cabeza de la vaca que Martín Alhaja les había referido. Por lo cual el rey le dió por armas siete jaqueles rojos en campo de oro, y una orla con seis cabezas de vaca blanca en campo azul, y fué llamado el de la cabeza de vaca. Y sus descendientes conservaron este apellido [...] Lo que puedo afirmar de este linaje es que de muy antiguo ha sido de principales caballeros en este reino. Porque ya en la general historia en el capítulo último, veinti y cuatro años despues de esta batalla, D. Fernando Ruiz Cabeza de Vaca era gran caballero, y por tál le pone la historia el primero de los que al rey D. Fernando el Santo acompañaron para la conquista de Córdoba, cuando la ganaron los caballeros de la frontera. Y de este caballero hay memoria en el repartimiento de Sevilla en el año de 1253, entre los caballeros principales de la Mesnada del rey."
Y de este tronco de Martín Alhaja brotaría como descendiente de gloriosa memoria Álvar Núñez Cabeza de Vaca (aprox. 1490-1557), explorador del Golfo de México, gobernador y adelantado del Río de la Plata.
Nos lo imaginamos al crepúsculo de aquella tarde. El sol rasga en jirones la raya de poniente. Unos pastorcicos, entre los que se halla Martín Alhaja, se disponen a cenar al raso. Son nietos e hijos de mozárabes, gentes de la frontera, algunos trabaja para su dueño moro. Sacan de sus zurrones rico queso, y tocino. Pero al echar mano a las botas de vino las han encontrado vacías. Discuten quién será el que tiene que ir a llenarlas a poblado. Lo han echado a suertes, y esta vez le ha tocado a Martín Alhaja. Tendrá que ir con las botas de pellejo de los compadres, para llenarlas. Ha dejado sus ovejas a la custodia de sus compañeros, que sin aguardarlo matan el hambre partiendo el pan con las manos sucias, mientras anhelan el vino. Tienen hecha la hoguera, miran la danza de las llamas, mientras Martin regresa con el vino. Martin, con las botas de pellejo vacías camina a poblado, cuando advierte un poderoso ejército acampado allí. Se acerca, sin que nadie se lo impida y propone conducir a los guerreros por el paso más seguro y menos advertido de los moros. Indica a Diego López de Haro y a Don Garci Romeu de Aragón que vayan por allí y encuentren la Cabeza de Vaca que les indicará el camino que él les recomienda.
Martin no puede acompañarlos, pues tiene que terminar el mandado de sus compañeros los pastores. Por los vericuetos de aquellos barrancos y precipicios de Despeñaperros, se perfila la silueta de un pastor solitario. Como adlátere lleva un perro poco ladrador, pero mordedor. Martin regresa con el vino al campamento de pastores. Les dice lo que ha encontrado en el camino. Aquella noche no puede dormir, mira de hito en hito su cuchillejo y su honda.
Unas horas después, cuando los cristianos están combatiendo, unos pastores con Martin Alhaja se allegan a aquel campo de batalla. Sacan sus cuchillejos y se meten en el fragor de la batalla. No van encuadrados en las Órdenes Militares del Temple, el Hospital, Santiago, San Juan o Calatrava... Tampoco en las mesnadas de ningún ricohome de Castilla, ni infanzón de Aragón. Esos pastores son parte del pueblo oprimido durante centurias por el moro, y ese día se darán la satisfacción de hacerles pagar a esos perros mahometanos tanta miseria y ultraje. Y aquel lunes, en las Navas de Tolosa, la media luna empezó a menguar... Un pastor la había descalabrado con su honda.
Por los vericuetos de aquellas barranqueras... Se perfila la silueta del pastor solitario. En una tarde de mayo, cuando caía el sol, pude verlo:
Aquel pastor tenía un nombre: Martin Alhaja... Era ibero y guerrillero de Viriato antes de Cristo. Su nombre era Martin Alhaja... Era mozárabe y destripó moros en las Navas de Tolosa en 1212. Su nombre era Martin Alhaja... Era español y apuñaló franceses en Bailén en 1808. Su nombre era Martin Alhaja... Era realista y cazó, como quien caza a una alimaña, a Rafael del Riego en un cortijo entre Vilches y Arquillos en 1823. Su nombre era Martin Alhaja... Era carlista y mató "negros liberales" en las partidas del General Gómez en 1836. Su nombre era Martin Alhaja... Era de cualquier pueblo de Jaén y combatió con denuedo a los invasores tanto como a sus colaboracionistas.
Era, para acabar, un pastor de las tierras norteñas de Andalucía. Y cuentan los lugareños que siempre que por Jaén se oyen pasos extraños, Martín Alhaja se levanta de la huesa y su sombra se pasea por Despeñaperros, para despeñar a todos los perros enemigos por aquellos barrancos.
Martín Alhaja, que en gloria esté, bendita sea tu navaja.
Maestro Gelimer
LIBRO DE HORAS Y HORA DE LIBROS
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