Y TRAS EL LIBERALISMO, LA SECTA SADUCEA



Fernando e Isabel, nuestros Reyes Católicos

LOS CRIPTO-SADUCEOS SEFARDITAS, CONSTRUCTORES DEL MUNDO MODERNO Y LIBERAL

El sentir liberal moderno -en el que casi todos nuestros contemporáneos se reconocen- no cabe atribuirlo simplemente a la francmasonería (por mucho que ella haya trabajado para lograr el mundo que hoy tenemos). Hay un subterráneo y emponzoñado venero del que se nutre el liberalismo europeo, el mismo liberalismo que las logias asumirán y propagarán.

Pero para encontrar el origen de ciertas ideas que formarán parte del patrimonio liberal en sus líneas clásicas (Locke, p. ej.) es de rigor remontarse a pensadores judíos de los siglos XVI y XVII, casi todos ellos sefarditas de Portugal y España emigrados a las Provincias Unidas neerlandesas: Prado, Baruch de Espinosa y Uriel da Costa. A cada uno de estos grandes filósofos judíos hemos de dedicar un artículo por separado, pues bien lo merecen -sobre todo la figura portentosa de Baruch de Espinosa. Pero hoy lo que vamos a presentar es un hecho, apenas conocido, silenciado y omitido.


Con frecuencia se culpa a los Reyes Católicos de ser monstruos de intolerancia que, no contentos con haber rematado la Reconquista con la toma de Granada, el mismo año de 1492 en que Cristóbal Colón descubría América, decretaron la expulsión de los judíos que no se convirtieran a la Iglesia Católica. Los Reyes Católicos habían instaurado la Inquisición, habían frenado a los nobles y pusieron las bases más sólidas para que España se tornara con Carlos y Felipe de Habsburgo en una gran potencia mundial, dominadora de gran parte del planeta. Sobre los Reyes Católicos cae toda una infame literatura calumniosa que tiende a presentárnoslos negativamente.

Pero, ¿sabe alguien quiénes se adelantaron a los Reyes Católicos en forzar la conversión al judaísmo "ortodoxo" mediante la coacción?

Vamos a explicar este episodio, pues de lo contrario no podremos entender ciertas ideas irreligiosas que prosperarán en la Europa del siglo XVII y que tienen en España su origen.


El filósofo judío de origen lusosefardita Baruch de Espinosa

Según el eminente historiador judío Flavio Josefo, los judíos estaban divididos en fariseos y saduceos. Los fariseos eran los observantes estrictos de la Ley (se les puede ver actuando en el Evangelio, tentando a Jesucristo con la aviesa intención de denunciarlo y llevarlo a los tribunales; también asoman en los divinos renglones del Evangelio los saduceos). El mismo Flavio Josefo era fariseo.

¿Qué pensaban los saduceos? ¿Cuál era digamos que su "sistema" de creencias?


Según nos aclara Flavio Josefo los saduceos rechazaban una serie de observancias religiosas muy queridas por los fariseos. Y además de no secundar las prácticas establecidas por los fariseos, los saduceos no creían en la vida más allá de la muerte, digamos que, al igual que algunos filósofos griegos, los saduceos sostenían que el alma moría con el cuerpo, lo que los hacía ser una suerte de materialistas antropológicos. Otro punto de divergencia entre saduceos y fariseos era la interpretación de la Ley.

Tras la destrucción del Templo de Jerusalén se supone que todo el judaísmo es exclusivamente fariseísmo, pero eso es una visión parcial que la historia se encarga de refutar. En España, durante la Edad Media, estalló el conflicto entre saduceos y fariseos, lo cual comporta que los saduceos eran fuertes en la comunidad judaica. Todo indica -según apuntan las fuentes- que la judería de Burgos era un centro dominado por saduceos; contra la secta saducea -reputada de impía por los rigoristas fariseos- escribió el rabí Moses de León. Es el mismo rabí quien nos revela que los judíos saduceos, considerados disidentes de la Sinagoga, fueron reprimidos y forzados a convertirse al fariseísmo con ayuda del brazo secular que a los fariseos le prestara el rey cristiano. Poco antes, en Carrión, saduceos y fariseos se habían enfrentado violentamente. Los alborotos en la judería carrionesa habían sido de tal calibre que Alfonso IX de León tuvo que intervenir. El médico judío del Rey Alfonso, el granadino Benalfacar, aconsejará al Rey Alfonso IX que imponga a los saduceos la conversión al fariseísmo. Y así lo hizo Alfonso IX.


Pero, como todas las conversiones religiosas forzadas, aquello no podía suponer otra cosa que la creación de un cripto-saduceísmo, un saduceísmo oculto y clandestino que aflorará, cuando la situación lo haga posible, en las juderías de las Provincias Unidas, allí donde se han ido a refugiar los judíos sefarditas de España y Portugal. En esas juderías, de la mano de ciertos pensadores que serán reprobados y expulsados de la Sinagoga, será endonde germinen las principales ideas que luego serán identificadas como liberales y que la francmasonería propagará y propaga.

Vemos así que, con antelación a los Reyes Católicos, los mismos judíos fariseos de España fueron los pioneros en ese ejercicio político-religioso de imponer las creencias bajo coacción. Algo que, con el tiempo, siempre pasa factura.

LA ESPAÑA ANTIMASÓNICA