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Tema: Proclamación Fernando III el Santo en Autillo de Campos

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    Proclamación Fernando III el Santo en Autillo de Campos

    Proclamación Fernando III el Santo en Autillo de Campos (Capítulo 1)

    El pasado 23 de abríl, el Presidente de la A.C.T. Fernando III el Santo, Luis Carlón Sjovall, pronunció una conferencia en la localidad palentina de Autillo de Campos, en la que se abordaron los precedentes y el desenlace de los hechos que desencadenaron en la Proclamación de Fernando III el Santo como Rey de Castilla en esta misma localidad el 14 de junio de 1217. Además, Carlón instó al cambio de la actual Festividad de Castilla y León, que conmemora el aniversario de la derrota de la revuelta Comunera, por la fecha del 30 de mayo, Festividad de San Fernando. De esta manera, comentó Luis Carlón -se reconocería a quien es el gran símbolo de nuestra tierra y unificador de los reinos de León y Castilla-; también recordó la importancia histórica de Autillo de Campos como lugar simbólico, pues fue allí mismo, con la Proclamación de San Fernando -donde se forjó la Corona de Castilla, alma y espada de las Españas, y transmisora de la Civilización y Tradición Católica por todo el Orbe Mundial-.





    PRECEDENTES


    Para entender con claridad el porqué se llegó al rocambolesco desenlace ocurrido en Autillo de Campos aquel 14 de junio de 1217, tenemos que retroceder casi sesenta años, cuando el rey Alfonso VIII –a la sazón abuelo de San Fernando– subió al trono de Castilla. Y es que Alfonso, hijo de Sancho III “el deseado”, y de Blanca Garcés de Navarra; había quedado huérfano de madre al nacer, y de padre con apenas tres años de edad.


    Alfonso VIII "el noble"
    Desde el tiempo de Alfonso VI "el bravo", los dos reinos hermanos se habían mantenido unidos bajo la misma Corona, pero a la muerte de Alfonso VII “el emperador” el 21 de agosto de 1157 volvieron a separarse, quedando Fernando II como Rey de León y Sancho III como Rey de Castilla. Inmediatamente se reanudaron los sempiternos conflictos entre ambos reinos, que concluyeron con la firma del “Tratado de Sahagún” en el que se fijaban las fronteras y derechos de conquista de ambos Reinos. Pero la repentina muerte de Sancho el 31 de agosto de 1158 –apenas un año después de su Coronación– dejaba a Alfonso VIII como Rey de Castilla, con apenas tres años de edad. Suceso que dejó sin efecto el acuerdo de Sahagún al entender Fernando II que tenía derecho a reunificar ambos reinos bajo su Corona.


    Fernando II de León
    Sancho III de Castilla


    Ante esta inesperada situación, en la que la vida del niño Rey corría evidente peligro, se designó un gobierno en el que las dos principales familias castellanas –los Castro y los Lara– se repartirían el poder. Así, quedó como tutor y protector de Alfonso, Don Gutierre Fernández de Castro, y como regente del Reino, Don Manrique Pérez de Lara. Poco duró esta paz, pues las rivalidades entre ambas familias desencadenaron en una Guerra Civil que aunque en un principio vencieron los Lara –haciéndose también con la tutoría del rey Alfonso–, continúo latente hasta la mayoría de edad del monarca.



    Fronteras aproximadas de España antes y después de muerte de Alfonso VII
    Durante ese tiempo, los Castro se unieron al rey Fernando de León, conquistando entre ambos territorios castellanos como Palencia, Burgos, Segovia o Toledo; mientras que por el sector oriental del Reino, Navarra, aprovechando el desgobierno castellano, invadía los territorios riojanos y vascos. Al Joven Rey le trasladaban los Lara constantemente de lugar para protegerlo, siendo apenas Ávila y Soria los únicos territorios que se mantenían firmes. La situación se complicó aún más, cuando el regente Don Manrique de Lara fue muerto a manos de Fernando de Castro en la “Batalla de Huete” en 1163. A partir de ahí se hizo cargo de la regencia y tutoría Don Nuño Pérez de Lara, hermano menor de Don Manrique.



    Castillo de Huete (Cuenca) en la actualidad
    Con la mayoría de edad del Rey, Castilla entraría en un periodo de estabilidad. Alfonso VIII no solo recuperó progresivamente los territorios perdidos durante su minoría de edad, sino que acabó convirtiéndose en el monarca más importante de los reinos cristianos españoles del Siglo XII. Tras su matrimonio con Leonor Plantagenet –hija de Enrique II de Inglaterra y Leonor de Aquitania–, reforzó con la dote recibida arcas y territorios –la borgoña francesa por ejemplo pasó a formar parte de la Corona de Castilla–, y tras garantizar las fronteras con los reinos cristianos se dedicó a comandar la necesaria Cruzada frente al Imperio Almohade, que tras conquistar todas las taifas musulmanas, ya amenazaba la propia ciudad de Toledo.



    Imperio Almohade a principios del S. XIII
    Las Batallas de Alarcos y Navas de Tolosa sintetizan los últimos veinte años del reinado de Alfonso –cincuenta y seis años duró–. En la primera, sucedida en 1195, el ejército castellano sufrió quizá la más desastrosa derrota de su historia, poniendo de nuevo el Reino –e incluso a la Cristiandad Hispánica al completo– al borde de la desaparición; hecho que se frenó, ya con los musulmanes a las puertas de Toledo, Madrid y Guadalajara, gracias a que el Califa Yusuf tuvo que abandonar España por problemas en su retaguardia africana. Así, la frontera sur quedó establecida durante unos años en el río Tajo. Este tiempo que pasó hasta la Batalla de “Las Navas de Tolosa”, lo dedicó el Rey tanto a recuperar su ejército, como a unificar acuerdos con otros Reinos cristianos; situación que culminaría en la primavera de 1212 con la obtención de la bula de Cruzada conseguida en Roma por el obispo de Palencia, Don Tello Téllez de Meneses. Así, en julio de 1212 nuevamente se enfrentaron los ejércitos de Castilla –apoyados por Aragón, Navarra y caballeros venidos de Portugal, Francia, Italia y Alemania–, al Imperio Almohade al mando del Califa Al-Nasser (hijo de Yusuf). La victoria fue total para Alfonso VIII en Navas de Tolosa, estableciendo desde ese momento la frontera sur del Reino en el Valle del Guadalquivír.



    Batalla de "Las Navas de Tolosa"
    Como conclusión al reinado de Alfonso VIII, podemos establecer que no solo consolidó a Castilla como Reino independiente, sino que lo convirtió en el más poderoso de la Cristiandad española, y uno de los más fuertes de Occidente. Además, y esto no debemos olvidarlo, durante su reinado, su principal apoyo fue la familia Lara, la cual se convirtió en la más poderosa de Castilla. Don Nuño, quien con tanto esmero cuidó a Don Alfonso de niño, falleció en 1177, siendo a partir de ese momento sus hijos, encabezados por Don Álvaro Núñez de Lara quienes ocuparon los puestos de poder en el Reino.


    23/04/2016 (Autillo de Campos)
    Luis Carlón Sjovall
    A.C.T. Fernando III el Santo


    A. C. T. Fernando III el Santo

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    Re: Proclamación Fernando III el Santo en Autillo de Campos

    Proclamación Fernando III el Santo en Autillo de Campos (Capítulo 2)






    INFANCIA DE SAN FERNANDO


    Tras la muerte en 1188 del rey Fernando II de León, subió al trono con apenas diecisiete años su hijo Alfonso IX. Al poco tiempo, y a pesar de que había sido nombrado caballero y prestado vasallaje a su primo Alfonso VIII de Castilla en Carrión de los Condes, se desencadenaron las habituales hostilidades entre León y Castilla, conquistando los castellanos diferentes fortalezas y plazas leonesas como Valencia de Don Juan y Valderas. La situación empeoró cuando el leonés llegó a un acuerdo de no agresión con los almohades, siendo excomulgado por el Papa, y declarado el Reino de León enemigo de la Cristiandad. Tras unos años de mucha tensión, se firmó en 1194 el “Tratado de Tordehumos”, por el cual Castilla se comprometía a devolver los territorios conquistados –cosa que no hizo en su totalidad–, a cambio de que Alfonso IX se casase con la hija mayor del castellano, la infanta Doña Berenguela. La boda se celebró finalmente en la Iglesia de Santa María de Valladolid el primero de diciembre de 1197 recuperándose por un tiempo la paz entre los Reinos hermanos.


    Alfonso IX de León (miniatura medieval)
    De este matrimonio nacerían cinco hijos (Leonor 1199-1201), Constanza (1200-1242 monja en Las Huelgas), (Fernando 1201-1252), (Alfonso 1202-1272 Señor de Molina) y (Berenguela 1204-1237 Reina de Jerusalén por su matrimonio con Juan de Brienne); que se unían, atención a este dato a (Sancha 1191-1243), (Fernando 1192-1214) y (Dulce 1193-1248) nacidos del primer matrimonio del rey Alfonso IX con Doña Teresa de Portugal, y que ya había sido anulado por consaguinidad.


    Berenguela I de Castilla
    El matrimonio entre Doña Berenguela y el rey Alfonso IX duró hasta 1204, año en que el Papa Inocencio III anuló el permiso concedido por su antecesor Celestino III; y también por motivos de consanguinidad obligó a la separación de los cónyuges, consintiendo, eso sí, que los herederos fuesen considerados legítimos. Tras la anulación, Doña Berenguela retornó al Reino de Castilla junto con sus cuatro hijos.


    Esta nueva situación trajo dos consecuencias inmediatas; por un lado el retorno a las hostilidades entre León y Castilla, y por otro que San Fernando, el cual había sido nombrado heredero de León al nacer, era apartado por su padre de sus derechos dinásticos en beneficio del otro Fernando –el nacido del matrimonio con Doña Teresa de Portugal–, y de sus hermanas Doña Sancha y Doña Dulce.


    San Fernando
    Volviendo propiamente a la infancia de San Fernando, sabemos con seguridad que nació un 24 de junio de 1201, en un paraje de la tierra del vino zamorana llamado Valparaíso. Probablemente Berenguela se dirigía a Salamanca, donde por las crónicas sabemos que se encontraba Alfonso IX cuando la Reina se puso de parto, y dio a luz en el camino. Quizá por eso uno de los sobrenombres con los que se conoció a San Fernando en su tiempo fue “el Montesino”. También sabemos que en los primeros días de julio nuestro San Fernando fue bautizado en Salamanca. Pocos más datos hay de esa primera infancia leonesa, suponiendo que la pasó tanto en Santiago de Compostela como en la capital leonesa junto a su madre y hermanos.


    Capilla de San Fernando en Valparaíso (Peleas de Arriba, Zamora)
    Contando tres años de edad San Fernando, y como antes comentaba, vuelve a Castilla junto a Doña Berenguela y sus hermanos. Tampoco tenemos muchos datos de ese tiempo, aunque sí sabemos que la familia se estableció en Burgos junto a los reyes Don Alfonso y Doña Leonor. Es lógico por otra parte no tener muchos datos, pues en esa época San Fernando ya no era heredero de León, y en Castilla aún vivían dos hijos varones de Alfonso VIII, con lo cual tampoco era imaginable que llegase algún día a coronarse como Rey ni de Castilla, ni de León.


    Sí conocemos por medio de la Crónica de Alfonso X el Sabio, el milagro vivido por San Fernando en cuerpo propio cuando apenas contaba con cinco años de edad. Gravemente enfermo de fuertes fiebres, y ante la imposibilidad de cura que le daban los galenos en la Corte, su madre lo llevó hasta el monasterio de Santa María de Oña en solemne procesión y lo dejó a los pies de la imagen de la Santa Virgen, a la cual profesaba gran devoción. Nos lo cuenta así Don Miguel de Manuel en su obra “Crónica de la Vida del Santo Rey Don Fernando III”: “Sabemos sólo una bien apreciable noticia de todo el tiempo de la minoridad del Santo. Visitóle Dios con una tan grave enfermedad, que no se sujetaba a las leyes de la medicina. Doña Berenguela empleó todo su cuidado en su curación, y fatigó toda la ciencia de los mejores médicos para el alivio; pero desesperada ya de cuanto podían idear la ciencia y la fantasía, cuando el enfermo es un príncipe, y está de peligro una corona, determinó buscar sobrenatural remedio, cediendo a su hijo en manos de mejor madre, y ofreciéndole en las aras de la Virgen María, para que encargándose le restituyese la salud, le conservase la vida, y tomase a su cargo su fortuna”.


    El monasterio de Santa maría de Oña en la actualidad
    Sobre el año 1212, tanto San Fernando como su hermano Alfonso, así como su tío Enrique –futuro rey Enrique I “el niño”– debieron de trasladarse a Palencia para perfeccionar sus conocimientos en la recién creada Universidad, bajo la tutoría del obispo Tello Téllez. En nuestra ciudad, en la que estuvo seguramente hasta el año 1214, debió San Fernando forjar su inclinación hacia las artes y el conocimiento, así como ahondar en su fervor religioso.



    Enrique I de Castilla

    En agosto de 1214, fallecía repentinamente su hermanastro Fernando, a la sazón heredero de León, y Alfonso IX, reclamaba a Castilla al joven Fernando para nombrarle heredero, y hacerse cargo de su educación. Doña Berenguela consintió, y nuestro San Fernando, con apenas doce años se trasladó hasta León junto a su hermano Alfonso. En esta época sabemos que dedicó su tiempo al aprendizaje tanto del arte militar, como a la preparación para el buen gobierno. Tres años pasó en León Fernando junto a su padre, hasta que en la primavera de 1217 fue reclamado por su madre que se encontraba sitiada en Autillo por los Lara. Sin duda, aunque siempre fue leal a su padre y a su regio destino, San Fernando ya llegó a León impregnado de una profunda concepción política, cultural y religiosa de la vida, mucho más cercana al espíritu castellano, que al leonés. Y con esa convicción, añadida a la sincera devoción que sentía hacia su madre partió hacia Autillo en su ayuda.


    23/04/2016 (Autillo de Campos)
    Luis Carlón Sjovall
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    Re: Proclamación Fernando III el Santo en Autillo de Campos

    Proclamación Fernando III el Santo en Autillo de Campos (Capítulo 3)



    GUERRA CIVIL EN CASTILLA (1214-1217)


    Tras la “Batalla de Las Navas de Tolosa”, el rey Alfonso VIII volvió a Castilla junto a sus ejércitos, quedando en la frontera sur del Reino asentando las posiciones tomadas algunos de los principales magnates castellanos. El “noble” rey sentía ya el paso de los años, y el deber cumplido. De su matrimonio con Leonor Plantagenet habían nacido diez hijos (Berenguela 1179-1246), (Sancho 1181), (Sancha 1182-1184), (Urraca 1186-1220 Reina de Portugal), (Blanca 1186-1252 Reina de Francia), (Fernando 1189-1211), (Mafalda 1191-1204), (Leonor 1190-1244 Reina de Aragón), (Constanza 1195-1243 Abadesa Las Huelgas) y (Enrique 1204-1217). En principio, como vemos, la política matrimonial llevada a cabo con sus hijas garantizaba la fortaleza del Reino, pero la repentina muerte del infante Don Fernando en 1211, debió de ser un duro golpe, pues con los veintidós años que contaba, debía ya de estar perfectamente preparado para asumir el control del Reino en cuanto fuese necesario.


    El rey Alfonso VIII murió el seis de octubre de 1214, en la localidad abulense de Gutierre-Muñoz, cuando se dirigía a Plasencia a reunirse con su aliado, el rey Alfonso II de Portugal. Así nos lo cuenta el arzobispo Jiménez de Rada en su Crónica “De Rebus Hispaniae”: Habiendo cumplido LIII años en el Reyno el noble Rey Alfonso, llamó al Rey de Portugal su yerno para verse con él; y habiendo empezado su camino dirigido a Plasencia, última ciudad de su dominio, empezó a enfermar gravemente en cierta aldea de Arévalo que se llama Gutierre Muñoz, donde últimamente, agravado de una fiebre, terminó la vida y sepultó consigo la gloria de Castilla, habiéndose confesado antes con el arzobispo Rodrigo, y recibido el sumo Sacramento del Viático, asistiéndole Tello, obispo de Palencia, y Domingo, de Plasencia.


    Sepulcro de Alfonso VIII y Leonor Plantagenet (Monasterio de Las Huelgas, Burgos)
    A su muerte, quedó su hijo Enrique I como Rey, bajo la tutela de su madre Doña Leonor; pero poco duró esta situación, pues la Reina madre murió el 31 de octubre –menos de un mes después que su marido Alfonso–. Así las cosas, se decidió que fuese la hija primogénita Doña Berenguela quien ostentase la tutoría de su hermano el “Rey niño”. Tranquilos corrieron para Castilla los meses primeros de Regencia, apoyados en el buen gobierno de la infanta, y así sabemos que Doña Berenguela junto al rey se trasladaron desde Burgos a Palencia a mediados de febrero de 1215, con intención de que Don Enrique continuase con sus estudios junto al obispo Tello Téllez.


    ¿Qué ocurrió desde febrero hasta abril de 1215, en que Enrique aparece en Segovia acompañado de Don Álvaro Núñez de Lara? No lo sabemos a ciencia cierta; pero podemos presumir que intuyendo los Lara que Doña Berenguela no iba a ser tan proclive a sus intereses, como lo fue su padre, arrancaron al niño de sus manos casi por los bravas, y apoyándose en que el conde Don Álvaro era el alferez del Rey, se hicieron con su tutoría y custodia. Así nos cuenta el Padre Flórez como se llegó a un acuerdo entre la infanta y los Lara en los siguientes términos: “Conocía –la infanta-perjuicios en la entrega y temía inconvenientes en no hacerla… En tal conflicto llamó a consulta a su prudencia, y ésta la dictó el medio de dar el Rey al Conde; pero con estas cauciones: que no pudiese guerra mover a ningún rey; que no pudiese dar ni quitar posesiones a los vasallos o imponerles tributos sin acuerdo de la misma Reina; que Don Álvaro y sus hermanos jurasen esto en manos del Arzobispo de Toledo, Don Rodrigo, haciendo el homenaje con tales condiciones, de suerte que en su quebrantamiento fuesen tenidos por traidores”.



    No quedó en paz la cosa, pues como nos cuenta Jiménez de Rada en su Crónica, los Lara una vez tuvieron el control del “Rey niño” comenzaron: “a ejecutar exterminios, a humillar a los grandes, a exigir exacciones a los plebeyos enriquecidos, a esclavizar las iglesias, tomando a las fábricas de estos sus tercias… Además de esto, y con la intención de atraerse su apoyo, el Conde llegó a un acuerdo con Alfonso IX de León para devolverle las fortalezas que en tierra leonesa mantenían los castellanos. Pero había un problema, estas fortalezas pertenecían por derecho de herencia a Doña Berenguela, la cual ordenó defenderlas. Ante el desplante de la infanta, el conde Don Álvaro –a pesar de que las propias Cortes habían dado la razón a la infanta en la querella–, mandó una carta a Doña Berenguela amenazándola con la guerra, y haciendo firmar esta misiva por el propio Rey, que era un títere en manos de Los Lara. Ante esta situación, la infanta queriendo evitar la guerra accedió finalmente a entregar sus posesiones al leonés, y abandonó Burgos junto a su hermana Leonor para refugiarse en la Tierra de Campos palentina, Solar señorial de los Girón y los Téllez que se mantenían leales a la infanta, ofreciéndola incondicional protección.




    Torreón e interior de la iglesia de Autillo de Campos con el escudo de Gonzalo Ruíz Girón en su interior

    Desde la primavera de 1215 hasta enero de 1217 continuaron los asuntos del Reino por el mismo camino. Cabe destacar que al rey lo casaron los Laras con la infanta Mafalda de Portugal en agosto de 1215, siendo el matrimonio anulado por consanguinidad a los pocos meses. Posteriormente intentó Don Álvaro sin éxito casarlo con una de las hijas de Alfonso IX de León. Bien sabía el Conde, que sí por una desgracia fallecía el “Rey niño”, la Corona castellana pasaría inmediatamente a manos de Doña Berenguela.



    A pesar del poder de los Lara, muchos eran los nobles y ciudades en Castilla que se mantenían fieles a la infanta, y así, en enero de 1217 se desatan los acontecimientos tras un ardid de Don Álvaro, que falsificando una carta de la infanta en que preguntaba por la salud de su hermano, pretendía hacer creer al Reino que esta quería acabar con la vida del Rey. No lo creyeron los toledanos de Maqueda, donde se encontraba el Conde junto al Rey, obligando a estos a huir a galope de la villa hasta su cercano refugio de Huete. Viendo el Conde que no podría hacerse con el Reino completamente hasta que no sometiese a la infanta, reunió a sus poderosas mesnadas y decidió lanzarse a la guerra.



    Iglesia de Meneses (Palencia) con los bustos de Alfonso y Suero Téllez en los lados
    Sabemos que a finales de marzo se encontraban los Lara en Valladolid, desde donde comenzaron sus ataques por la villa de Val de Trigueros que quedó devastada, y desde allí a Montealegre, cuya fortaleza defendía Suero Téllez de Meneses, héroe de Las Navas y hermano menor de Alfonso, Señor de Meneses, y de Don Tello, obispo de Palencia. Tras rendir Montealegre, como nos cuenta Jiménez de Rada continuó: “Después desto el conde, saliendo dallí con el rey, fue robando e destruyendo por Campos muchas cosas; et uniendo faziendo mal daquella guisa”. Sabemos que a partir del cinco de mayo asediaron los Lara Villalva del Alcor, a la cual consiguió defender con bravura Don Alfonso Téllez de Meneses, y así, ante la imposibilidad de tomarla, decidió Don Álvaro atacar directamente a Doña Berenguela en Autillo de Campos, donde se encontraba protegida por el Señor de Frechilla, don Gonzalo Ruiz Girón.



    Dejó claro Don Gonzalo que no rendiría la fortaleza, comenzándose así el asedio de los Lara, y mientras tanto Alfonso Téllez acudió hasta Toro a pedir ayuda al rey Alfonso IX, quien envió quinientos caballeros leoneses en defensa de Doña Berenguela. Enterado el Conde de Lara, levantó el cerco a la fortaleza de Autillo, no sin antes arrasar las cercanas villas de Frechilla y Cisneros.



    Escenificación de la muerte del Rey Enrique
    Justo en ese momento, concretamente el 27 de mayo, se produjo el accidente del joven Rey en el Alcázar Episcopal de Palencia, donde le había dejado Don Álvaro al cuidado del obispo Tello Téllez. Nos cuenta la tradición que una piedra jugando al tejo le golpeó en la cabeza, dejándole gravemente herido. En pocos días murió Don Enrique, y aunque el Conde escondió el cuerpo en el castillo de Tariego, aduciendo que se estaba recuperando, no tardaron la infanta y sus leales en enterarse del triste fallecimiento del Rey.



    Envió inmediatamente Doña Berenguela a sus leales Gonzalo Ruíz Girón, Alfonso Téllez de Meneses y Lópe Díaz de Haro, Señor de Vizcaya, a la Corte Leonesa para reclamar la presencia de San Fernando, argumentando la necesidad que tenía la infanta de ver a su hijo en tan difíciles momentos. A pesar de las dudas de Alfonso IX respecto al requerimiento, dejó ir a su hijo -recordemos por entonces heredero del Reino de León- junto a su madre a Castilla. Ni el propio San Fernando conocía que este viaje lo coronaría como rey de Castilla, y mucho menos suponían padre e hijo que nunca más volverían a verse en vida.


    23/04/2016 (Autillo de Campos)
    Luis Carlón Sjovall
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    Proclamación Fernando III el Santo en Autillo de Campos (Capítulo 4)




    PROCLAMACIÓN Y DESENLACE


    El trece de junio de 1217 llegaba el infante Fernando a Autillo para reunirse con su madre, y al día siguiente, sin pérdida de tiempo, y con la presencia de los obispos Don Mauricio de Burgos y Don Tello de Palencia, además de la nobleza y pueblo leal a la infanta, se produjo la Proclamación de Doña Berenguela como Reina de Castilla bajo un olmo y junto a la ermita que se encontraba extramuros. E inmediatamente, como bien sabemos por aquí, allí mismo la ya Reina procedió a colocar la Corona a su hijo Don Fernando, quedando de esta manera proclamados madre e hijo como Reyes de Castilla aquel glorioso 14 de junio de 1217, en este mismo sitio de Autillo.


    Placa en Autillo colocada en el lugar aproximado donde se produjo la Proclamación
    Tras la Proclamación, y a sabiendas de la retirada de los Lara, la Comitiva Real comenzó partiendo de Palencia, donde se les unieron numerosos caballeros, un periplo por tierras de Castilla solicitando lealtad a los nuevos Reyes. Por su parte, el conde Don Álvaro acudió a León a pedir ayuda a Alfonso IX, ofreciéndole la Corona castellana, solicitud que este aceptó. Enterada de esta circunstancia, Doña Berenguela decidió acudir a la leal ciudad de Valladolid, desde donde reclamó la presencia en la capital del Pisuerga de los nobles y prelados de todos los rincones del Reino. En pocos días se reunieron las Cortes del Reino en Valladolid con el fin de confirmar la Coronación. Era, según la “Crónica Latina”, el dos de julio de 1217, cuando en la iglesia de Santa María, sita en la antigua Plaza del Mercado, fue coronado San Fernando como Rey de Castilla, siendo su madre Doña Berenguela y su hermano Don Alfonso los primeros en besar su mano.


    Placa conmemorativa de la Coronación colocada en el VII Centenario en la Plaza Mayor de Valladolid
    Pronto comenzaron los problemas, pues ese mismo día el rey de León se instalaba en la localidad de Arroyo, junto a Valladolid, con la intención de hacerse con el Reino. Mandó Doña Berenguela a los obispos Don Mauricio de Burgos y Don Domingo de Ávila rogándole que regresase a su tierra, y no reclamase la Corona de su propio hijo; más el leonés desoyó el ruego, y colocó sus mesnadas en Laguna con intención de atacar. Fue entonces cuando, según nos cuenta la “Crónica Portuguesa”, el propio San Fernando envió por medio del obispo Don Tello Téllez el siguiente mensaje a su padre: “que no fatigase, más sus pueblos, ni les ocasionase mayores males; qué debía agradecer a la reina haber dado a un hijo suyo un Reino, y tal Reino que había causado a León grandes daños; y que de allí en adelante no le vendría de él sino mucha ayuda”.. Ante tales palabras de su propio hijo, Don Alfonso recapacitó, y regresó con sus tropas a León.


    Pendón de la Corona de Castilla utilizado por San Fernando (Catedral de Sevilla)
    No se llegó aún a la paz en el Reino, pues durante más de un año los Lara continuaron combatiendo a sus propios reyes, hasta que agotados, y con casi todas sus tierras perdidas, acabaron exiliándose en León. Aún así, desde León continuaron combatiendo por medio de razias en la Tierra de Campos, hasta que en una de estas aventuras, quedó malherido Don Álvaro. Fue llevado por sus hermanos hasta Toro, donde al poco le llegó la muerte. Sus hermanos Don Fernando y Don Gonzalo de Lara acabaron sus días uno al servicio del Rey de León como mayordomo y el otro en Marruecos como soldado de fortuna.





    Fronteras aproximadas de los Reinos de España desde la llegada de San Fernando al trono de Castilla, hasta su muerte
    Nunca más mientras San Fernando reinó hubo disputas en Castilla, ni se combatió a príncipe cristiano. Así, tras la pacificación del Reino comenzó de facto el irrepetible reinado de San Fernando, durante el cual, y como simple ejemplo de sus logros, se unieron definitivamente las coronas de León y Castilla cuando a la muerte de su padre, en 1230, heredó el Santo Rey el trono leonés; y sin olvidar sus conquistas para la Cristiandad de los reinos musulmanes de Córdoba, Murcia, Jaén y Sevilla, continuando así el sueño de su abuelo… Pero todo eso ya es otra historia…



    23/04/2016 (Autillo de Campos)
    Luis Carlón Sjovall
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    A. C. T. Fernando III el Santo

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