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Tema: Venecia, el cáncer de la Cristiandad

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    Venecia, el cáncer de la Cristiandad

    Dioses de nuestro tiempo



    Los lazos familiares, tribales y genéticos han condicionado siempre la historia de la humanidad: los antiguos Estados solían llevar el nombre de las dinastías que los regían, y se identificaban ante todo con una familia, su patriarca jefe y los grupos a ellos leales por juramentos feudales o tribales. Varios apellidos desfilan en la historia: Aqueménidas, Agíadas, Flavios, Ptolomeos, Sasánidas, Selyúcidas, Merovingios, Omeyas, Abasidas, Trastámaras, Habsburgos, Borbones, Ming, Tudor, Windsor, Romanov… Otras familias, sin llegar a constituir dinastías, pisaron fuerte: Banu-Qasi, Médici, Borgia, Mendes, Mendoza, Guzmán, Fugger, Welser, Thurn und Taxis, Baring, Kleinwort… Era común en las grandes familias de antaño -en especial las de origen romano como los patricios- forjarse incluso una mitología propia, como descendientes de supuestos héroes míticos o dioses. Y así lo querían hacer ver a los que tomaban por súbditos.

    Se consideraba que nada había más fuerte que los lazos tribales y genéticos para vertebrar estructuras jerárquicas como los Estados, los negocios o las alianzas estratégicas y, efectivamente, estas dinastías, en un mundo con menos medios de poder material que el actual, solían ser mucho más duraderas que el gobierno promedio de hoy en día. Esta situación sólo cambió con el advenimiento de los estados-nación, la separación de poderes y los sistemas parlamentarios, cosas todas que en realidad no significaron el fin del poder de las familias de élite, sino sólo que ciertas familias -notablemente las de la nobleza, la milicia, la religión y la propiedad de la tierra- dejaban de tener tanto poder para que lo tuvieran otras -las de la finanza, la gran empresa, el comercio, la prensa y el crimen organizado-. Los Rothschild fueron una de estas dinastías que ocupó el vacío dejado por la caída de las familias europeas tradicionales.

    Para poder comprender el mundo actual y cómo las familias de mayor poder en nuestros días llegaron a donde están, además de entender los inicios de la subversión de "la Cristiandad", Occidente, la tradición europea o como se le quiera denominar, se hace necesario abrir un pequeño paréntesis que repase la historia de estas familias retrocediendo hasta sus raíces: Venecia.





    Antes de estar en Inglaterra, lugar desde el que comienza su mayor apogeo, esas familias estaban en Alemania. Si tuviéramos que retroceder del todo en su proceso de conquista por el poder, iríamos de EEUU a Fenicia/Israel/Babilonia/Egipto/, pasando por Inglaterra, Alemania, Suiza, Génova/Milán/Venecia/Florencia/Pisa/, y Roma/Bizancio. Con elementos de Ciscaucasia y Europa del Este también. En este artículo abordaremos uno de los episodios más importantes y no tan conocidos: la consolidación de dichas oligarquías en suelo europeo, los comienzos de lo que se ha dado a llamar, la "plutocracia internacional" o "sinarquía".

    Venecia, era conocida por sus habitantes como la Serenissima Reppublica, aunque no era una república en el sentido que tiene la institución americana. Sus siniestras instituciones se continuaron a lo largo de quince siglos o más, desde los últimos años del Imperio Romano en su escisión con Bizancio, hasta las Guerras Napoleónicas. Eso es decir ayer en términos históricos. Venecia supone el estilo de gobierno Babilónico, contagiado de decadente antigüedad, golpeando como un látigo en la espalda de los Estados modernos.


    La continuidad de Venecia durante más de mil quinientos años, es la continuidad en primer lugar de sus oligarquías y del paraguas de su comediante gobierno. Pero le debe más aún a la implacable aplicación de un método característico de Stato y de su aparato de inteligencia. Venecia nunca sobrepasó apenas los cien mil habitantes, sin embargo se aupó hasta el grado de superpotencia en el siglo XIII, y consiguió mantenerse así hasta la Paz de Westfalia en 1648 gracias al magnífico desarrollo de su política exterior, sus embajadas, sus departamentos de inteligencia exterior e interior y su injerencia en operaciones en otros países.




    Como se demostrará en los detalles de éste texto, Venecia convirtió en el centro de sus aspiraciones destruir los avances de la civilización Europea de los siglos XI y XII, y lleva una aplastante carga de culpa sobre la ascendencia y predominio de los Black Guelphs y la llegada de la peste negra. Los venecianos aportaron recursos de inteligencia al ejército mongol de Genghis Khan y sus herederos. También estuvieron involucrados en el saqueo de Bagdag y en la serie de impedimentos que retrasaron su renacimiento durante el siglo XIII.


    Los venecianos fueron mortales enemigos del humanista Paleologue y de su dinastía en Bizancio. Intentaron destruir a Gemisthos Plethon, Cósimo de Médici, Leonardo da Vinci, Niccolo Maquiavelo, y a todo el renacimiento dorado florentino, conspirando con éxito para su destrucción. La influencia veneciana resultó decisiva para el fin de la era de Elisabeth I -aperturista y renacentista- y la llegada de la lúgubre era de Jacobo I.


    Las relaciones públicas venecianas fueron responsables de la conversión del hereje de provincias germano, Lutero, en gran heresiarca conductor de una jauría de iluminados. No contentos con hacer naufragar esta operación contra la iglesia, Venecia fue más tarde la "madre" para el insípido nómada Ignacio de Loyola y su Orden de los Jesuitas.





    Después del Concilio de Trento, Venecia sirvió también como base de operaciones para la Filosofía Liberal, oscurantista y anti-Leibniziana. De éste modo utilizó a Thomas Malthus y Jeremy Bentham para, a través de la política económica británica, golpear con el radicalismo filosófico británico a toda la humanidad. Aunque Napoleón Bonaparte tuvo el mérito de forzar la liquidación formal de éste odioso organismo durante la Campaña Italiana de 1797, su acción no tuvo el efecto deseado. El cáncer, por así decirlo, había tenido ya tiempo para extenderse por Génova, Ámsterdam, Londres y otras ciudades.



    Más importante aún, Venecia está todavía hoy profundamente involucrada en la Fundación Cini y la Sociedad Europea de Cultura, think thank y escenario para el Club de Roma y sus destacados asociados. Venecia es la cuna y patria supranacional de las élites occidentales, y es el símbolo unificado de la más extremista, utópica y lunática sección de la comunidad de los servicios de inteligencia en la actualidad.



    Reconozcamos a Venecia hoy. Tendremos que echar un vistazo desde la imbecilidad monetarista de Paul Volcker, hasta el fanatismo ideológico que recorre el Bank of America, el Chase Manhattan, el Bank for International Setlements y todos los demás. Reconoceremos el inconfundible hedor de los canales de Venecia pudriendo los palacios de mármol de generaciones de parásitos corroídos por el mayor cinismo y crueldad, que la humanidad haya conocido jamás.



    Orígenes

    En la Edad Media los venecianos eran conocidos como el arquetipo del parásito, “la gente que ni siembra ni cosecha”. Para los griegos eran el equivalente a los sapos de los pantanos. En Alemania una leyenda popular describía a los mercaderes de Venecia como una especie de titiriteros que robaban el corazón a los hombres dejando una fría piedra en su lugar.


    La esencia de Venecia se encierra en el símbolo de la ciudad, el León Alado de San Marcos que llevaba la inscripción "Pax tibi Marce, evangelista meus". La quimérica figura venía de Oriente, de algún lugar entre Persia y China. Este símbolo es manifiestamente pagano y su relación con San Marcos se estableció tardíamente mediante una inscripción, tras una supuesta visita del santo a las lagunas venecianas. Para respaldar esta historia, los venecianos robaron el cuerpo de San Marcos de Alejandría, en Egipto, tal y como lo refleja el cuadro de Tintoretto que recuerda este momento.



    Venecia mira al Este, hacia Levante, Asia Menor, Asia Central y el Lejano Oriente, hacia sus aliados de Asia, y especialmente, hacia las oligarquías chinas con quienes compartió negocios y guerras. Esto explica porque la vida en Venecia tenía en ocasiones rasgos semi-orientales. El rasgo más relevante era el status de las mujeres que el Dux Mocenigo exhibía ostentosamente como un harén.





    Hoy Venecia se asienta en la línea que va desde Lübeck a Trieste, la demarcación que separa a La OTAN del Pacto de Varsovia, aproximadamente la misma demarcación que delimitaba a los campesinos libres de los siervos de la gleba en el siglo XVI. Con anterioridad también fue la demarcación entre el imperio Otomano en el Este y la Cristiandad en el Oeste; y aún antes había sido la demarcación entre el Sacro Imperio Romano-Germano y el Imperio Bizantino. En esta parte del norte del Adriático fluye el río que viaja desde la cara sur de los Alpes Dolomitas y de los Alpes Julianos. Su nombre es el Po. Este río, 300 años antes de Cristo, se desplegaba al norte del Adriático formando un cinturón de pantanos, lagunas y marismas de unos 500 kilómetros cuadrados de extensión, desde la ciudad de Rávena hasta la base de la península de Istria, dónde confluyen hoy las fronteras entre Italia y Yugoslavia.



    En el centro de este sistema estaba Aquilea, punto de partida de un importante trafico comercial que viajaba de Norte a Sur cruzando desde el Paso de Brenner al Valle del Danubio y Bohemia. En Aquilea se asentaba el patriarca de la Iglesia Cristiana. Para el año 404, Rávena, y no Roma, era la capital del Imperio Romano de Occidente. Tras la extinción de ésta sección del Imperio Romano, Rávena fue la sede del gobierno de Teodorico el Ostrogodo, cuya corte visitó Boecio. Después Rávena fue la capital de la Italia vencida por los bizantinos.



    Las islas de los pantanos resultaban invulnerables para la época -algo así como Suiza lo fue por su orografía durante la II Guerra Mundial- y se convirtieron en refugio de la aristocracia romana que pretendía escapar tanto de los Godos, como de los Hunos o los Lombardos. Entre los años 300 y 400 después de Cristo, ya se registran apellidos de Grandes Familias cuyos nombres resultarían mas tarde infames: Candiano, Faliero, y Dandolo. La leyenda habla de la gran afluencia de refugiados durante las incursiones de Atila el Huno en 452 después de Cristo. Varias áreas fueron colonizadas incluyendo la actual ciudad de Torcello, después la administración se asentó en un lugar llamado Rivus Altus, nombre que con posterioridad degeneró a Rialto, que es dónde está la ubicación actual de Venecia.


    El nacimiento oficial de la Urbe Condita se sitúa el 25 de marzo de 721 después de Cristo, habiendo sido elegido en 697 Paoluccio Anafesto, primer gobernador de la comunidad de los pantanos, recibiendo el nombre de Dogo, el equivalente veneciano de la palabra latina Dux o de la florentina Duce. El hecho más significativo de todo éste periodo es la supervivencia y posterior desarrollo de Venecia, gracias a la alianza con el Emperador Justiniano de Constantinopla. Esta alianza fue fortaleciéndose con los años gracias al matrimonio endogámico entre el Dogo y una oligarca veneciana emparentada a su vez con la nobleza de Bizancio, donde una facción encarnó las tradiciones supervivientes del Senado Romano ya corrompido, durante un milenio después de la caída de Roma en 476.


    Las familias venecianas estaban divididas en dos categorías. Primero los herederos de las antiguas familias, los Longhi, quienes podían retrotraer sus orígenes con antelación al año mil. Los Longhi incluyen nombres tristemente célebres en la historia europea: Dandolo, Michael, Morosini, Contarini, Giustinian, -quizá emparentados con el emperador bizantino-, Zeno, Cornaro, Gradenigo, Tiepolo y Faliero. Estas viejas familias mantuvieron el monopolio del Ducado, el cargo de Dogo, hasta 1382. A partir de entonces se vieron obligados a admitir a los Curti, una serie de familias advenedizas, en los más altos puestos del estado. Después de aquello nuevas familias como los Mocenigo, Foscari, Malipiero, Vendramin, Loredano, Gretti, Dona y Trevisano, se encaminaron hacia la ascendencia.




    Estas familias y el Estado que construyeron crecieron en riqueza parasitando el comercio, especialmente el comercio entre Oriente y Occidente, que fluía profusamente hacia los mercados de Rialto. Pero la base de la opulencia veneciana provenía de la esclavitud practicada contra turcos, magrebíes, mongoles, sin excluir a griegos e italianos, que cotizaban muy alto como esclavos de galeras. Este mercado incluía germanos y rusos, que eran embarcados en Tana, puerto avanzado de los mercaderes venecianos en la desembocadura del Don, la más alejada esquina del mar de Azov. Después fueron los africanos los que llenaron las bodegas de los barcos de la nobleza de la Sereníssima República.


    La política económica de la esclavitud

    Durante los años del imperio marítimo veneciano, islas como Creta, Chipre, Corfú y Naxos se convirtieron en pequeñas sucursales de un holding que se extendía por todo el Egeo, dedicado a la labor de la comercialización de la esclavitud, a veces directamente bajo el régimen veneciano y en otras ocasiones bajo administraciones privadas de la oligarquía veneciana, como por ejemplo el clan de los Corner, que obtuvieron su fabulosa fortuna de la esclavitud.


    En siglos posteriores los harenes del Imperio Otomano, de los Balcanes a Marruecos fueron abastecidos con mercancía veneciana. Las tropas turco-otomanas también fueron abastecidas por mercaderes venecianos. Como recuerdo de aquella beneficiosaindustria queda el nombre de una sección del puerto de Venecia llamado Riva Degli Schiavoni.



    Durante los siglos XVII y XVIII, Venecia estableció tratados con otros Estados como Bavaria, por los cuales adquiría a la población reclusa de estas naciones para trabajar de por vida como esclavos de galeras. Los agentes venecianos se acabaron ganando la fama de cuervos en las masas europeas, exactamente el mismo caso que el de los hebreos en España, al ser habitual que fuesen vistos esperando a un lado de las contiendas, y raptando a soldados heridos para entregárselos a los musulmanes como esclavos.


    Indistinguible de la trata esclavista, la piratería era otro de los elementos propios de la economía veneciana. Las guerras con Génova y otras naciones eran esperadas con impaciencia, pues constituían la oportunidad de piratear sus naves, ya que la victoria o la derrota dependían más de que estas operaciones tuvieran éxito, que del combate de los navíos, o de los soldados que portaban.


    La piratería oscureció perceptiblemente el comercio. Durante décadas llenas de violencia los venecianos extendieron su manto por el mundo mediterráneo liderando sus acciones. Venecia se convirtió en un lugar muy similar al Londres anterior a la Primera Guerra Mundial, cuando cientos de artículos provenientes de lugares estratégicos eran comercializados allí.



    Los artículos más significativos eran las especias y las pieles de China e India, destinados a los mercados de la Europa Central y Occidental, quienes basabansu economía en la exportación a Oriente de su producción textil y metalúrgica, sin olvidar los metales preciosos. La producción de Venecia durante este periodo fue nula si exceptuamos las manufacturas de cristal de Murano. El rol habitual del típico mercader de Venecia era una mezcla entre usurero, comisionista e intermediario, protegido por el monopolio de las redes de distribución y transporte que las galeras de guerra proporcionaban.
    La gestión veneciana del comercio fue irónicamente económico-dirigista.




    Venecia sostuvo el monopolio de todo el comercio marítimo al norte del Adriático. Sus funcionarios organizaron las flotas de galeras de tal modo que se enviaban una o dos veces al año a puertos de crucial importancia. Las galeras eran construidas en unos astilleros conocidos como el Arsenal, que durante siglos fueron los más grandes del mundo. Los astilleros arrendaban las galeras a los oligarcas y a sus socios mediante una especie de subasta, cada detalle de las operaciones de aquellas flotas de galeras, incluida la obligación de navegar en convoy, estaba estipulada en contratos regulados.




    En el apogeo de Venecia las flotas de galeras eran enviadas a Tana y Trebizondo en el Mar Negro; a Creta, Rodas y Chipre en el tránsito a Beirut en el Levante; a Túnez, Trípoli, Argel, Orán y Alejandría en el Norte de África, así como a España, Francia y las ciudades costeras de Italia. Eran enviadas de manera especial al área correspondiente a la moderna Grecia. Otras flotas de galeras cubrían la ruta de Southampton, Londres, Brujas y Amberes a través del estrecho de Gibraltar.




    Muchos de estos puertos continúan aún bajo la influencia de sus élites. En cada instancia, buscan la creme de la creme de los negocios mundiales. Las oligarquías que tienen su origen en Venecia, continúan beneficiándose de su tradicional 20%, a través de la financiación de guerras y de las compensaciones de los seguros marítimos en los cuales fueron pioneros.



    El Estado Veneciano




    La proverbial estabilidad del régimen veneciano ha fascinado siempre a los historiadores. ¿Cómo es posible que mantuviesen tantísimo poder durante más de un milenio, sin que nunca enfrentaran una invasión externa o una rebelión interna?


    Venecia permaneció ajena a cualquier tipo de invasión extranjera hasta el acuerdo de 1797. La monolítica iniquidad de las instituciones venecianas fue perturbada no más de media docena de veces a causa de revueltas interiores que eran ahogadas de modo expeditivo en baños de sangre. La estabilidad se conseguía eliminando con violencia a los protagonistas de las revueltas.


    En este aspecto Venecia contrastó especialmente con su rival Génova, cuyos gobiernos desde 1300 a 1500, tuvieron una expectativa de vida similar a la de los gobiernos italianos de la segunda mitad del siglo XX. Venecia también se distinguió de los Estados Pontificios, cuyos máximos cargos solo duraban a lo sumo unas decenas de años, sin olvidar que en ocasiones las facciones humanistas conquistaron el poder. En Venecia, debido a los finales sangrientos, las discusiones internas entre diversas facciones de la oligarquía eran escasas y aquellas energías eran sublimadas hacia el mundo exterior.


    En las clasificaciones expuestas en la República de Platón, Venecia se define como una oligarquía:


    Un reducido grupo se constituye como poder para regular las propiedades y nada más, donde los ricos ejercen su poder sobre los pobres sin que estos cuenten para nada en las tareas de gobierno…, una constitución llena de maldad.



    La oligarquía es la perversión de la aristocracia, donde los gobernantes son los mejores y más honorables representantes de la sociedad. Pero al mismo tiempo que el régimen de Venecia era consciente de lo que era en sí mismo, también conocía la descripción de la transición posible de la oligarquía a gobiernos más justos, y contra está evolución tomaban medidas.




    Platón comenta en el libro VIII de La República:


    La perversión de la forma de gobierno siempre empieza en el momento en que una facción interna de la clase gobernante así se lo propone. Ésta facción va captando mediante propuestas futuras de enriquecimiento al resto de la clase, que aunque es muy reducida resulta imposible de disolver… La palanca de la amenaza oligárquica se apoya en el afán de riquezas que todo hombre posee y por el que son tentados a destruir su forma de gobierno.
    Los oligarcas colocan una suma de dinero mayor o menor, según vaya cerrándose el círculo y finalmente proclaman que ninguna cuota del poder del gobierno está fuera de su control. Después se van cumplimentando sus objetivos por la fuerza de las armas, y es mediante el terror como establecen su nueva forma de gobierno.



    El poder de Venecia duró tanto gracias a la subordinación de las familias nobles a las necesidades de la oligarquía, delimitada por el acorazamiento del status de la primera y de sus descendientes varones obtenido ya en 1297. También colaboró a esta situación el continuado uso del terror contra las masas y contra la nobleza misma.


    Los varones del centenar y medio de familias pertenecientes a la nobleza veneciana tenían derecho a sentarse permanentemente en el Gran Consiglio. Hasta comienzos del siglo XVI eran aproximadamente dos mil individuos pero luego este número fue menguando poco a poco. Las votaciones de las diferentes facciones eran dirigidas por el jefe momentáneo de cada una de ellas. Algunos de ellos eran elegidos para ocupar cargos cruciales en las tareas de gobierno. Los primeros ciento veinte miembros de este consejo, llamados Pregadi, pertenecían al Senado, desde el que se dirigía la política exterior y la elección de embajadores.

    Hacia la mitad del siglo XV, Venecia era la única nación de la tierra que mantenía delegaciones permanentes en las principales cortes y capitales del mundo conocido. El Senado también elegía a los cinco ministros de la guerra, a los cinco ministros de la marina –llamados Savi- y a los seis Savi Grandi, que actuaban de consejo privado del Dogo. Bajo la dirección de éste formaban un órgano colegiado que cumplía la función de poder ejecutivo.



    El Gran Consiglio elegía a su vez al Consejo de los Cuarenta, encargados de las finanzas y de la elaboración de los presupuestos, aunque con posterioridad se constituyeron en una suerte de fiscalía, encargada de la persecución de los delitos. A su vez eran elegidos otros tres fiscales con capacidad para investigar y enjuiciar a los cargos públicos, aunque el Dogo tenía el privilegio de obligar a la familia, después de la muerte del delincuente, a pagar una suma de dinero en concepto de multa.


    El Gran Consiglio elegía al Dogo mismo, de por vida, a través de un complicadísimo método de procedencia bizantina, empleado para asegurar que el designado representase a los electores. Primero treinta miembros del Gran Consiglio eran elegidos al azar utilizando unas bolas coloreadas que los venecianos denominaban ballot. Estos treinta elegidos empleando una especie de nuevo sorteo elegían a un grupo de otros cuarenta electores, quienes a su vez formaban nuevos electores constituidos en grupos de doce miembros.

    Este procedimiento se repetía varias veces hasta que finalmente terminaba en un grupo de cuarenta y un electores, de los cuales veinticinco acababan proponiendo una nominación a Dogo que posteriormente era aprobada por el Gran Consiglio. Un proceso igual de complicado se utilizaba para elegir a los Savi Grandi, los seis consejeros y supervisores privados del Dogo.




    La más peculiar de las instituciones venecianas era el Consejo de los Diez, Consiglio dei Dieci, establecido en 1310, con la misión de coordinar las operaciones de inteligencia en los ámbitos exterior e interior. Reunidos en sesiones secretas con el Dogo y sus seis asesores, los Diez contaban con el poder de dictar actas contra cualquier persona o grupo de personas, tanto en la jurisdicción de Venecia como fuera de ella. El perseguido era estrangulado y esa misma noche su cuerpo era arrojado al Canale Degli Orfani.




    Los Diez tenían a su disposición una vasta red de inteligencia tanto en el extranjero como en el interior de la mismísima Venecia. Disponían de tales recursos que eran capaces de penetrar cualquier conversación entre nobles y ciudadanos de tal modo que con frecuencia, su contenido era conocido por Los Diez en menos de veinticuatro horas gracias a la ubicuidad de sus informadores y espías.

    Aun hoy quienes visiten el Palacio del Dogo pueden ver unos buzones en forma de León con la inscripción Per denontie segrete, para que cualquiera pudiese denunciar anónimamente ante la monstruosa burocracia de Los Diez, a aquellos individuos que estuviesen cometiendo delitos contra las arcas públicas o violando la Ley. Contra las sentencias de muerte de Los Diez, no cabía recurso alguno y sus deliberaciones y sentencias nunca se hacían públicas. Los acusados simplemente desaparecían.




    El régimen de Venecia constituye un perverso ejemplo de Sistema de Poderes y Contrapoderes dentro de la Teoría del Estado. Los Savi Grandi, contrarrestaban el poder del Dogo, quien a su vez contrarrestaba el poder de los Savi Grandi, pero poco a poco cada vez más poder fue pasando al inquisidor del Estado, el jefe de Los Diez. Los fiscales actuaban como perros guardianes en muchas instituciones y materias, como el Senado, y en tiempos de crisis el Gran Consiglio intentaba hacer valer sus poderes. Los Diez permanecían siempre en un discreto segundo plano.



    No había continuidad en la población de Venecia, la continuidad estaba localizada sólo en la oligarquía. De hecho la población de la ciudad no podía sostener niveles de crecimiento por si misma. Venecia padecía unos índices de mortalidad astronómicos debido a la malaria y otras plagas, porque sus famosos canales son ante todo, es preciso recordarlo, un sistema de alcantarillado al descubierto.

    La décima parte de la población era continuamente renovada por olas de inmigración hasta el punto de que el francés Phillipe de Comynes, un adversario del florentino Maquiavelo, comenta que la población de Venecia era en su mayor parte extranjera. Venecia era la auténtica meca del cosmopolitismo en sus días. La población se completaba con la miríada de personajes que constantemente llegaban a la ciudad para hacer festivales, espectáculos y carnavales. Además, multitud de tropas eran con frecuencia acantonadas en la ciudad.




    Por encima de todo no hay que olvidar que de hecho, una élite de entre diez o quince familias con unos ciento cincuenta miembros gobernaron la ciudad con mano de hierro. Varios cronistas venecianos revelaron los secretos en sus descripciones sobre la corrupción y la compra de votos especialmente a la empobrecida y decadente nobleza, llamada Barnabotti, quienes incrementaban sin descanso el Gran Consiglio. Todos los cargos y oficios estaban en venta.



    La corrupción de la ciudad era conocida por Dante Alighieri. El Canto 21 del Infierno, el canto de los sobornados Barattieri, es una referencia al Arsenal de Venecia y tiene la entonación de los calafateadores de los cascos de las galeras. Las almas de los sobornados están sumergidas en una olla donde borbotea la brea. Son vigilados constantemente por los Malebranche, unos seres alados armados con arpones y garfios.




    Dante visitó Venecia en 1321, actuando como representante diplomático de la cercana ciudad de Rávena, cuyo señor fue por un tiempo su protector. Dante murió muy poco tiempo después de visitar Venecia y las dos explicaciones de su muerte convergen en un asesinato. Una versión sostiene que se le forzó a subir a un bote que cruzó un lago pantanoso donde contrajo la malaria. Otra versión sostiene que fue asesinado durante un paseo en barca. Los archivos venecianos que explicaban este hecho desaparecieron.


    Venecia y sus Servicios de Inteligencia

    Durante años la política veneciana se basó en provocar enfrentamientos que debilitasen a otras naciones. Los comienzos del poder de la Sereníssima se basaron en el enfrentamiento entre el reino lombardo de Italia y Bizancio. Esta práctica fue continuada después enfrentando a los antiguos bizantinos contra el Imperio Carolingio del Oeste, una intentona que les resultó errada al sitiar Carlomagno, con la ayuda de Pipino el Breve, la ciudad de Venecia desde el interior de las lagunas. El cerco no tuvo éxito y la ciudad no se rindió.


    En el siglo XI, Venecia propuso exitosamente a los barones normandos y a su líder Robert Guiscard salir fuera de Sicilia y atacar Bizancio, al mismo tiempo que ofrecían protección, en el más puro estilo mafioso, a la desesperada ciudad. El precio por dicha protección viene indicado por la famosa Acta Dorada de 1082, un decreto del Emperador de Bizancio por el cual los Venecianos se hacían cargo de la recaudación de los impuestos sobre el comercio en el Este del Imperio, de ese modo los griegos acabaron pagando enormes intereses extra en todas sus transacciones, que iría a parar a las arcas de Venecia. Ahí comenzó un odio hacia los venecianos, que aún permanece entre la población de Grecia.


    En el siglo XVI, la estrategia veneciana consistió en enfrentar al Imperio Español de los Habsburgo contra el Imperio Turco. Vencidos estos se redirigieron los esfuerzos a enfrentar a España contra Francia y a Portugal contra Holanda -no sin la respuesta española tras descubrirse, respuesta que se tradujo en la Conjuración de Venecia, dirigida por Pedro Téllez-Girón y Velasco, junto al propio Quevedo-.Una vez que la expansión tuvo éxito se lanzó a los holandeses contra los ingleses y a estos contra Francia.


    Pedro Téllez-Girón y Velasco

    Venecia también incitó a fuerzas provenientes de Oriente para atacar la Cristiandad. Las facciones internas de la oligarquía veneciana tratante de esclavos manipularon a turcos, sarracenos y mongoles, viéndose así incrementados su poder y economía. Deseaban una Europa dominada por los turcos, exceptuando Venecia claro está, antes que por cualquier otro poder, en particular, cualquier forma de imperio cristiano unificado. Se convirtieron en el más exótico baluarte de un flemático axioma romano y británico: Dividi et impera.

    Pero la esencia de ésta doctrina es algo más abstruso y ha sido descrito en ocasiones como el escenario del "colapso de los imperios". Venecia actuó como un parásito en el declinar de grandes naciones. Un declinar que Venecia orquestó cuidadosamente. En algunas ocasiones durante largos periodos que formaban una larga curva descendente y otras en breves pero prolíficos lapsos de piratería.

    Venecia se vió frecuentemente expuesta a los zarpazos de enemigos poderosos, capaces de desafiar el poder de la Sereníssima y convertirla en presa fácil. Estos enemigos fueron vencidos encaminándolos a la autodestrucción de una manera precisa y en aspectos específicos que sirvieran al interés del Estado Veneciano. Puede parecer increíble, pero lo realmente excepcional es la cantidad de veces que se ha llevado a término con éxito. De hecho sigue sucediendo a día de hoy.


    El más espectacular ejemplo, de este obrar silencioso, es la Cuarta Cruzada. Durante un torneo en Francia en 1201, el duque de Champagne y numerosos señores feudales hicieron pública promesa de peregrinar al Santo Sepulcro en Jerusalén. Se veían capaces de doblegar a Saladino. Para muchos de ellos esta penitencia constituía la manera de expiar sus pecados por haber traicionado a su rey. Alcanzar Tierra Santa exigía navíos y los caballeros franceses enviaron a Godofredo de Villehardouin a Venecia, a negociar el arrendamiento de un convoy de galeras de transporte con su correspondiente escolta de navíos de guerra. Godofredo cerró el acuerdo con el Dogo.



    Enrico Dandolo, ciego, de unos ochenta años de edad y experto en las artes del regateo, acordó con Godofredo transportarlos a Jerusalén y traerlos de vuelta, por la suma de 85.000 marcos de plata, aproximadamente 20.000 kilos del preciado metal, que en su momento constituían el doble de la renta anual de naciones como Francia o España. Cuando los 10.000 caballeros franceses y su infantería arribaron al Lido de Venecia para ser embarcados, a pesar de que prácticamente habían arruinado a sus familias para poder endeudarse, todavía restaban 35.000 marcos de plata que pagar a los venecianos.

    El astuto Dogo Dandolo les propuso un acuerdo por el montante restante mediante su alquiler al más puro estilo mercenario, para que sojuzgaran la ciudad de Zara, una ciudad cristiana de la región de Dalmacia, en el otro lado del Adriático, que se había levantado contra el poder de Venecia. Los caballeros aceptaron y la ciudad cayó enseguida -consiguieron por equilibrios usureros bancarios, que los cruzados terminaran atacando pueblos cristianos, algo impensable-.


    En ese momento hizo a los cruzados una propuesta geopolítica. Les hizo creer que el emperador de Bizancio era sospechoso de estar aliado con los sarracenos y que su avance hacia Tierra Santa sería temerario a menos que este problema fuera enfrentado, pero lo que sucedía en realidad es que los venecianos apoyaban a un pretendiente al trono de Bizancio, ya que el Emperador del momento buscaba la manera de denegarles sus privilegios comerciales. El pretendiente era el joven Alexios, quien prometió a los cruzados un ejército de 10.000 soldados griegos si le ayudaban a ganar el trono.

    Así, durante 1203 y 1204 Constantinopla fue sitiada por una fuerza expedicionaria conjunta franco-veneciana que finalmente consiguió atravesar las fortificaciones a lo largo del Cuerno Dorado -el histórico estuario del Bósforo que dividía la ciudad-. Bizancio fue saqueada en una orgía de violencia y destrucción de la que los venecianos trajeron como botín los 4 caballos de bronce que normalmente están en la Basílica de San Marcos, pero que son a menudo exhibidos en otras ciudades.



    El conde Baudin de Flandes fue puesto en el trono de una nueva ordenación política y territorial denominada Imperio Latino de Constantinopla. El Dogo de Venecia recibió una participación con el titulo de Señor de los Tres Octavos del Imperio Latino. Venecia tomó el poder sobre tres octavos de Constantinopla, una colonia permanente con su flota de batalla. Lemmos y Gallipolli pasaron a manos Venecianas. Creta fue anexionada, así como Naxos y sus islas, y la gran isla de Euba, la que los Venecianos llamaban Negroponte. Se apropiaron Madón y Morón, Corfú y varias islas cercanas a ella. Todos los privilegios comerciales venecianos fueron restituidos.

    Venecia adquirió un imperio colonial articulado sobre sus bases navales y la hegemonía completa sobre el Este del Mediterráneo. El tesoro que los venecianos obtuvieron de Constantinopla no había sido visto en Europa hasta que los españoles trajeron desde el nuevo mundo cantidades ingentes de oro y plata. Como colofón hay que decir que el Sultán de Egipto también fue timado pues pagó una sustancial suma de dinero al Dogo Dandolo con la esperanza de que los cruzados estuviesen lejos de Palestina durante un tiempo, y llegó a pensar que las correrías de estos sobre Zara y Constantinopla correspondían al trato con la corrupta Venecia.


    Para la humanidad la Cuarta cruzada supuso una tragedia que a día de hoy aún no ha sido mitigada. La hipertrofia del poder veneciano sobre el mediterráneo fue uno de los factores clave de la posterior derrota del Emperador Federico II de Hohenstauffen, Rey de Sicilia. Aquel testaferro del poder de la Sereníssima conocido como Imperio Latino, fue derrotado por los partidarios de Paleologue en 1261 pero para aquellas fechas Federico II ya se había marchado. En el intervalo entre 1266 y 1268, los dos hijos de Federico y sus partidarios gibelinos, fueron derrotados por Carlos de Anjou, y el último representante de la dinastía Hohenstaufen fue decapitado en una plaza pública de Nápoles. El triunfo de los Güelfos, se volvió irreversible.


    Otro factor contribuyó, sin duda, a éste resultado: Los Mongoles. Al mismo tiempo que Venecia se dedicaba al saqueo de Constantinopla, Genghis Khan, quien lideraba un Imperio que iba desde Corea a Irán, sacudió al mundo con un rápido avance hacia el Oeste. Vatu, un sobrino de Genghis Khan, derrotó a los búlgaros en 1236. Capturó Kiev en Ucrania en 1240 y arrasó Polonia. En Silesia en 1241, los ejércitos polacos y alemanes, incluyendo a los Caballeros Teutones, fueron aniquilados. Poco después en ese mismo año, los mongoles acabaron con los ejércitos de Hungría. Por razones que aún no están claras, los Mongoles no fueron más al Oeste pero conquistaron Rusia e impusieron su hegemonía a una nación, que a partir de entonces se empobreció cultural y económicamente. Para librarse del yugo mongol, los rusos tuvieron que emplearse en una titánica lucha en la Batalla del Campo de Kulikovo, en las riberas del Don, en 1380.



    Sin embargo es preciso detenerse en las victorias de los mongoles, pues hay factores que van más allá de la simple cuestión de la superioridad numérica. Los mongoles no enfrentaron aquel periodo de guerras como una serie de correrías por Occidente. Por el contrario avanzaron de acuerdo a un plan muy riguroso. En cada etapa estuvieron permanente y puntualmente informados sobre las cortes europeas, y dispusieron de información muy detallada sobre la situación de las diversas facciones que habitaban en cada feudo por el que pasaban, de tal modo que pudiesen utilizar determinados enfrentamientos en su beneficio. Esta valiosa información fue suministrada por mercaderes venecianos, entre ellos el padre de Marco Polo, ésa es la razón por la que el propio Marco Polo fue tan bien recibido en la corte de Kublai Khan y llegó a ser con el tiempo administrador y consejero del Gran Khan.


    Eso convierte al valiente Marco Polo y a su familia en responsables directos de la destrucción europea a manos de Genghis Khan, una alianza que bien valió para barrer a genoveses y bizantinos, que amenazaban su hegemonía por entonces. La omnipresente inteligencia veneciana fue también la responsable de la destrucción de la cultura árabe de Bagdad en 1258. Friedrich Schiller y William Shakespeare investigaron los manipuladores métodos de la inteligencia veneciana y su establishment. Ambos consideraban a la inteligencia veneciana su más formidable enemigo. Mucho de lo escrito por Schiller está dedicado a la alianza que más tarde formarían Ginebra, Génova y Venecia para someter financieramente a la España de Felipe II.


    Schiller trata directamente el asunto en un fragmento de su obra El fantasma adivino. Su personaje central es un charlatán veneciano que provee a la nobleza de emociones fuertes convocando a sus difuntos en esperpénticas sesiones de espiritismo. Este charlatán representa el típico agente de la inteligencia Veneciana, como el Conde Cagliostro, un estafador que aseguraba ser la reencarnación de un importante masón del Antiguo Egipto, si es que alguna vez los hubo en el imperio del Nilo. Otro era Emmanuel Swedenborg.

    Después de los tiempos de Schiller esta caterva de interesados iluminados se nutrió de indeseables como Madame Blavatsky, Annie Besant, Henry Steel Olcott y su socio Rudolph Steiner, fundador del Movimiento Antroposofista y de la Escuela Waldorf -precedentes, todos ellos, del esoterismo de raigambre teosófica, nuevaerista y masona, muy en consonancia con los ideales de los globalistas y que décadas después sería perseguido en especial por los nazis, con Heydrich a la cabeza, dirigiendo la infiltración y captura de sus innumerables sectas. Acabaremos hablando de ello en un futuro próximo-.




    Shakespeare fue más allá. Tenía información seria, y era un jurado enemigo, del verdadero servicio de inteligencia que dominaba Europa en aquella época: el veneciano. Tanto "El mercader de Venecia" como "Otelo" son documentos de primer orden sobre la usura judía que prosperaba en Venecia, y el proceder de los agentes diplomáticos del Dogo, que como veremos, ambos elementos estuvieron muy bien relacionados. En "Otelo, el moro de Venecia", un agente veneciano le manipula completamente y envenena la mente de un general musulmán del ejército veneciano. Mientras que "El mercader de Venecia" se trataba de una ácida crítica a la mentalidad de los poderosos círculos financieros judíos, que estaban floreciendo en la república.

    En nuestros días, a Shakespeare le han difamado constantemente, tanto por su antisemitismo como por su estilo espiritual y metafísico, subversivo para un sistema materialista como el actual. Han dicho que fumaba marihuana -como si eso explicase su obra- y en una película, lo han pintado como un degenerado que acudía a prostíbulos, borracho y medio homosexual. Cabe pensar si acaso hubieran iniciado esas acusaciones, de no haber retratado al que era uno de los mayores problemas de su propia época.

    Mientras en toda la Europa católica la población judía estaba bastante atada en corto, en la supuestamente cristiana Venecia, odiada por tantos, era donde más tolerados estaban, y donde judíos como Daniel Blomberg conseguían imprimir ejemplares como la Biblia Rabbinica y fundar importantísimas organizaciones que han llegado hasta el día de hoy. Rastreando en los orígenes de oligarquías como los Rothschild, se puede averiguar que en 1210, ya operaban desde el suburbio veneciano de Mestre.

    Cecil Roth, historiador judío-británico y especialista en estudios judíos post-bíblicos, dice en su libro "Venecia" que tres de los bancos venecianos eran los de:

    - Escudo Rojo -recordemos que "Rothschild" viene de "escudo rojo" en alemán-.
    - Escudo Verde o Wertheim.
    - Escudo Amarillo o Anselmo, del Banco Meshullam o Warburg -otra familia financiera que llega poderosísima hasta hoy-.

    Estos últimos, al igual que la rama austriaca de los Rothschild -de los cuales los nazis hicieron incluso una película, The Rothschilds' Shares in Waterloo-, tuvieron que huir de Alemania con la llegada del NSDAP al poder. En aquel momento estaban encabezados por Max Warburg - que junto con Walter Rathenau, el naviero Von Baum y el canciller Von Bethmann-Hollweg, fueron quienes presionaron al Kaiser para que dejase pasar a Lenin al Imperio Ruso: provocar un incendio en la casa del enemigo-, el cual estuvo escondido en la casa de Hjalmar Schacht -conspirador antinazi, masón, amigo del líder del Bank of England, el hebreo Norman Montagu; y boicoteador de la economía alemana desde dentro. Se dedicó entre otras cosas a estudiar hebreo..., decía que para llegar lejos en el mundo de las finanzas era necesario ese idioma.- antes de abandonar el país.

    Venecia era el extremo occidental de la Ruta de la Seda. En esta ciudad florecieron las primeras instituciones bancarias de la historia. Y de ellas proviene buena parte de la oligarquía -de inquietante predominancia hebrea- que en nuestros días domina Occidente, aquí nacen y de aquí parten. Probablemente ya nos lo quiso advertir Shakespeare con el personaje Shylock, de "El mercader de Venecia"...




    Situémonos. Shakespeare vivió en torno a mediados-finales del Siglo XVI, testigo de las intrigas que sucedían en su país desde inicios de su mismo siglo, y que le llevarían a investigar el fondo del asunto. Intrigas que se cernían como una sombra sobre los Tudor, y que parecían un aviso del devenir que le esperaba a Inglaterra, de triunfar las facciones pro-venecianas -como de hecho acabó ocurriendo, con el paso traumático de ser un país eminentemente rural, tradicional, apegado a sus reminiscencias célticas y sajonas, católico, en apoyo de Europa, a ser la "Inglaterra" archiconocida como estado plutocrático, masónico, judaizante, industrializado, deshumanizado, pirata, conspirador y atlantista-.


    Vayamos a los precedentes. En su vida más tardía, Isabel la Católica no había manera de que se quedase embarazada. Reacia, fue a ver a un médico judío, tras lo cual se quedó embarazada y el médico fue admitido en la corte. Sin embargo, el niño le salió endeble y murió. Sólo la niña tiró para adelante. Esta niña era Catalina de Aragón, que será mandada a Inglaterra a desposarse con el rey Henry VIII.

    Shakespeare, que era enemigo de Venecia y de la facción veneciana en Inglaterra, no tiene más que palabras de elogio para Catalina de Aragón: "Reina de todas las reinas y modelo al mundo de la majestad femenina". Curiosamente, Shakespeare "absuelve" a Henry VIII de todos sus errores, acusando en cambio al cardenal Thomas Wolsey, especie de visir o mano derecha del rey, de las intrigas entre bastidores. Catalina no había manera de que tuviese hijo varón: todos caían como moscas.

    Wolsey tuvo relaciones con Venecia y parlamentos con diplomáticos venecianos. Al embajador de Venecia en Londres, Sebastian Giustiniani, le sugirió que Venecia debería adquirir más protagonismo en el norte de Italia. Wolsey estaba en contra de la Liga de Cambrai -un proyecto del Papa y de Carlos V, que como veremos, básicamente se trataba de Europa contra Venecia-. Finalmente logra que Inglaterra se alíe con Venecia.

    Uno de los hombres que toma bajo su protección es Thomas Cromwell, el principal agente de Wolsey -y bisabuelo del posterior dictador puritano Oliver Cromwell, que será financiado por rabinos sefardíes cabalistas de Ámsterdam-. Thomas Cromwell ayuda a anular el matrimonio con Catalina y a "expropiar" casi 30 monasterios para levantar fondos para los proyectos de Wolsey.

    John Dee, lector de la obra de Zorzi y especie de Rasputín de la corte Tudor, será el continuador de Zorzi en lo que se refiere a la introducción de corrientes esotéricas, herméticas, cabalístico-hebreas y proto-masónicas, de origen oriental, en la alta sociedad inglesa. La reina Elisabeth, bajo la influencia de Dee, era una extraña mujer: frígida, asexual, algunos dicen que hermafrodita, no quiso casarse con Felipe II y murió sin dejar descendencia, dejando paso a la dinastía Stuart o Estuardo. John Dee llegó a encontrarse en Venecia con Rangoni, un noble de la facción de los güelfos - los enemigos del Sacro Imperio-.



    Durante décadas, Elizabeth estuvo también bajo la influencia de William Cecil, Lord Tesorero de Inglaterra. Los Cecils han sido llamados "agentes venecianos", su casa familiar en Hatfield estaba decorada con leones de San Marcos -el símbolo de Venecia-. A William Cecil lo sucedió su hijo Robert, considerado spymaster -jefe de Inteligencia- de la Inglaterra de Elisabeth, sucediendo en este cargo al secretario de Estado Sir Francis Walsingham -cuyo agente-enlace con Venecia era Stephen Powle-.

    Seguramente los venecianos eran expertos en envenenamientos. Queden estos hechos, como ejemplo de hasta donde alcanzaba la mano de Venecia, con una inteligencia-espionaje a todas luces conocida pero imposible de frenar, y que sirvió como una forma de subversión que de uno u otro modo, siempre acabó triunfando.

    La destrucción del Renacimiento

    Desde que la oligarquía de la Serenissima Reppublica confió en sus servicios secretos como arma, sus objetivos estratégicos fueron los principales dictados antes que los criterios militares. Flotas y ejércitos de poderosas y agresivas naciones podían redundar en ventajosos beneficios para Venecia. El verdadero peligro provenía del poder hostil para sus propósitos, del desarrollo del conocimiento y su defensa contra el engaño y la manipulación. Contra esta amenaza Venecia desarrolló, y llevó a cabo, una verdadera carnicería.



    El Renacimiento Italiano de los siglos XV y XVI constituye históricamente el más grande desarrollo de la humanidad y de su poder creativo, por lo que representaba una seria amenaza para los fundamentos políticos de Venecia. La amenaza provenía del sistema de alianzas del genial Cósimo de Médici de Florencia y de sus sucesores. Venecia movilizó todos los recursos de que disponía para destruir el Renacimiento. Después de décadas de sabotajes dispuso la entrada de ejércitos extranjeros, que arrasaron el suelo italiano. Venecia vencía una vez más.



    Cósimo de Médici

    El potencial político del poder de la Italia Renacentista era la mejor identificación del Concilio Ecuménico de la Iglesia, que tuvo lugar en Florencia entre los años de 1434 a 1464. Cósimo fue el mayor financiero y defensor político de este procedimiento. Cósimo de Médici quien se declaraba enemigo de Venecia escribió en una ocasión: Asociarse con Venecia siempre trae consigo dos efectos que son rechazados por cualquier hombre sabio: La perdición segura y la desgracia.

    El concilio campeaba en esos momentos una crisis de la Iglesia de Occidente, cuyos líderes estaban exacerbados por la lucha entre el Concilio de Basilea y el Papa Eugenio IV, que había sido expulsado de Roma a causa de una revuelta. En Oriente, los turcos Otomanos empezaban a recuperarse de la aplastante derrota que el Emperador turco Bajazet había sufrido a manos de Tamerlán el Grande en 1402.



    La esperanza del Gobierno de Florencia residía en el desarrollo del programa de Nicolás de Cusa, la Concordantia Católica, basado en una comunidad de Estados Soberanos europeos inspirados en los principios humanistas de desarrollo económico y cultural, coherentes y compatibles con la Ley Natural y por tanto opuestos a Venecia y su manipulada facción armada, el Imperio Otomano.

    A Florencia llegó el Emperador de Bizancio Juan VIII Paleologue, acompañado de su consejero Gemiste Plethon. La delegación latina estaba encabezada por el Papa Eugenio IV. Al mismo tiempo ésta delegación reunía como líderes de un mismo proyecto cultural a hombres como Nicolás de Cusa, León Batista Alberti, Leonardo Bruni, el Cardenal Capranica y Eneas Silvio Piccolomini de Siena, quien posteriormente sería conocido como Papa Pío II.





    Se abordaron cuestiones como la reunificación entre las Iglesias Griega y Romana, abrogando de la mutua excomunión que se habían arrojado tanto El Papa como el Patriarca de la Iglesia Ortodoxa en 1054, y se intervino repetidamente afirmando que no había diferencias reales de doctrina, a la vez que se instó a combatir juntos a los turcos a quienes consideraban peores que a Judas el traidor. Al final se alcanzó una reunificación puramente formal, que nunca se hizo realidad.

    Cósimo y sus contertulios mantuvieron extensas reuniones para acordar una alianza capaz de dominar el mundo de su época, el primer paso para ello sería la ruina de los venecianos. La Florencia de los Médici era el centro de una red comercial y financiera, pero que guardaba una crucial diferencia con su rival Venecia, los florentinos eran productores de manufacturas textiles gracias al dirigismo económico de Cósimo.


    El Ducado de Milán pronto estaría bajo la dominación del Condotiero Francesco Sforza, enemigo de Venecia y aliado de los Médici. En 1461 el humanista Luis XI tomaría el trono de Francia. Este nuevo monarca estaba determinado a desarrollar en Francia el modelo de Estado y de Gobierno desarrollado por Cusa y consideraba a los venecianos, insolentes mercaderes. En 1460 el humanista Eneas Silvio Piccolomini sería elegido Papa Pío II. Entretanto estaría en posición de influenciar a Federico III de Habsburgo, Emperador del Sacro Imperio Romano-Germano.


    La reacción de Venecia a éste potente proyecto humanista ecuménico basado en los principios de la Italia del Renacimiento como plataforma era predecible. Volvieron a utilizar a los turcos una vez más.


    Durante aquellos años los turcos habían gozado de un refugio en territorio veneciano, el Fondaco dei Turchi, que facilitaba el comercio entre el Dogo y el Sultán. Como provocación los venecianos financiaron la compra de artillería al Sultán Mohamed el Conquistador, con la que puso cerco a Constantinopla. La ciudad cayó en 1453.



    La destrucción de Bizancio por los turcos dio a los venecianos una consigna pegadiza con la que se organizaron contra el Renacimiento y sus criterios humanistas, tal y como confesaba el patriarca Bernardo Bembo en su diario: Venecia será la nueva Roma.

    Si el Imperio Romano llegaba a su fin, los venecianos se arrogarían ellos mismos la responsabilidad de construir uno nuevo. La fundación de un nuevo Imperio Romano con sede en Venecia, es desde la mitad del Siglo XV la obsesión de los oligarcas. Francesco Sforza, Duque de Milán escribió acerca de ellos:


    Son obstinados, están siempre dispuestos a arrancar a dentelladas un jirón de poder y a usurpar la casa de sus vecinos para satisfacer sus apetitos por el pillaje en Italia o donde sea, como hicieron los Romanos. Ellos mismos se comparan con los Romanos cuando estaban en el apogeo de su poder.


    Maquiavelo escribió: Están obsesionados por constituir una monarquía bajo el modelo de Roma.


    Así queda corroborado unos años más tarde en un despacho del embajador de Luis XII de Francia a la corte del Emperador Maximiliano, en el cual describe así a los venecianos:


    Mercaderes de la sangre humana, traidores a la fe cristiana, dividen al mundo por medio de los turcos. Ya tienen planes para establecer cabezas de puente tras cruzar el Danubio, el Rhin, el Tajo y el Ebro y convertir así a Europa en una tierra subyugada por sus ejércitos.


    Estos megalomaníacos planes de la Sereníssima no eran secretos. En 1423 el Dogo Tomaso Mocenigo impelía planes para una política expansionista que hiciese a la oligarquía de Venecia "dueña y señora del oro de la Cristiandad". Pero el indicio mas descarado es la negativa permanente de Venecia a participar en una cruzada contra el Imperio Turco a pesar de los esfuerzos de Pío II. Un dicho de aquel periodo rezaba: Primero soy veneciano y luego cristiano.


    En sus Comentarios Pío II reniega de los venecianos por sus dobles tratos y los declara paganos describiendo así a su diplomacia.


    Los venecianos tienen la misma buena fe que los bárbaros. La naturaleza de los comerciantes les lleva a medirlo todo por su utilidad sin poner atención al honor. Así como entre las bestias del mar algunas tienen un mínimo de inteligencia, también los venecianos tienen una capacidad mínima y natural, para sobrevivir en el mar y pasar sus vidas en el agua. Por eso usan barcos en lugar de caballos.

    Son menos amigos de los hombres que los monstruos marinos lo son de los peces. Solo se hacen favores entre ellos e incluso entre ellos hablan de cuanto se admiran así mismos… Son unos hipócritas. Quieren mostrarse como los primeros cristianos del mundo, aunque en realidad nunca piensen en Dios, excepto para su República, a la que tratan como a una divinidad, jamás tienen consideraciones a lo divino ni a nada sagrado. Lo que el Senado aprueba es bendecido aunque se oponga al Evangelio. Se permiten hacer cualquier cosa que incremente más su poder. Toda ley y todo derecho puede ser pisoteado con tal de ver su poder expandirse.



    Durante aquellos años Venecia mantuvo alianzas con los turcos empleándolos como fuerza armada para eliminar a sus enemigos, como cuando se vio amenazado su dominio sobre la base naval de Durazzo, en Albania, durante una revuelta autóctona que los turcos se encargaron de reprimir con éxito. En cierta ocasión Pío II recibió al embajador de Venecia en la corte de Roma y condenó la política de su nación con estas palabras:
    Tu causa es la misma que la de los estafadores y los ladrones. Ninguna nación fue tan grande como Roma y Dios la sojuzgó, haciendo de ella la extensión de su palabra para que Roma respetase las leyes divinas. Piensas que tu república durará para siempre y no es así. El oro del que hace acopio vuestro populacho acabará por dispersarse y vuestra nación será exterminada. Una nación malvada y perversa no puede durar para siempre.


    En 1464 Pío II a pesar de padecer una grave enfermedad viajó de Roma a Ancona para liderar personalmente una cruzada contra los turcos. Deseaba contar con el apoyo de Venecia, que había prometido una flota de guerra. Murió poco después de que los navíos arribasen y aunque Venecia peleó algunas batallas contra los turcos su objetivo fue siempre su propio beneficio. Durante la primera mitad del siglo XV la mayor parte de la energía de Venecia estuvo dedicada a promover su expansión desde el Valle del Po hasta Milán. Tomaron Padua, Vicenza, Verona, Brescia y Bergamo alcanzando el río Ada, a pocas millas de Milán. Los nuevos romanos estaban dispuestos a quedarse el norte de Italia y desde allí, apoderarse de toda la península.


    Cósimo de Médici, al igual que Francesco de Sforza buscaba una alianza entre Florencia y Milán con la que frenar el poder a Venecia. Cósimo consiguió una débil paz, la primera en los últimos cuarenta años. Se la denominó la Paz de Lodi en 1453 y representaba la unión del Papa, Nápoles, Milán, Florencia y Venecia para frenar a los turcos, que tenían ya un pie en Apulia. En realidad esta paz representaba sobre todo la oportunidad de Florencia, Nápoles y Milán, de impedir política y militarmente la expansión de Venecia. Y resultó efectiva, pues el Renacimiento tuvo la oportunidad de desarrollarse durante más de cincuenta años, bajo la así llamada Longa Pax de los Médici.



    Bloqueados en Italia, los venecianos solo pudieron expandirse hacia el este del Mediterráneo incluyendo la conquista de Chipre, pero a la muerte del sucesor de Cósimo, Lorenzo el Magnífico, se apresuraron a terminar con la más bella expresión de la humanidad, el Renacimiento. La premisa básica de los venecianos se basaba en su incapacidad militar para devastar los centros del Renacimiento, su poder económico y sus logros culturales, de tal manera que se determinaron a implicar a otros estados de Europa como Francia y algunos dominios Habsburgo para que lucharan esa guerra por ellos.


    El más agudo y competente observador de aquellos asuntos en la época era Nicolás Maquiavelo y el más activo diplomático de la Florencia post-Médici, el cual sabía que los dos mayores poderes de la Italia de entonces eran el Papado y Venecia. Pero sus esfuerzos estuvieron dedicados de forma insistente contra Venecia. En primer lugar porque Venecia tenía la firme voluntad de dominar Italia y el Papado no, y en segundo lugar porque Venecia confiaba su poder militar en los ejércitos mercenarios. Aquella era una práctica que Maquiavelo quería vencer con un ejército nacional de ciudadanos-guerreros. Si un ejército así vencía a Venecia, también se libraría de los Habsburgo.


    Maquiavelo predijo que la desintegración de Italia vendría cuando los venecianos consiguiesen que Ludovico el Moro, sucesor de Sforza y Duque de Milán, se aliase con ellos y se convirtiese en agente de su influencia. Ludovico era responsable de la primera gran invasión de Italia al haber apoyado las pretensiones sobre Nápoles de Carlos VIII de Francia, hijo de Luis XI, quien le consideraba un auténtico imbécil. En 1494 el ejército de Francia cruzó los Alpes guiado por un consejero genovés en el que nos detendremos posteriormente, Giuliano Della Rovere. Aquello era bastante para dar origen a la caída del régimen de los Médici en Florencia y la ascensión de los Pazzi y su camarilla de oligarcas, que intentaron sojuzgar el Renacimiento Florentino utilizando para ello a Girolamo Savonarola, el demente monje dominico cuya pretensión consistía en implantar un régimen teocrático.


    Savonarola proclamaba que organizaría su estado bajo los principios venecianos. Su familia formaba parte de la comunidad aristotélica de Padua. Mientras tanto Carlos VIII procedía a establecer su poder en Nápoles. Varios años después, en 1498, los venecianos repitieron la maniobra invitando a los franceses a cruzar los Alpes, solo que en esta ocasión se utilizó la excusa de la reclamación del Ducado de Milán por parte de la corona francesa y el encargado de llevarla a cabo fue Luis XII. El ejército Francés tomó Milán en 1500, un golpe mortal para el fermento del renacimiento cultural asociado a mentes como la de Leonardo Da Vinci, que en aquél entonces trabajaba para Sforza llevando a cabo bajo su patrocinio desarrollos interesantísimos.


    La alianza entre Génova y Venecia


    Para Venecia todo marchaba como la seda. Florencia, Nápoles y Milán estaban en la ruina, pero irónicamente los Valois y los Habsburgo, que habían ayudado a eliminar a los tres rivales de los “nuevos romanos”, se iban a volver como un boomerang contra ellos. En toda Europa se estaba formando una alianza contra Venecia. Hablamos de la Liga de Cambrai, formulada en 1508-09, liderada por el Papa Julio II -el genovés Giuliano Della Rovere que mencionamos más arriba- y el emperador del Sacro Imperio Romano-Germano. En la liga participaban Francia, España, Saboya, Mantua y Ferrara. La pretensión con la que se formuló la liga era "borrar a Venecia de la Faz de la Tierra".




    En Agnadello, cerca del río Ada, el ejército mercenario de la Sereníssima fue aplastado por un ejército predominantemente francés. Los venecianos se retiraron del Valle del Po hasta Padua perdiéndolo también. Maquiavelo estaba exultante por el Día de Agnadello, en un solo día Venecia había perdido lo conquistado en 800 años.


    Maquiavelo estaba muy implicado en esta operación contra Venecia gestionando la ayuda financiera que Florencia entregaba a las fuerzas franco-imperiales estacionadas en Verona. Cuando ya nada quedaba para llegar a las lagunas y los venecianos se encontraban desesperados, el Dogo envió un mensaje al Papa Julio II rogándole clemencia y recordándole que en el pasado Venecia formó parte de los Estados Vaticanos. De puertas adentro la ciudad se convirtió en una orgía de autoflagelación entre los nobles por la batalla de Agnadello.


    El banquero Girolamo Priuli escribió en su diario que Agnadello representaba una penitencia por los numerosos pecados de los nobles venecianos, entre los que figuraban "la arrogancia, el incumplimiento de promesas, lascivia entre religiosos, sodomía, conducta afeminada y espectáculos lujuriosos".


    Antonio Contarini, que había sido nombrado recientemente patriarca de Venecia, habló en el Senado declarando a la ciudad profundamente amoral y sosteniendo que sus pecados estaban pagándose con penitencias. Para hacernos una idea comentaremos que los conventos de monjas servían de prostíbulos para la nobleza, y las prostitutas se habían quejado al mismísimo Girolamo porque la elevada incidencia de homosexualidad entre la juventud, las obligaba a ganarse el sustento sólo con los ancianos.


    Pero lo más significativo fue la derrota de Agnadello que llevó a una revisión interna de la táctica de los servicios secretos de Venecia, que condujo a estrategias a largo plazo, algunas de las cuales no se apreciaron hasta décadas después. La primera medida que se planteó fue estudiar la manera de dividir a los componentes de la Liga de Cambrai. Empezaron por el genovés Papa Julio II.


    Génova y Venecia habían sostenido innumerables encuentros durante el siglo XIV, pero en aquellas fechas, Génova representaba el papel de secundario en la película de los venecianos, ya que había sido vencida gracias a las mejores conexiones de Venecia en Oriente, aunque aparte de eso tenían mucho en común: El símbolo de Génova era San Jorge matando al dragón. Pero aquél símbolo era realmente una derivación de otro: Perseo matando a la Gorgona Medusa para defender a Andrómeda, una leyenda proveniente de las costas del Mediterráneo Oriental. Perseo es a su vez nada menos que una variante occidentalizada de Marduk, una divinidad asociada a las más destructivas fuerzas del mal de las antiguas Asiria y Babilonia.



    Los venecianos tenían su propio culto a Marduk, aunque transformado en San Marcos, en la isla de San Giorgio Maggiore, sede de un antiguo monasterio dominico en aquellos tiempos y que en la actualidad alberga a la Fundación Cini, uno de los think tank de más alto nivel. En la decisión de Julio II de revertir sus alianzas participó Agostino Chigi. Chigi era un banquero partidario de los Güelfos Negros de Siena, cuyo imperio financiero todavía sobrevive hoy con el nombre de Grupo di Siena.


    En aquella época el alumbre resultaba imprescindible para las manufacturas textiles y para la elaboración del cristal de Murano. Chigi propuso a los venecianos que dejasen de comprar alumbre a los turcos y que en vez de eso lo importasen de proveedores de la minas de Tolfa en los Estados Pontificios y de las que Chigi era representante comercial. Para endulzar el trato, Chigi dispuso para los venecianos decenas de miles de ducados como préstamo, que necesitaban urgentemente. Los venecianos, que tenían pavor a una rápida ofensiva por parte de Francia aceptaron. Su disposición financiera en aquel momento era mínima y aquello representaba la oportunidad de evitar una carnicería. Sólo mediante el crédito de Chigi podrían contratar suficientes mercenarios suizos para hacer frente al ejército francés y a los lansquenetes del Imperio.


    De repente Julio II tuvo una “revelación”. Después de todo el problema no eran los venecianos sino los franceses y así se dispuso a expulsar a aquellos bárbaros de Italia. Pactó con los venecianos y formuló el slogan Fuori il Barbari. Todavía quedan ingenuos historiadores que consideran que ese grito de guerra es el primer paso para la posterior unificación de Italia. Al mismo tiempo los mercenarios venecianos, suizos en su mayor parte, comenzaron a emplear como grito de combate Italia y Libertad. Así fue como Venecia superó la derrota de Agnadello. Algunos años más tarde los venecianos pusieron en práctica la misma táctica pero en términos inversos. En 1525 los “bárbaros que ocupaban Italia” eran las fuerzas del emperador Carlos V, quienes al derrotar a Francia en Pavía, habían capturado a su rey Francisco I, obligando al resto del ejército francés a refugiarse en Nápoles y Milán.



    Llegados a ese punto el Dogo Andrea Gritti, decidió agitar una vez más "la bandera de la libertad de Italia". En esta ocasión se formó la Sagrada Liga de Cognac “para la restauración de la libertad de Italia” y sus componentes eran Francia, Venecia, Nápoles, Milán, Florencia y los Estados Pontificios bajo el papado de Clemente VIII de Médici. Después de diseñar esta alianza cuyo fin era enfrentar a Francia contra España y al mismo tiempo involucrar en una guerra a los Médici y a Roma, centro intacto del Renacimiento, los venecianos se retiraron a sus posiciones defensivas y se sentaron esperando a ver el resultado.


    La capacidad de Venecia para manipular a Carlos V fue realmente memorable y fue ejecutada a través de los servicios de inteligencia de los Fugger de Augsburgo, una familia de banqueros apostada en una ciudad satélite del poder de la Sereníssima, cuyo control de las ciudades del valle del Danubio era férreo y estrecho. Todos los miembros varones de la familias Fugger y Welser eran enviados a Venecia en su juventud a la Fondaco dei Tedeschi para asistir a un periodo de aprendizaje -como curiosidad decir, que el Fugger de la época de Carlos V se llamaba Jakob. Un nombre un poco raro para un católico apostólico romano-.


    Así los venecianos tomaron parte aparentemente contra Carlos V, mientras la armada imperial, comandada por Jorge Frundsberg devastaba Italia. El saqueo de Roma en 1527 fue directamente una combinación de diplomacia veneciana y manipulación. Para hacer completo el triunfo de Carlos V, el almirante genovés Andrea Doria, comandante de la flota francesa, se pasó a las filas imperiales. El golpe de Doria sirvió para establecer de facto una constante alianza entre Génova y Venecia. En 1530 Carlos V fue coronado Emperador del Sacro Imperio y Rey de Italia en una ceremonia en Bolonia. Tropas imperiales fueron acantonadas en cada ciudad importante durante un tiempo.




    Gracias a la tenacidad de la diplomacia y de la inteligencia veneciana, cada uno de los centros del renacimiento había sido subyugado o destruido. Venecia se convirtió en el único estado de Italia con soberanía real.


    Con el final del Renacimiento, Venecia pudo hacer sentir que una especie de renacimiento délfico tenía lugar en sus dominios al dar cobijo a todos aquellos intelectuales que buscaban refugio entre aquellas cloacas que ellos siempre denominaron canales.

    La creación de los Jesuitas


    El largo otoño del Renacimiento en Venecia duró todo el resto del siglo XVI pero sólo se desarrolló escasamente. Otro asunto fue la promoción de la reforma protestante. Los controladores de Martín Lutero están hoy desenmascarados, aunque esto es ahora un asunto secundario. Las agitaciones de los partidarios de Lutero en Wittemberg eran en principio meramente protestas contra la decadencia moral del Papado y la Curia Romana que venían sucediéndose en aquellos tiempos. Venecia se involucró al darle a Europa la difusión de estas ideas mediante editores asociados al establishment veneciano. Venecia rápidamente se apresuró a publicar 40.000 títulos de los escritos de Lutero, Calvino, Melanchton y el heresiarca Juan Valdés, especialmente popular en Italia.


    El Papa León X, denunció públicamente a la universidad de Padua, un protectorado intelectual de la oligarquía veneciana, de dar expansión a los luteranos. Venecia estaba muy interesada en provocar un cisma en la iglesia y hacer brotar las semillas de la disensión y el conflicto en España, Francia, Alemania y el resto de Europa. En definitiva, un conflicto entre reformistas y contrareformistas, socavaría seriamente la unidad de los europeos frente a sus intereses.



    La influencia veneciana en el impulso de una confrontación entre ambas facciones puede ser mostrada atendiendo a la remarcable carrera de Gasparo Contarini, vástago de una de las familias más poderosas y longhi. Los Contarini habían dado lugar a siete Dogos y Gasparo, que tenía la intención de ser el octavo, ya había prestado sus servicios a Venecia como miembro destacado del Colegio de Cardenales. También había sido embajador tanto en la corte de Carlos V como en el Vaticano, lugares desde los que precipitó las estrategias que dieron lugar al Saqueo de Roma en 1527, durante el Papado de Clemente VIII de Médici.

    Hacia el final de su vida fue enviado como Nuncio Papal a la Dieta Imperial de Regenburg, donde representó el punto de vista de Roma frente a protagonistas del Cisma como Melanchton. Su misión allí consistió en romper cualquier compromiso entre Carlos V y los luteranos, quienes le habrían ayudado a finalizar las sangrías y disensiones que tuvieron lugar en los años de la Reforma. Se las ingenió para financiar tanto a católicos como a protestantes al mismo tiempo, con la finalidad de debilitar las naciones europeas y fortalecer el comercio supra-nacional. Más tarde manipularía al propio Henry VIII a través de un agente diplomático suyo, Francesco Zorzi, para que rompiese con la Iglesia y creara una propia, infiltrando la corte Tudor ya antes de la época del Rasputín de turno, el nombrado John Dee del que hemos hablado antes.


    Gasparo Contarini

    ¿Tuvo algo que ver éste sublime patricio veneciano en la fundación de los Jesuitas por el delirante Ignacio de Loyola? Sí. Ignacio era una criatura de Venecia y de Contarini en particular. En 1521 Ignacio cae herido por los franceses en una de las habituales batallas que éstos mantuvieron contra los ejércitos de Carlos V. Durante su convalecencia padeció frecuentes crisis místicas que le hicieron comprometerse con varias peregrinaciones. Viajó por Europa buscando financiación para ir a Tierra Santa, hasta que recaló en Venecia, donde sobrevivió mendigando en la Plaza de San Marcos.


    Cuentan que cierto día al anochecer, el oligarca veneciano Marco Antonio Trevisan, que dormía en su palacio, tuvo una visión. Un Ángel se dirigió a él y le preguntó: "¿Qué haces durmiendo plácidamente en tu cama mientras en la Plaza un hombre Santo, un peregrino, necesita tu ayuda?" Trevisan corrió escaleras abajo buscando a Ignacio y sus pulgas, a quienes invitó a hospedarse en su casa.

    Después de aquello Ignacio fue conducido a presencia del Dogo, que le facilitó un pasaje a Chipre en un navío de Guerra como primera escala en su peregrinaje a Jerusalén. Ignacio continuó su viaje, pero pronto retornó a Venecia donde profundizó su amistad con otros miembros de la oligarquía entre los cuales se encontraba Pietro, sobrino de Gasparo Contarini, victima del lavado de cerebro patentado por Ignacio y conocido mundialmente con el nombre de Ejercicios Espirituales.


    Ignacio de Loyola


    Ignacio marchó a Roma, donde acudió como protegido de Gasparo Contarini, quien había sido promovido al Colegio Cardenalicio por el Papa Pablo III Farnesio. El Cardenal tomó lecciones de los Ejercicios Espirituales de Ignacio y eligió a éste como su confesor y consejero espiritual. En 1540 Contarini intercedió personalmente con el Papa y contra la Jerarquía, para dar luz a la fundación de la Compañía de Jesús y convertirla en una Orden de la Iglesia.


    En 1539 Contarini viajó a la residencia de verano del Papa en Tivoli, para persuadir sibilinamente al pontífice y leerle en voz alta los estatutos de la Orden redactados personalmente por Ignacio. El Papa debió verse gratamente sorprendido al leerlos porque aprobó los estatutos comentando “Hic est digitus dei” -Él es el dedo de Dios-, y así es como empezaron a propagarse las turgentes homilías de los Jesuitas.


    El nacimiento de la Ilustración


    Un irónico post scriptum de ésta historia es que con posterioridad Venecia decidió desmarcarse de San Ignacio y de los excesos que dominaban al Papado.


    En los años inmediatamente posteriores a 1570 nació en Venecia el primer salón de debate y discusión literaria: el Ridotto Morosini, patrocinado por la familia del mismo nombre. Ellos fueron la semilla de lo que más tarde se conoció como los librepensadores, los espíritus libres y los filósofos, en una palabra, los Ilustrados o Iluminados. El Salón de los Ridotto Morosini se constituyó de cara a la galería a favor de la tolerancia, la ciencia y en contra de toda doctrina que tuviese estrechez de miras.


    Sin embargo en los dominios del hedor de las cloacas de Venecia estaba teniendo lugar un aspecto poco conocido de la historia política veneciana. El surgimiento de los Giovini -los jóvenes-. En contraste con sus rivales, los Vecchi -los viejos-, querían imprimir profundos cambios en la política exterior de Venecia. Deseaban cimentar las relaciones con Francia, Holanda e Inglaterra porque pensaban que les presentarían buenas oportunidades en el futuro, y además estaban muy influidos por lo que serían las ideas proto-ilustradas.

    Según los Giovini, los Vecchi tenían demasiado miedo al poder de España y no estaban preparados para la lucha. Los Giovini estuvieron preparados para desarrollar su programa en 1606, cuando el Papa Pablo V, Camilo Borghese, se opuso con firmeza a que Venecia arrestase a varios religiosos en su territorio. Borghese colocó a Venecia bajo interdicto y procedió a excomulgar a los funcionarios del gobierno. No hará falta explicar, que la "revolución" de los Giovini no era sino el comienzo de los Contarini por arrojarse más poder, en una de las que, podríamos considerar, primeras "revoluciones de colores". El principal apoyo internacional de Venecia era Jaime I Estuardo, soberano de Inglaterra.


    Paolo Sarpi


    Al mismo tiempo el poderoso aparato de propaganda veneciano entró en acción bajo el liderazgo del monje Paolo Sarpi, quien carecía del origen noble requerido para ser cargo público. Sarpi era el contacto en Venecia de Sir Francis Bacon y durante su estancia en Roma donde había entrado en contacto con Nicolás de Bobadilla, uno de los seguidores originales de Ignacio de Loyola quien a su vez era amigo de Bellarmino, más tarde General de la Compañía de Jesús, y su directo adversario en el asunto del interdicto Papal. También era el autor de "Il arte di ben pensare" basado en varios de John Locke.

    En privado Sarpi admitía ser protestante. Fue autor de un largo panfleto en su guerra con Bellarmino y de una falsaria Historia del Concilio de Trento, donde, huelga decirlo, limpiaba la responsabilidad veneciana en la Contrarreforma. La distorsión de la realidad era tan grande que muchos terminaron por olvidar que fueron los propios venecianos, de la mano de Zuane Mocenigo, quienes entregaron a Giordano Bruno, un habitual de los salones Ridotto Morosini, a la Inquisición.

    El siguiente paso de Venecia en hacer este cambio irreversible al norte, el propagar la semilla del iluminismo junto con la causa luterana, era arrastrar a los Países Bajos hacia la órbita veneciana, al mismo tiempo de iniciar una transformación similar en Inglaterra. La clave de esta operación fue el enfrentamiento veneciano con Roma durante la crisis del interdicto, y la posterior función de Venecia en la provocación de la Guerra de los Treinta Años de 1618-1648.

    El conocido liderazgo de Sarpi durante el entredicho, y el intento fallido de asesinarlo, tuvieron el efecto de hacer de él, un monje católico romano, el héroe del mundo protestante. Sarpi fue agasajado en los círculos políticos, religiosos e intelectuales en Ginebra, París, Londres, Ámsterdam, y en otros lugares. Cuando las noticias sobre el entredicho se extendió por Europa, el primer gobierno que quiso defender oficialmente a Venecia fue Holanda, que ofrecía ayuda militar. El holandés Mauricio de Nassau ofreció personalmente sus servicios a los venecianos.

    Desde 1610 hasta 1618 no existía un estado de guerra no declarada entre Venecia y la España de los Austrias, en el que Venecia y los Países Bajos no se encontraran en una alianza militar. Más tarde, en la guerra de 1615-1617 entre Venecia y la Austria de los Habsburgo, se enviaron 5.000 soldados holandeses para servir en Venecia, y 12 buques de guerra holandeses bloquearon el Adriático para evitar que la ayuda española llegara a Austria.


    Metástasis


    Las políticas de los Giovini, divulgadas por el aparato de propaganda de Sarpi y del Dogo Leonardo Dona, durante el asunto del Interdicto, corresponde a la metástasis del poder y la influencia de Venecia alrededor del mundo.


    Los venecianos y sus socios, la facción genovesa de los Doria, estaban llevando a cabo el mayor traslado de capitales de la historia a lugares más provechosos, como Flandes, aunque no puede decirse que ese fuera el motivo de que Venecia no tardara en convertirse en poco tiempo en un poder naval de baja categoría.


    La asociación Génova-Venecia se encargaba del aspecto financiero en el nuevo mundo. Hacia mediados del siglo XVI Venecia tomó el control de la plata que venía de las Américas promoviendo un estándar monetario en plata, en lugar del estándar monetario en oro. Esta plata es la que se usaba para pagar las especies y otros productos venidos de Oriente.

    Venecia gozaba de una liquidez extraordinaria en 1600, con alrededor de 14 millones de ducados en reservas. Por las mismas fechas, y esto era increíble, había terminado con el proceso de deuda pública dejando al Estado libre de cargas de ningún tipo. Esta situación de extrema liquidez era signo inequívoco de una masiva fuga de capitales hacia los países señalados por los Giovini -en especial trasladados desde el siglo XVIII-, Francia, Holanda e Inglaterra como socios, o mejor dicho, víctimas.


    A un lado, típica máscara veneciana. Al otro, fotograma de "Eyes Wide Shut", película célebre por morir poco después su director, Kúbrick, por existir hasta media hora de metraje que en un último momento "desapareció", y sobretodo por mostrar el mundillo de las sectas ocultistas en los círculos de poder anglosajones, tan llenas siempre de parafernalia veneciana.

    A través del Banco de San Jorge, los genoveses recibieron prácticamente todo el oro circulante de la época. Las dos ciudades formaron una especie de dúo financiero cuyos comienzos se sitúan en 1579, en la Feria de Piacenza, un prototipo de Cámara de compensación para bancos europeos, que llegaron a gestionar unos 20 millones de ducados al año. La Feria de Piacenza fue el precursor del posterior Banco de Internacional de Versailles -Versailles Bank for International Setlements-.


    En 1603 Venecia y Génova asumieron el control de las finanzas de los Estuardo de Inglaterra e impartieron su característico modo de actuación a la Compañía de las Indias Orientales. Éste tándem estuvo presente en la creación del Banco de Ámsterdam, de la Compañía Alemana de Las indias Orientales y en la financiación de las grandes operaciones europeas durante todo el siglo XVII. Fueron a su vez los padrinos del asombroso y repentino crecimiento de Ginebra como potencia financiera, desde donde se manejó prácticamente la totalidad de la deuda pública francesa y se financió a los espíritus délficos de la Ilustración.


    Venecia, en cooperación con el restaurado, es decir, degenerado poder de los Médici, comenzaron a gestionar la parcela de los agregados financieros vinculados a los seguros marítimos y de otro tipo. Estas empresas perviven a día de hoy asociadas a Venecia, como por ejemplo Assicurazioni Generali di Venezia, una de las más grandes, sino la mayor, compañía de seguros y de bienes raíces del mundo.


    El 12 de mayo de 1797, el Gran Consiglio acató el ultimátum de Napoleón y acordó el fin de su existencia. Miles de efectivos de Infantería francesa se encontraban apostados en la Plaza de San Marcos, donde nunca antes en la historia se habían visto tropas extranjeras. El dorado Bucentoro fue incenciado y despojado de su oro. La Serenissima Reppublica di Venezia llegaba a su fin, aunque continuaría existiendo de manera menos visible pero mucho más efectiva.



    Los últimos años de Venecia tienen un interés especial por su proyección, dónde destaca especialmente la presencia durante la revolución Americana de 3000 efectivos de la marina veneciana, un tercio del total de sus fuerzas, que sirvieron a las órdenes de la Royal Navy.


    Sobre la liquidación de Venecia el gran Giuseppe Cuoco escribió:

    No sé lo que le sucederá a Italia, pero se cumplirá la profecía del secretario florentino sobre la destrucción del mundo antiguo. La estúpida oligarquía veneciana se aprovechará de Italia siempre.


    El secretario Florentino es por supuesto Maquiavelo.

    Por desgracia, para cuando Venecia cae en manos francesas, sus oligarquías, tal como el capital, han dejado de tener patria: el cáncer ya se había expandido, encontrando su mayor filón en los estados alemanes, y especialmente en Inglaterra, cumpliéndose así los augurios de que la patria anglosajona caería en manos de los grandes financieros.

    Las familias oligárquicas pasaron de Venecia a Milán, Frankfurt, Ámsterdam, y de ahí a La City de Londres, donde
    el Wall Street Londinense, tomó el peculiar nombre de "
    Lombard Street".

    Mas, incluso pasadas décadas, y con el poder cada vez más menguante de Venecia, cuyas élites en buena parte habían echado el vuelo, todavía conservaba su enorme influencia. El primer ministro británico Benjamin Disraeli, que "manejó" al fundador de la mafia -y masón, Giuseppe Mazzini-, aludió a estos círculos de poder en un discurso ante la Cámara de los Comunes en pleno 1856 advirtiendo:

    Hay en Italia un poder que rara vez se menciona. Me refiero a las sociedades secretas. Europa… , está cubierta con una red de sociedades secretas al igual que la superficie de la Tierra está cubierta con una red de ferrocarriles.


    Los ejemplos de las influencias posteriores son innumerables, incluyendo en el mundo de la cultura. Richard Wagner escribió parte de Tristán e Isolda mientras vivía en el Palazzo Giustiniani del Gran Canal. Una anécdota cuenta que el leitmotiv de Libestod fue inspirado por el canto de un gondolero. Hacia el final de su vida Wagner se trasladó al Palazzo Vendramin Callergi, donde murió. Éste edificio, que hoy es un casino, fue también la casa del Conde Coudenhove-Kalergi, el fundador de la protogloblalista Unión Paneuropea.


    Otros ejemplos son las organizaciones que parten de la inteligencia veneciana, como el Club de Roma, Thurn und Taxis, y sobretodo, la Sociedad Europea de Cultura, un think tank, se creó en 1950 gracias a los esfuerzos del agente de la inteligencia veneciana Humberto Campagnolo, quien durante treinta años estuvo promoviendo entre intelectuales de Europa Oriental y Occidental la necesidad de acercamiento de posiciones basada en la destrucción de la Soberanía de las Naciones, una de las estrategias claves de la globalización.



    La SEC contaba entre sus miembros a la crema de la intelectualidad europea de posguerra: Adam Schaff, de Polonia; Bertolt Brecht, de Alemania del Este; Georg Lukacs, de Hungría y Boris Pasternak, de la Unión Soviética. También formaban parte de aquél entramado Arnold Toinbee, Benedetto Crocce, Norberto Bobbio, Julian Huxley, Thomas Mann, François Mauriac y Jean Cocteau. Y posteriormente, impulsó las ideologías de "Liberación Nacional" del Tercer Mundo.

    En definitiva, hemos visto que la hegemonía veneciana va desde la Alta Edad Media hasta el siglo XVII, pero que en cambio Venecia siguió teniendo mucho poder hasta que llegó Napoleón a principios del XIX, y aún tras él. Venecia fue durante la mayor parte de la Edad Media, la principal potencia europea internacional, junto con Bizancio. No tuvo reparos en aliarse con sarracenos, mongoles y turcos, ni en provocar la caída de Bizancio cuando le convino, a la vez que mediante sus embajadas por todo el mundo espiaban a las noblezas para poder conocer sus debilidades y poder extorsionarlas.


    El veneciano Gasparo Contarini, del que hablamos antes, perteneciente a una familia que había dado muchos dogos, altos eclesiásticos, etc., es el arquetipo de pajarraco veneciano de las épocas turbulentas europeas, cuando las instituciones internacionalistas -Iglesia, Venecia, el comercio, la finanza, la navegación-, hacían todo lo que podían para evitar la constitución de naciones europeas, ya no digamos de imperios europeos.

    Venecia no era más que un caladero de piratas y mercaderes venidos a más, en el que fue a parar toda la basurilla especuladora de la Edad Media, y donde se formaron las castas que en la actualidad imperan sobre Occidente. Seguro que en Venecia se encontraron elementos romanos, de la antigua aristocracia senatorial, de la jerarquía eclesiástica, judíos, fenicios, babilonios, egipcios, cartagineses, cruzados... Tanto Shakespeare como Petrarca, Dante, Quevedo y otros tantos enemigos de los venecianos, lo que querían era solidificar los estados-nación en Europa, a expensas de poderes internacionales como la banca, y las instituciones religiosas.


    El objetivo era la balcanización de Europa, para que esta no se convirtiera en una fuerza a tener en cuenta. Al menos no hasta que las instituciones de poder de los países europeos estuviesen bien sometidas al poder del comercio y la banca. Debido a esta farsa, los españoles y holandeses -cristianos ambos- se acuchillaron y arcabucearon durante décadas, mientras "la Cristiandad" era incapaz de convocar apenas poder, para oponer resistencia a los turcos -musulmanes, y ayudados por Venecia- en los Balcanes. Había que mantener las naciones debilitadas mientras los auténticos poderes fácticos supra-nacionales no estuviesen lo bastante consolidados.

    El problema veneciano permanece hoy. Sus ramificaciones en el mundo económico, junto con el propósito lunático de entronizar a una casta perpetua sobre todo el orbe, son ahora más poderosas que nunca, con una cantidad de recursos mastodóntica y una influencia colosal, aspirando a ser la enésima casta adorada por la plebe como en la antigüedad.


    La más urgente necesidad de la humanidad es liquidar el horror que los antiguos ideales de Venecia suponen.



    Adaptación de The Venetian Conspiracy, de Webster G. Tarpley
    http://renacereuropeo.blogspot.com.e...ro-tiempo.html
    Última edición por ReynoDeGranada; 06/10/2017 a las 18:11
    «¿Cómo no vamos a ser católicos? Pues ¿no nos decimos titulares del alma nacional española, que ha dado precisamente al catolicismo lo más entrañable de ella: su salvación histórica y su imperio? La historia de la fe católica en Occidente, su esplendor y sus fatigas, se ha realizado con alma misma de España; es la historia de España.»
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    Re: Venecia, el cáncer de la Cristiandad

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    La creación de los Jesuitas


    El largo otoño del Renacimiento en Venecia duró todo el resto del siglo XVI pero sólo se desarrolló escasamente. Otro asunto fue la promoción de la reforma protestante. Los controladores de Martín Lutero están hoy desenmascarados, aunque esto es ahora un asunto secundario. Las agitaciones de los partidarios de Lutero en Wittemberg eran en principio meramente protestas contra la decadencia moral del Papado y la Curia Romana que venían sucediéndose en aquellos tiempos. Venecia se involucró al darle a Europa la difusión de estas ideas mediante editores asociados al establishment veneciano. Venecia rápidamente se apresuró a publicar 40.000 títulos de los escritos de Lutero, Calvino, Melanchton y el heresiarca Juan Valdés, especialmente popular en Italia.


    El Papa León X, denunció públicamente a la universidad de Padua, un protectorado intelectual de la oligarquía veneciana, de dar expansión a los luteranos. Venecia estaba muy interesada en provocar un cisma en la iglesia y hacer brotar las semillas de la disensión y el conflicto en España, Francia, Alemania y el resto de Europa. En definitiva, un conflicto entre reformistas y contrareformistas, socavaría seriamente la unidad de los europeos frente a sus intereses.



    La influencia veneciana en el impulso de una confrontación entre ambas facciones puede ser mostrada atendiendo a la remarcable carrera de Gasparo Contarini, vástago de una de las familias más poderosas y longhi. Los Contarini habían dado lugar a siete Dogos y Gasparo, que tenía la intención de ser el octavo, ya había prestado sus servicios a Venecia como miembro destacado del Colegio de Cardenales. También había sido embajador tanto en la corte de Carlos V como en el Vaticano, lugares desde los que precipitó las estrategias que dieron lugar al Saqueo de Roma en 1527, durante el Papado de Clemente VIII de Médici.

    Hacia el final de su vida fue enviado como Nuncio Papal a la Dieta Imperial de Regenburg, donde representó el punto de vista de Roma frente a protagonistas del Cisma como Melanchton. Su misión allí consistió en romper cualquier compromiso entre Carlos V y los luteranos, quienes le habrían ayudado a finalizar las sangrías y disensiones que tuvieron lugar en los años de la Reforma. Se las ingenió para financiar tanto a católicos como a protestantes al mismo tiempo, con la finalidad de debilitar las naciones europeas y fortalecer el comercio supra-nacional. Más tarde manipularía al propio Henry VIII a través de un agente diplomático suyo, Francesco Zorzi, para que rompiese con la Iglesia y creara una propia, infiltrando la corte Tudor ya antes de la época del Rasputín de turno, el nombrado John Dee del que hemos hablado antes.

    Gasparo Contarini

    ¿Tuvo algo que ver éste sublime patricio veneciano en la fundación de los Jesuitas por el delirante Ignacio de Loyola? Sí. Ignacio era una criatura de Venecia y de Contarini en particular. En 1521 Ignacio cae herido por los franceses en una de las habituales batallas que éstos mantuvieron contra los ejércitos de Carlos V. Durante su convalecencia padeció frecuentes crisis místicas que le hicieron comprometerse con varias peregrinaciones. Viajó por Europa buscando financiación para ir a Tierra Santa, hasta que recaló en Venecia, donde sobrevivió mendigando en la Plaza de San Marcos.


    Cuentan que cierto día al anochecer, el oligarca veneciano Marco Antonio Trevisan, que dormía en su palacio, tuvo una visión. Un Ángel se dirigió a él y le preguntó: "¿Qué haces durmiendo plácidamente en tu cama mientras en la Plaza un hombre Santo, un peregrino, necesita tu ayuda?" Trevisan corrió escaleras abajo buscando a Ignacio y sus pulgas, a quienes invitó a hospedarse en su casa.

    Después de aquello Ignacio fue conducido a presencia del Dogo, que le facilitó un pasaje a Chipre en un navío de Guerra como primera escala en su peregrinaje a Jerusalén. Ignacio continuó su viaje, pero pronto retornó a Venecia donde profundizó su amistad con otros miembros de la oligarquía entre los cuales se encontraba Pietro, sobrino de Gasparo Contarini, victima del lavado de cerebro patentado por Ignacio y conocido mundialmente con el nombre de Ejercicios Espirituales.

    Ignacio de Loyola


    Ignacio marchó a Roma, donde acudió como protegido de Gasparo Contarini, quien había sido promovido al Colegio Cardenalicio por el Papa Pablo III Farnesio. El Cardenal tomó lecciones de los Ejercicios Espirituales de Ignacio y eligió a éste como su confesor y consejero espiritual. En 1540 Contarini intercedió personalmente con el Papa y contra la Jerarquía, para dar luz a la fundación de la Compañía de Jesús y convertirla en una Orden de la Iglesia.


    En 1539 Contarini viajó a la residencia de verano del Papa en Tivoli, para persuadir sibilinamente al pontífice y leerle en voz alta los estatutos de la Orden redactados personalmente por Ignacio. El Papa debió verse gratamente sorprendido al leerlos porque aprobó los estatutos comentando “Hic est digitus dei” -Él es el dedo de Dios-, y así es como empezaron a propagarse las turgentes homilías de los Jesuitas.
    Me gustaría saber si alguien tiene conocimiento de que estos vínculos entre San Ignacio y la Compañía por un lado, y la inteligencia veneciana por otro, son reales o forman parte de cierta Leyenda Negra por todos conocida, pues es la única parte del artículo que no me cuadra. Incluso en el mismo se señala que Venecia se desmarcó posteriormente de él (suponiendo que fuese real el hecho de que estuviesen detrás).

    Saludos en Xto.
    «¿Cómo no vamos a ser católicos? Pues ¿no nos decimos titulares del alma nacional española, que ha dado precisamente al catolicismo lo más entrañable de ella: su salvación histórica y su imperio? La historia de la fe católica en Occidente, su esplendor y sus fatigas, se ha realizado con alma misma de España; es la historia de España.»
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