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Tema: El despojo de los Estados Pontificios al Papado por el “reino de Italia” y las logias

  1. #1
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    El despojo de los Estados Pontificios al Papado por el “reino de Italia” y las logias

    1. El proceso de unidad italiana. Antecedentes. (1791-1845)

    a) La raíz: deísmo y odio al Papado. Napoleón.

    b) Labor de las sectas

    c) “Il Risorgimento”

    2. Pío IX ante el problema (1846-1851)

    d) Pío IX frente a los revolucionarios romanos

    e) Pío IX accede a la representación popular

    f) Pío IX huye a Gaeta; pérdida del poder temporal

    3. El despojo a la Santa Sede (1852-1870)

    g) Intrigas de Cavour

    h) El despojo

    4. La fase de las "garantías”. León XIII (1871-1903)

    i) Las “garantías”

    j) “Non possumus, non expedit”

    k) Nuevos vejámenes. León XIII se plantea huir de Roma

    5. Hacia el tratado de Letrán (1903-1929)

    l) Acercamiento

    m) Pío XI y Mussolini. Tratado de Letrán y Concordato.

    6. II Guerra Mundial
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  2. #2
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    Re: El despojo de los Estados Pontificios al Papado por el “reino de Italia” y las lo

    1. El proceso de unidad italiana. Antecedentes. (1791-1845)

    a) La raíz: deísmo y odio al Papado. Napoleón.

    Los Estados pontificios, que desde el siglo IX habían sido el eje alrededor del cual ha girado la política de Italia, estaban formados por las Legaciones de Ferrara, Bolonia y Romaña, las Marcas, Umbría, el ducado de Roma, Montecorvo, y Benevento en el reino napolitano.



    En 1847, escribía Balmes: “Italia ha tenido bastante espíritu de nacionalidad para no ser extranjera; pero demasiado poco para crear esas grandes unidades que vemos en Austria, Francia, Inglaterra, España y, últimamente en Prusia y Rusia. España, Francia, Austria, se han disputado con torrentes de sangre los pedazos de aquel país descoyuntado, pudiendo asegurarse que de no haber existido la soberanía temporal del Romano Pontífice, Italia hubiera perdido hasta ese rastro de nacionalidad, que tantas veces no ha tenido más vínculo que la lengua y el nombre

    La cuestión romana llenó la política del siglo XIX. Es cierto que, desde los orígenes del Renacimiento bullen en Italia ciertas ideas de independencia y de unidad; pero sobre todo desde la revolución francesa, esas tendencias cundieron marcadas con el sello del deísmo y del odio al Papa.

    La misma revolución francesa era un ejemplo, que estaba demasiado cerca; pero, además, los jacobinos con las puntas de sus bayonetas fueron sembrando por Europa esas ideas de libertad.

    Las promesas de Napoleón en su primera campaña de Italia contribuyeron no poco a atizar ese fuego: por fin el hecho de la república italiana y del reino napoleónico dejaron entrever la posibilidad de su realización. Ya en 1791 quedaron anexionados a Francia Aviñón y el condado Venesino, antiguas posesiones de la Santa Sede.

    Pero mayor trascendencia tiene la proclama que Napoleón lanzó el 30 de mayo de 1796 al presentarse en Lombardía:“Amamos particularmente a los descendientes de los Brutos y Escipiones y de aquellos grandes varones que hemos escogido por modelos. Restablecer el capitolio y erguir con honor las estatuas de los héroes que alcanzaron un nombre inmortal, despertar al pueblo romano, abotargado tras muchos siglos de esclavitud; ese será el fruto de vuestros triunfos, que abrirán una era nueva en la historia”.

    El 2 de abril de 1797, hablaba Napoleón de constituir una república en Italia, que creciera y se dilatase a medida que fueran decreciendo los Estados Pontificios. El 29 de septiembre escribía a su hermano José: “Si ha muerto ya el Papa, cuida de que no se elija otro y de que se incite a la revolución”. Bajos sus auspicios se formó la república italiana.

    Sabemos cómo, proclamada la república italiana el 15 de febrero de 1798, salía el 20 desterrado para Valence (Francia) el Papa. Pero el mes de septiembre, los napolitanos con Fernando IV, entraban en Roma. Ahora era Fernando quien, como libertador, soñaba en un reino ítalo, y hacia él vuelven los ojos de los patriotas. Por el momento, los austríacos acabaron con la república y con los sueños de Fernando. Los Estados Pontificios fueron restaurados.

    Con ocasión del bloqueo continental en 1806, comenzó una nueva tentativa. Por un decreto de Napoleón, árbitro de Europa, los Estados Pontificios quedaban anexionados al Imperio francés.

    Al declinar la estrellade Napoleón, Murat, rey de Nápoles, gran maestre de la masonería, quiso realizar los sueños de Fernando IV, y en enero de 1814 pactó con la Austria de Metternich, con estas piadosas ideas; pero Pío VII, libre de su secuestro en Fontainebleau, volvía a su reino y entraba en Roma, a pesar de las trabas del camino.

    El congreso de la legitimidad o de los soberanos, reunido en Viena para restaurar Europa, devolvió solemnemente, por el artículo 103, casi todos los Estados Pontificios: las Legaciones, las Marcas, el ducado de Benevento y el principado de Montecorvo con el núcleo de Roma; unas 748 millas con unos 3.124.000 habitantes.
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  3. #3
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    Re: El despojo de los Estados Pontificios al Papado por el “reino de Italia” y las lo

    B) Labor de las sectas

    Estas eran las primeras ideas, la primera siembra. Era verdad lo que diría más tarde el conde Pellegrino Rossi, que la facción nacionalista hasta 1815 sólo se reducía a un puñado de filósofos entre literatos y abogados.

    El espíritu nacionalista desde entonces comenzó a agitarse.Mons. Consalvi propuso ciertas innovaciones, necesarias a los tiempos, en la administración de los Estados Pontificios; pero sólo en parte se aceptaron en el edicto de 15 de julio de 1815 y en el motu proprio de 6 de junio de 1816. Para entonces la labor de las sectas iba minando el terreno.

    Los carbonarios, sucesores de los jacobinos franceses, nacen en Nápoles, según parece, de la masonería. Su nombre aparece por primera vez hacia 1806; su fin era derribar los tronos y traer la república. Para 1817 trabajaban ya en las Marcas y en el Piceno. No hay que identificar plenamente el carbonarismo, de finalidad principalmente política, con la masonería.

    Pío VIII, al condenar el carbonarismo en 1821, lo llamó “quizá descendencia y ciertamente imitación de la masonería”. Muchos partidarios de Napoleón y otros liberales, que odiaban el absolutismo restaurado en Viena y veían a Italia de nuevo parcelada, tras haberla visto una, afluyeron en masa hacia los carbonarios. Pero los mismos carbonarios, en un principio, fervientes republicanos, desde 1820 propenden a la monarquía constitucional liberal del tipo de la contemporánea española. Sin embargo, en su misma entraña llevan la revolución y la violencia; se multiplican los atentados, se organizan en secreto con los símbolos de sus oficios, con sus "ventas" madres y filiales.

    A su lado pululaban otras sociedades secretas, como las de los güelfos, los filadelfios, etc. cuyo fin era derribar las monarquías absolutas. Para eso promovían tumultos y después esparcían por Europa en sus periódicos y hojas volantes el estado inseguro de los Estados Pontificios y la impotencia del gobierno papal para restablecer la paz.

    ¡¡Estas sectas irreligiosas e impías eran las que tendían a crear la Italia una!!

    En estas circunstancias se imponía el reprimir los tumultos; pero toda represión se pintaba con negros colores y se deformaba en los periódicos de Inglaterra, Alemania, Francia, Bélgica. En este medio ambiente de hostilidad estudiada, no aprovechaban reformas ni concesiones. León XII siguió más bien el régimen de represión... y el clamoreo fue aun más aparatoso. Durante el breve reinado de Pío VIII prosiguen en auge las perturbaciones...

    El 2 de febrero de 1831, sube Gregorio XVI al trono pontificio. La revolución, que estalló en Francia en julio de 1830 recorrió las ciudades de Italia en 1831. La insurrección se extendió por casi todos los Estados del Papa: se declaró el gobierno provisional de las Provincias Unidas de Italia: pero les faltaba un ejército, por lo que las tropas austríacas impusieron pronto el orden.
    Última edición por ALACRAN; Hace 2 semanas a las 18:47
    DOBLE AGUILA dio el Víctor.

  4. #4
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    Re: El despojo de los Estados Pontificios al Papado por el “reino de Italia” y las lo

    C ) “Il Risorgimento”

    Y llegamos a la era del Resurgimiento (Il Risorgimiento). Antes del año 1832, las sectas no triunfaban porque les faltaba un ideal concreto y de base popular. Sin embargo, la dura represión hecha por Austria con elementos extranjeros despertó el espíritu nacional italiano; los escritores comenzaron a clamar por la libertad, la independencia y la unidad.

    Para conseguir estos fines surgieron dos tendencias o escuelas: la republicana y la federal (moderada).

    El genovés José Mazzini al principio reclutaba adeptos para los carbonarios. En 1830 fue recluido en Savona como conspirador; huyó de allí a Marsella y en 1831 instituyó en dicha ciudad la sociedad Giovane Italia, para derribar por la fuerza los tronos e implantar la república italiana; pero antes había que arrojar de Italia a los austríacos. Su lema era: libertad, igualdad, humanidad, unidad, independencia. En cuanto a religión era un sectario. Como órgano del partido se fundó el periódico La Giovane Italia, que se propagaba clandestinamente. Como primer fruto de esa campaña, hay que contar varios atentados contra los legados pontificios y las insurrecciones de Viterbo en 1837, de Bolonia en 1843, de Rímini en 1845.

    La otra tendencia, o partido de los neogüelfos, quería llegar a la unidad nacional sin conjuras ni revoluciones. Más que una Italia unitaria y republicana, querían una Italia federada. A esta facción pertenecían los liberales más o menos religiosos y amigos de la paz y el orden, que aceptaban, desde luego, la soberanía espiritual del Papa y para aceptar su soberanía temporal solo exigían cierta modernización y secularización del gobierno.

    Sus jefes, César Balbo, Gioberti, Massimo d’Azaglio y otros, aspiraban a la unidad de toda Italia. El sacerdote V. Gioberti, al principio mazzinista, fue desterrado por conspirar contra Carlos Alberto en 1833. Vivió en París, donde en 1843, publicó su célebre libro Il primato morale e civile degli italiani. En su primera parte exponía la contribución de Italia al bien de la humanidad por medio del Pontificado; en la segunda desarrolla su plan de federación italiana bajo el Papa: “Nada es posible contra el papa o sin el papa. Para hacer posible esta federación es condición previa la independencia o expulsión de los extranjeros.

    Esta idea la amplifica César Balbo en su Speranza d’Italia, publicado también en París en 1844: como no es posible vencer a Austria, indemnícesela con los Balcanes en la próxima guerra contra Turquía, y ella deje el reino lombardo-véneto...

    (Continúa)
    Última edición por ALACRAN; Hace 2 semanas a las 18:59

  5. #5
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    Re: El despojo de los Estados Pontificios al Papado por el “reino de Italia” y las lo

    2. Pío IX ante el problema (1846-1851)

    D) Pío IX frente a los revolucionarios romanos

    Al subir al trono pontificio Pío IX (1846), la consigna de las sectas fue precipitar al Papa por la vía de las reformas liberales, pero no para detenerse y contentarse con ellas.

    Mientras algunos prudentes callaban sorprendidos, los antiguos revolucionarios aclamaban al nuevo Papa “comprensivo y moderno”; todos los periódicos de Europa recibieron la consigna de celebrar las liberalidades y “nueva política del Papa y de empujarlo a continuar por aquel camino”. Todo eran fiestas y aclamaciones al bondadoso Pío IX. Recordemos la gran fiesta triunfal del 8 de septiembre de 1846; la del 19 de abril de 1847...




    Sin embargo, el secretario de Estado hubo de dar una nota poniendo fin a tan ruidosas manifestaciones, que llevaban un no sé qué de revolucionario. Todos aquellos “E viva il Papa” y aquellos himnos tenían un fin torcido, para el cual los conspiradores radicales se servían de los liberales moderados o de políticos utópicos e inconscientes...


    Si estas medidas de Pío IX retardaron por algún tiempo el estallido de la revolución, los enemigos, como Mazzini, no perdían de vista su fin, que era derribar todos los pilares del orden establecido. La nota o advertencia tan paternal del secretario de Estado, cardenal Gizzi, fue mirada por ellos como una conjura de los reaccionarios austríacos, como un eco de las ideas del partido absolutista... Hojas clandestinas propagaron profusamente esta supuesta conjura. Eso dio pretexto a los demagogos para perseguir a sus enemigos más destacados y organizar una guardia de ciudadanos para defensa del popular Pontífice... lo cual no era sino un medio de apoderarse de los resortes del poder; hicieron su aparición en Roma los clubs, sobre todo el llamado Círcolo Romano dirigido por el tabernario Cicervacchio que fanatizaba a las masas.

    El secretario de Estado, mons Gizzi, hecho impopular, cedía su puesto al cardenal Ferretti, sobrino de Pío IX,... que solo se pudo mantener medio año. Las instigaciones de lord Minto, las revueltas de Toscana, la lucha contra la Austria reaccionaria, todo hacía presagiar la revolución. El 25 de noviembre de 1847 exhortaba Mazzini desde París al Papa a ponerse al frente del movimiento nacional. Pero el 17 de diciembre replicó enérgicamente Pío IX que solo iría hasta donde se lo permitiera la conciencia; más allá ni la muerte le llevaría.

    Las súplicas de los conspiradores se convirtieron en amenazas y órdenes: el 1 de enero de 1848 organizó Cicervacchio una manifestación para exigir las demandas del pueblo y días más tarde resonaban las calles con gritos contra ministros, policía y ljesuitas. Todavía se callaba el nombre del Papa, pero ya se atacaba su gobierno...
    Última edición por ALACRAN; Hace 2 semanas a las 20:42

  6. #6
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    Re: El despojo de los Estados Pontificios al Papado por el “reino de Italia” y las lo

    E) Pío IX accede a la representación popular

    La nueva Constitución de Nápoles y la revolución de febrero en París repercutía en Roma; se pedían armas para los ciudadanos. Por fin, el 14 de marzo de 1848 se publicó la Constitución. Reservando su plena soberanía en materia religiosa, Pío IX acordaba la representación popular con poder deliberativo, dividida en dos Cámaras; los miembros de una serían nombrados por el Papa, los de la otra por elección. El Colegio Cardenalicio permanecía sobre ambas como corporación independiente.

    Al estallar la revolución en Viena, Lombardía se levantó contra Austria: en Roma se repetían los tumultos contra la embajada de Austria y contra los jesuitas; Pío IX salió en defensa de éstos, pero se vio tan amenazado por los revolucionarios que, por bien de la paz, aconsejó al P.General Roothaan y sus jesuitas salir de Roma, como así lo hicieron el 30 de marzo.

    Como Pío IX se negase en una alocución del 29 de abril a declarar la guerra a Austria, la demagogia revolucionaria rompió definitivamente con él: el 4 de mayo, la revolución impuso el ministerio Mamiani, que pretendía que Pío IX reinase pero no gobernase. El 5 de junio se abrían las Cámaras; allí dominaban el Círcolo Romano y Maimani; al Papa solo le restaba la facultad de negar su sanción a las leyes aprobadas por los diputados. Se vociferaba, “Viva la república”. Se fijaron carteles con “Muera Cristo y viva Barrabás”...

    Pero Austria, repuesta de su perturbación interior, triunfó pronto en Lombardía; y en las Cámaras romanas, los conservadores lograron tener a raya a Mamiani y sus audacias. En septiembre. fue nombrado ministro el conde Pellegrino Rossi, antiguo embajador en París, eximio estadista de tendencia conservadora quien, con fortaleza y decisión, trató de conjurar la revolución. Pero Sterbini, Lucio Bonaparte, Cicervachio y otros cabecillas resolvieron el asesinato del peligroso ministro. El 15 de noviembre de 1848 cayó asesinado por el hijo del demagogo Cicervacchio.

    Días después, los asesinos armados se dirigían hacia el Quirinal para entronizar un ministro de su gusto; cercaron a Pío IX en su propia residencia, enfilaron hacia el palacio los cañones, dispararon sus fusiles contra el prelado Palma que se asomó a la ventana y se dieron a a toda clase de excesos. La guardia suiza fue desarmada y hasta se intentó aplicar fuego al palacio del Quirinal. Ya bastante tarde, para evitar males mayores, Pío IX accedió a llamar al gobierno al demócrata Galletti...
    Última edición por ALACRAN; Hace 2 semanas a las 20:37

  7. #7
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    Re: El despojo de los Estados Pontificios al Papado por el “reino de Italia” y las lo

    F) Pío IX huye a Gaeta; pérdida y recuperación del poder temporal

    Se apoderaron del poder los radicales, el Papa estaba preso de sus súbditos. Por fin, se decidió a huir en connivencia con el embajador de Francia, el representante de Baviera y el plenipotenciario de España, Martínez de la Rosa, con su secretario Vicente Gómez Arnao.

    El 24 de noviembre, llegaba Pío IX a territorio napolitano y se refugiaba en Gaeta, donde no alcanzó al buque español que le hubiera trasladado a las Baleares. Toda la cristiandad se conmovió ante tales sucesos y con donativos espontáneos contribuyó al sostenimiento del romano pontífice.

    Mientras tanto en Roma se constituía por diciembre, una junta provisional, que convocó una asamblea constituyente. El 9 de febrero de 1849, la Asamblea decretaba la supresión del poder temporal del Papa y proclamaba la República romana, que en la intención de Mazzini debía extenderse a ser la república italiana, con el nuevo triunvirato Mazzini, Saffi y Armellini; la anarquía, el robo, el asesinato, el sacrilegio reinaban por doquier. Pronto empezó el pueblo soberano a sufrir el peso de su propia corona...

    Por otra parte, en diciembre de 1848, el gobierno español propuso la celebración de un congreso de potencias católicas para reponer al Papa en su trono. A su vez, el 6 de enero de 1849, Pío IX pidió el auxilio de Austria, Francia, España y Nápoles, excluyendo al Piamonte (cuyo ministro, el sacerdote filósofo Gioberti abrigaba extraños planes italianos). El congreso se tuvo en Gaeta, de marzo a septiembre de 1849; en él aparecieron las envidias y rivalidades nacionales: Francia quería ser ella la única que hiciera la restauración. En este sentido el general Oudinot recibió orden de dirigirse precipitadamente sobre Roma; pero sus tropas fueron rechazadas por Garibaldi; volvió con nuevos refuerzos y en julio ocupaba Roma, dispersando en seguida a la asamblea constituyente. Poco después Cicervacchio y su hijo, asesino de Rossi, caían bajo el plomo de los fusiles austríacos.

    Pío IX nombró una comisión de tres cardenales para arreglar la vuelta; prometió mejoras en la administración y concedió una amnistía con las necesarias excepciones. Por fin, el 12 de abril de 1850 pudo volver a Roma. Tomó de secretario de Estado a Antonelli (quien le sirvió hasta su muerte en 1876 con ejemplar sacrificio y habilidad), curando las llagas de la revolución, introduciendo reformas y saneando la hacienda. El déficit, que al caer la república ascendía a dos millones y medio, quedó extinguido en 1858.

    (Continúa)
    Última edición por ALACRAN; Hace 2 semanas a las 20:36

  8. #8
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    Re: El despojo de los Estados Pontificios al Papado por el “reino de Italia” y las lo

    G) Cavour

    Primer ministro del Piamonte desde 1852, político genial de corte maquiavélico, Cavour desde el primer momento se fijó un plan claro y preciso que desarrolló con tesón: la Iglesia libre en el Estado libre, o mejor dicho: la Iglesia esclava en el estado laico omnipotente; en segundo término, Roma, capital de Italia una.

    La separación de la Iglesia y el Estado la había obtenido por la Constitución liberal de 1848, puesta en práctica por una serie de leyes atentatorias contra los derechos de la iglesia. Para preparar el camino, había que comenzar por arrojar de Italia a los austríacos. Para ello necesitaba auxiliares, cerca estaba Napoleón III. Para hacer que el Papa cediese Roma para capital de Italia, obtenido el consentimiento de Francia, Inglaterra y Prusia comenzó a crear en los Estados Pontificios la intranquilidad... para tener el derecho de imponer el orden.

    En 1855, Cavour se entrevistó con Napoleón III en Compiègne (Francia); éste hablaba todavía de una federación italiana bajo la presidencia del Papa, pero ambos se entendieron...

    No se dormía Cavour en el punto de crear dificultades al gobierno romano, que justificaran su intervención; por medio de libelos y periódicos, en resonantes discursos, minaba el terreno a la autoridad pontificia y la desprestigiaba en Europa.

    El año 1858 se reunieron de nuevo Cavour y Napoleón III en Plombiéres: Napoleón III se declaró dispuesto a la guerra contra Austria. El Piamonte obtendría el norte de Italia; al Papa le quedaría el ducado de Roma; el reino de Toscana se anexionaría lo restante de los Estados Pontificios y el reino de Nápoles quedaría como antes. Estos cuatro reinos se confederarían bajo Víctor Manuel.

    Efectivamente, la guerra contra Austria estalló en 1859...

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  9. #9
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    Re: El despojo de los Estados Pontificios al Papado por el “reino de Italia” y las lo

    H) El despojo

    Y con esto se pasó a la vía de hecho. En 1860, so pretexto de revueltas, el Piamonte ocupó Toscana, Parma y las Legaciones, mientras Garibaldi, desde Génova pasó a Palermo con sus mil y por medio de sobornos y enredos se apoderó de Nápoles. El Piamonte, con pretexto de reprimir la rebelión garibaldina intentó ir hacia el sur, pasando por los Estados Pontificios.



    Resistió el ejército del Papa, compuesto de voluntarios austríacos, belgas, irlandeses y franceses a las órdenes de Lamoricière, pero este puñado de valientes fue vencido en Castelfidardo (18 de septiembre de 1860). Los piamonteses invadieron Nápoles y el dictador Garibaldi, contra Mazzini y Crespi, entregó todo el reino al Piamonte. Era un juego convenido. No podía faltar un amañado plebiscito para anexionar al Piamonte Nápoles, las Legaciones, las Marcas y Parma.

    El robo no pudo pasar sin las consabidas protestas de las potencias europeas; pero, como decía el duque de Gramont, embajador de Francia ante la Santa Sede “todos están persuadidos de nuestra complicidad con el Piamonte”.

    Ya solo le quedaba al Papa el ducado de Roma, y a los austríacos Venecia. En marzo de 1861, Víctor Manuel se proclamó rey de Italia y empezaron las negociaciones con la Santa Sede para que reconociera lo ya hecho. Entre tanto, para demostrar que el Piamonte podía garantizar la paz de los Estados Pontificios, cuando en 1862 Garibaldi atacó a éstos, tropas piamontesas le contuvieron en la batalla de Aspromonte.



    Víctor Manuel ya era rey de Italia pero le faltaba la capital, Roma. En las negociaciones con Pío IX se le hacían mil promesas en el terreno espiritual... con tal que cediera el reino temporal. Para ello, el ex jesuita Passaglia llegó a publicar en 1861 un libro Pro causa itálica ad episcopos, en que se esforzaba en probar que el dominiotemporal del Papa era “contra el sentir de los Santos Padres” (¡¡)

    Habiendo fracasado las negociaciones diplomáticas se echó por otro camino. El ducado de Roma estaba bajo la tutela del ejército francés; se consiguió de Napoleón III que esa ocupación cesase. En 1864, se convino que Napoleón III retiraría su ejército en el espacio de dos años y que el rey de Italia se encargaría “de velar por el Papa”. Para mejor cumplir ese cometido el rey italiano fijó su sede en Florencia.

    En la primavera de 1867, Garibaldi con sus tropas atacaba Roma, abandonada ya por los franceses; pero indeciso ante el silencio del Piamonte perdió la ocasión y dio tiempo a que Napoleón III, obligado por los clamores de los católicos enviase socorros a Roma, que fue ocupada por los franceses.

    La "cuestión romana" permaneció estacionaria hasta la guerra franco-prusiana de 1870. Entonces Francia tuvo que sacar la guarnición de Roma, pidiendo garantías al Piamonte. El ministro Visconti Venosta prometió proceder conforme a la convención de 1864; poco después proponía dejar al Papa solo la ciudad leonina con plena soberanía.

    Después de la victoria de Prusia con la batalla de Sedán, Alemania dejó entrever su idea de “dejar hacer”. El 20 de septiembre de 1870, el ejército del Piamonte entraba en Roma por la Puerta Pía casi sin resistencia. El Papa Pío IX había mandado hacer solo lo necesario para hacer ver que la ocupación era violenta...
    Última edición por ALACRAN; Hace 1 semana a las 22:25

  10. #10
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    Re: El despojo de los Estados Pontificios al Papado por el “reino de Italia” y las lo

    4) La fase de las garantías

    I ) Las garantías

    A los pocos días, el 2 de octubre, se amañaba un plebiscito de anexión. Pero el gobierno italiano temía que, una vez terminada la guerra franco-prusiana, las potencias católicas reclamaran la devolución de los Estados Pontificios al Papa. Por eso le corría prisa por arreglar la “cuestión romana” y presentar ante el mundo los hechos consumados. Esta era la finalidad de la Ley de garantías, votada el 15 de mayo de 1871.

    En ella se declaraba unilateralmente lo siguiente:
    "La persona del Soberano Pontífice es inviolable y sagrada. Todo atentado contra él será castigado con las mismas penas que los atentados contra la persona del rey. El gobierno italiano tributará al soberano pontífice en territorio italiano honores de soberano. Se reserva en favor de la Santa Sede una suma que rente 3.225.000 liras. El soberano pontífice gozará de la posesión de los palacios apostólicos del Vaticano, Letrán y Castelgandolfo, con todas sus pertenencias. Podrá comunicarse libremente con todos los obispos del mundo y con todo el mundo católico sin injerencia alguna del gobierno italiano. Se le reconoce el derecho de mantener nuncios en las naciones y de recibir embajadores ante la Santa Sede. Los obispos de Italia serán nombrados por el papa; se retirará el juramento de los obispos al rey y el placet y el exequatur para toda publicación eclesiástica".

    Pío IX rechazó esta ley, en primer lugar, porque sería reconocer el robo y en segundo lugar, porque era una garantía insuficiente, por no estar respaldada por nadie, sino a merced de los cambios de gobierno.
    Última edición por ALACRAN; Hace 4 días a las 13:02

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    Re: El despojo de los Estados Pontificios al Papado por el “reino de Italia” y las lo

    J) “Non possumus, non expedit”

    Desde entonces comenzó la política pontificia del “Non possumus, non expedit” respecto a la renuncia de sus Estados y del “Non expedit” respecto a la conducta de los católicos en la colaboración con el gobierno de Italia. Por un decreto de la Penitenciaría de 1874 se impuso a los católicos la táctica de la abstención en toda colaboración con dicho gobierno.

    De esta suerte, el Papa quedaba prisionero en el Vaticano, rehusando negociar con sus carceleros. Pero la situación era tan dura, que el mismo Pío IX estuvo varias veces tentado de huir, como cuando el gobierno italiano tomó posesión del Quirinal, y cuando al poco tiempo un gobierno sectario comenzó a dictar disposiciones contra la Iglesia, confiscando los bienes de las congregaciones religiosas y de las mismas congregaciones romanas y ocupando sus casas.

    La muerte de Pío IX (1878) y la elección del sucesor daba mayor relieve al conflicto. ¿Dónde se haría la elección? ¿Se tendría el cónclave en Malta, Venecia, Viena? El ministro Mancini, temiendo saliera el Papa fuera de Roma, se apresuró a dar las garantías necesarias. El cónclave se tuvo en Roma.

    Pero el Papa elegido, León XIII, siguió fiel al programa de su antecesor en las relaciones con el gobierno italiano; no dio la bendición urbi et orbi desde la galería exterior de San Pedro y se hizo coronar en la Capilla Sixtina. En más de 62 documentos expresó su sentir en este punto. Es verdad que en 1878 autorizó a los católicos a tomar parte en las elecciones municipales y provinciales, pero mantuvo la prohibición de intervenir en las Cámaras legislativas.

    Los gobiernos sectarios y masones no estaban para venir a una conciliación verdadera; sólo pensaban en esclavizar a la Iglesia y secularizar y descristianizar la nación. En 1879, el gobierno italiano se apoderó de los bienes de 3.037 conventos de hombres y 1.907 de mujeres, y los bienes de las otras casas religiosas quedaron sujetos a la conversión en rentas del Estado.

    En 1881, quiso el gobierno aplicar esa ley a los bienes de Propaganda Fide. Sobre todo, en 1889 hizo votar una ley por la que todas las obras de beneficencia quedaban sometidas a la administración de una burocracia dependiente del Estado, con exclusión del clero parroquial, y los bienes de las obras pías quedaban convertibles en rentas del Estado, y sus réditos, aplicables a otros fines más modernos.

    Además, el ministro Crispi hizo que el masón Zanardelli preparara un Código Penal, votado en junio de 1888, en cuyo capítulo I declaraba. “Quien cometa un acto cualquiera que tienda a someter el Estado a un poder extranjero o alterar la unidad, será castigado a trabajos forzados a perpetuidad”. Como se ve, el artículo atacaba toda manifestación en favor del poder temporal del Papa. El código Zanardelli era, pues, un atentado al art. 9 de la Ley de Garantías; pero ¿quién se cuidaba de eso?

    Incluso el ministerio Rudini, conservador, suprimió en 1898 no menos de 4.000 asociaciones católicas, como comités diocesanos, parroquias, secciones de juventud católica, etc. En el terreno escolar, en 1888, el ministro Rosselli dio un decreto concediendo a los municipios la facultad de suprimir la enseñanza del catecismo. El sectarismo y la masonería dominaban en las leyes italianas, la chusma vociferaba en las calles. Aun ciertos católicos y eclesiásticos, dominados por el espíritu nacional y revolucionario respiraban antirromanismo.
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  12. #12
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    Re: El despojo de los Estados Pontificios al Papado por el “reino de Italia” y las lo

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    K ) Nuevos vejámenes. León XIII se plantea huir de Roma

    La noche del 12 al 13 de julio de 1881 habían de ser trasladados los restos de Pío IX a San Lorenzo Extramuros. El traslado se había de hacer en secreto; pero de repente, se congregó en la plaza de San Pedro un gentío inmenso con antorchas. También se organizó una contramanifestación, que en el puente de Santángelo amenazaba arrojar al Tíber los restos del Pontífice. El 7 de agosto, un mitin popular dio la orden del día de abolir el Pontificado y la Ley de garantías, con los consiguientes insultos a León XIII. El gobierno callaba y dejaba hacer. Era su manera de “observar” la Ley de Garantías...

    León XIII, angustiado y temeroso, invocó el auxilio de Austria y dejó entrever la idea de abandonar Roma. Francisco José le envió a Hübner, viejo diplomático, a que le disuadiera de tal idea. Por la mente del Papa desfilaban Trento, Salzburgo, Malta, España.

    Las vías de un arreglo no estaban más expeditas. El abad benedictino Dom Tosti iniciaba en 1887 conversaciones con Crispi para encontrarse el papa con el rey de Italia en San Pedro. Humberto I rechazó la propuesta; pero, en cambio, Tosti ingenuo y optimista, lanzó al público un folleto, La conciliazione, imprudente y precipitado. Su plan era el principio de los hechos consumados: el Papa renunciaría al poder temporal, contentándose con el espiritual, y luego de la reconciliación, “veremos-dice- la silla gestatoria del pontífice llevada sobre los hombros de 30 millones de italianos, y un grito triunfal resonará de los Alpes a los mares; Ave prínceps pacis”.

    Los intransigentes, y entre ellos había 23 cardenales italianos y casi todos los extranjeros, es decir, todo el Colegio cardenalicio y la opinión pública católica de Bélgica, España y Francia, se levantaron en contra. Tosti hubo de retractarse. El 26 de julio se publicaba una carta de León XIII a mons. Rampolla reivindicando su soberanía temporal sobre alguna porción de territorio como prenda de su independencia en el orden espiritual.

    Crispi no quería reconciliación y trató de anular la campaña diplomática sobre una restauración reducida que se estaba tramitando. En 1887 se entrevistó con Bismarck, y envalentonado, volvió resuelto a implantar en Italia el Kulturkampf. Mons.Galimberti tomó por segunda vez el camino de Berlín para conferenciar con Bismarck. Es verdad que consiguió ventajas para el catolicismo alemán, pero en la “cuestión romana” volvía con las manos vacías. A Bismarck interesaba más ganarse a Italia para su juego político.

    En Italia, la chusma revolucionaria seguía provocadora; en 1888, la tarde de las elecciones, 3.000 manifestantes recorrían las calles de Roma a los gritos de “Abajo el papado /(il papaccio), a la horca el santo padre, al Tíber el Vaticano”.

    La situación del Papa se agudizó en 1889, al inaugurarse la estatua en homenaje al hereje Giordano Bruno en la misma plaza de Campo di Fiori. Los discursos que entonces se pronunciaron llenaron a León XIII de consternación. Entonces volvió a pensar en serio en salir de Roma; pero Crispi le envió un ultimátum por medio del cardenal Hohenlohe, haciéndole saber que, si salía, no volvería. Hohenlohe le exhortó a aceptar los hechos consumados...
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    DOBLE AGUILA dio el Víctor.

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