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Tema: El maquis: guerrilla antifranquista para el comunismo (no para la democracia)

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    El maquis: guerrilla antifranquista para el comunismo (no para la democracia)

    ¿Fue el maquis una fuerza democrática?

    César Vidal
    2001-07-06

    En el curso de los últimos meses se ha producido la publicación de varias obras que, bajo distintos enfoques, tienen como finalidad común reivindicar la actuación de los maquis durante los primeros años del franquismo. Aunque en algún caso —cinematográfico y literario— se indica que se trata de relatos ficticios, en su mayor parte estas obras contienen pretensiones de historicidad y, muy especialmente, de recuperación de una supuesta memoria histórica perdida, aquella que nos indicaría que los maquis fueron combatientes por la libertad de España.

    Pero ¿fue realmente una fuerza democrática el maquis? En caso de victoria, ¿hubieran traído a España la democracia?

    La historia del maquis se inicia durante la guerra civil española. Siguiendo el consejo de distintos asesores soviéticos que apelaban al papel desempeñado por las guerrillas durante la guerra civil rusa —recordemos la historia del mítico Chapayev— se crearon unidades de guerrilleros que debían llevar a cabo acciones en la retaguardia enemiga apoyándose en simpatizantes que habitaran en esa zona. Las unidades de guerrilleros tuvieron un éxito muy escaso. Dirigidas por Ramón Mercader, el comunista y agente de la URSS que, posteriormente, asesinaría a Trotsky en México, buena parte de sus combatientes fueron anarquistas pero sus mandos estuvieron de manera mayoritaria en manos comunistas. En estas unidades recibieron entrenamiento especial incluso algunos miembros de las Brigadas internacionales que luego formarían parte de la Resistencia contra Hitler en la Europa ocupada y agentes del NKVD soviético que, finalmente, serían infiltrado en el OSS americano, el precedente de la conocida CIA.

    Curiosamente, el papel del maquis se incrementó precisamente a medida que se iba afianzando la victoria de las fuerzas de Franco. Así quedaron algunas bolsas de combatientes aislados en regiones como Galicia o Asturias. Al acabar la guerra, los restos de estos grupos a los que se sumaron otros localizados en diversas partes de España continuaron una resistencia cuya única esperanza de éxito real se fundaba en una intervención aliada contra Franco. En su aplastante mayoría los componentes de los diversos maquis eran anarquistas o comunistas produciéndose ya a inicios de los años cuarenta un predominio de estos últimos. De hecho, su acción más importante —y totalmente fallida— que fue la invasión del valle de Arán fue una indudable hechura del PCE. Esta circunstancia precisamente iba a imprimir al movimiento unas características muy peculiares con una acentuada conexión con la dinámica de la guerra fría.

    Ciertamente, el movimiento de los maquis era marcadamente antifranquista pero, a la vez, mantenía una obediencia ciega hacia la URSS gobernada en aquella época por Stalin y pretendía implantar en España un gobierno comunista semejante a los que aparecerían en Europa oriental a partir de 1946, gobiernos, por cierto, cuya conquista por parte de los comunistas ya había sido ensayada en España desde finales de 1936. A este respecto, la propia documentación de los maquis no deja lugar a dudas. Junto con proclamas durísimas dirigidas contra Franco y el régimen —proclamas en las que no pocas veces se indican las últimas acciones de cada grupo generalmente reducidas a asaltos para obtener fondos y a asesinatos de agentes del orden o de falangistas conocidos en la zona— en las fuentes aparece una sumisión total a las consignas de la URSS, algo por otro lado totalmente comprensible en los partidos comunistas de la época.

    Así, por ejemplo, el 15 de septiembre de 1947, el Informe político del B. P. está dedicado a vituperar el Plan Marshall como una diabólica maniobra de Estados Unidos, a atacar al supuesto imperialismo británico y norteamericano, a insistir en el papel del PCE (“el partido más republicano de España”) y a hacer un llamamiento a utilizar “el terror” para oponerse al terror franquista. El 1 de diciembre de 1948, el propio Santiago Carrillo en “Nuestra bandera” publicaba un extenso trabajo titulado “Sobre las experiencias de dos años de lucha” donde volvía a incidir en la misma visión de la guerra fría que llamaba a un enfrentamiento con occidente y a la sumisión de España a la política soviética. De esta manera, tras calificar las acciones de Estados Unidos de “política reaccionaria, de dominación y de guerra”, apelaba a las instrucciones del camarada Zdanov vertidas en la reunión de partidos comunistas celebrada en Varsovia a finales de 1947. Carrillo insistía en este texto en que el PCE “se ha quedado solo” enarbolando la bandera de la república y de la democracia aunque esa circunstancia no debería causar desánimo.

    El “ejemplo de los bolcheviques” así como los avances en el Este de Europa indicaban un camino de esperanza, camino que, por supuesto, se identificaba con las dictaduras comunistas conocidas como “democracias populares”. El 1 de junio de 1949, Juventud publicaba un artículo titulado Paz en el mundo donde se abundaba en estas tesis. Nuevamente las potencias occidentales eran presentadas como una amenaza para la paz mientras que la URSS era su segura garante. El 1 de noviembre del mismo año un manifiesto dirigido a los maquis que actuaban en el interior repetía —como ya era habitual— las mismas consignas y hacía un llamamiento directo a realizar en España una toma del poder por los comunistas similar a la realizada en los países del Este de Europa. De todos es sabido que la tesis del levantamiento armado se mantuvo en la agenda del PCE hasta la década de los sesenta y es también conocido que fracasó. Las razones fueron varias.

    Por supuesto, en ello influyó el control que Franco tenía sobre el ejército y las fuerzas del orden público que, poco a poco, acabaron eliminando los focos de resistencia del maquis. A esto se unió el hecho de que, a pesar de los panfletos, el maquis fue escasamente popular. Por supuesto, la parte de la población española —millones— partidaria de Franco sólo los podía ver negativamente pero a esto se añadió que un sector no menos significativo de simpatías republicanas guardaba un recuerdo acusadamente negativo del comportamiento de los comunistas durante la guerra civil española ya que el PCE efectuó matanzas sistemáticas no sólo de simpatizantes con los alzados sino también de anarquistas, poumistas e incluso socialistas. Finalmente, la geoestrategia situaba a España muy lejos de las apetencias de Stalin. En Polonia, en Rumania, en Hungría, en Checoslovaquia la cercanía con la URSS había permitido a los comunistas entrar en gobiernos de coalición que, en una fase ulterior, eran objeto de golpes de estado que les proporcionaban el poder total y absoluto. Semejante posibilidad estaba descartada en España como lo había estado en Francia e Italia donde los respectivos partidos comunistas eran mucho más fuertes y contaban con un mayor apoyo popular por su papel en la lucha contra la ocupación alemana.

    Por lo tanto, el maquis fue un movimiento decididamente y encarnizadamente antifranquista pero no tenía finalidades, objetivos ni ideología democrática. Su triunfo —una verdadera ucronía rayana con la quimera— no hubiera significado, desde luego, la implantación de la democracia en España sino su sumisión a una dictadura stalinista semejante a las que en aquella misma época se apoderaban de las distintas naciones de Europa oriental.


    https://www.libertaddigital.com/opinion/ideas/fue-el-maquis-una-fuerza-democratica-1345.html
    Última edición por ALACRAN; Hace 4 semanas a las 18:52
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

  2. #2
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    Re: El maquis: guerrilla antifranquista para el comunismo (no para la democracia)

    Una imparcial historia sobre el maquis en España y sus diferentes etapas, sin tendenciosidad ni dogmatismos:


    Hablemos del maquis.

    Juan José Fernández Delgado

    http://www.ateneodetoledo.org/wp-content/uploads/2017/09/Hablando-de-maquis-1.pdf


    Pero antes hay que hablar de “los hombres de la sierra”, como eran conocidos los que se
    echaron al monte, incluso antes de acabar la guerra civil (1936-1939), al ver próxima la derrota
    del ejército republicano. Así pues, hablaré de aquel movimiento que presentó resistencia armada
    al régimen franquista y consiguió durante unos años, casi dos décadas, que la paz anunciada por
    el parte radiofónico transmitido desde la Comandancia de Burgos el 1 de abril de 1939, no se
    hiciera real. No obstante, todos sabemos que aquel movimiento acabó en el más estrepitoso de
    los fracasos por diversos motivos, que iré comentando.

    Ahora señalo que este movimiento de lucha antifranquista no tuvo la misma presencia
    ni la misma intensidad, ni idéntica esperanza ni persiguió los mismos objetivos durante esas dos
    décadas –de los cuarenta y cincuenta- en que se desarrolla, por lo que se distinguen cuatro
    etapas, desiguales en duración e importancia
    :

    1. La primera se extiende desde la primavera del 1939, o antes, hasta octubre de 1944, y
    la protagonizan aquellos que, ante el avance de las tropas franquistas, deciden no entregarse, y
    se integran en el conjunto identificado como los huidos, a los que se van uniendo, además,
    desertores y evadidos de penales y campos de concentración. Y formarán partidas dispersas que
    fueron el germen de las posteriores agrupaciones de resistencia, a las que se unirán pequeños
    grupos que entran en España de manera espontánea desde 1941, por los Pirineos y por el norte
    de África con ayuda del PCE y de los norteamericanos. A partir de 1942 aumenta el número de
    huidos como correlato del desarrollo de la Segunda Guerra, aunque el principal repunte de
    guerrilleros se produjo después de la fracasada invasión del valle de Arán (16 de octubre, 1944).
    Estos grupos, no obstante, no consiguieron vertebrar organizaciones que merezcan ser llamadas
    políticas, y menos militares, pues su única finalidad era la autodefensa mientras esperaban el
    resultado del conflicto europeo.

    El éxito del ejército ruso en la batalla de Stalingrado (febrero de 1943) supuso esperanza
    y optimismo para los huidos, y la JSUN apostaba desde el sur de Francia por la insurrección
    nacional, idea de la que participaba todo el PCE, y aprovecha esta circunstancia para extender
    su influencia sobre los de la sierra. Y enviará especialistas a finales de ese año para que
    instruyan a las partidas de huidos que pululan por los montes de la Zona Centro.

    2. La segunda etapa es la más breve, pero de mayor magnitud y de objetivos políticos
    más definidos: desde los primeros meses de 1944
    , las partidas de la Zona Centro (Los Montes
    de Toledo, Altamira y las Villuercas y los Ibores) mantienen contacto con la dirección del PCE
    en Gredos, donde recibían instrucciones y propaganda. En esta etapa, Jesús Bayón González, el
    jefe encargado de coordinar estos grupos, se hará llamar “Comandante Carlos” y procurará que
    los huidos se llamen y se consideren guerrilleros integrados en la Agrupación Guerrillera del
    Centro. Y para estructurarla y organizarla contó con Dionisio Tellado Vázquez, el legendario
    “Mario de la Rosa”, y con el apoyo de José Antonio Llerandi Segura, “Julián”, cubano recién
    llegado de Francia. Culmina esta etapa con la ofensiva de los “maquis” españoles residentes en
    Francia contra el territorio pirenaico español en octubre de 1944 y fracaso de la operación.

    3. De mayor importancia es la tercera, y va de 1945 a 1948: la presencia de partidas se
    extiende por buena parte de los macizos montañosos de España. Es el periodo de mayor
    actividad guerrillera
    y, también, de deserciones y traiciones, y de las vacilaciones del PCE sobre
    el movimiento guerrillero, su cambio de táctica y su abandono posterior.

    4. La última se desarrolla durante 1949 y primeros años cincuenta, y significa el
    desmoronamiento de la lucha antifranquista hasta su desaparición en 1963
    , que algunos señalan
    con la muerte de Ramón Vila Capdevila, “Caraquemá”, en Cataluña, y la de José Castro Veiga,
    “el Piloto”, en Galicia. “El Piloto” murió el 10 de marzo de 1965 en un enfrentamiento con la
    Guardia Civil después de una delación; incluso, otro maquis gallego murió después, Ramón
    Rodríguez Varela, que llevaba en el monte desde los comienzos de la guerra y le encontraron
    muerto en la cruz de unos caminos en 1967. Según la autopsia, murió de un infarto (1).

    En este momento se hacen necesarias dos precisiones: que el periodo que media entre 1949
    y 1952 no se puede considerar con propiedad de guerrilla porque la resistencia
    antifranquista, como tal resistencia, ya había desaparecido
    , pues en las sierras de España sólo
    permanecía un puñado de hombres acosados, acorralados por múltiples circunstancias y todas
    negativas, y con peores perspectivas, incluso, que los huidos de la inmediata postguerra. Y es
    así porque aquellos huidos y los guerrilleros de la segunda etapa tenían un futuro esperanzador,
    puesto en las democracias vencedoras de la Alemania. Pero los guerrilleros de este periodo eran
    hombres huidos sin esperanza, pues veían que esas democracias no sólo no venían a derrotar a
    Franco, sino que Inglaterra y Francia empezaban a considerar a Rusia como enemigo naciente; y
    también Rusia los abandona, pues España estaba muy lejos de sus objetivos después del reparto
    de Europa en las reuniones de Yalta y de Postdam (2); además, desentendiéndose del problema
    español, Rusia tenía las manos más libres para obrar a su antojo y conveniencia en la Europa del
    Este. Veían también estos huidos sin esperanza afianzarse el Régimen de Franco. Y ha de
    añadirse que ya no contaban con el enorme apoyo de la gente del llano, una vez que había sido
    diezmada por la guardia civil. Así pues, acorralados por las fuerzas que los combatían,
    abandonados por sus propias organizaciones y convertidos en problema para los enlaces y sin
    valor alguno como confidentes y delatores para la guardia civil, contaban con dos soluciones:
    malvivir aplastados al terreno o buscar por su cuenta la salida al extranjero. Por todo ello, el
    año 1949 marcó el fin de la resistencia armada, aunque, oficialmente, se fija el año 1952.

    La otra precisión es que hasta finales de los años sesenta existen coletazos del
    movimiento, ejemplificados con la detención de los últimos “topos”.
    Señalo a continuación, Quiénes eran y de dónde procedían.

    Es indudable que la paz que se ofrecía detrás de aquel parte de guerra emitido desde Burgos el 1 de abril de 1939 no fue real,
    ni las promesas de paz, familia y trabajo, tan cacareadas por la propaganda franquista del
    momento, pues muchos de los que en todo ello habían confiado fueron los molestados con
    represalias y declaraciones y vejaciones por el hecho de haber participado en la contienda en el
    bando republicano, en muchos casos por motivos de azar. Por tanto, a los que se echaron
    al monte por tan diversos motivos se les llamaba los hombres de la sierra o, simplemente, los de
    la sierra:
    -eran soldados republicanos que decidieron no entregarse, y se introdujeron en los
    montes y sierras de España con la intención de continuar la guerra en un principio; después, con
    la única idea de resistir y subsistir.
    -más evadidos de las cárceles, de las prisiones habilitadas, de los batallones de
    trabajadores (del de Buitrago, por ejemplo), de colonias penitenciarias y de destacamentos
    penales. Muchos de ellos con la sentencia de pena de muerte firmada y el V.B. de Franco.
    -gentes con pasado bélico poco claro (comprometido en demasía).
    -otros con las manos manchadas de sangre, cosa común después de tres años de guerra.
    -y cuantos no creyeron aquellas promesas de Franco, y bastantes de los que las creyeron
    y regresaron a sus hogares se vieron obligados a echarse al monte, pues por rojos eran
    hostigados y citados con demasiada frecuencia a declarar.
    -También hubo gente popular que se fue a la sierra por encontradas circunstancias,
    ajenas a cualquier compromiso político, y jóvenes que se negaron a incorporarse al servicio
    militar, algunos de ellos obligados por familiares a no incorporarse.
    -y otros muchos que no quisieron optar por la vía del exilio: “Yo nada he hecho; por
    tanto, nada me puede pasar” –se decían-. Pero la realidad fue muy otra.
    -Y a todos ellos, se ha de añadir la “gente del llano”, integrada por familiares y
    confidentes de los hombres de la sierra que les proporcionaban comida y noticias.
    -y los “topos”, aquellos hombres que cansados de la vida de huidos deciden regresar a
    sus pueblos, donde viven escondidos esperando la ocasión más oportuna para entregarse o a ser
    descubiertos por una mala circunstancia.

    La mayor parte procedía de la España rural; de hecho, la lucha guerrillera tiene un
    carácter eminentemente campesino, y se manifiesta en la nula incidencia que tuvo en el ámbito
    urbano, si exceptuamos en el centro de España Talavera y Puertollano, donde los de la sierra
    gozaban de cierta infraestructura y apoyo. Y Madrid, claro. Por ello, la mayoría de los huidos
    carecía de instrucción cultural y política, y en muchos casos manipuladas con ideas populistas
    en las respectivas Casas del pueblo. “Fueron muy pocos los que se incorporaron a la sierra con
    un espíritu auténticamente guerrillero y de oposición armada al franquismo. Su principal
    objetivo, y en muchos casos el único, era salvar la vida y esperar a que la situación política se
    normalizase pronto para poder regresar a sus casas”, como afirma Benito Díaz (3). Y Jesús
    Bayón González, “Comandante Carlos”, después de varias reuniones con los huidos en las
    sierras de Gredos y Altamira, escribe una carta (noviembre 1944) a José Isasa Olaizola,
    “Fermín”, jefe de la organización del Ejército Guerrillero del Centro, decepcionado por lo difícil
    que resultará dotar de organización y disciplina a estas partidas: los huidos –dice- no creen
    mucho en la disciplina militar, ni en la organización de que pretendemos dotarles. Tienen un
    “bajo nivel político, puesto que son hombres de los pueblos limítrofes, muchos no pertenecen a
    ningún partido político y los demás ingresaron durante la guerra”, cita tomada también de
    Benito Díaz Díaz, coordinador del libro La guerrilla en Castilla-La Mancha (4). Y en su libro
    Huidos y Guerrilleros Antifranquistas en el Centro de España, señala que era continua la
    variación de los integrantes de las partidas, pues cambiaban de grupo con frecuencia; y a pesar
    de que eran cada vez más numerosos, carecían de la más elemental organización política y
    disciplina militar. Asimismo, había un trasiego constante de gente que unas veces estaba en la
    sierra y otras se escondía en casas de familiares o amigos. Y “su actitud individualista, su
    inexperiencia y el escaso armamento del que disponían”, más sus propias traiciones, (5) serán
    causas suficientes para que lo paguen muy caro.

    Por su parte, Andrés Trapiello, en su libro La noche de los cuatro caminos. Una historia
    del maquis. Madrid, 1945 (6), se refiere a la historia de la guerrilla como “la de unos cuantos
    débiles y la de unos cuantos pobres (…) defendiendo la libertad bajo banderas estalinistas”,
    citado por Moreno Gómez, en Hispania Nova. Revista de Historia Contemporánea, núm. 206.
    Así pues, “siempre la razón última de su estancia en la sierra tuvo como origen (salvo
    excepciones) el sálvese quien pueda”, dice ahora Moreno Gómez (7).

    Veamos ahora su integración y distribución en esas cuatro etapas:

    En la primera, conocida como “periodo de huidos” (desde antes de que acabara la
    guerra hasta 1944),
    hay que contar, en primer lugar, con restos del derrotado ejército
    republicano
    de las columnas de Toral (8) y de Cartón (Pedro Martínez Cartón), que en marzo de
    1939 se introdujeron en los Montes de Toledo y en La Jara. “De hecho, los pocos soldados
    republicanos que al terminar la Guerra Civil se escondieron en las sierras y lugares abruptos de
    la geografía española, no lo hicieron para continuar una lucha que ya habían perdido, sino como
    medio para alcanzar la supervivencia” (9). Y a ellos se han de añadir individuos que ubicados en
    el monte hacían la guerra por su cuenta.

    -Y entre los primeros evadidos de cárceles y calabozos, se encuentran nuestros cuatro
    paisanos, pues lo hicieron el 30 de junio de 1939.
    -También entre los primeros huidos se cuentan tres vecinos de Menasalbas que se
    habían escapado de la cárcel de ese pueblo toledano: Saturnino Gómez Muñoz, “Margallo”,
    Benigno Escobar Gutiérrez, “Trascanta” y Domingo Mariblanca García-Díaz, “Mariblanca”,
    acusados de numerosos “asesinatos en el tiempo rojo”, a los que se unirá nuestro paisano
    Quintín García Fernández. Todos murieron muy pronto.
    -El grupo que merodeaba por Navahermosa, gobernado por Eugenio Sánchez, el Rubio
    de Navahermosa, relacionado con más de diez asesinatos en su pueblo, y El Chato de la Puebla,
    Valentín Gil Valiente, fugado de la cárcel de Navahermosa…
    -Los hermanos Manuel y Ramón Guerreiro Gómez, gallegos y militares, apodados,
    respectivamente, “Antonio” y “Julio”. Serán cabezas muy visibles de la II Agrupación
    guerrillera que actuaba en la provincia de Ciudad Real y “Antonio”, luego, un traidor.
    -A principios de 1940 se fueron a la sierra ocho hombres del pueblecillo de Hontanar.
    -Desde primeros meses de 1940, también actuaron por los montes toledanos Joaquín
    Ventas Cinta, “Chaquetalarga”, al que tan bien conocían algunos del pueblo, y Juan Aldana, los
    dos de Fuenlabrada, y Honorio Molina Merino, “Comandante Honorio”, de Villarta de los
    Montes, fugados los tres de la cárcel de Herrera del Duque. “El Comandante Honorio” tenía su
    campo de acción entre Los Yébenes y Ventas con Peña Aguilera, y a su grupo se unieron 20
    evadidos de la cárcel de Orgaz en enero de 1940, y otros huidos de Ajofrín y de Retuerta del
    Bullaque como Victoriano García Francés, “El Artista”, y Ángel Carbonel Caballero, “El
    Catalino”, y otro desconocido. Murieron estos tres en marzo de 1941 en un encuentro con la
    Guardia Civil. De la cárcel de Quintanar de la Orden, el 11 de noviembre de 1939 escaparon 12
    condenados a muerte, entre ellos el famoso José Manzanero Marín.
    -Y desde finales de 1940, José Méndez Jaramago, “El Manco de Agudo”.

    -Se ha de añadir también el grupo de evadidos (unos veinte) del convento de las
    Concepcionistas habilitado para cárcel en Hinojosa del Duque (10) la última noche de agosto de
    1940. Entre ellos estaba Pedro Díaz Monje, “El Francés”, personaje emblemático de la guerrilla
    en Cáceres, y Francisco Corchado Silveira, “Lazarete”, que formó su propia partida con una
    docena de huidos de su pueblo, El Viso del Marqués. Y en agosto del año anterior (4 de agosto
    de 1939), se habían escapado de la cárcel de Belalcázar, ubicada en el convento de la Divina
    Pastora, quince lugareños, todos condenados a pena de muerte, entre ellos Dionisio Castellano
    García, “Palomo”, (11) que llegaría a ser el jefe del Estado Mayor o jefe supremo de la 2ª
    Agrupación de Ciudad Real y, capturado en los alrededores de Malagón el 5 de junio de 1948
    por la delación de su compañero “René”, Honorio Delgado Blanco, el legendario guerrillero que
    vino de Francia a instruir y a organizar las diversas agrupaciones del centro de España, y
    tendrán, los dos, el triste honor de contarse entre los grandes traidores de la lucha guerrillera.
    En su época de maquis, “Palomo” se entregó sin descanso a la guerrilla, con el único
    afán de derrotar a Franco y a su Régimen para hacer tabula rasa de su pasado. Luego, se
    entregó por completo al teniente coronel Limia Pérez, Jefe de la Comandancia de la Guardia
    Civil de Ciudad Real, y delató y traicionó a sus compañeros para recabar “certificados de buena
    conducta” que compensaran, o paliaran, las causas por las que había sido condenado antes de
    terminar la guerra, y acabó con toda la II Agrupación de Ciudad Real y con la guerrilla en
    Granada. En fin, se presentó al juicio con un abultado número de manifestaciones de
    reconocimiento por parte de Limia Pérez, pero no se le conmutó la pena y murió fusilado (5 de
    agosto, 1951), después de haber pasado una semana en el calabozo de la cárcel de Ocaña sin
    recibir ni una sola visita. Es el protagonista de la novela que estoy escribiendo.
    -También se echó al monte, próximo a Los Alares, Ángel Nevado Príncipe, acusado de
    haber participado muy activamente en la muerte de varias decenas de vecinos de Alía,
    asesinados en Puerto de San Vicente por la Columna Fantasma de Manuel Uribarri Barutell, de
    la que había formado parte. Y por estos pueblos jareños anduvo huido Julián Díaz Palomo
    “Malamuerte”, de Campillo, que se había fugado de la cárcel de Toledo.
    Y a todos ellos hay que añadir aquella red de enlaces y colaboradores que les prestaban
    servicios de avituallamiento y de noticias, como ya señalé.

    Para detenerlos y hacerlos frente, al principio participó el ejército apoyado por efectivos
    de la guardia civil. En una de estas batidas detuvieron (17 de abril de 1939), cerca de
    Manzaneque, a un teniente y a cuatro soldados republicanos. Unos días después, era capturado
    el comisario político de la 4ª Brigada Mixta con sede en San Martín de Pusa y, al tiempo, se
    descubrió un depósito de armas con fusiles y 500 cartuchos. Otros deciden suicidarse antes de
    entregarse y de ser capturados, como José García Arias, “Tresdedos”…

    -Segunda etapa. Se desarrolla durante 1944 y culmina con el fracaso de la ocupación del valle de
    Arán.
    Durante la primera etapa y todo el año de 1944, la represión ha ido en aumento, por lo que
    ha crecido el número de “maquis”, término que ahora se introduce en España (12) por extensión
    de su significado en Francia para referirse a estos hombres de la sierra empeñados en derrotar a
    Franco y, si posible fuera, a su Régimen. A partir de la formación en Francia de la Agrupación
    de Guerrilleros Españoles (AGE) y de la invasión del valle de Arán, es cuando los huidos son
    organizados en Agrupaciones Guerrilleras (AG) por empeño y decisión del PCE, que sigue “el
    consejo de distintos asesores soviéticos que apelaban al papel desempeñado por la guerrilla
    durante la guerra civil rusa”, tomando como ejemplo la historia del mítico Chapayev, como
    afirma César Vidal en su artículo “¿Fueron los maquis una fuerza democrática” (13), y adoptan
    una terminología grandilocuente: Divisiones, Ejército Guerrillero, Estado Mayor de tal y cual
    División…

    En esta etapa, además, en el verano de 1944, el PCE crea en Toulouse la Unión
    Nacional Española (UNE), que engloba a comunistas, socialistas, anarquistas y miembros de
    izquierda republicana. Luego se constituyen en Agrupaciones Guerrilleras (AG), dentro de la
    misma, con el nombre rimbombante del XIV Cuerpo de Guerrilleros del Ejército Republicano,
    pues creían llegado el momento de liberar a España. Con esta intención se produce la invasión
    del valle de Arán y otros valles colindantes. Pero el 28 de octubre de ese año, Vicente López
    Tovar, jefe de los cuatro mil guerrilleros que entraron, dio la orden de retirada “a partir de las 12
    horas de la noche”, con el consentimiento de Santiago Carrillo...

    http://www.ateneodetoledo.org/wp-content/uploads/2017/09/Hablando-de-maquis-1.pdf
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    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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    Re: El maquis: guerrilla antifranquista para el comunismo (no para la democracia)

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    -Sin duda, la más importante para la causa guerrillera es la tercera etapa (1945-1948).
    En este periodo aumenta considerablemente el número de guerrilleros, por el rumbo favorable
    que adquiría la II Guarra Mundial para las democracias occidentales que luchaban contra
    Alemania; así pues, la presencia de partidas se extiende por buena parte de los macizos
    montañosos de España. No obstante, si se consideraba positivo este aumento, no es menos cierto
    que ello ocasionaba no pocos problemas, porque estos añadidos se presentaban en la sierra con
    lo puesto: hambrientos, desaliñados y sin armas. A este respecto, argumenta un guerrillero
    gallego en Así destruyó Carrillo el PCE, del mítico militar Enrique Líster: “La lucha (en la
    sierra) era dura y no precisamente por falta de la ayuda del pueblo sino, y sobre todo, por la
    carencia de armas y de municiones. Ya no éramos hombres escapados; éramos combatientes
    antifranquistas (…). Cada vez teníamos más hombres y más necesidades. Estos jóvenes…
    pedían armas y municiones. No pocas fueron las decepciones al ver lo mal amados que
    estábamos” (14). Y al mismo tiempo, desaparece aquella esperanza liberadora asentada en que
    Inglaterra y Francia vendrían a derrotar a Franco, y en que Rusia, que tanto había apostado por
    la República, apoyaría hasta el final a la guerrilla antifranquista… Y aumenta la desesperanza, y
    crecen las deserciones y las delaciones y las traiciones.

    Además, el PCE se desentiende de la lucha armada contra Franco. Resulta que en
    septiembre de 1948 se reúnen con Stalin en Moscú Santiago Carrillo, Dolores Ibárruri y
    Francisco Antón, otro dirigente comunista y el gran amor de Dolores, para tratar el tema de la
    resistencia del interior de España a Franco. Y Stalin les sugiere disolver las guerrillas que
    operaban en la Península porque los acuerdos internacionales excluían cualquier posibilidad de
    intervención aliada en España. Dolores Ibárruri “y que” se enfureció ante tal sugerencia, pero un
    mes después, el Buró Político del PCE trasmitió la consigna de olvidarse de la lucha armada, y
    al paso, de los guerrilleros. Ocurrió, en definitiva, que en 1948 el PCE cambió de táctica y
    apoyó el “entrismo” en las instituciones, principalmente en las organizaciones de masas.

    Así pues, el PCE, “especializado en redefiniciones ideológicas y balanceos tácticos a
    toque de corneta –dice Secundino Serrano en “Los comunistas cambian el paso” -(15), se instaló
    en una vía de ambigüedad: mientras que proclamó oficialmente el final de la resistencia armada,
    proseguían las actividades de los maquis en los montes españoles. En medio de este modelo de
    transición estaban los guerrilleros, que a los problemas con las fuerzas de represión añadían
    ahora los mensajes contradictorios de los dirigentes de Toulouse. Al mismo tiempo que se les
    informaba del fin de la guerrilla, los enviados del Partido les pedían que continuaran en el
    monte”. Y este verdadero galimatías teórico y práctico ocurre porque “el cambio de táctica no
    había surgido de un análisis riguroso de la situación española o de un debate sobre las
    prioridades de la oposición antifranquista, sino de una sugerencia de Stalin”, como señala
    Secundino Serrano (16). En cualquier caso, continúa Secundino Serrano, “la influencia de la
    URRS era tan sustantiva que nada mejor para resumirla que la frase favorita de los comunistas
    de la época: “Cuando Stalin lo ha hecho, sus razones tendrá”.

    En fin; ante este cambio de táctica, “Los hechos certificaron tozudamente que el viraje
    teórico anunciado a finales de 1948 (olvidarse de la lucha armada y centrarse en el entrismo)
    sólo se tomó en serio cuando las elecciones sindicales de 1950 confirmaron las posibilidades de
    la nueva estrategia, y todavía a principios de 1952 algunos guerrilleros seguían en los montes
    apoyados orgánicamente por el Partido Comunista” (17). Y al tiempo, como los aliados no
    apoyaron la causa republicana, el PCE optó, además de por el entrismo, por sustituir la táctica
    de la invasión masiva por la infiltración de pequeños grupos de guerrilleros por distintos puntos
    de la frontera para que se unieran a los grupos existentes y unificar la acción guerrillera.

    Pero estos bandazos se traducen, en la práctica, en animadversión contra los
    guerrilleros;
    así, cuando acudían, agotados y desesperanzados de manera individual a Madrid en
    busca de su apoyo, son maldecidos y obviados por los comunistas, ya instalados en trabajos,
    casi todos, de imprenta
    . Y no digamos de los pocos que logran llegar a Francia y les piden
    ayuda. No obstante, es en este periodo cuando la guerrilla antifranquista supuso un problema
    importante para el Régimen de Franco, concretamente entre 1945-1947.

    Y si estos bandazos ocurrieron con el PCE, hay que señalar que las demás
    organizaciones políticas y sindicales –socialistas, anarquistas, republicanos, etc.- no secundaron
    el planteamiento armado convencidos de que las instituciones multinacionales eran la solución
    del problema de España, pues vendrían a derrotar a Franco. El PSOE y la CNT los habían
    abandonado desde los mismos inicios,
    apoyándose los primeros en la propuesta de Indalecio
    Prieto de no a la lucha armada, opuesta a los argumentos de Negrín. A este respecto, oigamos lo
    que escribe Moreno Gómez: de los dos grandes contratiempos ocurridos en el verano de 1946 y
    sufridos por la 2ª Agrupación, el segundo fue mucho más grave. Se trata de “la desbandada de
    socialistas y anarquistas durante el verano, que abandonaron sus puestos en la Agrupación,
    conforme a unas pretendidas consignas del PSOE y de la CNT, según las cuales la solución del
    problema español no podría lograrse por la lucha armada, sino por la mediación de las potencias
    occidentales a través de la ONU” (18).

    En 1945 tiene lugar el fatídico episodio de “Cerro Ballesteros”, en el término de
    Navalvillar de Ibor, ocurrido en la noche del 30 de diciembre, tan grave y desastroso que se
    considera el principio del fin de la guerrilla en Cáceres, no sólo por los muertos que hubo (tres,
    uno de ellos del pueblo) y detenciones (cinco), sino por la desmoralización que causó y la
    oleada de deserciones que ocasionó. Y el mismo desastre se debió a la traición de uno del grupo,
    ¡y era del pueblo!, que se entrega a la guardia civil dos días antes del desastre con otro de
    Valdelacasa en el arroyo “Navalgallo”, que todos conocemos.

    Pero existe otro hecho muy fundamental en estas fechas de mediados de 1945 y 1946
    que no se ha de olvidar: el gran optimismo que reinaba en el ánimo de los guerrilleros ante el
    desenlace favorable para sus intereses de la II Guerra Mundial se convirtió en desánimo y
    desolación, y con ellos llegaron las delaciones y traiciones de los guerrilleros. Y este desánimo
    general y las entregas “simuladas” de muchos guerrilleros y sus posteriores traiciones aumentan
    con el acoso de la represión. Además, una de las efectivas medidas adoptadas por Eulogio
    Limia Pérez (que había tomado el mando de la C.G.C. de Ciudad Real en agosto de 1947) para
    luchar contra los bandoleros fue potenciar el papel de las contrapartidas, que ya habían
    participado en la zona centro, pero fue en la segunda mitad de 1945 cuando se generalizó su
    uso, con unos resultados demoledores para los guerrilleros. Y una de las principales misiones
    que les asigna, según él mismo declara, “era descubrir y captar enlaces, encubridores y
    confidentes de los bandoleros (…), y mediante la colaboración de los que se atraían a nuestro
    servicio, perseguir y atacar las partidas y detener las organizaciones y colaboradores de
    aquellas” (19).

    Así pues, la represión, que ha aumentado con la Contrapartida y ha supuesto un
    tremendo azote para la causa guerrillera, las deserciones, que se multiplican, y la desesperanza y
    el abandono, tejen el desenlace final de la guerrilla. Porque ocurre que “en las confrontaciones
    armadas en las que no existen frentes definidos y el enemigo puede ser el vecino, la lucha se
    vuelve sucia. En el caso que nos ocupa, hubo actos de coraje y de cobardía, de egoísmo y de
    abnegación, de tragedia y de traición”, como anota David Baird en su libro Historia de los
    maquis. Entre dos fuegos (20). Y también de grandeza y de generosidad suma, como el caso de
    nuestro recordado paisano Victorino Rodríguez Olmo, “Resorte”…

    Entre muchos de los guerrilleros desertores y acompañantes de la contrapartida (21),
    están, Enrique Álvarez “El Lobo”, el primero de todos los traidores. Se entregó en un prostíbulo
    de Cáceres en junio de 1945, e hizo verdaderos estragos en la División de “El Francés”;
    Vicente Díaz Laguna, conocido como “Colón” o “Padre Eterno”, de Bohonal de Ibor, que guió a
    los guardias civiles hasta el escondite de Diego Montealegre Delgado; Juan Estrella Barroso,
    “Petaca”, también de Bohonal de Ibor, “que cayó como nube de pedrisco sobre sus ex
    compañeros de Ciudad Real “, como dice Moreno Gómez; Justo García Gil, “El Americano”,
    de Carrascalejo; “El Lechuga” o “Cazalla” se llamaba, en realidad, Luis López Fernández y
    pertenecía a la CNT . Secuestró, junto a otros dos, al hijo del dueño de una finca, y el joven
    secuestrado los convenció para que se entregaran y colaboraran con la guardia civil, y así lo
    hicieron. “Cortijo”, “Tánger”, “Sancho”, “El Andaluz”, Crescencio Sánchez Carrasco; “Valle” o
    “Pitarra”, que fue capturado junto con Eugenio Gómez Román, y fue, también, condenado a
    muerte, pero se le conmutó la pena por su colaboración con la guardia civil, y ello ocasionó la
    muerte de “Quincoces”; Fausto Navas Navas, “El Viruta”, de 35 años y de Porzuna, que cayó
    preso el día en que mataron a “El Francés” (31 de julio, 1946), allá por Serradilla. “El Viruta”
    había sido nada menos que jefe del Estado Mayor de la 14 División, la de “Quincoces”, quien le
    envió a Gredos, y de ahí pasó con “El Francés”, hasta que, preso, se convirtió en el ojo derecho
    de Limia, y como guía de la Contrapartida causó tremendos desastres entre sus ex compañeros.
    El 28 de septiembre de 1947 guiaba a la Contrapartida como “práctico”, y aniquilaron a la 23
    División por los alrededores de El Viso del Marqués. En esa ocasión murió el sargento Ruano
    (22). Adelardo Tena, “Timochenko”, de Cabeza el Buey, evadido del campo de trabajo de Hato
    Blanco en 1943 (23), delató ya a su compañero, Manuel García Peco, “el Templao”, de
    Belalcázar, de cuya cárcel también se escapó en agosto de 1939 condenado a muerte, que se
    escondía entre unos zarzales en el momento de su detención. Otro detestable delator es José
    Martínez, “El Chunga”.

    Pero “Con todo, los grandes peones de brega del teniente coronel Limia Pérez fueron”
    (24): Dionisio Castellano García, “Palomo”, de 44 años, casado, de Belalcázar, socialista,
    gañán, evadido el 4 de agosto de 1939, Honorio Delgado Blanco, “René”, de 30 años, de
    Felguera (Asturias), estudiante. Por segunda vez en manos de Limia Pérez. Es uno de los pocos
    adiestrados en el maquis francés, de donde vino a España en 1945 con esa encomienda, y
    Manuel Guerreiro Gómez, “Antonio”, de 34 años, soltero, natural de Orol y vecino de Madrid,
    dependiente. Había llegado a Ciudad Real en 1945 llamado por su hermano “Julio” para
    incorporarse a la II Agrupación (25). Durante dos años actuó como enlace entre la guerrilla y
    Madrid y se dedicó a la propaganda y a la confección del periódico Lucha. El teniente coronel
    los adhirió a las contrapartidas y trabajaron ahora mucho más que lo habían hecho antes como
    guerrilleros. Limia se llevó a los tres a su nuevo destino, Granada, en octubre de 1949, y
    contribuyeron de manera decisiva al exterminio de la resistente guerrilla granadina.

    También están entre los grandes traidores “Pedro el Cruel” (Vicente Rubio Babiano),
    de Agudo. ¡Éste sí que fue cruel para sus propios compañeros!, “porque en abril de 1948 se
    entregó a la guardia civil, se puso al servicio de Limia e hizo caer toda la dirección de la 2ª
    Agrupación, y él mismo intervino en la muerte de algunos ex compañeros, como en la de
    “Julio” (Ramón Gerreiro) y en la de su propio ex jefe “Manco de Agudo”; y Manuel Hidalgo
    Villalón, “Palomero”, de 29 años, soltero, de Almadén. Estuvo dos años colaborando con la
    guardia civil, hasta el 14 de febrero de 1950, en que “no siendo ya necesarios sus servicios”, se
    le envió a la prisión de Carabanchel, para sustanciar su proceso bajo la batuta del coronel
    Eymar. Sobre “Palmero” informaba Limia el 28 de marzo, 1949, que “está colaborando con
    lealtad e interés como confidente y guía de la contrapartida”, que descubrió enlaces y bases,
    preparó y realizó el servicio que dio por resultado la eliminación total de la partida de “El
    Manco de Agudo”, por lo cual se ha propuesto a la Superioridad se le recompense con 5.000
    pesetas. Al final, fue condenado a muerte en Ocaña con “Palomo” el 5 de julio de 1951, pero
    “Palmero” se libró de la ejecución “in extremis”; “Palomo”, sin embargo, fue ejecutado (26).
    Muchos de los mencionados aparecen en plena acción en mi novela La golondrina. Y si
    me ensaño con todos ellos, y con muchos más que no menciono para no alargar la triste letanía
    de desertores y de traidores, es porque me han decepcionado. Y no sólo ellos, pues he
    comprendido que la inmensa mayoría de “los de la sierra” se echó al monte para resolver sus
    problemas particulares con la justicia, y el modo de lograrlo era acabar con el franquismo. Y
    como no fue posible, intentaron alcanzar la frontera o se entregaron y se convirtieron en fieles
    confidentes de la guardia civil y en traidores de sus compañeros. Y aquí surge la excepción:
    firme, tesonera y única entre todos los pobladores de las sierras y montes de España en esas dos
    décadas señaladas. Y es del pueblo: Victorino Rodríguez Olmo, “Resorte”, el único entre todo
    el movimiento guerrillero que ha estado en la cárcel veintitantos años por no delatar a sus
    compañeros. Y era un hombre que no tenía las manos manchadas de sangre, y durante su
    estancia en la sierras, casi dos años, ostentó el sabroso encargo de cocinero.
    -La cuarta etapa es la del desmoronamiento de la guerrilla en la década de los cincuenta
    y su desaparición en 1963. No obstante, Santiago Carrillo, a mediados de 1952, realizó una
    autocrítica sobre las guerrillas, y apunta que “sobreestimamos la experiencia clandestina de los
    camaradas enviados desde Francia”, y continúa: “no conseguimos nunca que la lucha guerrillera
    fuese una lucha de masas”, e insiste en que “sobreestimamos la importancia de la lucha
    guerrillera… y no acertamos a retirar a tiempo, por lo menos, a parte de nuestras fuerzas de este
    sector de la lucha, mientras que se producía su aislamiento creciente de las masas campesinas y
    se desarrollaban en su seno elementos de descomposición” (27). Y, francamente, la lucha
    guerrillera había desaparecido en la mitad justa del siglo XX, aunque son conocidos episodios
    aislados posteriores, como los de “Juanín” y “Bedoya” en Cantabria, y el descubrimiento de
    algunos topos en la década de los sesenta.

    Y cómo llamarlos: EnEspaña, para referirse a estos hombres empecinados en continuar
    la lucha antifranquista, surgen varios términos: “huidos”, “fugados”, “rojos huidos”;
    “bandoleros” y “bandoleros huidos”. Se impuso, sin embargo, la etiqueta de “los de la sierra”, y
    así serán llamados hasta octubre de 1944, momento en que el PCE les asigna el nombre de
    “guerrilleros”.
    Señalo antes de continuar que el inicio de la II Guerra Mundial sorprendió a gran
    parte de excombatientes republicanos en territorio francés, y muchos se incorporaron a la
    Resistencia francesa desde la Agrupación de Guerrilleros Españoles. A partir de 1944, con los
    alemanes en retirada, parte de estos españoles reorientó su lucha hacia España y, aunque el
    fracaso de reconquistar España aquel octubre de 1944 fue mayúsculo, algunas fracciones
    lograron enlazar con las partidas que habían permanecido en el monte desde febrero y marzo de
    1939. Y con estos infiltrados se introduce también el vocablo “maquis”, y con él son designados
    los hombres y mujeres que resistieron en el monte y en el llano contra Franco.

    Pero no olvidemos que esto ocurre en la segunda etapa, por lo que ya existía en España
    una oposición armada contra el Régimen franquista cuando surge el término “maquis”, palabra
    francesa procedente del corso y del italiano MACCHIA (paisaje de arbustos, matorrales), y en
    Francia empezó a usarse en 1942 para referirse a grupos de guerrilleros que peleaban contra los
    alemanes. Eran los “maquisard” (luchadores emboscados), y, por extensión del término, pasó a
    España con ese significado
    . Así pues, España que exporta y acuña en el exterior las palabras
    “guerrilla” y “guerrilleros” y “partida” ya en el siglo XIX, y existen en la actualidad, adopta
    ahora ese término para referirse de manera incorrecta –por incompleta- a la lucha antifranquista
    mantenida, eficientemente, en la década de los cuarenta. . Por tanto, en España, hasta 1944, a los
    huidos se les conocía como “huidos políticos” y, popularmente, como “los de la sierra”;
    después, erróneamente, se los unifica bajo la nominación de “maquis”, pero en España había
    luchadores antifranquistas antes de que existiera el término importado.

    Y se ha impuesto el nombre de “maquis”. Pero he de añadir lo siguiente y con ello
    termino: Cuando empecé a estudiar el tema que nos ocupa, descubrí lleno de entusiasmo que el
    mejor sobrenombre para designarlos, emulando con ello el título de una novela de Pío Baroja,
    era el de “los últimos románticos”. Y con ese entusiasmo acepté en 1996 la invitación para
    participar en el Congreso Internacional que sobre el maquis se celebra anualmente en Santa
    Cruz de Moya, pueblo de la serranía de Cuenca. Y allí participé con una ponencia, y me referí a
    los hombres de la sierra como “los últimos románticos”. Y allí estaba mi amigo el escritor Julio
    Llamazares y la malograda escritora extremeña Inma Chacón, y nos saludamos, y cenamos
    juntos y… Luego, Julio Llamazares ha pregonado la etiqueta por mí inventada con mucha más
    voz que yo. Pero hace ya bastantes años, y después de estudiar el tema que hasta aquí nos ha
    traído cerca de treinta, que les retiré ese glorioso sobrenombre por muchos argumentos que he
    comentado y por otras muchas que por falta de tiempo y por otras razones he callado, y sólo los
    considero, de la mano de Blas de Otero, hombres “fieramente humanos”.


    NOTAS:
    1. Datos recogidos de SERRANO, Secundino: Ob., cit., págs. 368-369.
    2. Lo más destacable en la reunión de Postdan (17 de julio-2 de agosto, 1945) relacionado
    con España en que Stalin propuso la ruptura de toda relación con el gobierno de Franco.
    Además, se aceptó por las tres potencias reunidas Rusia, Gran Bretaña y Estados
    Unidos que España no entrara en la ONU.
    3. DÍAZ DÍAZ, Benito: Huidos y guerrilleros antifranquistas en el centro de España,
    1939-1955. Toledo. Editorial Tilia, 2011, pág. 44.
    4. DÍAZ DÍAZ, Benito (coordinador): La guerrilla en Castilla-La Mancha. Ciudad Real.
    ALMUD Ediciones, “Biblioteca Añil”, 2004, pág. 46.
    5. DÍAZ DÍAZ, Benito: Huidos y guerrilleros…, págs.45-46.
    6. TRAPIELLO, Andrés: La noche oscura de los cuatro caminos. Una historia del
    maquis. Madrid. 1945. Madrid. Aguilar, 2001. Información tomada de Moreno Gómez:
    La resistencia armada contra Franco. Barcelona. Editorial Crítica Contrastes, 2001,
    pág. 43.
    7. MORENO GÓMEZ, Francisco: La resistencia armada… Ob.cit., pág. 2.
    8. Nimalón Toral. En 1945, el PCE intentó enviar a Nilamón Toral a Córdoba con el fin
    de que se incorporara a la guerrilla para instruirla y organizarla, pues era un personaje
    muy conocido porque al final de la guerra había mandado una agrupación de divisiones
    en el frente Sur. Pero cuando esperaba a que unos enlaces le llevaran a Córdoba fue
    detenido por la policía.
    9. DÍAZ DÍAZ, Benito: Huidos y guerrilleros…, pág. 156.
    10. Uno de los presos, Lázaro Leal, “El Perdigón”, maestro albañil, y su hijo de 16 años,
    también en esa ocasión recluido, hicieron un agujero en el muro del convento de las
    monjas concepcionistas, por la parte de la sacristía, y en medio de la noche salieron al
    huerto y a las calles del pueblo. Los guardianes dieron la voz de alerta y mataron a seis
    fugitivos.
    11. Ha salido un libro sobre este personaje: Dionisio Castellano García, Palomo”. Su
    historia y la de otros guerrilleros con él relacionados. Autor Dionisio Guerrero
    Castellano. Edita Aebius, 2011. En el sumario incoado contra Dionisio Castellano
    García, “Palomo”, se hace alusión en sus declaraciones a la partida de “Corruco”.
    Después de la evasión el 4 de agosto de 1939, anduvo ese mes y el de septiembre solo
    por el monte, refugiado en la sierra de Alcudia (Ciudad Real), alimentándose de lo que
    cogía de noche en las huertas y de algún ganado. Al cabo de ese tiempo, se topó con
    cuatro paisanos suyos, también evadidos… Moreno Gómez, Ob. Cit., págs.42-43.
    12. En realidad, el término se introduce y se afianza con la ofensiva del valle de Arán, al
    surgir la lucha guerrillera en Levante y Aragón.
    13. VIDAL, César: “¿Fueron los maquis una fuerza democrática?” en Enigmas de la
    Historia, 7 de julio, 2001, versión digital.
    14. La cita, según Enrique Líster, pertenece al último jefe de la guerrila en Galicia, en Así
    destruyó Carrillo el PCE. Barcelona. Editorial Planeta, 1983. Tomada la cita de la
    versión digitalizada.
    15. SERRANO, Secundino: “Los comunistas cambian el paso”, en Ob. Cit., pág. 287.
    16. SERRANO, Secundino: “Los comunistas cambian el paso”, en Ob. Cit., pág. 287.
    17. SERRANO, Secundino: “Los comunistas cambian el paso”, en Ob., cit., págs. 288-289.
    18. MORENO GÓMEZ, Francisco: Ob. Cit, pág. 346.
    19. DÍAZ DÍAZ, Benito: Huidos y guerrilleros… Benito, pág. 193.
    20. BAIRD, David: Historia de los maquis. Entre dos fuegos. Córdoba. Editorial Almuzar,
    2008, pág. 21.
    21. Véase sobre el tema de desertores y delatores y traidores Secundino Serrano: “Tiempo
    de traidores”, en Maquis. Historia de…, págs. 297-305.
    22. Los datos de esta cita proceden de Moreno Gómez, Ob. Cit., págs. 582-583-584.
    23. MORENO GÓMEZ, Francisco: Ob., cit., pág. 349. 576 y 592-596.
    24. Datos procedentes de MORENO GÓMEZ, Francisco: Ob., cit.
    25. La II Agrupación comprendía parte de La Mancha y tenía su centro en Ciudad Real,
    provincia que se convirtió en encrucijada de partidas por su situación geográfica. Estaba
    encabezada por Ramón Regueiro Gómez, “Julio”, y a ella se incorporó se hermano
    “Antonio” como comisario político y, después, enlace con Madrid. El jefe del Estado
    Mayor era Dionisio Castellano García, “Palomo”; también pertenecía al núcleo
    dirigente Eusebio Liborio Lombardía, “Lavija”. Esta Agrupación disponía de tres
    divisiones, gobernadas por Francisco Expósito Prieto, “Gafas” (21ª), José Méndez
    Jaramago, “Manco de Agudo” y, alternando, Dionisio Castellano García, “Palomo”, y
    Honorio Molina Merino, “Comandante Honorio”, datos tomados de Secundino Serrano,
    Ob., cit., pág. 174.
    26. MORENO GÓMEZ, Francisco: Ob., cit., pag. 595.
    27. SERRANO, Secundino: “La guerrilla como anacronismo: nuevas formas de lucha”, en
    O. cit., págs.339-342

    http://www.ateneodetoledo.org/wp-con...e-maquis-1.pdf
    Última edición por ALACRAN; Hace 4 semanas a las 18:39
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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