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REQUETÉS. DE LAS TRINCHERAS AL OLVIDO
http://3.bp.blogspot.com/_Fo5f1tGdK-...erasolvido.jpg El próximo día 17 de mayo se presenta en Madrid (Fundación Mapfre, Paseo de Recoletos 23, 20 horas) el libro "REQUETÉS. De las Trincheras al olvido". Son sus autores PABLO LARRAZ y VICTOR SIERRA-SESÚMAGA, y está editado por La Esfera de los Libros, con prólogo de STANLEY G. PAYNE y epílogo de HUGH THOMAS.
El libro, de más de 950 páginas, incluye 65 testimonios recientes, recabados personalmente por los autores para esta edición, de otros tantos voluntarios carlistas que tomaron parte en nuestra guerra civil integrados en tercios de requetés u otras unidades organizadas por el carlismo. Además contiene más de 450 fotografías inéditas de una gran calidad.
Con esta gran obra se pretende conseguir la mayor difusión de estos emocionantes testimonios y con ello preservar la memoria del enorme sacrificio, personal y colectivo, que asumieron sus protagonistas desinteresadamente en defensa de sus ideales de Dios, Patria, Fueros y Rey, implícitos en la libertad de pensamiento y de creencias perseguidos en aquellos tiempos.
Cada uno de los testimonios que recoge el libro corresponde a las vivencias que aún hoy día mantienen aquellos luchadores, como ya lo hicieron sus antepasados en el siglo XIX, de aquellos difíciles momentos de la guerra, a la que su compromiso les llevó a asumir los riesgos de su propia vida. Como se puede apreciar en su lectura no cabe en ellos ningún espacio de resentimiento ni reivindicación personal.
Todos estamos invitados a asistir a la presentación de este libro, que es una historia de compromiso y entrega a unos ideales, y a compartir con todos la misma ilusión que ha alentado a los autores del libro, y a todos los que han colaborado con ellos, en su labor.
Publicado por CTC - HYC en 5/07/2010 03:55:00 PM 0 comentarios http://img1.blogblog.com/img/icon18_email.gif http://img2.blogblog.com/img/icon18_edit_allbkg.gif
Etiquetas: Actividades, Guerra Civil, Libros, Tercios de Requetés
HISTORIA DEL TRADICIONALISMO ESPAÑOL
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Ya están disponibles los primeros 16 volúmenes de la Historia del Tradicionalismo Español que, como anunciamos hace unos meses, ha reeditado la editorial Sancho el Fuerte Publicaciones S.L.
http://3.bp.blogspot.com/_Fo5f1tGdK-...+1+%281%29.jpg
Publicado por CTC - HYC en 5/04/2010 07:41:00 PM 0 comentarios http://img1.blogblog.com/img/icon18_email.gif http://img2.blogblog.com/img/icon18_edit_allbkg.gif
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La Partida de Palillos y su Estandarte. 1ª Guerra Carlista, 1833-1840
Por Iñigo Pérez de Rada y Cavanilles
http://4.bp.blogspot.com/_9y-KqwVm4N...a+palillos.jpg (Pinche sobre la imagen para ampliarla)
La "Partida de Palillos" fue la más destacada unidad de voluntarios a caballo de entre las que levantaron pendón en 1833 por la causa legitimista de Don Carlos V de Borbón en Castilla la Nueva.
http://1.bp.blogspot.com/_9y-KqwVm4N...0/carlos_v.jpg Don Carlos María Isidro de Borbón, Carlos V
Estaba dirigida por don Vicente Rugero y su hermano don Francisco, naturales de Almagro, quienes “habían pertenecido al ejército en clase de comandantes de caballería; pero clasificados como tenientes, se retiraron á su casa de Almagro. En 1833 conspiraron, como muchos descontentos, y reducidos a prisión se sustrajo de ella don Vicente y levantó una partida” (1). Fueron mejor conocidos con el alias de “Palillos” (2), llegando a juntar para su Partida más de medio millar de hombres.
La fama de Palillos fue tal que traspasó nuestras fronteras (3). En cierta ocasión el conde de España, capitán general de Cataluña, leyendo que el periódico liberal “Eco del Comercio” llamaba “tigre” a Palillos, aquél exclamó sonriendo “Véase una usurpación, porque sólo soy yo el tigre legítimo” (4).
No fue la Partida de los Rugero un dechado de caballerosidad en lo que a forma de combatir se refiere, ya que lo hicieron despiadadamente (5), pero en su descargo hemos de observar que sus enemigos liberales los sobrepasaron siempre en crueldad -llegando al extremo de fusilar a su anciana madre de 81 años-, por lo que se vieron compelidos a batallar a sangre y fuego. Las partidas carlistas las integraban voluntarios, en su inmensa mayoría civiles, con escasa preparación militar, mientras que las fuerzas del Ejército regular estaban compuestas por hombres disciplinados y hábiles en el manejo de las armas. También los mandos castrenses gubernamentales a los que concretamente tuvo que enfrentarse Palillos fueron de naturaleza particularmente acerba: el coronel Flinter (6) -esclavista "de facto"-, el general Narváez -quien parece ser declaró en su lecho de muerte que no podía perdonar a sus enemigos "porque los había hecho fusilar a todos"-, el general Nogueras -responsable de pasar por las armas a la madre de Ramón Cabrera-, y el brigadier Balboa -que no dudó en llevar al patíbulo en Fuente el Fresno a un niño de cuatro años cuando el brigadier dispuso se diezmara por sorteo a los familiares de los carlistas, tocándole en suerte al infante su fatídico destino (7)-.
Pío Baroja, gran recopilador de datos relativos al carlismo, dejó consignados en una de sus novelas datos de gran interés referentes a la Partida y que a continuación transcribimos. “[…] Palillos ha sido muy famoso. […] Palillos padre, don Vicente Rugero, era un viejo muy ladino. Tenía una partida muy bien organizada y muy militar. Ya lo creo. Y no piense usted que era fácil entrar en ella […] Para entrar en la partida se necesitaban muchas condiciones. Había que tener menos de treinta años, ser fuerte, buen caballista, estar acostumbrado a la vida del campo y no tener parientes ni amigos entre los cristinos […] los jefes podían ser más viejos. Al que entraba en la partida se le hacían muchas preguntas, y luego se iba a comprobar lo que había dicho, y si algo no resultaba cierto, no se le admitía […] Todos íbamos igual. Se llevaba calañés alto, de pana o de terciopelo negro, adornado con algunas carreras de botones, medallas, cintas rizadas y un plumerito negro. La mayor parte usaba patillas. Se vestía marsellés corto, guarnecido de cinco botonaduras de monedas de plata, pesetas o reales columnarios. Algunos jefes lucían doblillas de oro, y en vez de calañés, boina blanca o sombrero redondo con funda de hule. Se gastaba calzón corto, de pana o terciopelo negro; ancha faja para el puñal y los cachorrillos; polainas de cuero y zapatos de una pieza. En el arzón del caballo se ponían las pistolas y el trabuco […] Cuando Palillos se proponía sacar contribuciones en una comarca, dividía su caballería en partida de treinta a cuarenta hombres; ocupaban todos los lugares en un espacio de seis a ocho leguas cuadradas. Cada paisano debía suministrar todo lo necesario para un jinete y un caballo. Los pueblos se veían obligados a entregar a Palillos la misma contribución que pagaban al Gobierno de la reina. Entrábamos nosotros en un lugar, y lo primero, para que nadie tocase a rebato y diera señal de alarma, nos apoderábamos de la torre de la iglesia y poníamos en el campanario un centinela. El centinela observaba cuanto pasaba a larga distancia, y si veía algo tocaba la campana, y, según las campanadas, nos entendíamos. Era como la línea del telégrafo de señales del Gobierno. Así, don Vicente Rugero sabía con rapidez si aparecía el enemigo y por dónde” (8).
http://1.bp.blogspot.com/_9y-KqwVm4N...estandarte.jpg Escolta del estandarte
Tuvo la Partida su bautismo de fuego el 15 de noviembre de 1833 en Alcolea, donde fue alcanzada y derrotada por los gubernamentales que mandaba el coronel Tomás Yarto, “guareciéndose sus restos en los montes, ese laberinto impenetrable, con mansiones subterráneas, con despejadas y naturales atalayas, donde puede acampar un batallón en el mismo terreno en que otro esté oculto con toda seguridad” (9).
Cuando no combatían, se dedicaban a interrumpir las comunicaciones y arruinar el tráfico, siempre bajo la atenta observancia del coronel Jorge Flinter, creado comandante general de la línea de La Mancha, quien no perdía ocasión para perseguirlos celosamente con el propósito de darles combate, y así el 28 de octubre de 1835 “es derrotado Palillos hacia Tomelloso con alguna pérdida, y el 4 de noviembre, contando ya este partidario, tan temible después, con unos cuatrocientos caballos, se vió acometido en Villanueva de la Fuente. Mas no da el rostro, sin embargo de su fuerza; perseguido, se bate en retirada en Genave, en Sierra de la Cumbre y en Rumblar, la parte más escabrosa de Sierra Morena y en Fuente del Fresno, siendo tan tenaz y decidida la persecución que corre veinte leguas, muriendo en ella veinticinco carlistas, y apoderándose los contrarios de bastantes caballos […] Bien pronto se indemnizaban aquellos partidarios, merced al brigandaje de su sistema y á la libertad que todos disfrutaban, de tales pérdidas, bastándoles á veces una excursión: así se ve á Palillos aumentando considerablemente los suyos é infundiendo el terror inseparable de sus punibles excesos” (10).
El 10 de diciembre Palillos junto a los hombres de Sánchez y los Cuestas presentan batalla en la llanura atacando a más de trescientos jinetes pertenecientes a las columnas isabelinas en las cercanías de Talarrubias, haciendo prisionero al jefe de estos últimos. “Este quebranto, primero de su clase, porque fue a campo abierto el choque, produjo un efecto terrible, porque demostraba que ya no podían ser insignificantes ni pequeños los combates con Palillos; que las facciones envalentonadas por su número y lo favorable del terreno, pues contaban para el llano con caballos escogidos, y con los montes impenetrables é inmensos de Toledo para la retirada, confiadas también en su espionaje, tomando audazmente la ofensiva; que casi todos los pueblos no bien guarnecidos quedaban á su disposición, y que podían ser aquellos el núcleo de un ejército el día que surgiese un hombre valiente, organizador y entendido á la vez” (11).
http://3.bp.blogspot.com/_9y-KqwVm4N...a_Carlista.jpg Fuerzas carlistas entrando en una población
En febrero de 1837 se reunió un nutrido grupo de caballería perteneciente a la Partida en las cercanías de Granátula con el objeto de tomar el pueblo natal del general Espartero, siendo rechazados y sufriendo noventa muertos por las tropas del brigadier Mahy, quien hizo además fusilar con urgencia a seis prisioneros sobre el mismo escenario del combate, por lo que posteriormente se decide atacar Bolaños, que sí caería rendida. En esta última población, Palillos "atacó a los nacionales de Bolaños, estrechándolos de tal manera, que conociendo ellos lo inútil de su resistencia rindieron las armas confiando en la jenerosidad (sic) de sus contrarios; pero Palillo, luego que los tuvo en su poder los sacrificó, vengando en ellos el revés que había sufrido en los campos de Granátula. Este acto de inhumanidad, del que también daban frecuentes ejemplos los del bando opuesto, fué causa de que palillo no se apoderase de muchos pueblos, que se hubieran entregado facilmente, á no tener la misma suerte que los nacionales de Bolaños; por esa razón los nacionales se defendían desesperadamente y preferían morir con las armas en la mano, más bien que entregarse á merced de sus enemigos" (12). Serían un total de 25 los milicianos nacionales fusilados por Palillos en Bolaños, incendiando los días siguientes el pueblo de Brazatortas y continuando hacia Torremilanos donde venció a las fuerzas del capitán Estela, pasando por las armas 20 prisioneros (13).
Los manchegos sostuvieron a principios de julio de 1837 un combate en Venta de Cárdenas contra la Infantería liberal que se saldó dejando más de treinta cadáveres de estos últimos sobre el campo de batalla.
Al frente de 700 hombres se presentó los primeros días de septiembre en Puerto Lapice con el propósito de apoderarse de la población, pero al no conseguirlo dada la resistencia que puso su guarnición, que resistió los embates de los carlistas con gran determinación y firmeza, Palillos ordenó prender fuego a las casas y edificaciones que se hallaban extramuros del pueblo, al tiempo que enviaba un conminatorio mensaje dirigido al "Sr. Comandante de las fuerzas rebeldes" con el objeto de lograr su rendición: "Comandante General de la Mancha. Viva Carlos V. Si en el preciso término de una hora no se entrega á discreción la fuerza rebelde que se halla situada en la casa del fuerte, serán pasadas por las armas, y se procederá al incendio y asalto de él; más si oyen mi humana amonestación se les garantizará sus personas y bienes. Cuartel General de Puerto Lapice, septiembre 5 de 1837-. El Brigadier Comandante General Palillos". La airada respuesta que obtuvo de los sitiados fue la siguiente, siendo esta vez el destinatario el "Sr. General de ladrones y asesinos": "Comandancia de los fuertes de Puerto Lapiche. = No se entregarán estos fuertes en ningún concepto, y antes preferiran perecer entre sus ruinas que sucumbir á manos de tan vil canalla de ladrones y asesinos. Viva Isabel II. Viva la Constitución. Viva la Reina Gobernadora. Puerto Lapiche 5 de septiembre de 1837" (14). Palillos, viendo lo obstinado de la defensa ordenó abandonar la plaza.
Mientras tanto, el 12 de septiembre, la Expedición Real logra llegar hasta las mismas tapias del Retiro madrileño, ocasión única que hubiese acaso decidido el triunfo definitivo de las armas carlistas si Don Carlos hubiera seguido el consejo del general Cabrera de penetrar ese día en la capital de España. El Rey no dio la oportuna orden, por lo que las tropas carlistas se retiraron de las inmediaciones de la Villa y Corte. Días después, algunos partidarios carlistas, conscientes de la magnífica ocasión desaprovechada, aún creen que es posible repetirla, como el caso del coronel de Ingenieros Von Rahden quien considera además imprescindible para tal fin la fuerza de Palillos, que actuaría como barrera de contención al sur de Madrid: "Palillos podía mantener la alarma a las puertas de Madrid mientras nos poníamos de acuerdo con Zaratiegui [que después del fiasco se había retirado hacia el norte atravesando el Guadarrama] para una acción combinada" (15).
http://3.bp.blogspot.com/_9y-KqwVm4N...320/correo.jpg Ataque carlista al Correo
En Venta Quesada, localidad próxima a Manzanares, el 11 de noviembre asaltan el Correo cargado de correspondencia para La Mancha y Andalucía, logrando interrumpir de este modo las comunicaciones postales de esas provincias con Madrid.
Parte de Los Arcos, Navarra, el 28 de diciembre de 1837, una expedición comandada por el general don Basilio Antonio García y Velasco quien al frente de unos dos mil hombres encuadrados en cuatro batallones y dos escuadrones pretendía “organizar la guerra en La Mancha y restantes regiones de la España central, para lo que debía contar con el apoyo de una división de Cabrera, a quien se le habían dado instrucciones en ese sentido” (16). Tuvo que desistir García de su plan de contactar con Cabrera debido al acoso al que se veía sometido por los cristinos, dirigiéndose directamente a tierras manchegas donde sumó a sus efectivos las fuerzas de Palillos. “Jara [José Jara, cabecilla carlista] y Palillos, enfrascados en antiguas rencillas, trataban de manejar al general [García] según sus designios. Finalmente se impuso el primero, y Palillos, varias veces postergado, se separó completamente de la expedición” (17).
Antes de renunciar a la expedición participaron los de la Partida, a las órdenes del general, en varios hechos de armas notables entre los que destacan el ataque con éxito a un convoy liberal compuesto por varios carros que desde Ruidera transportaba pólvora -"la escolta del convoy se refugió en una casa y envió un emisario para decir que se rendirían a los navarros y no a los carlistas manchegos, pero el mismo Palillos les dio palabra de cuartel y les trató como a compañeros, rectificando así conductas anteriores" (18)- o el apoyo prestado por los jinetes de la Partida a los hombres del coronel Tallada que se retiraban de Baeza el 5 de febrero de 1838, perseguidos por el general Sanz, quien había tomado el mando de la división Ulibarri, que desde Navarra venía persiguiendo a la expedición de García. También son señalados la sonada actuación de las tropas de Don Basilio en Calzada de Calatrava, donde sus subordinados quemaron una iglesia en la que se habían refugiado aquellos liberales que negaron su rendición -entre los que parece ser se encontraban mujeres y niños-, y el descalabro sufrido en Valdepeñas por los voluntarios carlistas, que perdieron a cuarenta de sus oficiales; tras este revés los adversarios cristinos se vengaron ensañándose particularmente en aquellos hombres que pertenecían a la Partida por haberlos hecho responsables de la barbarie ocurrida en Calzada.
Ya desvinculados los Rugero de la expedición del general García emprenden con nuevos bríos acciones guerrilleras, siendo la más importante el ataque perpetrado sobre Ciudad Real en mayo de 1838, donde logran obtener un cañón: “al amanecer del [día] 28, los disparos sobre la puerta de Santa María anunciaron su empeño de penetrar en la ciudad. Acudieron veloces y valientes varios nacionales [miembros de la Milicia Nacional] y paisanos á reforzar la poca tropa que custodiaba aquel punto, y á los pocos momentos, los carlistas convencidos de la inutilidad de sus esfuerzos, se retiraban de la muralla, donde perdieron la vida algunos trabajadores que trajeron para abrir la brecha. A esto debieron limitarse las disposiciones de la autoridad militar que desempeñaba entonces don Luis Suero, comandante del batallón franco de la Patria, que dio enseguida ocasión á Palillos para que hiciera una horrible carnicería. Retirábase hácia el camino de Miguelturra, cuando el comandante Suero envió en su persecución una de las dos piezas de á cuatro que había en la capital, escoltada apenas por unos ochenta hombres, entre ellos varios nacionales. Llegó el cañón hasta la mitad del camino de Miguelturra, rodeado de tan heterogéneo refuerzo, y al primer disparo hecho sobre los carlistas, sucedió lo que era fácil haber previsto. Aguerrida y audaz la caballería de Palillos dio una vigorosa carga á las fuerzas contrarias, y aquella escolta falta de unidad, sin jefes propios, y aturdida con tan impetuoso é inesperado ataque, cedió un momento al espanto y fue perdida. En vano el desgraciado y bizarro teniente de Castilla, Lahera, quiso infundir su valor á los fugitivos; empezó la fuga y allí encontraron una honrosa muerte, no solo aquel valiente patriota, sino muchos otros que, decididos á vender cara su vida, hicieron frente al enemigo.
Muchos fueron acuchillados en el acto, y otros entre los que se encontraba el valiente joven don Antonio Puebla, hijo de un comerciante de la ciudad, fueron fusilados incontinenti, aunque pidió Puebla su rescate á peso de plata.
Palillos, después de haber sembrado el campo de cadáveres de aquellos desgraciados, y perseguido hasta las puertas de la ciudad á los pocos voluntarios nacionales que salieron á reforzar á sus compañeros de armas, tomó la dirección de Miguelturra, llevándose con el mayor entusiasmo el cañón, cuya inoportuna salida tantas desgracias había causado, y que por ser arma inútil para aquellos carlistas [que eran de caballería y una pieza de artillería les servía de estorbo], fue enterrado, hasta que le sacaron en Agosto siguiente las tropas de Narvaez.
Este desgraciado acontecimiento abatió, más de lo que estaba, el espíritu público liberal, y alentó el carlista; y sin la pronta llegada de las tropas que componían el ejército de reserva, los defensores de don Carlos hubieran dominado completamente el país, en el que tenían adeptos, por más que se hiciera creer lo contrario en Madrid […] Casi al mismo tiempo que Palillos sitiaba a Ciudad-Real, invadía Archidona, con ciento veinte caballos, los pueblos de las inmediaciones de Roda, robando y asaltando en los caminos las diligencias y fusilando á los nacionales que las escoltaban” (19).
El general Ramón María Narváez fue enviado a pacificar Ciudad Real, mientras Espartero operaba en el Norte, con el objeto de aplastar a los carlistas de esta provincia y de La Mancha. El “espadón de Loja” emprende una persecución implacable sobre los voluntarios de Don Carlos al mando de una considerable fuerza consistente “en un cuerpo de reserva en la provincia de Jaén, cuya base serían los batallones de la Milicia Nacional movilizados en las capitanías generales de Granada y Andalucía, y los cuerpos francos estacionados en las mismas que no fueran absolutamente indispensables para otros menesteres. Los quintos que aún quedaran en los depósitos, y los desertores aprehendidos, constituirían batallones provisionales, a los que se dotaría de los cuadros necesarios, completándose esta fuerza con el cuadro del batallón de marina de San Fernando. Estas tropas, puestas a las órdenes del brigadier Narváez, debían acabar con las facciones de Castilla la Nueva, y el 30 de octubre [de 1837] recibían una nueva organización, pues se incorporaban a las mismas los regimientos provinciales de Murcia, Sevilla, Ronda y Santiago, así como el tercer batallón de la brigada de artillería nacional de marina, los cuadros de seis batallones regulares, los cuartos escuadrones de la guardia real de caballería, y un par de baterías. Dotado de la correspondiente plana mayor, este ejército se subdividiría en 4 brigadas, 3 de infantería y una de caballería, cuyo jefe estaría a las inmediatas órdenes del gobierno. A principios de junio de 1838 comenzaron a llegar a La Mancha las primeras unidades, haciendo Narváez su entrada en Ciudad Real el día 13” (20).
El Ejército de Reserva de Narváez comenzó a operar a mediados de junio de 1838. Palillos atacó en Ballesteros, con ciento cincuenta de sus jinetes a la retaguardia de la segunda brigada de la división, siendo finalmente rechazado por el escuadrón de coraceros leales a Isabel. El día 29 cabalgó hasta Torrenueva, donde “quemó las eras y asesinó y cometió horrorosos excesos, ya que, gracias á la resistencia de los nacionales, no pudo enseñorearse del pueblo” (21).
Debido al implacable hostigamiento que las fuerzas liberales ejercían sobre las partidas carlistas en Castilla la Nueva y derrotados, huidos, presos o muertos muchos de sus jefes -entre ellos Francisco Rugero, que fue fusilado por orden de Narváez (22) en Almagro el 27 de agosto de 1838 a la edad de 50 años (23)- (Orejita, Calvente, Revenga, “el feo de Buendía”, Juan Calderón, “Bailando”, Giner, González alias “Gil”, “Cuentacuentos”, “Matalauva”, “el Apañado”, “Cuatrocuartos”, “el Bombi”, “Sin Penas” o “Chaleco”), la de Palillos se vio incrementada por los hombres dispersos que permanecían fieles a la causa carlista, escogiéndose los montes de Toledo como seguro refugio y tomando los pueblos cercanos como teatro de operaciones. Mientras tanto, Narváez recibe su nuevo nombramiento como capitán general de Castilla la Vieja (24), pero antes de abandonar su puesto a su sucesor el general Agustín Nogueras (25), resuelto a terminar con los carlistas en su jurisdicción militar declara un amplio “indulto á todos los carlistas y sus jefes que se presentasen, siempre que no tuviesen crímenes imperdonables” (26) (27).
A indulto se acogieron numerosos combatientes ya por cansancio, ya por no ver futuro en la causa que defendían, pero Palillos permaneció inquebrantable en su ideal en medio de un verdadero río de desafección y apostasía legitimista, enarbolando su rojo estandarte y así el 12 de noviembre, al mando de 200 jinetes, logró plantarlo en Ballesteros y dos días después en Fernán Caballero. Fue por estas fechas cuando los de la partida capturaron a un yerno del duque de Frías, ministro de Estado, pidiendo la importante cantidad de diez mil duros a cambio de su rescate (28).
Aunque la espada del cabecilla Rugero seguía alzada imperturbable a los adversos acontecimientos alrededor suyo, los mandos liberales ya seguros en su cercano triunfo escribían: “tenemos cogidos y presentados a más de mil facciosos. “Palillos” y su hijo errante por los montes, cogido su secretario que era su entendimiento, y no hay día que no se presenten lo menos 20 para arriba, que no se cojan 8 o 10 y tarde en que no se fusilen” (29).
Por ser ahora prácticamente la única partida leal a Don Carlos aún activa en La Mancha, el jefe carlista establece un concierto con las partidas aragonesas para prestarse ayudas mutuas de socorro y ataque. En una de estas incursiones a Aragón el 28 de noviembre, diecisiete jinetes fueron muertos entre las localidades de Perdernoso y Provencio. A mediados de diciembre el hijo de Palillos junto a cien hombres “al atravesar la provincia de Cuenca, acampó en un monte entre Enguidanos y Paracuellos; atacado por los granaderos á caballo de la Guardia real que mandaba el teniente Pozas, dejaron en poder de estos, caballos y efectos” (30) (31).
Los de Palillos ya sin su estandarte (32), aunque pudieron haber tenido otros, “atravesaron las sierras del Burgo y de Guadarrama, y los ríos Tajo, el Tietar y el Alberche, dejando la desolación en pos de su extensa huella. Para atajarles en aquellas terribles y rápidas correrías mandó nuevamente el capitán general de Castilla la Nueva inutilizar las barcas del Tajo; entreteniéndose en tanto Palillos en apoderarse de algunos destacamentos liberales, y desarmar a los que defendían los pueblos de Quijozna, Perales, el Viso de Illescas y otros inmediatos a la corte” (33). El 31 de diciembre atacaron Madrigalejo con 200 jinetes pero "16 hombres de su valiente milicia nacional, no solo resistieron á aquellos, sino que impidieron al enemigo el que pudiese dominar mas de la tercera parte del pueblo, el cuál se vengó incendiando 26 casas y saqueando otras en las que pudo entrar" (34).
El 8 de febrero de 1839 fueron atacados en Almonacid de Zorita por el teniente liberal Urrea Portillo, causándoles gran quebranto y dejando veinticinco muertos carlistas entre los que se encontraba el hijo mayor de Palillos, Zacarías Rugero "después de una larga y constante persecución logró darle alcance con 32 caballos en el pueblo de Almonacid de Zorita, siendo el resultado quedar muertos en el campo el mencionado Zacarías y 24 mas de los suyos, entre ellos algunos oficiales, quedando en poder de los vencedores 12 prisioneros, todos heridos, entre los que se contaba, y lo estaba mortalmente, el famoso cura de Malagón" (35).
http://2.bp.blogspot.com/_9y-KqwVm4N...llos_orgaz.jpg "A la memoria de los hijos de Orgaz, sacrificados por la Partida de los Palillos ..."
Con el objeto de satisfacer su sed de venganza, Rugero, en los albores del día 25 de febrero, envía 180 jinetes mandados por Rito Flores a Orgaz, causando una verdadera sangría entre la población y los milicianos nacionales destacados en la villa, a cuyo frente estaba el capitán Ramón Perea. La historiografía liberal asegura que fueron un total de cuarenta y siete personas, civiles y militares -entre los que se encontraban veintitrés milicianos que fueron pasados a chuchillo-, las que murieron a manos de los voluntarios de la Partida, once individuos fueron retenidos y conducidos a Porzuna a cambio de canjes, y hasta una mujer, dijeron, fue violada. “A una honrada mujer, cuyo nombre no hace al caso, la violaron de la manera más horrible que imaginarse puede. Mientras cuatro la sujetaban, los demás, que eran en gran número, satisfacían su brutal apetito, dejándola exánime” (36).
Don Carlos, alarmado por los excesos que se estaban cometiendo en Castilla la Nueva, y deseando imponer el orden entre sus partidarios comisionó al general Cabrera acudir él mismo u otro de su confianza a esta región para organizarla. “Cabrera recibió en tanto una órden de don Carlos, en la que participándole el estado de desorganización en que se hallaban las fuerzas de la Mancha, le prevenía, por estar más en contacto con este país, que destinara un jefe de celo é instrucción que usando de política granjease los ánimos de los de aquellas partidas, las organizara é introdujera en ellas la disciplina.
Para darla cumplimiento hizo él mismo una atrevida excursión á estas provincias, consiguiendo su sagacidad que Amor [Bartolomé Amor, que interinamente sustituía al general Nogueras] no la evitara, á cuyo efecto hizo correr la voz de que iba á atacar de nuevo Villafamés, Caspe y Alcañiz: movió los aprestos de sitio, mandó recomponer los caminos, y mientras los liberales estaban á la expectativa, adelantó Cabrera dos jornadas. Cuando se reunían fuerzas para batirle, regresaba á Aragón con el botín cogido en Castilla” (37).
La llegada a tierras manchegas del general liberal don Trinidad Balboa supuso un nuevo hito de brutalidad, instaurando entre la población un auténtico régimen de terror, represión y guerra sin cuartel a todo lo que pudiera estar relacionado con el carlismo “publicando en su consecuencia el 25 de Agosto un bando riguroso, y por sus efectos horrible, inhumano que llevó al patíbulo inocentes víctimas, mujeres embarazadas, niños hasta de cuatro años; y tales horrores permitió impasible, que se resisten á la narración. Origen fue de terribles acontecimientos harto ruidosos, y bien amargos después para el mismo Balboa, á quién se formó, y á otros jefes, las causas que obran en el Archivo del Tribunal de Guerra y Marina" (38) (39).
A tal extremo de persecución se vieron sometidos Rugero y sus hombres por sus siempre arriesgadas acciones guerrilleras que los mandos liberales, frustrados en sus vanos intentos de apresarlo aún pese a tener la contienda decidida a su favor, se ensañaron con su anciana madre quienes la emplearon como víctima propiciatoria (40). Máximo García Ruiz (41) escribe: “El 11 de octubre del año 1839, en ese mismo sitio -inmediaciones de la puerta de Granada, en Ciudad Real- fue fusilada la inocente y anciana madre de "Palillos", a la edad de ochenta y un años, siendo tan heroica y edificante su apostura en el momento de ser fusilada que conmovió fuertemente a los espectadores y las últimas palabras que salieron de sus labios fueron para pedir al Redentor por sus verdugos». También fueron corrientes las represalias tomadas contra carlistas que pese a haber depuesto voluntariamente las armas se habían acogido a indulto, que no fue respetado, siendo fusilados sumarísimamente prescindiendo de cualquier fórmula legal “dando así comienzo a un régimen de terror, tanto contra los guerrilleros como contra sus posibles colaboradores, que sirvió para que buena parte de los carlistas se dispersaran” (42).
Lo cierto es que el hartazgo de tantos años de guerra sumado a la feroz amén de eficaz persecución del general Balboa y al convenio de Vergara (43) hizo notable mella en el ánimo y resistencia de los carlistas manchegos, inclusive en su “núcleo duro” representado por la Partida de Palillos “antes de finalizar Octubre se habían presentado unos setecientos hombres solamente en la provincia de Ciudad Real” (44).
Balboa, a comienzos de noviembre de 1839, emite una alocución (45) en la que relaja sus medidas represivas al considerar que el carlismo había sido finalmente sometido:
"Comandancia general de las provincias de Ciudad Real y Toledo.- Manchegos y toledanos: cuando cesan las causas tienen que desaparecer los efectos. Bajo de este principio y estando ya pulverizada la facción del ladrón y asesino Palillos, y éste huyendo espantado de estas provincias, os levanto la prohibición que os impuse en mi bando de 25 de Agosto último de no poder pasar a los montes que en él se expresaban, pues que mi fin era quitarle los inmensos recursos y auxilios que recibía de sus paniaguados.- Ansiaba con todo mi corazón que llegase este venturoso día para que pudieseis atender libremente a vuestras comunes necesidades y cuidar de vuestros respectivos intereses, que era el blanco de mi deber y de mi deseo: felizmente lo he conseguido.- Lo que os prevengo, y de su cumplimiento encargo bajo su responsabilidad a las autoridades civiles y militares, es que ninguno pueda transitar fuera de una legua de su pueblo sin llevar un pase que el punto donde se dirige, expresando la condición del viajero y el motivo de su salida, conminando al que faltare, al pago de diez ducados de multa, y si por ser pobre no pudiese, a un mes de prisión, y además a ser castigado según la parte de culpa que le resultare. Igualmente prohíbo que cualquier forastero pernocte en los pueblos, sin que el vecino que los reciba en su casa dé con anticipación parte de su llegada a la autoridad competente; y al que faltare se le pondrá en prisión, quedando a las resultas del delito que aparecer pueda en el culpado.- Estas restricciones son en beneficio de los vecinos honrados y de todo hombre de bien, que no tiene la penosa necesidad de ocultar su cara y persona a sus semejantes; solo el malvado, el delincuente no más es el que procura sustraerse de esta justa y de ningún modo gravosa providencia.- Hágase publicar y pregonar para inteligencia de todos."
Balboa formó una partida de “Seguridad Pública” integrada por excarlistas acogidos a indulto, cuya misión era la de combatir a sus antiguos compañeros de armas. El día 10 de noviembre se levanta el estado de sitio en las Provincias de Toledo y Ciudad Real, a excepción de algunos enclaves, y al día siguiente se emite otra alocución autocomplaciente “diciendo lo que [Balboa] había hecho y los buenos resultados que había obtenido” (46).
Terminada la Primera Guerra Carlista tras el abrazo de Vergara, una facción de la Partida continuó la práctica de operaciones guerrilleras al mando de Rito Flores, condenados a vagar por entre los montes y siendo perseguidos como a bandoleros.
Fue cogido este estandarte por los liberales a finales de 1838, remitido al Museo de Inválidos de Atocha por el Capitán General de Castilla la Nueva, ingresando en ese lugar el 16 de enero de 1839 (47).
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Manuel González Simancas. "Banderas y Estandartes del Museo de Inválidos. Su Historia y Descripción", 1909
El estandarte es de seda carmesí, terminado en dos farpas cuyas puntas y vértice se han adornado con borlas doradas sumando tres, del mismo color gualdo que los flecos que la engalanan. Su anverso presenta bordado en oro, formando un rectángulo, el lema que rodeaba una imagen, hoy desaparecida (48), de la Virgen de los Dolores (Generalísima de los Reales Ejércitos de Don Carlos), que reza: “A D CARLOS V. DEFENSOR DE LA RELIJION Y LA LEJITIMIDAD”, bajo el cual se encuentre las siglas invertidas “A.L.V.D.L.M.” (ya que la “V” va superpuesta a la “M” podría tratarse de una invocación dedicada a la Virgen, como “A La Virgen María Dolorosa”); todo bajo corona Real. Completa la pieza una borla de hilo de oro para sujetarse a la vaina por medio de un cordón del mismo material. Mide 82 x 80 cm. Acompaña a la enseña una tarjeta del antiguo Museo de Recuerdos Históricos de Pamplona con el siguiente texto manuscrito: “Bandera de Carlos V. <<Defensa de la Religión y de la Legitimidad>> 1834” (49).
http://2.bp.blogspot.com/_9y-KqwVm4N...palillos+2.jpg Cartela del Museo de Recuerdos Históricos de Pamplona
NOTAS
(1) Antonio Pirala Criado. “Historia de la Guerra Civil y de los Partidos Liberal y Carlista”. 3ª edición corregida y aumentada con la historia de la Regencia de Espartero. Ed. Felipe González Rojas. Madrid, 1889-1891. Tomo 1, pág. 206. También menciona A. Pirala. “Historia de la Guerra Civil”. Tomo 3, pág. 289 a un “Zacarías Rujero”, tratándose de un hijo de Vicente, que resultó muerto en febrero de 1839.
(2) También conocidos como los “Rujeros".
(3) George Borrow en su obra “The Bible in Spain” (1842), lo cita recurrentemente y en términos oprobiosos; valga esta muestra: “The one I liked least of all was one Palillos, who is a gloomy savage ruffian whom I knew when he was a postillion. Many is the time that he has been at my house of old; he is now captain of the Manchegan thieves, for though he calls himself a royalist, he is neither more nor less than a thief: it is a disgrace to the cause that such as he should be permitted to mix with honourable and brave men; I hate that fellow, Don Jorge: it is owing to him that I have so few customers. Travellers are, at present, afraid to pass through La Mancha, lest they fall into his hands. I wish he were hanged, Don Jorge, and whether by Christinos or Royalists, I care not."
Otro visitante foráneo a la españa de la época, esta vez francés, Teofilo Gautier, también queda impresionado por lo que en Madrid se cuenta de Palillos: "Balmaseda, Cabrera, Palillos y otros cabecillas más o menos célebres se hallan constantemente sobre el tapete. Se dice de ellos cosas que estremecen, crueldades tan terribles que hoy no pueden considerarse ni siquiera aceptables por los caribes o los cherokas". "Viaje por España". Ed. Mediterráneo, S.A. Madrid, 1944. Pág. 86.
(4) A. Pirala. “Historia de la Guerra Civil”. Tomo 3, pág. 15
(5) Por su interés reproducimos el comentario que el historiador liberal D. Antonio Pirala dedica a las partidas legitimistas de Castilla la Nueva, indudablemente redactados desde la íntima aversión que el narrador sentía por el combate de partidas –herederas en el arte de guerrear de los guerrilleros que combatieron a los franceses durante la Guerra de la Independencia dos décadas antes- y que han condicionado adversamente el posterior juicio historiográfico sobre estos voluntarios carlistas, “Historia de la Guerra Civil”, tomo 2, pág. 146. “La guerra continuaba en Castilla con el mayor desorden, y el país se veía asolado, por las numerosas partidas que vagaban indistintamente por montes y llanos. Sus operaciones se reducían á invadir y sorprender pueblos pequeños, hacer exorbitantes exacciones de todo género, y evadir, eso sí, el encuentro de las columnas destinadas á su persecución. Aumentaban su gente con desertores, quintos, criminales y jornaleros desocupados, y el que tenía algún dinero ó mostraba más osadía, se erigía en jefe de un pelotón de hombres que, por temor al castigo y vivir más a sus anchas, se titulaban carlistas.
El perdido, el desesperado, el que había satisfecho ó deseaba satisfacer una venganza, el perseguido por la justicia, todos estos corrían á engrosar estas partidas independientes a toda autoridad, que lo mismo defendían á Carlos que lo hubieran hecho a Isabel, si en esta causa no se hubieran de someter á la disciplina y pudieran tratar á los pueblos invadidos como á país conquistado.
Así se comprende aquella multitud de partidarios, sin que la muerte de unos, arredre á otros á llenar el vacío que dejaban. Peco, Doroteo, Jara, La Diosa, Revenga, Paulino, Zamarra, Chaleco, el Rubio, el presentado, Tercero, Cipriano, Corulo, Herencia, Palillos, Orejita, Parra, el Arcipreste, el Apañaso, Matalahuga, Escarpizo, Sánchez, Blas Romo y otros no menos dignos, casi todos los alias, cuyos motes eran su mejor apología, sostenían la guerra, si tal puede llamarse el sistema de feroz vandalismo y depredaciones con aquel aluvión de partidas, asolaban cual verdaderas plagas los territorios donde caían. Bermudez, y algunos otros partidarios decentes obraban de distinto modo.
Argués, Cuero, Algodor, Villamudas, Puebla Nueva y otros pueblos, son elocuentes testigos de los crímenes atroces de aquellos bandoleros, terror del pacífico habitante, del infeliz arriero, á quienes retenían, como á los viajeros y ganados, y cuanto caía en sus garras, hasta recibir el precio escandaloso á que ponían la vida y libertad de sus presas, maltratando á los retenidos, y asesinando á muchos lentamente, aun después de recibir su rescate. Bloqueados los pueblos, nadie se atrevía a salir, ni salían las yuntas, ni los ganados, ni continuó el tráfico, y arruinados en su aislamiento, era horrible su desesperación.
Desastres sin cuento en la carretera de Andalucía y Valencia, obligaron, á fin de reanudar el interrumpido tránsito, á darle una forma especial haciéndole periódico para poder protegerle. Eran tantos los bandidos y tan desalmados, que los convoyes exigían fuerzas considerables. Fuera del momento de su tránsito, nadie se atrevía á pasar la primera de las comunicaciones. ¡Desgraciado del que lo hacía! Y ni fueron respetados los convoyes, ya que por el aliciente que ofrecían a los malvados, ya por la extensa línea, que presentaban á sus rápidas correrías.
Tan pronto estaban en Despeñaperros, como en Aranjuez, donde robaron en una ocasión la mayor parte de la real yeguada.
La persecución de tantas y tan bien montadas partidas, era imposible con el escaso número de tropas de que podía disponer el gobierno, y con el auxilio que les ofrecían los celebrados montes de Toledo. Por esto la mayor parte de los pueblos, sin elementos para defenderse, y no conformándose, aleccionados por la triste suerte de otros, con el papel de víctima, transigían con los carlistas y les servían, en cambio de su seguridad”.
Aún peor si cabe es el juicio sobre estas partidas carlistas emitido por carta al Rey del general carlista Don Basilio García, bajo cuyas órdenes participó Palillos en su expedición: “Las tropas de Aragón, cobardes e insubordinadas, huyen a la vista del enemigo, atropellan y roban cuanto encuentran. Las fuerzas de la Mancha son aún peores, sus jefes, oficiales y soldados, no son más que unos facinerosos….Prefiero la muerte a tener a mis órdenes semejantes forajidos que no conocen religión ni rey; son ladrones y nada más”. La opinión de Pirala con respecto a don Basilio también deja mucho que desear: “Mas para desgracia de los carlistas, allí [en el campo carlista], como en los demás partidos, prevalecían las opiniones más halagüeñamente presentadas; lucíase el más lenguaraz y petulante, el que más blasonaba de entendido y el que prometía ventajas y hazañas, que era incapaz de conseguir. No importaba que los antecedentes y los hechos desmintiesen las falsas promesas; hubiera en el cuartel real quien apoyase las baladronadas, y esto era bastante. Parecía, pues, que desde el fallecimiento de Zumalacarregui, los hombres que él había despreciado más, eran los más aptos y que á ellos se confiaba la salvación de la causa. Don Basilio Antonio García, á quien sus hechos habían desprestigiado, que tenía fama de audáz en la intriga, de tímido al frente del enemigo, de educación tosca, lenguaraz, estimaba en poco á toda persona de educación y no tenía reparo en ajar públicamente á los que sabía no podían contestarle”. (A. Pirala. “Historia de la Guerra Civil”. Tomo 2, pág. 954)
Tan negativo juicio ha de ser forzosamente contrastados con otras fuentes, y así Von Goeben narra: “Estas partidas fueron acusadas por unos y otros de procedimientos poco humanos e impropios de su calificación de carlistas, porque sacrificaban sin miramientos a los enemigos que caían en sus manos. Pero en ello hacían bien. ¿Cómo podían proceder de otra manera aquellos hombres que, porque eran los más débiles, habían sido excluidos por los adversarios de los beneficios de todo Tratado [convenios Elliot y el de Segura], que veían matar, arrasar, aniquilar todo cuanto les pertenecía y les era allegado? He referido antes con que crueldad intentaron aplastar los cristinos el levantamiento en estas provincias; después de hechos tan horrorosos no podían esperar indulgencia jamás. No, cuando aquellos hombres de las partidas, que habían sido arrastrados a la desesperación, se vengaban de los liberales pasándolos a sangre y fuego, los trataban con toda justicia y cumplían su deber; pues en tal sazón la indulgencia y el perdón se hubieran convertido en despreciable debilidad, que habría llevado consigo inevitable ruina.
Pero se deshonraron a sí mismos al extender su furia vengativa fuera de los infames que la habían provocado. Los carlistas, esto es, los hombres que luchaban honrosamente en los ejércitos regulares por el sostenimiento de los derechos de su Rey, no querían, naturalmente, conceder ese título a aquellas cuadrillas de la Mancha”.
Más ecuánime a la hora de juzgar a Palillos nos parece la opinión de Alfonso Bullón de Mendoza quien en su “La Primera Guerra Carlista”, pág. 448, desmonta la extendida opinión que Palillos eran meros bandidos: “En opinión de Asensio Rubio [María Manuela Asensio Rubio, “El carlismo en la provincia de Ciudad Real 1833-1876”, Diputación Provincial de Ciudad Real, 1987], el carlismo en La Mancha cuenta con el apoyo de un sector mayoritario de la población en el cual encontramos a miembros del poder civil (jueces y alcaldes), al clero secular y regular, que se levanta desde un primer momento tomando parte en las partidas y una amplia base popular integrada por las clases sociales menos favorecidas, destacando la presencia de <<campesinos, carpinteros, herreros, arrieros, carreteros, sastres; y con gran frecuencia también bandoleros y asaltadores, de entre los cuales adquirieron gran notoriedad en la época los llamados "Orejita" o los hermanos "Palillos">>. Sin embargo, y aún prescindiendo de la consideración de bandoleros que se da a algunos de los principales jefes carlistas, tomada sin duda de la historiografía liberal, pero evidentemente falsa en el sentido de que ésta no había sido su forma usual de vida durante la década anterior a 1833, la obra carece de una base documental que acredite debidamente estas hipótesis, o la conclusión final según la cual la guerra en la Mancha es la respuesta dada por los grupos sociales más bajos y deprimidos, apoyados por algunos sectores privilegiados, contra un orden social que los marginaba y empobrecía”.
(6) Flinter estuvo destinado en Puerto Rico donde pudo observar como la forma de esclavitud de personas de raza negra en la América española era, a su juicio, la más acertada -en las colonias británicas y francesas se habían dado pasos para humanizar su situación-, y aunque se autodeclara "contrario a la esclavitud" en su escrito, aboga por una perpetuación de la forma aplicada por España, dilatando en el tiempo lo máximo posible la emancipación de los negros. "Yo me hubiera abstenido de publicar parte alguna de mis trabajos y opiniones, á no haber sido por la espantosa tendencia de los últimos reglamentos promulgados en las islas inglesas y francesas de la India Occidental para mejorar la condición de la población de esclavos. El número de vidas y la cuantiosa propiedad que se han sacrificado en Jamaica á causa de estas leyes formadas en mi humilde juicio con demasiada precipitación, y decretadas intempestivamente, la consternación y desaliento de los habitantes blancos, y la peligrosa situación en que han sido puestas todas las colonias de la India Occidental por estas destempladas medidas [...] Las suaves leyes por que son gobernados en esta isla, y los efectos que el humano tratamiento causa en la conducta moral de los esclavos africanos, son objeto de una particular atención [...] Los habitantes blancos que tengan la dicha de escapar de la venganza de los negros, tendrán razón para maldecir la luz de aquella ciencia que guió al inmortal Colón por la jamás hollada espalda de un océano desconocido al descubrimiento del mundo occidental.
Los que abogan por la inmediata é impropia emancipación de los esclavos, sin prepararlos primero para ese cambio por medio de una educación proporcionada y de prudentes y lentos progresos que los vayan sacando de la vida salvaje hácia el trato social, no han leído o no se acuerdan de la historia reciente de Santo Domingo". Jorge D. Flinter. "Exámen del estado actual de los esclavos de la isla de Puerto Rico bajo el gobierno español: En que se manifiesta la impolítica y peligro de la premura emancipación de los esclavos de la India Occidental, con algunas observaciones sobre la ruinosa tendencia de una reforma imprudente y de los principios revolucionarios hácia la prosperidad de las Naciones y Colonias. Nueva York, 1832.
Jorge (George) Flinter nació en Irlanda, comenzando su carrera militar sirviendo en el Ejército británico. Prestó destacados servicios a Fernando VII en la lucha contra los independentistas americanos, pasando a servir al Ejército español con el grado de teniente coronel. Participó en la 1ª de las Guerras Carlistas a favor de la pequeña Isabel. Capturado por Cabrera, éste se niega a fusilarlo por considerarlo un valiente. Una vez fugado, es ascendido a brigadier en 1836. Flinter fue acusado de robar y saquear en Toledo, cargos a los que prestó atención el ministro conde de Ofalia. Acabó este personaje con su vida, cortándose él mismo el cuello con una navaja de afeitar.
Datos extraídos de "Irlandeses en la Historia de España, de Francia, de las Dos Sicilias, de Austria, de Rusia", de Eusebio Ballester y Sastre. "Revista Hidalguía" nº 223, correspondiente a noviembre-diciembre de 1990. Instituto Salazar y Castro. Madrid, 1990. Págs. 883-884.
(7) "Este niño llamado Francisco Martín, hijo de un carlista, fué preso en represalias, y comprendido en el sorteo le tocó el número fatál. Todos se interesaron por él en el pueblo de Fuente el Fresno, é inútilmente, y el 4 de julio de 1840, fué conducido ál suplicio, llevándole de la mano un soldado de los que formaban el piquete para fusilarlo. Triscaba como inocente corderillo la tierna criatura creyendo le llevaban á jugar ó á paseo y decía:
-Me compraréis unas naranjas y tostones, y no me haréis pupa, ¿no soldaitos? ¿ni á mi padre ni madre tampoco?...
Lloraba el militar que le conducía, los que formaban el cuadro no podían contener la emoción y el piquete que había de hacer la descarga temblaba á la vista de tan inocente é inhumano sacrificio. Afectados todos, y sin quererse desprender el niño de su lado, que á todos hablaba y con todos quería jugar, enternecido el mismo jefe, echó a rodar una naranja y tostones, corrió aquel angel á coger el cebo de su muerte y le hicieron una descarga cayendo á tierra á impulso de las balas que traspasaron su vientre, saliendo de aquellas cruentas heridas parte de las tripas y entrañas. Los espectadores horrorizados las vieron sostener con sus inocentes manos al niño que exclamó:
-No matar, no hacerme pupa... y se dirigía hacia los soldados que obedeciendo los nuevos mandatos amenazantes del jefe que dirigía el piquete, volvieron á descargar temblando las mortíferas armas, y al fin le remataron". A. Pirala. "Historia de la Guerra Civil". Tomo 3, pág. 290.
(8) Pío Baroja. “La Nave de los Locos”. Ed. Caro Raggio. Madrid, 1980. Págs. 283-285.
(9) A. Pirala. “Historia de la Guerra Civil”. Tomo 1, pág. 206
(10) A. Pirala. “Historia de la Guerra Civil”. Tomo 2, pág. 150
(11) A. Pirala. “Historia de la Guerra Civil”. Tomo 2, págs. 150-151
(12) D. R. Sánchez. "Historia de Don Carlos y los principales sucesos de la Guerra Civil de España. Imp. de Tomás Aguado y Compañía. Madrid, 1844. Tomo I. Pág. 313.
(13) Javier de Burgos. "Anales del Reinado de Isabel II. Obra postuma". Est. Tipográfico de Mellado. Madrid, 1851. Tomo IV. Pág. 99.
(14) "Eco del Comercio", 11 de septiembre de 1837.
(15) Barón Guillermo Von Rahden. "Andanzas de un veterano de la Guerra de España (1833-1840)". Prólogo, traducción y notas José María Azcona y Díaz de Rada. Institución Príncipe de Viana. Diputación Foral de Navarra. Pamplona, 1965. Pág. 159.
(16) Alfonso Bullón de Mendoza. “La Primera Guerra Carlista”. Ed. Actas, Madrid, 1992, pág.313
(17) A. Bullón de Mendoza. “La Primera Guerra Carlista”, pág. 315
(18) Román Oyarzun. "Historia del Carlismo". Ed. facsímil. Editorial Maxtor. Valladolid, 2008. Pág. 111.
(19) A. Pirala. “Historia de la Guerra Civil”. Tomo 3, págs. 109-110
(20) A. Bullón de Mendoza. “La Primera Guerra Carlista”, pág. 335
(21) A. Pirala. “Historia de la Guerra Civil. Tomo 3, pág. 111
(22) "Historia General de España, la compuesta, enmendada y añadida por el Padre Mariana, con la continuación de Minana completada con todos los sucesos que comprenden el escrito clásico sobre el Reinado de Carlos III, por el conde de Floridablanca, la historia de su levantamiento, guerra y revolución, por el conde de Toreno, y la contemporánea hasta nuestros días por Eduardo Chao". Biblioteca Ilustrada de Gaspar y Roig. imprenta y librería de Gaspar y Roig, editores. Madrid, 1853. Tomo III. Pág. 412.
(23) "Eco del Comercio", 4 de septiembre de 1838.
(24) A. Bullón de Mendoza apunta que este nombramiento se debió a los celos despertados en Espartero ante los éxitos cosechados por Narváez en La Mancha.
(25) En febrero de 1836 Nogueras había dado la orden de fusilamiento de la madre de Cabrera, Dña. María Griñó, que se consumó el día 16 de febrero, en Tortosa.
(26) A. Pirala. “Historia de la Guerra Civil”. Tomo 3, pág.118
(27) Narváez llevó consigo a su ejército, haciéndolo desfilar frente al Palacio Real de Madrid el 10 de octubre, y siendo recompensado con la Cruz Laureada de San Fernando por la formación y organización del cuerpo de reserva y la pacificación de la Mancha.
(28) A. Pirala. “Historia de la Guerra Civil”. Tomo 3, pág. 187
(29) A. Bullón de Mendoza. “La primera Guerra Carlista”, pág. 384
(30) A. Pirala. “Historia de la Guerra Civil”. Tomo 3. Pág. 115
(31) Creemos no es demasiado arriesgada la hipótesis que el estandarte aquí publicado fuera cogido por los liberales en esta acción, ya que un mes después, el 16 de enero de 1839 fue remitida a la Real Basílica de Atocha como destacado trofeo de guerra.
(32) Como figura en su catalogación, el estandarte fue remitido a la Real Basílica de Atocha por el capitán general de Castilla la Nueva con fecha de 16 de enero de 1839.
(33) A. Pirala. “Historia de la Guerra Civil”. Tomo 3, pág.116.
(34) Pascual Madoz. "Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones en Ultramar". Imp. D. José Rojas. Madrid, 1848. Tomo XI. Pág. 11.
(35) "Panorama Español, Crónica contemporánea. Obra pintoresca", por "una reunión de amigos Colaboradores". Imprenta del Panorama Español. Madrid, 1845. Tomo IV Pág. 145.
(36) “Breve reseña que el Ayuntamiento de la Muy Noble, Leal y Antigua Villa de Orgaz hace de las víctimas inmoladas por la facción Palillos el día 25 de Febrero del año 1839”.- Toledo. Imprenta Escuela Tipográfica y Encuadernación Colegio de María Cristina. 1906
(37) A. Pirala. “Historia de la Guerra Civil”. Tomo 3, pág. 265
(38) A. Pirala. “Historia de la Guerra Civil”. Tomo 3, pág. 290
(39) "El Labriego", en su nº 37, correspondiente al 15 de agosto de 1840, publica en su página 261 la noticia: "Se asegura que el jeneral (sic) don Trinidad Balboa ha desaparecido de Madrid donde parece había órden de prenderle á consecuencia de la causa formada por el tribunal de guerra y marina, sobre su mando en la Mancha. A estas horas se le supone ya en Gibraltar".
El periódico político "El Labriego" fue fundado en 1840, dirigido por D. José García de Villalta e impreso en Madrid por Francisco de P. Mellado.
(40) Tal y como ya había ocurrido antes con María Griño, madre del general Cabrera y la posterior represalia de éste sentenciando a la pena capital a otras cuatro señoras en los tristemente recordados fusilamientos de Valderrobles.
(41) Máximo García Ruiz. "Diario de un médico, con los hechos más notables ocurridos durante la última guerra civil en las provincias de Toledo y Ciudad Real”, Madrid, Imp. T. Aguado, 1847, 2 volúmenes.
(42) A. Bullón de Mendoza. “La Primera Guerra Carlista”, pág.336
(43) Se firmó el convenio de Vergara el 31 de agosto de 1839
(44) A. Pirala “Historia de la Guerra Civil”. Tomo 3, pág. 291
(45) En contraposición al bando publicado el 25 de agosto en el que prometía duras penas para los carlistas y los que los apoyasen.
(46) A. Pirala. “Historia de la Guerra Civil”. Tomo 3. Pág. 292
(47) Manuel González Simancas. "Banderas y Estandartes del Museo de Inválidos. Su Historia y Descripción". Sucesores de Rivadeneyra. Madrid, 1909. Pág. 146.
Desapareció del Museo de Inválidos de Atocha, sin saberse cómo, entre los años 1839 -cuando ingresa- y 1843 -el inventario realizado en ese último año ya no lo menciona-. Reapareció en el Museo de Recuerdos Históricos de Pamplona abierto en 1940, para pasar a formar parte de la colección Baleztena al cierre de éste en 1965.
El “Semanario Pintoresco Español”, en su número de 21 de abril de 1839, da noticia de la reciente creación por del “Museo de Banderas” en Atocha: “El antiguo y venerable templo de Nuestra Señora de Atocha dignamente restaurado y enriquecido con sus preciosos altares y hermosos cuadros, se halla de nuevo restituido al culto, y en su principal trono está ya colocada la celebrada Imagen, objeto de veneración del pueblo madrileño. Campean gallardamente dispuestas en los machones de la fábrica las gloriosas banderas, trofeos de las antiguas glorias nacionales; el pendón inmortal de don Juan de Austria, los de las órdenes mIlitares, los de los tercios flamencos, y los tenidos en otro tiempo en la superficie de los mares. Allí como estímulo de gloria y de virtud, como tributo de reconocimiento al Dios de los ejércitos, reposan aquellas brillantes páginas de nuestra historia nacional, custodiadas por los que con su propia sangre escribieron en ellas algunas líneas más; y allí, en la casa del Altísimo, un pueblo entero presta el homenaje de su adoración al que dispone las victorias y premia los altos hechos de valor y patriotismo”.
http://2.bp.blogspot.com/_9y-KqwVm4N...320/atocha.JPG Basílica de Ntra. Sra. de Atocha, Madrid (foto realizada en el S. XIX)
(48) Debido a que en su acta de ingreso en Atocha, fechada el 16 de enero de 1839, se describe como "Estandarte dedicado á la Virgen de los Dolores", es obvio que en el espacio central que está rodeado por la leyenda “A D. CARLOS V. DEFENSOR DE LA RELIJION Y LA LEJITIMIDAD” -donde se observa un cerco producido por puntadas de aguja que mide 27 x 19 cm.-, iba cosida al paño una imagen de la Virgen de los Dolores. Lo que desconocemos es su iconografía exacta, ya que a la Dolorosa se le ha representado de múltiples maneras, y el tipo de soporte empleado.
(49) Lleva el estandarte prendido en su tela una etiqueta del desaparecido Museo de Recuerdos Históricos de Pamplona –donde estuvo expuesto en la denominada “Sala de la Legitimidad” (Dolores Baleztena, “Museo Histórico de Pamplona”, pág. 16)- con el texto manuscrito “Bandera de Carlos V. <<Defensa de la Religión y de la Legitimidad>>. 1834”, lo cual nos conduce irremediablemente a la conclusión que en ese Museo no supieron catalogarlo correctamente, no vinculándolo con la Partida de Palillos.
Fue este vexilo estudiado por vez primera por Luis Sorando, quien cotejando el estandarte y sus características con el libro-catálogo "Banderas y Estandartes del Museo de Inválidos. Su Historia y Descripción" (1909), descubrió que se trataba del estandarte de la Partida de Palillos, y así fue publicado en el catálogo editado con motivo de la exposición comisariada por Alfonso Bullón de Mendoza, "Las Guerras Carlistas", celebrada en el madrileño Museo de la Ciudad (mayo-junio de 2004).
Publicado por carlismoenlared en 02:27 0 comentarios
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Respuesta: Carlismo: ¿qué me recomendáis?
Hola, no sabia exactamente donde realizar esta pregunta, pero creo que tal vez este sea el hilo más apropiado.
Pues bien, me gustaria saber, si durante las guerras carlistas existió en los ejercitos carlistas, una escala equiparable a la de los ejércitos gubernamentales, y de ser así cuales eran las divisas de cada rango. A ver si alguien dispone de imágenes y puede aportar algo.
Un saludo.
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Respuesta: Carlismo: ¿qué me recomendáis?
Alaveses olvidados
http://3.bp.blogspot.com/_sD7IitCiFv...lav%C3%A9s.jpg
José María Montoya García de Mendieta, un empecinado. Hemos conocido a este personaje a través de un artículo publicado por Iñigo Jaúregui Ezquibelaen el número 28 de la revista AVNIA y creemos de interés divulgar su figura por su azarosa vida que no es, ni mucho menos, al uso.
Nació en Lanciego en una familia de labradores en 1811 y en 1833, cuando empezó la Primera Guerra Carlista, se alistó en la facción bajo el mando del cabecilla carlista de la zona Casimiro Saenz de San Pedro, otro empecinado que había intervenido en la guerra de La Convención con los apostólicos y en la fracasada expedición de Mina por Vera. A los pocos meses ascendió a sargento y después a alférez, resultando asignado al cuerpo de guardias de honor de Don Carlos y participando en varias batallas por la península, lo que le hizo acreedor de numerosas medallas, amén del grado de comandante. En 1839 rechaza adherirse al Convenio de Vergara para seguir a Don Carlos al exilio francés y volver a Lanciego en 1841 donde, aprovechando una amnistía, se casó.
Ya en 1870 participó en la sublevación del 27 de agosto, fue arrestado y condenado a ocho años de prisión en Valladolid aunque cumple sólo uno. Montoya continúa después conspirando con otros a favor del carlismo y al estallar la guerra en 1872 vuelve con brío al ejército carlista como teniente coronel, participando con arrojo en la campaña e incluso saliendo ileso de un atentado. Al final de ésta, ¡con 65 años!, alcanza el grado de brigadier. Unos meses antes se emplaza en la Peña de Lapoblación con 83 fieles, un cañón rayado de 30 centímetros y abundantes municiones y víveres para defender la posición. Allí fue donde recibió la oferta de los liberales vitorianos -25.000 duros si se rendía- pero la rechazó.
El 28 de febrero de 1876 terminó la guerra aunque Montoya rindió su reducto tres días más tarde. Volvió entonces al exilio a Francia y regresó a Vitoria para terminar como portero del seminario diocesano, al que impuso una condición: poder vestir su uniforme de oficial carlista la jornadas de fiesta. El rector se la concedió con agrado pues sabida es la ideología del clero de la época. Murió en 1900 y fue enterrado en una fosa común en Santa Isabel, siendo muy sentido su fallecimiento por los carlistas alaveses.
Publicado por El Correo
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Para el recuerdo
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Requetés, los eternos perdedores
Hoy se presenta «Requetés de las tricheras del olvido», libro que reúne 65 testimonios orales de los últimos supervivientes de los tercios carlistas de la Guerra Civil
http://www.abcdesevilla.es/prensa/fo...UL_web_257.jpgARCHIVO PABLO LARRAZ Sobre estas líneas, tercio de requetés de Oriamendi en Vizcaya, en marzo de 1937; a la izquierda, Benito Martínez Albero, de Citruénigo (Navarra), el primer requeté que entró en Bilbao
PEDRO CORRAL | MADRID
Alzaron las raídas banderas de sus abuelos, cantaron sus viejos himnos y lemas -«Por Dios, la Patria y el Rey»-, bautizaron sus tercios con el nombre de sus antiguas gestas -Lácar, Montejurra-, y perdieron otra vez... A punto de que las puertas de la Historia se cierren definitivamente a sus espaldas, un libro recoge ahora los testimonios orales de los últimos supervivientes de las unidades carlistas en la Guerra Civil: 65 hombres y mujeres casi centenarios que desgranan sus recuerdos para ganar la última batalla contra el silencio y el olvido. «Requetés. De las trincheras al olvido» (La esfera de los libros), cuya edición ha promovido la Fundación Ignacio Larramendi, con prólogo y epílogo de dos grandes hispanistas, Stanley G. Payne y Hugh Thomas, no es un libro con ánimo de reivindicación ideológica, sino humana. Sí que es un alegato contra el intento de eliminar por decreto, de la memoria de todos, las vivencias de una parte de quienes lucharon en las trincheras. Historias de heroísmo y de abnegación, de idealismo y compromiso, como las que se dieron en el bando opuesto. Unas y otras igualmente dignas de ser conocidas y asumidas, precisamente para que no olvidemos.
Pablo Larraz Andía y Víctor Sierra-Sesúmaga, expertos en historia e iconografía del carlismo, han compuesto un retablo humano extraordinario, pleno de matices. Es la guerra española vista a ras de suelo, en las trincheras, en los hospitales, en las cárceles, incluso en los talleres de ropa para los combatientes. Sin pretender la elaboración de un estudio global sobre los requetés en la Guerra Civil -60.000 voluntarios encuadrados en 42 tercios, 6.000 muertos-, han conseguido un mapa completo de las vicisitudes del carlismo durante la contienda. Por las páginas de «Requetés» desfilan voluntarios de la primera hora, supervivientes de tercios prácticamente aniquilados, evadidos de las cárceles republicanas, carlistas que desertaron del Ejército Popular, capellanes, médicos, enfermeras, conductores de ambulancia y «margaritas» del Socorro Blanco.
Sus historias van acompañadas de un magnífico fondo fotográfico que sorprenderá incluso al que cree haberlo visto ya todo sobre imágenes de la Guerra Civil.
Es difícil destacar los más valiosos testimonios entre tantas voces únicas. Si acaso señalar a José Larrea Ortiz, último superviviente de los míticos «Cuarenta de Artajona», los primeros requetés que entraron en San Sebastián, y que recuerda a dos compañeros, los hermanos Iracheta Vital, que cuando silbaban las balas nunca obedecían la orden de cuerpo a tierra... porque eran sordomudos. A José María Costa Velasco, requeté catalán, del Tercio de Montserrat, que escapó a la aniquilación de su unidad en el cerco de Codo, en la batalla de Belchite. A Joaquín Mansoa Andía, de una familia de ocho hermanos, todos requetés voluntarios, dos de ellos fallecidos en combate.
Sánchez Mazas
También a Jesús Lasanta, voluntario con sólo 13 años en el Tercio de Lácar. A Miguel de Legarra, del Tercio de San Miguel, que descubrió en los bosques de Gerona al escritor falangista Sánchez Mazas. A Joaquín Nebreda, superviviente de las matanzas del buque-prisión «Cabo Quilates» de Bilbao. Y a Félix Igoa Garciandía, miembro de la Partida Barandalla, émula de las viejas partidas de la primera carlistada.
Los testimonios de «Requetés» destilan en su mayoría un sentimiento de desengaño por la posterior inquina de Franco contra quienes fueron sus aliados. Lola Baleztena, fundadora de las «margaritas», recuerda en el libro cómo en el desfile de la victoria en Madrid se prohibió a los requetés marchar con el crucifijo con el que habían entrado en combate en todas las batallas de la guerra. Después siguió la clausura de los círculos carlistas, el cierre de sus periódicos y revistas e incluso la encarcelación de sus veteranos, como los 83 requetés detenidos en diciembre de 1945 en Pamplona por sus críticas al régimen. Los requetés habían ganado una guerra de la que pronto se sintieron perdedores. Hasta en eso fueron fieles a la tradición de sus mayores, como buenos luchadores de una causa perdida.
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Saludos,
Tres preguntillas:
1. No se si ya se habrá dicho algo, pero ya que estamos en recomendaciones, ¿cuál puede ser un buen libro de la historia del carlismo? Historia, digamos, como crónica detallada. Un libro de Historia, vaya, para profundizar en los hechos.
2. Viendo unas pocas entradas más arriba se muesran los libros de Melchor Ferrer, que pueden ser una buena respuesta a la 1ª. Ahora bien, no es un nombre que haya oído demasiado, y me suena haber ojeado un libro que bien podría ser un tomo de la "Historia del Legitimismo", y si mal no recuerdo se escribía desde una perspectica del Partido Carlista, lo que me hace sospechar... ¿Alguien sabe algo de eso? No me gustaría acabar cambiando a Dios por el socialismo ni la patria por la autogestión, y demás.
3. Finalmente, estoy convencido de que las famosas y muy citadas obras completas de Vázquez de Mella son imprescindibles. Pero no las encuentro en ningún sitio más que tomos sueltos, y pocos. ¿Alguien sabe dónde hacerse con ellas (y a ser posible, sin hipotecar la casa)?
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Bandera del Círculo Jaimista de Villava
Por Iñigo Pérez de Rada
Bandera del círculo Jaimista de Villava.
http://3.bp.blogspot.com/_9y-KqwVm4N...0/VILLAVA1.JPG http://2.bp.blogspot.com/_9y-KqwVm4N...0/VILLAVA2.JPG
Se trata de una bella bandera confeccionada por las Margaritas navarras para el Círculo Jaimista de Villava (Navarra). Debemos datarla entre 1909, año en el que Don Jaime III de Borbón sucede a su padre Don Carlos VII en el trono de la dinastía carlista y 1931, cuando fallece.
En su faz principal en seda blanca aparecen pintados al óleo el trilema tradicionalista de "DIOS PATRIA REY" y una meritoria representación de la Inmaculada entre ramos de laurel, bajo corona Real, flanqueada por dos voluntarios carlistas navarros uniformados a la manera de la 3ª Guerra Carlista en posición de firmes presentando armas ante Nuestra Señora, todo sobre dos escudetes de Navarra y la Casa de Borbón, respectivamente.
El reverso es de tafetán carmesí y lo ocupa la leyenda "CIRCULO JAIMISTA VILLAVA" rodeando su escudo municipal timbrado por corona abierta, también pintado.
Remata la pieza un fleco en hilo de oro en todo su perímetro excepto la vaina.
Fue condecorada la enseña con la Cruz de la Orden de la Legitimidad Proscrita el día 8 de diciembre de 1935, día de la Inmaculada Concepción.
http://4.bp.blogspot.com/_9y-KqwVm4N...0/VILLAVA3.JPG
En esta fotografía aparece Doña Dolores Baleztena Ascárate (1) junto a la bandera que ahora presentamos, en actitud declamatoria dando un entusiasta discurso ante los villaveses en 1935, el cual fue descrito por ella en los siguientes términos:
"Como colofón de aquel año, el día de la Purísima se celebró el grandioso mitin de Villava. El frontón del pueblo estaba a rebosar y al son de un cortenín entró formado el Requeté. Hablé a los muchos leales de ese pueblo obrero, y después se impuso a la bandera la Cruz de la Legitimidad Proscrita, por haberse mantenido fiel a don Jaime cuando la escisión de Mella" (2).
http://1.bp.blogspot.com/_9y-KqwVm4N...+PROSCRITA.jpg Medalla de la Orden de la Legitimidad Proscrita
NOTAS
(1) Dolores Baleztena Ascárate (1895-1989) fue una eminente escritora y conferenciante de temas folclóricos y carlistas. Fundó y presidió la organización de las "Margaritas". Junto a su hermano Ignacio creó el museo de Recuerdos Históricos de Pamplona.
(2) Pablo Larraz Andía y Víctor Sierra-Sesúmaga. "Requetés. De las trincheras al olvido". La Esfera de los Libros. Madrid, 2010. Página 578. La foto de la Sra. Baleztena aparece en la pág. 568.
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¿Hay algún motivo por el que no aparece mi post anterior? Se me dijo al enviarlo que habría de aprobarlo un administrador.
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Firmus
Saludos,
¿Hay algún motivo por el que no aparece mi post anterior? Se me dijo al enviarlo que habría de aprobarlo un administrador.
Este fin de semana no habido nadie disponible para revisar mensajes de nuevos foristas, disculpas por el retraso. Ya está publicado.
Bienvenido.
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Firmus
Saludos,
2. Viendo unas pocas entradas más arriba se muesran los libros de Melchor Ferrer, que pueden ser una buena respuesta a la 1ª. Ahora bien, no es un nombre que haya oído demasiado, y me suena haber ojeado un libro que bien podría ser un tomo de la "Historia del Legitimismo", y si mal no recuerdo se escribía desde una perspectica del Partido Carlista, lo que me hace sospechar... ¿Alguien sabe algo de eso? No me gustaría acabar cambiando a Dios por el socialismo ni la patria por la autogestión, y demás.
BREVE HISTORIA DEL LEGITIMISMO ESPAÑOL. Melchor Ferrer - La Librería Católica
Es antiguo, así que no tiene ningún halo del PC.
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¿Alguien podría poner más información sobre la boina carlista, sobre la inmigración de carlistas a Argentina y su desempeño en los distintos acontecimientos políticos de nuestro país? Muchas gracias
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muñoz
En ese caso, me parecería interesantísimo empezar con ella, aunque la "breve historia" puede ser un buen aperitivo.
Consideraciones políticas ya aparte, ¿qué valoración merece como obra, a juicio de ustedes, la magna "historia del tradicionalismo"?
¿Alguien sabe dónde se puede adquirir?
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Firmus et Rusticus
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EL ROSTRO DEL CURA SANTA CRUZ
http://2.bp.blogspot.com/_dDrgyGgzuk...santa_cruz.JPGEl rostro como espejo del alma. Mirada dura, fuerte, recia... Así nos contempla desde la eternidad Manuel Santa Cruz Loidi, el Cura Santa Cruz. Soy de la opinión de que un cura como él en cada pueblo de España, y se acaban los problemas. No quedaría ni una sabandija para contarlo. Encontré hoy este retrato de mi querido Cura Santa Cruz, que en gloria esté, y quise dedicarle la meditación del día.
Hoy, con tanta tontería, su caso constituye prácticamente un escándalo. Cuesta trabajo, después de tantas décadas debilitándonos moral y físicamente, aceptar para el común de los católicos que un cura párroco deje su parroquia, se eche la escopeta al hombro y se vaya a saltar peñas como las cabras. Sí, vamos a decirlo sin tapujos: a matar liberales y escarmentar a todo aquel que llevara mala vida en los pueblos.
Tipos como el Cura Santa Cruz no pueden ser comprendidos por gente blandengue que vive en una época donde todo está bien visto (hasta la aberración de matar a los fetos), todo se aprueba menos llevar el Reinado Social de Jesucristo a sus últimas consecuencias.
Alguien nos está tratando de convencer, continuamente, de que todo está permitido; pero no se nos permite ser coherentes con principios que piden algo más que una adhesión teórica. Hay verdades que nos demandan jugarnos la vida y, sin duda, combatir a cuantos se opongan a ellas.
El Cura Santa Cruz era de una raza en extinción. La raza de los que, cuando violan a su madre, no llaman al abogado, ni a la Guardia Civil... Sino que se toman la justicia por su mano, de un modo, sí, bárbaro (cortándole los testículos al violador), salvaje (cruzándole la cara con la espuela al enemigo)... Y fuerte: matando al transgresor, matando al malo. Eso no nos lo permite un Estado que quiere controlar algo más que nuestras cuentas bancarias... Un Estado extraño que quiere doblegar nuestra voluntad. Un Estado que consiente todas las maldades y vicios, mientras que sanciona la virtud.
Por eso, el Cura Santa Cruz no sólo fue un carlista. Fue un hombre. De los que hoy apenas quedan. Ojalá hubiera muchos como él... Y los malos tendrían que buscar refugio debajo de la tierra... Y ni allí podrían estar tranquilos.
¡Viva el Cura Santa Cruz, terror de los liberales y verdugo de los malos!
Publicado por Maestro Gelimer en 12:53 http://img2.blogblog.com/img/icon18_edit_allbkg.gif
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Bandera de combate del Tercio de San Miguel
Bandera de combate del Tercio de Requetés de San Miguel, 1936. Guerra Civil Española.
El Tercio de San Miguel lo componían voluntarios carlistas de Navarra y Guipúzcoa. Intervino formando parte de la 5º Brigada (luego División) de Navarra en los frentes de Guipúzcoa, Vizcaya, Santander, Asturias, Brunete, Aragón y Cataluña, obteniendo por su heroísmo la Medalla Militar Colectiva. Pasaron por el Tercio 6.800 hombres de los que resultaron 370 muertos y 3.800 heridos.
http://4.bp.blogspot.com/_9y-KqwVm4N...AN+MIGUEL2.jpg http://4.bp.blogspot.com/_9y-KqwVm4N...AN+MIGUEL1.JPG
La Junta Central Carlista de Guerra de Navarra regaló en 1936 a cada uno de los Tercios de Requetés una bandera de combate de iguales características cada una, siendo el diseño elegido los colores de España, estos son los rojo y gualda, y figurando en sus anversos el escudo de la Monarquía incorporando el Sagrado Corazón de Jesús entre los cuarteles correspondientes a las armas de Castilla y León; en cada uno de los reversos figura la Cruz de Cristo y el nombre del Tercio correspondiente. Fueron hechas de material resistente para soportar la dura vida de campaña y combate. La del Tercio de San Miguel mide 118 x 146 cm.
En la primera foto podemos ver la bandera del San Miguel (1) y a continuación al alférez don Miguel de Legarra Belástegui (2) portando esa misma enseña en el desfile celebrado el día 28 de enero de 1939 por el Paseo de Gracia, de Barcelona. El propio abanderado dejó consignadas sus impresiones, no exentas de buen humor, sobre el desfile en sus Memorias, que a continuación transcribimos:
"Al frente del Tercio de San Miguel marchaba el capitán Valentín Erburu, comandante accidental, a su derecha el teniente José María Subijana, en funciones de ayudante, dos pasos detrás de mi asistente Bernardino Legarra, "Tomasín", como cornetín de órdenes. Entre éstos y las compañías que formaban en columna de honor desfilé yo portando la bandera, lo que supuso para mí un gran orgullo y también un sensible sacrificio, porque la enseña nacional estaba montada en un larguísimo palo, una gruesa rama de árbol cuyo extremo inferior un tanto aguzado tuve que encajarlo, más bien clavarlo, entre mi aún lisa barriga y la cadera a falta de una bandolera apropiada para el portaestandarte, de manera que entre el peso del asta y el viento que hacía ondear la bandera de considerables dimensiones, me obligaban a hundirla cada vez más en mi ijada derecha para mantenerla firme y aquella lanza me hacía ver las estrellas, suplicio que soporté sin quejidos hasta finalizar la parada militar, suspirado momento en que pude restregarme con fuerza para aliviar la parte dolorida, en la que me quedó un redondo y amoratado cardenal a modo de condecoración que premiaba mis sufrimientos por la Patria" (2).
NOTAS
(1) Foto extraída del libro de Iñigo Pérez de Rada "Navarra en Guerra. Banderas, Trofeos de Guerra y otros Recuerdos de los Tercios de Requetés y Divisiones de Navarra en la Guerra Civil Española" Ed. Museo de Tabar, 2004.
(2) Foto y texto extraídos de la obra autobiográfica de Miguel de Legarra y Belástegui "De la calle Pi y Margall al Tercio de San Miguel". Editorial Actas. Colección Luis Hernando de Larramendi. Madrid, 2008.
Publicado por carlismoenlared en 09:47 0 comentarios http://img2.blogblog.com/img/icon18_edit_allbkg.gif
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francdb
Hola, no sabia exactamente donde realizar esta pregunta, pero creo que tal vez este sea el hilo más apropiado.
Pues bien, me gustaria saber, si durante las guerras carlistas existió en los ejercitos carlistas, una escala equiparable a la de los ejércitos gubernamentales, y de ser así cuales eran las divisas de cada rango. A ver si alguien dispone de imágenes y puede aportar algo.
Un saludo.
Por supuesto que existía esa escala. Hay que tener en cuenta que durante la I Guerra Carlista, por ejemplo, los Reales Ejércitos (carlistas) contaban con lo mejor de los jefes y oficiales del Ejército fernandino, purgados por el gabinete Zea Bermúdez para facilitar el golpe de estado liberal. Hasta donde recuerdo, divisas y emblemas son, en la mayor parte de las unidades, los mismos que existían antes de 1833.
En la III Guerra Carlista se produce una adaptación a los usos militares de la época. Pero me temo que tendrá que recurrir a la bibliografía especializada en esas guerras. Algo ya se apunta más arriba en este hilo.
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Como regalo adelantado al día de mi santo he recibido Requetés, de las trincheras al olvido. Ahora estoy liado con la lectura de Amor de Perdição de Camilo Castelo Branco, pero no tardaré mucho en acabar. El libro tiene muy pero que muy buena pinta.
http://2.bp.blogspot.com/_irDVB2JaH1...oramontano.gif
Manifiesto Carlista de Guadalajara ( 20 de febrero de 1873)
A los habitantes de la Comandancia General de Guadalajara.
Arrancadas y destruidas por los secuaces del supersticioso e impío liberalismo todas las libertades que nos daban nuestros venerandos fueros; pisoteadas y escarnecidas nuestras gloriosas tradiciones, y despojada nuestra patria de las ricas posiciones que el genio de Colón les mostrara, y cien gigantes caudillos conquistaron con sus gloriosas espadas allende los mares; reducida España a la impotencia, siendo objeto de la burla de otros pueblos que siempre bajaron la frente ante su glorioso pabellón; entregada esta orgullosa matrona, atada de pies y de manos a sus enemigos de siempre por una gavilla de cínicos e infames especuladores que, mercaderes impúdicos, han puesto sus hijos y sus riquezas en poder del mejor postor para conseguir una cantidad suficiente a satisfacer los apetitos de su loco orgullo, y siendo tan terribles los males que nos amenazan, hora es ya de que todos los que sientan latir en su pecho un corazón honrado y se crean capaces del rubor de la vergüenza abandonen sus casas, y armados como les sea posible acudan al punto de la cita para que, unidos todos, podamos dejar libre de tiranos y exento de leyes y costumbres extranjeras a esta patria querida, tan explotada y envilecida por esos traficantes sin conciencia y sin honra.
Su empresa no tiene las dificultades que esos enemigos de España pregonan en su ciega ignorancia y negro rencor a la patria. ¿No somos hijos de aquellos que a principios del siglo dejaron sus hogares para salvar su independencia, de aquellos que se armaron de estevas y garrotes contra trescientos mil soldados franceses, a los que humillaron y vencieron? Y si nuestros padres todo lo abandonaron por «su Dios, por su patria y por su rey, cuando sintieron el llamamiento patriótico del alcalde de Móstoles, ¿seríamos nosotros dignos de llamarnos sus hijos si no acudiéramos presurosos a nuestro puesto, llenos nuestros corazones de la fe santa con que pelearon nuestros antepasados, desde Iñigo, Arista, Sancho, Ramírez, hasta los que defendieron por siete años consecutivos la gloriosa bandera de la religión y de la legitimidad, hoy que nuestro legítimo y egregio monarca nos llama y España nos grita: “Salid de vuestros hogares y limpiad mi suelo de esa turba de traidores que os aniquilan y entristecen, a la vez que os roban el pan de vuestros hijos”? ¡No!
Impúdicos tiranuelos de lugar, polizontes vendidos a esta quisicosa que llaman monarquía constitucional o democrática, o republicana... de pega, señores salidos de la ley de desamortización, antes que, como los sapos, se hinchan en la inmunda laguna de la expropiación de los bienes de los pueblos y de la Iglesia, os aconsejan que no cumpláis con vuestro deber, pero si reparáis en sus títulos y antecedentes; si miráis de dónde salieron y a dónde van; si examináis sus “honrados tráficos”, tendréis bastante para persuadiros que esos “hallados” y decentes señores son el primer eslabón de la cadena de nuestra ignominia, la primera página del libro de nuestra vergüenza.
Miradlos protegiendo a los truhanes que fían el pan de sus hijos a un “entrés” o un “elijan”, o quizás a la confianza del banquero de “monte”; miradlos cómo los apadrinan para que atropellen a los hombres honrados, trabuco en mano, y al consabido grito de viva la libertad y la república.
Esos son los mismos que os prestan el dinero al treinta por ciento, abusando de vuestra necesidad; esos son los mismos que en las elecciones han hecho miles de infamias fusil en ristre; esos son los mismos que, poniéndose siempre a disposición de conservadores y radicales, de moderados o unionistas, os insultaron siempre, os lamieron los pies para que les ayudarais a servir a sus amos, lo cual os valió el quedaros sin montes, sin dehesas, sin hornos y hasta sin fraguas. Hiciéronse ricos comprando con cuatro cuartos y mil picardías todos los predios que constituían vuestra riqueza común, y lo hicieron gritando unas veces orden y otras anarquía, y así crecieron y medraron... que así crecen y medran los que reniegan de su Dios, pisotean su conciencia y escupen al rostro de su patria.
¡Viva la libertad!, gritan los verdaderos hijos de España. ¡Abajo la república, última manifestación del extranjero yugo! ¡Fuera, fuera esos miserables caciques que en la ciudad o en la villa, en el pueblo o en la aldea, visten el hipócrita antifaz de buenos, cuando son perversos servidores de los enemigos de España!
El día de la liquidación está cerca, y esos truhanes tiemblan que se acerque el momento, porque se quitará el polvo de sus innumerables infamias y expiarán su delito.
Ese día será España para los españoles honrados, sus presidios para los criminales, y habrá decencia, honra, libertad, justicia y progreso; pero será moneda de ley, no salida del cuño donde hasta el lenguaje se ha falsificado.
Sólo los malos tiemblan ante el triunfo del partido español. ¿Sabéis por qué? Ellos saben que sólo el partido carlista es el llamado para hacer justicia, el único que puede hacerla, el único que la hará...
Si el partido carlista no tuviera pruebas de lo que es, bastárale para ser querido de los hombres de bien el solo hecho de ser odiado de los tunantes.
El triunfo es seguro: el más enemigo nuestro lo prevé por lo menos, y si no lo confiesa es porque le aterra y le aterra porque sabe perfectamente que tanta inmundicia y tanto cieno serán barridos radicalmente en su día.
¡A las armas, pues, valientes hijos de esta noble patria! Salgamos de este sopor que nos deshonra, corramos a arrancar los fusiles a esos serviles esclavos defensores de la deshonra de la patria, y con ellos recobraremos nuestra independencia, nuestros fueros y libertades, la libertad de nuestra sacrosanta religi6n y el engrandecimiento y prosperidad de nuestra riqueza.
¡Basta de palabras! ¡A los hechos!
¡Viva la libertad cristiana, la única verdadera! ¡Viva la religión católica, apostólica, romana! ¡Viva Carlos VII! ¡Vivan los fueros de Aragón y las franquicias de Castilla! ¡Abajo todo sistema extranjero!
Campo del honor, 20 de febrero de 1873.
El segundo comandante general teniente coronel, Andrés Madrazo.
Publicado por Fran en 1:49 AM http://img2.blogblog.com/img/icon18_edit_allbkg.gif
Tendilla y los Carlistas
Apuntes Históricos y Biográficos compilados por José L. G. de Paz..
Tendillaperteneció a los Mendoza o sus descendientes hasta la Constitución de Cádiz. Vengan algunos datos más sobre los Mendozas y de su relación con la Villa de Tendilla, así como sobre la Historia de esta Villa y sus vecinos.
A la muerte de Fernando VII en 1833 tuvimos una de nuestras Guerras Civiles entre los partidarios de su hija Isabel II ("liberales", "isabelinos" o "cristinos") y los de su hermano Carlos ("carlistas" o "absolutistas"). Fueron siete años de guerra llamada "La Primera Guerra Carlista". Durante ella expediciones carlistas importantes pasaron dos veces por Tendilla requisando lo que pudieron.
GUERRA CARLISTA
El general carlista Miguel Gómez realizó una incursión por la retaguardia isabelina (en la que contó con el apoyo de Ramón Cabrera) en julio de 1836 desde las bases carlistas en el norte hacia Oviedo, Santiago, León, Palencia, pasa a Jadraque (junto a Matillas derrota el 30 de agosto al general Narciso López que mandaba a un ejército isabelino perseguidor), es guiado a Brihuega por la partida alcarreña carlista de los Cazaporras, se escapa a Utiel y llega hasta Córdoba, Cáceres y Algeciras.
A su regreso pasó por Buendía, y por Sacedón siguiendo la antigua N-320 marchó rápidamente el 9 de diciembre de 1836 por Tendilla para pernoctar en Horche. El general Isidro Alaix les perseguía de cerca y Gómez el 10 pasó a media legua de Guadalajara entablando una escaramuza con la guarnición, siguió por Torija, Hita y Cogolludo hacia Burgos y el Pais Vasco a dónde llegó a finales de Diciembre de 1836. Su principal efecto sobre Tendilla y otras villas fue el decomiso de alimentos y animales de transporte (mulas principalmente) amén de algunos partidarios que le siguieron. En la ciudad de Guadalajara se convirtió la iglesia de San Francisco (con el panteón de los Infantado) en un cuartel-fuerte para albergar a la guarnición isabelina.
Al año siguiente la "Expedición Real" en la que iba el pretendiente D. Carlos llegó ante Madrid el 12 de septiembre. Espartero, que venía con sus tropas de Cuenca hacia Madrid para impedirlo, había dormido en Tendilla la noche del 11 y llegaba el 12 al anochecer a Alcalá de Henares. D. Carlos se retiró desde Madrid (hecho no explicado aún pues parecía tener Madrid a mano) llegando a Mondéjar el 13 de septiembre de 1837 dónde, amén del buen recibimiento, se alistaron unos mil voluntarios. Espartero entraba ese día en Madrid y el general carlista Ramón Cabrera pernoctaba en Pastrana. Cabrera llegaría a entrar en la propia Guadalajara el 17 de madrugada, aunque la abandonaría a las pocas horas.
VIENEN LOS CARLISTAS
La batalla, que sería decisiva, se dió el día 19 siendo derrotados por Espartero los carlistas mandados por González Moreno en Aranzueque lo que provocó la retirada de D. Carlos que tras descansar en Hontoba (parte de sus tropas fueron a Hueva, parte se extraviaron y Cabrera se retiraría por Pastrana hacia Cuenca y Teruel) pasó al amanecer del 20 por Tendilla con tan mal acierto que la zona estaba llena de enemigos: justo una hora después de pasar llegaban los perseguidores isabelinos dividiendo a las tropas carlistas, algunas de las cuales debieron retirarse hacia Valencia. Por la marcha forzada, el calor y el no comer alimento desde Hontoba, el camino se llenó de rezagados carlistas perdidos y hambrientos al tener que abandonar a veces las raciones requisadas con dificultad.
De Tendilla llegó D. Carlos a Brihuega el 20. Allí fue avisado por un corneta, caido prisionero en el crucero de Tendilla y luego escapado, de la llegada de los isabelinos saliendo el 21 hacia Cifuentes, el 24 en Atienza, el 26 pasaban el Duero en Gormaz y de ahi (tras otras vicisitudes y batallas) hacia el territorio carlista. Una marcha forzada!
En Tendilla me han hablado de recordaban se había hecho disparos contra los carlistas desde lo alto de la torre de la Iglesia, y que los carlistas "dejaron sin calzones a Juan Ropero". Por cierto que Espartero llegó antes que sus tropas a Fuentes de la Alcarria en la rápida persecución pudiendo haber caido allí prisionero el 21 de septiembre.
La segunda y tercera guerras carlistas apenas afectaron a Tendilla. En primavera de 1872 Madrazo hace una proclama en Guadalajara prometiendo "defender la bandera carlista y las franquicias de Castilla" con poco éxito. Una pequeña partida proviniente de Cuenca y mandada por Luna apareció en Tendilla el 6 de julio de 1873 y tras un combate el 7 en Valfermoso de Tajuña fue copada por la fuerza del capitán de la Guardia Civil Robles. El general carlista Angel Villalaín operó en Cuenca y Guadalajara llevandose de Siguenza 200 fusiles en enero de 1874.
Las tropas carlistas de Villalain (aunque nominalmente al mando de Alfonso de Borbón y Este, hermano del pretendiente Carlos VII) atacarán la cercana Cuenca el 13 de julio de 1874 y la tomaran y saquearan el 16. En el maltrato a la villa y sus habitantes destacó María Nieves de Braganza, esposa del enamorado Alfonso y mujer de fuerte caracter que acudía a animar a sus soldados al campo de batalla y de la que se cuenta que portaba armas al cinto.
Asimismo Villalaín efectuaría una correría por la vega del Tajuña en la que cojieron lo que pudieron a su paso y conquistaría Brihuega el 3 de agosto de 1874 por un breve periodo. Como se ve, es principalmente una guerra de partidas y correr¡as sin una ocupaci¢n permanente del territorio conquistado.
Bibliografía:
Jaime del Burgo, "Para la Historia de la Primera Guerra Carlista" (1981).
Alfonso Bullon de Mendoza, "La Primera Guerra Carlista" (1992).
Antonio Pirala, "Historia de la Guerra Civil y de los Partidos Liberal y Carlista" (reed. 1984) .
Roman Oyarzun, "Historia del Carlismo" (1965).
Principe de Lichnowsky, "Recuerdos de una guerra" (1942).
Melchor Ferrer, Domingo Tejera y Jose Acedo, "Historia del Tradicionalismo espanol" (1941).
Publicado por Fran en 3:06 AM http://img2.blogblog.com/img/icon18_edit_allbkg.gif
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Respuesta: Carlismo: ¿qué me recomendáis?
He aquí un personaje que siempre me interesó bastante. ¿Conocéis bibliografía?
Félix Lichnowsky - Wikipedia, la enciclopedia libre
Félix María Vincenz Andreas Príncipe Lichnowsky, conde de Werdenberg, (palacio Grätz, junto a Troppau, 5 de abril de 1814 – Fráncfort del Meno, 18 de septiembre de 1848) fue militar y político en Alemania y en España.
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Felix Maria Vincenz Andreas Fürst von Lichnowsky.
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En Alemania [editar]
El príncipe Félix Lichnowsky era terrateniente en Silesia, ostentando los títulos Príncipe de Lichowsky, Conde de Werdenberg y Señor de Woschütz. Tenia cuatro mayorazgos y el señorío de Grätz. Poseía en la Silesia austriaca una ciudad y 19 poblados y otros 26 poblados en la Silesia de Prusia. Culto, amante de la literatura, el arte y la música. Beethoven le dedicó su segunda sinfonía.[1]
En España [editar]
Su espíritu aventurero y romántico le trajo en 1837 a España, alistándose en el ejército carlista, participando en la Primera Guerra Carlista. «...Vino a España atraído por el brillo de aquella guerra...».[2] Esta guerra se estaba desarrollando desde 1833 al pretender Carlos María Isidro de Borbón disputar el trono a su sobrina la reina Isabel II.
Bien provisto de dinero, caballos, equipaje, cartas de recomendación, y con dos criados, partió desde Suiza finalizando el mes de febrero de 1837, atravesó Francia, llegó a Bayona el día 3 de marzo, contactó con enlaces franceses que servían a los carlistas y que le encontraron como guía al mismo contrabandista francés que en julio de 1834 había conducido al Pretendiente hasta Navarra. Dos días después marchó a Sara y al siguiente día, vestido como aldeano vasco, con su guía que no paraba de hablarle en vascuence, idioma que Lichnowsky no entendía, por lo que no hacía más que contestar a su interlocutor con «bai jauna» (sí señor), todo ello para engañar a los numerosos agentes de la policía francesa que vigilaban la frontera, para impedir el paso de ciudadanos europeos a la frontera española dominada por los carlistas. Sin contratiempo alguno, a pleno día, tras unas pocas horas de marcha, el guía le dejó en Zugarramurdi, localidad española en la que los carlistas tenían establecido un retén para acoger a los europeos que venían a alistarse en sus filas. Al llegar se fijó en que había frontón para jugar a la pelota y le contaron que muy cerca existía una famosa cueva. Fue conducido a Irún, donde, mientras esperaba que de la corte del Pretendiente llegase el comunicado de que era aceptado, se le reunieron sus criados que con los caballos y el equipaje habían atravesado también la frontera. Mientras esperaba se alojó en un buen hotel donde «...la mesa era excelente: los mejores pescados, los manjares más exquisitos abundaban; el vino, oscuro de color, era muy fuerte (tinto de la Rioja). Se transporta en odres a Guipúzcoa y con el viaje mejora y resulta excelente».[3]
Recibió su uniforme que consistía en un grueso chaquetón azul, un pantalón rojo y boina roja con borla de plata y fue llevado a la corte del Pretendiente donde quedó asombrado por la multitud de ministerios con su correspondiente personal dedicados a llevar los asuntos de estado. Según él, «...un buen secretario y un honrado cajero hubieran bastado para hacer marchar mucho mejor los asuntos».[4] Fue presentado al Pretendiente y ascendido a general de brigada y días después conoció al infante Sebastián, participando con él en la fase final de la batalla de Oriamendi. Formó parte de la Expedición Real que abandonó Navarra el 19 de marzo de 1837 y que por el Alto Aragón, Cataluña, Valencia, Teruel se presentó, tras haber librado batallas en Huesca, Barbastro, Grá, Chiva y Villar de los Navarros, enfrentándose con desigual suerte a los ejércitos isabelinos, llegó ante Madrid el 12 de septiembre de 1837, y sin haber realizado el menor intento de asaltar la ciudad, se retiró, habiendo sufrido grandes pérdidas y completamente desmoralizada, al territorio vasco-navarro del que había partido.
En julio de 1838 recibió el encargo de realizar misiones diplomáticas, quizás también financieras, en Alemania y Austria, aunque nada cuenta en sus memorias sobre estas misiones. Salió de España nuevamente con la ayuda de contrabandistas vasco-franceses y tras realizar gestiones en París, Salzburgo, Viena y Módena, embarcó en Génova, desembarcó en Marsella, paró en Burdeos donde visitó a dos hijas de Rafael Maroto y volvió a entrar en Navarra con la ayuda de un contrabandista, que esta vez se ayudaba con un perro adiestrado que avisaba la cercanía de los gendarmes franceses. Maroto había sido nombrado jefe del ejército carlista del Norte y Lichnowsky, que durante su estancia desde febrero de 1837 había entrado en contacto con las personas más influyentes del bando carlista en el territorio vasco-navarro, fue testigo de cómo se acrecentaban las rencillas y los odios que habían de llevar a la descomposición del ejército que se vería obligado a claudicar en Vergara al año siguiente. Descontento del ambiente que reinaba y aconsejado por Vicente González Moreno pidió y obtuvo permiso para trasladarse a Cataluña para ponerse a las órdenes del conde España. Harto de realizar la travesía de la frontera con la ayuda de contrabandistas, llegó a la frontera francesa, pidió a los gendarmes hablar con su jefe al que le dijo que ya había atravesado unas cuantas veces la frontera, burlando la vigilancia de los gendarmes franceses y que, o le dejaba pasar esta vez la frontera mediante un salvoconducto o volvería a utilizar a un contrabandista como guía pero que antes encargaría que en uno de los periódicos de Bayona la publicación de una nota en la que anunciaría el día y hora en que realizaría el paso y que, una vez llegado a Burdeos, publicaría nuevamente una nota con su «agradecimiento a las autoridades francesas por haberme dejado pasar, a pesar de mi aviso».[5]
La sorprendente propuesta tuvo éxito y pudo «...en pleno día, vestido con mi uniforme carlista...».[6] Viajó por Francia, siendo siempre recibido por importantes personajes militares, políticos y nobles del país, hasta Perpiñan donde se puso nuevamente en manos de contrabandistas, que no eran duchos como los vasco-franceses, ya que perdió sus caballos y su equipaje durante la travesía de los Pirineos aunque los volvió a recuperar más tarde, llegando a Ceret, primer pueblo carlista.
Durante su estancia en España se interesó por los palacios, iglesias y conventos que encontraba en su itinerario. Así dice que en Villar de los Navarros vio una «Coronación de la Virgen», por Herrera el viejo; en el palacio del Infantado en Guadalajara contempló el retrato de la Princesa de Eboli y en Covarrubias descubrió un Alberto Durero.[7]
Obras [editar]
- Erinnerungen aus de Jahren 1837, 1838 und 1839. Fráncfort del Meno, 1848. 2ª edición en 1848. Edición francesa: Souvenirs de la guerre civile en Espagne (1837 a 1839). París 1844. Edición española: Príncipe Félix Lichnowsky. Recuerdos de la Guerra Carlista (1837–1839). Madrid, 1942
Literatura [editar]
- Felix Lichnowsky. Erinnerungen aus den Jahren 1837, 1838 und 1839. Fráncfort del Meno, 1841
- Adolfo Loning. Das spanische Volk in seinen Ständen, Sitten und Gebräuchen mit Episoden aus dem Karlistischen Erbfolgekriege. Hannover 1844.
- August Karl von Goeben. Vier Jahre in Spanien. Hannover, 1841
- Wilhelm von Rahden. Aus Spaniens Bürgerkrieg 1833–1840. Berlin, 1851
Referencias [editar]
- ↑ Prólogo de José M. Azcona de la edición española de Lichnowsky. Recuerdos de la Guerra Carlista (1837–1839), Madrid
- ↑ José M. Azcona. Zumalacárregui. Estudio crítico de las fuentes históricas de su tiempo. Madrid, 1946
- ↑ Félix Lichnowsky. Recuerdos de la Guerra Carlista (1837–1839). Madrid, 1942. Pág. 37
- ↑ Félix Lichnowsky. op. cit. pág. 43
- ↑ Félix Lichnowsky. op. cit. pág. 217
- ↑ Félix Lichnowsky. op. cit. pág, 217
- ↑ Félix Lichnowsky. op. cit. págs. 152, 206 y 152
Enlaces externos [editar]
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Respuesta: Carlismo: ¿qué me recomendáis?
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31 de mayo, Pamplona. REDESCUBRIENDO LA HISTORIA. REQUETÉS. DE LAS TRINCHERAS AL OLVIDO. CRÓNICA DE UNA PRESENTACIÓN
Se llenó de público el aforo del hermosísimo patio porticado con ocasión de la presentación del libro Requetés. De las trincheras al olvido, que tuvo lugar en el “Museo del Carlismo” recientemente inaugurado en Estella, la ciudad del Ega. La discreta luz del sol penetraba por la limpísima claraboya de cristal que cubre el patio, a las 12 del mediodía del 29 de mayo. La convocatoria de la presentación de Requetés, libro editado e impreso recientemente, corrió a cargo de la “Fundación Ignacio Larramendi” y la editorial “La Esfera de los Libros”.
Con este libro, los acontecimientos históricos que trata ya no se pueden ignorar ni tergiversar. Tarde o temprano las verdades salen a la luz. El libro tiene 955 páginas y 450 fotografías inéditas de pequeño a gran tamaño, como resultado de un gran proyecto de investigación que ha seguido la metodología propia de la Historia oral. Un “libro de relatos y retratos” (Sierra) a partir de la memoria de los supervivientes directos de la guerra de 1936, entendida y vivida por los Requetés como Cruzada. Junto a los requetés en sus diversos destinos y servicios, hay abundantes testimonios de la mujer carlista en el Hospital “Alfonso Carlos”, “Frentes y Hospitales”, el Hospital de sangre de Lesaca, la oficina de Socorro e Información, como voluntarias de ropería etc.
Pablo Larraz Andía y Víctor Sierra-Sesúmaga, autores acompañados en el acto por ocho margaritas y requetés que viven entre nosotros, fueron la cara visible de la Historia en este cuidado y emotivo acto de presentación. Ambos autores, más otros que les aportaron sus materiales como Jesús María Ibero, entrevistaron a 205 requetés y margaritas durante diez largos años, de los cuales se recogen en este libro 65 testimonios. Hay recuerdos de voluntarios fogueados en el frente de batalla, heridos, enfermeras, cautivos y evadidos, y mujeres que realizaban en silencio servicios en la retaguardia. El resto de las entrevistas, hasta las 205 recogidas, figurará en la página Web de la “Fundación Ignacio Larramendi”.
Estuvieron en el acto ocho de los entrevistados: Rosario Jaurrieta Baleztena (Pamplona, enfermera de Frentes y Hospitales), Félix Andía Larraya (Olite-Navarra, Tercio de San Miguel), Rufino Garay Sautua (Vizcaya, Tercio de Estíbaliz), Ismael Madariaga (Vizcaya, Tercio de Begoña), Miguel Arbea y Sola (Sangüesa-Navarra, Tercio de Lácar), Jesús Lasanta Ruiz-Navarro (Logroño, Tercio de Lácar), Luís Jáuregui Ayesa (Echauri-Navarra, Tercio de Navarra) y Miguel Legarra Belástegui (San Sebastián, Tercio de San Miguel). Al parecer, Lasanta fue el requeté más joven de España, pues salió al frente con apenas 13 años. Al final de la presentación tomó la palabra el requeté y luego también periodista, Miguel Legarra, ya mencionado. Entre los asistentes estaban Mª Isabel Eusa, la hija del arquitecto pamplonés Víctor Eusa, y personas dedicadas a la cultura, la investigación y docencia, el periodismo, familiares y conocidos.
El presentador, don Joaquín Ansorena, persona conocida en el ámbito de la cultura navarra y vicepresidente del comité asesor del “Museo del Carlismo”, destacó el significado de la valiosa presencia “in situ” de varios de los entrevistados, cuyos testimonios forman parte del extenso libro de Historia titulado Requetés, que sigue la metodología de la Historia oral, editado por “La Esfera de los Libros”. Según afirmó, sus autores han plasmado con gusto, una amena narración y afinidad, las entrevistas realizadas con un método académico y una obligada pulcritud técnica. A decir de Ansorena, el lugar más indicado para la presentación era este “Museo del Carlismo”, palacio que fue de Juan de Echávarri y Larráin, convertido hoy en “hogar cultural, hogar de conocimiento” (Caspistegui).
Luis Hernando de Larramendi, en representación de la Fundación Ignacio Larramendi que ha promovido esta investigación y libro, destacó que todo ello se había concebido mucho antes de la actual campaña sobre la llamada “Memoria histórica”. Ahondó en el carácter académico del libro, lo que no significa ausencia de cariño hacia sus protagonistas, como es general –añado- en todo estudio biográfico. Se ha contado una historia sencilla, bella, formada como tapiz trenzado por 65 narraciones verdaderamente emocionantes, surgidas en circunstancias extraordinarias, expresión de unas vidas enraizadas, responsables y hasta comprometidas. ¿La oportunidad? Este libro ha querido perpetuar en la memoria los motivos que llevaron a los requetés a participar en la guerra de 1936-1939, hoy incomprendidos por ignorancias, tergiversaciones y los prejuicios propios de la actual sociedad materializada. Era necesario rescatar del olvido testimonios directos, en los que ha aparecido una y otra vez una historia personal y verídica, sencilla y generosa, donde brota, se palpa un profundo sentimiento religioso como móvil principal de importantes decisiones, con una total ausencia de amargura y sin otra recompensa que la del deber cumplido. Han transcurrido 71 años para que estas historias hayan salido a la luz. De los 205 testimonios orales recogidos y analizados, sólo se han publicado 65 de ellos en este voluminoso libro, aunque la página Web de la Fundación pondrá los restantes a disposición del lector.
Para Luis Hernando de Larramendi, este libro es importante por sí mismo, aunque queda garantizado historiográficamente por los juicios que ha merecido a prestigiosos hispanistas como los profesores Stanley G. Payne y Hugh Thomas. El precio de venta al público del libro es verdaderamente popular, pues asciende a 35 euros gracias a la colaboración de diferentes mecenas. Con este libro ya no se podrá ignorar ni tampoco tergiversar la historia, el carlismo, a los Requetés. En él se habla de los ideales que tenían los que hoy son viejos requetés y ayer eran ilusionantes muchachos. Larramendi dio las gracias especialmente a los autores Pablo Larraz Andía y Víctor Sierra Sesúmaga, por el extraordinario esfuerzo realizado sin buscar recompensa material alguna, aunque ambos deban tener el consuelo de saber que “Ante Dios no serás héroe anónimo”, y que “Dios lo paga”.
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Panorámica del patio porticado en dos plantas del palacio del Gobernador, hoy “Museo del Carlismo” en Estella. Foto: JFG(2010)
A continuación llegó el turno a los dos autores, que supieron comunicar de una forma muy amena cual era el objetivo de sus diez años de ardua tarea investigadora. No nos han sorprendido con su nueva obra, pues en otros trabajos publicados han mostrado su capacidad, detallismo y buen hacer.
Para don Pablo Larraz Andía, doctor en Medicina, el libro presentado no es un libro convencional. No lo es porque sus protagonistas, margaritas y requetés, han sido ignorados hasta hoy envueltos en un vasto y prolongado silencio, sin quejarse cuando voces interesadas ahogaban sus verdaderos móviles, la verdad íntima de sus almas. Pero tampoco es un libro convencional por su planteamiento, pues durante diez años se han tomado muchísimos testimonios orales con cassette en mano, se han recogido miles de fotografías y cientos de cartas. En todo este material sonoro, escrito y gráfico, los requetés transmitieron la dureza y horrores propios de la guerra, la virtud del perdón, la frustración y desengaño posterior, ayunos siempre de odio y resentimiento alguno, con la cabeza alta y un corazón limpio. Sí; no es fácil hacer un resumen de cada vivencia concreta, que necesita ser contada con detalle. Pablo Larraz mencionó especialmente a Félix Igoa Garciandía, de Echarri Aranaz, el último superviviente de la partida de Barandalla. También citó a los Cuarenta de Artajona, villa donde no hubo venganzas ni se fusiló a nadie durante la guerra. Ninguno de los 205 entrevistados obtuvo prebendas en el Régimen establecido tras la contienda, sino que sufrieron en silencio un sentimiento de frustración. Tras esta investigación hay muchas horas de trabajo silencioso. Aunque quizás este libro llegue algo tarde porque muchos de los protagonistas de los hechos ya han fallecido, sin embargo algunos de ellos ya lo tienen en la mano. ¿Quiénes son los verdaderos autores de este libro?: los protagonistas de la historia, cuyas vivencias darán luz, nos enseñarán, e incluso llegarán a emocionarnos. Son voluntarios heroicos en el anonimato, olvidados por los historiadores hasta hoy, maltratados por la actual llamada “Memoria histórica”. Ellos, los “requetés de alpargatica” serán nuestros héroes.
Don Víctor Sierra-Sesúmaga, corroboró lo dicho por el dr. Larraz. El propósito del libro ha sido paliar lo que él y Pablo Larraz entendieron en su día como una injusticia, propia de los “historietadores”, palabra utilizada para designar a quienes manipulan la Historia mediante afirmaciones falsas o bien por omisión. El libro es el resultado de una investigación, realizada por servicio y por amor la verdad. Es un libro “de relatos y retratos”, donde se cuenta lo que nos contaron sus protagonistas, testigos de sí mismos, con unos relatos veraces, narrados muchas veces por personas sencillas. Estos Requetés, los “requetés de alpargatica” son los verdaderos grandes de España, aunque hasta ahora no hayan ocupado una línea en los libros y manuales escolares de Historia de España contemporánea. Ellos son parte de nuestra memoria, y parte de la memoria de todos. Por eso, los autores de este libro son los mismos requetés, en un “contar lo que hicimos”.
Las palabras del veterano Miguel de Legarra Belástegui, requeté y luego periodista, tomaron tintes de historia directa y de testimonio vivo desde la sencillez de espíritu. “Como voy a hablar el último, podéis escaparos cuando queráis”, comenzó diciendo uno de los testigos que quedan de la Cruzada de 1936 y que aparece en el libro con una fotografía de inconfundibles rasgos mantenidos con la edad. Según él, sólo esto justificaba su intervención en la presentación del libro. Para él –dijo- son pocos los que se acuerdan de nosotros y muchos de los que hoy se acuerda nos calumnian, pues hablan de fusilamientos, violaciones, cortar lo pechos a las mujeres… ¿Los motivos de la guerra?: Dios y España, frente a la sectaria IIª República. Sí; fue una auténtica Cruzada, recalcó. También ahondó los días de la guerra, pues estuvo en el Tercio de San Miguel: pasé miedo, y el que diga que no lo pasó, es un “farol”. Mencionó, no sin cierta gracia y un gran cariño, al capellán de requetés don Macario San Miguel.
Miguel de Legarra dijo que la lectura de los testimonios plasmados en el libro dejan al lector electrizado, dan escalofríos y hasta producen un nudo en la garganta. Esta es –añado de mi cosecha- una de las grandes diferencias del libro Requetés respecto al libro de Julio Aróstegui sobre los voluntarios carlistas durante la guerra, publicado por “Aportes”, que el veterano requeté Tomás Otano, maestro de profesión, consideraba –según dijo a este cronista en conversación privada hace muchos años- un libro frío y que no reflejaba lo que “aquello” fue. Y no se trata del único que me lo dijo.
Pues bien, para Miguel de Legarra, después de tanta lucha y tanto sacrificio, vino la decepción, pues en la paz se traicionaron los valores por los que se había luchado. Incluso mencionó a los Gobiernos de hoy día, que han convertido los asesinatos de ayer en el asesinato del aborto... También dijo: “Terminada la guerra, que vencimos, estamos vencidos, por no permanecer firmes y unidos”.
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Miguel de Legarra Belástegui, periodista de profesión y veterano requeté, leyendo su memoria con el señorío propio de su condición. Foto: JFG(2010)
Después de los aplausos, la fotografía de los veteranos asistentes, los saludos y parabienes, se celebró un piscolabis en el jardín exterior del museo, ubicado junto al río Ega que baña los muros del palacio del Gobernador, hoy “Mueso del Carlismo” de Estella. La fuerza del sol se suavizaba con la cercanía de la Sierra de Urbasa o bien con la proximidad de la corriente de las aguas del río Ega, cuando su curso de enérgico caudal comienza a dejar atrás a una de las más bellas ciudades del Camino de Santiago.
Todos dicen que la presentación realizada en Madrid en la sala de actos de la Fundación MAPFRE el pasado 17 de mayo fue un éxito. De ella y del libro Requetés se hizo eco “Diario de Navarra” pág. 62-63. La presentación que aquí reseñamos no va a la zaga, desde el marco físico hasta los Requetés presentes en el acto, que representaban a todos los protagonistas de las 205 entrevistas y de la misma historia narrada en primera persona. La presencia de Miguel Legarra en Estella sustituyó la del veterano José Álvarez Limia, que vive con unas buenas condiciones de salud en la idílica Galicia. Este último, según la prensa, dijo en Madrid: “Nosotros luchamos con Franco. No luchamos por Franco”.
Así mismo, Hugh Thomas, historiador de la guerra civil española, en el epílogo escrito para Requetés, señala: “Ahora, al repasar tantas biografías de quienes (…) participaron en las fuerzas voluntarias carlistas, y ver, desde los años que yo también me he echado en las espaldas de la vida, cómo son sus memorias, y cómo eran sus ideales, me ha dado ahora por pensar que la victoria a la que contribuyó Ignacio Hernando de Larramendi resultó ser usurpadora de los ideales de los que como él lucharon bajo las banderas de España y de la Cruz de San Andrés, tocados con esa boina roja a la que José María Pemán llamaba sombrero de hombres decentes, y de buenos militares”” (pág. 936).
Una pequeña parte –unas 70 personas- de los asistentes se reunieron en el restaurante “La Navarra”. Se bendijo la mesa, se pronunciaron palabras de agradecimiento, y al final, también por cierre de honor en homenaje a los Requetés, se cantó ese Oriamendi que los voluntarios entonaron muchas veces en momentos de paz, y luego antes del combate, ya poco antes de morir ya para seguir la vida hasta que Dios llame a cada uno por su nombre.
Los asistentes pudieron ver en el “Museo del Carlismo” de Estella, la exposición permanente sobre el Carlismo desde sus orígenes hasta 1939. Otras salas están dedicadas a la exposición temporal titulada: “Una historia por descubrir”, realizada con materiales de instituciones navarras tanto públicas como privadas. De esta última hay un hermoso catálogo realizado por Fco. Javier Caspistegui. En realidad, son muchos los escolares y las visitas que recibe este museo desde su apertura, según informó “Diario de Navarra” pocos días antes. En efecto, el tema del Carlismo es un gran tema que muchos, a pesar de todo lo ocurrido, comienzan –así es la vida- a redescubrir.
El libro Requetés. De las trincheras al olvido, tiene un “gran valor testimonial”, y responde a la realidad como verdadera memoria histórica. Las entrevistas realizadas entre un total de más de 60.000 requetés que participaron en la Cruzada de 1936 no son muchas, pero sí es la punta de un iceberg, donde sólo Dios sabe las maravillas de la vida recta y sencilla, vivida de cara a Aquel ante el cual nunca se es héroe anónimo. Porque al final de la Jornada, como decía Santa Teresa, “sólo el que se salva sabe y el que no, no sabe nada”.
Nuestro agradecimiento, desde una perspectiva profesional pero también plenamente humana que quiere ser cristiana, a los autores y a todos aquellos que han hecho posible la elaboración, impresión y distribución de este libro, para su lectura y consulta, como objeto de conocimiento, de testimonio y regalo en el más amplio sentido del término.
José Fermín Garralda Arizcun
Pamplona, 31 de mayo de 2010
Doctor en Historia
Nota:
Trabajo publicado en la Web del Círculo San Mateo de Madrid con diferente aparato gráfico, así como, con abundantes fotografías, en el blog de su autor.
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Respuesta: Carlismo: ¿qué me recomendáis?
Algunas preguntas. ¿El carlismo defiende el imperialismo? Si vivieran en un país con sistema de gobierno republicano, ¿por qué defenderían el Carlismo?, ¿en qué los beneficiaría? ¿Cuál es el papel de la justicia social en el Carlismo? ¿Quéopinan de los sucesos de Montejurra? ¿Podrían poner información de los actos en La Pampa? Gracias
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Respuesta: Carlismo: ¿qué me recomendáis?
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Iniciado por
Defensor_fidei
Algunas preguntas. ¿El carlismo defiende el imperialismo? Si vivieran en un país con sistema de gobierno republicano, ¿por qué defenderían el Carlismo?, ¿en qué los beneficiaría? ¿Cuál es el papel de la justicia social en el Carlismo? ¿Quéopinan de los sucesos de Montejurra? ¿Podrían poner información de los actos en La Pampa? Gracias
- No creo que el Carlismo defienda el Imperialismo, entendido como la necesidad de un país para imponerse sobre otros.
- Yo vivo en un Republica, y veo lo ineficiente y corrupta que puede llegar a ser (la monarquía tampoco es perfecta, que conste).
Las Republicas modernas están metidas de lleno en el liberalismo masón, es decir un republicanismo basado en "Liberté, Égalité, Fraternité".
Entonces la republica democrática y católica no existe, puesto que es incompatible el pensamiento de que las masas tienen poder ("democracia") con la supremacía social de Cristo Rey,ha habido intentos de crearla, ejemplos serian Irlanda y Polonia, pero solo crea una situación en la cual un gobierno anti-católico es manejado por católicos (y por solo un corto periodo de tiempo).
Por este motivo, la existencia de una republica (por lo menos una que acepte los ideales de la revolución francesa) verdaderamente católica es imposible, lo que llamamos por ese nombre no es preferible a una monarquía protestante.
De esto modo, abandonar el realismo y aceptar el republicanismo (como lo quería León XIII) no hace nada mas que aceptar que los revolucionarios de 1789 tenían razón.
Este es mi punto de vista, espero que haya contestado algunas de tus inquietudes.
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Respuesta: Carlismo: ¿qué me recomendáis?
¿Merece la pena comprarlo, Ordóñez? A simple vista me parece que el libro se centra especialmente en los tercios del norte y eso le quita un poco de atractivo.
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Respuesta: Carlismo: ¿qué me recomendáis?
Yo te diría que sí Muñoz.
Hombre, se centra mucho en lo vasco-navarro y en lo catalán, lo que han pretendido hacer los autores es exponer directamente testimonios de requetés que quedaran vivos y parece ser que donde más han quedado es por esa zona. No obstante también hay testimonios de Sevilla, Jerez de la Frontera y Valladolid y creo que hay algo de Valencia; y descripciones muy ricas del Requeté en toda España. Y eso que estoy empezando.
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Respuesta: Carlismo: ¿qué me recomendáis?
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Ordóñez
Yo te diría que sí Muñoz.
Y tanto que sí.
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Respuesta: Carlismo: ¿qué me recomendáis?
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Chanza
Por supuesto que existía esa escala. Hay que tener en cuenta que durante la I Guerra Carlista, por ejemplo, los Reales Ejércitos (carlistas) contaban con lo mejor de los jefes y oficiales del Ejército fernandino, purgados por el gabinete Zea Bermúdez para facilitar el golpe de estado liberal. Hasta donde recuerdo, divisas y emblemas son, en la mayor parte de las unidades, los mismos que existían antes de 1833.
En la III Guerra Carlista se produce una adaptación a los usos militares de la época. Pero me temo que tendrá que recurrir a la bibliografía especializada en esas guerras. Algo ya se apunta más arriba en este hilo.
Muy oportuna la aclaración de Chanza. No perdamos de vista que el Carlismo fue un movimiento hondamente popular, pero que desde el principio contó con el concurso de lo mejor de las élites tradicionales, entre ellas la mejor oficialidad del Ejército. Zumalacárregui, Santos Ladrón de Cegama, Guergué y Yániz, Gómez Damas, etc. Dan cuenta de ello.
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http://www.carlistas.es/detalle_nota.php?id=563
http://www.carlistas.es/backend/foto...53logocope.jpg
Hoy, programa sobre Carlismo en la COPE
Madrid, 7 de junio. Esta noche tendrá lugar en el programa "La Estrella Polar", dirigido por José Javier Esparza, una tertulia sobre Carlismo en la que intervendrán D. Alfonso Bullón de Mendoza, D. Luis Hernando de Larramendi y D. Javier Garisoain. Se podrá escuchar a partir de la 1.30 de la madrugada, y posteriormente estará disponible el podcast para quien desee escucharlo en cualquier momento.
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04/06/10
Ésta es buena: Vázquez de Mella a Azorín
http://4.bp.blogspot.com/_sD7IitCiFv...zor%C3%ADn.jpg[COLOR=Black]"El pueblo no se da cuenta de que lo que necesita no son leyes, papeles (que eso es el resumen de una libertad decretada por un Gobierno: un papel); no se da cuenta de que lo que necesita no son papeles, sino bienestar, abundancia, facilidad en la vida. La verdadera libertad, la verdadera concordia y la verdadera tolerancia no las pueden crear de golpe doscientos o trescientos señores que digan sí en el salón de un Parlamento".
Declaraciones hechas por D. Juan Vázquez de Mella a Azorín, 23 de octubre de 1906, EL CORREO ESPAÑOL.[
Publicado por El Bandido Realista en 04:27
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El pensamiento del primer carlismo
Tradere
Vicente Pou
La España en la presente crisis
Examen razonado de la causa
y de los hombres que pueden salvar
aquella nación
Francisco Canals Vidal
Ap.C. 57203 - Pozuelo de Alarcón (Madrid) - España
tradereeditorial@gmail.com
TB 19. 9 junio 2010
Una obra excepcional.
El gran historiador Melchor Ferrer la enjuicaba como “importantísima”, para situarla como una de las tres obras
más relevantes que sobre pensamiento político se escribieron en la España de entonces. Las otras dos lo son, según
el referido historiador, la del mercedario Magín Ferrer, Las Leyes Fundamentales de la Monarquía española y El
Protestantismo comparado con el Catolicismo y sus relaciones con la Civilización Europea, de Jaime Balmes. Dada
a luz en el año 1843, se reedita por primera vez desde aquel año.
Para esta pequeña editorial es una grandísima satisfacción el presentar y hacer accesible a sus lectores, lo que constituye
a todas luces una de las grandes contribuciones del pensamiento tradicional español. Es nuestra intención, Dios
mediante, proceder a publicar la obra completa de Vicente Pou, para continuar seguidamente, y en esta misma colección
de Política, con las obras más caracterizadoras del pensamiento del primer carlismo; de donde, necesariamente,
Magín Ferrer. Seguidamente, presentar las obras de los autores que jalonaron la inmensa corriente española a lo largo
del siglo XVIII y primer tercio del XIX.
El libro se pondrá a la venta a fi nales de este mes de junio. Que lo disfruten.
Evaristo Palomar,
Director editorial
Editorial Tradere - Bienvenido
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Respuesta: Carlismo: ¿qué me recomendáis?
TIRAD, PERO TIRAD SIN ODIO. LA LUCHA DE LOS REQUETÉS FUE UNA CRUZADA.
http://1.bp.blogspot.com/_pAwue4IjWN...don+carlos.jpg (de cuando Carlos Hugo jugaba a ser "el Principe de la Cruzada")
No nos avergonzamos de nuestra historia. De hecho el Carlismo es la única fuerza política que ha mantenido coherentemente su orgullo de haber participado en la guerra civil de 1936, para nosotros y nuestros combatientes una Cruzada, tal y como la definió la Iglesia Católica. Cuando el franquismo celebraba los "años de paz" y dejaba de recordar el alzamiento del 18 de julio, limitándolo a la paga extraordinaria del 18 de julio, el Carlismo continuó, como continua hoy en día conmemorando y defendiendo la legitimidad de tan magna epopeya. El felón ex-príncipe Carlos Hugo encabezó en los años 60 esa reivindicación de la Cruzada, con frases tan contundentes como la que manifestó a la revista carlista MONTEJURRA en abril de 1967: "la libertad religiosa es una traición a la Unidad de España y a los muertos de la Cruzada". Y es que si la guerra fue una Cruzada fue, fundamentalmente, gracias a los Requetés. Los herederos de los levantamientos por la legitimidad forzados por los acontecimientos políticos dejaron la legitimidad en un segundo plano "para salvar la Religión y la Patria", como dijo la orden de SMC Alfonso Carlos I, difundida por S.A.R. Don Javier, entonces Regente de la Comunión Tradicionalista. Pero no se transigió ni con la confesionalidad católica ni con el trapo tricolor que querian enarbolar la mayoría de los militares.
El Carlismo fue de hecho el único movimiento político que realmente queria acabar con la nefasta II República. La actitud prudente en que con un principio se acogió el advenimiento de la misma (pese al fraude realmente antidemocrático que supuso, al ni siquiera tener los republicanos mayoría, y solo explicable por la cobardía de la antimonarquía usurpadora liberal) pronto se transformó en radical beligerancia. El 14 de junio, un enorme mitin carlista que abarrotaba la Plaza de Toros de Pamplona, bajo la presidencia del Marqués de Villores, jefe delegado de Don Jaime, el Carlismo "declaraba la guerra a la República" en respuesta a los primeros e intolerables ataques antirreligiosos de la misma. La Guardia Civil irrumpió en el acto y tras horas de incidentes detuvo a los oradores de dicho acto. Mientras las derechas cobardes se hacian republicanas e intentaban participar del sistema el Carlismo empezó a prepararse para la guerra. Los incidentes callejeros, los asaltos a locales rojos y separatistas y la defensa de los círculos carlistas de los mismos rojos, separatistas y policías y guardias civiles eran la tónica diaria. El 10 de agosto de 1932 un militar navarro de gloriosa estirpe carlista. el General Sanjurjo, organiza la primera intentona contra la II República.
Ante los atropellos, la anarquía, la política anticatólica, la nueva constitución sectaria, la expulsión de la Compañía de Jesús, la laicización de la enseñanza etc., se dio permiso a los carlistas para sumarse individualmente al levantamiento. Así algunos murieron gloriosamente en los combates de la Plaza de la Cibeles en Madrid, como los estudiantes carlistas de la AET José María Triana y Justo San Miguel. Durante las semanas previas aumentó considerablemente la introducción de armas por la frontera francesa, supervisada por los propios reyes Don Alfonso Carlos y Doña María de las Nieves; armas que finalmente servirían para el triunfo inicial de 1936. El 10 de agosto de 1932, los carlistas tomaron las calles en varias poblaciones y evitaron desmanes.
Tras el fracaso de esta primera "Sanjurjada" (decimos primera porque el Director del Alzamiento de 1936, aquel con quien pactó el Carlismo, fue el propio General don José Sanjurjo Sacanell; su temprana muerte, unida al esfuerzo curiosamente conjunto de la propaganda roja y de los aduladores del General Franco, lo relegaron pronto al olvido), la represión gubernamental, encabezada por el siniestro Manuel Azaña, fue feroz e indiscriminada. Muchos carlistas estaban ya en prisión, arbitrariamente detenidos por los republicanos; su estancia en ella se prolongó. Muchos otros que tampoco habían tenido nada que ver con la conspiración fueron detenidos en toda España, y permanecieron en prisión sin juicio tres o más meses; entre ellos Manuel Fal Conde, Enrique Barrau, Luis Redondo o el poeta malagueño José Luis Hinojosa (tal vez el más interesante de la Generación del 27, olvidado después de asesinado por los rojos el 22 de agosto de 1936). Los círculos carlistas fueron registrados y clausurados, a veces saqueados; los numerosos periódicos de la Comunión fueron secuestrados y suspendidos.
Azaña y las logias aprovecharon también para deshacerse de cuantos mandos militares eran considerados desafectos a la izquierda, y así casi un centenar y medio fueron deportados sin juicio a Villa Cisneros, en el Sahara español. De ahí saldrían los mejores mandos de la Cruzada de 1936-1939; allí volverían al Carlismo hombres como el General José Varela. Porque aunque los rojos hicieron todo lo posible por deshacerse de los deportados (como denunciaron los diputados de la Comunión Tradicionalista: uso de un barco decrépito e insalubre, el España Nº 5, para el traslado de los prisioneros; retención sin juicio; destierro inconstitucional de más de 250 km. del lugar de residencia; hacinamiento; etc.), la presencia entre ellos de carlistas como Juan José Palomino; el Marqués de Sauceda; Mier y Terán; los hermanos Chicharro; varios estudiantes de la AET de Madrid, etc., unida a la conciencia de que luchar por España implicaba necesariamente enfrentarse al régimen tiránico, lograron que en otoño de 1932 ya se hubieran unido a la Comunión más de ochenta de los deportados.
En 1933 la importante maquinaría de guerra que era el Carlismo va perfilándose. Los Requetés, curtidos en el diario combate callejero, en los tiroteos contra los impíos que pretenden atacar procesiones y quemar Iglesias y conventos, empiezan a prepararse para el combate militar. En enero de 1934 se publica la Ordenanza del Requeté, escrita por el entonces Coronel Varela. En marzo Antonio Lizarza Iribaren y Rafael Olazábal se entrevistan en Roma con Mussolini, consiguiendo de este armas, municiones y dinero para un levantamiento, así como la instrucción de jóvenes requetés navarros en academias militares italianas. En abril se celebra el primer acto del Quintillo, en el Reino de Sevilla, como demostración de fuerza del Requeté andaluz. El 15 de julio en Potes (La Montaña) Fal Conde pronuncia un discurso ante 10.000 Requetés señalando que "los pueblos tienen derecho a levantarse contra los tiranos". La respuesta de la juventud carlista es unánime "¡Vengan fusiles!". Hay nuevos enfrentamientos con la Guardia Civil. En el levantamiento armado de las izquierdas y los separatistas en 1934 los carlistas toman nuevamente las armas y se hacen dueños de muchas calles, evitando y combatiendo los desmanes revolucionarios. En noviembre los estudiantes carlistas de la AET organizan un gran asalto a la Facultad de Medicina de la Universidad de Madrid, acabando con la prepotencia del sindicato republicano FUE. Después vendrian nuevas manifestaciones de fuerza, como el Aplec de Montserrat, ante 40.000 carlistas y con Fal Conde anunciando la posibilidad de nuevos levantamientos. El triunfo fraudulento de las izquierdas en 1936 hace que se redoblen los esfuerzos ante una posible acometida revolucionaria. Fal Conde señala "cada vez que el Gobierno nos necesite para algo bueno para la sociedad española, no hallará mejores colaboradores, ni más abnegados, ni más leales, no por el Gobierno, entiéndase bien, sino por la Patria, cuyas penas nos parten el alma...". Lejos de aceptar cualquier conciliación o trabajo por el bien común las izquierdas revolucionarias se empecinan su carácter sectario y los carlistas se preparan para el Alzamiento, con o sin los militares. En marzo Fal Conde visita al General Sanjurjo en su prisión del Castillo de Santa Catalina. El General pone simbólicamente su espada y pide ser admitido en la Comunión. Desde aquel momento el General se convierte en jefe militar del Alzamiento. En abril SMC Don Alfonso Carlos I constituye el Estado Mayor Carlista, bajo la dirección del General Muslera, y designa a Don Javier como su representante en vísperas del Alzamiento. El Carlismo como desde el principio planea el Alzamiento para derrocar a la República. Los militares se mantienen mayoritariamente al margen. Las derechas quieren participar del sistema. Falange, partido pequeñísimo, pretende llevar a cabo una revolución nacional-sindicalista, pero pese a ser sus miembros cruelmente masacrados por los republicanos tampoco participa en las conspiraciones contra la República. Solo el execrable asesinato de Calvo Sotelo por la policía republicana lleva a moverse a algunos militares. Estos solo quieren la restauración del orden republicano. Pero el Carlismo no transige. No acepta ni el trapo tricolor ni la "dictadura aconfesional republicana". Los militares, desesperados y conscientes de que sin el Carlismo nada pueden hacer, transigen. Para los Requetés, como para los católicos españoles coherentes, la conspiración contra la República era una Cruzada contra las fuerzas sectarias que estaban masacrando con cruelísimo odio a la Iglesia Católica, en una de las mayores persecuciones religiosas de la Historia. Como Cruzados en todas las banderas de los Tercios de Requetés junto a los colores nacionales estaba la Santa Cruz de Nuestro Redentor. Junto a las banderas era el Cristoforo el que iba en vanguardia de la lucha. Católicos a machamartillo, toda la contienda armada estuvo traspasado por una espiritualidad de combate inapelable e innegable.
Obviamente no movia al Requeté odio alguno ni violencia gratuíta. La actitud guerrera de los carlistas era análoga a la de Antonio Rivera, el Ángel del Alcazar, camarada de armas de los requetés que también defendían y que liberaron El Alcazar. El 18 de septiembre intentó rescatar una ametralladora y le volaron el brazo izquierdo que tuvo que serle amputado. Fue entonces cuando pronunció la frase que se ha convertido en resumen de una ascética para un combatiente cristiano: «Tirad, pero tirad sin odio», idea que repitió muchas veces hablando del amor al enemigo. El Carlismo no tomó represalias contra nadie y fue agente de reconciliación tras la guerra. Quienes pretenden olvidar cualquier perdón y reconciliación son los herederos de los perdedores de la guerra, los que la provocaron con su sectarismo y persecución y los responsables de los mayores genocidios del siglo XX.
Quien quiera negar el carácter de Cruzada a la lucha de los carlistas o empequeñecer la epopeya es simplemente un cretino ignorante, enemigo de la Santa Causa de Dios, Patria, Rey. Por mucho que intenten liquidar la Verdad histórica los hechos son los que fueron. Que no se repitan solo depende de los enemigos de Dios y de España. La guerra es una situación muy dura, pero la doctrina católica enseña que puede ser Justa y necesaria. Mucho peor que la guerra es la tiranía de las sectas enemigas de Dios y de España. Que el Bendito ejemplo de los Requetés nos conforte, nos ampare y nos sirva de acicate y ejemplo.
Web dedicada a los requetés
Libro recomendado: Requetés: de las trincheras al olvido.
http://1.bp.blogspot.com/_pAwue4IjWN...DARIO+1968.jpg ( Calendario de bolsillo de la C.T, año 1968)
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Etiquetas: Historia
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Los zuavos carlistas en Alpens
El 8 de julio de 1873, tras año y medio de guerra en Cataluña, de duros combates, de marchas y contramarchas, la fuerza carlista que manda el antiguo zuavo pontificio, infante D. Alfonso –hermano del pretendiente al trono- y la que lidera el general Savalls, se reúnen en el pueblecito barcelonés de Alpens. El motivo es copar a la columna gubernamental del brigadier Cabrinetty (1.200 hombres, 46 caballos y 2 piezas de artillería) que avanza hacia ellos.
http://2.bp.blogspot.com/_YMGO4Zhrpj...ntipijos01.JPGTras pernoctar, al día siguiente los carlistas abandonan el pueblo, sabiendo que la avanzadilla gubernamental vigila sus movimientos. Es una maniobra de distracción, ya que una parte de las tropas quedan a las afueras resguardadas de las vistas, mientras que otra ha tomado posiciones en el campanario y en lugares estratégicos.
Cabrinetty cae en la trampa y entra en el pueblo, mientras los carlistas rodean todas sus salidas, obligando a sus fuerzas, acosadas por varios frentes, a ceder terreno y a refugiarse en las casas.
Tras un duro combate casa por casa, los liberales van rindiéndose, siendo la puntilla final la propia muerte de su jefe.
http://3.bp.blogspot.com/_YMGO4Zhrpj...ntipijos05.JPGDoña María de las Nieves de Braganza, mujer del infante D. Alfonso, que acompañó a éste en toda la guerra, escribió al final de ella unas interesantes memorias. Del capítulo dedicado a la acción de Alpens, he seleccionado este pequeño texto: “Por fin, la mayor parte de las fuerzas enemigas se encerró en algunas casas, después de que se les desalojó de muchas otras. Pero lo más difícil quedaba por hacer: Una de las no ocupadas por los nuestros se había convertido en una fortaleza y allí se defendía el mayor número de republicanos….No había esperanzas de apoderarse de ellos sin artillería y si tardábamos mucho en hacernos dueños completos de la situación, era seguro que alguna columna enemiga vendría en socorro de aquella fuerza.
http://3.bp.blogspot.com/_YMGO4Zhrpj...ntipijos07.JPG
http://3.bp.blogspot.com/_YMGO4Zhrpj...ntipijos08.JPGEl comandante de los zuavos, don Ignacio Wills, frente a dicha casa, desde la que les mandaban una lluvia de acero, consultaba con sus oficiales. ¿Debíase intentar el salto que arriesgaba entregarles casi indefensos al enemigo? Es natural que hubiera un momento de titubeo. En esto subió Wills sobre el muro, bajo la terrible descarga, y cogiendo la bandera gritó:
-¡Zuavos! ¡Si apreciáis vuestro honor, id a coger vuestra bandera!
Y la arrojó en medio del enemigo, saltando tras de ella y seguido, en primer lugar por el capitán Giner y simultáneamente, como una avalancha, se precipitaron también los demás zuavos, yendo con éstos también don Francisco de Borbón. El enemigo, estupefacto ante aquel inesperado salto, creyendo, probablemente, que habíamos recibido poderosos refuerzos…….Los zuavos penetraron a la bayoneta en el edificio e hicieron prisioneros a todos los que se hallaban en él.”
http://3.bp.blogspot.com/_YMGO4Zhrpj...ntipijos06.JPGEsta es la narración del momento en que, mis compañeros turlurones y yo mismo, hemos querido situar la escena en miniatura que ilustra esta actualización.
Confeccionada a partir de transformaciones comerciales, más o menos complejas, la escena representa un homenaje a aquellos zuavos que habiendo pertenecido durante años a la guardia vaticana en Roma, una vez disuelta, abrazaron la causa carlista al ser requeridos por sus antiguos compañeros de armas, luchando y muriendo lejos de sus tierras y hogares.
http://4.bp.blogspot.com/_YMGO4Zhrpj...ntipijos03.JPGCada uno de nosotros hemos trabajado transformando, modelando y pintando cada una de las figuras, accesorios e impedimenta varia, para finalmente situar las piezas en el terreno y darle, con técnicas aerográficas, el remate final que lleva a unificar la escena.
Me gustaría agradecer a todos mis compañeros su desinteresado trabajo, a Carlos Canales la información sobre la bandera zuava, y finalmente a Augusto Ferrer-Dalmau el premio que tuvo a bien conceder a la obra en el pasado concurso “Los Tercios del Rey” en Toledo. A todos ¡muchas gracias!
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Yo os recomiendo ver la pelicula: Alma Aragonesa
El carlismo no es el tema principal de la pelicula, pero se ven cosillas sueltas.
Os dejo un video con el comienzo de la pelicula. La escena, representa el segundo levantamiento carlista en el Maestrazgo.
[YOUTUBE]http://www.youtube.com/watch?v=i2TLX2rGVZM[/YOUTUBE]
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Por mi parte , para una primera aproximación al Carlismo , primero recomiendo una mínima formación en tradicionalismo hispánico, y tras ello recomiendo el cuaderno "¿Qué es el carlismo?" de Miguel Ayuso, simple y conciso. Yo en este momento me encuentro inmerso en una profundización del carlismo (gracias a ustedes, en especial al amigo ORdoñez con sus aportaciones y recomendaciones) que me tiene fascinado, y sin duda se trata cuanto menos de una filosofía vital puramente heróica , heróicamente pura y genuínamente hispana.
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EL CATOLICISMO EN NUESTRA HISTORIA
Ese vínculo que une nuestra vida con la vida de la Patria nos obliga a mucho. A lo primero que nos obliga es a conocerla, y no se puede amar lo que se ignora. De aquí voy a deducir una consecuencia: que si es necesario conocer a la nación para amarla, hay que conocer su vida íntima, hay que conocer la directriz de su historia, el principio vital que ha informado su ser y todas las manifestaciones de su genio, y para conocer eso, cuando se trata de España, hay que conocer la Religión Católica.
Pero ¿es verdad que la Religión Católica constituye el elemento predominante y directivo de la Patria y de la nación española? Para negarlo, a fin de eludir la consecuencia de la enseñanza religiosa obligatoria, hay que negar su historia, es decir, negar a España, no tengo más que trazar ante vosotros las líneas más grandes y más generales de esa historia para demostraros que la Religión Católica es la inspiradora de España, la informadora de toda su vida, la que le ha dado el ser, y que sin ella no hay alma, ni carácter, ni espíritu nacional.
Salimos de la unidad externa y poderosa de Roma, que tendió su mano por España, cerca de seis siglos, pero ni con su inmensa red administrativa y militar, ni con la transfusión de su lengua y de su derecho, no con terribles hecatombes que dejaron pavesas y escombros en lo lugares que fueron ciudades heroicas, pudo salvar las diferencias de las razas iberoceltas y de las colonizadoras fenicias y helénicas, que, apoyadas en la diversidad geográfica, latían bajo su yugo, recibiendo su poderosa influencia, pero también devolviéndola y comunicándola en la literatura y en el Imperio. Fué necesaria una unidad más fuerte y más íntima que llegase hasta las conciencias y aunase en un dogma, en una moral y en un culto de almas, y las iluminase con la palabra de los Apóstoles, y las ungiese con sangre de mártires, y las limpiase de la ley pagana en los circos y en los concilios, estrechándolas con una solidaridad interna, que, por ministerio de la Iglesia y del tiempo, se convertirá en alma colectiva. Por eso, cuando el caudillaje militar de los bárbaros se repartió los girones de la púrpura imperial sobre el cadáver de Roma, la Iglesia se interpuso entre el godo, arriano y rudo, y el hispanorromano, católico y culto, y venció a los vencedores, infundiéndoles la fe y el saber de los vencidos.
Cegó en los Concilios Toledanos el abismo que los separaba, formando aquel Código singular, el mejor de su época, el Fuero Juzgo, donde brotaba ya, rompiendo la corteza absolutista, el germen de la Monarquía cristiana, con la diferencia del Rey y del tirano, y se armonizaban los tres grande elementos de la civilización que empezaba: el romanismo, el germanismo y el cristianismo, superior y más poderoso que los dos. Suprimió la ley de castas y la separación familiar, sembrando la semilla de la nacionalidad en un surco tan hondo que podrá crecer y prosperar bajo las olas de la invasión musulmana. Y cuando esa invasión se desborda y las legiones sarracenas se apoderan de las islas y de las grandes ciudades del Mediterráneo, y saltan el Pirineo y hacen temblar a Europa, ¿quien salva la civilización de una catástrofe, organizando la lucha secular de la Reconquista? ¿quién la dirige? ¿de dónde salen los grandes ejércitos que van a pelear desde las montañas hasta las llanuras y de las llanuras hasta el mar? Salen de las cuevas de los eremitas y tienen su base de operaciones en los monasterios de las montañas. Esa reconquista, que es la cruzada de Occidente, no es una serie de guerras como las cruzadas de Oriente, es una sola campaña, un inmenso campo de batalla, donde se dan cita las generaciones y los siglos, guiados por el mismo plan que va trazando la Iglesia con la Cruz en el suelo peninsular. El ejército central sale de la cueva del Auseva; el de la izquierda, baja de los Santuarios de la Burunda y de San Juan de la Peña; el de la extrema izquierda recibe un impulso de los que se extienden por la Marca Hispánica y acampa en Ripoll, y el de la derecha aparecerá en la frontera de Portugal más tarde, sembrando los templos de etapas de su jornada. ¿Y que sucede cuándo los ejércitos avanzan? Alfonso II, apoyándose en algunos núcleos de resistencia que han quedado intactos en Galicia, llevará un día sus fronteras hasta el Miño; Ramiro II, las llevará, después de la memorable batalla de Simancas, hasta el Duero; Alfonso VI, las llevará hasta el Tajo, y Alfonso el Batallador, hasta las Riberas del Ebro, desde Tudela a Zaragoza; y las huestes que recorren la orilla del Mediterráneo, que tendrá que agitarse debajo de sus garras, llegarán con Berenguer IV hasta la desembocadura del Ebro, arrojando a los dominadores más allá de la Rivera de Tortosa; y las que siguen la línea del Atlántico llegaron con Alfonso Enríquez a la desembocadura del Tajo, que los lanzará a la desoladora llanura del Alemtejo. Y cuando una nueva invasión, que parece que trae el desierto y la traslada por encima del estrecho, nos ataca, todos los reyes avanzarán unánimes, porque Alfonso IX de León entrega parte de sus guerreros y se queda de reserva con los demás, y entonces será la Iglesia la que extienda sus mantos de los caballeros de sus órdenes militares para que cubran la tierra empapada con su sangre en el Centro peninsular y puedan pasar sobre ella los reyes confederados alrededor de la Cruz y llevarla en triunfo por el paso del Muradal hasta las colinas de las Navas, y descender después, con un santo que esconde el sayal del armiño, hasta el Guadalquivir, y llegar más tarde a la vega de Granada, y ponerla en sus adarves. Y no se parará allí a dormir el sueño de la victoria realizada, bajo pabellones de laurel; se asomará al mar para cautivarle y educarle con su fe y su genio, y se detendrá un momento a descansar en el pórtico de la Rábida para convertirle en pórtico de un Nuevo Mundo, y, por medio de un sublime terciario, Colón, que anda buscando dinero para una nueva cruzada, protegido por tres frailes, Fray Juan Pérez, fray Antonio de Marchena y fray Diego de Deza, y por una reina que lleva por apellido el de la Iglesia, cruzará por rumbos desconocidos el Océano y podrá el nombre de la Virgen. ofreciéndole su empresa a la carabela que dirige; el de San Salvador a la primera isla que descubre, el de Santa Cruz a la primera nave que construye en la Isabela; y al desembarcar en Cádiz, después del segundo viaje, cubrirá su cuerpo con el sayal del franciscano. Y será entonces cuando los guerreros emularán la fe de la legión de misioneros más heroicos que el mundo ha conocido; y, con el ardor del P. Olmedo o el P. Zumárraga, y Anchieta y Montoya, el gran Cortés, apenas pasado Tabasco, pondrá el nombre de Veracruz a la primera ciudad que levante el continente mejicano. Y cuando aquel glorioso aventurero, cuyo centenario vamos a celebrar, Vasco Núñez de Balboa, saliendo de Santa María de Darién con un puñado de españoles, y dominando tribus indias que le secundan o se dispersan, atraviesa, ante los mismos naturales consternados, ríos que se desbordan, pantanos que tienen la muerte en la superficie y en el aire, y selvas jamás cruzadas, itinerario que produce espanto en el ánimo de los viajeros modernos, cuando, después de exceder las fuerzas humanas, ve tenderse ante sus ojos el inmenso mar del Sur como un espejo que quiere reflejar tanto heroísmo, antes de penetrar en él con la espada en la mano o tomar posesión de sus aguas en nombre de los monarcas españoles, caerá de rodillas al lado de su Capellán Andrés de Vera, y entonará aquel Te Deum que con ellos entonará toda nuestra raza, acompañados por el murmullo solemne de las olas del Océano, que pronto va a quedar cautivo entre los brazos de nuestra costa y estrechado por nuestros genio.
Por la Iglesia fuimos con el P. Urdaneta y Elcano a dar la vuelta la planeta, y con San Francisco Javier a evangelizar millones de hombres más allá de las fronteras donde pasaron las victorias de Alejandro.
Por la Religión fuimos a pelear en los pantanos de Flandes, para contrabalancear el poder de la protesta, que hubiera sucumbido sin la hora trágica en que se hundió la Invencible; por ella hicimos la última cruzada de Lepanto; fué nuestra nació, como se ha dicho muy bien, la amazona que salvó a la raza latina de la servidumbre protestante, y la libertad y la moral del servo arbitrio, de la fe sin obras, de la predestinación necesaria, con los teólogos de Trento y con los tercios que pelearon en todos los campos de batalla de Europa; y nosotros fuimos los que todavía, al comenzar el siglo XIX, en las luchas napoleónicas, salvamos a Europa de la tiranía revolucionaria del Cesar, como se ha reconocido, pues fué un francés, Chateaubriand, quien dijo con razón que los cañones de Bailén habían hecho temblar todos los gabinetes europeos.
Y en las contiendas de los siglos XIX y XX, ¿no es verdad que todo gira alrededor de la Cruz? Nuestras luchas civiles, nuestras contiendas políticas, o por afirmaciones o por negaciones, todas se refieren a la Iglesia; y nuestros enemigos de hoy mismo, si se suprimiera el Catolicismo en España, se quedarían asombrados, se quedarían absortos mirándose unos a otros, al encontrarse sin programa. El grado de odio y de opresión a la Iglesia, lo que se ha de cercenar de sus derechos, lo que se han de limitar sus facultades, ese es el programa de los que se llaman anticlericales, de modo que aún como negaciones viven en esa afirmación soberana, que es el soporte espiritual de la Patria.
Juan Vázquez de Mella
(Discurso en la Real Academia de Jurisprudencia, 17 de mayo de 1913)
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75 AÑOS DE LOS APLECS DE POBLET Y ALCALÁ DE XIVERT
Fue un 2 de junio de junio de 1935 cuando se celebraron dos actos de gran relevancia para el carlismo catalán y del Maestrazgo. Por una parte la celebración del gran Aplec en el Monasterio de Poblet, con la asistencia de más de 30.000 carlistas llegados por diversos medios desde toda la geografía catalana. Se pronunciaron discursos por parte de los principales dirigentes nacionales y regionales (Fal Conde, José Luis Zamanillo, Mª Rosa Urraca Pastor, Joaquín Bau, Josep Bru, entre otros). Se congregaron fuerzas del Requeté con banda de cornetas y tambores, como demostración de la pujanza y fuerza que el carlismo estaba adquiriendo.
El Círculo Carlista de Alcalá de Xivert
http://2.bp.blogspot.com/_Fo5f1tGdK-...+de+Xivert.jpgTras el acto de Poblet, parte de los dirigentes carlistas se dirigieron a Alcalà de Xivert, cuna de insignes carlistas, donde estaba organizado un gran acto tradicionalista al que asistieron más de 5.000 personas para escuchar al diputado por Castellón Juan Granell; al diputado por Zaragoza Jesús Comín; al Delegado Nacional del Requeté y diputado por Santander, José Luis Zamanillo y al Jefe Delegado de la Comunión Tradicionalista, Manuel Fal Conde. El gobernador civil de Castellón envió a Alcalà un camión de guardias de Asalto al mando de un oficial. Se dificultó en todo lo posible la llegada de carlistas a la población,
cacheando y reteniendo a los que pretendían asistir al acto. Se vivieron momentos de fuerte tensión entre carlistas y guardias de asalto, que se agravaron por la presencia de grupos de izquierda que trataban de boicotear el mitin. La llegada de las autoridades carlistas, con la intervención personal de Fal Conde, negociando con los mandos de las fuerzas del orden, logró normalizar la situación, permitiéndose la entrada a todos los tradicionalistas, evitándose así disturbios y males mayores. Margaritas asistentes aún recuerdan como tuvieron que esconder en sus bolsos las pistolas que llevaban algunos requetés para evitar su detención.
El alcalde cedista –y ex-socio del Círculo Tradicionalista- prohibió en el último momento la celebración del mitin en un espacio abierto de la población, por lo que se tuvo que realizar en el interior del Círculo, dificultándose el normal desarrollo del mismo dada la multitudinaria asistencia que desbordaba la capacidad del local. Este hecho desató la protesta formal del diputado por Castellón Juan Granell.
Fue éste, sin duda, el mayor acto político organizado y celebrado por el carlismo en el Maestrazgo durante los años del periodo republicano.
Lo Mut del Maestrat
Publicado por CTC - HYC en 6/16/2010 08:48:00 PM 0 comentarios http://img1.blogblog.com/img/icon18_email.gif http://img2.blogblog.com/img/icon18_edit_allbkg.gif
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Re: Respuesta: Carlismo: ¿qué me recomendáis?
50 AÑOS DE CARLISMO EN VALENCIA
http://4.bp.blogspot.com/_Fo5f1tGdK-...arlismo001.JPGYa está próximo a salir a la venta el libro 50 años de carlismo en Valencia, del que es autor Luis Pérez Domingo. En él se realiza un repaso de los 50 primeros años de historia del Círculo "Aparisi y Guijarro" y del carlismo valenciano en general.
Una interesante obra por la que debemos felicitar a su autor y a todos los que han colaborado en su publicación.
Muy destacable el anexo fotográfico que se incluye en la obra, con variadas e inéditas fotografías.
La obra se presentará públicamente el próximo otoño.
Publicado por CTC - HYC en 6/29/2010 11:49:00 PM http://img1.blogblog.com/img/icon18_email.gif http://img2.blogblog.com/img/icon18_edit_allbkg.gif
Etiquetas: Aniversarios, Asociaciones, Libros
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Re: Respuesta: Carlismo: ¿qué me recomendáis?
Ramón Sales Amenós: Obrerismo y Tradición.
http://1.bp.blogspot.com/_pAwue4IjWN...amon+sales.jpgDentro del inmenso patrimonio moral, cultural y social del carlismo la figura de Ramón Sales Amenós destaca, junto a otros obreristas como el sevillano Ginés Martínez Rubio, por su singular perfil al lograr consolidar un sindicalismo obrerista radicado en la Tradición, libre de mediatizaciones políticas y patronales, en las más difíciles condiciones políticas y sociales. Para El Matiner supone el cumplimiento un deber de piedad filial el recordar y homenajear su ejemplar conducta, pues su pueblo natal, La Fuliola, se encuentra muy cerca de nuestro pueblo materno.
Campesino y requeté, nacido en 1893 en el pueblo leridano de La Fuliola, con quince años se trasladó a Barcelona, junto con sus hermanos, al enviudar su madre. Trabajó como dependiente en unos almacenes, y en 1918 ingresó en el Sindicato Mercantil de la CNT. Al estar en desacuerdo con su ideología libertaria, en diciembre de 1919, con otros miembros del Ateneo Obrero Legitimista (Baró, Roig, Fort, Clavé, etc.), fundó la Unión de Sindicatos Libres, de la que sería líder indiscutible. En 1919, se producía una reunión en el Ateneo Obrero Legitimista de Barcelona, presidida por Pedro Roma, Miquel Junyent, el escritor Rico Ariza y el concejal Salvador Anglada. En esta reunión se decidió la necesidad de organizar un sindicato obrero, independiente, pero basado en la doctrina social del Carlismo, tal y como ya se organizó en otros lugares de España, como Bilbao (gracias al empeño de otro destacado obrerista carlista: Pedro Ullaortua), Pamplona o Zaragoza. Ramón Sales fue elegido presidente y diferentes cuadros tradicionalistas entraron en la labor sindical convirtiéndose en la élite culta del sindicato que se ocupó de la doctrina, redactar estatutos, relaciones públicas y dirigir la organización. Estos hombres fueron José Baró, Jordi Bru, Estanislao Rico, Santiago Brandoly, Domingo Farrel, Juan Laguía Lliteras, Ceferino Tarragó, Ignacio Jubert, Feliciano Baratech y Mariano Puyuelo. Los intelectuales se encargaron de la divulgación en prensa, pero los resortes de la organización fueron controlados por obreros, algo que no había sucedido en los sindicatos católicos. Sales fue un orador con un estilo claro, directo y contundente y casi siempre en catalán, porque hablaba mejor dicha lengua española.
La Liga Patriótica Española
Antes de la creación de los Sindicatos Libres, en 1918 y dentro del ámbito del obrerismo carlista Ramón Sales creó la Liga Patriótica Española y la Entidad Fe y Patria, grupos de combate frente a las pretensiones de la Lliga Regionalista de Francesc Cambó. En este punto el carlismo catalán se hallaba divido entre la tendencia pro-Solidaridad Catalana (es decir, los partidarios de unirse electoralmente con el regionalismo catalán derechista y burgués de Cambó), representada por el Carlismo burgués, cuyo portavoz era el periódico “El Correo Catalán” y la tendencia anti-Solidaridad, representada por el Carlismo obrero, cuyo portavoz era el periódico “La Trinchera” y de donde nace la citada Liga Patriótica Española. Para los obreros carlistas era inaceptable el concurrir electoralmente con un grupo que representaba tan claramente los intereses de la oligarquía como la Lliga Regionalista. La Liga Patriótica editó un manifiesto fundacional (“¡Viva España!”) dirigido “A todos los buenos españoles” denunciando que en “este trozo de España que se llama Cataluña” unos malvados catalanes “pretenden intervenir en la conferencia de paz [de París] para que le sea concedida a Cataluña la independencia que los villanos sueñan les llegue impuesta por el mandato de Europa”, como Cuba al mediar EE.UU. El texto exhortaba “un día y otro día a aclamar ¡Viva España! para ahogar con él las vociferaciones de esos perros separatistas”. Si bien al regionalismo derechista de Cambó no se le podía tildar de “separatista” hay que tener en cuenta que en torno a los muy heterogéneos grupos que esos años eran partidarios de la Mancomunidad concurrían algunos elementos armados claramente separatistas (los llamados “escamots”) organizados por el ex – militar español Francesc Macià y que acabarían fundando Estat Català. Los obreros carlistas de la Liga Patriótica Española opondrían la violencia defensiva frente a las pretensiones de los lliguistas y los separatistas de tomar las calles con su propaganda.
El colectivo tuvo su sede sobre el teatro Petit Pelayo, en la Rambla (desde donde hostilizaba actos de signo nacionalista y de la Lliga), y su “grito de guerra” fue la canción “La hija de Malasaña” que cantaba en el teatro Goya la cupletista “Mary Focela” y concluía así:
“Lucho como una leona/ al grito de viva España!/ Y es que por mis venas corre/ la sangre de Malasaña”.
Sindicatos Libres: lucha por el obrero y defensa contra el anarquismo y el socialismo.
La denominación de “Libres” dejaba clara su independencia respecto de cualquier formación política así como respecto de la patronal, con el fin de asegurar una verdadera defensa de los intereses de los trabajadores. Como el carlista vizcaíno Pedro Ullaortua los definió “unidad de los trabajadores contra el sistema capitalista en total autonomía”. Sin embargo el carácter carlista de la doctrina que promovían era evidente, así como el legitimismo de sus miembros (y recíprocamente era enorme la cercanía de los Reyes Legítimos por dichos sindicatos). Y en su propaganda ambos aspectos quedaban claros, con la denuncia y la lucha contra separatistas, marxistas, liberales y anarquistas. Los Sindicatos Libres organizaron huelgas, bolsas de trabajo, seguros sociales y asistencia obrera. Su labor fue enorme para dignificar las condiciones de vida de las masas obreras, condenadas a la explotación por el liberalismo capitalista.
El Sindicato Libre pronto chocó con la CNT, y también hubo de hacer frente a la Patronal, que pretendía subordinarlo a sus intereses. Sin embargo, los Libres también crearon sus grupos de autodefensa armada. No obstante, los Libres estaban naciendo (murieron 53 dirigentes a manos de pistoleros anarquistas) y la pérdida de dirigentes les hacía más daño. Para colmo, las autoridades restauracionistas en premisa de proteger el orden liberal establecido detenía tanto a sindicalistas cenetistas como Libres. Para poder contextualizar esta violencia hay que tener en cuenta que en el anarquismo el pistolerismo y la extorsión llegó a convertirse en un modus vivendi creando auténticas organizaciones gansteriles, mientras que el uso de la violencia en los Sindicatos Libres solo era ocasional y respondía a exigencias de autodefensa. El pistolero cenetista José Serra reconoce en su libro de memorias “Diario de un pistolero anarquista” que en aquellos años “los límites entre la acción revolucionaria y la rapiña eran cada vez más difusos”.
En 1923, el Sindicato Libre contaba casi con 200.000 miembros, tres cuartas partes en Cataluña. Los Libres eran el sindicato de los trabajadores catalanes, frente a la querencia ugetista de los trabajadores emigrados de otras partes de España. El crecimiento había sido grande debido al interés de algunas agrupaciones sindicales por defender sus intereses profesionales y no preocuparles los fines revolucionarios y terroristas de los anarquistas. Estos sindicalistas se afiliaron a los Libres, como los únicos capaces de defenderlos frente a la Patronal conservadora, y el carácter no reivindicativo de los llamados sindicatos “católicos” (clericalistas).
Durante la dictadura del General Miguel Primo de Rivera (1923-1930) se extendió por toda España como Confederación Nacional de Sindicatos Libres e igualó en afiliados a la Unión General de Trabajadores socialista, pese a que dicha sindicato era promocionado por el Directorio Militar con el cual colaboraba. Muchos dirigentes de los Libres fueron encarcelados, algunos acusados de “catalanismo” solo por redactar propaganda en catalán, mientras que los dirigentes socialistas ocuparon puestos en el Consejo de Estado, Consejo de Trabajo, Consejo Interventor de Cuentas del Estado, Comisión Interina de Corporaciones, Consejo Técnico de la Industria Hullera, Tribunal de Cuentas y otros organismos; al tiempo que luchaban contra los sindicatos Libres. Caso singular se dio en la minería asturiana, donde la mayoría de los mineros eran carlistas y por presión de los dirigentes socialistas se prohibió cualquier tipo de sindicación que no fuese en la UGT.
La relación con los sindicatos “católicos” (clericalistas) fue difícil, debido a como hemos señalado a su carácter poco reivindicativo. Los Libres siempre dejaron claro que su acción iba en defensa estricta de los derechos profesionales del obrero y no se iban a plegar jamás a los intereses de los empresarios, como había pasado con algunos sindicatos profesionales y “católicos”, que habían nacido por el patrocinio de algunos notables conservadores (como el Marqués de Comillas) y se sentían obligados a defender el orden constituido.
No obstante, los católicos-libres fundados por los dominicos (el Beato José Gafo y Pedro Gerard) habían mantenido una postura más combativa en los intereses obreros y mantenían un buen diálogo con los carlistas. Estos sindicatos tenían casi su única fuerza en la región vascongada y en Navarra por lo que la simbiosis carlista y sindicalista se daba en muchas zonas como Azpeitia. Esta amistad se prolongaría de tal modo que en 1924 en el congreso de Pamplona decidieron fusionarse en la Confederación Nacional de Sindicatos Libres.
Persecución y martirio
Tras la proclamación de la Segunda República, comenzó una represión feroz contra el Sindicato Libre, auspiciada por el abogado ex-cenetista y presidente de la Generalidad de Cataluña, Luis Companys, del partido ERC que suscribió el llamado Pacto del Hambre, por el cual la patronal acordó con la CNT y la UGT no contratar a ningún trabajador afiliado a los Sindicatos Libres. Unos 4.000 trabajadores catalanes fueron afectados por dicha medida, quedando más de 200 que por edad no pudieron trabajar nunca más condenados a la pobreza y a la marginalidad.
Ramón Sales tuvo que exiliarse a Francia, donde vivió de albañil y otros oficios. En 1935 volvió a Barcelona en la clandestinidad. Su ausencia determinó una infiltración de elementos del Bloque Nacional de José Calvo Sotelo en los mismos, lo que provocó ciertas divisiones en el sindicalismo carlista.
Capturado por milicianos de la CNT en la primavera de 1936, se escapó el 19 de julio y volvió a huir a Francia. Retornando de nuevo para organizar la quinta columna barcelonesa fue capturado el 30 de octubre y descuartizado vivo en las Ramblas, ante las oficinas de Solidaridad Obrera: "Encadenaron los pies y las manos de Sales a cuatro camiones. Acto seguido los camiones emprendieron la marcha, en direcciones distintas."
Con el estallido del Alzamiento el 18 de julio, algunos miembros sindicales consiguieron unirse a los sublevados. Entre ellos, Augusto Lagunas, Ramón Colom y Pedro Navarro murieron en combate, otros como José Baró, Jaume Fort y Anselm Roig fueron fusilados por la FAI-CNT.Nuestra más sentida deuda de gratitud al mártir de la lucha por los derechos de los trabajadores Ramón Sales Amenós.
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( Propaganda de los Sindicatos Libres: su encarnación persigue al anarquismo, el separatismo, la masonería, el comunismo y el judaísmo)
El Piquete. Página obrera carlista
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Re: Respuesta: Carlismo: ¿qué me recomendáis?
APOSTILLAS A UN ANTEPROYECTO DE ESTATUTO VALENCIANO, JULIO DE 1931
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Este artículo firmado por Juan Soler García fue publicado en el nº 444 del semanario valenciano "El Tradicionalista" con fecha del 16 de julio de 1931.
Pinchar sobre la imagen para ampliarlo y poder leerlo.
Sin duda un documento interesante, que nos muestra cómo los problemas y debates de ayer siguen muy presentes en la actualidad.
Publicado por CTC - HYC en 7/06/2010 01:28:00 PM 0 comentarios http://img1.blogblog.com/img/icon18_email.gif http://img2.blogblog.com/img/icon18_edit_allbkg.gif
Etiquetas: Documentos, Fueros, II República
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Re: Carlismo: ¿qué me recomendáis?
El llamado blog "Carlismo Historia y Cultura" del que se han puesto varios enlaces en este hilo hay que tomarlo con muchísima cautela porque cada vez es mayor el número de mercancias averiadas que están colando. Al margen de las noticias sesgadas y cuidadosamente manipuladas de lo que tenga que ver con la actualidad del Carlismo --curioso método histórico marxista usado en un blog que se dice carlista--, las querencias prohugonotes de dicho blog (y eso que paradójicamente si algo de valor tiene ese blog es gracias a las aportaciones documentales de una margarita sixtina del Reino de Valencia) son excesivas. El último ejemplo lo tenemos con la publicación de un delirante artículo contra los Sindicatos Libres y contra los carlistas catalanes que los promovieron, atreviéndose a contar la infamia de que Ramón Sales fue expulsado de la Comunión Tradicionalista y el disparate de que Don Jaime ordenó a los carlistas a salirse de los Libres a instancias ni más ni menos que del mindundi anarquista Ángel Pestaña porque practicaban el pistolerismo (se dá la circunstancia de que Don Jaime de incognito participó con el Requeté en varios tiroteos, con muertos de por medio, contra los revolucionarios). Vamos, la mentira huguista de que Don Jaime, el Rey carlista que más alabó la bandera roja y gualda, era un rojo, por eso venia cualquier capullo revolucionario a verlo y su opinión valía más que la de todos los carlistas de España. Lamentable que se prodiguen esas mentiras.
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Re: Carlismo: ¿qué me recomendáis?
Lo que dijo Pemán
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http://andaluciacarlista.com/wp-cont...an-300x254.jpgDijo una vez José María Pemán: “España os debe un homenaje de gratitud y de justicia a vosotros, hombres de la Comunión Tradicionalista, que durante un siglo habéis permanecido, con la terquedad incomprendida de vuestra convicción, firmes, a pie quieto, en el mismo punto a donde el mundo, después de un largo rodeo y desengañado, empieza a llegar ahora escarmentado y convencido. España os debe un homenaje de gratitud, digo, porque si en estos momentos de ruina España tiene un ideal puro, y una tesis íntegra, y un sistema de conjunto a donde volver los ojos, es porque vosotros, por encima de toda claudicación, habéis sabido mantener ese ideal, esa tesis y ese sistema. “. Con todo, en La Historia de España contada con sencillez se explayó todavía mejor.
Pemán fue un excelso gaditano y eso es decir mucho, pues Cádiz ha sido, es y será cuna de talentos. Además, según el rockero Silvio, en Cádiz era donde estaba la gracia mientras que en Sevilla lo que había era guasa. El problema de Pemán es que, como Donoso Cortés y José Calvo Sotelo, tropezó en la misma piedra y puso su enorme lucidez al servicio de la usurpación.
Aparte, el problema al que someten a Pemán es el canallesco olvido de las instituciones por uno de los mejores hombres de letras que ha tenido España en los últimos tiempos.
Nosotros, carlistas del siglo XXI, recogemos lo mejor de nuestros mayores y aprendemos de los errores del pasado. Como avanzadilla perenne de esa España genuina que no quiere morir, una vez más tendemos la mano a todos aquellos españoles de buena voluntad que como Pemán supieron hablar a las claras, pero teniendo siempre presente el legitimismo para que no se vuelva a tropezar.
El marqués de Almedina
Tags: carlismo, Pemán
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Re: Carlismo: ¿qué me recomendáis?
Aún me estoy leyendo el libro, es de lo mejor que he tenido entre mis manos:
La editorial Maxtor tiene como principal objetivo rescatar libros de interés que, al tiempo, son difíciles de encontrar por haber desaparecido del mercado editorial. De hecho, procuran no editar títulos que tengan amplia circulación. Todo ello, unido a los buenos precios y la calidad de su presentación, hace que dichas ediciones pueden llegar a todos los amantes de los libros así como a investigadores de nuestro pasado.
Una de estas obras es la “Historia del Carlismo” de Román Oyarzun publicada por primera vez por la Editora Nacional en 1939 y reproducida por Maxtor ahora en su versión de 1944. Posteriormente a esta última fecha hubo otra edición en Alianza Editorial.
Testigo y protagonista de parte de la historia que relata, el navarro Ramón Oyarzun (1882-1968) es el autor de una obra clásica sobre la historia del carlismo y prácticamente única —en paralelo a la monumental y no menos inencontrable de Ferrer, Tejera y Acedo— hasta la reciente renovación de la historiografía sobre este movimiento sociopolítico promovida recientemente por autores como Alfonso Bullón de Mendoza.
No conviene perder la perspectiva del momento de la publicación de la obra de Oyarzun para entender tanto la atención preferente a los aspectos militares con cierta marginación de la vertiente más propiamente política del carlismo como posibles inexactitudes más fácilmente constatables a la luz de las aportaciones que se han hecho con posterioridad. No se olvide tampoco que para entonces, predominaban las obras de matriz liberal como la archiconocida “Historia de la Guerra Civil” de Pirala, “deficiente en su técnica y recusable por su parcialidad” en expresión de M. Fernández Almagro. De hecho, en la segunda edición, el propio Román Oyarzun da respuesta a alguna de las tempranas objeciones que se hicieron a su obra.
No es el caso del citado Fernández Almagro quien la recomendaba en las páginas del dinástico ABC: “Lo mucho que sugiere, al hilo de la narración, acredita que se trata de una obra viva y en pie: aportación estimabilísima al conocimiento histórico de un fenómeno políticomoral como lo fue el carlismo, aliento romántico de una sociedad que, despistada, tanteó dramáticamente los varios caminos que hubo de presentarle el siglo XIX, con sus características encrucijadas” (18-agosto-1939).
Comienza la obra con los necesarios antecedentes para pasar a ocuparse en los capítulos 2 al 14 de la primera guerra carlista en sus diferentes escenarios, principalmente el norte y el Maestrazgo sin olvidar las expediciones que recorrieron el territorio en manos de los liberales sin lograr fruto notable por razones todavía difíciles de explicar.
El reinado de Carlos VI está marcado por la guerra de los “matiners” y el fracaso desembarco de San Carlos de la Rápita (capítulos 15 al 17) y el Sexenio Revolucionario que conduce a una verdadera descomposición nacional acaba desembocando en la tercera guerra (capítulos 20-29).
Los últimos capítulos del libro recorren de manera un tanto apresurada el tiempo que va desde la reconstrucción del carlismo en los duros años de la Restauración hasta la Segunda República y la propia Guerra Civil. Interesante, porque muchos todavía se refieren a este asunto con interesada confusión, es la distinción entre el carlismo y el separatismo con la que se cierra la obra.
Llamamos desde aquí la atención sobre la labor editorial promovida desde Maxtor y deseamos que la recuperación de esta historia del carlismo abra paso a nuevas ediciones de libros, ahora de difícil acceso, que arrojan luz sobre la historia tan deformada de la España contemporánea.
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http://www.religionenlibertad.com/imagenes/sp.gif Autor: http://www.religionenlibertad.com/imagenes/sp.gif Román Oyarzun http://www.religionenlibertad.com/imagenes/sp.gif
http://www.religionenlibertad.com/imagenes/sp.gif Editorial: http://www.religionenlibertad.com/imagenes/sp.gif Maxtor http://www.religionenlibertad.com/imagenes/sp.gif http://www.religionenlibertad.com/imagenes/sp.gif Páginas: http://www.religionenlibertad.com/imagenes/sp.gif 509 páginas http://www.religionenlibertad.com/imagenes/sp.gif http://www.religionenlibertad.com/imagenes/sp.gif Precio
"Historia del Carlismo" de Romn Oyarzun - ReL
http://www.religionenlibertad.com/imagenes/sp.gif 29 euros
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Re: Carlismo: ¿qué me recomendáis?
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Albacete, octubre 2010, mes del Santo Rosario. Desde hace unos meses está disponible en las librerías de Albacete, Murcia y Alicante el trabajo La verdadera historia (si es que alguna historia es verdadera) de Ramón García Montes, Roche. De coronel carlista a bandido forzado, en tierras de Alicante, Albacete y Murcia, de la catedrática de Lengua y Literatura castellana María Jesús Ortiz López, natural de Fuente Álamo (Albacete). La autora es una prolífica investigadora de temas etnológicos e históricos, sobre todo de la zona de las comarcas de La Mancha de Montearagón, el Corredor Ibérico (zonas del antiguo Marquesado de Villena) y los Reinos de Valencia y Murcia.
Ramón García Montes, Roche, responde a un arquetipo relativamente común en el mundo hispano convulsionado por el asentamiento de las estructuras institucionales liberales y revolucionarias, lo que hace que muchos combatientes tradicionalistas, ante la lejanía de la frontera, opten por mantenerse en el interior de España pero al margen de las autoridades de la usurpación revolucionaria. Allí esperarán el momento adecuado para volver nuevamente al alzamiento general. Con el único ánimo de subsistir practicaron excepcionalmente algún acto de pillaje, pero jamás hicieron de ello su modus vivendi. Lo que contrastaba con otros bandidos que han pasado a la posteridad por sus actividades puramente criminales, no pocas de ellas a sueldo de los liberales, como el caso del Chato de Enguera. Ese arquetipo, desfigurado en cierto modo por la confusión que el romanticismo emanó por su idealización del bandolerismo, es el encarnado por Roche en las sierras de La Mancha de Montearagón (en la actual provincia de Albacete), como fue encarnado también por Tomás Peñarrocha, El Groc, en el Maestrazgo o Gregorión en La Montaña. Y que fue novelado magníficamente por Marià Vayreda en La Punyalada. Sus nombres han pasado a la Historia y a la intrahistoria con la etiqueta de "bandidos", lanzada por sus enemigos, al igual que en el Reino de Nápoles así se llamó a los que defendían la Tradición frente a la unificación garibaldina. Adjetivación esta que no les hace justicia.
Con este libro se pone al personaje en su verdadera dimensión. En contra de lo que podría deducirse del título del libro nos encontramos ante la verdadera historia de Roche, con el estudio más detallado y riguroso que hasta la fecha se ha hecho de su figura. Y así lo pone de manifiesto en el prólogo don Victoriano Polo García, catedrático de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Murcia y biznieto de Roche: "El resultado de la investigación es admirable, objetivo y bien centrado. El protagonista perfila su figura poco a poco, apoyado en los datos de la documentación abundante y bien discernida, proyectado su primer plano en el fondo ambiental de la época y la zona que conoció sus aventuras y andanzas. [...] Los familiares del coronel carlista D. Ramón García Montes recibimos con agradable sorpresa el fruto intelectual y erudito, del minucioso y brillante trabajo de la profesora Ortiz".
El libro menciona entre sus fuentes documentales el artículo del carlista albaceteño Javier Verdejo publicado en el desaparecido cuaderno de bitácora Albacete Carlista, del Círculo Marqués de Villores, "Ramón Roche, carlista irreductible de la sierra de Liétor", así como otras fuentes manejadas en el citado artículo. Además es destacable la labor de recopilación de la riquísima tradición oral (debidamente separado el mito de la realidad) emanada de los pueblos en que actuó Roche, la documentación de los expedientes civiles (de cómo las autoridades liberales se empeñaban en indagar sobre las ideas de las gentes, pese a consagrar teóricamente la libertad de pensamiento) y militares de Roche. Estos últimos tienen una gran importancia, pues los propios enemigos reconocen el enorme valor y las virtudes militares de Roche. Por último es igualmente reseñable el destacable archivo gráfico de fotografías familiares y lugares. La introducción que se hace sobre la historia del Carlismo es además bastante aceptable, con abundante documentación gráfica sobre los Reyes carlistas.
Se puede solicitar el libro a través de la web Mis Literatura - lopezmegias.com
Ortiz López, Mª Jesús, La verdadera historia (si es que alguna historia es verdadera) de Ramón García Montes, Roche. De coronel carlista a bandido forzado, en tierras de Alicante, Albacete y Murcia. Prólogo de Victorino Polo García. Imprime: Diego Moreno. La Alberca (Murcia), 2010. ISBN 978-84-613-6751-1. Depósito Legal MU-246-2010. PVP 12,00
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Re: Carlismo: ¿qué me recomendáis?
Carlismo no es Romanticismo
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Oficiales y soldados requetés. 1937 (Láminas de Kemer)
Carlismo no es Romanticismo
Carlismo y Romanticismo. — Sátiras. — Generaciones carlistas. — Actitud de sacrificio.
Carlismo y Romanticismo
El Carlismo, contra cualquier apariencia engañosa, no es una causa romántica. Aunque sus gestas y sus hombres hayan podido servir en alguna ocasión de motivo a escritores románticos, la ideología sigue bien claramente una inclinación clásica, ya que busca la norma, la sujeción, el encuadramiento y el orden, frente a todas esas insubordinaciones de que hace gala el romanticismo, que más bien puede congeniar y desarrollarse en un mundo de tono liberal, en el que tan sólo pueden caber las despreocupaciones, los sentimentalismos anárquicos, el agnosticismo, las revoluciones, etcétera, que caracterizan lo romántico.
No olvidemos que el Carlismo, precisamente por descansar sobre una base religiosa, tiene que estar en contra de las tres R enemigas del catolicismo que señalaba Donoso Cortés: Reforma, Revolución y Romanticismo. Y por si esto fuera poco, por militar, por castrense, el Carlismo tampoco puede tener ninguna vinculación con lo romántico. El Carlismo político, en el que tiene inmensa influencia el Carlismo militar, es áspero, duro y flexible a la vez. Quizá como el significado vascuence del apellido de su caudillo, el general Zumalacárregui [1], que por cierto no tenía nada de romántico, aunque Jarnes titulara su biografía: Zumalacárregui: Caudillo romántico. Jesús Evaristo Casariego nos dice:
«Sé que podrán decir algunos que el romanticismo es la rebeldía; pero me adelanto a decirles que el Carlismo ha sido, a lo largo de siglo y pico, precisamente la rebeldía contra la rebeldía. Los rebeldes eran los liberales, y así se les denomina en toda la copiosa documentación oficial de Carlos V y de Carlos VII. Los carlistas representaban la continuidad histórica que se había roto a la muerte de Fernando VII. Mella tiene sobre esto juicios bellísimos y definitivos.
Nada tuvo el Carlismo de romántico. En cambio, eso sí, fue mirado muy románticamente por algunos extranjeros como Labadie, Maistre, y el propio Marx, quien en 1849, en unos artículos que publicó en la Nueva Gaceta Renana, veía en las luchas de Carlos V un simple alzamiento de los vascos "oprimidos", olvidándose de la extensión nacional de aquella guerra y del patriotismo español que la animaba.
En cambio, otros escritores y políticos de la época romántica ven en el Carlismo una cosa clásica. Borrow, en su libro La Biblia en España, dice que nuestras guerras civiles fueron hechos normales, producidos por la colisión entre el derecho revolucionario (romántico) y el antiguo (clásico)» [2].
Quizá la visión equivocada del Carlismo se deba a la circunstancia de que sus gestas, sus proezas, como antes decíamos, sirvieron de motivo para sus obras a escritores de tipo romántico, bohemios, ateos y revolucionarios. No poco ha contribuido a ello el que Valle Inclán, Pío Baroja y hasta Unamuno dedicaran a temas carlistas algunas de sus páginas.
Sátiras
De ahí a considerar al Carlismo como tema de escritos humorísticos hay tan sólo un paso, aunque parezca mentira. No pocos chistes y comentarios satíricos hizo la prensa liberal y revolucionaria, que generalmente estaban llenos de una sangrante ironía contra las personas y las ideas de la Causa. Al Carlismo cabe la gloria de que en la mayor parte de ellos lo que se hacía era, sin darse cuenta, un auténtico elogio, ya que la burla iba dirigida en realidad al espíritu religioso, al sentido autoritario y patriótico del Carlismo, a su sentido tradicional y antirrevolucionario; de todo lo cual, en verdad, a no ser por la forma chabacana y ruin de que solían ir revestidos, ningún carlista se hubiera avergonzado y menos molestado.
Cuando allá por el año 1920 se corrió la voz de que don Jaime se trasladaba a América, una conocida revista madrileña se mofaba así de los carlistas (entonces denominados jaimistas):
«Francia tiene su nacionalismo, y Portugal, su miguelismo. En ambos partidos, como en nuestros carlistas, figuran gentes serias, limpias, linajudas y enamoradas de la comodidad. Suelen vestir bien y comer en restaurantes elegantes. Todos sabemos que no ofrecen el menor peligro, que jamás harán daño a nadie; pero nos gustan sus modales de conspiradores bien educados, u oírles hablar del «señor» y decir que «cuando se echen al campo». Sabemos que tienen una boina guardada en un armario, una boina roja, y muchas veces les preguntamos por ella. Ahora, sin príncipe ya, ¿qué harán de esa boina, de las frases líricas y del airéenlo de conspiradores?» .
No nos resistimos, claro está, a utilizar estas «graciosas» parrafadas del «muy inteligente» humorista, para, apoyándonos en ellas, hacer un comentario que si bien hoy no tiene actualidad, sí la tuvo hace veinte años, y que aunque no es de desear, ni mucho menos, que vuelva a tenerla, siempre sería útil tener en cuenta, pues siempre hay personas que por tomar a broma cosas que son veneradas por otros, dicen auténticas nimiedades y se desprestigian como adivinadores de lo por venir. Precisamente don Jaime, al cual algunos han podido suponer desinterés por la causa que regía, nunca tuvo miedo, y había dicho con acento bien categórico: «Jamás el terror a las iras terroristas me hará retroceder un solo paso en el camino del deber. Soy español y en mi programa no hay sitio para el miedo.» [3].
En las columnas de El Pensamiento Navarro, de Pamplona, el conocido S.A.B. comentó así, con su peculiar estilo, aquel texto humorístico:
«Si los hombres que han querido tomarlo todo a broma, se detuviesen alguna vez a pensar ante los cataclismos que nada han hecho por evitar, podrían decir: ¡Cuántas majaderías e idioteces hemos dicho en nuestra vida! Porque ese humorista habrá visto ya lo que "nuestros carlistas" han hecho con la boina roja. A él le cogió el Alzamiento en Madrid, y pese a su liberalismo, a su republicanismo, a sus cuchufletas contra don Jaime y los jaimistas, tuvo que buscar refugio seguro para que no lo "paseasen". Es posible que entonces deseara que las boinas rojas entraran en la capital de España para darle libertad. De todos modos, cuando pudo salir de aquel infierno para volver a España, desde la frontera hasta las mismas avanzadas, en millares de desfiles fúnebres, en las camas de los hospitales, pudo ver las boinas rojas que él trata de ridiculizar, y que el 19 de julio se pusieron millares de hombres de corazón, mientras sus ridiculizadores se escondían y permanecían impasibles porque lo de morir por Dios y por España no iba con ellos, pues era cosa de hombres. Porque don Jaime y los carlistas, con "pose" de conspiradores, que hablaban de "echarse al campo" para los momentos de peligro para la Patria, crearon aquella casta de héroes; los únicos que no crearon nada, como no fuera pasto y carne de milicianada, fueron los humoristas, un tanto volterianos, que por hacer reír a los de su calaña, cometieron la injusticia de burlarse de lo que sólo merecía aplausos y al cabo del tiempo sería honrado con el homenaje nacional, porque antes lo habían honrado los que se pusieron la boina roja para morir por ella y con ella en defensa de la Patria» [4].
Generaciones carlistas
Y es que debe tenerse en cuenta, si quiere valorarse lo que es el Carlismo, que no es una «pose», ni una actitud accidental y transitoria, ni un ideal ligero inventado por algún hombre, sino más bien una especie de ley de herencia que alcanza ya a seis generaciones, a las cuales se van incorporando, voluntariamente, nuevos hombres que por convicción racional y dedicación sentimental consagran a la Causa todo lo que son y tienen, y, sobre todo, se preocupan por transmitir a sus hijos el ideal, la actitud, el historial y el orgullo de ser carlistas; que por lo menos tienen, como decía un escritor, «la conciencia limpia de pecados capitales contra España», consecuencia de una gran lealtad, de un gran desinterés y desprendimiento, y de una continua renunciación en las horas en que otros, no tan desprendidos, saltaron fácilmente la tapia que hay entre el «servir a» y el «servirse de».
Actitud de sacrificio
En las viejas familias españolas, en muchas de las cuales hubo hijos de todos los colores políticos durante los años de la descomposición liberal, ya se sabía, por una especie de ley, que aquel que se adscribía al carlismo echaba sobre sí la pesada losa de un servicio vigilante y tenso, de una integridad que a veces parecía exagerada, de una escrupulosidad no usada, y sobre esa losa se encaramaban montones de duendecillos que martirizaban al que estaba debajo, censurando su actitud, a la que acusaban incluso de poco cristiana, después de tacharla de poco práctica, eficaz, comprensiva, etc. Pero aquellos hombres no eran unos cobardes, ni unos equivocados... ya que el tiempo se dedicó a darles después la razón... ¿qué eran, pues? La historia los ha juzgado duramente, pero en esa dureza puede encontrarse el mayor elogio quizá, ya que era necesario que hubiera hombres que se dedicaran a ser así. Como premio a ello, sólo esperaban dos cosas: morir tranquilos, muy tranquilos, muy contentos, cuando les llegara su hora, y algunos ver en vida, que, de cuando en cuando, gracias a su actitud, además de salvar sus ideas, España se salvaba de un cataclismo.
NOTAS
[1] Casariego, Jesús Evaristo: La Verdad del Tradicionalismo. – Madrid, 1940. Talleres Gráficos, Ibiza, 11, nos recuerda que zuma quiere decir en vascuence: mimbre, y lakarra: áspero, duro (pág. 132).
[2] Casariego: Op. cit., pág. 134.
[3] Burgo, Jaime del: Requetés en Navarra antes del Alzamiento. – Editorial Española, S. A. San Sebastián, 1939.
[4] SAB: Los quiebras del humorismo. Relente. – «El Pensamiento Navarro». Pamplona, 25 de febrero de 1939.
FUENTE
General L. Redondo y Comandante J. de Zavala, El Requeté. – Barcelona, 1957. Editorial AHR (págs. 32-36).
Núcleo de la Lealtad
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Re: Carlismo: ¿qué me recomendáis?
1968. Montejurra y Quintillo
El Carlismo - Artículos de historia
Domingo gris, nebuloso, cargado de humedad con esporádicas lluvias que parecían querer zancallidear la jornada que se preparaba. Sin embargo, desde primeras horas de la mañana, bien de madrugada, las boinas rojas se encargaron de poner una nota de color mucho más alegre, y fueron llegando uno y a otro lado de Irache centenares de autobuses y miles de pequeños turismos abarrotados de gentes ufanas, juventud y personas mayores con un entusiasmo que hacía presumir lo imponente de la manifestación. Además, los caminos de acceso a Montejurra, de todos los pueblos de sus inmediaciones e incluso de otros separados por varios kilómetros, estaban repletos de carlistas marcando la ruta con el trazo rojo de sus boinas como amapolas que hubieran sido intencionadamente sembradas entre los verdes trigales de la comarca. De forma que a las nueve de la mañana, las inmediaciones de Irache estaban totalmente repletas, acudiendo gentes de toda España a la llamada de los altavoces que entonaron himnos carlistas, con intercalación de consignas.
Apoteósico recibimiento
Aproximadamente a las diez de la mañana llegaron directamente a la campa de Irache la princesa Doña Irene y la Infanta Doña María Teresa que fueron acogidas atronadoramente. Los requetés de escolta se las vieron y desearon para proporcionarles un mínimo espacio vital, mientras las Señoras saludaban gentilmente a todos.
Sus Altezas pasaron revista a dos Tercios de Requetés, ac ompañadas del Jefe regional, señor San Cristóbal, y del comandante Elena. Presidieron a continuación el desfile de los voluntarios que marchaban con banderas y bandas.
Doña Irene vestía un traje beige-blanco y se cubría con boina blanca, flordelisada; Doña María Teresa vestía un traje sport verde y se tocaba con boina roja.
Vía Crucis
A pesar de la lluvia, las Señoras iniciaron a pie la subida, siguiendo con todos el rezo del Santo Rosario y el ejercicio del Vía Crucis, que dirigía el catedrático y capellán de la Hermandad don Joaquín Vitrián.
En la cumbre
A la cumbre comenzaron a llegar los primeros grupos densos a eso de las 11’30. En los micrófonos, don Pedro Lombardía y el estudiante don José Fermín Arraiga, glosaban la significación del acto. La perfecta separación entre lo puramente religioso y lo netamente político, y en lo religioso, el sentido de este momento masivo en sufragio de las almas de nuestros héroes y mártires. Se prohibió terminantemente el reparto de octavillas durante las celebraciones religiosas.
Cuando faltaban cuatro cruces para que llegaran a la cumbre las Señoras y el grueso de los peregrinos ya la cumbre estaba literalmente rebasada. Ningún año ha estado tan absolutamente llena y desbordada como este.
Durante la espera, la banda de cornetas y tambores del Requeté y Círculo de Sangüesa amenizó a los congregados, y entonó la Marcha de Infantes cuando llegaron sus Altezas, que fueron recibidas con enorme entusiasmo. A pesar de los esfuerzos del Requeté de contención, que mandaban Bonafau y Astrain, el cordón fue roto.
Santa Misa
Celebró la Santa Misa el capellán de la Hermandad. Dirigió oraciones, salmos y cánticos el párroco de Cizur, don Javier Lorente. Las Señoras ocuparon reclinatorios. En lugares destacados vimos, entre otros, a don Manuel Piorno y don José Puig, delegados regios y miembros de la Junta Suprema: don José María de Zavala, secretario general de la Comunión, el Jefe regional de Navarra y los miembros de esta Junta, señores Martínez Erro y Jordán de Urries.
La Misa fue emocionantemente comunitaria. Comulgaron Señoras y algunas autoridades.
Un detalle elegante: una avioneta del Real Aeroclub de Navarra arrojó un ramo de claveles, que Doña Irene entregó para que se depositara a los pies del Cristo negro.
Se rezaron responsos por todos los Mártires, por un requeté riojano muerto en accidente cuando venía a Montejurra –también murió según nos comunican una margarita vizcaína- y por uno de los fundadores del Vía Crucis: el señor Larumbe.
Dicastillo, Irache, Estella
Las señoras, que fueron despedidas con amor de delirio, bajaron a Dicastillo, donde visitaron a las familias Barbarín y Landa, y gustaron un vino navarro. De allí, por expreso deseo de Doña Irene y a pesar del pésimo tiempo, regresaron a Irache para almorzar al aire libre, en medio de centenares de carlistas. Les acompañaban, entre otras damas, las señoras Palomino, Zavala y doña María Asunción Suárez de Figueroa, señora de San Cristóbal –que el día anterior había ofrecido a Sus Altezas y autoridades de la Comunión un agasajo en su casa de Pamplona- y Pilar Díaz Iribarren.
En Estella, bares, fondas, restaurantes y asadores estaban no ya al completo, sino con las escaleras llenas de aspirantes a una silla vacía. El almuerzo oficial tuvo lugar en El Oasis, y fue presidido por el Presidente de la Junta Suprema, don Juan José Palomino –que fue muy ovacionado a su llegada-, María Pilar Fernández, como secretaria de la Hermandad, y los señores Piorno, Puig Pellicer, Zavala, San Cristóbal, Martínez Erro, Jordán de Urríes, el capellán nacional don Edistio Sancho y don Julio Ros, en representación de la Junta de Estella. Hubo numerosísimos comensales.
Aplausos bajo la lluvia
Las Señoras, en un jeep descubierto y bajo la lluvia –pues quisieron, tanto durante el almuerzo como a la tarde, participar de las incomodidades debidas a la adversa meteorología-, entraron en Estella y dieron una vuelta a la plaza de los Fueros. Es imposible describir aquel ahogo de apreturas, aquel atronar de ovaciones, aquel continuo oír vivas a la Familia Real de España. Baste un dato: en recorrer el trayecto entre la estación y la plaza, y circunvalar esta, las Señoras –conducidas por don Juan Andrés Ruiz de Alda- tardaron casi media hora. Era imposible contener el entusiasmo, a pesar de que los Requetés y los legionarios de escolta se emplearon a fondo.
Después, las señoras, acompañadas del secretario de Don Carlos, señor Romera, emprendieron viaje de regreso a Madrid.
Acto Político
La multitud, como puede verse en las fotografías, abarrotaba absolutamente la plaza –salvo espacio cercado de las obras del quiosco- y las bocacalles y calles adyacentes. Y escuchó en un impresionante silencio, solo roto por los aplausos, los discursos. Ningún año anterior habíamos observado tal silencio, incluso en los bares y en los porches. La multitud quería oír lo que oyó, y refrendó las palabras con ovaciones múltiples. Pancartas muy rotundas pedían autenticidad y representatividad sindicales, soluciones para la Universidad de oportunidades culturales, políticas y sociales.
El Jefe regional saludó a todos y leyó un Mensaje de Don Javier. El procurador en Cortes por Navarra, don Auxilio Goñi, pronunció un discurso muy meditado y muy bien acogido. El abogado riojano don Santiago Coello hizo vibrar a todos con su parlamento, en nombre de la juventud. Finalmente, el secretario general de la Comunión leyó una declaración de la Junta Suprema sobre el actual momento político. Declaración que ha sido facilitada a la Prensa y que sentimos no poder publicar, por causas que no son falta de deseo.
Todos fueron muy ovacionados. Finalmente, y a la voz del Presidente de la Junta Suprema, señor Palomino, todos entonaron el Oriamendi, dieron vivas a Cristo Rey, a España, a los Fueros y a la Familia Real.
Queremos señalar que este año, el horario se cumplió a rajatabla, y como siempre, el orden fue perfecto.
Quintillo 1.968
En competencia con Montejurra, el Quintillo dio este año una colosal concentración, con asistencia de las mismas personas reales que en Montejurra, Doña Irene y Doña María Teresa de Borbón Parma. Nuestros lectores podrán admirar distintas escenas, en el altar, formación de requetés, etc., y en la tribuna con Doña Irene y Doña María Teresa a Don Manuel Fal Conde, Duque de Quintillo.
Artículo y fotos publicados en el número 37 de la revista Montejurra. Mayo de 1.968
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Re: Carlismo: ¿qué me recomendáis?
1968. Montejurra y Quintillo
El Carlismo - Artículos de historia
Domingo gris, nebuloso, cargado de humedad con esporádicas lluvias que parecían querer zancallidear la jornada que se preparaba. Sin embargo, desde primeras horas de la mañana, bien de madrugada, las boinas rojas se encargaron de poner una nota de color mucho más alegre, y fueron llegando uno y a otro lado de Irache centenares de autobuses y miles de pequeños turismos abarrotados de gentes ufanas, juventud y personas mayores con un entusiasmo que hacía presumir lo imponente de la manifestación. Además, los caminos de acceso a Montejurra, de todos los pueblos de sus inmediaciones e incluso de otros separados por varios kilómetros, estaban repletos de carlistas marcando la ruta con el trazo rojo de sus boinas como amapolas que hubieran sido intencionadamente sembradas entre los verdes trigales de la comarca. De forma que a las nueve de la mañana, las inmediaciones de Irache estaban totalmente repletas, acudiendo gentes de toda España a la llamada de los altavoces que entonaron himnos carlistas, con intercalación de consignas.
Apoteósico recibimiento
Aproximadamente a las diez de la mañana llegaron directamente a la campa de Irache la princesa Doña Irene y la Infanta Doña María Teresa que fueron acogidas atronadoramente. Los requetés de escolta se las vieron y desearon para proporcionarles un mínimo espacio vital, mientras las Señoras saludaban gentilmente a todos.
Sus Altezas pasaron revista a dos Tercios de Requetés, ac ompañadas del Jefe regional, señor San Cristóbal, y del comandante Elena. Presidieron a continuación el desfile de los voluntarios que marchaban con banderas y bandas.
Doña Irene vestía un traje beige-blanco y se cubría con boina blanca, flordelisada; Doña María Teresa vestía un traje sport verde y se tocaba con boina roja.
Vía Crucis
A pesar de la lluvia, las Señoras iniciaron a pie la subida, siguiendo con todos el rezo del Santo Rosario y el ejercicio del Vía Crucis, que dirigía el catedrático y capellán de la Hermandad don Joaquín Vitrián.
En la cumbre
A la cumbre comenzaron a llegar los primeros grupos densos a eso de las 11’30. En los micrófonos, don Pedro Lombardía y el estudiante don José Fermín Arraiga, glosaban la significación del acto. La perfecta separación entre lo puramente religioso y lo netamente político, y en lo religioso, el sentido de este momento masivo en sufragio de las almas de nuestros héroes y mártires. Se prohibió terminantemente el reparto de octavillas durante las celebraciones religiosas.
Cuando faltaban cuatro cruces para que llegaran a la cumbre las Señoras y el grueso de los peregrinos ya la cumbre estaba literalmente rebasada. Ningún año ha estado tan absolutamente llena y desbordada como este.
Durante la espera, la banda de cornetas y tambores del Requeté y Círculo de Sangüesa amenizó a los congregados, y entonó la Marcha de Infantes cuando llegaron sus Altezas, que fueron recibidas con enorme entusiasmo. A pesar de los esfuerzos del Requeté de contención, que mandaban Bonafau y Astrain, el cordón fue roto.
Santa Misa
Celebró la Santa Misa el capellán de la Hermandad. Dirigió oraciones, salmos y cánticos el párroco de Cizur, don Javier Lorente. Las Señoras ocuparon reclinatorios. En lugares destacados vimos, entre otros, a don Manuel Piorno y don José Puig, delegados regios y miembros de la Junta Suprema: don José María de Zavala, secretario general de la Comunión, el Jefe regional de Navarra y los miembros de esta Junta, señores Martínez Erro y Jordán de Urries.
La Misa fue emocionantemente comunitaria. Comulgaron Señoras y algunas autoridades.
Un detalle elegante: una avioneta del Real Aeroclub de Navarra arrojó un ramo de claveles, que Doña Irene entregó para que se depositara a los pies del Cristo negro.
Se rezaron responsos por todos los Mártires, por un requeté riojano muerto en accidente cuando venía a Montejurra –también murió según nos comunican una margarita vizcaína- y por uno de los fundadores del Vía Crucis: el señor Larumbe.
Dicastillo, Irache, Estella
Las señoras, que fueron despedidas con amor de delirio, bajaron a Dicastillo, donde visitaron a las familias Barbarín y Landa, y gustaron un vino navarro. De allí, por expreso deseo de Doña Irene y a pesar del pésimo tiempo, regresaron a Irache para almorzar al aire libre, en medio de centenares de carlistas. Les acompañaban, entre otras damas, las señoras Palomino, Zavala y doña María Asunción Suárez de Figueroa, señora de San Cristóbal –que el día anterior había ofrecido a Sus Altezas y autoridades de la Comunión un agasajo en su casa de Pamplona- y Pilar Díaz Iribarren.
En Estella, bares, fondas, restaurantes y asadores estaban no ya al completo, sino con las escaleras llenas de aspirantes a una silla vacía. El almuerzo oficial tuvo lugar en El Oasis, y fue presidido por el Presidente de la Junta Suprema, don Juan José Palomino –que fue muy ovacionado a su llegada-, María Pilar Fernández, como secretaria de la Hermandad, y los señores Piorno, Puig Pellicer, Zavala, San Cristóbal, Martínez Erro, Jordán de Urríes, el capellán nacional don Edistio Sancho y don Julio Ros, en representación de la Junta de Estella. Hubo numerosísimos comensales.
Aplausos bajo la lluvia
Las Señoras, en un jeep descubierto y bajo la lluvia –pues quisieron, tanto durante el almuerzo como a la tarde, participar de las incomodidades debidas a la adversa meteorología-, entraron en Estella y dieron una vuelta a la plaza de los Fueros. Es imposible describir aquel ahogo de apreturas, aquel atronar de ovaciones, aquel continuo oír vivas a la Familia Real de España. Baste un dato: en recorrer el trayecto entre la estación y la plaza, y circunvalar esta, las Señoras –conducidas por don Juan Andrés Ruiz de Alda- tardaron casi media hora. Era imposible contener el entusiasmo, a pesar de que los Requetés y los legionarios de escolta se emplearon a fondo.
Después, las señoras, acompañadas del secretario de Don Carlos, señor Romera, emprendieron viaje de regreso a Madrid.
Acto Político
La multitud, como puede verse en las fotografías, abarrotaba absolutamente la plaza –salvo espacio cercado de las obras del quiosco- y las bocacalles y calles adyacentes. Y escuchó en un impresionante silencio, solo roto por los aplausos, los discursos. Ningún año anterior habíamos observado tal silencio, incluso en los bares y en los porches. La multitud quería oír lo que oyó, y refrendó las palabras con ovaciones múltiples. Pancartas muy rotundas pedían autenticidad y representatividad sindicales, soluciones para la Universidad de oportunidades culturales, políticas y sociales.
El Jefe regional saludó a todos y leyó un Mensaje de Don Javier. El procurador en Cortes por Navarra, don Auxilio Goñi, pronunció un discurso muy meditado y muy bien acogido. El abogado riojano don Santiago Coello hizo vibrar a todos con su parlamento, en nombre de la juventud. Finalmente, el secretario general de la Comunión leyó una declaración de la Junta Suprema sobre el actual momento político. Declaración que ha sido facilitada a la Prensa y que sentimos no poder publicar, por causas que no son falta de deseo.
Todos fueron muy ovacionados. Finalmente, y a la voz del Presidente de la Junta Suprema, señor Palomino, todos entonaron el Oriamendi, dieron vivas a Cristo Rey, a España, a los Fueros y a la Familia Real.
Queremos señalar que este año, el horario se cumplió a rajatabla, y como siempre, el orden fue perfecto.
Quintillo 1.968
En competencia con Montejurra, el Quintillo dio este año una colosal concentración, con asistencia de las mismas personas reales que en Montejurra, Doña Irene y Doña María Teresa de Borbón Parma. Nuestros lectores podrán admirar distintas escenas, en el altar, formación de requetés, etc., y en la tribuna con Doña Irene y Doña María Teresa a Don Manuel Fal Conde, Duque de Quintillo.
Artículo y fotos publicados en el número 37 de la revista Montejurra. Mayo de 1.968
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Re: Carlismo: ¿qué me recomendáis?
Carlistas, historia y cultura: EL CARLISMO EN ALDAYA. LOS HECHOS DEL 13 DE JULIO DE 1913.
La situación política de la mayoría de los pueblos valencianos a principios del siglo XX era de gran actividad y vitalidad. Los casinos adscritos a diversas tendencias políticas servían como centros culturales y recreativos, pero también como núcleos de la actividad política local. Los pueblos valencianos, por pequeños que fueran, podían reunir tres, cuatro o más tendencias políticas: conservadores, liberales, republicanos y carlistas. Los constantes y duros enfrentamientos que entre ellos se producían, eran muestra de esa inquietud política.
Aldaya, pueblo entonces de unos dos mil habitantes, también representaba un claro ejemplo de ese activismo político. Blasquistas republicanos y liberales alfonsinos rivalizaban muy seriamente con otro grupo muy importante: los carlistas.
Los carlistas de Aldaya, en los años anteriores a la I Guerra Mundial, trabajaron afanosamente por conseguir un Círculo propio en el que poder desarrollar su actividad política y socio-cultural. En este sentido, destacó por su afán Juan Bautista Sanchís. Por fin, un domingo de mediados de junio de 1907 veían finalizado su ansiado Círculo, punto de partida para un mayor arraigo carlista:
“Digna es la población de Aldaya de tener un Círculo que responda a la importancia de la misma y al gran número de tradicionalistas que en ella hay, y recientemente edificado por nuestro amigo (D. Juan Bautista Sanchís) cumple satisfactoriamente las aspiraciones de los carlistas de dicha población.”
De la importancia de esta fecha para los carlistas aldayenses da prueba la presencia del diputado provincial, don Manuel Simó, figura notable del carlismo valenciano en esos años. El Círculo se situaba en la actual plaza de la Constitución (¡qué cosas!). Sus instalaciones eran inmejorables, tal y como describía la prensa de la época:
“Se compone de una espaciosa planta baja, donde se instalará lo que podríamos llamar la parte oficial del Círculo, donde se celebrarán las juntas, veladas, etc., y la escuela de niños y academia de música, y de un piso principal, que es un hermoso salón, que se destinará a café.”
A partir de ahí, el círculo de Aldaya cumplirá un importante papel dinamizador de la vida política y cultural del pueblo. En pocos años se formó una banda de música que amenizará los actos carlistas, también servirá como centro de difusión de los ideales carlistas personificados, en aquel momento, en Carlos VII y Jaime III.
Tras el ascenso de don Manuel Simó a la Jefatura Regional del carlismo valenciano en 1909, éste adquiere un nuevo dinamismo, incrementando notablemente su presencia social y su actividad política. La creación de las Juventudes Carlistas será una de las mayores novedades organizativas. En septiembre de 1910 la “Juventud de Aldaya jura con entusiasmo defender la bandera de la Tradición” en un acto de gran solemnidad, y contando con la presencia de correligionarios carlistas de Manises, Torrent, Mislata y Alboraia. En los discursos propios del acto se habló sobre los problema nacionales del momento: la política anticlerical de Canalejas, la crisis política tras la Semana Trágica, etc. En el mismo acto se acordó el envío de dos telegramas, uno dirigido al nuncio papal:
“Juventud y Jaimistas todos de Aldaya elevan Smo. Padre homenaje y adhesión. Viven por Cristo, morirán defensa su Iglesia.- Presidente.”
Y otro remitido al Presidente del Gobierno, Canalejas:
“Juventud y Jaimistas todos de Aldaya protestan contra disposiciones para amordazar iglesia. No dejaranla indefensa.- Presidente.”
Con un Círculo propio y una entusiasta organización juvenil, no resulta extraño que el carlismo aldayense fuera en aquellos años uno de los más vigorosos del distrito electoral de Torrent. Por ello, se acordó que se celebrase en Aldaya un aplec de más de un millar de carlistas procedentes de Paterna, Monteolivete, Castellar, Pobla de Vallbona, Manises, Benimámet, Alboraia, Mislata y Valencia. El acto se celebró el 13 de julio de 1913 y debía consistir principalmente en la bendición de la bandera de la Juventud Jaimista.
Sin embargo, el acto se convirtió en un serio problema de orden público: tras la manifestación por las calles de la población, la Misa y la bendición de la bandera en la ermita de La Saleta, a las 16,45 estaba previsto realizar un mitin en el Círculo Carlista, teniendo como principal orador al entonces líder carlista valenciano, Luis Lucia. Al no poder reunir a todos los carlistas en el local del Círculo, una parte de ellos quedó fuera, en la propia plaza, siguiendo las palabras de los oradores. Cuando los carlistas del exterior dieron vivas a Jaime III, se produjo la intervención de siete parejas de la Guardia Civil a caballo, mandados por un teniente. El resultado del enfrentamiento da idea de la gravedad de lo ocurrido: un guardia civil herido de bala, un caballo malherido por bala, sombreros y banderas carlistas, agujereadas por disparos, detención de varios carlistas (entre otros, el presidente de la Juventud Jaimista de Aldaya, Germán Iglesia), cacheo de los asistentes al acto, apertura de expediente gubernativo, etc. Durante más de una semana, lo ocurrido en Aldaya ocupará la primera página tanto del periódico tradicionalista “Diario de Valencia”, como de su oponente político, el diario blasquista “El Pueblo” (que titulará la noticia como la salvajada carlista.
De esta manera el carlismo de Aldaya vivió con los hechos de 1913 el mayor protagonismo periodístico de su historia, fruto de la inmensa actividad y vitalidad de aquellos carlistas comprometidos, que, sin duda, eran vistos como un peligro por el poder establecido.
Texto elaborado a partir del trabajo, publicado en junio de 1986, de D. Vicente Comes Iglesia.
Publicado por CTC - HYC en 1/21/2011 04:23:00 PM http://img1.blogblog.com/img/icon18_email.gif http://img2.blogblog.com/img/icon18_edit_allbkg.gif
Etiquetas: Círculos Carlistas, Lugares carlistas
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Re: Carlismo: ¿qué me recomendáis?
Zuavos del mundo Zouaves of the world: Ignacio Wils parte 1
Zuavos del mundo Zouaves of the world: Ignacio Wils parte 2
Zuavos del mundo Zouaves of the world: Ignacio Wils parte 3
Zuavos del mundo Zouaves of the world: Ignacio WIls parte 4
Ignacio Wils parte 1
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En un barrio tranquilo de Ravenstein, pequeña ciudad del Brabant neerlandés, el turista se encuentra, durante su paseo, en “KolonelWilsstraat”, calle del coronel Wils. Poca gente sabe claramente quién es aquella gloria pasada, a lo más se imagina a un viejo soldado cubierto de condecoraciones de vuelta de alguna expedición colonial olvidada. No sabe nada, Ignacio Wils, soldado de fortuna pero soldado prestigioso, en realidad sólo ha defendido una causa, en su inmensa pero corta vida, la del Papa.
El lector de hoy debe, para comprender el destino trágico de nuestro héroe, sumirse de nuevo en el contexto de la época, un siglo XIX° europeo desestabilizado desde el principio por la Revolución Francesa y las guerras napoleónicas . Los nacionalistas se exasperan, la aspiración a la unidad de los pueblos de idioma y cultura idénticos amenazan lo perenne de un sinfín de estados, los temas republicanos destruyen unas monarquías seculares tradicionalmente ligadas con una religión oficial. La Iglesia Católica, confrontada con el auge de las ideologías modernistas, tiene mucha dificultad para conservar su rango y su influencia en las sociedades europeas, mientras el poder temporal del Papa se pone en tela de juicio.
Los Estados Pontificios, después de muchas tribulaciones, quedan amenazados, a mediados del siglo, desde dentro y desde fuera: De dentro, por los republicanos y otros revolucionarios como Mazzini y Garibaldi, fundadores de una efímera República Romana en 1848, lo que ha obligado al Papa a que se refugie en Gaète; de fuera por las ambiciones expansionistas del reino de Piémont-Sardaigne que quiere llevar a cabo por su provecho la unidad italiana. Con la ayuda de Francia ha podido expulsar a los Austriacos de la península, recobrar la Lombardía, anexar Modène, Parma y la Toscane. Merced a unos disturbios más o menos espontáneos en Romagne, ha anexado también tal provincia pontificia en 1859.
Frente a esas diversas amenazas, el Gobierno Pontificio trata de reorganizar su pequeño ejército, empresa que confía a un general francés prestigioso, La Moricière. La llamada a los católicos del mundo entero, para proporcionar recursos y hombres conoce un verdadero éxito y entre los voluntarios que acuden, los más conocidos quedan los Zuavos Pontificios. Eso no impide la continuación de los avances de Le Piémont : a raíz de la derrota de Castelfidardo, El Estado Pontificio queda amputado de Les Marches y de la Ombría, y así queda reducido tan sólo a Le Latium. La opinión católica mundial queda conmovida porque no acepta que el poder espiritual del Papa pueda ser independiente de su poder temporal, y los voluntarios siguen alistándose en las tropas pontificias. Los más de ellos son los Holandeses, lo que no deja de ser sorprendente, en efecto el Rey de Holanda es constitucionalmente de confesión calvinista y el protestantismo es, en el país , la religión de Estado. Verdad es que las provincias meridionales son masivamente católicas, hasta tal punto que en 1830, a causa de una revolución, unas de ellas, Llandes y Wallonie, han hecho una secesión para formar el Reino de Bélgica.
Ignace-Marie-Alphonse Wils nace pues en una familia burguesa de la Holanda católica; los parientes de su madre son unos emigrados franceses de la época revolucionaria, y eso explica la forma francesa de sus nombres, pasa lo mismo con su hermano mayor Auguste. Dos de sus tíos son sacerdotes, entre los cuales Henry, jesuita, por eso Ignace cursa sus estudios en diferentes establecimientos de tal orden, en Culembourg y luego en Sittard. La salida de su hermano para Roma suscita en él el mismo deseo de alistarse entre los Zuavos Pontificios, y a pesar de las reticencias de su familia inquieta a causa de su corta edad, se alista en el ejército pontificio a los 16 años, el 14 de octubre de 1865. Su carrera militar es rápida pero modesta comparada con la de su hermano, muy rápidamente nombrado teniente. Promovido al grado de Cabo el 6 de noviembre de 1866, llega a ser sargento el 6 de agosto de 1867. No gana mucha gloria en las batallas; si participa con entusiasmo en el combate de Monte-Lupino, el 22 de noviembre de 1867, frente a unos “rufianes”, en realidad unos partidarios de Garibaldi más o menos convencidos, por lo contrario se queda en la cama a causa de las fiebres durante casi cuatro meses en 1867 y así no participa en la batalla de Mentana, para su mayor desengaño.
Fuente: Patrick Nouaille-Degorce
Ignacio Wils parte 2
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Sus ansias de gloria, de heroísmo y de martirio se esfuman así en la mediocridad y la rutina de la vida de guarnición en el campo romano. La inacción le pesa y obtiene, en el transcurso del año 1868, un permiso que aprovecha para reunirse, con el uniforme de Zuavo Pontificio, con las reducidas tropas carlistas que el general Tristany intenta organizar en el norte de España.
Ahora cabe esbozar un lienzo sumario de la situación política de España en aquella época y, para eso, remontar a los orígenes del desequilibrio que padecía el reino desde el principio del siglo. El “Siglo de Oro” ya está lejos y el país se ha adormecido un tanto, aún más desde la subida al trono de la dinastía de los Borbones. El despertar es brutal, España conoce las consecuencias de la Revolución francesa, cuando Napoleón obliga a Carlos V a que abdique, y confía la corona su mismo hermano, José. Eso provoca una terrible guerra que opone no sólo al pueblo español con las tropas de ocupación francesas, sino también a los liberales, ganados por las ideas nuevas, con las capas populares que quedan excluidas del cambio y cuya situación material tendría a empeorarse. La intervención de las fuerzas inglesas no mejora mucho la situación y unos odios inexpiables dividen el país entre liberales y conservadores. Una burguesía adepta de Voltaire, ávida de poder desea vencer a la aristocracia, marginalizar a la Iglesia y apoderarse de sus bienes. El mismo ejército se divide entre tradicionalistas y progresistas, siendo esos últimos de extracción más modesta en su mayoría. En un país a la deriva, los pronunciamientos y los golpes de estado se suceden, el de Riego, en 1819, expulsa al rey Fernando VII a quien Francia, merced a la “cruzada de los cien mil hijos de San Luís”, restablece en su trono en 1823. La represión llevada a cabo por el monarca restaurado es despiadada y acentúa un poco más los antagonismos políticos.
El embrollo se agrava aún más cuando Fernando VII suprime la ley sálica proclamada por Felipe V en 1713, a pesar de la tradición de sucesión española. Por eso pues designa sucesora a su hermana Isabel. Cuando muere el monarca, su hermano Carlos que denuncia la ilegitimidad de la medida se proclama Rey. El país se desgarra un poco más entre partidarios de un Estado secularizado para no decir laico y defensores de la monarquía de derecho divino…
Así pues Ignacio Wils, en 1868, abraza la causa del tercer pretendiente carlista, Carlos VII, por múltiples razones: el espíritu de aventura y el deseo de gloria quedan muy secundarios, en efecto los albores de la tercera guerra carlista son más bien lamentables; es preferible recordar la amistad profunda que lo une con su compañero de ejército, el Zuavo Pontificio Alfonso de Borbón, hermano del pretendiente, la hostilidad visceral para con los liberales anticlericales, asimilados a los partidarios de Garibaldi y otros revolucionarios de otra índole, pero sobre todo un proyecto político expresado a su madre en una carta: “Me he marchado para España con fin de defender los derechos de Don Carlos porque el Santo Padre encontrará en él a un defensor cuando haya subido al trono de España”. Bien se ve que Ignace Wils no cambia mucho de causa sino que prosigue el mismo combate en otros lugares, en otro ejército. El fracaso De tristany acarrea el repliegue de las reducidas tropas carlistas a Francia donde Wils, promovido teniente, logra conservar las diferentes correspondencias del pretendiente. Se sacrifica sin contar para asegurar el bienestar de los 150 hombres internados con él hasta la primavera de 1870, en particular se aprovecha de sus relaciones para obtenerles un sueldo de un franco diario.
Fuente: Patrick Nouaille-Degorce
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Re: Carlismo: ¿qué me recomendáis?
Ignacio Wils parte 3
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Mientras espera que Don Carlos emprenda una nueva tentativa, Ignace Wils, no bien liberado, se establece en Francia cerca de Metz, de empleado de negocios. La guerra franco-prusiana estalla y, sin vacilar, se alista desde las primeras derrotas francesas, en la partida de guerrilleros del comandante Arnous-Rivière, con el grado de simple soldado. Fomenta, como en España, una guerrilla de ataques furtivos y de emboscadas, en particular con la meta de abastecer a Metz. En varias ocasiones logra unas salidas tan acrobáticas como discretas para mantener el contacto entre la plaza fuerte asediada y la comarca. El antiguo sargento de los Zuavos Pontificios, ex teniente carlista y ahora simple francotirador queda entonces promovido teniente en el ejército francés. A causa de la capitulación del mariscal Bazaine y de la redición de Metz resulta prisionero en Mayence. Claro que se evade de allí inmediatamente y casi está a punto de ser detenido por los aduaneros prusianos, en una estación internacional, en la frontera germano-belga . Felizmente, al oír el ruido de la algarada, unos Belgas atraviesan la vía y lo arrancan de entre sus perseguidores. Vuelve a Francia y resulta promovido capitán del cuerpo de los Batidores, en el campo de La Rochelle. En la misma época, su hermano Auguste, ex-teniente de los Zuavos Pontificios ha venido para alistarse de instructor en la comarca de los Voluntarios del Oeste,-antiguos Zuavos Pontificios franceses-, en el depósito de Poitiers.
El fin de las hostilidades y la desmovilización le permiten a Wils volver a su patria, pero el mes de abril de 1872 la insurrección vuelve a empezar y, siempre deseoso de encontrar un apoyo que le permita por una vez restaurar los Estadios Pontificios, se alista al lado de Don Carlos. La empresa, a pesar de unas dificultades materiales empieza globalmente bien, siendo el poder central en plena delicuescencia: el Rey Amadeo de Saboya, en pleno conflicto con las Cortes, abdica, una efímera República se establece pero rápidamente queda derribada por un pronunciamiento que restablece a un Borbón en el trono, Alfonso XII…
Sin embargo, al principio, las fuerzas carlistas carecen de todo: uniformes, zapatos, armas, municiones y comida. Ignacio Wils, durante cuatro meses, recorre las montañas y las selvas del norte de España, encabezando una pandilla de voluntarios, perseguidos por las columnas gubernamentales. Contra ellas lleva a cabo una guerra de emboscadas y de hostigamiento, lo que le permite proporcionar uniformes y armas a sus soldados. Poco a poco se mejora la situación de los insurrectos y controlan una amplia zona que va creciendo de Galicia a Cataluña y, de ahí, hasta Valencia; un verdadero Estado carlista se organiza con un servicio postal, una compañía de ferrocarriles, una universidad y otros organismos civiles. A pesar de todo, Carlos II no puede apoderarse de de las grandes ciudades como Bilbao, Pamplona, Zaragoza o Barcelona.
El control de la frontera francesa permite la importación los equipamientos militares imprescindibles y un ejército carlista regular se instala. Ignace Wils organiza primero un cuerpo de caballería, los Guides, que luego viene encabezado por el general Tristany, a continuación dirige una columna de 400 hombres con la cual surca a Cataluña. Con la ayuda de Don Alfonso de Borbón, esa pequeña tropa se transforma en un cuerpo de Zuavos. Acto seguido Wils llama a a sus antiguos compañeros, Zuavos Pontificios y Voluntarios del Oeste. El general Athanase de Charette afirma, de manera imprudente, que va a alistar a 1500 hombres; su llamada se hace en vano, si embargo no falta la ayuda financiera y los antiguos Pontificios suscriben masivamente los préstamos propuestos por Don Carlos, pagan una parte del material, funden cañones…Con excepción de los Zuavos Pontificios españoles, como Gabriel Llompart, promovido teniente-coronel, tan sólo unos diez extranjeros vendrán para alistarse en el cuerpo de los Zuavos Carlistas: varios Holandeses, entre los cuales Auguste Wils, unos Belgas, entre los cuales Defrance, el Canadiense Hugh Murray, el Irlandés O’ Bryan, unos franceses, algunos que otros Portugueses… Sin embargo eso basta para formar la dirección del nuevo cuerpo.
Fuente: Patrick Nouaille-Degorce
Ignacio WIls parte 4
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El conjunto queda modesto, el nuevo coronel de veinticuatro años tan sólo encabeza un batallón de más de medio millar de hombres repartidos en seis compañías. Verdad es que durante toda la guerra, en ambos campos, el batallón seguirá siendo la unidad táctica esencial. El uniforme adoptado es el de los Zuavos Pontificios, más o menos fantasioso según las posibilidades de recuperación o de fabricación: un chaleco, un bolero, unos pantalones ahuecados y un gabán de paño entre gris y azul con pasamanería roja para la tropa, negra para los oficiales y galón a lo húngaro. La única concesión a la tradición local es la adopción de la boina a modo de sombrero. Wils quien a conservado su uniforme llevado en Roma, viene vestido con unos harapos gloriosos…El batallón posee su propia bandera, confiada al Belga Defrance, con los colores de España adornado por un lado con el Sagrado Corazón y por el otro de la Virgen María, si duda en recuerdo de los dos estandartes con la dos efigies adoptadas por los Voluntarios durante la campaña de Francia. La presencia en el estandarte en cada uno de los lados del Sagrado Corazón, de las armas del Papa Pío IX y de las de los Borboneses, respecto a eso, reveladora. Una imprescindible banda acaba por dar al cuerpo so índole específico. Como sus compañeros franceses Voluntarios del Oeste, los Zuavos Carlistas ante todo se sienten soldados del Papa, incluso las nuevas reclutas que nunca han ido a Roma…
La historia del batallón es breve y trágica, heroica y sangrienta, ya que de manera permanente Ignace Wils se implica mucho para entrenar y dinamizar a sus soldados. Su primera hazaña consiste en sorprender y detener, con el sable en mano, a tres sicarios que habían logrado penetrar en el dormitorio de Don Alfonso y de su esposa para asesinarlos. Eso les permite a los zuavos hacerse el batallón de escolta de la pareja de los príncipes. Merced a la energía comunicativa de su jefe, en todas partes, en Prats de Lusannes, en Orista, en Alpens, Igualada, y Manresa, los Zuavos forman la punta de lanza de las tropas carlistas. El joven coronel se expone en primera fila, es un formidable cabecilla de hombres, un jefe amado, admirado, respetado. En unos meses, cinco caballos mueren debajo de él, cuando hace falta, no vacila en enarbolar la bandera para lanzarse corriendo con fin de escalar las barricadas enemigas, como en Alpens e Igualada.
Alpens, el 9 de julio de 1873, aunque se trata de un combate de importancia modesta dado que se enfrentan unos 1500 hombres en ambos lados, se ilustra con brillo durante la campaña de las tropas Carlistas en Cataluña. No se trata de un sitio ni de una batalla en toda regla sino más bien de un encuentro por casualidad. Un destacamento de escolta de 120 zuavos Carlistas han ocupado sin dificultad la pequeña ciudad mientras se anuncia, sin cuidado, al anochecer, una columna gubernamental bien armada y bien equipada, encabezada por el general Cabrinetty. Cuando la tropa irrumpe en la gran plaza, resulta diezmada por un fuerte tiroteo, una carga con bayoneta fracasa, Cabrinetty queda matado, sus hombres desorientados escapan fuera del pueblo y 400 de ellos se refugian una granja extendida desde donde empieza un fuego muy nutrido contra sus perseguidores. Wils ordena a sus Zuavos que asalten los edificios, se lanzan pero se detienen y se abrigan frente a la metralla; impaciente, su coronel toma su estandarte , lo tira por encima del muro de cerco: “El enemigo se ha apoderado de su estandarte, no podéis dejárselo”. Ēl mismo empieza escalando el muro, los hombres lo siguen con entusiasmo, los gubernamentales depositan las armas.
Fuente: Patrick Nouaille-Degorce
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Re: Carlismo: ¿qué me recomendáis?
Embajador en el Infierno
A confesión de parte......
"Con la conciencia en la mano, te digo que a Don Carlos se le usurpó el trono que por derecho divino le correspondía; por consiguiente, deseando morir arrepentida y en la gracia del Señor, te encargo, y has de jurarlo solemnemente, cumplir mi última voluntad, haciendo cuanto esté en tu parte para disuadir a Doña Isabel de la creencia que los masones le han imbuido, de que es la reina legítima de España, y ambos a dos no dejareis un instante de trabajar para que el primogénito de Don Carlos ocupe el trono que yo, miserable de mí, contribuí se usurpara a su señor padre".
(Carta de la Infanta Luisa Carlota a su hijo D. Francisco de Asís, esposo de Isabel, la llamada segunda. Tomada del libro "La Tercera Guerra Carlista" de César Alcalá).
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Re: Carlismo: ¿qué me recomendáis?
A mi me ha ayudado mucho la lectura del libro "el carlismo. Dos siglos de contrarrevolución en españa" de jordi canal. Historia alianza editorial del año 2000. Es un trabajo realizado desde fuera del carlismo con afán de explicar los pros y los contras de este movimiento político. Es muy completo y posee una extensa bibliografía. Da la impresión de ser un trabajo muy serio.
Yo en mis investigaciones sigo la máxima que dice que "el historiador honrado debe perseguir lo que busca, pero también exponer lo que no buscaba, lo que no esperaba encontrar, pese a que ello mucho le sorprenda y mucho le estorbe".
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Re: Carlismo: ¿qué me recomendáis?
Cita:
Iniciado por
XIBINO
A mi me ha ayudado mucho la lectura del libro "el carlismo. Dos siglos de contrarrevolución en españa" de jordi canal. Historia alianza editorial del año 2000. Es un trabajo realizado desde fuera del carlismo con afán de explicar los pros y los contras de este movimiento político. Es muy completo y posee una extensa bibliografía. Da la impresión de ser un trabajo muy serio.
Yo en mis investigaciones sigo la máxima que dice que "el historiador honrado debe perseguir lo que busca, pero también exponer lo que no buscaba, lo que no esperaba encontrar, pese a que ello mucho le sorprenda y mucho le estorbe".
Pues hombre, en este foro ya se ha tratado del libro ese. Por ejemplo, en este mismo hilo: http://hispanismo.org/historia-y-ant...html#post57711
El libro de Canal pretende ser completo, pero no lo es. Sesgado, falto de fuentes, se nota que se fue a lo fácil, aunque no se reconozca.
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Re: Carlismo: ¿qué me recomendáis?
Disculpa si no he cubierto tu espectativa.
Como puedes ver soy novel en este foro, que no en el tema.
A una pregunta como la que vi intenté ayudar pues pense (equivocadamente sin duda) que querías aproximarte al tema.
No obstante el libro citado, que sin duda presenta información en algun momento sesgada, ofrece una amplia bibliografia que da más que cumplida respuesta a cualquiera que quiera introducirse en el estudio del carlismo.
Viendo lo que se escribe en este foro se puede concluir que hay gente muy experta y documentada en carlismo; por eso también me extrañaba esa pregunta.
Ahora si quieres podemos entrar en materia y navegar por la procelosa historia del carlismo, historia que si ha pecado de algo es de homogeneidad, un defectillo de nada, si se tiene en cuenta que es la suma de las voluntades de gentes que tan solo quieren servir a dios, a su patria, a la foralidad de sus territorios y a un rey que sea bandera, guia, ejemplo, y adalid de la causa.
Ojo: Que al decir "causa" se engloban las cuatro patas del lema, y no solo una, la dinastía, asunto que tanto dolor de cabeza ha dado al carlismo.
Un abrazo
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Re: Carlismo: ¿qué me recomendáis?
Hola:
Si dices "esas cuatro patas" parece que estás hablando de un cuadrúpedo, de una silla o de una mesa. Si escribes "dios" con minúscula no sé a qué dios de la mitología grecolatina estás refiriendo. Por cierto, para referirse al demonio desde hace mucho tiempo, existe la expresión "pateta". Patético, vamos.
Un saludo.
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Re: Carlismo: ¿qué me recomendáis?
Hola amigo
las mayusculas las escribi. Al dar intro se convirtieron en minusculas creeme.
El juego palabras de las cuatro patas sirve para expresar figuradamente los cuatro puntos de soporte en los que se apoya algo.
Espero un debate serio no un entrar en juzgar las formas o pequeños deslices que se puedan cometer
siento califiques de patetica mi intervencion. Qué se le va hacer. Así nos ha lucido el pelo en españa. Los bizantinismos que no mueren.
En el fondo estoy deseoso de comprobar si sige uniéndonos lo verdadero, lo profundo, lo que sirva para seguir haciendo patria.
Mi dios es el dios hecho hombre que nos dio ejemplo y sentido a nuestra existencia terrenal. El dios que dio su vida para hacernos entender que debemos ganarnos un sitio junto a él. Mi patria es españa, caso único en la historia de la humanidad que se formó siguiendo la luz del evangelio gracias a la union de distintos reinos, reinos que conservaron instituciones y costumbres, leyes privadas (privi-legios) que no menoscababan la unidad de la patria grande; y mi rey, ¡ay! Mi rey (dios que gran vasallo si hubiera gran señor), espero todavía que surja de entre las nieblas de la historia y se le entronice unanimemente por todos los carlistas.
Adios amigo como sigan así las cosas nos veremos pronto en las peñas de asturias comenzando de nuevo.
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Re: Carlismo: ¿qué me recomendáis?
Hola:
Parece mentira que que al pulsar la tecla "enter" las mayúsculas se conviertan en minúsculas. Le propongo que vea desde otro ordenador cómo quedan sus mensajes y se dará cuenta de la sensación que produce al lector un mensaje con tantas faltas de ortografía. Las disquisiciones bizantinas hacen referencia a la Teología, ha quedado como tópico, como bien sabe, el sexo de los ángeles. De las cuatro patas, usted se hará cargo, no es un modo elegante de referirse a las bases de lo que trata. Por otro lado, el Cid, desde luego, se merecía un Rey mejor.
En fin, respetémonos y quedemos como buenos amigos.
Nota: Le ruego que, si no no puede escribir combinando mayúsculas y minúsculas escriba en las primeras directamente. De ese modo no cabrán malas interpretaciones de sus mensajes. Lo consideraré una cortesía.
Hasta pronto.
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Re: Carlismo: ¿qué me recomendáis?
Caramba. Gracias por su ayuda amigo. Efectivamente me estaba equivocando al escribir todas en mayusculas. En fin, reconozco ser un poco bruto con el ordenador.
Es curioso que quien ha metido la puya el primero pretenda cerrar el asunto con una llamada al llevarse bien sin disculparse de antemano aunque sea levemente.
Ya veo que no le gusta el lenguaje figurado, pues no le ha gustado mi alusión al "bizantinismo" como discusión baldía que no lleva a ningún lugar. Y como sigue enojándole lo de las "patas" y no quiero caer en lo que critico, no voy a perder el tiempo en disquisiones pueriles.
Adios amigo, usted se lo pierde.
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Re: Carlismo: ¿qué me recomendáis?
El Matiner
Los Principios no negociables: Dios, Patria y Rey.
http://1.bp.blogspot.com/_pAwue4IjWN...s400/mella.jpgDesde que algunos católicos han ido a engrosar las filas doctrinarias, parte por su culpa y parte por la guerra innoble y la lluvia de denuestros de los que estaban interesados en alejarlos del campo tradicionalista,...la gran fuerza social y política llamada comunión católico-monárquica se ve asediada por los tiros de estas banderías, que con sus continuas algaradas y escaramuzas distraen sus fuerzas para que no las emplee en luchar con la Revolución asoladora, que todo lo avasalla, sirviéndole así de avanzada a fin de que en la hora suprema quede para las huestes liberales el campo de batalla.
Y aunque separados por el procedimiento, y haciéndose la guerra como errores opuestos que son, ponen término a sus querellas, y acallan sus odios cuando se trata del enemigo común, y, como si formasen un solo partido y profesasen una misma doctrina, gritan unánimes que ya es hora de acabar con las batallas chicas y de reñir los grandes combates, por lo cual es necesario prescindir de legitimidades y formas de gobierno, que son cosas accidentales y transitorias, y encerrarse en el terreno puramente religioso, teniendo en cuenta que primero se debe buscar el reino de Dios y su justicia, porque todo lo demás se nos dará por añadidura.
Esta hipócrita celada en que han caído no pocos espíritus sencillos cegados por el misticismo y aparente generosidad en que va envuelta, redúcese, bien examinado el asunto, a despreciar, como enojosa impedimenta para el combate, el derecho y las tradiciones de los pueblos en que se pelea. Porque la legitimidad no es sólo el título de los poderes que se fundan en una ley histórica o en una costumbre, sino el sello augusto que les imprime la conformidad con la ley divina y el derecho nacional; y creer, por lo tanto, que la legitimidad es un mero litigio dinástico que únicamente se refiere al origen del mando o que es cosa tan baladí la rectitud de su ejercicio que acciones no intencionales bastan para borrarla, o que pueda ser retirada y concedida en nombre del criterio particular por conciliábulos de periodistas y aun por multitudes unánimes, es sencillamente relegar con jansenístico respeto la potestad de la Iglesia al lugar de las cosas inútiles, y sustituirla con la razón independiente de toda norma y autoridad que no se apoye en ella misma. En suma: que es profesar el principio racionalista, más la hipocresía, para mejor defender la verdad católica que condena ambas cosas.
Añádese a esto que la forma de Gobierno, cuando es secular, como en España, y ha sido, juntamente con la Iglesia, causa de la unidad nacional, y a la vez elemento, y en parte presión del espíritu y voluntad unánime de la cadena de generaciones en que tomó cuerpo la nación, es principio esencial de la constitución interna y cosa inherente a la patria, de la cual es tradición política fundamental. Querer, pues, que se prescinda de ella para mejor defender a la Iglesia, es pedir en buenos términos que se reniegue de la patria y se rechace su constitución secular, y hasta se reniegue de la historia y de la nación, que sin la Monarquía ni se comprende ni se explica.
Pero nótese que las tradiciones, como los derechos, están unidos por el vínculo común, y que, quien conculca o viola uno, indirectamente los hiere todos. Primero caería el Trono, después el Altar, y sólo quedaría en pie el orgullo racionalista convertido en ariete de la obra de los siglos.
¡El Derecho, la Monarquía y la Tradición nacional, cosas secundarias y accidentales! ¡Y que esto lo digan gentes que presumen de purísima fe religiosa! (...)
A esta extraña aberración ha conducido en algunos el afán de sincerar su conducta desatentada con la única comunión social y política de España sometida incondicionalmente al servicio de la Iglesia. ¡Como si a la Revolución se la combatiese mejor cediéndole parte del campo y oponiendo a sus negaciones rotundas afirmaciones incompletas!
Tal es, en suma, uno de los sofismas fundamentales con que las banderías separadas de la comunión tradicionalista fingen defender a la Iglesia haciendo guerra a aquellos de sus hijos que no creen que, para defender a sus madre, necesiten renunciar a los deberes que ella inculca y a las intituciones nacidas bajo su influencia y amamantadas en su seno (...)
Juan Vázquez de Mella. La persecución religiosa y la Iglesia independiente del Estado Ateo. Obras completas, volumen quinto.
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Etiquetas: Juan Vázquez de Mella
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Re: Carlismo: ¿qué me recomendáis?
Gracias Ordóñez por trasladar al foro este magnífico artículo.
Un sincero agradecimiento a todos aquellos anónimos tradicionalistas que siembran internet con sus blogs, aportando luz, con su gratuita labor, a las tinieblas de la ignorancia que cubren Las Españas.
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Re: Carlismo: ¿qué me recomendáis?
Me gustaria hacer una pregunta.
Es verdad que en la primera guerra carlista las tropas de Carlos Maria Isidro estan a punto de entrar en Madrid cuando no havia
ninguna tropa isabelina porque Carlos Maria no quiere entrar? Si se hubiera hecho con Madrid seguramente habria ganado no?
Me podeis recomendar algun libro sobre el Carlismo.
Gracias
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Re: Carlismo: ¿qué me recomendáis?
Me estoy leyendo La cuestión religiosa en la Segunda República española: Iglesia y carlismo de Antonio Manuel Moral Roncal. De momento, no me está gustando demasiado aunque si que es bastante completo.
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Re: Respuesta: Carlismo: ¿qué me recomendáis?
El liberal Cabrinetti no era general, era brigadier inferior al general, y que actualmente ha desaparecido como mando militar. Por tanto debe decirse brigadier Cabrinetti.
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Re: Respuesta: Carlismo: ¿qué me recomendáis?
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Re: Respuesta: Carlismo: ¿qué me recomendáis?
Memorias de María de las Nieves de Braganza y Borbón, esposa de Don Alfonso Carlos I:
http://www.carlismo.es/librosElectro...elasNieves.pdf
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Re: Respuesta: Carlismo: ¿qué me recomendáis?
Carta de don Carlos de Borbón y Austria a su hermano Alfonso, 30 de junio de 1869
Descargar versión en PDF Mi querido hermano: En folletos y periódicos se han dado a conocer bastante mis ideas y sentimientos de hombre y de Rey. Cediendo, sin embargo, al general vehementísimo deseo que ha llegado hasta mí desde todos los pueblos de la Península, escribo esta carta, en que no hablo sólo al hermano de mi corazón, sino a todos los españoles, sin excepción alguna, que también son mis hermanos.
Yo no puedo, mi querido Alfonso, presentarme a España como pretendiente a la Corona; yo debo creer y creo que la Corona de España está ya puesta sobre mi frente por la santa mano de la ley. Con ese derecho nací, que es al propio tiempo obligación sagrada; mas deseo que ese derecho mío sea confirmado por el amor de mi pueblo. Mi obligación, por lo demás, es consagrar a este pueblo todos mis pensamientos y todas mis fuerzas; morir por él o salvarle.
Decir que aspiro a ser Rey de España y no de un partido es casi vulgaridad; porque ¿qué hombre digno de ser Rey se contenta con serlo de un partido? Yo no debo ni quiero ser Rey sino de todos los españoles; a ninguno rechazo, ni a los que se digan mis enemigos, porque un Rey no puede tener enemigos; a todos llamo y les llamo afectuosamente en nombre de la patria, y si de todos no necesito para subir al trono de mis mayores, quizá necesite de todos para establecer sobre sólidas bases la gobernación del Estado y dar fecunda paz y libertad verdadera a mi amadísima patria.
Cuando pienso en qué deberá hacerse para conseguir tan altos fines, pone miedo en mi corazón la magnitud de la empresa.
Yo sé que tengo el deseo ardiente de acometerla y la resuelta voluntad de terminarla, mas no se me esconde que las dificultades son imponderables, y que no sería hacedero vencerlas sin el consejo de los varones más imparciales y probos del reino, congregados en Cortes que verdaderamente representen todas las fuerzas vivas y todos sus elementos conservadores. Yo daré con esas Cortes a España una ley fundamental que, según expresé en mi carta a los soberanos de Europa, espero que ha de ser definitiva y española.
La España antigua necesitaba de grandes reformas; en la España moderna ha habido grandes trastornos. Mucho se ha destruido, poco se ha reformado. Murieron antiguas instituciones, algunas de las cuales no pueden renacer; hace intentado crear otras nuevas, que ayer vinieron a la luz y se están muriendo ya. Con haberse hecho tanto, está por hacerse casi todo. Hay que acometer una obra inmensa de reconstrucción social y política, levantando en este país desolado, sobre bases cuya bondad acreditan los siglos, un edificio grandioso en que puedan tener cabida todos los intereses legítimos y todas las opiniones regionales.
No me engaño, hermano mío, al asegurarte que España tiene hambre y sed de justicia, que siente la urgentísima e imperiosa necesidad de un gobierno digno y enérgico, justiciero y honrado, y que ansiosamente espera a que en su dilatado imperio reine la ley, a la cual debemos estar todos sujetos, grandes y pequeños.
España no quiere que se ultraje ni ofenda la ley de sus padres; y poseyendo en el catolicismo la verdad, comprende que si ha de llenar cumplidamente su encargo divino, la Iglesia ha de ser libre.
Sabiendo y no olvidando que el siglo XIX no es el XVI, España está resuelta a conservar a todo trance la unidad católica, símbolo de nuestras glorias patrias, espíritu de nuestras leyes, bendito lazo de unión entre todos los españoles.
El pueblo español, amaestrado por una experiencia dolorosa, desea en verdad que su Rey sea Rey de veras, y no sombra de Rey; y que sean sus Cortes ordenada y pacífica junta de independientes e incorruptibles procuradores de los pueblos, pero no asambleas tumultuosas y estériles de diputados y empleados o de diputados pretendientes, de mayorías serviles y de minorías sediciosas.
Ama el pueblo español la descentralización y siempre la amó, y bien sabes, hermano mío, que si cumpliera mi deseo, así como el espíritu revolucionario pretende igualar las provincias vascas a las restantes de España, éstas semejarían o se igualarían en su régimen interior con aquellas afortunadas provincias.
Yo quiero que el municipio tenga vida próspera y propia, y que la tenga la provincia, pero viendo, sin embargo, y procurando evitar abusos posibles.
Mi pensamiento fijo, mi deseo constante, es cabalmente dar a España lo que no tiene, a pesar de mentidas vociferaciones de algunos ilusos; es dar a España la amada libertad que sólo conoce de nombre; la libertad que es hija del evangelio, no el liberalismo que es hijo de la protesta; la libertad, que es al fin el reinado de las leyes cuando las leyes son justas, esto es, conforme al derecho de la naturaleza, al derecho de Dios.
Nosotros, hijos de Reyes, reconocemos que no es el pueblo para el Rey, sino el Rey para el pueblo; que un Rey debe ser el hombre más honrado de su pueblo, como es el primer caballero: que un Rey debe honrarse con el título especial de padre de los pobres y tutor de los débiles.
Hay en la actualidad, mi querido Alfonso, una cuestión temerosísima: la cuestión de Hacienda. Espanta el considerar el déficit en la española; no bastan a cubrirlo las fuerzas productoras del país; la bancarrota es inminente. Yo no sé si puede salvarse a España de esta catástrofe; pero si es posible, sólo su Rey legítimo la puede salvar.
Una inquebrantable voluntad obra maravillas. Si el país está pobre, vivan pobremente hasta los ministros, hasta el mismo Rey. Si el Rey es el primero en dar ejemplo, todo será llano; suprimir ministros y reducir provincias y disminuir empleos y moralizar la Administración, al mismo tiempo que se fomente la agricultura, proteja la industria y aliente el comercio. Salvar la Hacienda y el crédito de España es empresa titánica a la que todos debemos contribuir, Gobierno y pueblo. Menester es que mientras se hagan milagros de economía seamos todos muy españoles, estimando en mucho las cosas del país, apeteciendo sólo las útiles del extranjero.
Creo, por lo demás, comprender lo que hay de verdad y lo que hay de mentira en ciertas teorías modernas, y, por lo tanto, aplicadas a España, reputo por error muy funesto la libertad del comercio que Francia repugna y rechazan los Estados Unidos. Entiendo, por el contrario, que se debe proteger eficazmente la industria nacional. Progresar, protegiendo, debe ser nuestra fórmula.
Engaña al pueblo quien le diga que es Rey; pero es verdad que la virtud y el saber son la principal nobleza; que la persona del mendigo es tan sagrada como la del prócer; que la ley debe guardar así las puertas del palacio como las puertas de la cabaña; que conviene crear instituciones nuevas si las antiguas no bastasen para evitar que la grandeza y la riqueza abusen de la pobreza y la humildad; que debiendo hacerse justicia igualmente a todos y conservar a todos igualmente sus derechos, le está bien a un Gobierno previsor mirar especialmente a los pequeños, y directa e indirectamente procurar que no falte el trabajo a los pobres y que puedan sus hijos que hayan recibido de Dios un claro entendimiento adquirir la ciencia que, acompañada de la virtud, les allane el camino hasta las más altas dignidades del Estado.
La España antigua fue buena para los pueblos; no lo ha sido la revolución. La parte del pueblo que hoy sueña en la República va ya entreviendo la verdad; al fin se verá clara y potente como la luz y verá que la Monarquía cristiana puede hacer en su favor lo que nunca harán 300 reyezuelos disputando en una asamblea clamorosa. Los partidos, o los jefes de los partidos, codician honores, o riquezas, o imperio; pero ¿qué puede apetecer en el mundo un Rey cristiano, sino el bien de su pueblo? ¿Qué le puede faltar a ese Rey en el mundo, para ser feliz, sino el amor de su pueblo?
Pensando y sintiendo así, querido Alfonso, soy fiel a las buenas tradiciones de la antigua y gloriosa Monarquía española, y creo a la vez ser hombre del tiempo presente que no desatiende el porvenir.
FUENTE: Conde de RODEZNO: Carlos VII. Duque de Madrid. Madrid, Espasa-Calpe, 1929, pp. 104-112.
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Re: Carlismo: ¿qué me recomendáis?
Roman Oyarzun: Historia del Carlismo
E-Book: Oyarzun-Historia Del Carlismo
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Re: Carlismo: ¿qué me recomendáis?
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Re: Carlismo: ¿qué me recomendáis?
Ellos y nosotros (historia del carlismo y del liberalismo en pocas líneas).
ELLOS Y NOSOTROS
HAGAMOS HISTORIA
Calumnia que algo queda, era la máxima de Voltaire a sus secuaces. Y se conoce que los liberales son sus aprovechados discípulos; no olvidan nunca el consejo de su maestro. Un periódico ha preguntado al Gobierno:
«¿Sabe la autoridad algo de la organización militar que en Estella y otros centros donde domina el carlismo están llevando a cabo con el objeto de defender a un Dios que nadie ofende, a una Patria que no es la suya, y a un Rey que jamás lo será?»
Se necesita frescura para combatir todavía al carlismo los que nos han traído las siete plagas de Egipto elevadas a la quinta potencia. Analicemos el gracioso parrafito con la imparcialidad que el caso requiere. A Dios se le ofende en las calles, blasfemando su santo Nombre, sin que la autoridad lo prohiba; cinismo que agrava más y más la ofensa inferida: ya ve el periódico liberal que miente como un bellaco al afirmar que no se le ofende.
«Una Patria que no es la suya»; pues, alma mía, ¿acaso hemos nacido los carlistas en las Batuecas? Si mientras más tiempo se posee una cosa, mayor derecho hay a su posesión, veamos de quién es esta Patria.
Nacimos con Recaredo y asistimos a los concilios de Toledo, aquellas famosas asambleas religioso-políticas en las que se formaban leyes sabias y justas que constituyeron la verdadera nacionalidad española (589).
Sostuvimos la monarquía goda hasta que Rodrigo la hizo imposible, acompañándole después a la batalla del Guadalete (711): allí se determinó una división funesta e inevitable; los traidores y perjuros desertaron con el conde D. Julián y D. Opas, presentándose a Tarif para hundir el puñal agareno en las entrañas de la Patria...
Nosotros quedamos sin Rey ni Caudillo, pero agrupados en torno de nuestra gloriosa bandera marchamos a Asturias, y en las asperezas del monte Auseba alzamos un Príncipe y constituimos un reino: Pelayo nos dirigió en Covadonga, cuya gruta fue a la vez templo, alcázar y fuerte (718).
Vencimos en Roncesvalles a la flor y nata de los caballeros franceses; y en Clavijo nos batimos a las órdenes de Santiago el Mayor, aunque los autores liberales consideren su aparición fabulosa. A las órdenes de Alfonso VIII peleamos en las Navas de Tolosa, derrotando a los moros de España, que unidos a los leones africanos mandaba Miramamolín.
Nos apoderamos de Córdoba y Sevilla con san Fernando y Garci-Perez de Vargas. Y en la vega de Granada presenciamos el desafío de Atarfe, triunfando el Ave María colocada sobre la poderosa lanza de Garcilaso de la Vega, y entrando después en la Corte de Boabdil, la poética ciudad de los cármenes, llamada por nuestros historiadores la sultana de las mil torres.
Embarcados con Colón en frágiles embarcaciones descubrimos un mundo nuevo, conquistándolo después con Cortés en las batallas de Otumba y Tlascala, y con Pizarro y Almagro en las llanuras del Perú, o en la formidable cordillera de los Andes.
Bajo el imperio de Carlos I vencimos en Pavía, en cuya batalla aprisionamos al Monarca francés y dominamos a Italia. Y Felipe II nos admiró en Lepanto y en Flandes guiados por D. Juan de Austria y el duque de Alba.
Más tarde, en 1808, el coloso del siglo y dueño absoluto de Europa pretendió dominarnos, y ese gigante murió en la isla de Santa Elena, vencido y derrotado por unos cuantos paisanos, dispuestos siempre a luchar por su Dios, por su Patria y por su Rey.
Esta es nuestra historia. Veamos el origen del liberalismo.
Nació en las Cortes de Cádiz, aquella tumultuosa asamblea que aprisionó a su Rey cuando salía de las garras de Napoleón, teniendo que venir 100.000 franceses a libertarlo. Amargaron los últimos instantes de su vida, forzándole a quebrantar las leyes seculares de España y dejando a su patria sumida en una guerra civil, protegiendo al parecer los supuestos derechos de una niña, que después se encargaron de corromper para más fácil destronarla.
Ayudaron a Espartero (el héroe de Ayacucho) a expulsar a la regente M.ª Cristina de España, señora a quien el General y sus prosélitos debían cuanto eran. Y al poco tiempo estos mismos héroes arrojaban a Espartero de la regencia, marchando éste a Londres, donde pocos años antes habíase refugiado su augusta víctima.
Revoluciones sin cuento y motines sin fin ensangrentaron el suelo de la Patria cuando nos pronosticaron, al abrazarse en Vergara al traidor Maroto, que se abría un horizonte de paz y de ventura. Y vino la guerra de África que pudo ser gloriosa, como la llamamos todos por puro patriotismo, resultando mucha sangre vertida, perdido el terreno conquistado, y 400 millones de ochavos morunos pagados no sé en cuántos plazos.
Teniendo presente el testamento de Isabel la Católica y los patrióticos deseos de Cisneros, como asimismo la creencia y el derecho que asiste al pueblo español de extender su territorio por Marruecos, cuyas plazas conserva, el emperador Napoleón III, el conde de Montemolin seguido del partido carlista, algunos generales y ministros secundando las órdenes de Isabel II y su esposo, y la emperatriz Eugenia, que como española le halagaba el engrandecimiento de su patria, a la par que Napoleón veía en la posesión de España inutilizada la ambición de Inglaterra respecto del imperio Marroquí, se formó el proyecto de proclamar a Carlos VI rey de España, cuyo ánimo esforzado, auxiliado de su valiente partido, conquistaría el territorio que se extiende desde Ceuta al Atlas y desde las orillas de Argel al Atlántico.
Tan vasto pensamiento embargó por el pronto y entusiasmó a sus autores, pero se arrepintieron de hacer algo grande quienes no habían nacido más que para arrebatarse el presupuesto. Habiendo iniciado el movimiento en San Carlos de la Rápita el general Ortega, capitán general de las Baleares, creyóse preciso fusilarle para justificar que era una insurrección y no un golpe de Estado preparado por el mismo poder.
Tuvieron ocasión de hacer algo grande, y no lo hicieron. Pospusieron su ambición particular, mezcla de egoísmo y pequeñez, y España dejó sus hijos sacrificados cubriendo los campos de África, y quedamos todos tan satisfechos.
Al grito de Viva España con honra se hizo la revolución de Septiembre, arrojando del trono a Isabel II, derramando tanta sangre al destituirla como habían derramado al proclamarla, y acusándola de no sé qué crímenes, como no fuera el de haberles sostenido en el poder, como su desgraciada madre.
Esta es la historia del liberalismo, corta, pero aprovechada: imposible parece que en tan poco tiempo se haga tanto daño, como no se esté dispuesto a hacerlo. Después, la vergüenza de Melilla y los desaciertos de Cuba completan el cuadro de desventuras que llueve sobre esta Nación infortunada.
«En cuanto a un Rey que jamás lo será», si los carlistas no estuviesen convencidos del triunfo de ese Rey, bastaría apreciar el odio con que dan la noticia y el deseo de precipitar al Gobierno en el camino de las persecuciones, para convencernos de la certeza que abrigamos cada vez mayor del advenimiento del carlismo. Las causas perdidas y los enemigos débiles causan lástima o desprecio, pero nunca odio.
CARLOS CRUZ RODRÍGUEZ
Extraído de: «Ellos y nosotros». Biblioteca Popular Carlista. Tomo VIII, febrero de 1896, páginas 16-19.