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Tema: La historia nunca contada de la conjura contra España (y de sus quintacolumnistas)

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    La historia nunca contada de la conjura contra España (y de sus quintacolumnistas)

    Al margen de algún comentario políticamente correcto sobre los homosexuales o sobre la Guerra Civil, creo que es interesante que dice este autor. Puede que merezca la pena adquirir el libro.
    ______________


    La historia nunca contada de la conjura contra España (y de sus quintacolumnistas)


    Alberto G. Ibáñez recorre en su último libro el origen y evolución de la leyenda negra intencionada que empañó la imagen de nuestro país durante tantos siglos


    Mural de Diego Rivera, uno de los 'contibuyentes' a la leyenda negra de España.

    Daniel Arjona
    Tiempo de lectura: 16 min
    03.11.2016 – 13:08 H.

    Fue Joaquín Bartrina, poeta catalán de la segunda mitad del siglo XIX, quien mejor cifró nuestro legendario furor autocrítico en aquellos versos memorables: ”Oyendo hablar a un hombre, fácil es / acertar dónde vio la luz del sol; / si os alaba Inglaterra, será inglés, / si os habla mal de Prusia, es un francés, / y si habla mal de España, es español”. Y un siglo después otro poeta también catalán, Jaime Gil de Biedma, corroboraría con desoladora expresividad el pesimismo patriótico hispano con otros versos no menos célebres: "De todas las historias de la Historia / sin duda la más triste es la de España,/ porque termina mal. Como si el hombre, / harto ya de luchar con sus demonios, /decidiese encargarles el gobierno / y la administración de su pobreza".


    'La conjura silenciada contra España'.

    ¿De dónde viene tan inédito sentimiento de culpa? ¿Cómo surgió, quiénes lo promovieron y cuál es la razón de su pertinaz presencia entre nosotros? Y al fin, ¿está justificado? Para el investigador Alberto G. Ibáñez (1963), doctor en Derecho y Ciencia de las Religiones, no hay caso, España es una nación como las demás, con una biografía semejante al resto... salvo en un aspecto: nuestro país ha dejado que otros escriban su historia con singular ensañamiento y luego ha aceptado acríticamente su versión.

    En 'La conjura silenciada contra España' (My2 Editorial), Ibáñez traza la genealogía de la leyenda negra que desde hace 200 años persigue a nuestro país, su forja anglosajona, su expansión y el proceso por el cual fue asimilada por muchos españoles a los que el autor describe como "quintacolumnistas ingenuos".

    Alberto G. Ibáñez.

    PREGUNTA. ¿Cómo surgió el proyecto de escribir ‘La conjura silenciada contra España’?
    RESPUESTA. Hay un proverbio que dice: “Si no sabes dónde vas, al menos debes saber de dónde vienes”. La verdad es que yo vivía en un incómodo sueño indolente e ignorante, como creo que siguen viviendo la mayoría de los españoles, en el que aceptaba a regañadientes, pero sin demasiada resistencia, que España “era naturalmente diferente” al resto de países europeos, que no podíamos sentirnos orgullosos de nuestra Historia porque habíamos sido muy malos y contábamos con un pasado poco honorable, lo que motivaba y hasta justificaba que muchos pretendieran dejar de ser españoles.
    Pero un día entré en una librería de viejo y escuche a un señor defender con pasión que nuestra leyenda negra y el resto de nuestra mala fama eran absolutamente exageradas, fruto más bien de una artera manipulación hábilmente diseñada y ejecutada durante siglos por algunas potencias extranjeras que competían con nosotros por el dominio del mundo. Nunca volví a verle, pero a partir de ahí decidí investigar por mi cuenta y aquí tienen el resultado de más de cuatro años de trabajo, que incluye la visita a dos archivos poco frecuentados, donde confirmo con pruebas abrumadoras que “nos han robado nuestra verdadera Historia”.

    P. Aplica en el libro el “revisionismo crítico” de la escuela de Jovellanos. ¿La tarea del historiador sigue pasando hoy por derribar las estatuas de los falsos mitos?
    R. Con España se da un caso muy curioso y singular: es uno de los pocos países del mundo que en lugar de mentir y ocultar errores para encumbrar a sus (falsos) héroes, y exagerar y crear mitos que fortalecieran la idea de cohesión nacional, ha aceptado sin muchas resistencias las mentiras que alegremente lanzaban otros dirigidas a destruir o debilitar nuestra propia idea de nación. Ni siquiera durante el franquismo esta situación cambió mucho, aunque ciertamente se intentara, pero sin demasiada habilidad y poco éxito.

    Doy muchos ejemplos en el libro. Le voy a recordar aquí uno: compare el tratamiento histórico de Ricardo Corazón de León y el de Hernán Cortés. El primero, rodeado de un falso romanticismo (la propia creación de la figura de Robin Hood así lo atestigua), hábilmente vendido en cientos de libros y películas, que oculta su lado oscuro y sus muchas zonas de sombra. De hecho, era un irresponsable, bastante sanguinario y despreciado por sus colegas. Por otro lado, tenemos a Cortés, sin duda uno de los mayores estrategas militares y genios políticos de toda la Historia. Basta leer sus 'Cartas de relación'. Pues bien, ni siquiera resulta fácil visitar hoy su tumba. Casi todos los países han perseguido crear historias “a la mayor gloria de sus héroes”, salvo España. El caso de Napoleón es otro de esos ejemplos que merecerían figurar bajo el lema de una conocida tienda de muebles: “Redecora tu vida”. Un dictador, responsable de millones de muertos, que se carga la Revolución y que sin embargo es idolatrado hoy por todos los franceses e incluso por parte de nuestra izquierda.

    Retrato de Hernán Cortés.

    P. ¿Y los ingleses?
    R. Los ingleses son los grandes maestros de la utilización de la Historia para engrandecer su orgullo nacional o su conciencia de país, seguidos de los franceses. En la escuela primaria, se adorna todavía hoy la leyenda de su 'gran' victoria sobre la Armada invencible, presentando una poderosa flota española mucho más numerosa de lo que fue, vencida por un puñado de heroicos navíos tripulados por audaces patriotas. Se oculta así la realidad de que la flota inglesa la componían 226 naves 226 frente a las 137 españolas, de las cuales la mayoría eran además barcos mercantes, ignorando asimismo que incluso con esta disparidad de fuerzas, si no llega a ser por la fuerte tormenta, hubieran ganado seguramente los españoles. O el propio rey Jorge II, que sin ningún pudor prohibió expresamente que figurara en las crónicas históricas la humillante derrota de la segunda mayor flota de todos los tiempos a manos de un militar manco, tuerto y cojo: Blas de Lezo; por cierto, vasco y español sin complejos.

    Uno de los hechos singulares de este país es que hemos creado pocos mitos, e incluso en las pocas veces que se ha intentado, con poca intensidad y muchos matices. En otras, ni siquiera nos dieron tiempo. Pongamos por ejemplo la crucial victoria de Lepanto sobre el Imperio turco (1571). Una vez terminada, comenzó una campaña en Europa para minimizar su importancia, encabezada por Francia (por no haber sido ella la protagonista de la hazaña), y que tuvo en Voltaire a uno de sus más célebres y acerados críticos. ¿Por qué será? Apelo a su inteligencia.

    P. ¿En qué circunstancias históricas nace la leyenda negra y cuáles son las razones del éxito de la manipulación franco-anglosajona de nuestra historia?
    R. Nos hemos olvidado, pero España fue durante siglos el enemigo a batir. Consiguió realizar la mayor gesta humana y tecnológica que se recuerda: cruzar el océano Atlántico y unir los dos hemisferios. Aquellos hombres navegaban en tres barquichuelas de madera, dirigidos a un destino ignoto y casi a una muerte segura, sin mapas y sin seguridad de cómo iban a volver. Las grandes potencias hasta entonces habían visto a España como un país ocupado de sus propios asuntos. No es casualidad que no viniera aquí ninguna ayuda de Europa durante la Reconquista, y la que vino mejor que no lo hubiera hecho, pues solo pretendían la rapiña.

    Y sin embargo, de repente, España se convierte en una gran potencia competidora con el resto, dueña de los mares y con acceso a unas riquezas que se aventuraban magníficas e inagotables. A ello se añade que el nieto de los Reyes Católicos, Carlos I, fija su residencia en España y dirige desde aquí el Imperio americano y europeo. Esto era más de lo que se podía soportar. Por eso, a finales del siglo XVI, aunque ya se venía actuando antes, se crea la leyenda negra antiespañola en Holanda, a la que rápidamente se unen sus aliadas Inglaterra y Francia. El último país que se suma a esta gran campaña de manipulación histórica será Estados Unidos, por puro cálculo de interés: tras reconocer que debe en gran parte su independencia a España, y a un personaje extraordinario como Bernardo de Gálvez, al día siguiente se percataría de que dos terceras partes del territorio que hoy forma parte de los EEUU estaba en manos españolas y que, por tanto, pasábamos de nuevo a ser el enemigo a batir.

    En el libro repaso una por una las acusaciones que componen esa leyenda, para demostrar o su completa falsedad, o su malévola exageración o su injusticia al servir para tapar los errores y horrores (mucho mayores) que cometían otros. Sirva como ejemplo que la primera legislación laboral con derechos para los trabajadores la dictan los Reyes Católicos y Felipe II, y que las misiones no resisten la comparación con las plantaciones de esclavos del norte de América, a pesar de ser estas mucho más modernas. Y en cuanto al oro…, la mayor parte acabó en las bodegas de los corsarios ingleses o en las cámaras acorazadas de los banqueros holandeses.

    P. ¿Y quiénes son esos 'quintacolumnistas' ingenuos a los que alude en el subtítulo del libro?
    R. En realidad, un poco lo hemos sido todos. De hecho, la razón definitiva por la que triunfó la leyenda negra es simplemente porque los propios españoles, ingenuamente, nos la creímos y no la combatimos. En España se ha producido un verdadero harakiri histórico-cultural al aceptar la versión de la Historia común que más daño nos hacía, y que alentaba la división y el debilitamiento de la conciencia de país. Mientras tanto, otras potencias, hermanas y sin embargo históricamente competidoras, utilizaban la Historia al servicio de la construcción de un sentimiento de orgullo nacional sin complejos e incluso dotado de cierta arrogancia altanera, con la complicidad de sus intelectuales.

    Sin embargo, si ha habido un grupo singular de ingenuos, ese ha sido el de nuestros intelectuales. Hubo sin duda excepciones, como Baltasar Gracián, Juan Valera y Azorín, quienes alertaron de la trampa y el engaño, y por tres veces los españoles negaron el valor de sus palabras. Pero la regla general es que, mientras otros empleaban el mecanismo ancestral del chivo expiatorio recurrentemente para echar las culpas de sus males a un tercero o a una fuerza extranjera, en España la tendencia más frecuente era utilizar el chivo expiatorio interno: culparse unos españoles a otros o asumir una culpa colectiva.

    P. La larga decadencia de España que comienza en el siglo XVII tiene demasiados exégetas con opiniones encontradas. ¿Se puede enmarcar a grandes rasgos el proceso, al modo de Acemoglu y Robinson en ‘Por qué fracasan las naciones’, en un escenario de permanente crisis de las instituciones?
    R. Lo que yo sostengo es que las naciones fracasan principalmente debido a aspectos culturales, los cuales Acemoglu y Robinson ignoran o simplemente menosprecian. No niego la importancia de los aspectos institucionales, pero todavía hay que preguntarse, ¿por qué tal o cual institución existe en un lugar y en otro no?, ¿o por qué la misma o parecida institución funciona de una manera en un país y de otra en otro? Por ejemplo, si existe una cultura dominante de incumplir las normas, ¿de qué vale cambiar las leyes?

    En España, la decadencia empieza por la implantación de falsas creencias, y luego se concreta en la práctica, cuando dichas creencias se interiorizan en el imaginario colectivo y llegan a manifestarse en una determinada forma de hacer las cosas. Si somos un desastre y lo creemos a pie juntillas, luego va a ser muy difícil que busquemos la excelencia en nuestro trabajo. Ciertamente existen otras causas, como que España (sobre todo Castilla) tuvo que soportar enormes deudas de forma permanente, con motivo de la necesidad de sufragar el Imperio de ultramar y luego el europeo de Carlos V, pero de estas se habla más en los libros de historia o de economía. Sin embargo, de los aspectos culturales o de implantación de creencias, mucho menos.

    'El emperador Carlos V, a caballo, en Mühlberg', de Tiziano (1548).

    P. Con la II República, tiene lugar un intento de resurrección del país en la vía democrática que se salda sin embargo con un estrepitoso fracaso en forma de guerra civil. ¿Cuál fue el peso de la 'mala fama' de nuestro país en aquellos hechos?
    R. Más que la mala fama, lo que fue determinante de nuevo fue nuestra falta de patriotismo integrador y una terrible ingenuidad. La II República empezó bien en 1931, con una exaltación de júbilo popular, el apoyo del Ejército, liderada por políticos moderados y un grupo de intelectuales de una talla como no hemos vuelto a ver: Ortega, Pérez de Ayala, Marañón, Machado… ¿Qué pasó entonces para que trascurridos pocos años la mayor parte de ellos suscribiera el “no es esto, no es esto” ortegiano, y algunos incluso apoyaran el bando nacional? ¿Por qué perdió la República una guerra que tenía en principio ganada?

    Primero, apareció un mal nacional: el sectarismo, que es lo opuesto al patriotismo integrador que forma la columna vertebral de las grandes naciones de nuestro entorno. Otro motivo fue que, una vez más, dejamos que otras potencias nacionales se aprovecharan de nosotros y jugaran con nuestro futuro. Los primeros fueron los soviéticos, que vieron en España una potencial colonia política en el sur de Europa con la que hacer la pinza a las potencias burguesas europeas más potentes: gran parte de nuestra izquierda compró esa mercancía barata. Los segundos fueron el nazismo y el fascismo, que pronto utilizaron nuestra Guerra Civil como campo de pruebas para lo que se avecinaba en Europa. Esto no tenía por qué haber sido así. Téngase en cuenta que tanto Mola como Sanjurjo eran republicanos. En tercer lugar, de nuevo Francia e Inglaterra miraron a otro lado, complacientes con una España que se desangraba a sí misma; las inercias tiran mucho y una España débil siempre ha gustado a nuestros competidores.

    Ya lo dijo Azaña: “Enumerados por orden de importancia, de mayor a menor, los enemigos de la República son: la política franco-inglesa; la intervención armada de Italia y Alemania, los desmanes, la indisciplina y los fines subalternos que han menoscabado la reputación de la República y la autoridad del Gobierno; por último, las fuerzas propias de los rebeldes”.
    "Durante la Guerra Civil, una vez más, dejamos que otras potencias nacionales se aprovecharan de nosotros y jugaran con nuestro futuro"

    P. ¿Y el nacionalismo? Le cojo uno de sus epígrafes para preguntarle: ¿es la consecuencia o la causa de la decadencia española?

    R. El nacionalismo-separatista tiene tres características: es ingenuo, egoísta y traidor. Existe un célebre adagio que dice: divide y vencerás. Los nacionalistas han sido los grandes cómplices ingenuos de la política de debilitamiento de España, que tanto convenía a otras naciones y tan poco a ellos mismos. Cuando España era un gran imperio, nadie quería abandonar el barco porque todos se aprovechaban. Cuando sobreviene algún tipo de crisis o zozobra, ya se sabe qué animales son los primeros en pretender saltar en marcha. Detrás del nacionalismo no hay razones históricas sino simplemente económicas: fíjese que solo las regiones ricas (aunque lo hayan sido gracias al esfuerzo del resto) pretenden separarse del conjunto, nunca las pobres, por muy pasado glorioso que atesoren.

    Pero es que, además, los nacionalistas fueron los grandes traidores a la República, algo que nuestra izquierda nacional, que practica con curiosa asiduidad una memoria selectiva o por barrios, pronto olvidó, hasta el punto de que no tiene remilgos en pactar gobiernos con derechas separatistas pero no así con la derecha española. Lo curioso es que 80 años después, el nacionalismo ha vuelto a hacer lo mismo: traicionar los pactos de la Constitución de 1978 (en la que todos cedieron, los que más los centralistas) que trajeron de nuevo la democracia, y aprovechar la crisis económica para empujar a España al abismo. Lo más sorprendente es que no se den cuenta de que en este barco siguen navegando ellos. Pensar que cuanto peor le vaya a España, mejor les irá a los independentistas es de una enorme ingenuidad, egoísmo y traición. Como demuestra el deporte, juntos somos más fuertes.

    P. De vuelta de nuevo en el presente. La Transición pareció ser al fin ese momento de éxito que los españoles nos negábamos a nosotros mismos desde hacía tiempo pero, hoy, el país vive una grave crisis política. ¿Otra España es posible?
    R. Por supuesto, el último capítulo del libro es netamente optimista porque una vez constatado que hemos sido (muy) grandes, resulta sencillo pensar que podemos volver a serlo. Todo ello pasa por valorar adecuadamente nuestro pasado, repensar el presente y atreverse a ganar el futuro. Doy varias claves de cómo hacerlo. Pero tal vez la clave más importante viene de que lo hagamos en el terreno de la educación. Otra cuestión son sus contenidos: ¿qué modelo educativo necesitamos para volver a ser una gran nación de la que podamos sentirnos orgullosos? Pues por de pronto, como practicaban los clásicos y hacen hoy otras naciones de nuestro entorno, debemos volver a estudiar a nuestros grandes héroes y heroínas, que los tenemos en todos los campos, no solo en el militar, sino en las artes, en el pensamiento e incluso en la ciencia y la tecnología. Incluyo una lista de 400 nombres, pero sin duda me quedo corto.

    Por último, necesitamos recuperar un patriotismo transversal, integrador e ilustrado, donde con toda naturalidad un ateo, homosexual y comunista pueda sentirse tan patriota español como un católico, padre/madre de familia numerosa y de derechas. ¿Por qué? Porque es lo que nos une, lo que garantiza la paz y el progreso, lo que sucede en 'todos' los demás países, en definitiva, lo que a todos nos conviene. Todos saldremos ganando, sobre todo nuestra cohesión social y el progreso económico.

    FUENTE: Historia: La historia nunca contada de la conjura contra España (y de sus quintacolumnistas). Noticias de Cultura
    Última edición por Kontrapoder; 06/11/2016 a las 00:55
    «Eso de Alemania no solamente no es fascismo sino que es antifascismo; es la contrafigura del fascismo. El hitlerismo es la última consecuencia de la democracia. Una expresión turbulenta del romanticismo alemán; en cambio, Mussolini es el clasicismo, con sus jerarquías, sus escuelas y, por encima de todo, la razón.»
    José Antonio, Diario La Rambla, 13 de agosto de 1934.

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