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Tema: Orgullo de ser español: nuestra historia, sin complejos

  1. #1
    Avatar de Hyeronimus
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    Orgullo de ser español: nuestra historia, sin complejos

    Contra el masoquismo, un libro imprescindible


    Orgullo de ser español: nuestra historia, sin complejos




    La Historia de España es una aventura prodigiosa. Ese es el lema de La gesta española, el último libro de José Javier Esparza. Desde la llegada de los romanos hasta la batalla de Bailén, pasando por la gigantesca empresa americana, la obra detalla cuarenta y ocho episodios que han construido la identidad de España como nación histórica. La gesta española recoge los programas que Esparza ha dedicado a explicar nuestra historia en “La tarde con Cristina”, en la cadena COPE, durante la temporada 2006-2007. La propia Cristina López Schlichting prologa el libro. El autor va desplegando la historia de los españoles en un estilo ágil, vertiginoso y con abundante información, donde el rigor no resta nada a la pasión. La gesta española transmite una inequívoca sensación de orgullo de ser español; un orgullo templado y crítico, pero sin traumas ni complejos. No hay mejor síntesis que la propia introducción del libro, que a continuación reproducimos. La gesta española será el regalo patriótico de esta Navidad.

    JOSÉ JAVIER ESPARZA

    Bravos clanes campesinos que cruzan montañas para reconquistar –arado y lanza- las desiertas tierras del Duero. Comerciantes levantinos que sientan plaza en Bizancio, puerta de Oriente. Mujeres que atraviesan el océano para fundar familias en el Río de la Plata. Hidalgos menesterosos que rastrean la jungla en pos de míticas ciudades de oro. Exploradores que descubren volcanes humeantes y coronan su cumbre por el puro gozo de la aventura. Conquistadores que, tras ganar tierras y riquezas, reparten sus bienes a los pobres y se retiran a una ermita en Nueva España o en la selva ecuatorial de la Puná. Cantareras que desafían a las balas del francés para socorrer la sed de los nuestros en Bailén. Frailes que predican el Evangelio entre pueblos que nadie nunca había visto. Caballeros de lanza en ristre y damas de armas tomar. Navegantes sabios y audaces que descifran en mapas los secretos del océano y las estrellas, escribiendo rutas en el agua virgen. Santos poetas cuyo corazón vibra con el diapasón de Dios. Soldados severos y escuetos que durante tres siglos sostienen en medio mundo la bandera de la Cruz de San Andrés. Botánicos que clasifican la flora del Nuevo Mundo, filósofos empeñados en la tarea de definir la dignidad humana, mercaderes que cambian plata por especias en el Mar de la China, eruditos pioneros de la Gramática romance, marinos que persiguen barcos corsarios en Jamaica o Argel, artistas entregados a la conquista del espíritu…

    La Historia de España es una aventura prodigiosa.

    *

    Este libro tiene un único objetivo: contar Historia de España a unos españoles que, cada vez más, la ignoran, y contarla, además, desde un punto de vista positivo, constructivo, sin complejos. Se trata de explicar cuáles han sido los grandes hitos de la formación de España como nación histórica. Es, ante todo, un libro destinado a los más jóvenes: son ellos quienes más han sufrido las consecuencias de unos programas de enseñanza calamitosos y la ofensiva cultural de los secesionismos regionales; son ellos, por tanto, quienes han crecido en un completo desconocimiento de qué es su país, de cuál ha sido su trayectoria, de quiénes son los españoles. Los capítulos de nuestra historia podrán servir para ofrecer una visión breve, clara y concreta de cómo nació España, cuál es su lugar en el mundo y qué aportó a la historia de la humanidad. Y servirán también para despertar el recuerdo de quienes un día supieron todas esas cosas, pero las han olvidado ya.

    Los textos aquí reunidos, aunque conforman un todo ordenado cronológicamente, no fueron originalmente concebidos como material literario, sino como guión radiofónico. Son los capítulos de la sección “Historia de la gesta nacional española” en el programa La tarde con Cristina, en la cadena COPE. Su directora, Cristina López Schlichting, quiso con esta sección marcar una actitud de compromiso en defensa de España como nación. La forma más gráfica de hacerlo era contar algunos de los episodios fundamentales de nuestra historia, y ello en el tono más divulgativo posible. Divulgativo no quiere decir “superficial”, “cómico” o “simple”, sino explicado de tal manera que lo pueda entender la gran mayoría de la gente. A la hora de trasponer los guiones a formato literario, hemos preferido mantener ese tono divulgativo; por eso los numerosos textos de época que citamos han sido frecuentemente adaptados a la lengua contemporánea, para facilitar su comprensión, y también por eso hemos conservado algunas de las dramatizaciones que nos han servido para describir episodios de valor trascendental.

    *

    España es una nación. Más precisamente, una nación histórica. Entre los españoles, la conciencia de unidad, de pertenecer a algo común, apareció antes incluso de que el término “nación” tuviera significado político y, desde luego, antes de que esa palabra adquiriera su significado moderno. También, por supuesto, antes de que pudiera hablarse de “nacionalismos”, “nacionalidades” o “realidades nacionales” en ninguno de los viejos reinos y territorios que iban a conformar España. Los españoles supimos que formábamos una unidad de carácter político antes de que nadie llamara a eso “nación”; eso es lo que quiere decir “nación histórica”.

    Nuestra cualidad nacional se fue forjando a lo largo del tiempo, a caballo de los acontecimientos; no hubo un documento firmado en un determinado momento y que proclamara el nacimiento de la nación española, sino que ésta fue conformándose como una realidad de hecho a partir de un camino común. En esa trayectoria, los elementos unitarios, de integración –lengua, religión, corona, territorio-, fueron prevaleciendo sobre los elementos disgregadores, de dispersión. Hubo una conciencia de unidad territorial, jurídica e idiomática con Roma; hubo una conciencia de unidad religiosa y cultural a partir de la expansión del cristianismo; hubo una conciencia de unidad perdida tras la invasión musulmana y de unidad recobrada durante la Reconquista; hubo una conciencia de unidad política bajo la Corona de la monarquía hispánica y tal conciencia pasaría a ser una constante de la vida colectiva durante siglos, hasta hoy.

    A lo largo de ese camino de dos milenios, los españoles han forjado su identidad colectiva en condiciones frecuentemente muy duras. Siempre –no sólo hoy- hubo fuerzas que quisieron disolver el conjunto, fragmentarlo, romperlo. Esas fuerzas fueron, las más de las veces, exteriores, y en otras ocasiones, interiores. Pero también siempre prevaleció la tendencia a la unidad, a conservar y mantener y perfeccionar lo que con tanto esfuerzo se había logrado. Por eso cabe hablar de una gesta nacional. Esa gesta es la materia que narramos aquí.

    *

    Otra cosa importante: este no es un libro “neutro”. Pretendemos contar la Historia como fue, pero nuestra narración no es distante ni su tono puede ser ajeno al valor de los hechos narrados. Al revés, este es un relato escrito desde la convicción de que España es algo hermoso, grande, importante; escrito desde el amor a España, a sus gentes, a sus pueblos, a sus tierras, también a su diversidad, que es constitutiva de nuestro propio ser. España ha dejado en la Historia universal cosas trascendentales en todos los órdenes, desde la navegación hasta la espiritualidad, desde las artes hasta las ciencias. En esa tarea titánica han surgido nombres propios de talla extraordinaria, ya se trate de un Juan de Austria, victorioso en Lepanto, o de un Pedro Serrano, aquel oscuro postillón que cabalgó hasta reventar –literalmente- para llevar a todas partes el bando de Móstoles contra la opresión francesa. Esos nombres propios se recortan, como siluetas destacadas, sobre el fondo de un pueblo extraordinario y estremecedor, capaz de hazañas que no pueden dejar de pasmar al estudioso. Gracias a esas hazañas, nosotros existimos. En los últimos años parece haberse puesto de moda una especie de resentimiento histórico destinado a abominar sistemáticamente de todo cuanto España ha sido y es. Nuestra perspectiva es exactamente la contraria: sin silenciar episodios oscuros o poco gratos, creemos sinceramente que la Historia de España tiene muchas más luces que sombras. Y eso nos enorgullece.

    Como el objeto de este relato es contar la construcción de España, la mayor parte de los episodios corresponde a etapas lejanas de nuestra Historia. Nuestra narración, en un arco de dos milenios, comienza con el nacimiento de la Hispania romana y llega hasta la batalla de Bailén, que en cierto modo marca el origen de la nación española moderna. Como no podía ser de otro modo, hemos prestado una atención especial a los siglos de oro, el XVI y el XVII, que fueron los de mayor esplendor de España y también, probablemente, aquellos que decidieron el lugar de España en la Historia Universal.

    La Historia siempre es forzosamente historia bélica y política, puesto que es en esos campos donde se resuelven las decisiones supremas, de manera que nuestra narración abunda en hechos de armas y episodios políticos. Ahora bien, ni la construcción de la nación descansa sólo sobre los hechos de armas y la sucesión de reyes, ni las batallas y dinastías pueden entenderse como realidades singulares y autónomas, sino que sólo tienen sentido en un contexto político, cultural, sociológico, etc. Por eso hemos querido subrayar siempre los aspectos más relevantes en el plano cultural, religioso, humano. Así, nos ha interesado poner el acento en cuestiones como el carácter de la gente de a pie que hizo la conquista de América (¿cómo eran, qué tenían en la cabeza esos hombres, esas mujeres que cruzaron el mar?) o en episodios de carácter filosófico y científico a los que la divulgación histórica convencional no suele conceder el relieve que merecen, como la Controversia de Valladolid, donde se alumbró el germen del concepto moderno de derechos humanos, o como la expedición científica de Francisco Hernández en Nueva España, que fue la primera del mundo en su género.

    *

    No vivimos hoy buenos tiempos para la reivindicación de lo español. Desde hace muchos años se ha impuesto un visión propiamente masoquista de España en la que todo cuanto pertenece a la historia de nuestro país se juzga torvo, equivocado, oprobioso o inútil. Ojo: no es que se matice la historia épica nacional para acercarse a un visión más ponderada de las cosas –ejercicio que, en general, sería irreprochable-, sino que deliberadamente se transforma la apología en abominación, el ditirambo en condena, y así terminamos en una suerte de épica inversa donde lo que se canta no es lo español, sino lo antiespañol. Una legión de escritores, escritorcillos y escritorzuelos lleva decenios entregada a la tarea de menoscabar sistemáticamente lo español, su realidad presente y su huella histórica. Lo que se ha operado es una auténtica inversión de la Historia: tenían razón los moros al ocupar la península y la reconquista fue un error; el descubrimiento de América fue una calamidad tragicómica; nunca debimos evangelizar América, sino permitir el espontáneo progreso de los sacrificios humanos en Tenochtitlán; mantener la fidelidad a Roma frente a la reforma protestante no fue gesto de honor, sino intolerancia oscurantista, y jamás debimos oponer el menor obstáculo a los franceses de Napoleón. No faltan millonarios –nunca faltan millonarios para tales tareas- dispuestos a editar y multiplicar el eco de esa obra destructora. Hoy, entre las clases semicultas del país, se ha impuesto largamente la idea de que España merece morir. Nos la quieren sustituir por regiones-nación de historia inventada y por mitos y leyendas de origen norteamericano. Por cierto que no somos sólo nosotros, españoles, quienes sufrimos hoy la maldición de nuestra identidad: toda la cultura europea está padeciendo esta epidemia, si bien en nuestro caso presenta rasgos muy singulares –porque, en nuestro caso, el masoquismo nacional parece toda una filosofía de Estado.

    Todo esto es una locura. Pero, sobre todo, es una impostura. Y como todas las imposturas, tarde o temprano se disolverá por la simple fuerza de la evidencia. Ahora bien, para ello es preciso que alguien recuerde las certidumbres más elementales, aun a riesgo de caer en la simplificación escolar. De lo contrario, es perfectamente posible que el masoquismo nacional se prolongue de manera indefinida y que sucesivas generaciones de españoles crezcan en la certidumbre de que todo cuanto tienen atrás –sus apellidos, su linaje, sus tierras, esa catedral que se alza en su ciudad, los cuadros del Museo del Prado, el mismo idioma que hablan- es una desdicha sin límites, una maldición eterna, un error permanente que mancha su identidad con una vergüenza indeleble. En suma: si no recordamos la verdadera dimensión de la Historia de España, no tardaremos en ser gentes avergonzadas de sí mismas, ese tipo de gente ya sólo aspira a dejar de existir. Quizá tal sea ya, colectivamente hablando, nuestro caso.

    Sea como fuere, aquí, igual que en Covadonga, bastará con que uno se plante para que cambie el curso de las cosas. En ese sentido, la palabra “reconquista” adquiere hoy un sabor muy particular. De algún modo, lo que hoy tenemos delante nosotros, españoles del siglo XXI, es también una reconquista de algo perdido. Lo que está en juego no es una forma de Estado más o menos abierta, ni una Constitución más o menos flexible, sino algo que se mueve en unos estratos mucho más profundos: es la supervivencia de España como agente histórico y de lo español como identidad, como forma específica de estar en el mundo.

    En esa tarea, la narración de la Historia cumple una misión literalmente cardinal, como las constelaciones en la noche: permite reencontrar el camino perdido.

    http://www.elmanifiesto.com/articulo...darticulo=1174

  2. #2
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    Re: Orgullo de ser español: nuestra historia, sin complejos

    Cita Iniciado por Hyeronimus Ver mensaje
    Bravos clanes campesinos que cruzan montañas para reconquistar –arado y lanza- las desiertas tierras del Duero. Comerciantes levantinos que sientan plaza en Bizancio, puerta de Oriente. Mujeres que atraviesan el océano para fundar familias en el Río de la Plata. Hidalgos menesterosos que rastrean la jungla en pos de míticas ciudades de oro. Exploradores que descubren volcanes humeantes y coronan su cumbre por el puro gozo de la aventura. Conquistadores que, tras ganar tierras y riquezas, reparten sus bienes a los pobres y se retiran a una ermita en Nueva España o en la selva ecuatorial de la Puná. Cantareras que desafían a las balas del francés para socorrer la sed de los nuestros en Bailén. Frailes que predican el Evangelio entre pueblos que nadie nunca había visto. Caballeros de lanza en ristre y damas de armas tomar. Navegantes sabios y audaces que descifran en mapas los secretos del océano y las estrellas, escribiendo rutas en el agua virgen. Santos poetas cuyo corazón vibra con el diapasón de Dios. Soldados severos y escuetos que durante tres siglos sostienen en medio mundo la bandera de la Cruz de San Andrés. Botánicos que clasifican la flora del Nuevo Mundo, filósofos empeñados en la tarea de definir la dignidad humana, mercaderes que cambian plata por especias en el Mar de la China, eruditos pioneros de la Gramática romance, marinos que persiguen barcos corsarios en Jamaica o Argel, artistas entregados a la conquista del espíritu…
    Un poquito exagerado ¡no?
    Así que, para ser uno español ¿tenía que “cruzar montañas, o atravesar el océano, o rastrear la jungla, descubrir volcanes, repartir los bienes a los pobres, retirarse a una ermita, desafíar a las balas del francés, ser caballeros de lanza en ristre y damas de armas tomar, descifrar en mapas los secretos del océano” etc.?
    Muy cierto todo, pero creo que no todos los españoles hicieron de “Indiana Jones”, tal como el artículo parece indicar.
    ¿Es que los que estaban en su casita, acaso eran menos españoles? ¿O que no lo eran en absoluto?
    Lo decisivo para ser español nunca fue participar en gestas ni en guerras ni en aventuras, sino en ser súbditos de una Monarquía española, así como suena, y en participar de los principios políticos, jurídicos, cortesanos, educativos, culturales, lingüisticos, literarios, artísticos, comerciales, militares, eclesiáticos, académicos, de relaciones exteriores, etc, etc etc que esa Monarquía promovió y reglamentó; y así durante muchos siglos: aproximadamente desde el siglo XVI al XX).
    Eso es lo que se significa con la palabra “español”. Así de simple.

    (Y ese sería, en definitiva, el meollo de la cuestión que late cuando los portugueses afirman que ellos no son “españoles”, en el sentido de que todos esos principios ordenativos políticos, jurídicos, cortesanos, educativos, culturales, lingüisticos, literarios, artísticos, comerciales, militares, eclesiáticos, académicos, de relaciones exteriores etc. que España o cualquier nación moderna tuvo, los poseyó Portugal con carácter propio y distinto de los que España tuvo durante los últimos cinco siglos, en la medida que también tuvo su propia Monarquía. Lo digo porque los portugueses no necesitan recordar que tuvieron antepasados aventureros, para sentirse igual de portugueses.)
    Última edición por Gothico; 10/12/2007 a las 19:56

  3. #3
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    Re: Orgullo de ser español: nuestra historia, sin complejos

    ¿Pretendes decir que España es un invento de los RR.CC.?
    " el pueblo español fue y es antidemocrático, y para no serlo fue capaz de librar la gran guerra de la Independencia, las tres carlistas y la última guerra de Liberación. Esta fue y es la realidad histórica, quieran los demócratas o no; lo confiesen o no."
    Anti-España 1959 Mauricio Carlavilla


    " volad a las Armas, incorporaos con los defensores de la más justa y Sagrada Causa; podréis así salvar vuestra vida, a vuestra familia de la mendicidad, y hacer ver a la Nación entera que sois Cristianos Católicos, y que los Gallegos de la generación presente son, como los de las pasadas, leales a su legítimo Monarca "
    Proclama carlista do capitán de partida Modesto Varela (1838)

  4. #4
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    Re: Orgullo de ser español: nuestra historia, sin complejos

    Yo es que creo que los Países (o las Naciones o los Estados o las Patrias) civilizados, en general, siempre se han construido desde lo más noble hacia lo más bajo, y que la gente llana asume (y debe asumir) los principios más elevados que se le dan (y hace bien, por supuesto). Y tanto más civilizados los pueblos cuanto mayor haya sido el principio ordenador en cuestión.

    El tema puede ser tan sencillo o tan complicado como cada uno lo quiera imaginar.
    Hablo a nivel básico y en relación con el contexto del artículo.
    De todas formas, a nivel más complejo y a título particular, hago mía la teoría de J. A. Maravall en su obra “El concepto de España en la Edad Media”, en lo relativo al concepto de lo hispánico.

    Cuestionaba antes el concepto de “español” sólo como algo dinámico y agresivo, y sólo como plasmado de cara al heroísmo, tal como el artículo parece decir.
    Yo señalaba que, desde el siglo XVI pasó a existir (y a hablarse de) una monarquía española, de una literatura específicamente española, de una legislación específicamente española (sin perjuicio de que continuaran legislaciones particulares en ciertos territorios), de un Ejército español, un Arte español, unas Academias españolas, unas relaciones exteriores españolas, unas Universidades españolas, un Comercio español, un “Siglo de oro” español, unas Colonias españolas y unos personajes que son catalogados como españoles, a secas.
    Y que ese es el precedente reciente que ha hermanado (o debería hermanar) a todos los españoles.

    Y que desde el Extranjero ese concepto de identidad española es el que se tiene: que un Goya era español, que un Cervantes era español, que un Nelson o un Napoleón combatieron contra España o los españoles (o sea, contra todos ellos en bloque).

    Particularidades internas territoriales aparte, creo que todo eso es evidente y es imposible negarlo.

    De todos modos, mejor no sacar punta al asunto, porque este tipo de temas en esta época, lamentablemente, se suele sacar de quicio.

  5. #5
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    Re: Orgullo de ser español: nuestra historia, sin complejos

    Veo que es sólo una cuestión nominal más, en esencia estamos de acuerdo
    " el pueblo español fue y es antidemocrático, y para no serlo fue capaz de librar la gran guerra de la Independencia, las tres carlistas y la última guerra de Liberación. Esta fue y es la realidad histórica, quieran los demócratas o no; lo confiesen o no."
    Anti-España 1959 Mauricio Carlavilla


    " volad a las Armas, incorporaos con los defensores de la más justa y Sagrada Causa; podréis así salvar vuestra vida, a vuestra familia de la mendicidad, y hacer ver a la Nación entera que sois Cristianos Católicos, y que los Gallegos de la generación presente son, como los de las pasadas, leales a su legítimo Monarca "
    Proclama carlista do capitán de partida Modesto Varela (1838)

  6. #6
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    Re: Orgullo de ser español: nuestra historia, sin complejos

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    "La gesta española", una apuesta por la identidad


    Esparza: “Es necesario que los españoles reconquistemos nuestra propia historia”




    Hay pocos libros de los que pueda decirse que son necesarios. Este lo es: era necesario empezar a revisar la Historia de España sin complejos, sin traumas, liberados de esa pesada losa de culpa con la que nos ha cargado medo siglo de historiografía masoquista. En eso pensaba Cristina López Schlichting cuando encargó a José Javier Esparza el programa de radio, en COPE, del que han salido todos estos episodios: La gesta española. La buena acogida de la audiencia, primero, y de los lectores después, demuestra que hacía falta una reivindicación general de lo que hemos sido, históricamente, los españoles. “Por supuesto –señala el autor-, en esa tarea yo sólo soy uno más, y no otra cosa que un alumno aplicado: hay fuentes magistrales como las obras de Domínguez Ortiz, Cuenca Toribio, Maravall, Elliot, etc., de las que todos bebemos”. Elmanifiesto.com habla con José Javier Esparza sobre La gesta española.

    Elmanifiesto.com
    La gesta española se lee más como una novela de aventuras que como un libro de historia.

    La Historia de España es una aventura prodigiosa. En ese sentido, era importante que la narración fuera capaz de trasladar el espíritu de aventura, de gesta, que es la nota dominante tanto en aquellos labradores que cruzaron la cordillera cantábrica para iniciar la Reconquista como en los pensadores que en el siglo XVI sentaron los principios de los derechos humanos.

    ¿Qué fue la Reconquista?

    Uno de esos proyectos capaces de comprometer a generaciones enteras durante siglos y siglos, a pesar de sus altibajos y de sus oscilaciones. Es la Reconquista lo que va tallando la conciencia de España como nación histórica, como sentimiento de pertenencia a algo común. En eso el diagnóstico de Sánchez Albornoz sigue siendo válido.

    ¿La España de las tres culturas?

    Una fantasía contemporánea. La historia de Al Andalus es una sucesión de olas fundamentalistas: cada vez que el poder musulmán se relajaba, se hispanizaba, se europeizaba, venía otra ola africana cada vez más integrista. Las “tres culturas” –cristiana, judía, mora- sólo pudieron convivir bajo la férula de reyes cristianos, no en otras situaciones.

    ¿La expulsión de los judíos y los moriscos?

    Son dos episodios muy distintos, separados por siglo y medio de distancia y motivados por razones dispares. En el libro los explico por lo menudo. No se trata de sucesos agradables, pero la pregunta, después del examen histórico, es si acaso a la Corona española le quedaba, en ambos casos, otra alternativa que la expulsión.

    ¿El Descubrimiento?

    Una extraordinaria hazaña científica, política y humana. Para calibrar su alcance sólo cabe compararla con lo que supuso en el siglo XX la llegada a la Luna.

    ¿La conquista, el genocidio indio, la leyenda negra?

    También eso tiene sus detallados espacios en La gesta española. La conquista de América fue una aventura humana excepcional y que, por cierto, habría sido imposible sin la anuencia de una buena parte de las poblaciones amerindias. Ninguna conquista, por supuesto, está exenta de sangre, pero es absurdo juzgar a la conquista española de América con más severidad que a la conquista romana de Europa o que a cualquier otro proceso histórico de dominación. Y en la comparación, hay algo que debe ser subrayado: el imperio español fue el primero que se preguntó por la legitimidad moral de sus conquistas, y eso desde 1550. En la historia universal no hay nada semejante. Respecto a lo del genocidio, hoy eso ya no es más que un argumento retórico del neoindigenismo: todo el mundo sabe que la gran mortandad de indios se debió a la expansión de virus importados por los españoles, no a una política de exterminio.

    ¿Lepanto?

    La más alta ocasión que vieron los siglos, como bien dijo Cervantes, aquel ilustre ex combatiente. España paró al Islam primero en la península ibérica, con la Reconquista; después en Turquía, con la increíble proeza de los almogávares catalanoaragoneses; más tarde en Lepanto, en efecto, en una batalla naval sin precedentes. Es como un sino histórico de los españoles.

    ¿España, luz de Trento, martillo de herejes?

    Es que la aportación de España al Concilio de Trento fue decisiva. Y respecto al objeto general de la fórmula de Menéndez Pelayo, que es definir el carácter catoliquísimo de la trayectoria histórica española, ¿qué se le va a hacer? La historia es como es, y nada de lo que ocurre en España desde la caída del Imperio Romano es comprensible si prescindimos del factor religioso y, aún más, de la identificación del proyecto España con la defensa de la Cruz. Sería erróneo extraer de aquí la conclusión de que España sólo puede existir como país confesional (como aún lo son, por cierto, Noruega o Gran Bretaña), pero también lo sería pensar que España puede conservar su identidad colectiva si prescinde de la tradición católica. El argumento se ha empleado, en época moderna, para sellar con una suerte de cerrilidad oscurantista a la cultura tradicional española; eso es sencillamente falso, y basta ver –en el libro lo cuento- episodios como el de la expedición científica de Francisco Hernández en Nueva España, la primera del mundo en su género, encargo expreso de Felipe II.

    ¿España o Españas?

    España y Españas. La historia de España es un proceso de incorporación, y en eso tenía razón Ortega cuando copió a Mommsen. Toda comprensión de lo español como algo homogéneo y uniforme es, simplemente, un error de perspectiva. En ese proceso van haciéndose españoles distintos reinos, comunidades, tierras, gentes que no han de dejar de ser lo que son para entrar en el conjunto. Cualquier jacobinismo sería un atentado contra la realidad histórica de España. Cualquier separatismo, también, y por las mismas razones.

    ¿La decadencia?

    Julián Freund escribió en algún sitio que el estado perpetuo de Europa es la decadencia; en efecto, desde tiempos de los romanos siempre nos estamos preguntando por nuestra propia decadencia. Quizás es la única forma de no caer definitivamente. En el caso de España, el imperio cae, la sociedad se quiebra, pero la nación histórica sobrevive. Nuestra tarea, hoy, es que siga existiendo. Y para eso es fundamental el amor a la propia Historia.

    La gesta española concluye en la batalla de Bailén. ¿Por qué?

    La sublevación contra el francés marca, convencionalmente, el momento en que surge en España la conciencia de nación política, ciudadana. Hasta ese momento había existido una conciencia muy clara de nación histórica, de pertenencia a algo común, encarnado en la Corona; para que aparezca la conciencia de nación política hace falta que el pueblo asuma –conscientemente- la representación de ese algo común, y esto ocurre de manera particularmente visible en 1808. No deja de ser una convención, insisto, pero es útil y, además, no falta a la verdad.

    Dirán que es un libro patriotero.

    Eso lo dirán los que no lo han leído. El reproche forma parte también de las habituales trampas del lenguaje que atenazan a los españoles: no se puede hablar de autoridad sin ser “autoritario”, no se puede hablar de moral sin “hacer moralina”, no se puede hablar de patria sin ser “patriotero”. Son los anatemas lanzados por los enemigos de la autoridad, de la moral, del patriotismo… Ellos han marcado el terreno de juego, y es un terreno plagado de minas. ¡Ya está bien! Sobre este punto, me acojo a la figura de Nietzsche: cuando la serpiente entre en tu boca y se aferre a tu garganta, muérdela, muérdele la cabeza y escúpela lejos. Los españoles tenemos que morder aún muchas cabezas de serpiente para poder respirar con soltura. Respecto a La gesta española, paladinamente declaro que sí, que es el libro de un patriota, o de alguien que aspira a serlo de la manera más limpia posible: amor a lo propio, veneración de las raíces, gusto por la propia identidad. No ignoro los errores, las manchas, los pecados, pero… ¿acaso, cuando amamos, no asumimos también los defectos del amado?

    Una última pregunta: ¿Ese parche…?

    Perdí el ojo izquierdo el pasado verano, mientras terminaba, por cierto, la edición de La gesta española. Lo tomo como un regalo de la Providencia para entrar, inmerecidamente, en la singular cofradía formada por Blas de Lezo, Almagro y tantos otros tuertos ilustres de la Historia de España.

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