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Tema: La famosa polémica sobre la ciencia española

  1. #1
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    La famosa polémica sobre la ciencia española

    Las controversias sobre la aportación cultural de España tienen, en algunos momentos y en ciertas obras, el mismo contenido que aquellas cuyo objeto es la Historia de España: o sea, la contemplación de España como una cultura que ha desenvuelto su personalidad con tales o cuales características políticas y sociales. Y, sin embargo, cabe estudiarlas como cosas distintas. Hay toda una literatura ensayística que se propone algo parecido a una filosofía de la Historia de España. En ella se indaga la obra de una unidad histórica que ha desenvuelto su vida con independencia y autonomía.

    Desde el siglo XVII hasta nuestro días una copiosa producción pone en tela de juicio y hasta niega el valor de nuestras creaciones espirituales. Y si el principal reivindicador de España es entonces Quevedo — en dos, en tres folletos; sobre todo en uno llamado precisamente «España defendida...» — en el XVIII lo será Juan Pablo Forner, y en el XIX Menéndez Pelayo. Aquí se trata de la ciencia española. La ciencia, en efecto, era lo que se discutía en concreto. Mas si bien se mira, España, objeto del altercado, viene a ser de nuevo entonces como un caballero del que unos dicen que es persona culta y otros que no lo es.

    Y ya desde Quevedo, si queremos preguntarnos por las causas de los ataques que ocasionan tan bravas defensas, encontramos que la contestación es siempre la misma o muy parecida. En el fondo de estas controversias se trasluce una lucha de concepciones religiosas y filosóficas; junto a esa batalla está también la política.
    El espiritualismo católico nutre y presta significado a la cultura española: lo característico de España es oponerse a las corrientes universales que amenazan los fundamentos cristianos de la vida. Por eso una legión de escritores propugnó el antimaquiavelismo. Por eso filósofos y teólogos acudieron a la brecha abierta por la Reforma y lograron, entre otras cosas; conservar una parte de la Universidad y de la ciencia católicas en países protestantes. Por eso Balmes se opuso a las consecuencias del idealismo filosófico.

    Pero a esta causa religiosa hay que añadir la política. A veces se percibe neta y sustantivamente; otras, confundida con la primera. El hecho es que la hegemonía de la Casa de Austria está en la fuente de la polémica. Qué bien se advierte en los escritos de Quevedo, en aquellos trabajos que sirven hoy para comprobar tanto su cultura como su agudeza política y diplomática. Ya entonces el tema del mayor o menor valor cultural de los españoles no se abordaba con desinterés científico, como un problema erudito o académico. Los ataques respondían al vigor con que España había dejado sentir su garra en la historia.

    En la época de Forner, siglo y medio más tarde, el poder político había sido muy debilitado, pero quedaba una lección que convenía al ambiente de la época desacreditar a cualquier precio. Los hombres luchan siempre por ideas, aunque también por intereses, cierto. El formidable ataque desencadenado contra el Cristianismo en el siglo XVIII — «quiso abatir la Cruz», dice Hazard — explica en parte el vigor y la tenacidad con que se trató de borrar la huella de España en la Historia Universal. Porque este país había descubierto un mundo y había fundado un vastísimo imperio con inspiración cristiana; o lo que es lo mismo: había demostrado que la religión puede tener un valor vital aquí abajo, puede no ser obstáculo o ser incluso la razón de triunfos terrenales. Ahora bien: para una actitud irreligiosa esto era un desafío absolutamente intolerable.

    Nuestro Forner, con brillante cultura y más brillante retórica, salió al paso a los ataques de un oscuro escritor francés. Lo que había producido Europa era para Forner ciencia vana e impráctica. Lo verdaderamente sabio, lo inteligente, lo «útil» — el concepto de utilidad, resulta el eje de la «Oración apologética» — es lo que nosotros habíamos dado al mundo. Frente a las europeas «novelas de Física» Forner opone sobre todo la sabiduría práctica de nuestra filosofía, de nuestro pensamiento, fiel a la palabra de Dios.

    Y cuando en 1876 un muchacho apellidado Menéndez Pelayo se oponga a la tesis que sostiene que «en la historia científica no somos nada», lo hará con enorme saber y con exaltada pasión nacional; y, al mismo tiempo, confesando de -buen grado nuestra inferioridad en la matemática, en la física, en la ciencia experimental...

    Tanto esta puntualización como la de que la Inquisición no entorpeció el pensamiento científico, están hoy en pie. Y en pie sigue el espíritu de aquella intrépida defensa, que no trataba, en definitiva, sino de afirmar que los pueblos no son grandes únicamente por su preeminencia en el cultivo de determinadas ciencias, sino por el conjunto de sus creaciones espirituales. Sólo un estrecho, enteco, mezquino positivismo, podía atreverse a negar que España tuviese un alto puesto en la cultura occidental.
    Como en los comienzos, lo que encarnizadamente se discutía ahora eran cuestiones de principio: de religión, de política, de doctrina. Hay que recelar siempre de la imparcialidad y del desinterés con que se plantean ciertos problemas. Detrás de un tema aparentemente académico pueden encontrarse Dios, la Revelación, el poder de un pueblo.

    Por eso Quevedo, Forner y Menéndez Pelayo tuvieron razón en todo lo fundamental de sus asertos. Ellos se batieron por una tradición cultural de valor perenne. Y ahora que se han hecho claros e indiscutibles no pocos puntos que entonces no lo eran, hay que espolear el espíritu de investigación para que la elevación que empezó a alcanzar en el último cuarto del siglo XIX se haga cada vez más patente en las ciencias donde menos brillamos.
    raolbo y Pious dieron el Víctor.
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



  2. #2
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    Re: La famosa polémica sobre la ciencia española

    LA CIENCIA ESPAÑOLA

    (por C. Pérez Bustamante, catedrático de la universidad de Madrid)


    1. Generalidades

    "El siglo XVII elaboró fuera de España las primeras bases de una especie de leyenda negra dirigida contra la ciencia española, que llega a su máximo desarrollo durante el siglo XIX. Los rasgos generales de esta leyenda, paralela a la que se dirigía contra la política y la grandeza patrias, contra nuestra obra en América y nuestra vida religiosa, son simples y bien conocidos.

    Según ella, la Inquisición ahogaría en germen la posibilidad de una ciencia española, no podrían surgir ni difundirse las ideas en los nuevos tiempos post-renacentistas, seguirían predominando los cerrados criterios de las escuelas medievales y, a lo sumo, un florecimiento de la teología pretendería suplir la falta de las ciencias naturales, de la filosofía criticista y racionalista y, en fin, de toda la vida científica que por contraste, aparece exuberante, arrolladora y magnífica más allá de los Pirineos; España permanecería durante los siglos XVI y XVII absolutamente muda, mientras hablan con voz propia todas las demás naciones; España nada o casi nada aportaría a la matemática, a la física, a la química, a la filosofía; por aquí no habría más que teólogos, capitanes arrogantes y, haciéndonos mucho favor, algún poeta.

    Esta es la leyenda que se encuentra repetida en todos los tonos y coloreada con todos los matices en innumerables libros del siglo XIX y no pocos del anterior. Toda la bibliografía del enciclopedismo, del positivismo y de tantas otras corrientes de la heterodoxia (y a veces también de la ortodoxia) europea está inspirada en este sentido. Autores indudablemente serios recogen el repiten tales falsedades, y no pocos españoles se incorporan al cortejo de difamadores del pensamiento y el espíritu de nuestra patria, a cuya cabeza, o por lo menos en punto preeminente y avanzado figura el francés Masson de Morvilliers (1740-1789), uno de los colaboradores de la Enciclopedia, iniciador o al menos estereotipador de la leyenda.

    ***

    2. La reacción españolista

    Ya desde los primeros momentos en que esta falsa valoración y sofístico enjuiciamiento de la cultura española se propaga por el mundo, surgen autores nacionales y extranjeros que, de una manera espontánea, van reivindicando aspectos parciales de la ciencia española y rectificando en puntos aislados la gigantesca mixtificación.

    Pero es una gran figura nacional, cuya grandeza como pensador, historiador y prosista rebasa con mucho las fronteras para entrar en la categoría de figura universal del siglo XX y comienzos del XX en toda Europa, es don Marcelino Menéndez y Pelayo, quien deshace titánicamente el monumental tejido de falacias. En torno suyo y después de él, se forja la obra de la reivindicación. Multiplícanse los discípulos, los continuadores y los colaboradores. Falanges de hispanistas extranjeros agréganse a la obra de justicia. Punto por punto, tras las directrices críticas generales y las formidables aportaciones de bibliografía del polígrafo santanderino, va reapareciendo la verdad.

    Aspectos parciales, primero, y más tarde la totalidad de nuestra ciencia del Siglo de Oro, en sus rasgos generales y su grandioso conjunto, van quedando en claro. Reconócenlo así incluso los más serios y documentados historiadores, aunque pertenecieran a campos opuestos o distantes de aquel en que militaba el autor de “La Ciencia Española”. Y hoy no queda ya nadie que aspire a ser objeto de un mínimum de estimación en la Europa culta que pueda repetir los viejos y desacreditados tópicos que el sectarismo antiespañol acumuló en tiempos pasados contra nuestra ciencia durante la época de los Austrias"...

    (Historia de la civilización española, 1946)
    Última edición por ALACRAN; Hace 4 semanas a las 14:55
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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    Re: La famosa polémica sobre la ciencia española

    (...)

    3. Los términos del problema

    Nuestros actuales (1946) historiadores y críticos, secundados magníficamente por el hispanismo extranjero, especialmente el francés, alemán y norteamericano, han establecido sobre sus verdaderas bases el problema de la ciencia española. Monstruosa y delirante injusticia era negar y denigrar nuestro pensamiento y nuestra cultura de los siglos XVI y XVII. (…) Algunos aspectos de la ciencia española, por ejemplo, la teología, la pedagogía, la jurisprudencia, la filosofía, la historia, la crítica, la filología, no tienen nada, absolutamente nada que envidiar a país alguno. Ningún pueblo europeo de esos dos siglos puede citar en esas ciencias su nombre antes del nombre de España.

    En las llamadas “ciencias del espíritu”, España no puede reconocer, justamente hablando, rival aventajado. Ahora bien; en las llamadas “ciencias de la Naturaleza”, la situación es diferente. El papel de España en estos ramos de los acontecimientos humanos es muy apreciable y en ocasiones magnífico. No faltaron grandes matemáticos, excelentes naturalistas, médicos de renombre e importancia universales, físicos y químicos de verdadero saber, etc. Pero el estilo, la orientación que la cultura española tomó en aquellas centurias, fue indudablemente la otra, la de las ciencias del espíritu, la teología y el derecho, la historia y la filosofía.

    Por otra parte, altas empresas universales de conquista y colonización absorbían a nuestro pueblo. Estas dos circunstancias, y ninguna otra, impidieron a nuestro pueblo llegar en el terreno de la ciencia experimental y los descubrimientos físico-naturales adonde llegaron las clases cultas de otros países. Pero de esto a afirmar, como lo hizo el sectarismo y el furor anti-español, que durante aquellos doscientos años España estuviese desierta de físicos y naturalistas, matemáticos y astrónomos, hay un abismo. En estos aspectos, la ciencia no debe a España tanto como en los otros, pero debe lo suficiente para que se pueda afirmar que la incorporación española a la marcha del pensamiento científico-naturalista en mundo es efectiva, real, evidente y gloriosa...

    (Historia de la civilización española, 1946)

    Última edición por ALACRAN; Hace 4 semanas a las 14:55
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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    Re: La famosa polémica sobre la ciencia española

    (... )

    4. Filósofos y Teólogos

    Estos estudios llegaron a gran esplendor entre los españoles. Aparte de pensadores como Quevedo y Gracián, que caen con más propiedad en el terreno de la literatura, nuestros filósofos constituyen una verdadera falange de la ciencia europea. Destaca, en primer término, dentro del más puro renacimiento, la gran figura de Luis Vives (1492- 1540), pedagogo, psicólogo y escritor exquisito. Vives es una de las mayores figuras del humanismo. Sus obras (De causis corruptarum artium, De tradendis disciplinis, etc.) destacan con perfil propio en el pensamiento de su época, y se le cuenta con justicia entre los inmediatos precursores de Bacon y Descartes. “Es -dice nuestro Menéndez y Pelayo- el escritor más completo y enciclopédico de aquella época portentosa, el reformador de los métodos, el instaurador de las disciplinas”.

    Formando grupo aparte están los filósofos teólogos. Entre éstos destaca el renovador Francisco de Vitoria (murió en 1546), cuyas Relectiones theologicae son una de las grandes obras del pensamiento español. A este ilustre dominico hay que añadir Melchor Cano y fray Domingo de Soto, muertos en 1560, pensadores ilustres los dos, verdaderas lumbreras de la teología española. Culmina el proceso teológico español en el P. Francisco Suárez (m. en 1617), cuyo sistema ha sido llamado universalmente el suarismo, por disentir en aspectos parciales de Santo Tomás. En conjunto constituyen un espléndido plantel de filósofos y teólogos, cuya producción nada tiene que envidiar a la tarea filosófica de los otros pueblos de Europa.

    ***

    5. Ciencias jurídicas y sociales

    El auge de las ciencias jurídicas ha de explicarse no solamente por el desarrollo intelectual de España, sino por los problemas mismos planteados al país por las consultas del rey y los Consejos a los grandes pensadores y teólogos. El Derecho Internacional nace en España, y no en Italia con Gentile ni en Holanda con Grocio. Surge de las relecciones De indis recenter inventis y De iure belli, del p. Vitoria, Palacios Rubios, Sepúlveda, Soto (De Justitia et iure), Guerrero (De bello iusto et iniusto), Ayala, etc. tratan y progresan en el mismo tema. En Derecho político existe un gran número de tratadistas: Fox Morcillo (De regni regisque institutione), Mariana (en 1591) con De rege et regis institutione, y Suárez (en 1613), con De legibus ac Deo legislatore, forman la gran trilogía de nuestra profunda ciencia política de los siglos XVI y XVII. (...)

    (Historia de la civilización española, 1946)
    Última edición por ALACRAN; Hace 4 semanas a las 14:14
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)



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    Re: La famosa polémica sobre la ciencia española

    (...)

    6. La Geografía

    En cuanto a la Geografía, digamos solamente que España es una de las creadoras de la geografía moderna. Los descubrimientos, colonizaciones y conquistas debieron dar, y dieron, como resultado un gran incremento de los estudios geográficos.

    La cartografía llega con García Torreño, Alonso de Santa Cruz (formidable figura representativa del espíritu científico español) y Luis Jorge a un esplendor inusitado en el siglo XVI. La Casa de Contratación se convierte en el centro de máxima actividad intelectual y de enseñanza. Grandes tratadistas, investigadores y técnicos como los ya citados, y otros (Felipe Guillén, Martín Cortés, etc.) aparecen por todas partes, dando a la astronomía y la cosmografía un impulso inestimable para la ciencia. López de Velasco, Sobrino, Alcántara y otros observan eclipses y cultivan la astronomía cartografía. Por otra parte, la geografía descriptiva, humana y la etnografía de los nuevos países descubiertos reciben un adelanto inmenso con las “Relaciones de Indias” de los pilotos y navegantes, lo mismo que con las “Relaciones de las visitas”.

    Actívase con Felipe II la enseñanza de la geografía, ábrese paso el sistema copernicano y comienzan a aparecer grandes tratadistas y obras: desde la Suma de Geografía de Fernández de Enciso (1519), hasta la Geografía o moderna descripción del mundo, de Fernández de Medrano, en 1686. El esfuerzo de los soldados y los conquistadores abría las rutas a esta labor de investigadores y teóricos. De esta colaboración surge y se forma la formidable aportación de España al conocimiento del planeta, aportación que no ha superado nación alguna.

    ***

    7. Filólogos y pedagogos

    La falange de latinistas, helenistas, arabistas, hebraístas, etc. es incontable (Verzosa, Serón, Arias Montano, Cantalapiedra, Ponce de León. etc. etc.), y muchos de los citados como filósofos y teólogos dan a la filología española de aquella centuria un brillo extraordinario. A ello hay que añadir los misioneros y frailes que estudiaron las lenguas aborígenes americanas.

    ***

    8. Resumen

    Tal es, a grandes rasgos y con inevitables y múltiples omisiones, el estado durante la época de los Austrias, de las “ciencias del espíritu” en España. Hay, es cierto, figuras culminantes y figuras de segunda y tercera fila; hay un amplísimo, dilatado, inmenso maremágnum bibliográfico. Pero téngase en cuenta que lo que da unidad y realce a la ciencia española no es solamente la abundancia bibliográfica y el prestigio de sus representantes más egregios, sino la unidad de doctrina y de tendencia, la magnífica y valiente unanimidad de escuelas y orientaciones en que se basa la existencia y consistencia real de una ciencia nacional española. (...)

    (Historia de la civilización española, 1946)

    ***
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    Re: La famosa polémica sobre la ciencia española

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    (...)

    9. Matemáticos

    Destacan en el siglo XVI, como matemáticos, la mayor parte de nuestros cartógrafos y cosmógrafos de la Casa de Contratación. Justo renombre logró Juan Martínez Silíceo, profesor durante nueve años en la Universidad de París, obispo luego de Cartagena: escribió un Arte calculatoria. Juan Pérez de Moya, Gaspar Lax y Juan de Hortega, autor este último de un Tratado subtilísimo de aritmética y geometría, son también grandes prestigios de aquel siglo. Muchos de estos matemáticos españoles alcanzaron fama y renombre europeo.

    El siglo XVII no fue tan brillante; pero cuenta con dos figuras extraordinarias. La primera es el P. Zaragoza (muerto en 1678), que fue asimismo un gran astrónomo, y la segunda, Antonio Hugo de Omerique, cuya Análisis Geométrica (1698) fue elogiada por Newton.

    ***

    10. Ciencias Naturales

    El jesuita P. José Acosta (m. 1600) escribió en latín y tradujo luego al castellano una monumental Historia Natural de las Indias. Francisco Hernández Micó y Lorenzo Pérez fueron asimismo excelentes botánicos. El gran naturalista Andrés Laguna (traductor y comentarista de Dioscórides) orientó a Felipe II para establecer el primer Jardín Botánico, en Aranjuez. En el siglo XVII descuella Bernardo Cienfuegos, autor de una importante Historia de las plantas. En las universidades, como la de Valencia, se regulaban las excursiones botánicas de los escolares.

    ***

    11. Física, Química, Metalurgia

    No faltaron excelentes físicos y químicos, pero estos estudios tuvieron preferentemente un carácter aplicado a la metalurgia, la arquitectura hidráulica, etc. Entre otros muchos sobresalen Bartolomé Medina, que introdujo en Méjico el procedimiento de la amalgamación (1555), y López de Velasco, que lo introdujo en el Potosí (1571). Lope de Saavedra Barba se manifestó asimismo como un gran técnico (1633). Todos estos trabajos tuvieron una gran resonancia, lo mismo que los de Álvaro Alonso Barba (1569).

    ***

    12. Astronomía

    No se interrumpió durante el Siglo de Oro la ciencia astronómica española, ya que “al cultivarla, continuaba la gloriosa escuela tradicional de Alfonso el Sabio”, al decir de Ballesteros Beretta. Buenos astrónomos fueron los cartógrafos y cosmógrafos citados. A éstos habría que añadir muchos nombres: Poza, Fontano, Juan Sánchez. Juan Molina, y en el siglo XVII, el P. José de Zaragoza.

    ***

    13. La medicina

    Llegó a gran esplendor en el siglo XVI gracias a la actividad humanística y experimental de nuestros médicos. Decayó algo en el XVII, pero sin dejar de tener grandes figuras. Luis de Lucena (m. 1555) alcanzó gran renombre en España y en Roma. Andrés Laguna (m. 1560) fue un excelente tratadista y a la vez erudito y descubridor en la medicina. Sobresalió en la farmacología el médico Nicolás Monardes (m. 1568).

    Especial mención merece la pléyade española de precursores de Harvey: Servet, Francisco la Reina, Lobera de Ávila y otros. Francisco Vallés, el Divino (m. 1592), médico y filósofo, escribió muchos tratados: de él decía Boerhaave que “el alma de Hipócrates había transmigrado a Vallés”. Una numerosa escuela de comentadores de Galeno e Hipócrates surge en este siglo. Daza Chacón escribe la Práctica y teórica de cirugía en romance y en latín. Mientras teóricos, farmacólogos, cirujanos y galenistas hacían progresar diferentes aspectos de la medicina, el benedictino Pedro Ponce de León descubría un medio para enseñar a hablar a los mudos, expuesto por Juan Pablo Bonet en 1620.

    (Historia de la civilización española, 1946)

    ***

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