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Tema: Presentación de la última novela de Juan Manuel de Prada

  1. #1
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    Presentación de la última novela de Juan Manuel de Prada

    LIBROS

    Juan Manuel de Prada: «España ha traicionado su razón de ser, su sentido histórico»

    INÉS MARTÍN RODRIGO / MADRID

    Día 03/10/2014 - 14.24h

    El exministro de Justicia Alberto Ruíz-Gallardón presentó ayer la última novela del escritor junto a Luis Alberto de Cuenca y Miguel Ayuso.

    Juan Manuel de Prada: «España ha traicionado su razón de ser, su sentido histórico»


    JOSÉ RAMÓN LADRA


    Había gran expectación ayer por la tarde en la sede del Instituto Cervantes de Madrid. Juan Manuel de Prada, columnista de ABC, presentaba su última novela, Morir bajo tu cielo (ESPASA), y uno de los anfitriones era Alberto Ruiz-Gallardón. Era el primer acto público del exministro de Justicia, que hace apenas diez días presentó su dimisión, y las cámaras le esperaban dispuestas a apuntarle… pero se impuso la literatura.

    Pese a las circunstancias, ya que como dijo Gallardón, «no deja de tener cierta ironía el que sea yo, caído en la refriega, al que Juan Manuel de Prada haya invitado a presentar una novela sobre los Últimos de Filipinas». Esa ironía de la vida le sirvió al exministro para revelar que el propio escritor sabía, cuando le hizo llegar la invitación, que por estas fechas ya no sería el titular del Ministerio de Justicia, pues ya había decidido renunciar a su cargo.

    Gallardón: «Al final son pocos, pero buenos, los que te pueden acompañar en el camino»

    Pero Juan Manuel de Prada no quería a un ministro en la mesa, sino a un amigo. Y Gallardón cumplió con la tradición. Era la tercera ocasión en la que presentaba una novela del autor de La tempestad, al que calificó como su «talismán», ya que cada vez que le había acompañado en algún acto literario su devenir político había prosperado. Salvo en esta ocasión… ¿O puede que no?

    «Guerrero y magullado, pero jamás vencido», exclamó Gallardón al final de su intervención evocando la declaración de uno de los protagonistas de Morir bajo tu cielo. Eso fue antes de que el exministro reconociera que en sus últimos días (en el cargo) se sintió identificado con la esencia de la novela de Juan Manuel de Prada: «Al final son pocos, pero buenos, los que te pueden acompañar en el camino».


    Esos «pocos, pero buenos» resistieron con honor los 337 días que pasaron sitiados en Baler, mientras «los villanos estaban tranquilamente sentados en sus despachos de Madrid», advirtió Ruiz-Gallardón volviendo de nuevo a la novela. Una novela escrita «en clave de reivindicación, de protesta de lo que significa el papel de España», que se muestra especialmente crítica con la Restauración española y «retoma el recuerdo de un mundo que está desaparecido en la memoria, donde más nos cuestionamos la nación española».


    A juicio de Gallardón, Juan Manuel de Prada ha logrado explicar en Morir bajo tu cielo «muchas cosas que todavía no somos capaces de explicarnos». Y es que «estamos hablando del alma de un país, y para evitar, ojalá, esa ruptura hay que leer a Juan Manuel de Prada», advirtió con un ojo puesto en la Cataluña de Artur Mas. Lo dijo alguien que, como reconoció anoche, «sólo ha estado en el mundo político por accidente, porque le hubiera gustado estar en la música». Sin ánimo, eso sí, de provocar. La provocación se la deja Gallardón al escritor allí presente, a quien «le gusta escandalizar, y eso tenemos que agradecérselo los lectores, porque nos hace sacar de nosotros mismos lo mejor».

    Amistades literarias.

    Una consideración con la que estuvieron de acuerdo los otros dos presentadores que anoche acompañaron a Juan Manuel de Prada: el poeta Luis Alberto de Cuenca y el profesor Miguel Ayuso. El primero, «una de las más antiguas amistades literarias» del escritor (como él mismo reconoció), ensalzó las virtudes de esta última novela y, sobre todo, de la prosa de Juan Manuel de Prada. «Está dotado para la más alta literatura de este momento en España; en él se reúnen la figura del escritor de raza e inventor de argumentos», dijo, para después definir el libro como un «maravilloso folletín», a medio camino entre Jack London (que no Conrad) y John Ford.

    «Parte de un guión cinematográfico y es puro cine, por lo que ojalá resurja el proyecto con Garci o con cualquier otro director», aseguró en relación al origen de «Morir bajo tu cielo». Novela que, según Luis Alberto de Cuenca, «es un episodio nacional a lo bestia», por lo que «no renuncio a que siga historiando nuestro devenir histórico a través de novelas».

    Miguel Ayuso: «Su estilo lo vierte con una magnanimidad extraordinaria sobre la vida»


    Devenir histórico que personajes como el despiadado Rutger Van Houten han intentado dinamitar con letanías apócrifas como la que aparece en un pasaje del libro, escupiendo contra las virtudes de España: su «hermosa lengua», sus tabernas, sus monjas, sus toreros… Hasta configurar «una de las letanías de España más hermosas desde Alfonso X».

    Un logro así sólo podía conseguirlo quien, a juicio de Miguel Ayuso, tiene una prosa sin parangón en la actualidad. «Podría ser el autor de un único libro, siempre el mismo. Ese estilo extraordinario lo vierte con una magnanimidad extraordinaria sobre la vida», que permite «no quedarse en lo mediocre, en lo sencillo». Ese es, a juicio de Ayuso, el secreto de la narrativa de Juan Manuel de Prada, que, en el caso de Morir bajo tu cielo, «raya a una altura extraordinaria», pues está escrita con la «facultad creadora asociada a la voluntad divina a través del arte». Por eso «su ingenio sirve para potenciar un juicio honesto y honrado».

    Tan honesto y honrado como la reprimenda vestida de broma que Juan Manuel de Prada lanzó a Alberto Ruiz-Gallardón por tacharle de conservador en un momento de su intervención: «No lo puedo admitir. Conservador es Rajoy, que coge todas las leyes de Zapatero y las conserva. Yo soy tradicional. El pasado es eterno y lo que deseamos los tradicionales es traer las cosas buenas del pasado al presente».

    La anti-España absoluta

    Se trataba, a juicio del escritor, de una puntualización «pertinente, sobre todo en estos tiempos que los conservadores hacen lo que hacen». Y es que, como explicó Juan Manuel de Prada, Morir bajo tu cielo «pretende ser una novela de afianzamiento patriótico». Ante la actitud de unos gobernantes que «nos mienten» y «nos saquean», el escritor defendió «seguir luchando por un bien más alto, aquí y ahora, en esta España de nuestro tiempo». «La España de Bruselas y Estrasburgo es la anti-España absoluta, negación de lo que ha sido nuestro ser histórico. España ha traicionado su razón de ser, su sentido histórico», se quejó el autor. Un Juan Manuel de Prada que quiso cerrar su intervención con un verso del Cantar de Mio Cid: «¡Dios, qué buen vasallo, si tuviese buen señor!».

    Morir bajo tu cielo

    JUAN MANUEL DE PRADA. ESPASA. 752 PÁGINAS. 23,90 EUROS.

    El sitio de Baler es uno de los episodios más heroicos de la historia de España. En su última novela, el autor de «La tempestad» retrata con realismo y detalle el coraje y la humanidad del puñado de soldados españoles conocidos como los Últimos de Filipinas, que entre el 30 de junio de 1898 y el 2 de junio de 1899 resistió el asedio de las tropas insurrectas filipinas.



    Juan Manuel de Prada: «España ha traicionado su razón de ser, su sentido histórico» - ABC.es
    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

    <<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>

    Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.

    Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."

    En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47


    Nada sin Dios

  2. #2
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    Re: Presentación de la última novela de Juan Manuel de Prada

    Juan Manuel de Prada: El “destino natural” de España es la hispanidad, no “la Europa de Bruselas y Estrasburgo”


    El escritor Juan Manuel de Prada presentó el jueves, en la sede central el Instituto Cervantes, su nueva novela, Morir bajo tu cielo. Una historia que nos lleva a los “últimos de Filipinas”, aquellos españoles que murieron por el ideal hispano, que no sólo fue hispanoamericano, sino también hispanoasiático. La Hispanidad no consistió en la conquista de América sino en la evangelización de América y en el mestizaje de españoles e indígenas, por contraposición a la colonización británica, que consistió en el exterminio de los indios y su suplantación por los colonos, raza superior. Y así, hoy, el único país católico de Asia es la Filipinas hispana. El ex ministro Gallardón, que oficiaba de presentador, me sorprendió con su declaración de que su vocación no era la política, sino la música. Pero no me sorprendió, sino que me asombró, al calificar a De Prada como un “conservador”. Y al calificado también. El escritor católico se defendió: “No puedo aceptarlo. Conservador es Rajoy, quien ha conservado todas las leyes (luego diría pifias) de Zapatero... Yo soy un tradicional porque el pasado es eterno”.






    Y para que quedara claro citó a Jaime Balmes para quien los conservadores son aquellos que “conservaban todos los estropicios anteriores”. Y cuando el salón de actos del Cervantes se alborotó fue en el momento en el que De Prada culminaba con su declaración más incorrecta: nuestros gobernantesnos echan de comer, como a cerdos en la cochiquera, entretenimientos carnales mientras saquean nuestros bienes materiales y espirituales”. Y ya puestos a concretar el saqueo, aclaró que el “destino natural” de España es Hispanoamérica y no “la Europa de Bruselas y Estrasburgo”, la misma que forjó la infame leyenda negra. Oiga, y todo esto no está nada mal. A Prada le perdonan su fe por su innegable talento literario y filosófico. Digamos que la atmósfera cultural dominante se ve obligada a soportarle, aunque trata de reducirle al silencio y de cerrarle todas las puertas que pueden. ¿Se imaginan ustedes a un político -de izquierdas o de derechas que defendiera la ruptura de España con Europa, con la Europa que tanto odia lo español- y la vuelta a ultramar? El lavado de cerebro colectivo que sufrimos los españoles le calificaría de inmediato, no ya como conservador o tradicionalista, sino como un ultra o un fascista. Podemos incluido, que sus amistades venezolanas nada tienen que ver con el espíritu evangelizador de Isabel I de Castilla, aquélla que defendía a los indios por ser hijos de Dios. La exposición de Juan Manuel de Prada resultó tan valiente como genial. Pero extemporánea. Quiero decir que esa lobotomía perpetrada contra la sociedad española durante los dos últimos siglos provoca que, ahora mismo, los españoles no seamos el ejemplo que fuimos para Hispanoamérica. De hecho, ahora mismo son ellos los que tendrían que evangelizarnos y culturizarnos para que volviéramos al principio primero de la Hispanidad: no importan las naciones, tampoco la humanidad, lo que importa es el hombre redimido. Y esto porque no hay manera de amar a la humanidad, sólo al hombre.
    Eulogio López



    Juan Manuel de Prada: El

  3. #3
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    Re: Presentación de la última novela de Juan Manuel de Prada

    «El capitalismo es una estructura de pecado»






    Juan Manuel de Prada ha encontrado inspiración en Filipinas, en cuya guerra de independencia los españoles demostraron un coraje que echa en falta en estos tiempos de incrédulos en el que sus compatriotas viven «anestesiados». 'Morir bajo tu cielo' (Espasa), la novela que acaba de publicar, recrea el asedio que sufrió un destacamento español en la iglesia de Baler por los insurrectos filipinos. El libro es un homenaje a los pobres que suplieron la ineptitud de sus gobernantes con sacrificio y valor. «El campo de batalla se libra hoy en el terreno económico», dice De Prada.
    -Los españoles sienten una gran indiferencia por Filipinas.
    -Es que el europeísmo ha sido una enfermedad lamentable que ha desvirtuado totalmente a los españoles. En el caso de Filipinas concurren otras cuestiones. Estados Unidos devastó el legado español y no sabemos nada de ese país, salvo cuando sufre un tsunami. Es dramático, sobre todo si se tiene en cuenta que es una tierra que ha sido española durante 300 años.
    -Su novela es épica. ¿Hay espacio para el heroísmo en los tiempos actuales?
    -Los españoles tienen la materia prima de la épica. En el heroísmo hay un componente de afirmación fuerte de aquellas cosas que se sienten como propias y por las que merece la pena luchar, pero también tiene algo de locura. Ahora, sin embargo, estamos europeizados, capados como eunucos, y ese componente de grandeza, de desmesura quijotesca ha sido adormecido y anestesiado. Pero eso tiene que resurgir, el español es lo que es.
    -¿Es tan ominosa la Restauración como la pinta en su libro?
    -Es una época penosa de la historia de España. La Restauración fue un apaño de las oligarquías políticas y económicas para, bajo una apariencia democrática, dejar fuera al pueblo. Liberales y conservadores se inventaron un sistema de alternancia que dejó fuera a todas las fuerzas obreras y a los carlistas, es decir, a casi toda España. Generó una corrupción brutal y un alejamiento del bien común. Es un periodo que tiene muchas similitudes con la Transición.
    -¿Y cuáles son esas semejanzas?
    -Hay un paralelismo evidente: en las dos épocas hubo un pacto de oligarquías, de orden político-económico, que se tradujo en el reparto del poder y el dinero, con la consiguiente exclusión del pueblo.
    -Comenzó usted con un libro de título audaz, 'Coños'. ¿Se ha ido conservadurizando progresivamente?
    -'Coños' era un juego ramoniano, un homenaje a Gómez de la Serna, quien escribió 'Senos'. No soy conservador, soy tradicional, y mi literatura siempre lo ha sido. Pero en mi obra siempre ha habido una radicalidad muy profunda.
    Rajoy y Zapatero
    -¿Y se considera un escritor antimoderno?
    -Soy un antimoderno, en lo personal y lo intelectual. Descreo absolutamente de la modernidad y no digamos ya de las vanguardias, que son las escurrajas, el último vómito de la modernidad. Pero el ser antimoderno no significa en modo alguno ser conservador, que siempre mantiene lo que le dan. Ahí tenemos a Rajoy conservando las leyes de Zapatero. En el arte hay presupuestos estéticos que son eternos. Yo apuesto por recuperarlos y darles nueva vida.
    -¿No se engolosina demasiado con las palabras?
    -Si renuncio a ser barroco, me convierto en un pelele, en un falso escritor. Si Quevedo se hubiese empeñado en escribir como Cervantes, nos hubiésemos evitado ciertas procacidades y groserías, pero también habríamos quedado privados de todo lo bueno del primero.
    -En sus últimos artículos se muestra usted muy anticapitalista.
    -Siempre lo he sido. Para mí el capitalismo es una estructura de pecado, por utilizar un lenguaje religioso. El capitalismo, al igual que el comunismo, no es solo un sistema económico, es una antropología que te obliga a vivir de una determinada manera.
    -Como católico, ¿con quién se queda si le dan a elegir entre Benedicto XVI y Francisco?
    -Me identifico con el rigor doctrinal de Benedicto XVI frente a cierto confusionismo doctrinal de Francisco. Pero me identifico mucho más con Francisco en su inquietud social y en su preocupación ante las grandes cuestiones económicas.
    -¿Y qué errores doctrinales atribuye a Francisco?
    -En alguna entrevista ha dicho que el bien es aquello que a cada uno le dicta su conciencia, cuando la Iglesia católica lleva veinte siglos predicando que existe un orden moral objetivo. Eso es caer en el subjetivismo. También se ha introducido cierta confusión en la cuestión de la comunión de los divorciados.
    -¿Qué piensa de Podemos?
    -Podemos no hace sino recoger los frutos que han sembrado nuestras oligarquías. Lo malo es que no lo anima un propósito regeneracionista, sino revanchista. Es el problema que sacude a las sociedades que han perdido la fibra espiritual.

    «El capitalismo es una estructura de pecado». La Voz Digital

  4. #4
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    Re: Presentación de la última novela de Juan Manuel de Prada

    Precisamente ayer viernes 3 de octubre se presentaba en Madrid, en el Instituto Cervantes, Morir bajo tu cielo. Entre los intervinientes en el acto de presentación se encontraba el profesor Miguel Ayuso, presidente del Consejo de Estudios Hispánicos Felipe II. A su juicio, Juan Manuel de Prada tiene una prosa sin parangón en la actualidad. "Podría ser el autor de un único libro, siempre el mismo. Ese estilo extraordinario lo vierte con una magnanimidad extraordinaria sobre la vida", lo cual le permite "no quedarse en lo mediocre, en lo sencillo". "Morir bajo tu cielo ... raya a una altura extraordinaria" porque está escrita con la "facultad creadora asociada a la voluntad divina a través del arte". "Su ingenio sirve para potenciar un juicio honesto y honrado".


    Agencia FARO

  5. #5
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    Re: Presentación de la última novela de Juan Manuel de Prada

    Juan Manuel de Prada: «Los medios de comunicación son nefastos para la variedad humana, nos uniformizan»

    Inés Martín Rodrigo








    El escritor se traslada hasta finales del siglo XIX en «Morir bajo tu cielo», su nueva novela. Una obra sobre los «últimos de Filipinas», que honra a los héroes de Baler y tiene, a juicio del autor, serias semejanzas con el presente

    IGNACIO GIL


    Juan Manuel de Prada, en un momento de la entrevista en el Café de Oriente





    Juan Manuel de Prada (Baracaldo, 1970) es un personaje «tormentoso y un poco bárbaro, sentimental y cruel, desgarrado». La definición bien podría haber salido de una novela de Dostoievski, pero es del propio escritor. Recién llegado de Moscú, donde se ha consolidado esa rusofilia que dice profesar con denuedo, el autor escogió el Café de Oriente, magno escenario literario, para charlar sobre su último libro, «Morir bajo tu cielo», una novela de trasfondo histórico sobre los últimos de Filipinas.








    ¿Qué le atrajo de un acontecimiento como el sitio de Baler?


    Concebí una idea seguramente descabellada e irrealizable: describir una especie de Episodios Nacionales, empezando por el Desastre del 98 hasta nuestros días. Escribir una novela, cada diez años, de Historia española. Pero es algo que ahora mismo no me planteo con seguridad, porque esta novela me ha dado un trabajo brutal. Hoy es un asunto que nos queda muy lejano. Sobre Filipinas ya no sabemos nada. Es la única nación nacida del Imperio español que no conserva el idioma. Los americanos arrasaron con todo el legado español.


    En una nota al final insiste en que no es una novela histórica.

    Es una novela insólita para mí, porque nunca había cogido la Historia con mayúsculas para contar historias con minúsculas. No pretende ser novela histórica: se mezclan personajes que existieron con los que no existieron. Esto probablemente al purista le va a molestar. El libro no pretendía recrear episodios históricos. Hay gente que se pone muy pesada y lee las novelas como si fueran libros de Historia. Una cosa que me produce perplejidad es que la gente identifica al narrador con el escritor. Muchos lectores hacen lecturas absolutamente disparatadas porque piensan que una novela, simplemente porque tenga trasfondo histórico, todo lo que cuenta es verdad.Es muy significativo que haya sacado el título de la novela de un poema de José Rizal, que fue el líder de la Liga Filipina.


    Fue un líder intelectual y su fusilamiento fue el detonante de la rebelión del pueblo filipino contra España, que probablemente no hubiera llegado a ningún término si no llega a ser por la intervención de EE.UU. Amaba profundamente a España, pero tenía el veneno del rencor, que no había sido valorado como convenía. Lo pensaba estos días, a raíz de la dimisión de Gallardón: una de las constantes de la Historia de España es no valorar a las personas valiosas, de tal forma que esas personas terminan generando un resentimiento contra España. Eso es lo que le pasa a Rizal.


    ¿Y también a Gallardón?


    Sin duda alguna. Es una persona que no encuentra el reconocimiento que merece entre los suyos. Al final es un hombre incomprendido por todos. Curiosamente él, que era un progre insoportable en el imaginario de la derecha, se ha inmolado por defender cosas que ahora nadie en la derecha defiende, concretamente el tema del aborto. Simboliza un poco ese drama constante de España, que muchas veces para ser español tienes que removerte contra España porque no te dejan serlo.


    Es lo que le dice el malvado Van Houten a Las Morenas: «Héroes españoles que murieron luchando por ideales en los que ya nadie cree».

    Sí, efectivamente. Van Houten es un personaje alegórico que representa al mal, pero que como personaje de carne y hueso sería un propagandista de la leyenda negra. Un tipo que odia España y percibe a los españoles como un lastre que impide el advenimiento del nuevo orden mundial. En esta novela se plantea ese conflicto, entre las nuevas ideologías que están triunfando en todo el continente europeo y esa resistencia numantina de España, llena de nobleza y grandeza... Una lucha perdida de antemano.¿Con qué personaje de la novela se identifica más?


    Con Las Morenas. Es un hombre que percibe que los ideales por los que lucha han sido derrotados, pero sigue luchando por ellos sabiendo que la derrota está clara. Es un sino trágico muy español, que hay que resaltar porque, además, es cierto. Por eso me identifico con él.


    A mí me gusta Sor Lucía.

    Sí, sin duda alguna.


    Y me recuerda mucho al personaje de Audrey Hepburn en «Historia de una monja».


    Sí, hombre, claro, es la inspiración directa. Si tienes que pensar en una monja guapa, aguerrida, valiente, inmediatamente piensas en Audrey Hepburn, que ha sido mi amor platónico toda mi vida. Es un personaje absolutamente inventado. Me apetecía escribir sobre una mujer que fuera un gozne entre los dos bandos, que desarmase a las dos ideas en liza. El problema de las ideas y de los ideales es que terminan desencarnándose. Es un problema que han tenido los revolucionarios de todos los tiempos: personas que están llenas de nobleza, pero terminan luchando por abstracciones y en su ardor llegan a olvidarse de las cosas ciertas, reales, palpables. Sor Lucía actúa como un recordatorio de que la realidad está ahí.


    Sor Lucía forma, además, parte de la Iglesia verdadera.


    Bueno, es la única Iglesia. Muchas de las corrientes católicas en liza hoy discuten por lo que no tendrían que discutir. La Iglesia se ha puesto en una dinámica en la que disiente en lo que tendría que estar unida y luego, en cambio, en todo ese abanico de cosas en las que podría fomentar la variedad, la diversidad más absoluta, los católicos, ante el mundo, aparecemos como personas demasiado iguales, demasiado uniformadas.


    Una Iglesia muy homogénea.


    Efectivamente. La grandeza de la Iglesia de otras épocas es que en ella había un acuerdo en lo sustancial, de tal manera que facilitaba que se diesen personalidades diversas y gentes que se ponían el mundo por montera desde la absoluta adhesión a un credo. Aunque hoy también hay gente así en la Iglesia.

    Afortunadamente.
    Afortunadamente. Pero los medios de comunicación son nefastos para la variedad humana, nos uniformizan, nos obligan a encasillarnos.


    Esa manía que tenemos los periodistas de etiquetarlo todo.


    Sí, porque lo que te llega a través de los medios no es la realidad. Las cosas hay que palparlas, a las personas las conoces cuando tienes trato con ellas. Hoy en día tenemos un conocimiento de las cosas muy aséptico, muy poco carnal y muy ideologizado a través de los medios. Nos llega una visión de la Iglesia que no corresponde a esta variedad. Desgraciadamente, vivimos tiempos más burocratizados, que nada tienen que ver con la obediencia que deben los religiosos a sus superiores. La propia Iglesia se ha funcionarizado.


    En la novela es muy crítico con la Iglesia cercana al Estado.


    Me repugna la Iglesia que compadrea con el poder, porque eso resta libertad, merma la fe de los creyentes, contribuye a identificaciones ideológicas… Es peligrosísimo. La Iglesia no tiene que tener ningún tipo de connivencias, tiene que tener una absoluta lejanía del poder económico, político, mediático...


    La Restauración española tampoco sale muy bien parada.


    Es una época sobre la que tengo un juicio muy negativo, como lo tengo sobre la Transición, porque yo creo que son dos épocas paralelas. Son momentos en los que se trata de restañar las heridas de guerras civiles y se hace mal. Las fuerzas políticas se reparten el cotarro, en aquella época mediante una alternancia casi mecánica y hoy a través del voto, pero mediante el bipartidismo. Eso deja fuera a demasiada gente. Al principio eso lo puedes controlar, pero esa gente poquito a poco se va encabronando, se va encabronando…



    Y pasa lo que está pasando.


    Lo que ocurre a finales del XIX es el estallido de lo que estamos viviendo. Ahora los estallidos son de otra manera, mediante crisis económicas, que es la nueva modalidad de guerra que tenemos. El problema es que la función del gobernante es proteger al pueblo del dinero, pero lo que está ocurriendo en nuestro tiempo es que los gobernantes protegen al dinero del pueblo. Esto es lo más terrible que puede hacer un gobernante. La de hoy es una época que repite los errores de la época de la Restauración.


    A la España tradicional, de la que estoy segura se siente parte, le duelen mucho cosas, como lo que sucede en Cataluña.


    Lo de Cataluña tiene mucho que ver con la pérdida de Filipinas. Ese progreso desintegrador lo estamos viviendo hoy dentro de España. En aquella época fue más trágico porque España tenía una razón para permanecer unida. Lo más trágico de esta época es que España ha perdido su razón de ser, se ha quedado sin empresa.


    ¿Y hay solución?


    Tiene que haber una conversión profunda, un cambio radical en la sociedad española y en sus élites. La gran tragedia es que España no tiene nada especial que ofrecerle a Cataluña porque está atravesando un problema de identidad muy fuerte. Más allá de que se imponga la ley, la realidad es que la ley no se impone sobre la carne. Las leyes son como un corsé y al final no servirá para nada.


    Ahora que menciona el corsé: ¿se siente cómodo cuando le definen como conservador?


    No, yo soy tradicional, no conservador. No solamente no me considero conservador, sino que lo considero un insulto. Yo defiendo una tradición española y lo que distingue a la persona tradicional es que desea que el pasado vuelva a actuar en el presente bajo formas nuevas.


    ¿Qué me dice del liberalismo?


    Es la ideología opuesta a lo que sostengo. Para el liberalismo, la libertad humana es la consagración del principio de que aquello que quiero hacer es bueno en sí mismo. La libertad como instrumento, frente a la libertad como fin. La libertad como fin nos ha conducido a eso… A lo mejor es una ideología que admite revisión.


    ¿Es la ideología incompatible con la religión?


    Ya lo dijo Jesucristo: no podéis servir a dos señores. Las ideologías son herejías del cristianismo. Toda ideología, al final, te conduce a la contradicción irresoluble con tu fe. Yo lo he comprobado en mis propias carnes. Lo que te prometen las ideologías, que es el paraíso en la tierra, es falso siempre, nunca se logra. La dura realidad es que allá donde las ideologías han triunfado te traen el infierno. Lo estamos viviendo nosotros hoy. La vida es un valle de lágrimas, siempre tienes que esperar una vida futura.


    ¿Tacharía al Papa Francisco de populista?

    No es que lo tacharía, lo es. Es un hombre que tiene un gancho especial con la gente, que logra llegar al corazón, pero a veces se desliza hacia el populismo, tiene esa tentación. Es un argentino que ha vivido el peronismo, y tiene unos tics que te recuerdan a Eva Duarte de Perón. Se ha puesto de moda hablar mal de los populismos y me hace mucha gracia. Cuando se dice, por ejemplo, que Podemos es populista… ¿Pero PP y PSOE no son populistas, no hacen programas hiperpopulistas que cuando gobiernan no cumplen? Populismo es tratar de halagar a la gente y es un pecado en el que todos caemos. No hay que darle un sentido absolutamente peyorativo.

    Hablando de pecados, hace unos días, en una columna, hablaba de la envidia.


    Ese es el gran pecado español.

    ¿Hay mucha envidia en el mundillo literario español?


    El mundillo literario antes tenía el prestigio social, el brillo de pertenecer a una élite, pero hoy el escritor se encuentra con que escribiendo no gana un céntimo, no liga nada, no le hace caso ni Dios… Al final disputa por una tarta muy pequeña y las pasiones más bajas afloran con mayor virulencia.


    En una entrevista, John Banville me dijo que le avergonzaban sus novelas. ¿Le sucede lo mismo con algún libro suyo?


    Un escritor debe esforzarse por ofrecer al lector siempre lo más ambicioso. No puedes escribir libros para salir del paso. De todos mis libros reniego, porque creo que podría haberlo hecho mejor. Hay algunos que considero peores y La tempestad es mi peor novela. Pero es la que más ha gustado y, básicamente, ganar el Planeta me sirvió para dedicarme profesionalmente a la literatura.


    No tiene Twitter, ni Facebook…


    No, no tengo nada de esto. La tecnología va más rápido que nosotros e introduce la urgencia en nuestra vida. Es mucho mejor leer un libro en papel que en una pantalla. Todo lo demás es mentira. Del mismo modo que hay multitud de actividades que son mucho más sanas hechas en la vida real. Por el amor de Dios, no seamos idiotas, recuperemos la vida real, que está ahí, esperándonos.

    Juan Manuel de Prada: «Los medios de comunicación son nefastos para la variedad humana, nos uniformizan» - ABC de Sevilla

  6. #6
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    Re: Presentación de la última novela de Juan Manuel de Prada

    «Las leyes no bastan para resolver conflictos muy arraigados en Cataluña»

    Andrés González-Barba

    Juan Manuel de Prada presenta en Sevilla su última novela, «Morir bajo tu cielo»

    j.m. serrano


    Juan Manuel de Prada durante su estancia en ABC este jueves


    Juan Manuel de Prada (Baracaldo, 1970) acaba de publicar su última novela, «Morir bajo tu cielo» (Espasa), que relata la hazaña de los últimos españoles que defendieron Filipinas. El escritor la ha presentado en Sevilla. La obra muestra muchos paralelismos entre la situación política de finales del XIX y la actual y manifiesta unas fisuras del Estado español que, según el autor de «La tempestad», siguen produciéndose hoy día.
    En cuanto a la política que realizó el gobierno español en Filipinas, Juan Manuel de Prada afirma que «fue una política desastrosa porque España estaba en una situación muy delicada. El erario público estaba bajo mínimos y el gobierno no pudo o no quiso afrontar los gastos de una campaña militar en condiciones, por lo cual estos soldados fueron arrojados a los leones». Aunque estos militares lucharon al principio por un territorio que era aún español, Prada reconoce que «luego, durante el asedio de la ciudad de Baler, España firma un acuerdo con Estados Unidos y durante varios meses estaban defendiendo una plaza que ya no era española. Defendían una plaza contra el nuevo invasor, Estados Unidos».
    Que cincuenta soldados españolas, terminada la guerra, defendieran una tierra que no era española «me pareció algo conmovedor y una metáfora de lo que iba a ser el siglo XX, con el complejo de la inferioridad y la conciencia de culpa». Por eso, reconoce el autor de «Las máscaras del héroe» que «por mucho que nos machaquen siempre habrá 50 personas que nos defiendan. En España tiene que haber una regeneración que rompa con esta tendencia de esclavitud».
    Con respecto a cómo ve este escritor la situación de Cataluña, admite que «es una situación envenenada que tiene difícil solución. Creo que el referéndum quizás no se celebre, pero las leyes no bastan para resolver conflictos que están ya muy arraigados en Cataluña. Allí llevan más de un siglo recibiendo una catequesis del odio frente a España y España lleva más de dos siglos con regímenes políticos que no aceptan la naturaleza política de nuestro país». Asimismo, reconoce que «la Nación histórica que es España ha sufrido dos rupturas, la primera la del liberalismo, a principios del XIX, que hace una España centralista que vulnera todas estas diversidades y se crea un Estado centralizado en Madrid. Otro gravísimo error es el sistema autonómico, que crea estados en miniatura que fomenta la desnacionalización de la Patria». Además, confiesa que «el problema es que falta el elemento aglutinante que es el de la religión. España ha perdido la fe y eso es un problema de fondo».
    También Prada ve paralelismos en el sistema político del 98 y el actual: «Son regímenes que bajo apariencia democrática y participativa crean muchos descontentos. En la España regeneracionista estaban excluidos los carlistas y las fuerzas obreras. En el sistema actual España ha derivado hacia un bipartidismo que reprime a las formaciones minoritarias. En donde no hay bipartidismo hay nacionalismo y se han creado muchos descontentos. Podemos se ha dedicado a repescar a descontentos de la izquierda y saldrá también un partido que repescará a los descontentos de la derecha».
    «Las editoriales se están vendiendo por un plato de lentejas»

    Preguntado este escritor por si esta novela va a ser la primera de unos episodios nacionales contemporáneos, Juan Manuel de Prada afirma que «me encantaría hacer una serie de novelas sobre la España del siglo XX, pero es un esfuerzo muy grande y tengo que ver cómo el público responde con esta novela para continuar o no». Este proyecto no deja de ser una osadía teniendo en cuenta que las editoriales hoy día se están dejando llevar por criterios comerciales: «El problema es que las editoriales se están vendido por un plato de lentejas y hay muchos libros basura de personajes televisivos grotescos. Los que compren estos libros no querrán comprar otro tipo de libros más profundos».












    «Las leyes no bastan para resolver conflictos muy arraigados en Cataluña» - ABC de Sevilla

  7. #7
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    Re: Presentación de la última novela de Juan Manuel de Prada

    De Prada explica por qué el patriotismo es lo contrario del nacionalismo

    Que no le engañen.



    El nacionalismo se esfuerza por confundirse con el patriotismo
    , de tal manera que para un nacionalista todo el mundo lo es, de un color u otro. Exactamente así lo dijo Artur Mas hace unos meses. El rasgo distintivo del nacionalista es precisamente este: sus gafas ideológicas le obligan a verlo todo bajo esa óptica.

    Pero es fundamental distinguir entre nacionalismo y patriotismo para preservar la riqueza intelectual. Lukacs nos recordaba que el patriotismo es un sentimiento natural, mientras el nacionalismo es una ideología construida sobre mitos; Elie Kedourie nos explicaba que el patriotismo se basa en el amor, y el nacionalismo intenta apropiarse de él para lograr sus metas ideológicas; y Juan Pablo II pedía evitar a toda costa la degeneración del patriotismo en nacionalismo. Ahora el arte de Juan Manuel de Prada nos dice lo mismo en un precioso diálogo de su última novela, Morir bajo tu cielo:

    “- ¡La patria! ¡Qué asco da esa palabra sagrada en boca de los zampones que sólo miran por sus enjuagues! (…) El amor natural a la patria lo sustituyen por una idolatría demente, ya no tanto a la patria como al régimen político que los gobierna, que divinizado les sirve como coartada para justificar todos los desmanes. (…) Esta sustitución del amor sano a la patria por una idolatría demente es uno de los rasgos más repugnantes de la política moderna.

    (…)

    - ¿Qué es para ti la patria? (…)


    - Patria es todo aquello que amo. (…) Amo el suelo donde nací (…) Amo la hacienda en la que me crié; amo mi casa, que es mi nido; amo la paz y la libertad que en ella siempre he respirado; amo los campos de abacá, los cocales, los árboles de mi jardín (…); amo la escuela donde estudié de niña; amo a las hermanas que me enseñaron; amo el recuerdo de los estudios, las travesuras, los premios de aplicación y los cánticos que entonábamos en clase (…).


    - Yo amo el olor de las torrijas que mi madre me cocinaba de postre los domingos, cuando era niño. ¡Ese olor es mi patria! (…)


    - Y el sabor de la leche recién ordeñada, y la era de Campo de Criptana brillando con las parvas de la mies, como si fueran montañas de oro. Esa esa mi patria (…)


    - Y el olor de la tinta fresca sobre el papel recién impreso (…)


    - Y la sonrisa de aquella moza que conocí en una verbena de mi pueblo y nunca volví a ver más (…)


    - Y el rumor de las olas en la playa de Marbella, una y otra, repitiendo siempre la misma canción (…)


    Tal vez entonces empezaban a entender lo que era la patria, que nada tenía que ver con la vaga entelequia por la que los políticos les obligaban a luchar, encubridora de sus sórdidos intereses“.


    No tengamos miedo de ser patriotas y amar cosas como las de arriba; es una virtud natural. Pero huyamos del nacionalismo y del cosmopolitismo, 2 ideologías artificiales que adulteran el patriotismo, y de las que tantos políticos se sirven para vendernos sus chaladuras diseñadas en los despachos.

    De Prada explica por qué el patriotismo es lo contrario del nacionalismo |

  8. #8
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    Re: Presentación de la última novela de Juan Manuel de Prada

    ‘Morir bajo tu cielo’, la novela de 2014. ¿Dónde están los escritores católicos?


    Casi nunca subrayo una novela. Morir bajo tu cielo sí la he subrayado. Una obra sobre los últimos de Filipinas, aquellos soldados españoles que resistieron al imperialismo norteamericano -sí, aquí hay que hablar de imperialismo yanqui-. Luchaban, aunque no todos los supieran, contra los gringos, contra los rebeldes filipinos, hartos de la decadencia madrileña y contra la llamada Ilustración, que no era otra cosa que una masonería obsesionada con la Iglesia y con el catolicismo español. Aquellos españoles creían en algo y estaban dispuestos a dar su vida por ellos. Todo eso cuenta Juan Manuel de Prada, sin duda el mejor escritor católico español. Aquí conviene hacer la precisión de Juan Pablo II, en referencia a un narrador polaco: “Sí, es escritor y es católico, pero no es un escritor católico sino un católico que escribe”. Desde que impera el pensamiento débil, hay que elegir, entre ser un intelectual o ser católico. Juan Manuel de Prada ha optado por Cristo
    Pero como digo, la novela de De Prada, además de una aventura apasionante, es subrayable. Si tengo que elegir un protagonista en este escenario coral, optaría por el soldado Chamizo. Ahí va: “Para combatir el poder del dinero y resarcir a los que sufren frente a los que se aprovechan, no hay otra solución que elegir a un hombre dispuesto a todo, incluso al martirio, por defender a su pueblo y encumbrado tan alto, tan alto, que frente a su majestad desaparezcan todas las otras desigualdades, siendo todos, el rico y el pobre, el noble y el villano, iguales ante él”. Pero Chamizo no se queda ahí. Va a más. Ojo al dato: “¡Progreso! ¡Anda que no se hacen burradas en nombre del progreso. El progreso consiste en alterar el alma humana para que se adapte a sus condiciones, en lugar de alterar las condiciones para que se adapten al alma humana”. Juan Manuel de Prada tiene talla de clásico, capaz de convertir la letra en música, la palabra en imagen y la novela en filosofía. Es eso que antes llamábamos intelectuales, un mundo del que, con el imperio del pensamiento débil, hay que elegir entre ser intelectual o ser católico, entre ser hombre de letras o ser cristiano. De Prada ha optado por Cristo. Eso le honra. Y encima, muestra, en Morir bajo tu cielo, las dos condiciones del buen escritor: contar una buena historia, de la que deseamos conocer el final, y decir algo con ella. Y para este segundo objetivo hay que distinguir entre el bien y el mal. Una verdadera rareza en el arte actual. No soy crítico literario pero sí especialista en dejar de leer libros comenzados. No tengo tiempo para soserías. Pues bien, aún sin título oficial afirmo que Morir bajo tu cielo es la novela de 2014 en lengua española. A este chico, a Juan Manuel de Prada, tenemos que cuidarle. Es decir tenemos que leerle.

    Eulogio López

    ‘Morir bajo tu cielo’, la novela de 2014. ¿Dónde están los escritores católicos? | Hispanidad.com

  9. #9
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    Re: Presentación de la última novela de Juan Manuel de Prada

    Saludos,

    no es un texto, sino un enlace al audio de la presentación del libro que hizo en Intereconomía, seguida de un debate sobre España y Filipinas y que subí a ivoox:

    Morir bajo tu Cielo: Juan Manuel de Prada, España y la pérdida de las Islas Filipinas (el gato al agua)
    Última edición por pozinho; 09/01/2015 a las 20:54

  10. #10
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    Re: Presentación de la última novela de Juan Manuel de Prada

    Morir bajo tu cielo, de Juan Manuel de Prada



    Acostumbro a principiar mis textos con un preámbulo un tanto estrábico, beodo y en ciernes desatinado, con el que encorsetar mis desboques neuronales y al menos hilvanar, así, ciertas ideas provechosas; o, por decirlo de otro modo y seguir con el enredo y la farfolla, con una bien confusa y no muy breve digresión que, aun lastrada por la pesantez de las muchas tautologías que empleo y por la broza como abstrusa con que se enmaraña mi estilo literario, nos sirva como de guía para transitar por entre el artículo, capítulo o relato que me dispongo a perpetrar. En este caso, sin embargo, pues quizá lo anterior me haya servido de exorcismo liminar, obviaré exordios extenuantes y me dedicaré a lo mollar, a lo nutricio y suculento, pues tras la lectura de Morir bajo tu cielo, del eximio y siempre inspirador Juan Manuel de Prada, a uno lo sepultan sensaciones muy pugnaces, muy vivos afanes y sentimientos que ansía proclamar y compartir, para el bien de los lectores y alivio de las emociones. Y es que el de Zamora —y que me disculpen los de Baracaldo— ha vuelto a urdir una mayestática novela, una historia que, por todo aquello que recrea y por el modo en cómo nos lo glosa, habrá de pasar a los más celebérrimos anaqueles de la literatura hispana.


    Con un acierto casi taumatúrgico —quizá proveniente de esos instantes maravillosos en que Dios se confabula con el autor y le susurra al oído—, Juan Manuel de Prada nos presenta el Sitio de Baler (Filipinas, 1898), donde aquellos “Últimos” se batieron los bofes con unos insurrectos contaminados por la masonería y por el espúreo interés de los Estados Unidos, ya por entonces ávido de colonias que aplastar. Y así, en las dos primeras partes del libro, a través de junglas infestadas de ilongotes, a quienes las cabezas de los enemigos se les hacen casi caramelos; discurriendo por entre poblachos construidos con madera; o a lo largo de ciudades donde se camuflan las oscuras veleidades y traiciones de los poderosos, los vicios de los más sórdidos lupanares o los subrepticios contubernios de una masonería cristofóbica y soberanista, Juan Manuel de Prada indaga en los problemas y alifafes de una España en ciernes demolida, nos presenta a unas gentes para siempre inolvidables y propicia, a un tiempo, que los dientes se nos afilen para disfrutar de lo que habrá de venir hacia el final del libro, sumiéndonos en una suerte de embeleso en que el tiempo se transforma en apenas un suspiro inadvertido. En la tercera parte, por último, adviene la apoteosis del Sitio de la iglesia de Baler, hoy de recuerdo ya destartalado pues, a pesar del heroísmo quijotesco con que aquel suceso refulgió, vino a ser, a la postre, como los requilorios con que se adornó el birrioso catafalco de una España insigne, de una España ya doliente, por entonces moribunda, en la que los gobernantes se emborrachaban de liberalismo y los funcionarios se dejaban domeñar por la venalidad. Desposeída ya de cuanto había sido, aquella España tan solo dolía a unos pocos hombres probos, siempre humildes —en su más bíblica acepción—, siempre reacios a doblegarse frente a los embates de una modernidad que se azacaneaba en malbaratar la tradición y el Catolicismo. Pero entre los vaivenes y los zamarreos de una vida que se defenestra siempre hay, como brotado de un salvífico venero, un aliento que nos lleva a soportar el mal y a sobreponernos; el aliento, sin duda, que animó a los bravos de Baler.


    Hay en Morir bajo tu cielo un mucho, por supuesto, de ese Juan Manuel de Prada enciclopédico y genial, colector de hallazgos estilísticos, arqueólogo del diccionario, que encontramos en sus obras anteriores y del que gozamos cual gorrino en lodazal: sin recato y como ensimismados. Pero hay un mucho, también, de un Juan Manuel de Prada como nuevo; de uno que visita el folletín decimonónico y lo trastoca un tanto hasta mejorarlo sin medida; de uno que, movido por ese afán arqueológico al que antes aludía, rescata a los más altos nombres del 98 y los remoza, lustrándoles una muy bella pátina; de uno que, por esa vis cinéfila que tanto ha proclamado, nos somete a los fragores de la épica fordiana y nos hace sucumbir a ella, donde habremos de aprender la fortaleza irreductible de aquel que se sostiene con un íntimo ideal, siempre fecundo de dignidad, y afronta con pasmosa valentía lo que haya de suceder.


    Como a modo de entrevero inextricable, en Morir bajo tu cielo se amalgama la literatura de postín y el ensayo más sesudo; la aventura en que se enviscan los valientes, desdeñosos de temores y de consecuencias, y esa suerte de acedia o lenidad en que se aposentan los burócratas venales y los gobernantes; el amor casi párvulo que anida en los enamorados ciertos, en aquellos que se entregan por entero, y las más oscuras abyecciones de una mente perturbada, donde sólo se avecinda la maldad; el honor fúlgido, en fin —y discúlpeseme lo extenso del rimero descrptivo—, de unos pocos corajudos —hoy tristemente sepultado—, y el oprobio deleznable en que se refocila quien ansía arrebatar la honra a púberes adormecidas por las drogas.


    No obstante, aunque viene a ser cuasi infinito lo que se hace suculento en esta obra, todo palidece frente a sus protagonistas; pues en ellos, coruscantes siempre de una verosimilitud inhabitual, hallamos la verdad que la Literatura ansía, esa verdad casi inasible que tan solo los eximios escritores llegan a alcanzar y que a los más bisoños y mediocres juntaletras, como quien esto suscribe, se nos vuelve arcana y huidiza. Pues hay en ellos un mucho de carne que desea y que se duele; un mucho de sangre siempre viva, siempre revoltosa, con que nos conmueven y deleitan; un mucho de alma que se cuela entre las páginas y se nos remete hasta los tuétanos; un alma, en fin, que se ancla en las entrañas del lector y se estatúa en ellas ad aeternum, como antes ya lo hicieran legendarios personajes cuyas vidas ya anidan en las nuestras. Pues sin duda anidarán ya para siempre en mí la bizarra beatitud de sor Lucía y la caballerosa distinción de Las Morenas, en quien el honor se tiene por blasón; la nobleza de Novicio, el líder de los insurrectos, aquejado siempre de pesares, y que en verdad se revela como un regalo de Dios, y ese deje trabucaire de fray Cándido, siempre desdeñoso de tibiezas y eufemismos, al que la bondad le brota inmensa; el amor que se profesan Guicay y Chamizo y hasta la absoluta abyección en que yace Van Houten, el traficante de armas, cuya muerte tanto deseé. Y es que la novela de De Prada es mucho más que un texto pulquérrimo y bellísimo; es una muy nutrida colectánea de personas memorables; un extático epicedio que se entona, con prosodia un tanto cabreada, a una España ya abatida por el modernismo, al coraje y pundonor que demostraron unos pocos resistentes, siempre aferrados a la tradición; el quejicoso y a la vez enrabietado panegírico a una Filipinas que engañamos y preterimos, a esa Filipinas que unos gobernantes envilecidos, deturpados de liberalismo, pretendieron sodomizar y trocar en escurrajas de su esencia; una novela, en suma, que ya comba mi anaquel predilecto, aquel donde reposan las más brillantes obras que han sido y serán, a la espera de una siempre excitante revisitación.


    Gervasio López


    Morir bajo tu cielo, de Juan Manuel de Prada | Adelante la Fe

  11. #11
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    Re: Presentación de la última novela de Juan Manuel de Prada

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    Juan Manuel de Prada en Sevilla:

    El DOMINGO, día 19 de ABRIL, a las 19.00 horas, en TOMARES (Sevilla), participará en la clausura de la Feria del Libro , donde explicará las claves principales de su novela "Morir bajo tu cielo".

    Lugar: Carpa de la Feria del Libro (Plaza del Ayuntamiento)

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