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Tema: Ramón: el café de Pombo, las greguerías etc.

  1. #1
    Avatar de ALACRAN
    ALACRAN está desconectado KARLALN
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    Ramón: el café de Pombo, las greguerías etc.

    En el fondo todo escritor envidia a hombres como Ramón Gómez de la Serna (1888-1963), unido al café "Pombo" por una mesa de mármol y a la fama por su solo nombre de pila: “Ramón”.
    Ramón era algo fuera de serie, inclasificable. A veces se hubiera deseado que no hubiese sido tanto "hombre de café", para que su fama fuese más perdurable. Aunque sin la plataforma pública de los establecimientos cafeteriles Ramón hubiera quedado incompleto.

    Ramón fue, todo él, Madrid: lo fue en sus faroles, que le alumbraban, mientras el farolero iba picando luces de gas por una geografía ya desaparecida.
    Madrid en sus toreros, que inspiraban las frases de Ramón, quietos, estáticos, faraones de tertulia, en las aceras de Fornos y del café Riesgo; gentes morenas y cimbreñas, que saludaban a los andaluces de la calle de Alcalá.
    Madrid en su Rastro, que trató como nadie, y cuyos trazos intentó seguir aquel gran retratista suyo, que fue Solana; Madrid en «El Prado», en «El Circo», en la «Puerta del Sol» y en «Pombo».
    En ese «Pombo» ya muerto, con viudas blancas y negras, soñadoras, tiempo muerto de los veladores, y aquella tertulia suya, con Borrás joven —si es que Borras ha dejado de serlo— y la sombra de Antoñita Polanco captada de perfil.

    La obra de Ramón Gómez de la Serna es ingente y toda ella madrileña; perfumada de madrileñismo. Hasta los últimos escritos, que nos llegaban de Buenos Aires, tenían un inconfundible acento madrileño. Ramón fue un emigrante que no emigró. Se quedó aqui, en su estudio "con maniquis y espejo infinito, en el drama de sus «Escaleras», en la luz temblorosa de la amanecida, que el temblor de Madrid arrancaba de las carnes de «La Nardo».
    Soñaba, en voz alta, un mundo fabuloso; el mundo de los látigos de los Cocheros, del respirar de las mujeres, de los guantes de los prestidigitadores, de las nubes y de los bancos solos que parecen esperar la última meditación de los suicidas. También de los niños y de los payasos, y de los dulces, unidos, paseantes enamorados... Todo este mundo discurrió por Madrid, en su «Elucidario», un libro en el que se describe una ciudad sin rascacielos, pero con misterio.


    Ramón con una onda caída, con su pipa y su corbata pintada, valiente y tropical, con su voz alta, con su torrente de ideas, con su humildad ante la maravilla.
    Ramón Gómez de la Serna, por espiritual, entendía el misterio, la magia. El entendía esas cosas que nadie entiende ya; el rojo antiguo de una vieja pared; el paisaje del viaducto; las buhardillas tímidas y asomadas, de la calle de Segovia; la algarabía de los mercados, manchada de escamas y verduras... Su Madrid fue «El Otro Madrid». Tuvo suerte.

    Ramón era, para los que se hicieron hombres con la guerra civil, el producto de una época catalogada como fácil (1910-1930) y en cierto modo cobarde. Pero ¿qué nos parece Ramón hoy día?
    Era un ser paradójico; siendo escritor íntelectualizado, humanamente era todo un prototipo. Conocer a Ramón en sus buenos años, levantando la voz en sus agudos comentarios, derrochando talento y vitalidad debió ser todo un acontecimiento, algo imborrable.
    Ramón, leído, perdía algo; seguía siendo Ramón, pero su prosa (sus libros, sus greguerías, su “Automoribundia", sus colaboraciones varias) era para ser escuchada, no para ser leída.
    Ramón, a la cabecera de su tertulia del Café Pombo (recordemos el famoso cuadro de Solana), valía por todo un espectáculo.

    Ramón era madrileño, como el Rastro, como la Puerta del Sol, como el café "Pombo" o el café "Castilla". En su casa de Buenos Aires, a donde vivió desde la Guerra Civil, tenía un farol de gas, aquellos faroles que todavía alcanzamos a ver de pequeños y que ahora sólo subsisten en algunas y pequeñas capitales de provincia. Madrid era todavía entonces un Madrid provinciano.

    Ramón, como símbolo, se fue de un Madrid que dejaba de serlo para continuar, desde lejos, siendo el mismo Ramón de los años treinta. Ramón era alguien en el Madrid del oso y el madroño; no hubiera sido nadie en Madrid-City actual.

    Ramón era mucho mas pueblo que intelectual. Como periodista fue excepcional. Perteneció a la generación que mejores periodistas ha dado a España. Ramón, que era viajero, contribuyó no poco —dentro de su casticismo irrenunciable,— a sacarnos del folklore, la chulería y el "inventen ellos". Ramón era un pensamiento agudo como el filo de un cuchillo. Ramón hubiera sido la figura central del modernismo a no ser porque fue Ramón, sencillamente.

    Sus novelas tenían más intelecto que humanidad. Monstruoso y descomunal el volumen de sus ''Obras Completas", publicadas en los años cincuenta. ¿De dónde sacaba tiempo para escribir tanto?

    Todo quien añore las tertulias, las personalidades fulgurantes, el apasionamiento de las redacciones, envidia un poco la gigantesca figura de Ramón, dominándolas con su verbo.
    Ramón, en Madrid con su torre museo de la calle Velázquez llena de disparatados objetos y cachivaches; en Buenos Aires, su estudio parecía un camarín de teatro. Tenía una curiosidad insaciable.

    Ramón era un colosal solitario sociable. Alternar con Ramón en su tiempo era todo un espaldarazo: "Me dijo Ramón", "Estuve con Ramón y..."
    Uno seimagina perfectamente esa cantinela. Ramón, como D'Ors en Cataluña, enseñó a pensar, a discurrir con lógica. Incluso enseñó un poco de eso que tanto necesitamos los españoles: ironía, humor suave.
    Era un escritor en oficio de escritor y si mucho derrochó en escaramuzas verbales, mucho le quedó para sus greguerías.
    En sus últimos tiempos y hasta su muerte en Buenos Aires vivía mal, y gracias a la ayuda de la Fundación March sus últimos años (murió en 1963) no conoció la pobreza.



    Última edición por ALACRAN; 27/04/2009 a las 22:45
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

  2. #2
    Gothico está desconectado Miembro Respetado
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    Respuesta: Ramón: el café de Pombo, las greguerías etc.

    Ramón Gómez de la Serna vivió en Buenos Aires desde la guerra civil pero eso no quiere decir que fuera un exiliado ni muchísimo menos, sino que simpatizó con la España nacional en todos los aspectos.

  3. #3
    Avatar de Hyeronimus
    Hyeronimus está desconectado Miembro Respetado
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    Respuesta: Ramón: el café de Pombo, las greguerías etc.

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    De hecho creo que hasta viajó alguna vez a España.

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