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Tema: Historia del Cristianismo en Navarra y su vinculación a la Iglesia española

  1. #1
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    09 ene, 12
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    Post Historia del Cristianismo en Navarra y su vinculación a la Iglesia española

    Serie de artículos sobre la historia del Cristianismo en Navarra y su vinculación a la Iglesia española, expuesto por etapas de forma cronológica desde su origen hasta la actualidad. También incluye artículos sobre la aportación de vascos y navarros a las misiones católicas para la evangelización de las Indias, la Compañía de Jesús y sus fundadores, iglesias y monasterios, etc.


    HISTORIA DEL CRISTIANISMO EN NAVARRA

    01. Transmisión romana del Cristianismo

    02. Evangelización de San Fermín

    03. Fundación de la Diócesis de Pamplona

    04. Herencia visigoda del Cristianismo

    05. Reforma gregoriana

    06. Aportación del Reyno de Navarra al Camino de Santiago

    07. Territorio diocesiano y territorio político

    08. Intercambios de obispos

    09. Superación de las fronteras políticas por el dominio de los grandes monasterios

    10. Soporte jurídico-cultural del Reino de Pamplona

    11. Cultura de los monasterios navarros

    12. Aparición de las Órdenes Mendicantes

    13. Intentos de adecuación de la geografía eclesiástica y política

    14. Concilios ecuménicos bajo-medievales

    15. Adaptación de la geografía diocesana al Estatuto nacional

    16. Reforma católica y control político de las estructuras religiosas

    17. Obispos foráneos en Navarra y obispos navarros fuera del Reino

    18. Aplicación de la Reforma católica en Navarra (siglos XVI y XVII)

    19. Impulso misionero de San Francisco Javier y la Evangelización de América

    20. Adaptación al Régimen liberal

    21. Tradicionalismo político y arraigo religioso

    22. Fenómeno vocacional y misional

    23. Provincia Eclesiástica de Pamplona

    24. Presencia navarra en la Jerarquía eclesiástica española

    25. Crisis conciliar y cambio social


    Patriotas Vascongados: RELIGIÓN CRISTIANA


  2. #2
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    Re: Historia del Cristianismo en Navarra y su vinculación a la Iglesia española

    Transmision romana del Cristianismo


    La transmisión de la fe y la cristianización del territorio de los vascones y, en concreto, de Pamplona provinieron del valle del Ebro y tienen que enmarcarse en un contexto hispánico, que define desde sus propios orígenes una sólida conexión entre la Iglesia local de Navarra y el conjunto de la Iglesia española.

    La difusión del Cristianismo entre los vascones respondió a dos presupuestos:


    1. la correspondencia entre romanización y cristianización

    La nueva fe se propagó más fácilmente allí donde la civilización romana había arraigado más profundamente, es decir, en lo que Tito Livio llamó ya en el siglo I a.C. ager vasconum, la parte meridional del territorio vascón, que era la más cultivada.


    2. la diferencia entre el medio rural y urbano

    El Cristianismo se propagó rápidamente por las ciudades, pero su difusión en zonas rurales fue bastante lenta, de tal forma que coexistieron con otros cultos durante bastante tiempo.


    VILLA ROMANA DE LAS MUSAS EN ARELLANO (CERCA DE ESTELLA)

    Según los estudios de J. Goñi, J. Caro Baroja, J.J. Sayas o R. Jimeno, el Cristianismo se extendió desde la costa mediterránea a los largo del rio Ebro, a través de la vía romana que lo remontaba desde Tarraco a Briviesca y Astorga. Por eso, las primeras noticias de la presencia cristiana provienen de zonas meridionales y orientales de Navarra, e induce a creer que vino del centro del valle del Ebro.

    Durante el siglo IV, Calahorra, considerada ciudad celtíbera por Tito Livio, y vascona por Estrabón y Ptolomeo, se convierte en la primera sede episcopal de la zona.

    Pero, dentro del actual territorio de Navarra, el primer indicio de cristianismo es la pilastra de Gallipienzo, fechada a finales del siglo IV, y la primera comunidad cristiana corresponde a Cascante, en el año 465. Cascate se correspondía a la diócesis de Calahorra, que abarcaba la cuenca medio-alta del Ebro.

    Pamplona era la ciudad más importante al norte del eje del Ebro, cruce de dos importantes vías romanas, se convirtió en foco de cristianización desde finales del siglo III, a la vez que otras ciudades hispanas situadas en grandes calzadas.

    Una generación más tarde, en el siglo IV, el cristianismo llega al pie del Pirineo, ya que tal proceso es gradual, en especial en áreas rurales. El proceso de cristianización coexiste con los cultos paganos.

    El poeta Prudencio (348-410) habla del paganismo pasado de los vascones. Las predicaciones en los siglos VI y VII de San Prudencio, San Millán y San Amado denotan la presencia del paganismo. Lo mismo indican algunos ensañamientos contra obispos o poblaciones cristianas en el siglo V y VII, protagonizados por gentes salidas del territorio vascón, como los registrados en Tarazona (449) o Zaragoza (653).


    VILLA ROMANA DE LAS MUSAS EN ARELLANO (CERCA DE ESTELLA)

    Patriotas Vascongados: Transmisión romana del Cristianismo

  3. #3
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    Re: Historia del Cristianismo en Navarra y su vinculación a la Iglesia española

    Evengalizacion de San Fermín

    A finales de la Edad Antigua, Pamplona era entonces Pompelon, una pequeña aglomeración urbana fundada por los romanos, presidiendo en el centro de la tierra navarra, sobre una pequeña meseta a las orillas del Arga, una llanura rodeada de montañas. Los vascos habitantes de esta llanura conocían esa población romana con el nombre de Iruña, es decir, "la ciudad". Según Estrabón: "Sobre la Jaccetania, hacia el Norte, habitan los vascones, en cuyo territorio se halla Pompelon".

    Pompelon tenía para los romanos un valor estratégico, pero asimismo realizaba otra importante misión: reunía las ásperas montañas pirenaicas, tras las cuales se extendían los ubérrimos campos de Aquitania, con la comarca de las riberas colindantes con el Ebro. Pompelon era un punto de confluencia en el trazado de las vías romanas que atravesaban Navarra.

    Aún no había cristianos en el país. Los más antiguos cuentos del folklore vasco, unos cuentos de contextura esquemática que resuenan todavía desde un fondo de siglos, establecen la separación de dos mundos radicalmente distintos: el mundo cristiano y el mundo anterior a la evangelización del país. Hay en algunos de esos seculares cuentos, procedentes casi todos de una edad pastoril, alusiones claras a las primeras iglesias cristianas y al conjunto de prevenciones y de resistencias que su emplazamiento exaltaba entre los gentiles. El vasco introdujo en su milenario idioma el adjetivo "gentil" (jentillak, los gentiles), expresando así el mundo idolátrico de sus antepasados, desconocedores del cristianismo o refractarios a su introducción.

    Todos los habitantes de la tierra vasca eran entonces gentiles, lo mismo, que fuesen pastores en el campo que los avecindados en las aglomeraciones urbanas. Pompelon y sus habitantes pertenecían al mundo del paganismo. Entre esos habitantes se contaba Firmo, alto funcionario de la administración romana en la ciudad, y su esposa Eugenia, matrona de ilustre ascendencia. Todo hace imaginar, sin embargo, que Firmo y Eugenia, aunque paganos, eran creyentes, que sus almas sentían aspiraciones mucho más allá de sus efigies tutelares predilectas. Firmo y Eugenia ofrendaban, sacrificaban en los altares de su culto con la sencilla fe del pueblo que creía en sus dioses con una pasión que durante casi medio milenio hizo frente al cristianismo, que avanzaba con fuerza arrolladora. En la fe pagana del pueblo había ardor y había vitalidad. Esto explica los mártires.




    En la vida de Fermín, el hijo de Firmo y Eugenia, nos movemos en un mundo de conjeturas, pero la mención del nombre de la madre evoca la gran receptibilidad de las mujeres paganas a la nueva doctrina destinada a toda la humanidad, sin excluir de la esperanza a los más humildes y despreciados, y que traía un positivo consuelo a los desesperados y a los vacilantes.

    Las viejas hagiografías describen a Firmo y Eugenia dirigiéndose al templo de Júpiter para ofrecer sacrificios, y detenidos en el camino a la vista de un extranjero que con dulce y grave palabra explicaba al pueblo la figura y la doctrina de Cristo. Al llegar aquí hay que imaginarse el amoroso ardor de aquellos humildes y eficaces apóstoles, mucho más cercanos que nosotros en el tiempo a la figura de Jesús.

    Firmo y Eugenia invitaron a su hogar al extranjero, hondamente impresionados por el discurso de éste. Honesto, que así se llamaba el apóstol, explicó a aquéllos los fundamentos de la religión cristiana, y cómo venía de Tolosa de Francia, de donde le había enviado el santo obispo Saturnino, discípulo de los apóstoles, con la concreta misión de difundir en Pompelon la fe de Jesucristo. Las convincentes palabras de Honesto en la intimidad del hogar de Firmo conmovieron todavía más a éste, que no solamente dio a aquél esperanzas de convertirse al cristianismo, sino que, además, manifestó deseos de conocer a Saturnino.

    El santo obispo de Tolosa no tardó mucho en acceder a los deseos de Firmo. Una cosa es la gran devoción de Pamplona y Navarra a San Saturnino, pero tiene sobre todo importancia ese recio resumen de su obra apostólica que acostumbran añadir los navarros a la mención del mártir y que vale por la mejor biografía: "San Saturnino, el que nos trajo la fe".

    Cuentan que Saturnino evangelizó en Navarra más de cuarenta mil paganos, entre ellos a Firmo, Fausto y Fortunato, los tres primeros magistrados de Pompelon, y que, a impulsos de aquella ardorosa predicación, se construyó rápidamente la primera iglesia cristiana, que pronto resultó insuficiente.



    Todos estos preliminares, un poco largos, resultan necesarios para explicar la figura de Fermín, el hijo de Firmo y Eugenia, niño de diez años de edad, que Honorato se encargó de modelar en el espíritu al quedar a la cabeza de la grey de Pompelon, vuelto ya Saturnino a Tolosa. La historia de Fermín, a esa grande e imprecisa distancia histórica, resulta demasiado lineal, pero no por eso menos reveladora del ardor de aquellos heroicos confesores de Jesucristo, íntimamente comprometidos a confesarla dondequiera y en cualquier situación que fuese. Honesto, dedicando con afán sus esfuerzos al alma que él adivinó excepcional del niño Fermín, obtuvo que éste, ya para los dieciocho años, hablara en público con admiración de todos los oyentes. Firmo y Eugenia enviaron entonces a Fermín a Tolosa, poniéndole bajo la dirección de Honorato, obispo y sucesor de Saturnino. Este, no menos admirado del talento y de la prudencia de Fermín, venciendo su modestia, le ordenó presbítero, consagrándolo después obispo de Pamplona, su ciudad natal.

    El celo evangelista de Fermín en su tierra navarra emparejaba con el de su antecesor Saturnino. Al conjuro de la palabra entusiasta de Fermín los templos paganos se arruinaban sin objeto y los ídolos se hacían pedazos: en poco tiempo el territorio fue llenándose de fervorosos cristianos.

    Las devociones fundamentales de San Fermín eran precisamente las devociones fundamentales, dicho sea sin ánimo de paradoja: la Santísima Trinidad y la Santísima Virgen María. Invocando a la Santísima Trinidad, la devoción de las devociones, operaba milagros tan prodigiosos que los gentiles en Navarra y en las Galias llegaron a mirarle como un dios. Vamos a dejar a un lado la leyenda. Digamos en lenguaje actual que el amor de Dios inflamaba el alma de Fermín en una caridad milagrosa.

    Fermín, después de ordenar suficiente número de presbíteros en su tierra, pasó a las Galias, cuyas regiones reclamaban el entusiasmo del joven obispo, pues a la sazón ardía en ellas furiosa la persecución. La indiferencia ante la persecución constituía en Fermín otra manera de predicar y no precisamente la menos eficaz. Los paganos de Agen, de la Auvernia, de Angers, de Anjou, en el corazón de las Galias, y también en Normandía, quedaban admirados de aquella presencia que daba sereno testimonio de Cristo, indiferente a todos los peligros. El ansia tranquila del martirio movía a Fermín.



    Esta ansia dirigió a Fermín hacia Beauvais, donde el presidente Valerio sostenía una crudelísima persecución contra todo lo que tuviera nombre de cristiano. Fermín, encerrado muy a poco de llegar, hubiese muerto en la prisión, víctima de durísimas privaciones y sufrimientos, de no haber acaecido la muerte de Valerio, circunstancia que el pueblo creyente aprovechó para ponerlo en libertad. La fama de su entereza moral y su gesto de comenzar a predicar públicamente a Jesucristo tan pronto como salió de la cárcel movieron en aquella ocasión eficazmente el corazón de muchos paganos, que juntamente con los viejos cristianos, contagiados todos ellos del entusiasmo de Fermín, edificaron iglesias por todo el territorio.

    A Fermín, infatigable, se le señala en la Picardía y más tarde, de regreso de una correría por los Países Bajos, otra vez en la ciudad de Amiéns, capital de aquella región, en donde había de encontrar gloriosa muerte. La cercanía intuida del martirio acrecentó más todavía su santa indiferencia y el entusiasmo de Fermín, ya incontenible en su empeño de predicar a Jesucristo. Por otra parte, la fe de Fermín seguía operando prodigios asombrosos, comparables a los de los primeros apóstoles.

    El pretor de Amiéns, alarmado de aquel ascendiente, llamó a su presencia a Fermín; pero, prendado de su persona y de la sinceridad de sus palabras, mandó ponerle en libertad. Pero, como Fermín insistiera en predicar al pueblo la fe en Cristo, el pretor, volviendo de su acuerdo, ordenó encerrarlo en la prisión. La agitación del pueblo creyente, mal resignado con esta medida, determinó un miedoso y cruel impulso del pretor: mandó cortar la cabeza a San Fermín en la misma cárcel. Era el año 553. En medio de la consternación de los cristianos un tal Faustiniano, convertido por San Fermín, tuvo el valor de atreverse a rescatar el cuerpo decapitado para enterrarlo provisionalmente en una de sus heredades, y más tarde, con todo sigilo, trasladó los restos de aquel gran devoto de María a una iglesia que el mismo San Fermín había dedicado a la Santísima Virgen.



    SAN FRANCISCO JAVIER Y SAN FERMÍN

    Patriotas Vascongados: Evangelización de San Fermín



  4. #4
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    Re: Historia del Cristianismo en Navarra y su vinculación a la Iglesia española

    Fundación de la diocesis de Pamplona


    La predicación del Cristianismo está unida a la creación de la sede episcopal de Pamplona, y su primera noticia de su existencia data del año 589, cuando Liliolo suscribió como obispo de la ciudad en las actas del III Concilio de Toledo, en el que tuvo lugar la conversión oficial del reino visigodo a la fe católica y el abandono de la herejía arriana.

    La diócesis de Pamplona estuvo presente en un momento decisivo de la historia de la Iglesia española, cuando el cristianismo católico se adoptó como religión oficial del Estado, entonces encarnado en la Monarquía visigoda. En realidad se ha mantenido hasta el siglo XX, con independencia de cuáles fueran los poderes políticos soberanos que sucedieran en la península Ibérica o cual fuera su ámbito territorial, excepción hecha de los estados musulmanes.

    La ausencia de referencias a los obispos de Pamplona en las actas de tres concilios de la provincia Tarraconense, celebrados en el 516, 524 y 540, ha llevado a pensar que la erección de la sede episcopal tuvo lugar entre el 540 y el 589. Pero resulta un fecha muy tardía en comparación con las vecinas diócesis de Zaragoza (s. III) y Calahorra (s. IV). La ausencia de obispos pamploneses de los concilios provinciales y nacionales no tiene que considerarse como una prueba de la inexistencia de la diócesis, porque no difieren mucho de otras diócesis vecinas.

    A falta de noticias precisas hay que tener en cuenta la conversión mayoritaria de los habitantes de las ciudades hispanas durante el siglo IV y la formación de sedes episcopales en aquellas ciudades que tenían un territorio dependiente, como era el caso de Pamplona. Estos presupuestos han permitido deducir a autores como A. J. Martín Duque, L. García Moreno o R. Jimeno que la sede episcopal pamplonesa tuvo que crearse a finales del siglo III o primeros del IV.

    A lo largo de la historia, la organización eclesiástica se ha basado en el principio de la adaptación a las realidades políticas. Por eso la diócesis pamplonesa quedó inicialmente adscrita a la provincia eclesiástica de Tarragona, que coincidía con la provincia civil Tarraconense, forjada en época romana y conservada por los visigodos.

    III CONCILIO DE TOLEDO, LA CONVERSIÓN DE RECAREDO

    Patriotas Vascongados: Fundación de la Diócesis de Pamplona


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  5. #5
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    Re: Historia del Cristianismo en Navarra y su vinculación a la Iglesia española

    Herencia visigoda del Cristianismo


    La presencia del Cristianismo durante el Reino Hispano-visigodo no fue sólo un barniz superficial, sostenido por la fuerza de sus monarcas y sus guarniciones, frente a los cultos paganos tradicionales de los vascones. La etapa visigoda fue una continuación de la expansión de Cristianismo, capaz de adentrarse en amplios estratos de la población rural, más aún si se tiene en cuenta el peso que la fe tuvo en la siguiente etapa de la historia navarra, durante los siglo VIII al X, y el fervor en la defensa de la liturgia visigótico-mozárabe a finales del siglo XI.

    Estas ideas sobre la evangelización del mundo rural y la creación del entramado parroquial son defendidas por Luis Javier Fortún Pérez de Ciriza o R. Jimeno entre otros historiadores.

    La aristocracia fundaría, como en el resto de la Hispania, dueñas de las numerosas villas que cubrían el espacio situado desde las cuencas pirenaicas hasta el Ebro, se hizo en su mayoría cristiana a lo largo del siglo IV. Fueron protagonistas de la defensa de los pasos del Pirineo frente a los bárbaros durante dos años, a partir del 406.

    Estos poseedores de la fe cristiana extendieron la religión cristiana al resto del pueblo, que los imitaba. A ellos se debe la fundación de iglesias propias en sus latifundios, que se originó en España entre los siglo IV y VII. Edificaban la iglesias, las dotaban económicamente, adoptaban la advocación con las que pasaban a denominarse y extendían la fe entre su clientela.

    Con todo, entrado el siglo V, subsistían paganos entre estos propietarios, como lo demuestra el tauribolio de Arellano, de los siglos IV y V, reconvertido en capilla funeraria y por lo tanto cristianizado en época visigoda.

    CRUZ VISIGODA

    Según explica R. Jimeno en Orígenes del Cristianismo en la tierra de los vascones, sitúa la creación de las iglesias rurales entre los siglos V y VII, de tal forma que el cenit de la sacralización del espacio se produjo en el siglo VIII, resultado de analizar las advocaciones titulares más antiguas de las iglesias de la "Navarra primordial", donde registra más de un millar de templos.

    Agrupando los datos se sintetizan las advocaciones en algunos de las siguientes conclusiones:

    1. Las iglesias que están dedicadas a la Virgen suponen casi un 20% (231)

    Un culto que se irradió desde la catedral de Pamplona, cuya primera construcción se fija, según los resultados arqueológicos, en los siglos V y VI, a la vez que se dedican en Hispania los primeros templos marianos conocidos. El culto fue creciendo en el siglo VII y tuvo un notable desarrollo a partir de la dominación musulmana.

    Las iglesias dedicadas a la Santa Cruz o a Jesucristo añaden un 4,58% más, lo que supone una cuarta parte del total.


    2. Las iglesias que aportan santos del círculo evangélico y apostólico suponen un 26, 23% (305)

    A San Pedro (92), San Esteban (82), San Juan Bautista (71) y San Andrés (60). Su culto estaba extendido en toda la Iglesia y se difundieron a partir del siglo VI en Hispania.


    3. Las iglesias que recogen el legado hispanorromano y visigodo

    Los mártires hispanos suman 88 iglesias, mientras que la principal aportación visigoda es el culto a San Martín, que después de la Virgen es la advocación más extendida con 126 iglesias (un 10,89%).

    La monarquía merovingia fue la gran difusora del culto a San Martín, pero contra lo que pudiera suponerse, el culto se fraguó en el siglo V, cuando los visigodos controlaban las Galias y fueron quienes lo trajeron a Hispania, tal y como se acredita por la inclusión de sus fiestas en los calendarios visigodos.

    Entre los mártires hispanorromanos destacan San Vicente (23 iglesias), que llega en el siglo VI desde Zaragoza, al mismo tiempo que San Lorenzo (14 iglesias) o Santa Eulalia (13 iglesias), etc. En conjunto son 214 iglesias, un 18,38 del total.


    4. Las iglesias dedicadas a San Miguel, aporta 82 iglesias, un 7,09%

    Su culto se implanta en Navarra en el siglo VIII y se concentra sobre todo en el sector occidental de la Navarra primordial, por influencia de Aralar.


    5. El resto de las iglesias supone un 23, 72%. Están dedicadas a 57 advocaciones restantes

    CRUCIFIXIÓN, POR JUAN OLIVER, CATEDRAL DE PAMPLONA

    De acuerdo con este esquema, el proceso de creación de la red parroquial estaría muy avanzado en el siglo VIII, de tal forma que en los siglos siguientes de la Edad Media tan solo se completaría. DE ser así la importancia de la herencia visigoda hubiera sido muy grande.

    Probablemente, el periodo comprendido entre los siglos V y VIII marca el inicio de la creación de la red parroquial, como señala R. Jimeno, y no se completó hasta el siglo XII.

    La influencia de los visigodos, a través de sus calendarios y su santoral, fue muy grande en la elección de las advocaciones, aunque la construcción de las iglesias tuviera lugar mucho más tarde.

    Otra herencia de la iglesia visigoda fue la legislación canónica, el conjunto de normas conciliares que se reunió en la Colección Canónica Hispana. Estuvo vigente durante buena parte de la Edad Media, especialmente en los siglos altomedievales, y constituyo un elemento cohesionador de la Iglesias locales, las diócesis españolas, en torno a una misma disciplina, con independencia de su pertenencia a uno u otro reino medieval.

    La Colección, forjada a lo largo del siglo VII entre Sevilla y Toledo, reunió la legislación precedente (concilios orientales, africanos, galos y españoles), la sueva (Capitula Martini) y la gran aportación de la iglesia visigoda, los cánones de 17 concilios de Toledo, junto con otros coetáneos.

    El texto de la Colección se insertó en el Códice Vigilano o Albeldense (976), elaborado en este monasterio riojano, muy unido a las corte de Nájera, en el que reúnen los textos básicos (históricos, literarios y jurídicos) que definen las señales de identidad del naciente reino pamplonés y las raíces jurídicas sobre las que se asienta, que no son otras que la legislación civil y canónica visigoda.

    La corte pamplonesa consideraba vigente la Colección Canónica Hispana y que, por tanto la iglesia pamplonesa se sentía parte de la iglesia hispana. La práctica repetición de los contenidos del Albeldense en el Códice Emilianense (992) demuestra que no es una recopilación individual de un monje, sino un acervo de carácter oficial, copiado tanto en Albelda como en San Millán. La elaboración del texto en estos monasterios riojanos refleja la vigencia del derecho eclesiástico visigodo en La Rioja y en todo el reino de Pamplona a finales del siglo X.

    Los monarcas pamploneses actuaron en la Iglesia siguiendo pautas propias de la tradición visigoda, en la designación regia acabo siendo de hecho la vía usual de nombramiento de obispos. Tal parece que ocurrió con la consagración de obispos para las sedes de Aragón, Deyo, Calahorra y Tobía, efectuada por el obispo de Pamplona, sin duda a instancia del rey Sancho Garcés I, en torno al 922. Parece también que Sancho III el Mayor se reservó la designación de los obispos-abades de Pamplona y Leire desde el año 1024. La figura de los obispos-abades también existió en Nájera y san Millán o Albelda, en Burgos y Cardeña, y en Aragón y Sasabe.


    CATEDRAL DE PAMPLONA

    La liturgia es otro terreno donde la herencia visigoda fue manifiesta, puesto que hasta finales del siglo XI en el reino pamplonés estuvo en vigor la liturgia mozárabe o visigoda. Y no de forma superficial u ocasional, sino plenamente enraizada y considerada como un acervo propio, como se demuestra en la defensa que de ella se hizo cuando el papa Alejandro II urgió la implantación del rito romano.


    El Reino de Pamplona aporto hombres y textos para demostrar que el rito mozárabe no era herético. Los obispos españoles enviaron a Roma a tres de ellos, un castellano (Jimeno de Oca) y dos pamploneses (Munio de Calahorra y Fortún de Álava). Llevaron tres libros litúrgicos para que fueran examinados, dos de los cuales eran navarros, el Liber ordinum de Irache y el Liber missarum de Santa Gemma (cerca de Estella).


    El rito romano se implanto en Navarra en 1076, pero todavía dos décadas más tarde no se había implantado la nueva liturgia en ciertas localidades del valle de Roncal y sus vecinos se resistían a admitir a los clérigos que practicaban el nuevo rito, como ocurrió en Garde (1098) y Navarzato (1102). Pedro I tuvo que intervenir para que aceptaran el cambio: "mandauit ut sicut fuerat factum in lege Toletana, ita et permansisset in lege Romana".

    Otro punto de identidad entre todas las diócesis españolas era la escritura visigótica (minúscula o cursiva), con la que se escribían los libros litúrgicos, las obras teológicas o espirituales (entre las que destaca el Comentario al Apocalipsis del Beato de Liébana, los códices riojanos, etc.), o se redactaban los documentos.

    Son muchos los factores que aportan muestras de la raíces visigodas y, en conjunto, pregonan que la Iglesia navarra altomedieval funcionaba como una iglesia local que se sentía ligada a las restantes de España, insertas todas ellas en el trono común forjado en la época visigoda. La Iglesia navarra no solo recibió contenidos de ese acervo común, sino que también contribuyo a su transmisión y defensa.


    Patriotas Vascongados: Herencia visigoda del Cristianismo



  6. #6
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    Re: Historia del Cristianismo en Navarra y su vinculación a la Iglesia española

    Reforma gregoriana


    En el último tercio del siglo XI la Santa Sede se hizo presente en la vida ordinaria de la Iglesia en España, a la que consideraba un todo común, a pesar de estar repartida entre reinos diferentes. Los Papas pretendieron hacer fluidas sus relaciones con los reinos hispánicos y lograr que su autoridad se extendiera de forma ordinaria. Para ello desde 1064 enviaron legados que les representaban y tenían autoridad en toda la Península.


    La influencia del Papado se dejó sentir en cuatro aspectos importantes de la vida religiosa:

    1. La unificación de la litúrgica de los reinos hispánicos con el resto de la Iglesia occidental

    Se logró mediante el cambio de rito mozárabe por el rito romano, iniciado en Aragón en 1071 y continuando luego en Navarra (1076) y Castilla (1078).


    2. Renovación de los cuadros dirigentes de la Iglesia peninsular

    Supuso el abandono del sistema de obispos-abades de las diócesis y monasterios más importantes de los reinos cristianos peninsulares.

    En el Reino de Navarra-Aragón esta tarea la llevó a cabo el abad Frotardo de Thomieres, legado papal desde 1083, que comenzó designando a los franceses Pedro de Andouque en el obispado de Pamplona y Raimundo en la silla abacial de Leire, para más tarde nombrar al obispo de Jaca (1086) y al de Roda (1094). Durante el reinado de Alfonso I el Batallador siguieron produciéndose los nombramientos de franceses para todas las diócesis de su reino: Roda (1104), Pamplona (1115), las recién reconquistadas Zaragoza y Tarazona (1118-1119).

    Los nombramientos estuvieron acompañados del reforzamiento de los cabildos catedralicios mediante la implantación de la regla de San Agustín.


    ABADÍA DE CLUNY

    3. La implantación de la regla benedictina en grandes monasterios.

    Siguiendo el modelo de Cluny, afectó a todos los reinos cristianos peninsulares, aunque las soluciones empleadas variaron según los monasterios. Por ejemplo, los monasterios de Nájera y Carrión, en Castilla, fueron incorporados a Cluny.

    En cambio, en Sahagún se implantó la observancia de Cluny y se nombró abades franceses (Roberto en 1079 y Bernardo en 1080), pero sin que la abadía leonesa fuera integrada dentro del patrimonio de Cluny.

    En Aragón y Navarra ocurrió algo similar: se nombraron nuevos abades en Leire (Raimundo, 1083) e Irache (Arnaldo, 1099), pero ambos monasterios no se vincularon a Cluny.


    4. La donación de numerosas iglesias y bienes a monasterios franceses dentro de los reinos de Aragón y Pamplona.

    En tierras navarras fueron beneficiosas de estas donaciones San Saturnino de Toulouse, Santa Fe de Conques, San Ponce de Thomieres, San Martin de Seez o el monasterio de la Selva Mayor de Burdeos.

    Con independencia de las medidas concretas y las diferentes soluciones que se aplican en cada sitio y en cada momento, lo cierto es que la Iglesia navarra siguió las mismas pautas que la aragonesa, impulsadas por la política de sus comunes soberanos, y que no diferían sustancialmente de las que se aplicaron en Castilla. Las cuestiones planteadas eran comunes, como también era común el sustrato de todas las iglesias locales de la España cristiana y, consecuentemente, también las decisiones fueron similares.


    PAPA GREGORIO VII

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  7. #7
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    Re: Historia del Cristianismo en Navarra y su vinculación a la Iglesia española

    Aportación del Reino de Navarra al Camino de Santiago


    El fenómeno de las peregrinaciones jacobeas, que unió los territorios del norte de España a través del Camino de Santiago, todavía subsistente en la actualidad. Esta fue una vía de relaciones religiosas e intercambios culturales y económicos que arraigó profundamente y dio lugar a un espacio común entre territorios hispánicos.

    Navarra es una región fundamental en la historia del Camino de Santiago, donde se unen varios itinerarios, siendo dos del Camino francés: uno cruzaba el Pirineo por Roncesvalles y pasaba por Pamplona; el otro llegaba desde el puerto aragonés de Somport y entraba por Sangüesa; confluyen ambos en Puente la Reina y desde allí, por Estella y Los Arcos, se encamina a Logroño y Nájera, tierras pertenecientes al medieval Reino de Pamplona-Nájera. Continúa por Santo Domingo de la Calzada, para pasar entrar a tierras de Castilla. También fueron importantes otras vías: la de Baztán, la de la Barranca, la de Monleón a Roncal y Lumbier, la de Valdorba, la del Val de Aibar y la de la Ribera del Ebro, que se unificaban en el Camino francés en tierras navarras.



    ITINERARIOS DEL CAMINO DE SANTIAGO POR NAVARRA

    Durante el siglo X las condiciones para el desarrollo de la peregrinación compostelana fueron poco favorables, debido a la inseguridad del Camino y a la concentración de los esfuerzos cristianos en la defensa frente al Califato de Córdoba. Entonces, el Camino atravesaba los Pirineos por Roncesvalles, llegaban a Pamplona y seguía por rutas abruptas y montañosas en el corredor del Val de Araquil dirección Burgos, atravesando el condado leonés de Álava. Otro itinerario seguía la vía romana de la Burunda y otros caminos de Vizcaya y el norte de Burgos.


    La paulatina conquista militar favoreció el auge de las peregrinaciones por el territorio riojano y la consiguiente fijación de la ruta terrestre. En el año 923 Sancho Garcés I de Pamplona y Ordoño II de León habían reconquistado con toda la Rioja Alta, Viguera y Nájera. Esta última ciudad riojana se convirtió en capital del reino navarro.

    Tras la recuperación del tramo viario entre Logroño y Grañón, fue a partir del siglo XI cuando se consolidó plenamente esta ruta de peregrinación, coincidiendo con el crecimiento y la expansión económica que se produjeron en toda Europa. Es precisamente Sancho III el Mayor quien, en el primer tercio de siglo, abrió orientaciones transformadoras de las relaciones exteriores hispánicas y quien fijó el definitivo trazado. El rey pamplonés conoció perfectamente las ventajas y beneficios que el paso de los peregrinos aportaba a las villas y ciudades, por eso quiso que la ruta jacobea atravesara por el centro del territorio de su reino. Trató de reaprovechar la vía romana que llevaba a Libia, vía Herramélluri, desde Varea y Tricio. En tierras castellano-leonesas Alfonso VI, a finales del siglo XI, fue su principal promotor.

    No sólo económicas, también por razones de política territorial y estrategia militar, Sancho III reorientó el Camino hacia el valle del Ebro y los llanos de La Rioja, donde se encuentra Logroño, para seguir hacia Santiago por tierras llanas y fértiles que incitaban al asentamiento de pobladores inmigrantes. La afluencia de francos a la Península fue en aumento desde mediados de dicha centuria hasta finales del XII.


    CAMINO FRANCÉS DE LA RUTA JACOBEA

    De esta forma el Camino de Santiago se convirtió en eje de ordenación urbana y de organización territorial de Navarra, a la vez que la comunicaba con los restantes reinos cristianos españoles.

    También introdujo el arte románico y la aportación cultural de los monjes de la Orden del Cluny, que se extendió luego por toda la ruta jacobea, y cuyo esplendor se prolongó hasta el siglo XVI. Los monjes cluniacenses utilizaron la ruta como elemento de renovación eclesiástica y como vía de penetración de la reforma gregoriana.

    La expansión demográfica de los países europeos en el siglo XI y XII tuvo su reflejo en una gran actividad poblacional en Navarra y a través de ella, a lo largo de todo el valle del Ebro. Ello supuso un aporte económico, social y cultural que enriqueció el crisol de culturas que siempre fue el viejo reino, contribuyó de forma notable al desarrollo urbano característico de estos siglos y a una estratificación de la sociedad con la aparición de nuevas clases sociales desvinculadas de los señoríos y que surgían de actividades económicas, comerciales, artesanales e industriales, no conocidas hasta entonces.

    Sancho el Mayor y luego sus descendientes, especialmente Sancho VI el Sabio, fomentaron esta formación de núcleos urbanos a los que otorgaron sus respectivas cartas y fueros municipales inspirados en modelos de origen ultrapirenaico, especialmente en el Fuero de Jaca.

    Los reyes medievales navarros favorecieron el Camino introduciendo las primeras medidas de protección de peregrinos y promoviendo la construcción de hospitales, monasterios, iglesias y ermitas a lo largo de toda la ruta jacobea que atravesaba el Reyno de Pamplona, en las que maestros y artistas extranjeros imprimieron su sello. Más de un centenar de ciudades y más de un millar de monumentos a lo largo del camino explican el enriquecimiento cultural y artístico que supuso este itinerario.


    CAMINO DE SANTIAGO POR EL PIRINEO NAVARRO

    Lo mismo que Navarra fue importante para el Camino, éste lo fue para con ella. A lo largo del reino navarro se encuentran vestigios que constatan su importancia histórica, sobre todo, en los magníficos monumentos de la colegiata de Roncesvalles, de la iglesia de Eunate, de la catedral de Pamplona, de la iglesia de Torres del Río, del monasterio de Leyre y del castillo de Javier.

    El monasterio de Leyre fue visitada por san Eulogio de Córdoba en 848, y se quedó deleitado con la riqueza de su biblioteca. Es un dato que informa en torno a las vicisitudes de la cultura en esos siglos alto-medievales, a uno y otro lado de la frontera peninsular entre la cristiandad y el islam.

    Algunos años después de la muerte de Sancho el Mayor la construcción del puente de Puente la Reina, de magnitudes no conocidas hasta entonces, facilitaba muy cerca de allí el paso del río Arga. En ese punto se unieron los dos ramales del Camino francés que parten de Somport y Roncesvalles. Fue tan grande el aumento del número de caminantes en este puente que fue necesario la creación de esta población.

    Los peregrinos también dejaron huella a su paso por el Pirineo navarro, donde se construyó la famosa Colegiata-Hospital de Roncesvalles, de estilo francés y la capilla del Santi Spiritus para el enterramiento de peregrinos, entre otros edificios.


    MONUMENTO A LOS PEREGRINOS EN EL MONTE EL PERDÓN

    "Los navarros y los vascos son muy semejantes en cuanto a comida, trajes y lengua... se visten con paños negros y cortos hasta las rodillas solamente, a la manera de los escoceses, y usan un calzado que llaman abarcas... suelen comer todo el alimento mezclado al mismo tiempo en una cazuela, no con cuchara sino con las manos... si los vieras comer, los tomarías por perros o cerdos comiendo. Y si los oyeses hablar, te recordarían al ladrido de los perros."
    Con estas palabras describía, a mediados del siglo XII, el clérigo francés del Poitou, Aimerico Picaud, a los primeros españoles que podían encontrar los peregrinos al cruzar el Pirineo para dirigirse a Santiago de Compostela.

    A mediados del siglo XI y finales del siglo XII, se inició el trazado de un eje económico en sentido Este-Oeste, desde Roncesvalles hasta Santiago. Este eje tuvo una gran importancia para el desarrollo histórico general del Occidente Medieval, en la Europa de la Segunda Edad Feudal.


    Era la época en la que las monarquías comienzan a afirmar su poder frente a los señores feudales. La época del desarrollo del señorío rural, de la repoblación y extensión de los cultivos, de la expansión europea hacia sus confines territoriales, más allá del Elba por el Este, hacia la meseta de la península Ibérica por el Oeste. La época, también, del renacimiento urbano, del comercio y de la industria. Es un período de cambio social y de crecimiento económico incipiente. Pero no sólo hay que hablar de estructuras sociales y económicas. El despegue económico europeo coincide con el periodo de formación de una cultura, de una forma de ser y de pensar propia del hombre medieval.

    Por otra parte, la idea de continuidad, de desarrollo de estructuras preexistentes también debe ser tenida en cuenta, por la idea de "revolución económica" y "renacimiento cultural". Todo se inició con un cambio en el equilibrio existente en la cuenca mediterránea.



    CASTILLO DE JAVIER

    El Occidente Cristiano mejoró su posición en sus relaciones con el Islam, y esto tuvo una importancia especial en la península Ibérica por la caída del Califato de Córdoba. Creció la población, mejoraron las cosechas y aumentó el volumen de los intercambios comerciales. Europa desbordó sus propios límites para salir a la búsqueda de nuevas tierras, de nuevos productos para el comercio y también de monedas y metales precisos de los que estaba falta.

    Encontró algo más, entre otras cosas, las ideas que sirvieron de fundamento para la cultura escolástica. En cualquier caso, la Iglesia supo impulsar y encauzar este movimiento expansivo. Siempre estuvo aliado de los poderes políticos que lo promovían, cuando no fue ella misma la que encabezó el proceso. Naturalmente, no fue la institución eclesiástica en su conjunto la que llevó a cabo estos hechos. Fueron sobre todo los nuevos clérigos, como los monjes cluniacenses o los obispos reformadores que impulsaron la reforma gregoriana, los principales responsables de esta política. Ellos fueron los más representativos e importantes en la Iglesia de la época.

    Los reinos hispano-cristianos habían mantenido contactos ocasionales con la Europa franca en la época de su formación y desarrollo inicial. Durante el primer tercio del siglo XI, estos contactos se intensificaron de forma extraordinaria.


    PUENTE LA REINA

    Los monjes cluniacenses introdujeron la reforma benedictina en las abadías de San Juan de la Peña, en Aragón, y Santa María de Leire, en Navarra, con el respaldo de Sancho el Mayor. Al mismo tiempo, en la zona catalana, el abad Oliva favorecía la introducción de la reforma cluniacense en Ripoll, y desde allí irradió a otros puntos de la península. Su discípulo, el obispo de Oviedo Ponce, llevó este movimiento reformador a Palencia y las tierras asturianas. Por otra parte, la situación política peninsular estaba cambiando con la crisis y caída del califato cordobés. Los distintos gobiernos provinciales de la España musulmana y, después, las taifas se vieron forzados a pasar a una situación de vasallaje y dependencia tributaria con respecto a los reyes y señores cristianos del norte, en el marco de lo que podemos denominar como "régimen de parias".

    Al mismo tiempo, la hegemonía castellana facilitaba la vinculación y articulación de diferentes espacios regionales hispánicos. Se reforzaron los vínculos entre Castilla y el área pirenaica, por medio de la incorporación de La Rioja el 1076, a la muerte de Sancho IV.

    También pudo incluirse Navarra en esta serie de territorios interconectados por el sistema de alianzas políticas de la época. Primero con el vasallaje de Sancho IV a Fernando I tras la batalla de Atapuerca, el año 1054; después por el vasallaje menos estricto, implícito en la idea imperial leonesa expresada por Alfonso VI y Alfonso VII sucesivamente. Y a través de estos territorios comenzaron a fluir las peregrinaciones compostelanas.

    Desde Roncesvalles hasta Santiago, clérigos, caballeros y otros peregrinos de condición más modesta, como artesanos y pequeños comerciantes ocasionales recorrían sus caminos y, a veces, decidieron quedarse a vivir en sus pueblos, acogiéndose a la protección de estos monarcas y animados por las posibilidades de enriquecimiento que la España del siglo XI ofrecía.


    PRINCIPALES VILLAS Y CIUDADES DE LOS CAMINOS FRANCÉS Y ARAGONÉS

    Patriotas Vascongados: Aportación del Reyno de Navarra al Camino de Santiago

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    Re: Historia del Cristianismo en Navarra y su vinculación a la Iglesia española

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    Territorio diocesiano-y-territorio político

    La misma estructura territorial de las diócesis obligaba a relaciones múltiples a ambos lados de las fronteras. La geografía diocesiana respondía normalmente a viejas divisiones administrativas de época romana y visigoda, que no siempre se identificaban con las cambiantes fronteras de los reinos cristianos. Trataba de acomodarse a ellas, pero de forma serena, dejando que las modificaciones de las fronteras políticas arraigaran antes de adaptar a ellas las eclesiásticas. Y esto no siempre era fácil, puesto que entraban en juego intereses políticos contrapuestos. Teniendo en cuenta estos presupuestos, se entiende que buena parte del territorio navarro, pero no todo él, estuviera incluido en la diócesis de Pamplona, que se desbordaba por tierras castellanas (Guipúzcoa) y aragonesas (Valdonsella y Cinco Villas).


    A su vez, territorios navarros estaban incluidos en las diócesis de Bayona (tierras al norte de Velate), de Calahorra (en el suroeste de Navarra, Zúñiga y Amescoa Alta), de Tarazona (la Ribera Tudelana) y de Zaragoza (Cortes).

    La incorporación de Ultrapuertos desde finales del siglo XII afectó de nuevo a territorios de Bayona, así como a la diócesis de Dax. Todos estos obispos se convirtieron en miembros de la curia regia, aconsejaron a los soberanos navarros y se hicieron presentes en la vida del reino, máxime cuando a partir del siglo XIII participaron en las reuniones de las Cortes. Sin mengua del carácter preponderante que tenía la autoridad del obispo de Pamplona, la presencia y la actuación de los restantes hacía más compleja y diversa la vida religiosa y política de Navarra.


    TERRITORIOS DE LA DIÓCESIS DE PAMPLONA, SIGLO XIII-XV


    TERRITORIOS DE LA DIÓCESIS DE PAMPLONA, SIGLO XVI-XVIII

    Patriotas Vascongados: Territorio diocesiano y territorio político

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