Sr. Ibarra:
Ya no resulta extraordinario que las calles de nuestras ciudades y pueblos se vea salpicada de sangre, ya no resultan excepcionales las noticias que hablan de bandas, apuñalamientos, tiroteos y víctimas, ya no resulta extraño que el crímen y la violencia sacudan a los ciudadanos, a los trabajadores, a los chicos que salen a desacansar y divertirse tras una dura semana trabajando o estudiando. Lo que sí resulta extraño es su silencio, su indiferencia, su condescendiente justificación de ciertos fenómenos.
Latin Kings, Ñetas son nombres muy ligados a esa violencia, a esa sangre, bandas de latinos que se caracterizan por el mismo culto a la violencia, por el mismo odio que caracterizaba a las bandas de ultras. Por eso le pregunto:
¿Cuántos apuñalamientos, cúantos tiroteos, cuántas víctimas, cuánta sangre habremos de ver derramarse todavía, cuántas vidas segadas?.
¿Es que sólo nos queda rezar para no ser los próximos, nosotros o nuestros seres queridos?
¿Hasta cuándo ese silencio cómplice, esa justificación condescendiente?
¿para qué tanta subvención si luego no mueven un dedo para denunciar y concienciar a la sociedad de los peligros de bandas violentas de latinos lo mismo que hicieron con las bandas violentas de radicales?
¿Es que acaso las víctimas que provocan los latinos son menos dignas que las provocadas por los ultras? ¿Es que las lágrimas y llantos de los familiares de las víctimas no merecen atención alguna?
Yo pensaba que el objetivo del Movimiento contra la Intolerancia era la erradicación de toda forma de violencia en el seno de nuestra sociedad, pero su asociación no sirve más que para recibir subvenciones y vivir del cuento explotando el miedo de los ciudadanos con fantasmas del pasado.
Hoy los ciudadanos se ven amenazados, no por fantasmas, sino por bandas de chicos latinos, violentos y organizados, que hacen de nuestros barrios territorio comanche. Pero usted seguirá recibiendo su subvención y mirando para otro lado, mientras trabajadores, jóvenes, ciudadanos, vecinos no reciben más que miedo y, alguna vez por desgracia, alguna puñalada.
Gracias señor Esteban Ibarra, gracias por nada.
Marcadores