la propuesta es meramente defensiva respecto de las agresiones procedentes de la di-sociedad: defendámonos del aborto, de los nuevos modelos de familia, de la educación dirigida, del estatismo. El problema es que eso, precisamente eso, supone la admisión tácita de que la naturaleza política y por ende la política misma ya no son posibles.
Cierto; si lo que se pide en definitiva, es suplicar por la necesidad de defender el más mínimo sentido común, es que nos movemos en un mundo de monstruos y de locos: el apocalipsis.