Una de las cosas que más daño nos hará a los católicos es la lealtad lacaya de los obispos con el sistema. Los obispos, desoyendo la propia doctrina católica sobre la protección del pobre contra el poderoso, aprueban con su silencio (cuando no con ambigüedades) todo lo que hace el sistema liberal capitalista, igual que dejan sin denunciar a conocidos explotadores y usureros que oficialmente son católicos.

Al ojo normal, eso convierte a la Iglesia en parte del sistema, aunque sea subconscientemente, y no sin falta de razón. Luego las masas enardecidas quemarán iglesias y algunos todavía se preguntarán por qué y de dónde viene tanto odio. Y es que ser pasivo con la injusticia siempre tendrá consecuencias, sobre todo para los que siempre andan buscando su propia comodidad.