Se conoce bien el error revolucionario de Podemos. Se ve venir como una reacción equivocada contra el status quo actual.
Lo que parece que ya no se ve con mayor claridad, es que la razón del error de lo que parece representar esta formación política no radica tanto en una supueta reestructuración de la situación actual (lo que se consideraría una especia de saltum con respecto al estado imperante) sino que más bien representa una misma continuación en lo fundamental de la realidad actual en lo que se refiere al conjunto de causas que la producen.
Sin embargo, ya el hecho de presentarse públicamente (por los servicios de propaganda de la derecha) como una agrupación rompedora con algunos de los símbolos y valores tradicionales que, ciertamente distorsionados y desvirtuados, han sobrevivido, mal que bien, hasta hoy (bandera, himno, cierto disfrute de propiedad privada, cierto orden público, pesudomonarquía, etc...) puede producir una cierto reavivamiento en clases sociales de conciencia generalmente indiferente. Y es que cualquier avance hacia una posición en la que la Revolución se quite las máscaras con las que se ha ido disfranzando para una mayor introducción de sus ideas, supone a su vez la posibilidad de despertar a ciertas conciencias a las que algunos de aquellos disfraces o simulaciones habían adormecido, ayudándoles a plantearse mejor las cosas.
Esta es la razón por la que, aunque en el orden de la apariencias, un régimen isabelino resultara menos malo que la anarquía del periodo cristino-esparterista, o un régimen alfonsino resultara menos malo que la anarquía del Sexenio Revolucionario, o que una dictadura franquista resultara menos malo que la anarquía de la II República, sin embargo, en el fondo, los periodos anárquicos resultaban menos malos en el sentido de que daban la posibilidad a una sana reacción que pudiera establecer la normalidad constitucional tradicional española, a la vez que los mencionados regímenes moderados adormecían las conciencias a la par que iban implantando orgánicamente la Revolución antisocial en suelo español, sin prisa pero sin pausa.
Reproduzco a continuación un artículo esclarecedor (como todos los suyos) de Rafael Gambra, publicado en El Pensamiento Navarro, el 24 de octubre de 1974.
Como él muy bien decía, "Las más grandes catástrofes históricas no se producen, sino que, como el cáncer, se descubren." En la Historia de la Revolución en España (1833 - 2015) se puede llegar a una importante conclusión: los regímenes avanzados o anárquicos pueden llegar a producir cruzados que reaccionen contra él, reestableciendo la normalidad política tradicional española; en cambio, los regímenes revolucionarios moderados o conservadores, lo único que producen son masas de envilecidos y serviles.
O visto desde un punto de vista teológico, Dios ama a aquellos países a los que les envía revolucionarios feroces para ver si así espabilan, mientras que odia a aquéllos a los que sólo les envía revolucionarios mansos ("monarcas" o dictadores) para confirmarlos en su propio y progresivo envilecimiento y autodestrucción.
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Fuente: El Pensamiento Navarro, 24 de Octubre de 1974
ATROZ
Por Rafael Gambra
A lo largo del siglo XVII se forjó una bien conocida “leyenda negra” contra la civilización española en su doble vertiente de las guerras religiosas en Europa y de la colonización de América. Sus bases principales fueron los libros de Guillermo de Orange y del P. Las Casas.
En esa “leyenda negra” se atribuía a los españoles todo género de crueldades y tropelías. Sin embargo, se partía en ella de la existencia de una civilización española que, aunque culpable de todas esas atribuciones reales o calumniosas, constituía una importantísima realidad histórica que pretendió –y en gran parte consiguió– unos determinados fines en su política cultural y militar.
Estaba reservado a nuestro siglo la creación de una nueva leyenda negra contra la civilización española infinitamente más denigratoria que aquella otra ya clásica. Según ésta no es sólo que los españoles obrasen cruel o fanáticamente en su historia, sino que lo que llamamos España es algo inexistente, como inexistente sería el mal mismo sin mezcla de bien alguno. Algo como la oscuridad o el frío, que, por no tener existencia propia, se disipan al solo contacto de la luz o del calor. Luz o calor que proceden, por supuesto, del exterior, de lo que no es España, es decir, de lo que posee alguna forma de realidad y de bien.
Este refinamiento metafísico en la elaboración de nuestra leyenda negra estaba reservado, para mayor inri, a los propios españoles. Ni protestantes ni anglosajones llegaron a concebir tales extremos de injuria. Y la expresión culminante –en su máximo descaro– de esta superleyenda negra la encuentro en un artículo titulado “Lo que está pasando” que publicó la revista “Blanco y Negro” el día 5 de este mes de octubre.
Veamos algunos de sus párrafos más significativos:
– España acaricia (hoy) una posibilidad, incierta y difícil, pero alcanzable, una posibilidad que tantas veces le ha sido históricamente negada: la de alcanzar una normalidad civil, asentada sobre el pluralismo y la tolerancia (…) y que se exprese en forma de discrepancia y no en ese atroz deporta nacional que es la guerra civil.
– Por vez primera España posee un aparato estatal y administrativo con vigor suficiente para hacer frente a los grupos oligárquicos de poder.
– Por primera vez España dispone de una auténtica burguesía con pautas de comportamiento europeo.
– Por vez primera, el proletariado español –si bien harto legitimado para CUALQUIER EXIGENCIA REIVINDICATIVA (¡preparen ustedes las bombas!)– no se ve obligado a plantear sus postulaciones (?) en términos de miseria y supervivencia.
– El país –por citar alguno de sus perfiles más esperanzadores– se ha secularizado de una forma rotunda y total.
– Hay sectores sociales enteros como el campesinado –bastión del más duro conservadurismo– en trance de auténtica pulverización a impulsos de la urbanización y el industrialismo.
– El turismo no fue sólo el providencial maná del crecimiento económico, sino el más venturoso de los hachazos a la mentalidad y formas de vida de la España hermética.
– La dura aventura de la emigración ha representado otra refrescante escotilla de penetración.
– Ese atroz amasijo de fanatismo, ignorancia, represión, crueldad y orgullo que constituía el bloque de seudovalores de la España negra no ha soportado el leve oreo a los aires del presente que ha supuesto el acceso de los españoles a los modos de vida de la modernidad.
Por supuesto, lo que, según el autor, ha hecho posible este machacamiento de la “negra sombra” de España han sido las “cuatro décadas de firme estabilidad” del Régimen en vigor.
¿Quién es el autor de esta visión “metafísicamente negativa” de España que la reduce a una fantasmal e inexplicable sombra histórica del mal puro? ¿Será un español exilado? ¿Será un resentido del interior, saboteador de cuanto nuestra histórica (¡y vigente!) ortodoxia pública representa?
Nada de esto. Es alguien tan “de la situación” que no hace mucho tiempo estuvo encargado de dirigir a la juventud española en su Organización oficial. (Su procedencia de un tipo de totalitarismo para convertirse a otro más “atroz” explica que el aspecto liberal y tolerante de sus tesis sea puramente artificial: lo suyo son expresiones como “pulverización”, “hachazos”, que revelan un fanatismo en el odio y la destrucción propios sólo de aquel “atroz deporte nacional”.)
Es alguien tan “de la situación” que es hoy Subdirector General, encargado del Gabinete de Estudios (?!) de la Presidencia del Gobierno. Alguien tan “de la situación” que…
En fin. Algunos se preguntan por qué, dadas tantas premisas y condicionamientos, no se ha producido ya entre nosotros una catástrofe nacional como la de Portugal. Quizá sea un error de perspectiva. Las más grandes catástrofes históricas no se producen, sino que, como el cáncer, se descubren.
Texto tomado de: FUNDACIÓN LARRAMENDI
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