Un Argumento Contra la Democracia Moderna.



Por: Víctor R. Azuaje

“Cada hombre a de ser respetado como un fin absoluto en si mismo; utilizarlo como un simple medio al servicio de una finalidad externa es un crimen contra la dignidad que le ha sido dada y le pertenece”
KANT.

Siempre me he hecho una pregunta, como es posible que exista el crimen en las sociedades democráticas, como es posible que el pueblo atente contra lo que el acepto y estableció con el pacto social, como es posible que exista la evasión de impuestos, si eso es parte de su “autogobierno” de su “democracia” ósea gobierno del pueblo y para el pueblo, pero junto a la pregunta nacen las respuestas: es falso que las sociedades se gobiernen a sí mismas; siempre son regidas por unos pocos.

La oligarquía es la forma trascendental de gobierno que engloba a todas las demás enunciadas por los griegos, tanto las sedicentes correctas como las que no lo son.La tesis del autogobierno ¿cómo explica el delito? No es habitual que el delincuente se condene a sí mismo; pero así tendría que ser siempre si el autogobierno fuera verdad. ¿Cuántos rehuyen las normas de fiscalidad? Sería contradictorio si tales preceptos se los hubieran dado ellos mismos; sería esquizofrénico. ¿Una sociedad masivamente demente? Que los oligarcas declaren que sus gobernados se limitan a hacer lo que quieren es retórica, es la seducción por el halago gratuito. ¿Qué grado de ingenuidad se supone en unos ciudadanos, que en cada acto externo de sus vidas experimentan las regulaciones del ordenamiento jurídico, para que, de buen grado, crean que no hacen sino lo que libre y espontáneamente desean? Una ingenuidad infinita, una concesión casi desesperada del hombre en desazón.

El obrero de una fábrica moderna, que vota cada tres, cuatro o seis años a los candidatos a presidente ¿se siente más autogobernado que el campesino alejado de los comicios presidenciales? Aunque no siempre tenga ocasión de manifestarlo, el hombre de la calle es menos crédulo de lo que suponen los demagogos. Poco a poco se va dando cuenta de que la democracia no es mas que insulto a la inteligencia y que el contrato social no significa libertad. . La ficción del autogobierno es una falacia y una manipulación, pero como le gusta al Estado moderno manipular, ¿será que es mas fácil para un Estado totalitario, mantenerse a través de la manipulación?, pues a mi modo de ver si, el Estado democrático moderno no es mas que un Totalitarismo, y la democracia el nombre con el cual manipula ese Estado totalitario.

En la democracia moderna, el individuo es el medio para un fin, y en razón de esto debe sacrificarse, y aunque el no vote en las flamantes elecciones se hace responsable de lo que ese gobierno u autogobierno haga, es decir, si ese autogobierno o democracia dicta leyes populistas, marxistas o socialistas que destruyen todo el aparato productivo, confisca los medios de producción y destruye la propiedad igualmente el individuo que no voto por el, debe acatar esas leyes porque si no entonces es un peligro para el Estado y pasa a ser criminal, ya que su voz no cuenta por no ser la voz de la supuesta mayoría que elige.

Pues en esta moderna sociedad de esquizofrénicos, que no acepta las leyes que ellos mismos eligen, yo digo que no creo en la democracia porque ella no cree en mí, ella solo cree en la masa, los pocos que logran manipular a la masa y tomar el gobierno imponiendo un contrato social a su medida y digo imponiendo pues el contrato privado es una posibilidad, se puede hacer o no, mientras que la inserción en una comunidad es un hecho necesario, y la convivencia es una consecuencia de la constitutiva condición social del hombre. El Estado que monopoliza la violencia la puede utilizar en cualquier momento contra quien atente contra el contrato social.

¿Cuál era la situación anterior al pacto social? Hay dos respuestas contrapuestas, la hobbesiana o pesimista, y la rousseauniana u optimista. Para los pesimistas, antes del pacto social se vive en la guerra de todos contra todos: "bellum omnium erga omnes". Esta descripción del llamado estado de naturaleza se suele repetir apenas sin análisis. Es, desde luego, el antecedente ideal para una presentación soteriológica del pacto. El acuerdo liberaría y salvaría; del caos al orden; de la inseguridad a la libertad.

Según la otra versión, el hombre aparece libre, y la sociedad lo encadena y corrompe. El supuesto estado de naturaleza sería casi paradisiaco: individuos naturalmente bondadosos en pacífica predisposición ante sus semejantes. Esta suposición edénica, tan divulgada por ilustrados y románticos, fue desmentida por el estudio de los pueblos primitivos. En parte alguna se encontró al imaginado buen salvaje, y sí a los que distaban de serlo. Y conviene preguntar si la situación del buen salvaje era tan hermosa, pacifica y bondadosa, ¿Por qué la abandonan, y se sujetan a leyes rígidas? ¿Por qué acepta el contrato que los esclaviza?, esta pregunta debería poner a pensar a los rousseaunianos.
Pero el "homo sapiens", por estrictas causas biológicas, no aparece sobre la Tierra como un aerolito repentinamente caído del espacio exterior. Aún poniendo entre paréntesis el lento proceso evolutivo, el primer individuo de nuestra especie de Cromagnon nace de unos padres en cuyo entorno ha de permanecer hasta que alcance la madurez. La familia es lo contrario de la guerra de todos contra todos; es la colaboración de todos. Lo que pone de manifiesto una elemental prueba empírica es que lo precedente no es el supuesto estado de naturaleza, sino el factual estado de familia. Lo originario es el tipo más sencillo de comunidad, la familiar. La individualización de la persona es posterior a su condición comunitaria. Y se vuelve individuo para poder crear una Familia.
La solidaridad del clan y de la familia no es la consecuencia de un acuerdo, sino del vínculo de sangre; es un orden instintivo, no pactado. El dato primario no es la "extrañeidad", sino la hermandad; no es la incompatibilidad, sino el interés común. El conflicto es posible y, a la larga probable, pero no es originario.

La condición preexistente al pacto social, era ese, la familia como vinculo. La necesidad de una estructura política es posterior. La necesidad de la lucha también es posterior, y quizás hasta nace con el pacto social, donde se comienza a trabajar en función del poder y no del interés común.

Una de las grandes victimas de la modernidad es la familia, se ha roto ese pacto real y se ha impuesto uno que ha ciertos niveles choca directamente contra ella, y esto se podría decir es la causa de la decadencia moderna, la causa de muchos conflictos.

La democracia y el contrato social son abstracciones esclavizantes del individuo y destructores de la familia, mientras que los vínculos familiares son reales y trascendentes si queremos organizar el mundo no lo deberíamos hacer en función de utopías, si no en función de organismos naturales como la Familia.

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