Re: Vituperio de la II República
Entre la distancia en el tiempo, sumada a la pésima memoria de la gente y su pertinaz y autosatisfactoria ignorancia (es tristísimo ver al ignorante solazarse en su propia ignorancia), más una ingeniería social practicada a lo largo casi nueve décadas, desde 1931 hasta hoy mismo, (con los lógicos altibajos y modificación de métodos concretos), esa gente que apoya a esta tropa de anti-España, no sabe nada de lo que subyace en los actos que perpetran. Más aún, cuando se les indican creen que es por que quien lo hace es fascista, o busca defender un estado de privilegios, como si hoy todo aquél que se autoproclama de izquierdas no tuviera ya todas las prerrogativas posibles, y las que no hay se inventan.
Por eso, es esencial dar a conocer lo que afirmaban entonces, esencial establecer paralelismos entre aquéllos y éstos de ahora.
-. 1933 Largo Caballero (un año antes de la Revolución de Asturias con la que pretendían acabar con la II República e imponer un régimen socialista prosoviético): «Vamos hacia la revolucion social. La burgesía no aceptará una expropiación legal, habrá que expropiarla por la violencia. Vamos a echar abajo la propiedad privada. Estamos en plena guerra civil. Lo que pasa es que esta guerra aún no ha tomado las características que tendrá que tomar. Lucharemos hasta que en los edificios oficiales ondee no la bandera tricolor de la República sino la roja de la revolución marxista»
-. Indalecio Prieto (el qué mando a la motorizada para asesinar parlamentario José Calvo Sotelo e intentando también hacerlo con el líder José María Gil-Robles) también decía que: «Para conseguir nuestra libertad no nos detendremos, ni ante la guerra por sangrienta que sea. Yo tengo que defender mi separatismo por todos los medios, desde colocar una bomba hasta desencadenar una guerra»
-. Margarita Nielken, diputada socialista (que se opuso a qué las mujeres votasen en España) decía que: «Pedimos una Revolución. Pero la propia revolución rusa no nos servirá de modelo porque nos harán falta llamas gigantescas que se verán desde cualquier punto del planeta y olas de sangre que teñiran de rojo los mares».
-. Campaña electoral del 1936 Largo Caballero decía este tipo de cosas en sus mítines: «Vamos en coalición con los republicanos en un programa que no nos satisface. Pero la República burguesa no es la estación final, sino una de tantas que tenemos que pasar para llegar a la meta de nuestro camino. El proletariado se echó a la calle en octubre para derribar al gobierno capitalista y sustituirlo por el poder de los trabajadores no para cambiar un gobierno republicano por otro republicano. No nos hemos de limitar a hablar de socialismo a secas, nuestro deber es traer el socialismo marxista. El día de la venganza no dejaremos piedra de esta España que vamos a destruir para hacerla nuestra».
Estas frases, cargadas de intenciones que luego se convirtieron en realidades que hoy se intentan ocultar a través de ese disparate ilegal absolutamente inasumible, y al que no hay que obedecer en modo alguno, llamado Ley para la Memoria Histórica, no son sino una primera muestra de las muchos disparates que se dijeron y que indujeron a la guerra. No han de faltar, tampoco, los lamentos de republicanos de buena fe que al poco tiempo de implantarse este régimen de terror que fue la Ii República, empezaron a llevarse las manos a la cabeza ante el monstruo que habían ayudado a traer a España.
"He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.
<<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>
Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.
Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."
En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47
Nada sin Dios
Marcadores