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Tema: La Consagración del Rey Legítimo y de toda su Corte al Sagrado Corazón de Jesús

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    Re: La Consagración del Rey Legítimo y de toda su Corte al Sagrado Corazón de Jesús

    Fuente: “Dos textos inéditos de la Reina María de las Nieves”, César Alcalá, Anales de la Fundación Francisco Elías de Tejada, Año 2002, páginas 180 – 189.



    Memorial que elevan a Su Santidad el Papa Pío XI Doña María de las Nieves de Braganza y de Borbón con su inseparable esposo Don Alfonso Carlos I de Borbón y Austria-Este


    María de las Nieves de Braganza y de Borbón, apoyada por su inseparable esposo D. Alfonso Carlos I, el Justiciero Misericordioso, así como por sus Leales Españoles, quienes así se apellidan, postrados a los pies de Su Santidad, Vicario de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre, llenos de fe y de confianza en el Corazón de Jesús, cuyos Tres Divinos Deseos, expresión compendiada del Mensaje del Padre Eterno al Divino Hijo, el 17 de Junio de 1689, en orden al Reinado Social del Corazón de Jesús, testimoniado íntimamente por la Venerable María Ráfols, Mensaje, a su vez, revelado del Corazón de Jesús a Santa Alacoque, y, de ésta, al Rey Primogénito de su Corazón, quien no supo aprovecharse [9], por su omisión, de la vocación excelsa, y, tras él, al soberano que cumpliera los Tres Divinos Deseos, en orden al Reinado Social del Corazón de Cristo; venimos a S.S., Santísimo Padre, para que se digne concedernos la gracia de que la fiesta del Corazón de Jesús, extendida por todas las Españas o Reinos naturales y antiguos coloniales, sea ascendida a fiesta de precepto, en su día propio, como el mismo Corazón lo pidió a Santa Alacoque, y lo renueva en la Venerable María Ráfols, para el Viernes después de la Octava del Corpus, pues, con esta petición y concesión de fiesta de precepto, se dignará el Corazón de Jesús a concedernos su pronto Reinado Social, como Rey de Reyes y Señor de los que piensan señorear sin Él y contra Él, libres de la horrible persecución atea que ponderamos y amenaza perder a la civilización cristiana.

    Confiamos, así, triunfe el Corazón de Jesús de nuestra misericordia, y salve al pueblo de España, a la Nueva España, cuyo Episcopado clama en Carta Colectiva por su liberación del ateísmo masónico soviético al Orbe entero en su propia ayuda. También pide y necesita ese auxilio el Parroquial, y toda Cristofolina, alias América, y todas las Naciones de habla Castellana, a quienes, por ser Católicas, azota y persigue con tanta furia el masonismo soviético ateo, y hace por arrancarnos la fe católica que en aquellas partes, y por doquier, sembramos los españoles.

    Santísimo Padre, oiga nuestros apenados ruegos, y salve a estas Naciones Católicas evangelizadoras y evangelizadas, obligando al amoroso y nobilísimo Corazón de Jesús, dándole por adelantado lo que tanto desea hacer desde hace más de tres siglos y con relación a la fiesta de precepto, para que, a trueque, nos elija como propagadores de su Devoción Cordícola [10], por todo el Orbe, como Él dice quiere que seamos en los Escritos Póstumos de la Venerable María Ráfols.

    Deseosos estamos de alcanzar esas gracias para hacer que conozcamos y amemos a Cristo, por nuestro bien, con todos los honores cívico-nacionales que el Padre Eterno en su Mensaje desea, cansado, como quien dice, de tantísima humillación, y tantísimos sacrilegios y profanaciones. Por donde, como los judíos, si no más, le hacen pasar los ateos, renegados apóstatas, y herejes liberales. En fin, todos los agrupados en las potestades satánicas, que, en la práctica, les inducen a hacer en contra de nuestra libertad. Se sirven de la desgracia humana para apoyar su fin.

    Basta ya de tantas humillaciones y profanaciones, que las tenemos presentes para los públicos desagravios que queremos practicar; y ahora vemos ya a ese Nobilísimo Corazón de Jesús triunfar por la Cruz como Rey de Reyes, hasta que vuelva la última prueba decisiva, en que, vencida la parvedad humana y astucia satánica del Anticristo, entremos en el Venerable Reinado, no tan sólo de mil años, sino en ese principio eterno. Que sea ya Emperador de las Españas, para conseguir el actual Reinado Social del Corazón de Jesús. Por nuestra parte, el 8 de Junio de 1934, día del Corazón de Jesús, empezamos, en Representación de la España Católica, haciendo el Primer voto de Cordícola, el primero como tal que sepamos que se ha hecho en el Orbe, en orden a cumplir los Tres Divinos Deseos de los que nos habla Santa Alacoque en la obra «Reinado Social del Corazón de Jesús, fruto de Montmartre», Tomo I, página 444.

    Aquel día lo hicimos tras la Santa Misa y Comunión, mientras lo más Leales, en sus pueblos, se nos unían con sus oraciones, tal y como les teníamos avisados. Y, al día siguiente, 9 de Junio de 1934 –¡Oh, inesperada coincidencia providencial!, como supo la que esto redacta al día siguiente 10 de Junio–, se supo incidentalmente de la Superiora de la Casa de Rafolinas de Zaragoza, cómo, al mismo tiempo que nosotros estábamos de rodillas cumpliendo el voto, rezando oficialmente las fórmulas para el cumplimiento efectivo de los Tres Divinos Deseos, que, por circunstancias providenciales, los dejamos de cumplir el día 8 para cumplirse el dicho día 9, pasaba, en poder de un sacerdote, la información canónica del Proceso de la Venerable María Ráfols muy cerca de nosotros, al cruzar la frontera, donde ya estaban ellos y nosotros a salvo. Ellos camino de Roma, y nosotros cumpliendo la profecía que en la nota copiaré. El dicho sacerdote telegrafiaba a las Rafolinas en cada estación que le era posible para tranquilizarlas; mientras ellas estaban ante el Señor llenas de temor y esperanza por si sufría el Proceso algún entorpecimiento revolucionario. ¡Tan álgidas estaban las circunstancias por aquel entonces!

    Al saber que los escritos habían cruzado incólumes la frontera, ellas respiraron tranquilas, y a nosotros nos ha llenado de gozo, viendo la profecía [11] cumplida en aquellos momentos en los cuales estábamos cumpliendo los Tres Divinos Deseos, en todas las naciones incumplidos, con relación al Reinado Social del Corazón de Jesús; pero los Españoles estábamos cumpliéndolos, sobre todo el 3.er Deseo, el más difícil hoy, pues representa el Reinado del Divino Corazón en lo civil, y el cual se ha demorado casi tres siglos. Pues, ni la Consagración de los individuos, ni aun de las naciones, aunque por sí buenas, no lo eran en lo que se refiere al 2.º Deseo, porque no era en orden al Reinado total, civil o nacional y religioso a la vez, como expresamente lo explica Santa Alacoque [12]. No está el asunto en cumplir el 1.er ó 2.º ó el 3.er Deseo independientemente, sino en cumplir cada uno en orden a cumplir los Tres en conjunto, esto es, el plan completo del Mensaje de 1689; y lo corrobora la Venerable María Ráfols, que lo explica detalladamente, aunque trate la materia de los Tres Deseos indistintamente y no con el orden de Santa Alacoque. Diríamos que aquélla lo trata molineramente, al ser hija de molinero, sin cultura literaria; y ésta lo trata notarialmente, o con cierta cultura, como hija de notario; que Dios dirige al profeta-rey realmente, y al profeta-pastor pastoralmente.

    En efecto, ni Luis XVI de Francia, ya en capilla en el calabozo del Temple, donde sólo votó los dos primeros Deseos y no el 3.º, que se lo dejó, y aun los dos primeros los votó con condiciones. Ni Alfonso, llamado el XIII, de España, no quiso cumplir el 3.º, y ni pensó en cumplir, como tal, el 1.º. Más aún, por tres veces se negó a cumplir el 3.er Deseo, y hasta fue mandada una persona a pedírselo en audiencia privada. Le dijo que no podía acceder a eso, y que la Bandera de España no necesitaba más glorias de las que tenía. Entonces, el interlocutor le dijo: «¿Por lo visto parece que no ha sido Su Majestad escogida para esta divina empresa?». Contestó: «Así parece».

    Desde el momento que esto supo la que redacta, empezamos –junto con los 27 pueblos anteriormente referenciados–, cada día, a pedirle al Señor que nos guiase, por un camino o por otro, contra ese hombre que así se oponía al cumplimiento del 3.er Deseo, que, por lo visto, se produjo por culpa de su torcida política. ¡Cuál sería nuestro asombro el día que nos llegó la noticia que se había ido de España! [13].

    El Corazón de Jesús no quería que se cumpliese aún el 3.er Deseo sino ahora, que es cuando más lo necesitábamos, al estar anunciado el actual desorden y nuestra apremiante necesidad actual, con más de un siglo de anticipación, por la Venerable María Ráfols.

    Con razón, pues, dejó escrito la Venerable María Ráfols que España sería la Primera Nación que se consagraría al Corazón de Jesús, en orden, se entiende, al Reinado Social de Jesucristo; y en esta coyuntura es cuando más necesitamos el auxilio divino, ya que se ha desatado la cruelísima y satánica furia del demonio contra España en incendios a iglesias y conventos, violaciones deshonestas, muertes, etc., y contra las naciones hijas de España, como al principio dijimos. ¡Cuantísimos horribles sacrificios!

    Nos quitó, pues, Dios, a Alfonso, estorbo grande, quizás por ser ilegítimo y liberal su gobierno, aunque por la Consagración individual, o de devoción y compromiso, le haya pagado el Nobilísimo Corazón de Jesús con beneficios imponderables, a pesar de lo dicho, y pasando por azares difíciles. Así le premió la Consagración del Cerro de los Ángeles; pero no fue aquélla la Consagración que se deseaba para el cumplimiento de los Tres Divinos Deseos.

    ¿Qué extraño puede parecer esto si, ni esta general muestra, hecha con todas las reglas del arte que trae Santa Alacoque, y dice el Corazón de Jesús por la Venerable María Ráfols, página 60, no le satisficiera? «Pero no me contentaré con esta Consagración general (la de la «Primera Nación»); quiero presidir los hogares, etc.». Razón por la cual acudimos a Su Santidad, para que ayude y dirija nuestro buen deseo y el de nuestros Leales Españoles.

    A Alfonso, el llamado XIII, acudió uno de nuestros Leales, que esto redactó al Representante en España del legítimo sucesor de Carlos VII, D. Jaime, su hijo. Al Representante, que fue también nuestro, y a D. Jaime, les pareció muy bien la propuesta del asunto sobre el cumplimiento del 3.er Deseo, sobre todo, y demás puntos que en este Memorial tratamos.

    Tampoco quiso servirse el Señor de tan robusto y bien dispuesto Príncipe, que murió poco después de haber hecho las paces afectuosas de cristiano con el XIII [14]. Providencia de Dios entre ambos para que se pudieran salvar con el mismo perdón. Como si quisiera manifestar el Corazón de Jesús que, en esta grandiosísima, y, a lo que parece, Orbe empresa [15], por su trascendencia en pro de la Iglesia Católica, y, en especial, de la Iglesia Española, contra la apostasía general de las Naciones, y confusión increíble de ideas, quería servirse de dos ancianos cónyuges reales, que, aunque en nuestras mocedades defendimos los derechos de dos Reyes gloriosos, Pío IX, Pontífice Máximo, y Carlos VII de España, y parezca atroz, a los ojos del mundo, medios desproporcionados; pero si Dios y su Vicario están por nosotros, quién contra nosotros. ¡Ut confundat Portia!

    Por eso, confiados solamente en Él, y en nuestra firme y decidida voluntad, ayudada de nuestros Leales Españoles, aceptamos esta divina empresa en la parte que nos toca, para que Su Santidad dé vida a esta empresa, y la corone con la gracia que le pedimos, y viene deseando el Corazón de Jesús expresamente, hace ya como tres siglos. La gracia, decimos, de que Santa Alacoque conmemore la fiesta de precepto del Corazón de Jesús en su día propio, Viernes después de la Octava del Corpus, la cual también pidió por medio de la Venerable María Ráfols, en la página 7 de sus Escritos Póstumos:

    «Quiero también, hija mía, que la fiesta de mi Corazón se celebre en toda Mi Iglesia Católica, con la mayor solemnidad y esplendor; y que sea elevada a fiesta de precepto y que comulguen todos los fieles».

    Deseó muchas comuniones reparadoras. Eso, de una manera especial, pedimos para nuestras Españas, como remedio de nuestras actuales calamidades, y que no vaya perdiéndose la fe de nuestros mayores en nuestro pueblo, antes, con la gracia, se consolide y aumente.

    Con razón, el Corazón de Jesús hace que se conmemore el 2.º Deseo en los Escritos Póstumos de la Venerable María Ráfols, primera edición vaticana, página 6, arriba copiada, en la nota:

    «Quiero también que no haya pueblo, en mi querida España (¡Vaya una pauta para Obispos, Gobernadores Civiles, Sacerdotes, Alcaldes!), una provincia, un pueblo, una aldea, ni individuo, donde no reine mi Sagrado Corazón».

    «Ésta será la Primera Nación que (en orden al cumplimiento de los Tres Divinos Deseos) se consagrará a Mi Divino Corazón».

    Y, como en ese 2.º Deseo de 1689 está representado el Reinado Social del Sagrado Corazón de Jesús, se requiere que se cumplan los tres per modum unius, o en orden, como arriba lo dijimos.

    Hemos cumplido, pues, los Tres Divinos Deseos. A pesar de la actual persecución atea, hemos podido decretar el primer Voto en Real Decreto de 8 de Junio de 1934; y lo hemos cumplido al día siguiente, 9 de Junio de 1934; y lo hemos renovado el 20 de Junio de 1935; y seguiremos renovándolo cada año, como nuestros Católicos Reyes predecesores, que cada año cumplían el Voto de Santiago. Nosotros, sin relegar ese Voto histórico, el día del Corazón de Jesús, o días próximos mientras dure la persecución, lo renovaremos, hasta que el Corazón de Jesús haga que lo cumplamos con toda devoción en Valencia, cuna de esa devoción Cordícola, y con toda solemnidad en la santa urbe de Barcelona, para que, a imitación de esas dos Españas, vayan ayudando a cumplir el Divino Mensaje de 1689 todos los Reyes y Naciones, y sea Cristo, en verdad, proclamado Rey de Reyes o Emperador, y Señor de los que piensan señorear sin Él o contra Él.

    Hemos querido pagar por adelantado nuestro tributo a ese Nobilísimo Corazón, raíz de toda Nobleza, puesto que Él es solo el Santo. Solo el Señor. Solo el Altísimo Jesucristo, con el Espíritu Santo, en la Gloria de Dios Padre. Y queremos que, ya sin persecución o libremente, al llegar a las Españas, entremos por Valencia, puerto de mar, puerto de tierra, puerto de argonautas, ya que allí brilló la aurora, en 1446, de la Cordícola devoción, para las Españas naturales; y allí, en Valencia, como nación rica en fe y en frutos de la tierra, le dieron a Cristóbal Colón todos los auxilios para descubrir, en beneficio del Orbe, las Españas Coloniales o Cristofolinas, donde había de ser tan arriado el Corazón de Cristo, cuya Imagen se vio esculpida en piedra sobre el arco de entrada en la Iglesia de la Compañía de Quito, desde los primeros tiempos de nuestra devoción Cordícola.

    Y, pues, si fue el Reino de Valencia la cuna del felicísimo Nacimiento de tan dichosa devoción, alrededor de 1500, en Gandía, en la persona de la Venerable Madre Sor Francisca de Borja, la cual hizo milagrosamente que su confesor, Juan Bautista Anyes, escribiera en dos horas lo que en dos años, siendo gran poeta sáfico, no pudo componer, aun a pesar de tentativas inútiles, a instancias de su penitenta, y fiel a la 1.ª Devoción de que hay memoria, si no en el Orbe, por lo menos en las Españas, en forma de Oficio Divino, titulado: «Las siete horas de oración al Corazón de Cristo». Para imprimirlo se usaron los primeros moldes de la primera imprenta existente en España, y, por cierto, en Valencia.

    Sor Francisca de Borja, tía del Santo Duque de Gandía, por quien alcanzó la conversión religiosa, vio cómo el Señor le alzaba por el brazo, en señal que le separaba del mundo, escogiéndole para santo en heroica humildad, cuando descubrían el féretro de la Emperatriz, para testificar que era ella, antes de proceder a enterrarla. Quién había de decir que la Revolución actual atea había de abrasar, con otras mil y mil preciosidades artísticas, religiosas, de sabiduría, etc., el cuerpo incorrupto de este santo humildísimo, entre otras reliquias riquísimas. Horror causa recordarlo, junto con miles de Hostias consagradas en tantísimas Iglesias, quemadas y desparramadas las Divinas Hostias por los suelos, y de mil modos profanadas.

    Y queremos estrenar las solemnidades del Divino Reinado Social del Corazón de Jesús, empezando por Valencia, con la mayor piedad posible, como suelen usarla los valencianos, sobre todo desde el Beato Patriarca y Virrey de Valencia, Juan de Ribera, que purificó de judíos y moriscos el Reino, convirtiéndolos, y, a los renegados, expulsándolos.

    Y deseamos en Valencia estrenarnos, no sólo por arraigar más allí la tradición Cordícola, sino también para honrar a la Virgen Madre de los Desamparados, especialmente de los desamparados tradicionalistas o católicos; de todas las autoridades humanas, menos de la de Su Santidad. Título, de los Desamparados, dado por el Rey Católico, Don Fernando, que venía heredando desde Don Jaime el Conquistador, Padre Civil del Reino de Valencia, y que comunicó este título de Católico a su esposa Doña Isabel de Castilla, y que confirmó, entre ambos, uno de los Pontífices Romanos, Alejandro VI, vindicado ahora victoriosamente en su Historia por Monseñor Root, (valenciano, por cierto, ese Pontífice), llamándoles los Reyes Católicos por excelencia.

    Al tenor de aquellos Reyes y de aquellos pueblos, consonaban los militares valencianos, quienes fueron tan católicos que fueron ellos los primeros en obligarse, con voto de sangre, a defender el misterio de la Inmaculada Concepción, voto que imitó el Claustro Universitario, y luego el Cabildo Eclesiástico. Más tarde, los militares aclamaron a nuestra Madre de los Desamparados, Generalísima de nuestros Ejércitos, pues ya tenían a la Inmaculada por Patrona. Hasta hace dos años, en el cual el Gobierno ateo infirió a nuestros soldados la injuria de destituir oficialmente a nuestra celestial Patrona, que no han podido quitar de los católicos pechos.

    Tan arraigado tenían nuestros mayores el amor a la Madre Inmaculada y al Corazón de Jesús, que el primer libro impreso en España fue hecho en Valencia, en 1474, en honor a la Virgen y al Corazón de Jesús; y, por cierto, en lengua valenciana, titulado: «Les trobes en lahors de la Verge Maria», con algunas estrofas al Corazón de Jesús.

    Honrada, así, la Tradición Cordícola y Concepcionista del Hijo y de la Madre en Valencia, es nuestro deseo pasar a la Sede escogida por el Corazón de Jesús, o Palacio Imperial en el Tibidabo barcelonés, para, con su magnificencia, honrar al Nobilísimo y Divino Emperador de las Españas Cristo Jesús, escogido por revelación a Don Bosco, y para cumplir el 1.er Deseo del mensaje en el Tibidabo, sobre la Ciudad Condal, y frente a nuestro mar levantino, dominando mar y tierra, fabricado entre las Españas naturales y antiguas coloniales, no con rentas o contribuciones o derramas, sino con sacrificios voluntarios de privaciones, sello de amor, y mortificaciones individuales, marca de creyente, españoles, de niños que vendían sus canicas, y de grandes que dejaban sus hogares y comodidades.

    Olvide y perdone, así, el Corazón de Jesús, mirando la buena fe de los amantes, las locuras, desvaríos y aberraciones que el masonismo satánico soviético nos trajo, y, neciamente, y por ignorancia, no pocos de los hijos de estas tierras admitieron. Hoy, muchos de ellos ya están arrepentidos. Queremos, entre todos, expiar y reparar tanta ofensa al Corazón de ese Divino Emperador, que, desde la eternidad, nos amó previniendo nuestras ingratitudes a su amor misericordioso.

    Ante esos dos ejemplos de devoción valenciana y de grandiosidad tibidabense de las dos Españas, deseamos se entable una amorosa porfía, entre una y otra España o Reino, Condados, Señoríos, en sus capitales y pueblos, para mostrar su amor y grandiosidad, según sus fuerzas, de sacrificios, para resarcir las ofensas a nuestro Divino Emperador, en las visitas que hagamos a cada capital nosotros, o nuestro Regente o Representante, para hacer allí el cumplimiento de los Tres Divinos Deseos del Mensaje Divino del Padre Eterno al Corazón de Jesús, y, de éste, a Santa Alacoque, y, de ésta, al Rey Primogénito de Su Corazón, que, por omisión, perdió su Primogenitura, y, en defecto de éste, a nuestro Rey, el primero que, tras casi tres siglos de expectativa, ha cumplido, primero por Voto Cordícola, y después, en la práctica, los Tres Divinos Deseos del Mensaje de 17 de Junio de 1689. Ahora, en tiempo de persecución, y luego, en presencia de los Leales de cada España, para acreditar nuestra fe española, para felicidad de todos los españoles.

    Así pensamos honrar, cívica y religiosamente, al Nobilísimo Corazón de Jesús, con el cumplimiento de nuestras antiguas Leyes y Fueros tan cristianos, deseando que ninguna otra nación nos exceda en tanto amor y servicio a Cristo, y, así, con nuestro ejemplo, traigamos a las demás naciones el universal cumplimiento del Mensaje Divino con que honró al Orbe el Padre Eterno en 1689.

    Os pedimos, pues, Santísimo Padre, ayudéis al cumplimiento de nuestras determinaciones con la predicha declaración, que avive el celo de las Españas, en el clero, en los nobles, y, sobre todo, en el pueblo, que aún no está del todo perdido, pero corre grandísimos peligros de perderse. ¡Oh, qué horrores se han cometido, que ni de los emperadores romanos los hemos sabido! ¡Es horroroso lo que pretenden hacer si Dios les deja!

    Con ese llamamiento de la fiesta de precepto en el día propio, pedido por el Corazón Divino a Santa Margarita, el Viernes después de la Octava del Corpus, y de nuevo dicha por el mismo Señor a la Venerable María Ráfols, en la página 7 de dichos Escritos Póstumos.

    Y esto os pido, Serenísimo Padre. Yo, María de las Nieves de Braganza y de Borbón, por amor a Dios, a quien desde la eternidad me amó, y quiero, por lo tanto, continuar la tradición de mi Familia Cordícola, pues mi abuela, Doña María Francisca, Reina de Portugal, alcanzó del Papa dicha fiesta de precepto al Corazón de Jesús para el Reino de Portugal y sus Colonias.

    Y, en nombre de mi Esposo amadísimo, Rey Legítimo de las Españas, D. Alfonso Carlos I, el Justiciero Misericordioso, quien, en sus mocedades de Príncipe de Borbón y Austria-Este, fue Alférez en la 6.ª Compañía del 2.º Batallón de Zuavos de Pío IX; quien ya entonces llevaba en la Bandera el Corazón de Jesús; que, después, de alzar el fuego por mandato de Pío IX en la Puerta Pía [16], y venido a España con los Zuavos Españoles, tremolaba esa Bandera, que se tiñó en generosa sangre y con la Imagen del Corazón de Jesús, que, con muchas visibles protecciones del Cielo, en la larga vida que Dios nos ha concedido, guardamos con veneración y para nuestro servicio del Divino Emperador Cristo Jesús.

    ¡Qué dicha tan grande si Su Santidad nos concediera la gracia pedida para el 19 de Junio de 1936! Se acabarían tantas tristísimas ofensas y sacrilegios contra el Corazón de Jesús, esperando solemnemente los desagravios y expiaciones públicas de regeneración. Fiat, fiat, fiat.

    Y apoyamos esta confianza, no sólo en los auxilios de Dios, dador de todo bien, sino en las palabras del Vicario de Jesucristo, el Papa León XIII, que decía en la Consagración del Orbe al Corazón de Jesús:

    «Cuando la Iglesia, en los primeros tiempos, se veía oprimida por el yugo de los Césares, se dejó ver del entonces joven Emperador, en lo alto, una Cruz, emblema de la decisiva victoria que bien pronto siguió».

    Pues he aquí otra señal de dichoso y divino presagio que se presenta hoy ante nuestros ojos. Lo es el Sagrado Corazón, que, ostentando la Cruz que se eleva sobre Él, brilla con resplandecientes rayos de blanca luz, rodeado en llamas. En Él se ha de colocar todas las esperanzas. A Él hay que pedir. Y a Él hay que prometernos para la salvación de los hombres.

    Sabemos que las cosas en España están pésimamente mal, y, sobre todo, su pueblo, que se encuentra al borde del precipicio. Una parte ya ha empezado a caer; y, si no es por el amor que nos enseña y promete el Corazón amoroso de Cristo en los Escritos Póstumos de la Venerable María Ráfols, no veríamos salida humana posible.

    Confiamos en la declaración de fiesta de precepto, aun sabiendo que otras fiestas de precepto han sido suprimidas. Conocemos la fuerza medicinal de la devoción al Corazón de Cristo, y, por eso, pedimos ese revulsivo, para que las Españas Católicas entren en sí y no perezcan. También lo pedimos para que las masas católicas, con su ejemplo, recuperen la razón, pues sería mengua de nuestra Madre que, teniendo medicina, no se propine en situación desesperada, a lo que vemos y leemos a diario; y eso que no todo se publica, por maldad de unos, y por miedo a escandalizar y de la cárcel, por parte de los otros.

    De Su Santidad, Beatísimo Padre, hijos adictísimos, y en nombre de nuestros Leales Católicos Españoles,

    María de las Nieves de Braganza y de Borbón.

    Alfonso Carlos I, el Justiciero Misericordioso.

    Guethary, 13 de Abril de 1936







    [9] Se refiere al Rey de Francia Luis XVI, cuyos males fueron causados por la no aceptación de los Tres Divinos Deseos del Sagrado Corazón de Jesús.

    [10] Palabra utilizada por primera vez por Don Alfonso Carlos de Borbón en 1932. Significa «aquél que tiene devoción por el Sagrado Corazón de Jesús».

    [11] Escritos Póstumos de la Venerable María Ráfols, 1.ª edición, que llamamos Vaticana, por estar aprobada por Aloyrius S.R.C. – S.R. Subprom. Gen. Romae 27 Aprilius 1932. Dice del Corazón de Jesús:

    «Esta Nación (España) será la Primera Nación que se consagrará a Mi Divino Corazón… Pero no me contentaré con esta Consagración general; quiero presidir a los hogares, las familias, las cátedras, las oficinas, las escuelas de los niños, los talleres, las cúpulas de los templos (luego mucho más los edificios que se hagan ad hoc, como dice el 1.er Deseo del dicho Reinado Social, como es el de nuestro Tibidabo, en cuyo edificio ya está la Divina Imagen en la cúpula y en el altar), y en todas partes quiero que mis queridos montes por donde pasen los caminantes ha de estar expuesta mi Imagen».

    Y pág. 8, dice:

    «Quiero que todos los hombres visiten la Imagen de Mi Corazón Misericordioso, y a los que la lleven devotamente, Yo les prometo grandes gracias de salvación eterna. Quiero que esta insignia se represente en todas partes con veneración, hasta en la Bandera (3.er Deseo del Mensaje a Santa Alacoque, aplicado a España en particular por el Corazón de Jesús a la Venerable María Ráfols) de mi amada España, y esto lo han de tener como una de las gracias más grandes que puedo dispensarles, y como una afirmación de que quiero que España sea siempre grande, y lo será, si se mantiene siempre firme en la fe que mi Apóstol Santiago plantó en ella, y cuyo testimonio es y será siempre la Sagrada Imagen de Mi Madre Santísima del Pilar».

    [12] Reinado Social del Corazón de Jesús, Tomo I, pág. 444.

    [13] Se refiere a la marcha de Alfonso XIII de España en 1931.

    [14] Se refiere al Pacto Familiar firmado en Territet en 1931.

    [15] Porque «quiero que mi Reinado se propague por todo el Orbe, pero en mi querida España ha de prender con mayor fervor este fuego divino, y de aquí lo comunicarán por todo el mundo».

    [16] El 29 de Septiembre de 1870 Roma quedó rodeada, y, a la mañana siguiente, las tropas abrieron fuego contra la Porta Pía y Porta Salaria. La guardia del Papa resiste sólo para demostrar que se cede únicamente a la violencia. Poco después, un Real Decreto incorpora Roma y su Patrimonio de San Pedro al Reino de Italia, y caía, así, después de un milenio de vida, el poder temporal de los Papas (…). Víctor Manuel (después de las protestas del Papa Pío IX y otras naciones católicas de todo el mundo) propuso en Mayo de 1871 la famosa Ley de Garantías, por la cual reconocía la soberanía e inviolabilidad del Papa, se le asignaban tres millones y medio de renta, y se le concedía dos palacios del Vaticano, Letrán y Castel Gandolfo. Pío IX rechazó indignado tales estipulaciones, y, desde entonces, vivió prisionero en el Vaticano a merced de las limosnas del mundo católico.


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    Última edición por Martin Ant; 03/05/2019 a las 17:44

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